Cuidado con las cajas de resonancia.

Lo comenté ayer en la fabada político-filosófica y lo repito en público. Hay una tendencia natural a sentirnos cómodos cuando alguien expresa una opinión con la que estamos de acuerdo e incómodos cuando expresan la contraria. Esto deriva en que nos guste rodearnos de y hablar con gente que piensa como nosotros. Facebook y el resto de las redes sociales lo saben y por eso intentan mostrarte estados de gente que piensa como tú y no de gente que diverge. Eso amplifica todavía más el efecto anterior y crea una caja de resonancia en la que todo el mundo está de acuerdo con nosotros y casi nadie discute. Como el mundo real no es así, cuando luego encontramos gente que piensa de otra manera nos resulta sorprendente, chocante, agresivo, y estamos menos preparados para poder escuchar lo que dicen y dialogar con ellos. Esto lleva al aislamiento, a la división en bandos, a la radicalización y, eventualmente, al enfrentamiento; no hay mucha diferencia entre quien solo habla con quienes están de acuerdo y quien es lector de un solo libro.depositphotos_120979284-stock-photo-timeo-hominem-unius-libri-a

Ya están las cosas bastante mal. No os voy a pedir que, como hago yo, busquéis activamente salir de vuestra zona de confort y hablar con gente (inteligente) que opina lo contrario que vosotros o que intentéis tender puentes o hacer pedagogía, pero por lo menos no os dediquéis a borrar de vuestra lista de amigos a quienes expresan opiniones, sobre todo políticas, que os ofenden o con las que no estáis de acuerdo. Si no lo hacéis por vosotros hacedlo por ellos, porque al borrarles les estáis condenando a su propia caja de resonancia y, por tanto, a que profundice y se radicalice en esas ideas que tanto os repugnan.

Hay que hablar. Hay que escuchar, a ser posible antes de hablar. Si no vamos todos al barranco y no me refiero solo al tema de la independencia, pasa lo mismo con la economía, la política internacional, las de justicia e igualdad, la religión, el fútbol y las series de Netflix que hay que ver.

La tolerancia de verdad da sarpullidos. Pero es solo al principio, lo prometo. Luego se pasa y te hace más fuerte. NOS hace más fuertes.

Un abrazo,

A.

La culpa es del Sistema.

Esta mañana me he encontrado en el muro de un amigo de Facebook una publicación de Cristina Segui(1) en la que dice que “la práctica totalidad de los yihadistas (…) cobraba pensión pública y ayudas para el alquiler” por lo que “los políticos (…) deberían responder penalmente por la cultura del subsidio para quien viene a matarnos”.

Bien, no soy precisamente sospechoso de estar a favor de la “cultura del subsidio”, de hecho estoy muy en contra(2) pero el razonamiento que hay detrás de ese estado me parece tan equivocado y dañino como para merecer un comentario, aunque sea breve.

Vamos a obviar la evidente falacia del historiador 640x640_5120256y a suponer que los datos que se dan son ciertos (no me hace falta comprobarlos para lo que voy a decir) y que los yihadistas, en efecto, cobraban ayudas estatales. ¿Qué demuestra esto? ¿Que vinieron a España atraídos por esas ayudas, sabiendo que iban a poder vivir de la teta del Estado mientras preparaban sus atentados? No. Lo que demuestra, lo único que demuestra, es algo que no debería sorprendernos y es que eran pobres. Probablemente, pobres como ratas.

Justo ayer comentaba mi buen amigo Eduardo Casas como las estrategias del IS a la hora de reclutar mártires excluyen a los jóvenes cultos y religiosos y se centran en los parias, los fracasados, los abandonados, los incultos. Es mucho más fácil lavarle el cerebro hasta el punto del suicidio a quien tiene la cabeza sin amueblar, desde luego, pero lo que de verdad necesitas es alguien infeliz y desesperado. ¿Por qué? Mirad, esto funciona así: coges a alguien pobre y desesperado, alguien que se sienta solo(3) y abandonado, que no le vea salida a su situación y le explicas que, en realidad, las cosas no son como las 6af80fcf942ae60981ef2a9d31a67b16--allah-photospercibe. Que hay una realidad más grande en la que él es especial, que hay una historia en la que él es el protagonista y que termina con un “felices para siempre”. Que la culpa de lo que le pasa no es suya sino de otros, de un sistema injusto y herético que debe ser destruído y que él es el elegido para matar a ese dragón que tanto daño ha hecho, a él y a otros que no pueden luchar por si mismos. Que es, sin saberlo, un héroe. Que solo tiene que dejarse llevar por su destino y, muerto el dragón, todo cambiará de inmediato, para él como héroe y para todos los demás a quienes liberará porque, muerto el perro, se acabó la rabia. Que solo tiene que escuchar su voz interior, que dejarse llevar por su justa ira para darse cuenta de lo que es, lo que está llamado a ser. Y el pobre desgraciado con quien estás hablando, desesperado por una pizca de esperanza, de autoconfianza, por una explicación de sus penurias que le haga quedar bien ante si mismo, se traga cebo, anzuelo, sedal y caña y ya está listo para que le pongas una pistola en la mano y le señales al dragón(4). No es tan difícil de hacer, de verdad, pero necesitas primero a un pobre desgraciado, inculto y desesperado. Antes, no después.

La causalidad del asunto es exactamente la inversa que sugiere Cristina Segui. Primero eres pobre y porque eres pobre recibes ayudas. Luego te captan. Esto implica que eliminar el subsidio no soluciona el problema ya que la situación no ha sido causada por el subsidio sino, acaso, mitigada por el mismo. Más allá de consideraciones 2015-05-17-03-37-11.canstockphoto14589633de humanidad y empatía, eliminar el subsidio probablemente aumetara el número de musulmanes pobres y desesperados carne de imam salafista(5). No, las cosas no son así. Nuestra sociedad hace el bien ayudando a quien lo necesita y hace el mal cuando niega esa ayuda, una sociedad despiadada e insolidaria da más argumentos al enemigo, no menos. Y, sí, el tema de la inmigración es complicado, el tema de los subsidios es complicado y dar a manos llenas es un error tan garrafal como no dar en absoluto, pero si el asunto es complicado hay que presentarlo como complicado, no como si la culpa de los atentados yihadistas fuera de los políticos que ayudan a los pobres por ser pobres sin mirar su nacionalidad o su religión. Es que es perverso.

Desconfiad de quienes os ofrecen una explicación simple de los males de la sociedad, sobre todo cuando esa explicación simple incluye un culpable. Para algo os quieren reclutar, seguro.

Salud y evolución,

Arthegarn______________

(1) No recuerdo haber oído hablar anteriormente de ella, aunque es posible que lo haya hecho y la haya olvidado. Por lo que he visto fue militante destacada de Vox, colabora con diversos medios de comunicación conservadores, protagonizó una polémica hace tres años por una entrevista en Interviú y se gana la vida haciendo coaching.
(2) De la cultura del subsidio. También estoy en contra de los subsidios en si mismos en la medida en que generan esta cultura, pero la triste realidad es que son necesarios.
(3) Una de las cosas que me llamó más la atención del perfil en Facebook de Driss Oukabir, por cierto, es que decía tener una relación. No me encajaba el perfil.
(4) O para que le pongas una papeleta en la mano y le señales una urna, ojo. El modus operandi del populista es básicamente el mismo pero con mass media.
(5) Esto no quiere decir que todos los integrantes del IS o todos los fanáticos sean simples e incultos, por supuesto. Decía Paul Valery que la guerra es una masacre entre gente que no se conoce para beneficio de gente que sí se conoce pero que no se masacra; adivinad en qué grupo están los fanáticos cultos y sofisticados.

El caso Mato-Meyer

Os voy a contar mi opinión de esto porque, total, ya la he escrito a trozos en un par de muros y además incluye una breve clase de derecho procesal para que los que no lo sepáis aprendáis lo que es la imputación y, espero, por qué el código ético de Podemos y Ciudadanos que exige a sus cargos públicos que dimitan si son imputados es una estupidez demagógica.

Lo primero que hay que decir, supongo que “otra vez” porque ya lo habréis leído, es que la condición técnica de imputado ha desaparecido del derecho procesal español: la figura que le sustituye es la de “investigado”. Y ¿qué es esto de ser “imputado” o “investigado”? Pues veréis: cuando uno va a declarar ante el juez en fase de instrucción, es decir, durante la investigación de los hechos (eso que semana a semana hacen en las series procedimentales criminales, de CSI a Colombo) puede hacerlo de dos maneras: como testigo o como “sospechoso”. Todos tenemos la obligación de colaborar con la justicia y declarar verazmente como testigos, pero nuestro sistema legal propugna la presunción de inocencia y los derechos de los ciudadanos frente al Estado. La gente tiene derecho, por ejemplo, a no declarar contra si mismo, y todo sospechoso de haber cometido un crimen tiene derecho a ser asistido por un abogado, derech5948f10d802e5os que los testigos no tienen. Cuando le dicen a un juez que quizá alguien haya cometido un delito el juez tiene la obligación de investigar, pero también de proteger a esa persona, inocente hasta que se demuestre lo contrario, y para ello está la figura del investigado.

Básicamente lo que ocurre es que el juez dicta un auto (el auto de procesamiento, que no se ha dictado en el caso Mato-Meyer) mediante el cual comunica oficialmente a alguien oficialmente que es sospechoso, que le está investigando y que ya puede andarse con pies de plomo. Ese auto, formalmente, convierte a ese ciudadano en investigado (antes imputado) y esta persona a partir de ahora puede, por ejemplo, ir a declarar con abogado, negarse a declarar o incluso mentir. Como veis, ser imputado no quiere decir que seas culpable, ni siquiera estás acusado aún. De hecho, ni siquiera hace falta que seas fuertemente sospechoso, basta con que alguien le diga a un juez que eres un delincuente y que el juez investigue aunque no sea más que para ver si es una calumnia. Es algo que se hace para proteger a los inocentes, no algo que implique o sugiera que sean culpables.

Todo esto está muy claro en el caso general, pero el caso Mato-Meyer es una querella y tiene algunas especialidades porque, a diferencia de lo que ocurre con una denuncia, en la que la iniciativa en la investigación la lleva el Estado, cuando alguien se querella la iniciativa la lleva el querellante. Siguiente aclaración procesal importante: en una denuncia simplemente vas y le dices al juez (o a la policía, que se lo dice al juez) lo que ha pasado y son ellos los que investigan y ejercen la acción penal, los que “intentan meterte en la cárcel”; mientras que en una querella te vas al juez y le dices directamente que Fulano de Tal ha cometido este delito contra tú, así y asá, y que quieres que le meta en la cárcel. La acción penal, la “iniciativa”, no se ejerce “de oficio” sino “de parte” y el mero hecho de admitir a trámite la querella (algo que es casi obligatorio a menos que esté mal escrita o sea claramente falsa) convierte al querellado en investigado. El juez tiene la obligación de investigar lo que ha dicho el querellante, y el querellado adquiere inmediatamente la condición y los derechos de un sospechoso o imputado, incluyendo lo de poder defenderse y declarar con abogado y tal. Es complicado, y se está discutiendo fuertemente a nivel técnico, si la mera admisión a trámite de una querella convierte al querellado en investigado, o si es necesario un auto de procesamiento. Pero, entre nosotros, opino que es una formalidad a la que se están agarrando ahora desde podemos para justificar que no hayan dimitido los dos concejales, a eso y al argumento Robin Hood, claro. Pero a lo que vamos.

En lo que quiero hacer hincapié es en la razón por la que siempre he estado en contra de este rollito de la dimisión de imputados. En primer lugar, qué le voy a hacer, soy abogado y encima soy liberal y lo de la presunción de inocencia lo tengo grabado a fuego. Es injusto que alguien tenga que sufrir sin que se le haya declarado culpable, y ese sufrimiento incluye la “pena de telediario” o, como en estos casos, el tener que dimitir de un cargo público, probablemente arruinando tu carrera política para siempre. Está mal, punto, repugna a mi sentido de la justicia y de los derechos individuales, y mira que yo siempre he opinado que los políticos deben ser como la mujer del César. Pero es que, demás, desde el punto de vista jurídico le das una herramienta a los otros partidos maravillosa para cargarse candidatos en cualquier momento. Llega uno, se querella, (es decir, cuando alguien le dice al juez “este tío me ha robado y hay que meterle en la cárcel”) y el juez, a menos que observe que la querella es un disparate, está obligado a admitirla a trámite y a investigar qué hay de verdad en el asunto. Hacer dimitir a alguien por eso es absurdo. Es demasiado preliminar.

Ahora, ¿qué opino del caso Mato-Meyer en concreto? Pues mi posición al respecto es complicada. Opino que tienen que dimitir porque se comprometieron a hacerlo. Opino que decir que no dimiten porque no hay imputación fCaptureormal es intentar agarrarse a la letra del código ético para violar su espíritu (igual que el resto del argumentario que da Podemos para justificar esta no-dimisión) y que de cualquier manera solo les da unos días. Pero también opino, y lo he dicho siempre, que ese código ético es una exageración porque, como puede verse, es facilísimo que alguien acabe siendo investigado porque haga algo con la apariencia superficial de delito y alguien de un partido rival se querelle. Es injusto. Punto. Pero también es un jardín en el que se han metido solitos.

Y, así entre nosotros, pues me alegro. Me alegro porque lo que le llega al Pueblo es que mucho prometer transparencia y que dimitirían a la menor sombra de sospecha, pero que al final hacen lo mismo que los demás: agarrarse al sillón con uñas y dientes y no cumplir cuando llega el caso. Igual pueden salvar los muebles si dimiten ispo facto cuando haya auto de procesamiento, pero preveo otro bajón de Podemos, otra pérdida de ilusión y otro desengaño como el que hubo con el Asunto Monedero. Aquello fue el punto de inflexión, cuando Podemos dejó de subir y empezó a bajar, nunca ha tenido el apoyo que tuvo hasta entonces. Están perdiendo la imagen robesperriana de incorruptibles ante los ojos de la gente. Y para mí, que ya sabes como soy, que los demagogos antisistema* pierdan apoyo es muy buena noticia. Y los de Ciudadanos deberían tomar muy buena nota de lo que está pasando porque les podría haber pasado a ellos exactamente igual, por cierto.

Evolución, no revolución, como digo siempre.

Saludete,

Arthegarn______________

(*) Espero que a estas alturas de la película nadie se sorprenda / ofenda porque diga esto. Ya sé que en Podemos hay gente muy buena y muy comprometida y me enorgullezco de que muchos me consideren su amigo, pero es que sinceramente opino que el partido, en si mismo, es demagógico, antisistema y, en general, malas noticias.

La Red Oscura

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Martes, cuatro y media de la tarde, interior. Arthegarn está en su oficina cuando uno de sus jefes, que está hablando por teléfono, le hace señas de que se acerque. “Mira a ver si tú te enteras de qué pasa, anda” le dice. “Es una tía de nosedónde que dice que quiere hablar con algún indio de la oficina de Nueva York que no sé quién es”.  En efecto, al otro lado del hilo telefónico hay una mujer que habla en un inglés con un fuerte acento asiático (no indio) que dice que está en el aeropuerto de Singapur a punto de coger un avión y que ha de hablar urgentemente con el Sr. Koothrappali,  alto directivo de la empresa, pero que no le cogen el teléfono en su oficina y necesita su teléfono móvil. Sabe a donde llama, por quién pregunta, el cargo que ocupa, y no hay nada a priori sospechoso en la llamada en si…

Pero Arthegarn está leyéndose un libro sobre delitos tecnológicos y como ya ha terminado el capítulo en el que se habla de ingeniería social le saltan las alarmas. Trata la llamada como sospechosa y, cuando se repite, da instrucciones a su oficina de que le pasen diréctamente a él esas comunicaciones. A la cuarta vez la historia cambia, ahora la voz necesita hablar con alguien del equipo del proyecto Ceylan. A la sexta llamada siendo antendida por la misma persona, la desconocida desiste. Unos días después nuestro héroe recibe un serio pero cálido correo electrónico del CTO (con copia a quienes deciden su gratificación a fin de año) felicitándole por haber detectado el intento de phishing  y haber protegido los intereses de la compañía y, sobre todo, del Sr. Koothrapali que está siendo objeto de un ataque de robo de identidad.

Nunca un libro le había resultado tan rentable…

Cambiando algunos detalles, esta anécdota es verídica. De la semana pasada, en concreto, y es que La Red Oscura, de Eduardo Casas, es un libro sorprendentemente práctico. Oh, desde luego no os va a enseñar a programar un cortafuegos ni incluye entre sus páginas la secreta identidad del lider de Anonymous, pero sí que os ayudará, de forma simple e inmediata, a entender los peligros de Internet y como evitarlos en su inmensa mayor parte.

Tengo que decir que me ha gustado mucho. Es un libro de divulgación, directo e interesante, y que amén de sus virtudes propias me parece perfecto para que aquellos que solo han leído novelas se adentren en el gratificante mundo de la no-ficción. Sin presuponer nada, comienza con un capítulo introductorio para dar las bases tecnológicas (¡y culturales!) necesarias para entender qué es Internet, más allá de abrir el navegador y buscar cosas en Google. Sin ser particularmente técnico a mi no se me va a olvidar la diferencia entre una LAN y una WAN y ya sé qué rayos es eso de la IPv6, el protocolo TOR y cómo se hace un ataque DDOS(1). Y me ha llamado mucho la atención (a mi, claro, que nací sin Internet) que herramientas que para mi son tan básicas y anticuadas como el IRC sean, en realidad, parte de la famosa Internet Profunda. Insisto: no le va a descubrir la pólvora a un experto pero es que no es esa su intención y en cambio sí que es muy informativo “a nivel de usuario”. O a mi me lo ha resultado, qué queréis que os diga…

El resto del libro se dedica a analizar, dedicando un capítulo a cada tema, los diversos tipos de ilegalidades que se pueden cometer por internet, desde la pornografía infantil, asunto del que el autor es (desgraciadamente) una autoridad, a la insurgencia política, pasando por robos, chantajes, timos, tráficos ilegales y un sorprendentemente amplio etcétera. La estructura de cada capítulo es paralela: una introducción “novelando” un caso real del tema a tratar (como la de este artículo a modo de homenaje) seguido de información, información e información, tanto teórica como “práctica”, en forma de ejemplos reales de esos delitos y su investigación. Algunos de estos abren los ojos a la realidad de un mundo que, cuando se ve en una película o una serie desde el salón de casa, puede parecer tan real como el cuento de la lechera, pero que resulta ser mucho, muchísimo más auténtico y aterrador. Y aviso desde ahora que el libro está muy bien escrito: el capítulo cuatro, por ejemplo, titulado “La Muerte Retrasnmitida” y dedicado a los videos snuff y otros tipos de delitos contra las personas está tan bien documentado y narrado, fría, objetivamente, sin un ápice de morbo, que algunos párrafos le quitan a uno las ganas de ver Criminal Minds durante unos meses(2) y se las dan de irse a buscar a los policías que, como el autor, investigan ese tipo de crímenes y se exponen rutniariamente a ese tipo de escenas, para darles un abrazo y llevárselos de cañas a ver qué se puede hacer para compensar un poco los jirones de alma que, por protegernos, se deben de dejar diariamente ante sus monitores(3).

Pero el libro no es duro ni descarnado. El capítulo de los timos, por ejemplo, admito que a mi me ha hecho sonreír malvadamente en un par de ocasiones y el de las conspiranoias (que, sí, causan víctimas, pensad en los antivacunas) también, en este último caso mientras meneaba la cabeza ante los niveles a los que puede llegar la tonería humana. Y también es informativo y didáctico en campos que uno no esperaría en un libro de esta temática. Por ejemplo, a mi me lleva aproximadamente una hora y media de charla explicarle a un lego el concepto de “dinero fiduciario”; bueno, pues el autor lo hace, clara y correctamente, en seis párrafos. Seis. Párrafos. De la economía de trueque al dinero fiduciario en seis, camaradas, seis, ni siquiera páginas, SEIS PÁRRAFOS. Lo hace parecer tan simple que es insultante, oiga, es injusto…

Y poco más puedo añadir aparte de insistir en que, además de una interesante lectura, el libro es práctico. A mi ya veis que me ha servido para que me den una palmadita en la espalda desde Nueva York a la vista de mis jefes directos, pero a un número sorprendente de gente le vendría bien por la información y los consejos que contiene sobre, por ejemplo, la sextorsión, o chantaje que (me consta) han sufrido amigos y amigas cuando alguien ha amenazado con hacer públicos fotos o vídeos en los que aparecen y que, digamoslo así, no estaban destinados para el público en general. Y es que incluso el más listo de nosotros puede tener un día tonto en Badoo, o un hijo o una sobrina que los tengan, y no saber que hacer.

En serio, leedlo. Por lo que cuesta es todo un negocio.

Salud y evolución,

Arthegarn_________

(1) Bueno, sé cómo se hace de la misma forma que sé cómo se hace una carga de caballería, usté mentiende…
(2) Si hay vídeos, como Two Girls, One Cup, que no se pueden “desver” una vez vistos, espero que el sorprendentemente accesible de los “maníacos de Dnepropetrovsk” (llamado en ciertos círculos Three Guys, One Hammer) ocupe el poduim absoluto porque prefiero no tener ni que imaginar que haya algo peor. Mi hermana Irene, que también se lo ha leído, me comentó que había ciertos párrafos que había tenido que saltarse y algo me dice que son estos.
(3) Técnicamente la especialidad del autor es la pornografía infantil, sobre la que es bastante menos gráfico. Leyendo los tres grandes grupos de edad en los que se clasifican los gustos de los pederastas de red TOR y desde la ventaja que me da conocerle desde hace veinte años algo me dice que no es por falta de material, sino por proteger al lector y a la víctima, por lo que esto es así.

Lo que se juega Occidente IV: El Totalitarismo.

Votar a un populista es, como ya he explicado en los artículos anteriores, tan malo como darle una metralleta cargada a un mono y soltarle en el Metro en hora punta. La diferencia fundamental es que el mono, cuando ha vaciado el cargador, por lo menos no te mira sorprendido y te pide más balas.

Recapitulemos: el populista llega al poder haciendo promesas simples de acciones drásticas para solucionar los problemas de la gente(1) y, una vez tiene el poder, se encuentra con que, oh sorpresa, las cosas no son tan simples como decía en su discurso y no puede cumplir sus promesas.

El caso más paradigmático es el NHD, acrónimo de “No Hay Dinero” y muy usado en determinados foros de nuestro país tanto como explicación de ciertas medidas gubernamentales como, jocosamente, respuesta definitiva a las grandes preguntas sobre la vida, el universo y todo lo demás. El populista llega al poder y cuando va a ejecutar 1206_sin-dinero_620x350su programa se encuentra con que, como le intentaban explicar al Pueblo sus oponentes, No Hay Dinero para ello. Y no es solo que no haya dinero, es que, además, cuando decide obtenerlo, resulta que no puede hacerlo porque el Gobierno, afortunadamente, no es quien pone los impuestos (aunque sea quien los recaude). Es el legislativo quien lo hace, a través de leyes(2) como la ley del IVA o la ley del IRPF. El dinero de los impuestos no es “del Gobierno” sino “del Estado”. Cada año el Gobierno, como cualquier administrador, tiene que presentar unos presupuestos al Legislativo diciendo cuánto se quiere gastar y en qué, esa propuesta se debate, se negocia entre Ejecutivo y Legislativo (las famosas enmiendas) y, si se aprueba, el Legislativo autoriza por Ley el traspaso de fondos del Estado al Gobierno. Luego, presupuestariamente hablando, el Gobierno no puede hacer lo que le dé la gana sino que está controlado, a veces muy de cerca, por el Legislativo. Así que nuestro populista, ya instalado en el poder, se encuentra con que no tiene dinero para sus maravillosos planes y que tampoco tiene la capacidad de obtenerlo por si mismo.

Y no es la presupuestaria la única traba que encuentra nuestro querido líder para ejecutar sus “obvias medidas de sentido común que los miembros de la élite gobernante no toman porque son tan torpes como malvados”, que va. Por ejemplo: Trump no puede construir su famoso muro así por las buenas, por decreto, porque no depende de él. Suponiendo que 0719-donald-trump-star-wenn-4tuviera el dinero (no lo tiene) y que consiguiera que lo aprobara el Congreso (a ver quién vota a favor de eso) tendría que lidiar con los propietarios de los terrenos en los que quiere construir (y en EU lo de la expropiación se ve muy, muy mal) así como con la FEMA y otros organismos del Estado, particularmente diversas agencias de protección medioambiental que se opondrán porque su misión es proteger ciertos intereses de los ciudadanos estadounidenses directamente atacados por el proyecto. Otro ejemplo más cercano: no importa cuánto lo repita, Podemos no puede aprobar la “dación en pago” así por las buenas, ni siquiera aunque tuviera mayoría absoluta en el Congreso. Podría cambiar la ley para instituir la dación en pago en las hipotecas que se firmaran a partir de ahora, pero no se puede hacer ahora una ley de hoy regule lo que se hizo ayer o hace quince años(3). Es ilegal, por motivos muy bien fundados pero que, como comentaba en el artículo anterior, “son complicados”. Una ley así sería anulada por el Tribunal Constitucional, el de Justicia de la Unión Europea o hasta el de Derechos Humanos(4) y en Podemos, por cierto, lo saben.

El caso es que, por H o por B, ya tenemos instalado en el poder al caudillo que prometió solucionar una serie de problemas con medidas simples que ahora resulta que no puede llevar a cabo, con el añadido de que no puede presentarse ante el Pueblo a decir que no puede cumplir sus promesas “porque… 2630163-tumblr_ma7vv792xi1rbts2no1_400bueno, es complicado”. Le han votado precisamente porque les convenció de que quienes no aplican esas políticas y ponen esas excusas son los malvados o incompetentes de las élites dominantes, el “ellos” que no es “nosotros”, así que, ¿qué solución le queda?

Sencillo. Simplificar las cosas. Otra vez.

Como ya he comentado el ciudadano medio tiene una idea del poder que tiene el Gobierno que se parece más al poder de un dios que al que tiene en realidad. Una vez elegido, el líder populista excusa sus incumplimientos en el hecho de que no tiene suficiente poder y lo adereza sugiriendo que quienes se oponen a sus planes desde los puestos de control del Sistema, desde el Defensor del Pueblo al último juez de paz, son simpatizantes de las élites derrocadas que se niegan a dejar el poder. El cuadro a presentar es simple:

  1. Me habéis elegido para que resuelva vuestros problemas.
  2. No puedo hacerlo porque los judíos (o los maricas o los infieles o los masones o los curas o lo que sea) están infiltrados en todas las instituciones del Estado distintas al Gobierno y paralizan todas mis reformas.
  3. Por lo tanto, esas instituciones se están oponiendo ilegítimamente a la voluntad popular y deben ser sometidas a él.

Y una vez tienes el apoyo del Pueblo para reformar el Estado a tu imagen y semejanza no tienes más que hacerlo con todo organismo que se te oponga2630163-tumblr_ma7vv792xi1rbts2no1_400. Eso sí, no todo de un plumazo, solo según vaya siendo necesario. Al principio probablemente haya que hacer una pausa entre movimiento y movimiento, dejar que la indignación popular contra un organismo en concreto que está bloqueando tus actividades se acumule para luego responder a la misma y dar al Pueblo lo que pide; más adelante, cuando este mecanismo se haya convertido en rutinario y se vea normal la expansión del Ejecutivo y la concentración del poder las cosas se pueden hacer de forma más generalizada y, sobre todo, preventiva. ¿Por qué esperar a que algo de problemas para lidiar con ello cuando puedes evitar la posibilidad de que los dé?

Hay varios mecanismos para lograr estos fines, de los que voy a citar solo los históricamente más habituales:

  1. La disolución del organismo independiente y la asunción de sus competencias por el Gobierno, con lo que el obstáculo simplemente desaparece.
  2. La pérdida de independencia del organismo, que mantiene su existencia pero que pasa a depender del Gobierno y por tanto pierde la capacidad de oponerse a él.
  3. La purga del organismo independiente y el reemplazo de todos sus cargos clave por personas afines al Gobierno, con lo que el organismo mantiene aparentemente su capacidad de oponerse al Gobierno pero a la hora de la verdad no la va a usar nunca.

Con esto, desde luego, se eliminan los impedimentos para el ambicioso programa de reformas que prometió llevar a cabo el populista, con el único “precio” (aparente) de concentrar más y más pode2630163-tumblr_ma7vv792xi1rbts2no1_400r en el Gobierno y de eliminar mecanismos de control que limiten que el uso de este poder se convierta en abuso. Una auténtica ganga, en realidad, porque al fin y al cabo lo que estamos haciendo es echar a los enemigos del Pueblo de sus puestos de poder desde los que boicoteaban la acción del Gobierno. Al fin y al cabo cualquiera que se oponga al líder elegido por el Pueblo se opone, en última instancia, a la soberanía popular, que por definición no reconoce poderes superiores y cuyo poder no debería tener límites. Simplemente estamos haciendo volver las cosas a su Estado natural, le estamos “devolviendo” al líder ese poder semidivino que siempre pensamos que tenían los políticos y que cuando “el nuestro” ha llegado al gobierno no ha podido ejercer por todos esos judíos o liberales o lo que sea que se dedicaban a sabotearlo. Ahora sí. Ahora sí que nos toca.

Y, sin casi darnos cuenta, hemos pasado de un gobierno populista a un gobierno autoritario. Autocrático. Con todos los poderes concentrados en un gobierno que proclama ser el Estado, el Pueblo, la gente, y contra el que el ciudadano no tiene medios reales (quizá ni siquiera teóricos) de exigir respeto a sus derechos individuales. Un gobierno que puede despojarte de tus posesiones en nombre del bien colectivo y que puede meterte en un agujero muy oscuro sin proceso que valga como se te ocurra0719-donald-trump-star-wenn-4 quejarte. Un gobierno y un gobernante que, ahora sí, ya tiene la vía libre para hacer lo que quiera.

Platón decía que la mejor forma de gobierno era, esencialmente, aquella tiranía en la que el tirano era un filósofo justo y bondadoso ya que, si el tirano es justo, los únicos que tienen que temer algo de él son los injustos. La historia nos enseña una y otra vez los peligros a los que lleva esta línea de pensamiento y como el poder se presta al abuso. Por eso existen en nuestros sistemas todos esos mecanismos tan complicados, todos esos obstáculos para que el gobernante pueda hacer lo que quiere. Removerlos en la creencia de que el gobernante que hemos elegido, esta vez sí, se lo juro señor guardia, es “uno de nosotros” y que solo va a usar su poder para protegernos y solucionar las injusticias sociales quitándole a los ricos para darle a los pobres es infantil, iluso, simplista y tan antidemocrático como totalitarista. Vivimos en España así que no creo que sea necesario recordar por qué no queremos este tipo de Estado y por qué deberíamos tener mucho, mucho cuidado con a quién votamos, pero esa es una ventaja que, pese a nuestra inexperiencia democrática, solo tenemos nosotros. Yo he vivido bajo el franquismo, pero apenas quedan italianos que recuerden el fascismo y los estadounidenses jamás han vivido en una autocracia. La tentación de nombrar un dictador, bajo la forma que sea (y aquí incluyo la “transitoria” dictadura del proletariado), para que lo arregle todo es cada vez más grande, sobre todo entre las nuevas generaciones que mezclan el idealismo de la juventud con un mayor distanciamiento con nuestro pasado totalitario. Pues que os quede claro: no hay alternativa a la Democracia; no hay nada mejor que el Estado de Derecho.

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Somos libres, muchísimo más libres de lo que algunos creéis. Y el precio de la libertad es su eterna vigilancia. Guardadla celosamente y oponeos a quien os quiera desposeer de ella, sobre todo a quien os prometa devolvérosla ampliadííísima dentro de un ratito. El fin de la libertad es una de las cosas que se juega Occidente con el ascenso del populismo, pero, ahí donde la veis, no es lo que más me preocupa. La falta de libertad es mala, pero la falta de paz es peor y la nos la estamos jugando.

Hasta el próximo artículo,

Arthegarn.

(1) Iba a poner “de su electorado”, pero no, el populista en realidad se presenta para resolver los problemas de “la gente”, le voten o no le voten, porque todos sus conciudadanos (salvo la élite opresora de turno) son básicamente buenos y nobles y sufren de las mismas dolencias por las mismas razones. Lo que ocurre es que están coaccionados, manipulados o mal informados, pero el líder, que se preocupa de los problemas de todos y no de los de solo unos pocos, cuidará de ellos incluso aunque no le apoyen a la espera de que en cualquier momento, vea la luz y como el hijo pródigo vuelva al redil para unirse al rebañ… a la manada.

(2) Este problema es más grave en un país con un sistema democrático serio, como Estados Unidos, y menos grave en un país como el nuestro en el que apenas hay separación de poderes y, en general, el partido en el gobierno tiene mayoría en las cámaras y puede aprobar la Ley de Presupuestos (y, sobre todo, las “leyes de acompañamiento”) que más o menos le dé la gana.

(3) Alguna vez se me ha argumentado que esto sí que es posible y se me ha puesto como ejemplo la sentencia de las cláusulas suelo, en la que un acto de hoy influye en las hipotecas de hace treinta años. Lo que pasa es que hay dos diferencias cruciales: (i) una ley, general, no puede ser retroactiva pero una sentencia, particular, y sobre todo una que declara nulidad, sí y (ii) la sentencia de las cláusulas suelo hace referencia a una cláusula específica y optativa del contrato de crédito, que puede regularse a libertad de las partes, mientras que una alteración del carácter accesorio de la garantía hipotecaria frente a la responsabilidad universal del deudor afectaría a la propia naturaleza del negocio jurídico. O sea, que lo de las cláusulas suelo es como podar una rama de un árbol pero lo de la dación en pago es más que talarlo, es desarraigarlo. Puedes podar un árbol y decir que sigue siendo el mismo árbol, pero no puedes talarlo y decir lo mismo.

(4) Si el TC no tumbara esa ley sería tan solo por lo ridículamente politizado que está en España, donde la justicia constitucional es una broma. Pero precisamente por eso no está fuera del espectro de lo posible y la banca tuviera que recurrir al TJUE. Y en el improbabilísimo caso de que el TJUE no obligara alGobierno a corregir, cualquier accionista de cualquier banco afectado podría recurrir al TEDH. Daos cuenta de que, al final, los bancos son de sus accionistas, que en su inmensa mayoría son pequeños ahorradores que invierten sea a través de su fondito de pensiones, sea directamente. Cuando estos pequeños ahorradores vieran esfumarse sus ahorros acudirían en masa, y con más razón que un santo en mi opinión, al TEDH.

Caridad, solidaridad y cuentos chinos

Cuando era niño y pensaba como un niño mis padres me inculcaron, entre otras, la virtud de la caridad, que básicamente es dar de lo que tienes a quien no tiene y necesita sin esperar nada a cambio. Hasta ahí nada malo.

En el contexto cristiano-pero-de-los-listos que reinaba en mi familia quedaba muy claro que esto no se hacía “para ir al cielo”(1) sino como simple materialización del sentimiento de misericordia (que no es más que una forma de empatía), y que mis padres me animaban a buscar y descubrir en mi interior. Si Dios es amable y misericordioso y el ejemplo a seguir la caridad con tu prójimo es un espejo de tu caridad(2) con Dios ya que, ¿cómo puedes amar a Dios sin cuidar de tu prójimo, que es amado por Dios? La caridad te acercaba al modelo de Jesús y al plan de Dios; era parte de lo que Dios quería que fueras y parte por tanto de lo que daba sentido trascendente a la vida.

Motivacionalmente hoy lo veo desde otro punto de vista: la caridad es parte de “lo correcto” en un mundo estrictamente material. ¿Lo correcto para qué? Bien, obolopodría contestar que lo correcto para ser el hombre que quiero ser, pero admito que es demasiado subjetivo. Lo cierto es que sigo creyendo en ciertas cosas que, sin ser espirituales, sí que son trascendentes de lo estrictamente material. Cosas como el valor inherente de la Verdad, por ejemplo, o que no se rechaza a quien te pide ayuda cuando puedes darla(3). Son cosas que hago porque son “lo correcto”, “mi deber”, “lo que hay que hacer” y cuyo valor, en la mayor parte de los casos, doy por sentado. Pero a lo que vamos.

Cuando fui siendo menos niño y dejando de pensar como un niño me di cuenta de que el tema de la caridad era muchísimo más sutil. Hay veces que el prójimo te pide lo que no necesita, sea por malicia o por desconocimiento. Hay veces en las que tu prójimo lo que realmente necesita es pasarlo mal para aprender una lección. En otras su situación es consecuencia directa de sus actos y aliviarla contribuye a que no tome conciencia de las consecuencias de los mismos. Incluso esto puede darse con terceros inocentes y entonces hay que valorar cómo haces más bien, si aliviando el sufrimiento inmediato o asegurándote de que el tercero causante de ese sufrimiento toma conciencia del hecho y afronta su responsabilidad. La caridad no consiste simplemente en cubrir una necesidad como quien tapa un agujero, hay que considerar las consecuencias a largo plazo de tus acciones y ver cuál es la mejor forma de ayudar, porque de eso se trata.

Y también me di cuenta de que la caridad y la solidaridad, aunque puedan parecerse externamente, en realidad no tienen nada que ver.

La solidaridad es similar a la caridad en el sentido de que trata de paliar las necesidades de los que sufren, pero tiene una base completamente distinta. Si la caridad es individual y se basa en la empatía, en la misericordia, y es totalmente desinteresada(4), la solidaridad se basa en un colectivo, en la pertenencia a un grupo de ayuda mutua (que puede ser de cualquier tamaño y al que puedes pertenecer voluntariamente o no) frente al que uno tiene el deber de ayudar y el derecho de exigir ser ayudado. Frente al completo altruismo de la manos-unidascaridad la solidaridad es un “hoy por ti y mañana por mí”, un quid pro quo en el que uno ayuda a quien lo necesita bajo la promesa implícita de ser ayudado de la misma forma si llegare a necesitarlo.

Esto nos lleva a la otra diferencia fundamental entre la caridad y la solidaridad y es la existencia de algo que en Derecho llamamos “derecho subjetivo”. El derecho subjetivo consiste básicamente en la facultad de exigir algo de alguien, como el que tiene un acreedor ante un deudor, por ejemplo. En caridad no hay derecho subjetivo: nadie tiene derecho a exigirme que sea caritativo y que dé de lo mío a quien no tiene y es precisamente esto lo que la hace totalmente gratuita, que es una obligación que te impones tú a ti mismo pero que nadie tiene derecho a exigirte; pero la solidaridad es diferente porque como se supone que sí que recibes algo a cambio de ella, a saber la promesa de solidaridad futura, trae aparejada un derecho subjetivo. Es decir: los miembros del grupo que da origen a la solidaridad tienen derecho a exigirte que seas solidario con ellos, so pena de abandonar el grupo.

El mejor ejemplo de solidaridad voluntaria probablemente sea(5) la mutua de seguros a prima variable: los mutualistas se ponen de acuerdo en poner en común sus riesgos, aportan una cantidad que se va usando a lo largo del año según va habiendo siniestros y a final de año pasan cuentas y recuperan lo que no se ha usado o ponen de más si ha faltado. En este tipo de grupo todos los miembros tienen el derecho (subjetivo) de exigir a los demás que pongan su parte, sea antes o después del siniestro, y el de ser cubiertos si han tenido un siniestro. En este caso la solidaridad 100% voluntaria y por tanto 100% exigible, en otros casos….

Como ya he dicho la pertenencia a los grupos que dan origen a la solidaridad no es siempre voluntaria. Si nos paramos a estudiar y formular la solidaridad veremos que 0b3d4e2988dca2cebe5ef2a8a84ea3edla fuerza de su derecho subjetivo, la fuerza que tiene que alguien nos exija algo en nombre de la solidaridad, es directamente proporcional al deseo del solidario de pertenecer al grupo. Por ejemplo, a mi nadie me preguntó si quería nacer en mi familia pero resulta que (suerte que tengo) sí que me gusta pertenecer a ella así que si alguna de mis hermanas necesitar algo que le pudiera dar ni se me pasaría por la cabeza negárselo(6). En cambio, si alguien me exige “solidaridad  obrera”, por ejemplo, tiene grandes probabilidades de que le mande al cuerno.

Por estas razones, porque la caridad es gratuita y la solidaridad onerosa, la solidaridad siempre me ha parecido de un nivel moral inferior a la caridad. Esto no quiere decir que me parezca mala, todo lo contrario, es buena y noble entre otras cosas porque quien es solidario, por mucho que lo sea con la esperanza de retribución, asume el riesgo de que llegado el momento nadie le auxilie o de nunca necesitar ese auxilio, en definitiva, de “salir perdiendo” en esa relación. El elemento de generosidad se encuentra también en la solidaridad(7) pero no llega, en mi opinión, a la altura moral de la caridad, que implica siempre “salir perdiendo”.

Por eso me llama la atención, y me toca las narices, la actitud de algunos0b3d4e2988dca2cebe5ef2a8a84ea3ed políticos e intelectuales (y de una gran cantidad de borregos) que ponen la solidaridad por encima de la caridad. Tienes un magnífico ejemplo en la cita de Galeano que encabeza este artículo, pero estoy seguro de que puedes encontrar muchos más ejemplos si te pones. He llegado a encontrar cuadros comparativos entre la caridad y la solidaridad que cambiaban totalmente ambos conceptos ¿Por qué? ¿Por qué ocurre esto cuando la diferencia es, o debería ser, tan clara?

Pues, yo creo, por un asunto de narrativa. Por un asunto de los cuentos que nos contamos a nosotros mismos sobre cómo es el mundo y cuál es nuestra posición en él.

Dice Galeano (por ejemplo) que la caridad humilla a quien la recibe y tiene razón. No en todos los casos, claro, pero tiene razón. Pedir caridad es pedir ayuda, es pedir un favor, es reconocer que estás en una mala situación, que eres débil y vulnerable, que has agotado todos tus recursos y que necesitas que te ayuden y a nadie le gusta eso. A nadie le gusta verse así. Lo he sufrido en mis carnes y lo sé, a la caridad no se acude hasta que has agotado la solidaridad.  Y duele.

Si pedimos o aceptamos caridad nos reconocemos la situación en la que estamos y nuestra imagen de nosotros mismos cambia, y cambia a peor. En pocas palabras, resulta que obololiteralmente damos pena y eso tiene que ser… pues eso, humillante. Claro que esa no es la única historia que nos podemos contar respecto a nuestra situación. Podemos contarnos otra según la cual no hemos agotado nuestros recursos. Es mucho menos doloroso, en vez de pedir caridad, exigir solidaridad en nombre de algún nebuloso grupo al que pertenezca mucha gente, como la humanidad o la patria o la clase obrera. “¡Échame una mano, camarada!” Si no es caridad sino solidaridad, la cosa cambia. La gente no nos ayuda por pena, nos ayuda porque es su obligación, porque va en su propio interés por si acaso algún día se ven ellos en nuestro “bache”. Como la solidaridad no se pide sino que se exige, ante nosotros mismos dejamos de ser deudores de la bondad ajena y pasamos a ser nada menos que acreedores de una solidaridad a la que tenemos derecho. Y si las cosas no mejoran no será culpa nuestra sino de los demás, que son unos insolidarios y “no cumplen su parte del trato”, de ese acuerdo tácito de quid pro quo.

Sí, esa historia, desde luego es muchísimo más atractiva. Así que, como uno prefiere recibir solidaridad en vez de caridad, esta es, tiene que ser, peor que aquella.

Claro que, en realidad, no es así. La solidaridad es un acuerdo muy bueno y un sentimiento muy noble, pero cuando lo que se intenta es disfrazar la caridad de solidaridad para salvaguardar nuestro orgullo se convierte en, simplemente, una mentira. Y, como todas las mentiras, es perjudicial para quien es mentido (para quien se miente a si mismo, en este caso), porque le hace negar la realidad, aferrarse a una idea errónea de cómo están las cosas y de cómo son. Y si, como digo siempre, cuando uno confunde el ser con el deber ser tiene problemas añadidos para mejorar su situación, porque cree que es como no es en realidad, cuando uno confunde el ser con el deseo… estamos listos.

Con todo y con eso, la verdad es que el contarse un cuento a uno mismo para salvaguardar la propia imagen es comprensible. Es malo, pero es algo que ocurre en nuestro interior, sin que nos demos cuenta, de forma inconsciente. Siempre intentamos contar el cuento de nuestra vida de la forma que deje mejor a nuestro personaje, es normal, es lo que somos. Hay que luchar contra ello porque es perjudicial en lo que se aleja de lo cierto, pero necesitamos que alguien desde fuera nos lo haga ver (captureo, mejor, que nos de un espejo en el que podamos mirarnos de ahí en adelante). Lo que es impredonable, es que alguien de fuera venga a contarnos este cuento. Que, cuando estamos hundidos, débiles y necesitados de ayuda material y anímica alguien venga a contarnos la maravillosa historia de que nuestros problemas no son nuestros sino de los demás, que tienen la obligación de resolverlos y no están cumpliendo con ella. Que lo que hay que hacer no es abrir los ojos, aceptar nuestra situación, ver dónde estamos, a dónde queremos ir y cómo hacerlo; sino levantarse y que se obligar a los demás a sacarnos del brete.

Ah, como lo conozco… Una narrativa coherente, seductora, que quita el foco de atención de nuestra situación y da brutales recompensas emocionales, diluye nuestra responsabilidad e individualidad, y a cambio no mejora para nada nuestro estado y, de hecho, hace que nuestra recuperación sea aun más difícil. Y cómo conozco también la amargura que causa, pasado un tiempo, la futilidad del esfuerzo invertido; lo difícil que es dar marcha atrás una vez te has comprometido con esa cosmovisión. “Una vez tomas el sendero del lado oscuro para siempre dominará tu destino”, decía Yoda, y tampoco es para siempre pero… Eso sí ¡la recompensa! ¡Sobre todo la recompensa inmediata, dejar de verte como un desgraciado y pasar a verte como un héroe maltratado por un enemigo invisible y omnipresente, tomar armas contra ese mar de problemas, luchar y acabar con ellos! ¡Por ti y por los demás! ¿A quién no le gusta verse así? ¿Y cómo va a ser egoísta, retorcido, pérfido o aprovechado quien me ha hablado de esta revolución en ciernes, de esta gloriosa causa en cuyo altar puedo depositar mi vida y oboloque me ha curado, sanado, dado una nueva identidad y nueva forma de verme a mi mismo que me hace sentir tan orgulloso de ser quien soy?

Más rápido, más fácil, más seductor. Entre esos tipos y yo hay algo personal. La caridad humilla dice Galeano, y esto me va a quedar muy católico, pero ¿sabes quién no puede ser humillado? El humilde.

Termino con un apunte económico-emocional. Si a quien ejerce la caridad le quitas el sentimiento de satisfacción, de nobleza, de ser una buena persona y hacer lo correcto que siente cuando ayuda a alguien, y en vez de eso le cuentas que en realidad simplemente está cumpliendo con su obligación y que es si actuara de otra manera lo que sería es despreciable estás eliminando todo refuerzo positivo a esa actitud y, con ello, contribuyendo a que se dé menos. Si uno tiene que escoger entre la satisfacción que le da su dinero y la que le da ayudar al prójimo puede que elija lo segundo, pero si tiene que elegir entre la satisfacción que le da su dinero y nada… pues tenderá a quedarse con su dinero, la verdad. Si quieres una sociedad más solidaria (pues los colectivos, que no tienen sentimientos, solo pueden ser solidarios) fomenta que los indivíduos que la componen practiquen la caridad o, por lo menos, no le eches tierra al engranaje.

Y cuenta a tus hijos la fábula de la cigarra y la hormiga. Muchas veces. Que lo tiene todo.

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Saludos y I Corintios, 13,

Arthegarn______________

(1) Entre otras cosas porque eso sería dar de lo que tienes para recibir algo a cambio aunque no sea de la misma persona.
(2) Teologalmente la caridad, como virtud, es el amor Dios y al prójimo. Tener caridad, dar limosna, no es una virtud sino la materialización de esa virtud.
(3) Por eso me cuesta tantísimo pedirle un sacrificio a alguien, por cierto. Si alguna vez te pido algo distinto a que me pases la sal ten por seguro que es porque verdaderamente lo necesito y no simplemente porque me apetezca o convenga.
(4) Más allá de la recompensa emocional que uno experimenta aliviando el sufrimiento, claro, pero si nos ponemos a ese nivel entonces el altruismo simplemente no existe.
Para ciertas definiciones de lo que es ser una buena persona, claro.
(5) O fuera, porque Solvencia II acabó con las únicas dos que quedaban en España el año pasado.
(6) Claro que ese puede ser un mal ejemplo porque ese es un mal ejemplo porque a mis padres y hermanas las ayudaría por caridad, por amor, sin esperar recibir nada a cambio, no por solidaridad, así que digamos a mis primos, por ejemplo, o a mi familia de facto.
(7) Y supongo que también podría formularlo en términos de que es directamente proporcional a la distancia emocional que separa al que ayuda del ayudado e inversamente proporcional a las posibilidades de que el que ayuda alguna vez necesite ser ayudad0, por ejemplo.

Memoria y balance de 2016

Se acerca el fin de año y, una vez más llega el momento de hacer balance del año que acaba y propósitos para el año nuevo.

Propósitos que me marqué para 2016:

  • Seguir haciendo ejercicio regularmente: Conseguido. He hecho más ejercicio este año que el anterior, más exigente, y me ha costado menos.
  • Cumplir mi plan de adelgazamiento ligado al alcohol. No conseguido, pero fundamentalmente porque he perdido bastante peso y dejó de tener sentido.
  • Escribir una entrada de blog a la semana. No conseguido. A lo que añado ja, ja, ja. Es dificilísismo, cada vez necesito más tiempo para escribir lo que quiero decir porque quiero ser exhaustivo y al final acabo no escribiéndolo. Me da una cierta envidia sana Eduardo, quien entre sus dos blogs y sobre todo sus estados expandidos de Facebook no tiene este problema. Cuando tiene una idea la desarrolla en siete párrafos y listo, que el debate matice lo que quiere decir y lo que no.
  • Reunir el Circle of Vicious Philosophers una vez al mes. No conseguido, pero entre otras cosas porque en junio dije que dejaría de organizar las reuniones y como era de esperar nadie ha cogido el testigo.
  • Leer un libro al mes. Conseguido, pero haciendo la media y gracias a CP y sobre todo a Mithur que me descubrieron The Expanse y es que cuando te lees cinco libros en quince días es muy fácil llegar a doce en el año. Los otros que han caído, por cierto, han sido The Shepherd’s Crown, The Last Hero, The Colour of Magic y The Light Fantastic (relecturas), Los Huevos FatídicosEl Maestro y Margarita (relectura), The Tipping Point y El Capital en el Siglo XXI (que me ha llevado casi un año y del que tengo que escribir una reseña como sea).
  • Seguir ahorrando. Conseguido. Entre el piso, el plan de pensiones y el fondo he ahorrado algo más del 65% de mis ingresos netos. Hay que ver lo que cambian los números cuando la vivienda deja de ser gasto y se convierte en ahorro…
  • Reproducirme de una vez: No conseguido pero en buen camino. A la vista de lo visto Ana y yo ya hemos ido al médico y esperamos conseguirlo este año por las buenas o por las malas.

Cosas buenas de 2016:

  • Mi relación con Ana, que siento últimamente que ha pasado a otro nivel. A nivel emocional no necesito nada más que estar con ella y abrazarla y verla sonreir para sentirme feliz. Doce años son muchos años…
  • Nevershire. O sea, nuestra casa. Nos gusta, no nos ha dado malas sorpresas, los vecinos son majos, el patio mola y da todo el juego que esperábamos y no veas lo bien que se está en invierno con la chimenea bebiendo un vinito y arrebujados en el sofá.
  • Mi vida profesional. Pues qué queréis que os diga. En enero me volvieron a subir el sueldo (¡más de un 25%!), mis jefes en Londres confían en mi y me valoran y he tenido dos ofertas (una por headhunter y otra por LinkedIn) para cambiar de empresa y otra interna para irme a Londres, que rechacé en octubre tras mucho meditarlo. Lo mío me ha costado llegar a donde estoy pero, las cosas como son, soy de los mejores de España en mi trabajo y ya no es que lo sepa yo como cuando estaba en Vestas, es que lo sabe el mercado.
  • Mis nuevas amigas. Así como quien no quiere la cosa he afianzado mucho mi relación con Pandora, he conocido más a fodo a Shera y Mystico, y conocido a secas a Corpus y Kia. Y me caen todas muy bien y me lo paso muy bien con ellas. Me encanta tener relaciones que andan más cerca de la veintena que de la cuarentena, me mantienen joven y de buen humor. Y no olvidemos a Moreno, que merece mención aunque sea amigo desde hace mucho.
  • Lo que he ligado. Me siento Amy Farrah Fowler, ojalá pudiera irme a mi yo de secundaria a decirle que sí, oye, que el asunto mejora con el tiempo. O a mi yo de la Universidad para decirle que ya ligaría con universitarias en unas décadas. Tener mi edad y sentirse atractivo y deseable (y no solo sentirlo sino tener pruebas… am… “tangibles” de serlo) por chicas no solo inteligentes y guapas sino encima con veinte años menos que yo es… Pues es genial, qué queréis que os diga.
  • Mi primera ópera. A muchos os sorprenderá esto sabiendo como soy, pero no había ido a la ópera hasta la semana pasada pese a lo que me gusta. Y he descubierto que (como era de esperar) en directo me gusta aun más.
  • Las vacaciones con Ana en Canarias y, por fin, en Benidorm. Doce años llevaba sin ir a Benidorm, oiga…
  • Rogue One. ¡Ya era hora, caray! Star Trek: Beyond tampoco estuvo nada mal, pero hay que quitarse el sombrero con Rogue One.

Cosas malas de 2016:

  • Darme cuenta de que cierta gente no me aporta lo que me cuesta y mandarla a la mierda. Si el año pasado me impuse a mi mismo permitir que mi más vieja y querida amiga se alejara de mi si le daba la gana en vez de salir corriendo detrás de ella, en 2016 he redefinido a la defrensiva tres relaciones con gente a la que quiero y aprecio pero que llevan aparejado un precio emocional demasiado alto. Son relaciones de muchos años, en algún caso condenadas a mantenerse con otro formato, con gente que, por ser como son, me hacen daño una y otra vez y que (i) ni se aperciben (ii) ni, cuando se les explica el asunto, muestran arrepentimiento ni propósito de enmienda. Gente que opina que el problema lo tengo yo, que soy demasiado sensible o demasiado inflexible, no ellos, y que reivindica su derecho a ser como es. Y lo tiene, desde luego, pero ya he decidido que lo tiene en su casa, no en la mía; que cuando el balance de una relación es emocionalmente negativo lo que tengo que hacer es distanciarme. Es lo que tengo que hacer y está compensando, pero me sigue dando pena haber terminado así.
  • Mi trabajo. Sí, gano mucho dinero(1) y todo lo que quieras, pero trabajo muchísimo, muchísimas horas, y con mucho estrés. Salgo de casa a las siete y cuarto y suelo volver pasadas las nueve con las fuerzas justas para cenar un poco, charlar algo con Ana, verme un capítulo de algo (a veces dos) y meterme en la cama a las once como muchísimo. Y ya no tengo treinta años como cuando tenía tres trabajos, me hacía 125 kilómetros al día y me quedaban ganas de juerga todas las noches. Me canso, me estreso, me sale psoriasis y mis amigas me dicen que estoy a la que salta.
  • El fin del Circle of Vicious Philosophers, actividad a la que la verdad es que tenía mucho cariño pero que está claro que, como me temía, si no la muevo yo no la mueve nadie y es que es muy fácil minusvalorar el tiempo y esfuerzo que costaba el asunto. Así es la tragedia de los comunes
  • El ascenso del populismo personificado en el triunfo de Trump y, en menor medida, en el Brexit y del que ya estoy hablando en Lo que se Juega Occidente. Es un asunto que me preocupa muchísimo y con el que espero francamente estar muy equivocado.

Propósitos para 2017:

  • Reorganizar mi vida profesional y hasta aquí puedo leer.
  • Trabajar menos horas. 
  • Seguir haciendo ejercicio regularmente hasta los 150 días al año.
  • Bajar mi consumo medio de alcohol a 5 UU.AA diarias, o sea un litro de cerveza.
  • Escribir una entrada de blog a la semana.
  • Leer al menos un libro al mes.
  • Seguir ahorrando.
  • Y traer por fin esos nuevos Izquierdo al mundo.

Veremos como se da todo. De momento, felices fiestas, y feliz 2017 a todos.

Abrazos,

Arthegarn.

(1) Me da pudor decir esto y, debido a la empresa en la que trabajo y a lo que cobran mis compañeros, me sale decir “aunque tampoco tanto” o algo así. Pero la verdad es que, objetivamente, estoy en el famoso 1% así que decir que “tampoco gano tanto” es un puñetero insulto a muchísima gente y no pienso hacerlo. Gano más de lo que nunca pensé que ganaría y si os preguntáis por que no voy por ahí en Lexus la razón está ahí arriba: vivo muy tranquilo por debajo de mis posibilidades, muchas gracias.