Mi abuelo

Recuerdo que mi abuelo me contaba que, a poco de fundar el SEU, cuando iba a la Universidad y discutía de política y de España con compañeros estudiantes socialistas y comunistas, estos le dijeron en más de una ocasión que era una gozada hablar con él pero que “desgraciadamente, llegado el3f11b7aacd67cc9d9e227d5c0aff3156.jpg momento” sería de los primeros a los que habría meter “un tiro en la cabeza porque usted sabe discutir, Izquierdo, y hacer las preguntas complicadas y eso es lo más peligroso, eso el Pueblo no lo puede tolerar”. Y que al poco tiempo empezó a ir a clase con revólver. Por si acaso.

Lo recuerdo porque cuando leo a algún gilipuertas decir que España no ha progresado nada desde 1935, que no hemos cambiado nada y que todo sigue igual, como no sé si enfadarme con el interfecto o tenerle pena por desinformado, prefiero alegrarme el día en vez de desgraciármelo, recordando a mi gentil y cultísimo abuelo que tanto luchó, que tanto cambió sin dejar de ser fiel a si mismo, y cuyo ejemplo siempre tendré presente.

Es una forma, como otra cualquiera, de reconducir las cosas.

El programa de IKEA.

Empecemos con lo más obvio: desde un punto de vista del márketing, la forma y presentación del programa económico de Podemos son una maravilla. Me encanta y lo digo en serio. A IKEA no creo que le haya hecho ninguna gracia y esta mañana Federico Jiménez Losantos ya estaba diciendo que iba a tirar las dos almohadas que tiene en casa y que hasta que no protesten por el plagio no les piensa comprar nada, pero la idea y la ejecución son brillantes. Os animo muy en serio a que le deis un vistazo aunque no sea más que por las fotos.

¡Si tan solo el contenido fuera tan bueno como el envoltorio..!

El programa me resulta, como es de esperar, a medio camino entre el ReinoCapture de Dios y Ningún Lugar(1) y el hecho de que esta gente tenga posibilidades de llegar a gobernar me resulta horripilante. El programa en si mismo no, en muchos aspectos tiene muchas cosas con las que estoy de acuerdo como puntos cardinales, como objetivos a los que aspirar. El problema es que esos objetivos no son alcanzables en cuatro años (ni en cuarenta) y mucho menos usando los medios que proponen en este programa, que creo que son contraproducentes para conseguir el objetivo deseado y se basan en datos y cálculos que harían enrojecer de vergüenza al Conde Draco.

Es de justicia decir, eso sí, que el hecho de que puedan llegar a gobernar me resulta muchísimo menos horripilante hoy que en 2014, cuando estaba pensando seriamente en emigrar. Y es que, desde sus inicios, Podemos se ha descafeinado a marchas forzadas, haciendo una Alfonso Guerra que no te menees. ¿Alguien se acuerda de que en el programa de 2014 llevaban la expropiación de las eléctricas? ¿La nacionalización de Telefónica? ¿La renta básica universal?(2) ¿El salario máximo? Aquellas barbaridades por las que fueron tan aplaudidos y jaleados ni están ni se las espera y eso, para mi, son buenas noticias. No son buenas noticias en si mismas, vamos, sigo pensando que si gobernaran mandarían el país a la mierda antes de darse por vencidos, como esa Syriza con la que tanto se identificaban antes y que ahora parece haber desaparecido de su cosmovisión(3); pero ahora al menos sería una mierda secfasga y añeja, no apestosa, fluida y recién puesta. Siguen dando miedo, pero dan muchísimo menos miedo que antes.

A menos que estén haciendo una Hitler, claro.

Pero a lo que vamos.

El programa es básicamente una reedición del de las generales de diciembre, lo cual no debería sorprendernos en lo más mínimo porque los de los otros partidos también lo son. Hay algunos cambios de calado, como el nuevo recorte al incremento del gasto (que pasa de 135.000 millones de euros en diciembre a “solo” 100.000 en junio) pero hay que bucear en la memoria económica para encontrarlos. Por cierto, lo de la memoria económica sigue siendo de risa, pero de risilla histérica de “oh, Dios, ¿dónde me meto?”. Resulta que con una subida generalizada (y brutal) de impuestos estos genios económicos esperan que la economía crezca al 3.5% anual. ¡Al 3.5! Vale, es una mejora respecto al disparate del 5% que calcularon en diciembre (el PIB no crece un 5% desde los tiempos de Aznar y cuando atábamos perros con longanizas en 2006 lo hacía al 4.2%) pero sigue siendo simplemente increíble, entre otras cosas porque el aumento de impuestos lo que hace es reducir el crecimiento del PIB y no aumentarlo(4). Sus previsiones de aumento de ingresos por aumento de la actividad económica no tienen base alguna, pero es que, además, incluso aunque se cumplieran ellos mismos reconocen que no habría dinero para pagarlo todo y que el déficit subiría hasta el 2.1% en 2019, el año en el que deberíamos llegar al equilibrio presupuestario según los acuerdos con Bruselas. ¿Entonces? ¿Qué planean? ¿Una salida del euro? ¿Un pulso a la griega? Porque ya sabemos como terminó aquello…

En fin, no quiero aburrir con las razones por las cuales no se puede ir a Venus en barco, entre otras cosas porque algunos de vosotros Captureya lo sabéis y otros sinceramente pensáis que eso lo pienso solo porque nadie lo ha conseguido nunca, así que voy a terminar mencionando el cambio que me llama más la atención: la inconcreción. El programa es mucho más general, mucho más parecido al de otros partidos que lo que es común en Podemos. En 2014 todo estaba lleno de promesas concretas, de actuaciones específicas; en 2016, aunque las hay también, son muchas menos. Supongo, aunque no puedo afirmarlo, que esto es porque la dirección de Podemos tiene que elegir entre tres males:

  1. Hacer promesas concretas con intención de cumplirlas. Eso les ata muchísimo las manos en términos de negociación postelectoral y, como saben que si quieren tocar cuero van a tener que ceder mucho y si quedan los segundos podrían llegar verdaderamente al gobierno, esto es mala idea.
  2. Hacer promesas concretas con la intención de incumplirlas si fuera necesario para llegar al poder. Esto es lo que haría el PSOE pero parece que no están dispuestos a ello, lo que les honra.
  3. Renunciar a los objetivos concretos y mesurables, al tan cacareado “contrato con la ciudadanía”, y hacer promesas lo suficientemente vagas como para que estén sujetas a interpretación. Esto no es precisamente ético, pero desde luego es muchísimo mejor que mentir descaradamente y a sabiendas.

Como la opción número tres les permite negociar sin perder la cara y es lo más astuto a largo plazo, siendo el partido que son y teniendo en cuenta que no tienen garantizada esa mesa de negociación… pues es la que han escogido. O eso creo yo. Chicos listos.

En resumen: reedición del programa de las anteriores generales con tijeretazos a las promesas concretas, a los gastos desaforados y a las justificaciones increíbles. En el buen camino pero con mucho por recorrer: si el programa de 2014 era Star Wars, el de 2015 es Independence Day y este es Contact: cada vez menos fantásticos y disparatados, probablemente por eso cada vez menos populares, cada vez más realistas… pero ciencia-ficción en cualquier caso.

Salud y evolución,

Arthegarn
(1) Utopía , de οὐ τόπος, “ningún lugar”
(2) Lo malo no es que llevaran una RBU en el programa, yo estoy convencido de que la RBU es una inevitabilidad histórica producto de la mecanización, la pregunta no es si vendrá o no sino cómo y cuándo. Lo malo es que la propuesta no tenía ni pies ni cabeza, con un cuando que era demasiado pronto y un cómo que, aunque en un primer momento fuera a repartir riqueza, a corto plazo la iba a destruir e iba a servir solo para repartir pobreza. Cito mucho a José Antonio hablando con gran sentido común en el discurso fundacional de la Falange sobre que la libertad no puede ser la panacea cuando el pueblo pasa hambre, pues lo mismo opino de la igualdad. Sacrificar el futuro por remedar el presente no es la solución. Los experimentos, con gaseosa.
(3) Empiezo a pensar que en Podemos está volviendo a hablar de Chávez y de Venezuela porque quedan en dirección contraria a Grecia. Insisto: chicos listos, como comunicadores no tienen precio.
(4) No me quiero poner demasiado técnico, pero en generar las medidas que favorecen la redistribución de la riqueza (como los impuestos, siempre que estén bien gestionados) desincentivan(luego van en contra) de la creación de riqueza y viceversa. Como al crecimiento del PIB le da lo mismo la justicia social porque mide la riqueza que se crea y no como se distribuye esos números son de risa. Salvo que crezcamos ahora pidiéndole prestado a nuestros hijos, claro, algo a lo que los gobiernos de izquierdas son aficionadísimos. Y ya estoy otra vez con lo de sacrificar el futuro y patapum y p’alante, pesadito que soy…

6/6/6

Si tuviera que elegir el día más importante de mi vida profesional lo tendría claro: el seis de junio de 2006. El seis del seis del seis. Ese fue mi primer día en Clifford Chance, el despacho que lo cambió todo y en el que empecé, por segunda vez, mi carrera profesional tras el famoso annus horribilis.

Recuerdo que el año había empezado con el primer trabajo decente en lo que se me hizo una eternidad: un puesto de back office en la Banca Rothschild, fijo tras los inevitables seis meses de prueba por 18.000 al año. Y estaba tan contento yo en el banco cuando me llamaron de Hays para decirme que había un proceso en un despacho internacional de abogados para el que querían presentar mi candidatura. Yo ya no estaba en búsqueda activa, pero hacer un par de entrevistas nunca viene mal y, quien sabe, quizá pagaran más y mejor, así que les dije que la presentaran. Esa misma tarde hice mi due diligence (entonces no sabía que se llamaba así) y me estuve informando sobre el despacho en Internet.

C3
Clifford Chance posando tras el proyecto Brick

Salí impresionado, claro. Me di cuenta de la oportunidad que representaba aquel proceso en términos profesionales y mi actitud cambió totalmente, pero no podía ni imaginar lo que iba a significar en términos personales. Recuerdo que las pruebas técnicas y las dos primeras entrevistas, con RR.HH., me salieron muy bien, casi clavadas, y que me pasaron en seguida a entrevistarme con el socio del departamento de “Financiero”. Tuve buen feeling en la entrevista pero no salí del todo convencido y tenía razón porque al socio no le había convencido tampoco.  Pero, como Clifford Chance es Clifford Chance, cuando terminó al entrevista cogió el teléfono y llamó al socio director de Inmobiliario y le dijo “Alfonso, acabo de entrevistar a un tío que no es mi tipo pero que me da en la nariz que es exactamente lo que tú estás buscando, ibais a congeniar de maravilla, llámale.” Y, en efecto, a la mañana siguiente me llamaron de Hays diciendo que tenía otra entrevista con otro socio y allí que me fui.

29741_1420957476644_2341067_n
Alfonso y yo, en mi último día en C.C.

Es difícil de explicar lo bien que me cayó Alfonso desde el minuto uno, pero para daros una idea, la entrevista duró cerca de una hora durante la que hablamos del puesto diez minutos y pasamos el resto del tiempo hablando de los libros que leíamos y charlando de lo humano y lo divino. Ni siquiera hablamos en inglés. Salí pensando que me lo llevaba y, en efecto, no me había ni alejado doscientos metros cuando me llamaron de Hays diciendo que el puesto era mío.

No podía creer mi buena suerte. En aquel momento solo pensaba en que era una oportunidad y en que encima iba a cobrar un tercio más de un salario ya de por si digno con el que ya me había acostumbrado a vivir pero, en realidad, lo mejor estaba por venir. Gracias a Alfonso, a quien admito que aun tengo en un pedestal pero es que resulta que es uno de los tíos más inteligentes, simpáticos, amables y de buen corazón que he conocido en mi vida(1), entré en contacto con lo que es una organización y una empresa de élite, una organización que busca a los mejores trabajadores (hasta para hacer fotocopias) y que, como sabe que son los mejores, los trata bien para que no se vayan a otra empresa de élite que les está buscando. Experimenté de primera mano el ciclo virtuoso del trabajo, ese del que hablaba en mis clases de Project Management en la UAX sin haberlo conocido de primera mano y que tanto me abrió los ojos sobre lo que podrían y deberían ser las relaciones entre empleado y empleador.

C
El equipo de Inmobiliario casi al completo.

Y conocí a un grupo de gente formidable, el equipo de abogados de Real Estate de Clifford Chance en el más tonto era controlador aéreo. Profesionalmente sus carreras hablan por si mismas, los que no siguen en Clifford son ahora los socios de Inmobiliario de algunos de los despachos más importantes de España (mención especial para Guillermo por aquello de salir del Madrid y entrar en el Barça) o dirigen departamentos legales en grandes empresas, pero es que, además de ser grandes abogados internacionales y listos como ellos solos eran todos, y lo siguen siendo, grandes personas. Gente que me enorgullece día a día que me consideren su amigo y que, honestamente, aun me sorprende un poco que lo hagan y que vengan a mis saraos y a mis cumpleaños y hasta se vistan de negro para hacerlo. Gente como Roweena, cuyo nombre no voy a dar porque es muy, muy discreta, pero que quizá sea la mujer más extraordinaria que conozco; o como Julieta, que es una luchadora de campeonato que nunca, nunca se da por vencida – y siempre acaba consiguiendo por lo que lucha. Y gente como MariJose.

37762_1491371156942_5903704_n
Marijose, una profesional como la copa de un pino.

MariJose, mi “compi” con la que compartí cubículo todos aquellos años. MariJose, que ya estaba profesionalmente de vuelta de sitios de los que yo ni había oído hablar. MariJose, de la que aprendí tantísimo en los primeros meses y a quien tanto debo de mi carrera profesional. MariJose, socialista de pro y con quien tenía encendidas discusiones políticas de vez en cuando. MariJose a quien he llamado más de una vez porque me había enterado de un puesto en el que pagaban una millonada y para el que querían su perfil pero que no quería moverse de Clifford Chance ni con agua caliente. MariJose, a quien siempre recuerdo con una sonrisa y que, maldita sea, falleció hace un par de semanas víctima de un cáncer fulminante. Descansa en paz, “compi”, seguro que la Quinta ya no es lo mismo sin ti.

C2
Foto de grupo de un cumpleaños de Rafa, un tío mayúsculo, socio de Eversheds.

Clifford Chance fue una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida. Tanto por lo que supuso históricamente de punto de inflexión y consolidación en mi carrera profesional como por la gente maravillosa a la que conocí ahí y que sigue estando ahí y siendo igual de maravillosa. Podría alargarme contando anécdotas durante horas, tanto de antes como de después, pero no quiero repetirme (muchas ya están en el blog de aquellos años) y además tampoco es el objetivo de este escrito, en el que solo quería rendir un homenaje a ese bendito equipo y a esa bendita empresa por si acaso algún día, dentro de otros diez años, no recuerdo lo que significaran para mi. Y para decirte, querido lector, que si tienes la oportunidad de trabajar allí no lo dudes ni un segundo y que si estás estudiando derecho y andas un poco perdido dale un vistazo para ver a lo que puedes que aspirar.

O tempora, o mores.

Arthegarn______________
(1) De hecho, si de algo me arrepiento de aquella época es de haber sido tan estúpidamente clasista como para, en su momento, no haberme permitido hacerme amigo de Alfonso (que sí que me consideraba su amigo) porque “no era lo correcto”; porque tropa y oficiales no intiman y ese tipo de cosas. Qué idiota he llegado a ser en mi vida, Señor, menos mal que a él, como a la gente que de verdad tiene clase, mis clasismos se le daban una higa y ahora se ríe cuando le recuerdo aquello.

El maldito maximalismo

In my experience the trouble with oaths of the form ‘death before dishonor’ is that eventually, given enough time and abrasion, they separate the world into just two sorts of people: the dead, and the forsworn.” – Miles Vorkosigan, A Civil Campaign.

Decía Aristóteles que la virtud está en el término medio y me parece una verdad como un templo. Los extremismos nunca llevan a nada bueno y entre ellos temo que, pese a quien pese, se encuentra el idealismo. Intentar hacer encajar la realidad en un modelo ideal  es poner el caballo detrás del carro, entre otras cosas porque la realidad es analógica y no digital(1) y lo que lo que funciona de verdad es: primero, observar la realidad; luego, reducir lo observado a un modelo mental que nos permita hacer experimentos; a continuación, someter el modelo a falsado y por fin, si se sostiene, utilizarlo para predecir el futuro. Razonar y operar como Platón, pensando que loaristoteles_platon ideal es lo perfecto y lo real una copia burda e inexacta es un error de tomo y lomo porque es exactamente al revés, es el mundo de las ideas el que es un facsímil del mundo real.

Esta confusión de causa y efecto lleva a una mayúscula incomprensión de un mundo que “no se comporta como debiera” y, aunque debería ser obvio que si tenemos una idea de cómo se comporta el mundo y el mundo no se comporta así es que nuestra idea está equivocada, sigo encontrando fascinante la cantidad de gente que dedica ingentes esfuerzos a convencerse de que en realidad su modelo es correcto a pesar de la evidencia e intenta racionalizarla a su conveniencia y (lo que es mucho peor) convencer al resto del mundo de que su mentira es verdad.

El idealismo, como todo extremismo, es malo. Y últimamente estoy viendo como algunos de mis amigos más idealistas están exteriorizando su ideología y aplicándola a la realidad a través de un recurso que he venido a llamar el “maldito maximalismo”.

Consiste el maldito maximalismo en un proceso de falsado extremo tal que se toma una idea, institución o realidad, se le busca un fallo y, cuando se encuentra, se rechaza de plano y en su totalidad esa idea, institución o realidad porque es demostrablemente imperfecta.

1457553330_927125_1457553696_noticia_normal_recorte1
“¡Que no os enteráis, so berzas!”

Cuando este maximalismo se combina con una ideología infalsable (o muy difícilmente falsable) tiene el resultado de que se rechazan todas las opciones disponibles en la realidad, que se han demostrado indignas, en favor de otra que no puede demostrarse indigna, al menos de momento, precisamente porque es infalsable. El idealista puede tener muy claro a dónde quiere ir y no querer replantearse su destino, pero el maldito maximalista no es solo que sepa a dónde quiere ir sino que además sabe cómo hay que hacerlo y considera que cualquier otro camino que no sea el suyo es inaceptable. Los que no comparten sus ideas son, con suerte, dignos de lástima y, con menos suerte, dignos de desprecio e incluso odio, quien no está contigo está contra ti; quien no comparte tus ideales y planteamientos está, por desconocimiento o por pura y simple maldad, perjudicándose a sí mismo y al resto de la humanidad – y debe ser detenido.

Voy a poner un ejemplo de actualidad: la gente que, a pesar de todo, sigue votando al P.P. ¿Cómo puede haber gente que siga votando al P.P. cuando está clarísimo que es un partido que2ds1s3b ha estado corrompido a nivel institucional, es decir como organización, no solo a través de algunos de sus miembros?  ¿Cuando presenta machaconamente como candidato a un pelele como Rajoy que gobernar, lo que se dice gobernar, gobierna lo menos posible y que además ha sido el responsable último de la mencionada organización corrupta? Más allá de si su gestión ha sido buena, mala o inexistente el hecho es que es un partido corrupto que presenta a un corrupto y a un partido así no se le puede votar.

Otro ejemplo: la economía y los economistas. Una y otra vez los gurús y lumbreras de la economía nos vienen a decir que hay que bajar los sueldos, o los impuestos a las empresas, o flexibilizar el mercado de trabajo, o lo que sea, para crear empleo. Pero desde hace años los sueldos son cada vez más bajos y las empresas pagan menos impuestos y el empleo es cada vez más precario y seguimos sin crear empleo, ¿cómo puede la gente seguir fiándose de ellos? ¿Cómo podemos seguir usando esos métodos? ¡Si es que está clarísimo que fallan, una herramienta así no se puede utilizar!

Y ejemplos como esos dos, hasta el aburrimiento. Con el añadido, insisto, de la intolerancia hacia quienes tienen un comportamiento contrario a estos obvios razonamientos ya que, independientemente de que lo hagan por desconocimiento o por malicia, ¡están haciendo cosas que van contra mis intereses el bien común! ¡Deben ser detenidos! ¡Por el bien de la sociedad e incluso el suyo propio!

El problema del maldito maximalismo es que, además de ser muy vehemente y por tanto Screen-Shot-2014-09-16-at-10.25.46-AMde muy difícil diálogo, utiliza el procedimiento “muerto el perro se acabó la rabia”. Divide el mundo en dos categorías: lo que es bueno y funciona siempre, lo perfecto; y todo lo demás, que es lo malo y lo que no funciona. Pero la realidad es mucho más compleja que esas dos categorías y si intentas reducirla a las mismas es normal que no entiendas por qué la gente se comporta como se comporta, porque es que las cosas no son blancas o negras, útiles o inútiles, buenas o malas como las describes.

Por ejemplo, yo no voto ya al P.P. pero puedo imaginarme sin demasiado esfuerzo por qué hay gente que lo sigue haciendo. Votan lo que votan a pesar de, y no por causa de, Rajoy y la corrupción. Votan lo que votan porque sinceramente piensan que, aunque el P.P. no sea perfectos, es la mejor alternativa que existe, la que mejor les representa de entre todas las opciones disponibles, con la que más de acuerdo están, la que creen que va a defender mejor sus intereses. Cuando se ven en la tesitura de votar P.P. o arriesgarse a que gobierne otro partido con el que están en profundo desacuerdo pues vuelven a apoyar a los mismos. A pesar de, y no a causa de o ignorando, todos sus defectos.

Con la economía, lo mismo. En efecto, los economistas se equivocan a veces. A veces de cabo a rabo. Pero considerando todas las alternativas, nuestros gobernantes pueden tomar sus decisiones en política económica basándose en los mejores datos y las mejores predicciones que tenemos, a sabiendas de que no son exactos ni garantía de nada, o ignorarlos y tomar las decisiones al tuntún. Y los economistas se pueden equivocar a veces al hacer predicciones, particular y espectacularmente en el largo plazo(2),

2ds1s3b
Leedlo, leedlo

pero el punto clave es que si un modelo o una herramienta predice el futuro con mayor índice de acierto que una predicción a ciegas, entonces es preferible usar esa herramienta a tomar la elección a ciegas. Aunque sepas que es posible, incluso que es probable, que al final se equivoque.

El maldito maximalismo hace que la gente vea el mundo y lo que hay en él en términos de todo o nada y, como tenerlo todo es claramente preferible a no tener nada, en nombre de  ese objetivo renuncia a muchísimas opciones que, de hecho, muchas veces ni siquiera ve. Porque en realidad entre estos dos extremos hay una inmensa gradación de estados en los que uno no lo tiene todo, pero tiene algo, y el maldito maximalismo te hace obviarlos y olvidar el hecho de que, aunque sería guay tenerlo todo, también es preferible tener algo a no tener nada.  Quien cae en las garras del maldito maximalismo olvida esto y, por querer tenerlo todo, acaba perdiendo el algo y al final no teniendo nada. Así que cuidado con él, amigo lector. Y creas ser maximalista o no, mírate bien los bolsillos. Muchas veces uno no sabe lo que tenía que perder hasta que lo pierde.

Salud y evolución.

Arthegarn___________________

(1) La frase no es mía, es de Zor de la era DarkSpain. La uso porque todo modelo es, por definición, una simplificación de la realidad, una eliminación de detalle y exactitud de una forma semejante a como se graba la música digital reduciendo una curva a una serie de barras.
(2) No os fiéis nunca de una predicción económica a largo plazo. Las variables y los imprevistos son demasiados para que tengan la más remota fiabilidad, me permito remitirme al más entretenido de lo que cabría sospechar Cisne Negro de Nassim Taleb.

Por recordar buenos momentos

Pues este ha sido un buen fin de semana, tranquilo pero muy feliz y para recordar.

El viernes por la tarde estuve en el Monumental escuchando la Misa Solemnis de Beethiven con mis padres y el Profesor Mercury que aprovechó la entrada de Ana, que se duerme en los conciertos. Luego mis padres se vinieron a Nevershire donde estuvimos felizmente charlando y tomando cervezas con Ana hasta las once y media. Nos lo pasamos muy bien, la verdad, estábamos todos de muy buen humor. El sábado, tras una mañana de trabajos domésticos variados, pasé una tarde y noche de absoluta tranquilidad, tirado enfrente de la tele y poniéndome al día con El Ministerio del Tiempo (que, encima de estar renunciando a la coherencia y a la ciencia ficción en favor de lo sobrenatural se está politizando) y alguna otra serie. Y el domingo quedamos a comer Con Iván, Gloria, Julieta y Anisaki (y Gonzalito) en Alcobendas y aunque nos costó un poco movernos hasta allá, que con la edad uno se hace comodón, mereció muchísimo la pena y nos lo pasamos pipa charlando con ellas para terminar viendo The Martian que, encima, me gustó mucho. Ah, y probé dos de las cervezas especiales que me regalaron JJ y compañía por la Arthegarnisnacht que me sorprendieron, ambas, muy gratamente.

Agradabilísimo, vamos. Igual me hubiera debido animar e ir al Fenrir el sábado por la noche con Haplo, que estaba de visita en Madrid, pero si lo hubiera hecho probablemente no hubiera disfrutado tanto del domingo así que mira, no me quejo.

Paz y felicidad.

La conspiración empresarial en la lucha de clases.

Paseando por Facebook me he encontrado, creo que en el muro de Ramón, un artículo titulado “La incertidumbre laboral como herramienta para despojarte de todo“. Es otro de esos artículos como los que hay con mil, que pasan sin pena ni gloria y se repiten hasta el aburrimiento, en el que el autor desvela otra de las armas utilizadas por los malvados empresarios incertidumbre laboralcapitalistas, unidos en contubermio judeomasónico con los políticos, para oprimir todavía más a la clase trabajadora, quitarte otro poquito de lo poco que tienes para incrementar sus indecentes fortunas, y crear insidiosamente un clima que dificulta aun más la ya de por si difícil lucha obrera sea con el palo del hambre, la miseria y el paro para quien proteste; sea con la zanahoria de los circenses llevados al extremo de Operación Triunfo y MHYV; sea con el envenenamiento del noble espíritu del trabajador llevándole al desánimo o a la desunión que imposibilita la lucha colectiva, como es el caso. A través de las EE.T.T., nos dice el artículo, los empresarios precarizan aun más el empleo de los trabajadores, cumpliendo así el doble objetivo de quedarse una tajada mayor del pastel que la que obtendrían de tener que seguir usando empresas tradicionales con empleos tradicionales y de que los trabajadores compitan entre ellos en tranquilidad y mansedumbre teniendo como premio un trabajo mal pagado de unos cuantos días. Sea cual sea vuestra tendencia política seguro que habéis leído este y otros argumentos similares.

Hace ya cien años que el famoso Henry Ford, uno de los mayores capitalistas e industriales de la historia, cambió las reglas del juego de competencia en recursos humanos en Detroit, y eventualmente en el resto de los Estados Unidos, ofreciendo a los trabajadores de sus factorías cinco dólares diarios por turnos de ocho horas, algo que doblaba el salario mínimo de aquella época. El pensamiento de Ford, que se demostró cierto, venía a ser más o menos así: “Si pago a mis trabajadores un salario bajo yo ganaré más en primera instancia, pero muchos de mis trabajadores se irán en cuanto puedan a empresas que les paguen mejor y yo tendré que contratus_propaganda-10ar a trabajadores nuevos que serán menos eficaces hasta que aprendan a hacer su trabajo, momento en el cual probablemente me abandonen para irse a otro sitio en el que les paguen más. En cambio, si les pago un salario alto ganaré menos en primera instancia, pero mis trabajadores expertos no querrán irse y de hecho los de otras compañías querrán venir, con lo que aumentaré mi productividad y haré más coches que podré vender por más dinero con lo que al final acabaré ganando más en vez de menos. Lo que es más, si les pago lo suficiente mis propios trabajadores podrán comprar los coches que producen con lo que ¡parte de su salario volverá a mi bolsillo!”.

Y, en efecto, así ocurrió.

Esta forma de ver las cosas, este flujo circular de salarios, producción y consumo, se vio reflejado y ampliado posteriormente en la Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero que publicaría en 1936 el  algo menos famoso John Maynard Keynes y que constituye la Biblia de la economía moderna. No hay economista digno de tal nombre, sea comunista, neoliberal o de cualquier confesión intermedia, que no haya leído ese libro. Lo leyó entre otros Franklin D. Roosevelt y su espíritú puede verse detrás del New Deal, y lo leyó también su jefe de Estado Mayor durante la II Guerra Mundial y Secretario de Estado con Harry Truman, George Marshall, y puede sentirse en la inspiración del Plan Marshall.

Que quede claro: ninguna de las tres ideas anteriores, y sobre todo el Plan Marshall, es de orientación obrera, revolucionaria ni colectivista. La idea de mejorar la capacidad adquisitiva de los trabajadores no es filantrópica sino sistémica; el objetivo final no es simplemente que los trabajadores ganen más dinero y mejoren sus condiciones, eso es simplemente un medio. Lo que se prestende es que pasen de ser y considerarse pobres a ser y considerarse consumidores porque quien cree que es pobre está inseguro y se aferra a lo que tiene sin gastarlo en previsión de unas próximas vacas flacas mientras quien cree que no es pobre está seguro y consume más, lo que crea demanda, lo que crea nuevos puestos de trabajo para satisfacer esa demanda, lo que crea más consumidores que a su vez demandan más bienes y servicios, etc. Este ciclo virtuoso flujogramade la producción y el trabajo se conoce desde tiempos de la Revolución Industrial y está codificado, estudiado y matizado hasta el aburrimiento desde la I Guerra Mundial. Es algo que es parte de la cultura general, como el ciclo del agua o que Colón descubrió América o, ya que estamos, como que los malvados empresarios capitalistas con traje, chistera y puro quieren poner de rodillas a los trabajadores, pagarles lo mínimo posible y hacer sus condiciones de vida tan inseguras como puedan para que dependan de ellos y no tengan fuerza ni ánimos para rebelarse contra sus explotad…. ¡Eh, un  momento!

Hay teorías de la conspiración más o menos entretenidas, pero hay otras, como esta, que se van al traste en cuanto las analizas por encima porque son intrínsecamente contradictorias. Una de dos, o los malvados empresarios capitalistas son tan astutos y taimados que son capaces de organizarse entre ellos para, artera y sibilinamente, controlar los mecanismos del Estado y crear legislaciones que tienen como objetivo mantener al proletariado en la pobreza, o no lo son. El problema es que resulta difícilmente creíble que esa gente tan rica, sofisticada y astuta, no conozca teorías que son el A, B, C de la economía; que no sepa que para vender todas esas cosas que hacen en sus fábricas hace falta que haya gente que las quiera comprar y que para que la gente las quiera (y pueda) comprar es necesario que tengan dinero y que ese dinero es su salario. Tener al proletariado hundido, asustado y oprimido no va en beneficio de los empresarios y los productores, va en contra de sus intereses porque los beneficios dependen del consumo y la gente pobre, asustada y deprimida no consume. Lo que conviene es que la gente efectivamente produzca y pueda consumir y es a eso, y no a lo contrario, a lo que un hipotético contubernio judeomasónico empresarial dedicaría sus esfuerzos. Porque es donde están sus intereses. Es que es de cajón.

uvm-metodologa-de-la-investigacin-sesin-13-bioestadistica-19-638

Es posible que tu jefe, amigo lector, sea un cabrón y un explotador de marca mayor. Pero si es así las posibilidades de que tu jefe sea algo más que un pequeño empresario del tres al cuarto sin verdadera sofisticación ni conocimientos macreoconómicos (porque no le hacen falta para llevar un bar) o, aun peor, un jefecillo de segunda en una gran empresa que no es suya y sobre cuyo rumbo ni le preguntan; y en cualquier caso las posibilidades de que no tenga capacidad para influir en la legislación laboral y la política económica más allá de votar en las generales cada cuatro (ahem) años como tú son muchísimas. Es posible que lo que tú observes en tu jefe sea esto y que, tras charlar con tus amigas a las que les pasa lo mismo y razonando por inducción, generalices que todos los jefes son iguales de ahí a Henrystar-wars-darth-vader-sixth-scale-thumb-1000763 Ford y que se ponen de acuerdo para buscar nuevas formas de putearte, pero la realidad no es esa. En realidad cuanto más sofisticada e informada es una persona más se da cuenta de que es en su propio beneficio que los trabajadores tengan salarios dignos y puestos estables que les permitan consumir y contribuir a la sociedad, y cuanto más se da cuenta de esto más intenta trabajar por políticas y legislaciones que lo favorezcan. Otra cosa es que esas políticas y legislaciones sean acertadas y consigan sus objetivos o, mucho más importante, que sean obvias en el sentido de que el Pueblo a quien van dirigidas entienda por las buenas el mecanismo a través del cual se supone que les va a beneficiar de la misma forma obvia en la que entiende que un subsidio le beneficia. Pero creer que gente tan inteligente, sutil y poderosa se une sin tener ni idea de economía para pergeñar un plan que va en contra de sus intereses es estúpido y me atrevo a pensar que tú no lo eres así que, bien pensado, tampoco lo crees.

Feliz día del trabajo,

Arthegarn

El aburrimiento

“HUMAN BEINGS MAKE LIFE SO INTERESTING. DO YOU KNOW, THAT IN A UNIVERSE SO FULL OF WONDERS, THEY HAVE MANAGED TO INVENT BOREDOM.” – Death.

Siempre me ha gustado esta cita de Pratchett, Hogfather me parece uno de sus mejores libros. Pero, dándole un par de vueltas al asunto y pensando en el origen de las sensaciones como consecuencia de la evolución por selección natural me he dado cuenta de que hay un poco más de chicha que mascar en esta frase.

El ser humano experimenta ciertas emociones que solemos calificar de negativas. El dolor, el sufrimiento, el miedo… son experiencias que no queremos para nosotros y de las que intentamos aislar a nuestros hijos todo lo posible. Pero, aunque sean desagradables por definición, también tienen su utilidad y su razón de ser.

El dolor nos avisa de que algo va mal, de que algo está haciendo daño a nuestros cuerpos, y nos fuerza a tomar acción para protegernos. Es un amigo al que solo se le echa de menos cuando se va, como ocurre en ciertos estados alterados de la conciencia en la insensibilidad congénita al dolor, circunstancias en las que las probabdownloadilidades de sufrir daños y heridas graves se multiplican ya que uno podría, por ejemplo, herirse y desangrarse sin darse cuenta o causarse quemaduras y no enterarse hasta empezar a oler a quemado. Algo parecido pasa con el miedo, que nos avisa del peligro de una forma clara e inmediata y nos prepara para reaccionar ante él de una forma que demuestra hasta qué punto está en pañales nuestra forma consciente de percibir el mundo y prepararnos para él; y con el sufrimiento, que refuerza negativamente conductas perjudiciales ayudándonos a evitarlas en el futuro para beneficio no solo nuestro, sino también de los que nos rodean. Estas y otras son formas que tiene el Universo o la biología o nuestros genes de decirnos que estamos haciendo algo mal y “castigarnos” por ello de forma que cambiemos de actitud y hagamos algo útil; parte del “programa” que nuestros genes han escrito y que nos orienta en la senda de la vida junto con nuestros deseos y ambiciones.

El aburrimiento se produce cuando nuestro cerebro, un órgano increíble diseñado para pensar, para recibir, analizar y procesar información, no tiene nada que hacer; cuando no tiene estímulos y no encuentra nada “interesante” de lo que ocuparse, nada nuevo que analizar, ningún reto que superar. El aburrimiento es, en suma, la forma que tiene el universo de decirnos que deberíamos estar ejercitando nuestras habilidades o, mejor, aprendiendo algo nuevo.

Así que, aún a riesgo de llevar la contraria a la Muerte, el aburrimiento no lo inventamos los seres humanos sino que venía de serie con el modelo. Pero hasta en el aburrimiento es  interesante – y maravilloso – el ser humano.

Arthegarn