El libro de marzo

La corona del pastor

Es difícil escribir un comentario objetivo de La Corona del Pastor, el último libro de nuestro bienamado Sir Terry. Simplemente tenerlo en las manos sabiendo que ya no habrá más Mundodisco ya le emociona a uno, y la emoción es muy mala para ser objetivo. Pero voy a intentarlo, con los menos spoilers posibles.

En primer lugar y ante todo: a mí me ha gustado. Claro que también me ha gustado Gentleman Jole and the Red Queen, así que mis gustos tampoco están precisamente libres de sospecha. Los tres primeros capítulos son MUY buenos, en particular el segundo, que juega con las emociones del lector y estoy seguro de que os hará llorar a todos, del más grave y aguerrido a la más emotiva truhana. El problema es que el libro, que no la historia, alcanza su clímax en esos capítulos y a partir de entonces cae y no vuelve a elevarse a esa altura. Oh, desde luego no es el bodrio que fue Snuff ni la decepción de A Todo Vapor*, pero tampoco es un buen Pratchett. Duele decirlo, pero se nota, en primer lugar, que el relato no está pulido, y en segundo lugar que la mente de Pratchett ya no era lo que fue con Papa Puerco o Lores y Damas.

La historia, como dice el editor en el epílogo, tiene planteamiento, nudo y conclusión y se deja leer, pero poca cosa más. Es cierto que es del arco de Tiffany y por lo tanto está orientado a un público más joven, así que no cabe esperar la complejidad tanto de ideas como de tramas de los libros “nucleares”, pero… Hay personajes de toda la vida que se comportan de formas muy raras (el Patricio, por ejemplo); se echa de menos un antagonista de nivel (de hecho no queda muy claro quién es el antagonista: ¿los elfos en general? ¿El Rey? ¿Beladona, que ya fue derrotada en Pequeños Hombres Libres? ¿Flordeguisante, que desde el principio aparece como venal y débil?); los personajes secundarios están muy desdibujados y faltos de pulido por ejemplo, Del Rocío el Relucir se presenta primer como un agente de la Reacción que se opone a los cambios que están experimentando los trasgos y luego si te he visto no me acuerdo). Todos estos defectos quizá se podrían haber corregido si hubiera habido más tiempo para revisar…

Pero hay otras cosas que no tanto. Ya desde Snuff se puede ver un declive claro en la calidad de la prosa y del humor de Pratchett. En esos libros los mejores chistes ya han sido contados en otros libros y en este pasa lo mismo, con permiso de los Fleegles que siempre son muy divertidos. De la misma forma, la temática, la “moraleja” del libro, que es que debemos ser tolerantes y hacer un esfuerzo para respetar e incluir en la sociedad incluso a sus elementos más marginales, la trató en Pies de Barro y estuvo en el subtexto de todos los libros de la Guardia, y luego la repitió una y otra vez hasta llegar al paroxismo en Snuff. Y el final del libro es anticlimático por lo facilón, sobre todo comparado, insisto, con los primeros capítulos que me da a mí que deben estar escritos desde hace diez años.

Pero a mí me ha gustado, porque soy fan de Pratchett y de su mundo y personajes. Así que, como hice con la última reseña, siendo un libro objetivamente no recomendable lo recomiendo sobre todo para fans de la saga, porque lo he pasado muy bien leyéndolo aunque a ratos se haga triste.

Arthegarn

PS: Mención especial para la traducción de Manuel Vizcaíno, que ha vuelto con los Feegles a la genial idea de Javier Calvo en Carpe Jugulum respecto a su forma de hablar y la eliminado la (para mi) horrenda traducción de “Crivens” como “¡Por Cristo!”, algo que no pegaba ni con cola en el Mundodisco.

(*) Para quien no lo sepa, el tercer libro de Moist von Lipwig no se iba a haber llamado Raising Steam sino Raising Taxes y nuestro héroe iba a ocupar el nada simpático puesto de Canciller del Tesoro de Ankh-Morpok. Conociendo a Pratchett seguro que el libro hubiera resultado keynesiano, nadie es perfecto, pero aun me río imaginando por ejemplo las posibilidades de un conflicto entre un Lipwig liberal y un Vimes podemita (recordemos la teoría Botas de la injusticia socioeconómica), o a Hex explicando el funcionamiento mágico de La Mano Invisible (que seguro que sería visible para los gatos).

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