El chantaje emocional en la familia.

No entiendo cómo es posible que en tantas familias en España, y probablemente en el mundo, sus miembros se maltraten los unos a los otros a golpe de chantaje emocional. Amarse, que es hermoso y voluntario, se convierte de pronto en una obligación que además debe ser manifestada de determinadas formas y a intervalos regulares, so pena de ser “un mal hijo” (o padre, o hermano, o lo que sea) y sistemáticamente machacado moralmente por esa gente que dice quererle tanto a uno. No lo entiendo.

No entiendo a las familias cuyos miembros se ponen a parir los unos a los otros porque Fulanito no ha ido a cenar en Nochebuena a casa de Menganito. O en Nochevieja, o a comer en Navidad, o al cumpleaños de alguien, o lo que sea. O porque no van regularmente a visitar a sus padres o hermanos  o sobrinos o nietos o abuelos o lo que sea. Es como si la gente pensara que solo por estar emparentado con alguien ya tiene el derecho de ser visitado por ese alguien, o de imponer su visita, o lo que es más, de reglamentar cuan a menudo debe ese otro ver a un tercer pariente, que a veces ni pincha ni corta, y a juzgarle y condenarle si no se porta como él cree que es debido, todo supuestamente en el nombre del amor familiar que se profesan. Lo siento, no me cabe en la cabeza.

Yo cuando voy a ver a alguien, sea quien sea, y sobre todo si implica coger el coche e irme a verle, es porque ha hecho algo, en positivo, para que quiera verle. Por ejemplo, quiero de todo corazón al Profesor Ignatios, Inaeternitas, y Héctor (o a Alma, Vigara y Joel) pero, a menos que reciba una invitación o que ocurra alguna circunstancia concreta en general no cojo el coche para ir a verles. A veces me entre el mono y les llamo y les invito yo a algo y a veces es posible y a veces no, pero nuestra relación no se resiente y deteriora porque nos veamos poco. Es posible que nos distanciemos, claro, porque tenemos menos contacto, pero mis sentimientos hacia ellos siguen siendo igual de cálidos y estoy seguro que los de ellos hacia mí también, y cuando les veo mi alegría es igual de sincera y natural que si les hubiera visto anteayer. Quizá más precisamente por eso. Pero lo importante es que nadie se enfada con nadie porque las visitas sean irregulares o espaciadas, nadie cree que haya una especie de contrato firmado entre nosotros que dice que si no les voy a ver cada mes soy un mal amigo, o que si no le compro un regalo al crío por Navidad soy digno de reprobación. Simplemente saben cómo soy, saben lo que siento, saben cómo lo expreso y ya está. Me aceptan como soy y yo a ellos, por eso nos queremos y nos llevamos bien. No se nos ocurre criticar la personalidad del otro porque “no nos hace caso”, eso es de cajón, es estúpido y egoísta rayano en el narcisismo el exigirle a otra persona cambie su forma de ser para adaptarse a lo que nosotros esperamos de ella; si nos gusta como es, bien, y si no tarde o temprano se termina la relación porque tenemos formas incompatibles de verla. Si esto es así, yo todos lo hacemos con nuestros amigos, nuestros conocidos y nuestros compañeros de trabajo, ¿por qué hay tanta gente que espera que las cosas no sean así con su familia, que respeta menos a sus parientes que a sus amigos?

Todo esto que digo es como yo veo que funciona mi familia(1), que es una de las más funcionales y unidas que conozco. Yo quiero mucho a mi familia, igual que quiero mucho a mis amigos. A algunos más que otros, como es lógico, pero lo importante es que el hecho de que les quiera no significa que quiera verles a todas horas. Y si el hecho de que les quiera no significa eso, ¿por qué lo va a hacer el hecho de que compartamos genes? A mi abuela, por ejemplo, no la veo desde hace un año. A mis padres pueden pasar meses sin que les vea y38655_1491556801583_5561391_n les quiero con adoración y disfruto una enormidad cuando estamos juntos. A mi hermana Andruin (casada y con hijos) la veo completamente de uvas a peras y lo que es quedar ella y yo para charlar y estar juntos a lo mejor lo hacemos una o, con suerte, dos veces al año. Tenemos vidas muy diferentes, vivimos a 30 kilómetros el uno del otro y a nadie le extraña ni le importa, nos queremos exactamente lo mismo. A mis sobrinos Dani y Cristina, sus hijos (6 y 4 años), por poner otro ejemplo(2), les veo cuando veo a su madre porque van pegados a sus faldas. No se me ocurre (y es que es así, no se me ocurre, no aparece esta idea de forma espontánea en mi mente) coger el coche para ir a verles a ellos. Y mi hermana no piensa que yo sea una mala persona por ello, ni me lo recrimina, ni (creo) se le ocurre.

Pero que nos veamos poco no quiere decir nada, nos queremos absolutamente con locura y estamos muy, muy, muy unidos. Lo que pasa es que cada uno tiene su vida y todos entendemos y respetamos eso y a ninguno de nosotros se le ocurriría enfadarse con otro porque no va a verle, o a sus hijos, o a sus padres. Todos entendemos que cuando alguien coge el coche y se va a ver a fulano es un regalo, es algo especial por lo que estar contento y que lo normal es que no se haga y que cada uno esté en su casa, con su vida y sus preocupaciones. Jamás se nos ocurriría pensar en como tiene que vivir su vida el de al lado, ni cuan a menudo tiene que ir a visitarme (o recibir mis visitas), o a que ir ver a sus padres o a sus hijos o a sus sobrinos. Si a mí me apetece ver a alguien cojo el teléfono, le llamo y le propongo quedar y buscamos cuando nos viene bien y ya está. Y si le apetece a mi hermana, o a mi padre, o a mi sobrina, hacen los mismo y también ya está. Pero la vida y la relación de los demás es suya personalísima, ¿cómo nos vamos a meter ahí?

A mí no se me ocurriría jamás, pero jamás de los jamases, recriminar a uno de mis familiares (o de mis amigos) porque no venga a verme o porque no acepte mi invitación a celebrar conmigo la noche de Walpurgis. Muchísimo menos se me ocurría criticar a mi primo Sito que es lo más parecido que tengo a un hermano), por ejemplo, porque no va a ver lo suficiente a su madre. Por poner un ejemplo completamente verídico y reciente, mi hermana Irene que se casa en mayo en Lisboa en una ceremonia íntima y familiar, ha invitado a los padres de Sito pero no a Sito (con quien se lleva muy bien). Y a mi jamás se me pasaría por la imaginación criticarla eso y decir que es una mala prima, que le está haciendo un feo o alguna de las estupideces que oigo a mi alrededor cada dos por tres en situaciones mucho más mundanas. ¡Es SU boda, es SU relación! Y además resulta que tengo fe y confianza en mi hermana, que es una persona extremadamente inteligente y sensible, y estoy absolutamente seguro de que sus razones tendrá, de que son buena y de que no son asunto mío. Ah, también tengo confianza en mi primo, por cierto.

Recriminar a mi hermana (o a quien sea) que no va a ver lo suficiente a mi madre, por ejemplo,  o a mi hijo, si tuviera uno, sería una injerencia en la relación entre mi hermana y mi madre (o mi hijo) absolutamente intolerable. La relación de mi hermana con mi madre es suya y la llevan ellas y, aunque yo puedo dar alguna vez algún consejo si se me pide (ahora estoy pensando en otra hermana, tengo muchas), jamás se me ocurriría entrometerme motu proprio. Idem con mi hijo: su tía es como es ¿por qué debería aparentar ser de otra manera? Si quiere verle mucho le verá mucho y si no quiere verle tanto no le verá tanto y ya está. El desarrollo psicoemocional de mi hijo no se va a ver afectado por cuán a menudo le visitan sus tías así que ¿a qué la frustración? Y esto que pienso creo que es exactamente lo mismo que piensa Andruin que nunca, jamás de los jamases, me ha recriminado que no les vaya a ver. Si yo quiero ir, bien, y si no quiero, también bien.

Y es que, volviendo a un punto anterior, no entiendo por qué rayos iba yo a querer quedar con mis sobrinos para verles, así, out of the blue. No me sale, igual que no me sale quedar con muchísima otra gente. Mis sobrinos son guapos (mucho, por cierto), inteligentes y simpáticos, pero también son unos infantes con los que no tengo intereses en común. Les puedo querer mucho, y lo hago, pero eso no tiene nada que ver con que me apetezca pasar un domingo con ellos, menos aún un domingo al mes. No me apetece, es así de sencillo, prefiero estar en casa leyendo tranquilamente o saliendo a tomar copas o jugando al Agrícola o atando chicas en el Consentido. Y estoy bastante seguro de que a mis sobrinos les apetece más jugar con sus amigos en el parque que ver a su tío Arthergarn. Y en el crecientemente hipotético caso de que de repente Dani levantara la cabeza y le dijera a mi hermana que hace mucho que no me ve, mi hermana me llamaría encantada unos días después (si se acordara) y me diría “mira que cosa tan mona dijo Dani el otro día” y entonces a mí me saldría una sonrisa de oreja a oreja y me apetecería ir a verle y muy probablemente fuera ese fin de semana. O no. Pero lo haría porque me apetece a mí, no porque sea mi obligación, ni porque mi hermana piense que lo es. Y si no fuera, a mi hermana no le importaría, porque como mucho pensaría que en el pecado llevo la penitencia, que me lo estoy perdiendo, y nunca, nunca, nunca, bajo ningún concepto, permitiría que afectara a nuestra relación, porque cada uno es libre y hace lo que quiere.

Desde luego, lo que no haría es coger el teléfono y echarme una bronca de media hora diciéndome que soy un mal tío que no ve nunca a su sobrino y que mira el pobre todas las ganas que tiene de verme que ha dicho que X y que no me ve nunca y que toda la culpa es mía que soy un desnaturalizado y bla, bla, bla. Entre otras cosas porque igual la mandaba a la mierda(3).

No entiendo a la gente que se pregunta cosas como “¿qué he hecho yo para que no vengas a verme?” o “¿es que tan mala es tu madre que no quieres quedar a comer con ella todas las semanas?”. La volición es completamente espontánea, no se puede generar voluntariamente, uno no puede “querer querer”(4). Dale la vuelta a la pregunta(5), si tu deseo de entender a esa persona es sincero, y pregúntate qué haces tú para generar en esa persona el deseo de ir a verte. Desde luego, si cada vez que quedáis, o una proporción alta de las veces que quedáis, las cosas terminan mal, con broncas, críticas, presiones y en general intentos de vivir la vida del otro o de decirle como debe vivirla a golpe de chantaje emocional (“mala hija que no vas a ver a tu madre”, etc.) lo normal es que esa persona no quiera verte. Algo que debería ser un acto voluntario y deseado de manifestación de amor se convierte en una obligación desagradable, que se realiza a regañadientes y por no por amor, sino por temor a las consecuencias (i.e. broncas, peleas, recriminaciones) y que trata de ser eludido por todos los medios porque se asocia con sentimientos desagradables (culpa, tristeza, inseguridad). En mi humilde opinión cada vez que alguien presiona a otro alguien para que haga lo que no quiere hacer (i.e. lo que no le apetece en ese mismo momento) en nombre de una supuesta relación está perjudicando la relación porque intenta que el otro sea como no es en vez de aceptarle. Y ese perjudicar la relación, si se mantiene lo suficiente, acaba siendo un envenenamiento, en el que la persona presionada no quiere tener relación con la otra porque está harta de ser presionada, castigada, vejada y criticada.

Me parece una norma de sentido común que rige todas las relaciones humanas, las mías y las de cualquiera. De hecho es una norma económica: si quieres que alguien compre tu producto tienes que hacerlo atractivo, no decirle al público que está obligado a comprarlo y que como no lo compre es una mala persona. Si haces lo segundo lo único que conseguirás será que la gente se rebele, le coja manía a tu producto, lo compre cada vez menos y cada vez más a regañadientes y, eventualmente, se las ingenie para dejar de comprarlo. Sustituye “tu producto” por “tú” y tienes la respuesta.

Arthegarn________________
(1) Por “familia” aquí entiendo hasta el tercer grado de consanguineidad, es decir: ascendientes, descendientes, tíos, sobrinos, primos hermanos y (en su caso) sus respectivas parejas, que en mi caso son un total de 29 incluyendo a quien, divorcio o no divorcio, siempre será mi tía Marga.
(2) Y, a buen entendedor, pocas palabras bastan.
(3) No lo haría, pero me quedaría totalmente helado, dejaría que hablara para que se desahogara y luego intentaría averiguar a golpe de inteligencia emocional qué le pasa a mi hermana para desahogarse así conmigo o, en su caso, de qué planeta viene el alienígena con el que hablo por teléfono y qué ha hecho con ella. Ahora, si fuera su forma rutinaria de hacer las cosas desde luego que la mandaría a la mierda o, como poco, pondría distancia entre nosotros. Y cualquiera que conozca mi historia familiar sabe que no hablo estrictamente en teoría y que no lo digo por decir. Y que dejar a la gente a su aire a veces funciona muy, muy bien..
(4) Bueno, sí que puede querer querer, lo que no va a conseguir es querer algo solo por desear quererlo. A menos que metamos la hipnosis y semejantes medios de modificación del inconsciente de por medio, claro.
(5) Para ser exactos: “Métete en tus asuntos y, si tu deseo de entender a esa persona es sincero…”