El libro de marzo

La corona del pastor

Es difícil escribir un comentario objetivo de La Corona del Pastor, el último libro de nuestro bienamado Sir Terry. Simplemente tenerlo en las manos sabiendo que ya no habrá más Mundodisco ya le emociona a uno, y la emoción es muy mala para ser objetivo. Pero voy a intentarlo, con los menos spoilers posibles.

En primer lugar y ante todo: a mí me ha gustado. Claro que también me ha gustado Gentleman Jole and the Red Queen, así que mis gustos tampoco están precisamente libres de sospecha. Los tres primeros capítulos son MUY buenos, en particular el segundo, que juega con las emociones del lector y estoy seguro de que os hará llorar a todos, del más grave y aguerrido a la más emotiva truhana. El problema es que el libro, que no la historia, alcanza su clímax en esos capítulos y a partir de entonces cae y no vuelve a elevarse a esa altura. Oh, desde luego no es el bodrio que fue Snuff ni la decepción de A Todo Vapor*, pero tampoco es un buen Pratchett. Duele decirlo, pero se nota, en primer lugar, que el relato no está pulido, y en segundo lugar que la mente de Pratchett ya no era lo que fue con Papa Puerco o Lores y Damas.

La historia, como dice el editor en el epílogo, tiene planteamiento, nudo y conclusión y se deja leer, pero poca cosa más. Es cierto que es del arco de Tiffany y por lo tanto está orientado a un público más joven, así que no cabe esperar la complejidad tanto de ideas como de tramas de los libros “nucleares”, pero… Hay personajes de toda la vida que se comportan de formas muy raras (el Patricio, por ejemplo); se echa de menos un antagonista de nivel (de hecho no queda muy claro quién es el antagonista: ¿los elfos en general? ¿El Rey? ¿Beladona, que ya fue derrotada en Pequeños Hombres Libres? ¿Flordeguisante, que desde el principio aparece como venal y débil?); los personajes secundarios están muy desdibujados y faltos de pulido por ejemplo, Del Rocío el Relucir se presenta primer como un agente de la Reacción que se opone a los cambios que están experimentando los trasgos y luego si te he visto no me acuerdo). Todos estos defectos quizá se podrían haber corregido si hubiera habido más tiempo para revisar…

Pero hay otras cosas que no tanto. Ya desde Snuff se puede ver un declive claro en la calidad de la prosa y del humor de Pratchett. En esos libros los mejores chistes ya han sido contados en otros libros y en este pasa lo mismo, con permiso de los Fleegles que siempre son muy divertidos. De la misma forma, la temática, la “moraleja” del libro, que es que debemos ser tolerantes y hacer un esfuerzo para respetar e incluir en la sociedad incluso a sus elementos más marginales, la trató en Pies de Barro y estuvo en el subtexto de todos los libros de la Guardia, y luego la repitió una y otra vez hasta llegar al paroxismo en Snuff. Y el final del libro es anticlimático por lo facilón, sobre todo comparado, insisto, con los primeros capítulos que me da a mí que deben estar escritos desde hace diez años.

Pero a mí me ha gustado, porque soy fan de Pratchett y de su mundo y personajes. Así que, como hice con la última reseña, siendo un libro objetivamente no recomendable lo recomiendo sobre todo para fans de la saga, porque lo he pasado muy bien leyéndolo aunque a ratos se haga triste.

Arthegarn

PS: Mención especial para la traducción de Manuel Vizcaíno, que ha vuelto con los Feegles a la genial idea de Javier Calvo en Carpe Jugulum respecto a su forma de hablar y la eliminado la (para mi) horrenda traducción de “Crivens” como “¡Por Cristo!”, algo que no pegaba ni con cola en el Mundodisco.

(*) Para quien no lo sepa, el tercer libro de Moist von Lipwig no se iba a haber llamado Raising Steam sino Raising Taxes y nuestro héroe iba a ocupar el nada simpático puesto de Canciller del Tesoro de Ankh-Morpok. Conociendo a Pratchett seguro que el libro hubiera resultado keynesiano, nadie es perfecto, pero aun me río imaginando por ejemplo las posibilidades de un conflicto entre un Lipwig liberal y un Vimes podemita (recordemos la teoría Botas de la injusticia socioeconómica), o a Hex explicando el funcionamiento mágico de La Mano Invisible (que seguro que sería visible para los gatos).

El libro de octubre

Making Money (en español Dinero a Mansalva) ya me lo leí hace tres años gracias a un préstamo de HK. Pero yo no tenía el libro así que en mi última visita a Londres aproveché la coyuntura para comprármelo junto con los Assimilation 2 publicados hasta la fecha (que es lo que verdaderamente iba buscando a la tienda de frikis de al lado del Intrepid Fox).

Ya lo he dicho varias veces, pero la minisaga de Moist von Lipwig me parece lo mejor que ha escrito Pratchett. A diferencia de las otras (particularmente las brujas y la Guardia) Moist aparece cuando el Mundodisco ya está totalmente maduro, no cuando se está definiendo y aun no tenemos una idea clara de por donde van los tiros (El Color de la Magia, por ejemplo, está ambientado en un mundo muchísimo más medieval y menos renacentista). Sin perder un ápice de humor, Moist von Lipwig es un antihéroe maduro, en una saga consolidada, creado ex novo por un autor en su mejor momento que quiere contar ciertas historias a una audiencia madura. Si Tiffany Archer es el mundodisco para adolescentes, Moist es el Mundodisco para los doctores, aunque por supuesto no hace falta ser un adolescente ni un doctor para disfrutar con ellos.

Este libro, junto con Going Postal (Cartas en el Asunto) y algunos otros, hace “fantasía-ficción” en el sentido de que dice algunas cosas que son verdades como puños y críticas muy serias a ciertas vacas sagradas de la corrección política pero que, como pasaba con la Star Trek original, pasan desapercibidos a los censores porque al fin y al cabo ocurren en un mundo absurdo e imaginario en el que toda la relación con la realidad es pura coincidenca… aunque en un mundo en el que las finanzas siguen siendo un misterio mágico para la inmensa mayoría de la gente, las explicaciones de Mr. Bent sobre el patrón oro o de Hurbert sobre el sistema financiero-crediticio pueden ayudar a mucha gente a hacerse una idea, aunque sea aproximada, de qué es lo que pasa en la realidad y de cómo funcionan las cosas. Aunque (por supuesto) también pone de relieve la absurdez que es el dinero, la increíble inestabilidad del sistema económico basado en él y la necesidad de que todos los que son parte en el sistema crean en él, porque si empiezas a pensar que una manzana es mejor que veinte centavos porque la manzana te la puedes comer y la moneda no acabas volviendo al trueque, y si vuelves al trueque se acabaron la medicina, el transporte aéreo o la física de partículas, por ejemplo. El dinero es mentira, pero es una de esas paradójicas mentiras que todos tenemos que creernos porque las cosas son mejores así, como la justicia o la libertad. Como dice Mr. Bent, toda la economía se apoya en “a tacit understanding that we will honour our promise (…) provided we are not, in point of fact, asked to actually honour it.“.

En fin, muy recommendable, como todos los Pratchetts, y en este caso un poquito más para todos aquellos que quieran tener una idea de qué rayos está pasando con la prima de riesgo y el credit crunch y la confianza de los mercados pero no tengan ganas de leer economía de verdad. Porque no es economía de verdad, todo pasa en un mundo sostenido por cuatro elefantes a lomos de una gran tortuga, pero… en fin, tampoco cabían tantos animales en un solo barco.

Los libros de noviembre

The Name of the Wind es relectura. Ya comenté en su momento lo que opinaba, pero quería leérmelo en inglés después de The Wise Man’s Fear. Es bastante mejor en inglés, hay muchísimos juegos de palabras y connotaciones que se te escapan cuando lo lees en castellano, como siempre lo recomiendo. Y recomiendo a quienes se lean El Temor de un Hombre Sabio que luego relean El Nombre del Viento. Te das cuenta de muchos detalles que probablemente se te pasaran en la primera lectura, como cual es el temor de un hombre sabio (pista: lo dice cuando le pillan con una vela en la biblioteca), ciertos detalles sobre los Chandrian sobre los Lackless (pista: la canción que canta cuando es niño y no se da cuenta de de qué va hasta que le pilla su madre) y algún otro más que no voy a contar aquí. Gana con la relectura, que recomiendo, y como ya he dicho es bastante mejor en inglés aunque la traducción sea buena.

Snuff es el último Terry Pratchett y, quitando el final, me ha parecido decepcionante. No es que sea malo, vamos, pero Pratchett me tiene acostumbrado a un cierto nivel y este libro es… bueno, pesado y ñoño. Llamadme cruel, pero Pratchett está cayendo últimamente en una espiral de ñoñería que, aunque pueda ser comprensible, lo siento pero no me convence. Entre Snuff, el medio polvo de Unseen Academicals y los libros de Tiffany Aching (que están escritos para un público joven adulto y por tanto (i) a mi se me quedan pequeños y (ii) versan sobre temas que ya se han tratado, muchas veces de forma más incisiva, en otros libros), encuentro que tengo que remontarme a Making Money para encontrar un libro verdaderamente bueno, de los de quitarse el sombrero, que era lo habitual con los libros de Sir Terry. Y éste Snuff en concreto…

El título está muy bien. Snuff es, en inglés, a la vez un asesinato irrazonable y aleatorio (de ahí los snuff movies) pero también quiere decir “rapé”. Y tenemos de las dos cosas en este libro, que trata de forma bastante obvia del clasismo (y de la lucha personal de Vimes contra los privilegios) y del racismo y la esclavitud pero que yo creo que trata, entre líneas y sin decirlo claramente, de especismo. En este libro tenemos a Sam Vimes que se va de vacaciones, seis años después de Thud! (extrapolando por la edad del joven Sam) y obligado por Lady Sybill, a sus posesiones del campo. Pero algo, que al principio parecía que iba a ser un “Sam Vimes visits Downton Abbey” (lo que da para hacer un libro, no me lo negaréis), acaba convirtiéndose en un aborto de novela negra con una trama B protagonizada por Fred Colon y Nobby Nobbs que sobra por completo*.

Bueno, yo lo siento pero ese Sam Vimes no parece Sam Vimes. Parece que su encuentro con la Summoning Dark en Thud! ha acabado con el policía, el investigador, el que se estaba convirtiendo en mi personaje favorito del Mundodisco, y ha dejado en su lugar a… no sé, a una especie de contemplador místico y amargado, demasiado poderoso, demasiado inteligente, demasiado humilde, demasiado todo. Aparte de esto, y quitando dos o tres momentos, el libro carece casi completamente de ese humor fino, irónico, sarcástico y británico al que nos tiene tan mal acostumbrados Pratchett, y muchos de los chistes (como el del BLT) son repetidos de otros libros o simplemente sosos. Entre la carencia de humor, el giro de Vimes, los diálogos pesados y artificiales, la trama lenta y viscosa… Lo siento, pero temo que este libro marca el inicio del declive de un genio y, quizá por eso, sea, para los amantes del mundodisco, imprescindible. Espero que el próximo libro, Raising Taxes, de Moist von Lipwig, me demuestre que estoy en un error.

Pero, en cuatro palabras: no parece un Pratchett. Y un dato curioso: no aparece la Muerte, algo que no ocurría desde Pequeños Hombres Libres.

Arthegarn_____________________________________
(*) Sobra totalmente desde el punto de vista narrativo. Si jugamos al juego de que Pratchett está perdiendo su capacidad de escribir, no obstante, y asumimos que lo que quiere es cerrar arcos argumentales y darle salida a sus personajes, en ese caso es muy comprensible. Pero hay que estar muy atento al Mundodisco y a la evolucíón en el mundo real de su creador para darse cuenta (y yo no las tengo todas conmigo)

Los libros de diciembre

I Shall Wear Midnight es el último Pratchett  (salió en septiembre) y el cuarto de la saga de Tiffany Aching que, como ya he mencionado otras veces, está escrita para adolescentes (un público más joven que para el que Pratchett suele escribir). En esta novela Tiffany tiene ya quince años y asistimos a, entre otras cosas, la evolución de su relación con Roland (el hijo del Barón), a su encuentro nada más y nada menos que con Eskarina Smith, protagonista junto con Yaya Ceravieja del primer libro de la saga de las Brujas (Equal Rites Ritos Iguales) y a la que no habíamos vuelto a ver desde entonces (hace ya más de 20 años) durante un viaje relámpago a Ankh-Morpok en el que aparece una nutrida selección de miembros de la Guardia (Zanahoria, Angua y Wee Mad Arthur, el “gnomo” del halcón de Monstruous Regiment) y a su relación con las dos brujas de Lancre (con especial atención a Tata Ogg, a la que se trata en este libro con otra óptica aunque uno se sigue echando unas risas con ella unas risas con Tata Ogg) y a las siempre hilarantes aventuras y explicaciones de los Nac Mc Feegle.

Una vez más se trata de una historia metememética. Pratchett está escribiendo mucho últimamente sobre sobre el poder de las historias y los cuentos, de como configuran la mente(1) , con ella, la realidad tal y como la percibe esa mente. El argumento (la base filosófica de la trama) es relativamente semejante al de Wintersmith lo que me hace pensar que toda la saga intenta formar las mentes de los niños y preadolescentes que la leen para que se den cuenta de que todo lo que han aprendido hasta entonces sobre como se supone que son las cosas es, en realidad, una especie de simplificación, algo así como unos cuentos que te cuentan para ayudarte a hacer un modelo prático, simple y suficientemente bueno de como fuciona el mundo, pero del que no te puedes fiar literalmente porque, en realidad, está basado en cuentos y mentiras. Creo que la saga trata de introducir en las mentes de sus lectores la idea de que la vida, de aquí en adelante, en realidad no va a ser tan simple y de que las apariencias engañan; que no te puedes fiar de alguien solo porque aparezca con una brillante armadura sobre un caballo blanco, y que no todas las brujas son malas. Una siempre recomendable lección de espíritu crítico, incluso para muchos adultos, que tiene además la virtud de hacer que te eches unas risas.

Y, casi dos años después, finalmente encontré el tiempo para releerme The God Delusion. Sigo pensando que es un libro soberbio, pero esta segunda lectura me ha mostrado puntos muy interesantes que en mi fascinación y avidez no percibí la primera vez, probablemente porque estaba demasiado interesado en lo que Dawkins quería decir que en los detalles de sus argumentos. Por ejemplo, uno de los que más me impactaron en su momento fueron los cargo cults y sus similitudes con el cristianismo; la relectura me ha hecho que ver que esas similitudes se deben a que los misioneros clristianos llevaban introduciendo memes como la ubicuidad o la parusía en las culturas indígenas desde hacía siglos; no aparecieron espontáneamente tras la partida de John Furm, evolucionaron tras ser introducidos en esa cultura por los misioneros. La segunda lectura me ha recordado también cuánto se equivoca Richard Dawkins cuando habla de cristianismo en general y de catolicismo romano en particular. Sus apologistas dicen que el hecho de que Dawkins se equivoque por ejemplo al hablar de Purgatorio es irrelevante, porque lo importante no es si el traje del emperador lleva jaretas fruncidas o chorreras dobles, sino que el traje en si mismo no existe. Y ese argumento es tan ingenioso como falaz, porque cuando utilizas como argumento para demostrar que el traje del emperador no existe la estupidez de su descripción es necesario saber la diferencia entre una jareta y una chorrera o, además de notarse que no sabes de lo que hablas, perderás credibilidad.

Y me ha resultado curioso releerlo sabiendo toda la física y toda la matemática que sé ahora, que The God Delusion me impulsó a leer y que por tanto desconocía la primera vez. Uno de los capítulos más demoledores para mi, el único que me hizo verdadera mella, de hecho, fue el último, La Madre de todos los Burkas, en el que Dawkins habla de lo extrañísimo que es el universo y de hasta qué punto no estamos equipados para entenderlo en su totalidad. Ese capítulo me hizo darme cuenta de que el Dios en el que creía no era, a pesar de toda su sofisticación, más que papá elevado a infinito. Si Dios existía, un Dios que ha creado un universo como este, con agujeros negros que desafían la noción de continuidad del tiempo y en el que todo está hecho de la precipitación de la probabilidad de que un montón de cosas individuales ridiculamente pequeñas existan o no en un momento dado (si existe tal cosa como un “momento dado”, claro)… si Dios existía, como digo, y se parecía al universo, entonces era tan extraño, tan alienígena, que era imposible relacionarse con el mismo. Si Dios existía, no podía ser el, en el fondo, Zeus magnificado en el que creía, y no podía concebir a Dios de otra manera. No obstante ahora, tras leerlo sabiendo todo lo que sé, que tampoco es tanto, he tenido una epifanía distinta que tengo que dejar que se asiente antes de hablar de ella.

Vuelvo a decirlo: un libro soberbio que todo el mundo debería leer. Y vuelvo a decirlo: si eres creyente y tu religión te hace feliz y mejor persona, piénsatelo dos veces porque una vez leído no se puede desleer. Y si yo pudiera elegir volver atrás en el tiempo y no leerlo lo haría. Y no sería el único.

Por último, y tras haberme visto la película, me leí Going Postal, otro Pratchett y el primero de Moist von Lipwig. Ya me he leído la segunda, Making Money y, entre nosotros, espero como agua de mayo la tercera, Raising Taxes. Tengo que decir que más allá de las complejidades de Yaya Ceravieja o, sobre todo, de Sam Vimes (que se está convirtiendo en el personaje más rico del Mundodisco), mi saga favorita es la de Lipwig. Este libro en concreto trata de la resurrección, aunque es virtualmente la introducción, del sistema postal en Ankh-Morpok, dirigido por este personaje, un timador profesional que empieza el libro prácticamente en la horca. Es muy bueno, muy divertido y muy interesante; no tanto como el segundo (que preludia con la introducción de los sellos) pero por encima de la media incluso de los Pratchetts. Una pena que ninguno esté traducido…

Ah, sí, una nota curiosa. El título del libro, Going Postal, hace referencia a una expresión estadounidensa que significa algo así como “cabrearse, perder la cabeza, agarrar una escopeta, subierte al tejado de un McDonald’s y liarte a tiros con todo lo que ves”. Tiene su origen en el curioso dato estadístico de que desde mediados de los 80 apenas pasa un año sin que un cartero, específicamente un cartero, de los Estados Unidos haga exactamente eso, o algo muy parecido. Ultimamente la gente se lo piensa dos veces antes de hacer perder los estribos a un empleado del USPS… Nunca sabes por donde va a salir.

Y saludos a todos de un insomne Arthegarn____________
(1) Y, por supuesto, el inconsciente colectivo y el  Weltanschauung…

Los libros de junio

La Rebelión de Atlas es un regalo del ínclito Profesor Ignatius. No deja de sorprenderme la habilidad que tiene este hombre de descubrirme joyas como ésta o la saga de Flashman y no equivocarse nunca, muchas gracias, caballero. Aparte de lo dicho, no sé si es que estoy particularmente sensible por las cosas que digo de ciertos libros últimamente (ver Alicia en el País de los Cuantos, por ejemplo) o que tengo mucha suerte con mis lecturas, pero he disfrutado como un cerdo en un charco de barro con La Rebelión de Atlas. No había leído nada de Ayn Rand y tenía informes contradictorios de Lord Warden (“Ayn Rand es maravillosa”) y Mithur (“Esa gilipollez es digna de Ayn Rand”), pero tras haberla leído y haber leído sobre ella, me decanto sin fisuras del lado de Lord Warden.

La Rebelión de Atlas son 1.250 páginas en las que la autora narra los esfuerzos de Dagny Taggart, Vicepresidente de Operaciones de Taggart Transcontinental (una de las mayores operadoras ferroviarias en unos Estados Unidos imaginarios de mediados de los 50) para salvar la compañía de la ruina a la que la está llevando la inepta dirección (en realidad, el inepto desgobierno) de su hermano Jim, a la sazón presidente de la compañía. A medida que avanza el libro vemos que los problemas de la compañía no son sino un reflejo de los problemas del país y vamos conociendo a los pocos personajes (sobre todo Francisco D’Anconia y Hank Rearden pero también Ellis Wyatt o Dwight Sanders) que podrían salvar la situación y que, a medida que avanza el libro, van desapareciendo misteriosamente entre las críticas y el desprecio de unos Estados Unidos cada vez más deprimidos y que culpan de su situación a la avaricia y el egoísmo de estos empresarios y no a su propia incapacidad; todo ello mientras toda la nación se pregunta quién es John Galt.

Independientemente de que el libro sea interesante y que contenga, entre otras muchas cosas, escenas de sexo que fueron censuradas en las primeras ediciones (y no por lo explícito, sino por el (leve) componente sadomasoquista y, sobre todo, de D/s que impregna las mismas), tengo que decir que me ha impactado muchísimo. El libro plasma, blanco sobre negro, pensamientos que yo siempre he tenido y a los que no he podido dar forma hasta ahora; realiza además una durísima crítica al buenismo; cuestiona muchas de las bases de la moralidad (que no moral) social que damos por descontadas, como por ejemplo que los ricos tienen que (como en “están obligados a”) ayudar a los pobres simplemente porque los ricos son ricos y los pobres, pobres; y no deja piedra sobre piedra del principio marxista “A cada uno según su necesidad, de cada uno según su capacidad”.

Desde hace más de un mes tengo ganas de escribir un artículo, probablemente dos, con las reflexiones a las que me ha llevado este pedazo de libro. No he tenido tiempo, por desgracia, y quiero escribir algo sobre pastores adocenados próximamente así que aun tendrá que esperar, pero lo que sí puedo hacer es recomendar La Rebelión de Atlas a todo el mundo, especialmente a los buenistas, a los kumbayás y a algún otro que opino que es demasiado bueno, a sabiendas de que a mucha gente no le va a gustar y que habrá quien lo considere una Abominación. Pero así es la vida y, ¿sabéis? no tengo por qué vivir de acuerdo a vuestras normas, conque ahí os quedáis.

Flashman y Señora también es regalo del Profesor Ignatius. En esta ocasión, el cobarde más laureado de la Inglaterra victoriana empieza jugando al cricket y se encuentra, sin saber muy bien como, con su mujer raptada por un príncipe pirata indonesio. En su persecución (a la que, por supuesto, si hubiera podido no hubiera ido), se esconderá detrás de personajes tan interesantes y, para mi, tan hasta entonces desconocidos como James Brooke, el primer Rajá Blanco, y caerá cautivo de la despiadada reina de Madagascar, Ranavalona I, un personaje interesantísimo, una mujer cruel, despiadada y completamente loca que deja a Hitler a la altura de un aficionado, y que en 35 años de reinado asesinó de formas extraordinariamente crueles a casi la mitad de la población de la isla, lo que no está nada mal para los técnicos medios de mediados del siglo XIX. Como todos los Flashmans, recomendable tanto por su divertido guión como por las puertas que te abre a la historia fuera de Europa de ese siglo. A mediados de mes, a Ana le dio un ataque consumista, entre la devolución de Hacienda y la paga extra, que se materializó, entre otras cosas, en una maravillosa fiebre compradora de Pratchetts.

El Quinto Elefante es uno de ellos, en el que seguimos a Vimes a Úberwald, donde va a ser coronado el Bajo Rey de los enanos entre vampiros, hombres lobo, intrigas, emociones y bollos robados. A mi Vimes me parece uno de los personajes más interesantes, completos, complejos y realistas de Terry Pratchett y cada vez que saca un libro suyo me encanta, pero para aquellos que no estén para delikatessen psicológicas (que, entre los lectores de Sir Terence serán los menos, claro) hay que decir que también rondan por ahí Detritus, Jovial, Zanahoria y Angua, que conocemos la historia del ingreso de Igor en la Guardia, que por primera vez oímos hablar de los clacks y de Lady Margolotta, y que conocemos a la encantadora familia de Angua. Bueno, como todos los Pratchetts, éste con una reflexión interesante sobre la feminidad que luego será mucho más explotada en Unseen Academicals.

Ronda de Noche debe ser el libro que sigue cronológicamente a El Quinto Elefante. No lo agarré primero porque creí que ya lo había leído, pero en realidad lo que pasaba es que el título de alguna manera hizo que me patinara una neurona y creí que se trataba de Hombres de Armas. A Ana le pasó lo mismo, conque cuidado, camaradas. En este libro nuestro héroe Sir Samuel persigue al malo a través del tiempo por el pasado de Ankh-Morpok, más o menos a la altura en la que un nuevo Guardia Interino, apodado Vimesito, se une al cuerpo. Además de la reflexión sobre la naturaleza y efectos de las rebeliones populares, en la que vemos que los errores de Murat en Madrid se reproducen por todo el multiverso, este libro nos da la posibilidad de conocer a muchos de los personajes del Mundodisco en su juventud, por ejemplo a un joven sargento (entonces cabo) Colon, a un jovencísimo Nobby Nobbs, a un Vetinari aun no graduado en la Escuela de Asesinos, a un Reg Shoe todavía vivo, o a un Escurridizo que aun no es Y.V.A.L.R.. Bueno, como todos los Pratchetts, particularmente incisivo con el caracter de Vimes y su opinión sobre la Ley, la Justicia Y Todas Esas Cosas.