Una experiencia aterradora.

El sábado por la mañana, después de hacer lo más duro de la casa, me di una ducha. Y al salir, me escurrí. No tengo alfombra en el baño, y resulta que acababa de echar a lavar la toallita que suelo usar al salir. Fue un escurrimiento de dibujos animados: ¡zip! y ves tu propio pie pasar por encima de tu cabeza. La otra pierna me falló y, aunque doble instintivamente los codos para amortiguar el golpe, no contaba con el murete de la bañera. Mi cabeza hizo “clonc” y recuerdo que rebotó. No recuerdo golpear el suelo, en cambio. Y no me di en la frente, creo, porque no me dolía. Algo que me llama la atención ahora y que Boleslao entenderá al terminar de leer esto.

Me desperté, por mis cálculos al menos una hora después, helado, en medio de un charco de sangre que se me antojó inmenso. Al parecer las heridas en la cabeza son muy aparatosas y sangran mucho aunque sean una tontería, pero yo no lo sabía. Me asusté. Seguía sangrando. Me asusté más. Decidí llamar a una ambulancia, por si acaso, que para eso la paga el Colegio.

Marqué el 112.

– 112, ¿dígame?
– Buenos días, Soy Arthegarn, vivo en la calle tal y he tenido un accidente en el baño en el que me he golpeado la cabeza. Necesito una ambulancia, por favor.
– ¿Perdone?
– Buenos días, soy Arthegarn, vivo en la calle tal y he tenido un…
– Perdone, no le entiendo lo que dice. ¿Quien es usted?
– Le estoy diciendo que soy Arthegarn – Silencio – ¿está usted ahí?
– Perdone, no le entiendo, ¿está usted bien?

Entonces me entró otro ataque de pánico. Hice un esfuerzo por escuchar mi propia voz y me oí decir, claramente:

– Patata pelota peseta petete.

Es curioso lo que aprendes viendo Star Trek. La primera vez que vi Babel (DS9) quedé fascinado con el concepto de la afasia. Es un trastorno que impide que los conceptos se asocien las palabras adecuadas. Uno piensa con diáfana claridad (bueno, yo, otros seguirían como siempre), pero no es capaz de comunicarse con el exterior. Tiene varias vertientes: en la peor de ellas tu pensamiento es correcto pero no eres capaz de traducir la comunicación lingüistica de los demás a los impulsos cerebrales adecuados y entiendes un galimatías y, encima, tampoco eres capaz de traducir tu pensamiento a comunicación lingüistica por lo que te expresas en un galimatías. Estás atrapado dentro de ti mismo, totalmente lúcido pero incapaz de comunicarte ni de que se comuniquen contigo.

Y eso mismo me estaba pasando a mi.

El ataque de pánico fue horrible. Entre otras cosas porque sé que en mi familia somos propensos ala Afasia: la lucha de mi abuela contra ella (y su eventual victoria hasta la muerte) solo puede calificarse de heróica. Colgué el teléfono, me eché la bata encima y me fui a buscar a mis vecinos. Solo somos ocho en esta comunidad… Ni los curas de arriba, ni las estudiantes de abajo, ni la presidenta de enfrente… El pánico siguió creciendo. Volví a llamar al 112 (es increible que no tengan a la gente entrenada para estos casos o que me lo cogieran los teleoperadores más estúpidos del mundo) con idéntico resultado. Llamaba desde el fijo así que confiaba en que localizaran la llamada y mandaran a alguien a investigar, pero no me fiaba. Seguí pensando. Lo siguiente que se me ocurrió fue escribir una nota del estilo: “Lléveme al hospital más cercano, me he golpeado la cabeza y no puedo hablar” y dársela a un taxista.

Aun conservo la nota. Pone:

“Lugar casa debajo dónde veces carretera gorguera…”

Cuando me paré a pensar si había escrito correctamente “gorguera” (en serio) me di cuenta de que no podía escribir tampoco. Más pánico. Así contado puede resultar gracioso pero no tenéis ni idea de lo aterrado que estaba. Ahora me doy cuenta de que todas las palabras que escribí tienen una cierta relación con el movimiento (salvo gorguera). Y, curiosamente, dónde está acentuada. Pero en el momento solo estaba aterrado pensando que me podía quedar así toda la vida.

Pensé en llamar a mi hermana Zylgrin, que es trekkie como yo y probablemente se habría dado cuenta de lo que me pasaba, pero decidí postponerlo porque no quería alarmar a mi familia (bastante tienen con lo del divorcio). Ahora que lo pienso quizá podría haber llamado a Accolon que también lo habría entendido, pero en el momento no se me ocurrió. LLamé otra vez al 112, esta vez me pasaron con un supervisor que me pareció mucho más imbécil que sus subordinados. Estaba mareado, supongo que hiperventilaba, vete a saber.

Me puse a pensar frenéticamente. Podía entender lo que se me decía (me puse la tele a ver si entendía lo que decía, algo que ahora pienso que fue totalmente superfluo ya que había entendido a los del 112). También podía leer, pero no podía escribir ni hablar. ¿Y en inglés? ¿Podía hablar en inglés? Tampoco. Mis intentos de hablar en inglés daban frases afásicas con palabras en inglés y en castellano (y no os hacéis ni idea lo difícil que es querer decir “cabeza” en inglés, o sea “head” y concentrarte mientras dices “head” en oír lo que verdaderamente dices, o sea “top”).

Entonces pensé en leer un libro hasta que encontrara las palabras que quería y copiarlas en una nota. Agarré mi Biblia (como no) y pensé en un golpe en la cabeza. San Pablo, claro. Me fui a Hechos y copié lo que encontré (no dice nada de que se de en la cabeza…) pero tampoco funcionaba. Pensé. Lo que estaba haciendo era leer y luego escribir los conceptos que ya había interpretado dos veces, una de entrada y otra de salida…

Entonces vi el truco.

Y empecé a copiar palabras enteras* por escrito copiando las grafías, es decir, dibujando las letras como si no supiera leer. Y funcionó. Por fin tenía mi nota escrita. ¿Podría leerla? Me grabé a mi mismo y no funcionó hasta que me dediqué a pronunciar las letras una a una. Fascinante. Era horrible oírme, parecía una mezcla entre Salvatore, un ZX Spectrum y un alienígena de los Simpson, pero se me entendía. Y conseguí llamar a una ambulancia (al final tuve que grabar el mensaje: la primera vez que llamé al 112 me puse nervioso y empecé otra vez con el “patata pelota”).

Al final miré el reloj. 92 minutos. Los 92 minutos más aterradores de mi vida. En el hospital me pusieron DOS patéticos puntos y me dieron un cóctel de psicofármacos (al parecer había uno con base de cocaína para acelerar la recuperación y todo) y aquí estoy, otra vez diciendo “psicofármacos”, “externocleidomastoideo” y, en general, habiendo recuperado mi característica densidad de tetrasílabos en lo que a la ieosincracia de mi comunicación lingüistica se refiere.

Pero no sabéis que mal lo pasé.

A parte de todo esto, ya he encontrado piso para no estar solo. Me mudo a la vuelta de la boda de Ladypuck. Cinco habitaciones y tres baños en Ciudad de Barcelona no está mal. ¿Eh, Oskuro?

A ver si os veo el sábado. Que tengo muchas ganas de ver a cierta gente. Y de hablar con ella, ahora que he recuperado la capacidad de hacerlo y me he dado cuenta de lo importante que es.

Arthegarn

(*) Admito que renuncié a la Biblia rápidamente ante su carencia de palabras como “hospital” o “ambulancia”.