El caso Mato-Meyer

Os voy a contar mi opinión de esto porque, total, ya la he escrito a trozos en un par de muros y además incluye una breve clase de derecho procesal para que los que no lo sepáis aprendáis lo que es la imputación y, espero, por qué el código ético de Podemos y Ciudadanos que exige a sus cargos públicos que dimitan si son imputados es una estupidez demagógica.

Lo primero que hay que decir, supongo que “otra vez” porque ya lo habréis leído, es que la condición técnica de imputado ha desaparecido del derecho procesal español: la figura que le sustituye es la de “investigado”. Y ¿qué es esto de ser “imputado” o “investigado”? Pues veréis: cuando uno va a declarar ante el juez en fase de instrucción, es decir, durante la investigación de los hechos (eso que semana a semana hacen en las series procedimentales criminales, de CSI a Colombo) puede hacerlo de dos maneras: como testigo o como “sospechoso”. Todos tenemos la obligación de colaborar con la justicia y declarar verazmente como testigos, pero nuestro sistema legal propugna la presunción de inocencia y los derechos de los ciudadanos frente al Estado. La gente tiene derecho, por ejemplo, a no declarar contra si mismo, y todo sospechoso de haber cometido un crimen tiene derecho a ser asistido por un abogado, derech5948f10d802e5os que los testigos no tienen. Cuando le dicen a un juez que quizá alguien haya cometido un delito el juez tiene la obligación de investigar, pero también de proteger a esa persona, inocente hasta que se demuestre lo contrario, y para ello está la figura del investigado.

Básicamente lo que ocurre es que el juez dicta un auto (el auto de procesamiento, que no se ha dictado en el caso Mato-Meyer) mediante el cual comunica oficialmente a alguien oficialmente que es sospechoso, que le está investigando y que ya puede andarse con pies de plomo. Ese auto, formalmente, convierte a ese ciudadano en investigado (antes imputado) y esta persona a partir de ahora puede, por ejemplo, ir a declarar con abogado, negarse a declarar o incluso mentir. Como veis, ser imputado no quiere decir que seas culpable, ni siquiera estás acusado aún. De hecho, ni siquiera hace falta que seas fuertemente sospechoso, basta con que alguien le diga a un juez que eres un delincuente y que el juez investigue aunque no sea más que para ver si es una calumnia. Es algo que se hace para proteger a los inocentes, no algo que implique o sugiera que sean culpables.

Todo esto está muy claro en el caso general, pero el caso Mato-Meyer es una querella y tiene algunas especialidades porque, a diferencia de lo que ocurre con una denuncia, en la que la iniciativa en la investigación la lleva el Estado, cuando alguien se querella la iniciativa la lleva el querellante. Siguiente aclaración procesal importante: en una denuncia simplemente vas y le dices al juez (o a la policía, que se lo dice al juez) lo que ha pasado y son ellos los que investigan y ejercen la acción penal, los que “intentan meterte en la cárcel”; mientras que en una querella te vas al juez y le dices directamente que Fulano de Tal ha cometido este delito contra tú, así y asá, y que quieres que le meta en la cárcel. La acción penal, la “iniciativa”, no se ejerce “de oficio” sino “de parte” y el mero hecho de admitir a trámite la querella (algo que es casi obligatorio a menos que esté mal escrita o sea claramente falsa) convierte al querellado en investigado. El juez tiene la obligación de investigar lo que ha dicho el querellante, y el querellado adquiere inmediatamente la condición y los derechos de un sospechoso o imputado, incluyendo lo de poder defenderse y declarar con abogado y tal. Es complicado, y se está discutiendo fuertemente a nivel técnico, si la mera admisión a trámite de una querella convierte al querellado en investigado, o si es necesario un auto de procesamiento. Pero, entre nosotros, opino que es una formalidad a la que se están agarrando ahora desde podemos para justificar que no hayan dimitido los dos concejales, a eso y al argumento Robin Hood, claro. Pero a lo que vamos.

En lo que quiero hacer hincapié es en la razón por la que siempre he estado en contra de este rollito de la dimisión de imputados. En primer lugar, qué le voy a hacer, soy abogado y encima soy liberal y lo de la presunción de inocencia lo tengo grabado a fuego. Es injusto que alguien tenga que sufrir sin que se le haya declarado culpable, y ese sufrimiento incluye la “pena de telediario” o, como en estos casos, el tener que dimitir de un cargo público, probablemente arruinando tu carrera política para siempre. Está mal, punto, repugna a mi sentido de la justicia y de los derechos individuales, y mira que yo siempre he opinado que los políticos deben ser como la mujer del César. Pero es que, demás, desde el punto de vista jurídico le das una herramienta a los otros partidos maravillosa para cargarse candidatos en cualquier momento. Llega uno, se querella, (es decir, cuando alguien le dice al juez “este tío me ha robado y hay que meterle en la cárcel”) y el juez, a menos que observe que la querella es un disparate, está obligado a admitirla a trámite y a investigar qué hay de verdad en el asunto. Hacer dimitir a alguien por eso es absurdo. Es demasiado preliminar.

Ahora, ¿qué opino del caso Mato-Meyer en concreto? Pues mi posición al respecto es complicada. Opino que tienen que dimitir porque se comprometieron a hacerlo. Opino que decir que no dimiten porque no hay imputación fCaptureormal es intentar agarrarse a la letra del código ético para violar su espíritu (igual que el resto del argumentario que da Podemos para justificar esta no-dimisión) y que de cualquier manera solo les da unos días. Pero también opino, y lo he dicho siempre, que ese código ético es una exageración porque, como puede verse, es facilísimo que alguien acabe siendo investigado porque haga algo con la apariencia superficial de delito y alguien de un partido rival se querelle. Es injusto. Punto. Pero también es un jardín en el que se han metido solitos.

Y, así entre nosotros, pues me alegro. Me alegro porque lo que le llega al Pueblo es que mucho prometer transparencia y que dimitirían a la menor sombra de sospecha, pero que al final hacen lo mismo que los demás: agarrarse al sillón con uñas y dientes y no cumplir cuando llega el caso. Igual pueden salvar los muebles si dimiten ispo facto cuando haya auto de procesamiento, pero preveo otro bajón de Podemos, otra pérdida de ilusión y otro desengaño como el que hubo con el Asunto Monedero. Aquello fue el punto de inflexión, cuando Podemos dejó de subir y empezó a bajar, nunca ha tenido el apoyo que tuvo hasta entonces. Están perdiendo la imagen robesperriana de incorruptibles ante los ojos de la gente. Y para mí, que ya sabes como soy, que los demagogos antisistema* pierdan apoyo es muy buena noticia. Y los de Ciudadanos deberían tomar muy buena nota de lo que está pasando porque les podría haber pasado a ellos exactamente igual, por cierto.

Evolución, no revolución, como digo siempre.

Saludete,

Arthegarn______________

(*) Espero que a estas alturas de la película nadie se sorprenda / ofenda porque diga esto. Ya sé que en Podemos hay gente muy buena y muy comprometida y me enorgullezco de que muchos me consideren su amigo, pero es que sinceramente opino que el partido, en si mismo, es demagógico, antisistema y, en general, malas noticias.

Sobre el valor y el ejercicio de la libertad de expresión.

Abre tus labios solo si lo que vas a decir es más hermoso que el silencio.”
Proverbio árabe.

Le debo a mi querido amigo Eduardo Marqués, desde hace una semana una respuesta a su artículo sobre la masacre de Charlie Hebdo, que más parece una arenga a las tropas que la inteligente reflexión liberal que suelo esperar de él(1). Desgraciadamente no me va a dar tiempo a tratar uno por uno los puntos del mismo, como me hubiera gustado, pero sí que me voy a meter en sutilezas con el asunto de los límites de la libertad de expresión.

La primera idea perniciosa con la que tenemos que acabar es la de que la libertad de expresión no tiene límites porque sí que los tiene. Podemos discutir, como intentaré hacer en este artículo, donde están esos límites, pero el hecho es que sí que los tiene y que están marcados de dos formas: convencionalmente por las leyes y éticamente por el principio del daño(2). Los límites convencionales (legales) varían de nación a nación y de cultura en cultura y en pueden llegar a ser tan estrechos que, a la hora de la verdad, nieguen lo que intentan definir(3) por lo que no creo que sean relevantes a estos efectos; pero los límites éticos sí.

El primer y fundamental derecho que tiene la persona es a que le dejen en paz. A que no le maten ni le hieran ni le quiten lo que es suyo. Y en este derecho se incluyen tanto la protección contra los daños materiales como los morales. Lo de la protección de los daños materiales es bastante fácil de ver: yo tengo derecho a que nadie me de una paliza o me robe o me corte un brazo; requiere un poco más de perspicacia. El hecho es que existe alrededor de cada persona un conjunto de ideas intangibles en las que se apoya la parte más humana, social e intelectual de su vida, y que tiene uno tiene derecho a que nadie dañe ese bien que no por intangible es inexistente.

Como lo que acabo de decir se presta a muchas interpretaciones y utilizar las palabras exactas es bastante farragoso(4) voy a poner un ejemplo cercano: tú tienes derecho a tu imagen pública (que es un conjunto de ideas que existen alrededor de cada uno, específicamente sobre uno mismo y al que se dedican ingentes esfuerzos para configurar de un modo específico) y a que nadie la destruya. Si alguien va diciendo de ti que eres un ladrón y un sinvergüenza la gente no se fiará de ti: no encontrarás trabajo, nadie te prestará nada ni te alquilará nada, no encontrarás pareja y a lo mejor incluso pierdes amistades que no quieren contaminar su propia imagen por asociación. Por mucho que digan los ingleses aquello de que sticks and stones may break my bones but names will never hurt me lo cierto es que sí que sí pueden. Y como.

Queda claro pues que uno tiene derecho, como mínimo, a que no se le calumnie, a que nadie le joda la vida con mentiras(5). Establecido pues que la libertad de expresión tiene ciertos límites, lo que tenemos que preguntarnos es dónde están.

Por ejemplo, ¿qué pasa si alguien dice que soy un ladrón y un sinvergüenza y es yo en realidad soy un ladrón y un sinvergüenza? Entonces no me está calumninando, me está describiendo; no está contando una mentira sobre mí, está de hecho deshaciendo una mentira (mi falsa apariencia de honradez) para que brille la verdad. Recurrimos en este caso otro derecho, previo al de la libertad de expresión, que es el de la libertad de información. Si algo es cierto yo tengo el derecho (algunos pensamos que el deber) de difundirlo, y ese derecho es superior al derecho a la propia imagen. ¿Por qué? Porque la sociedad en su conjunto se beneficia de la verdad. Si eres un sinvergüenza, yo lo sé y no se lo digo a nadie, la sociedad se verá perjudicada porque continuarás aprovechándote de los demás; pero si eres un sinvergüenza y yo lo cuento la sociedad se verá beneficiada ya que estará al corriente de tus deshonestidades y podrá estar en guardia contra ti. En efecto, el derecho a la información está por encima del derecho a la propia imagen, siempre que la información difundida sea cierta(6). Lo que nos lleva al derecho a la libertad de expresión.

La libertad de expresión es hija : (i) de la libertad de conciencia, que dice que yo tengo derecho a pensar lo que me de la gana y a creer lo que me parezca bien(7) y (ii) de la libertad de información, que dice que yo tengo derecho a informar de hechos ciertos; y entra en juego cuando yo informo de una opinión, de una creencia que, aunque no puede ser demostrada, tengo la certeza moral de que es verdadera. Por ejemplo, puede que no sea cierto, o que no sea demostrable, que Bárcenas es un ladrón y un sinvergüenza, por lo que no tengo derecho a divulgar que lo sea. Pero lo que sí que es cierto es que yo creo que lo es y ese hecho tengo derecho a divulgarlo. Es en estos casos coando entra en juego esa especialidad del derecho a la información que llamamos derecho a la libertad de expresión.

Ahora bien, tampoco es ahí donde están los límites de la libertad de expresión. Si se limitara a la veracidad del hecho de que yo tengo una creencia X la libertad de expresión ampararía que yo difundiera, por ejemplo, que creo Hitler fue un gran hombre, que creo que el mundo estaría mejor si judíos (o sin moros, o sin gitanos), que creo que los negros son una especie inferior que nunca deberían tener acceso a la ciudadanía o que creo que los problemas de España se solucionarían en dos patadas con una guillotina en cada plaza por la que pasaran un buen puñado de [políticos / empresarios / vagos y perroflautas / banqueros / comunistas / fachas / rojos / catalanes / vascos], para que aprendan. O que creo que el sitio de las mujeres está en la cocina y que si le llevan la contraria a su marido se merecen un buen guantazo. ¿Verdad?

Queda claro que no. Que resulta que hay cosas que no las puedo decir. Aunque sean ciertas (porque sea cierto que lo pienso). La libertad de expresión no es una tarjeta de “salga de la cárcel gratis”; va a resultar no solo que tiene límites sino que son más estrechos de lo que aparecen en determinados discursos populistas y libertarios. Pero ¿por qué? Y, sobre todo, ¿dónde están los límites?

La razón por la que la libertad de expresión, o de hecho por la que cualquiera de nuestras libertades, tiene límites es porque el ejercicio de nuestras libertades tiene efectos sobre los demás y fb14215b8d52b1d0c690abd8a186e4c0y que esos efectos no son siempre positivos(8). El ejercicio ético y responsable de nuestros derechos implica preguntarnos sobre las consecuencias, no solo sobre nosotros sino sobre los demás, incluso mediatas y a largo plazo, que tiene el que yo realice una acción que aparentemente está permitida en abstracto. Supone, en otras palabras, dejar el mundo teórico y bajar al mundo real en el que vive (y sufre) la gente. Supone preguntarse, humilde y responsablemente, si voy a hacer más mal o más bien a la sociedad y a mi prójimo con la acción que considero, con la opinión que quiero difundir; preocuparse no solo por los derechos de uno, sino por los de los demás, entre otros a no sentirse insultado o agredido. Porque, como creo que todos sabemos, la integridad y la estabilidad emocionales son preciosas para todos, hasta el punto de ser indispensables. Cuando alguien ataca nuestra estabilidad emocional nos produce un daño, que en muchos casos se traduce en un dolor físico y que puede llevar a diversas enfermedades e incluso a la muerte(9). Y eso no solo nos pasa cuando nos atacan a nosotros; en muchos casos es mucho peor cuando atacan a quienes amamos. Es lo que tiene el amor, que nos hace empáticos con la persona amada, que cuando sufre ella sufrimos nosotros y que en muchos casos nos resulta más fácil soportar nuestro propio sufrimiento que el de aquellos a los que amamos. Ese daño, ese dolor, es real; y un ciudadano consciente, un ser humano íntegro, no puede vivir su vida ignorando el dolor que causa entre sus semejantes. Y, aunque resulte difícil de creer para algunos, ese amigo imaginario de los creyentes, Dios, es para ellos tan real como para vosotros vuestra madre, pareja o hijos; y cuando se le insulta, se le veja o se le hace de menos, les duele. Y mucho. Y como faltarle a tu madre a ti es faltarle a Dios a los creyentes, a la Corona a los monárquicos o sacarle a relucir el Libro Negro del Comunismo a un comunista.

¿Significa esto que deberíamos prohibir los chistes de mal gusto sobre Dios? ¿Que los de Charlie Hebdo se lo tenían merecido? ¿Que deberían haberse retirado de los quioscos los libros de Salman Rushdie, o los de Richard Dawkins, o El Jueves número 1580? No. No quiero decir eso.

Lo de Charlie Hebdo, como lo de Theo Van Gogh(10), es injustificable. En primer lugar por un asunto de justicia: el hecho de que yo sea te haga daño no te da derecho a ti a hacérmelo a mí. En segundo lugar por un asunto de proporcionalidad: no importa cuánto te hayan dolido mis palabras, acabar con mi vida no es una retribución proporcional. Y, en tercer lugar porque, si dejar en manos de los ciudadanos la represión por el abuso de la libertad de expresión es mala idea (como hemos visto), dejarla en manos del Estado es infinitamente peor. La libertad de expresión es, como la presunción de inocencia, imprescindible para vivir en libertad. Limitar la presunción de inocencia es, en última instancia, favorecer que el Estado pueda meter en la cárcel a quien quiera; de la misma manera, limitar por ley la libertad de expresión es darle a quien ostente el poder la capacidad de amordazar a quien quiera, permitir a quien dirija el Estado hacerse invulnerable a la crítica, superior a sus oponentes, perpetuo en el poder. Y de eso ya hemos tenido demasiado en el pasado y ya sabemos que no trae nada bueno.

Muchos lumbreras reniegan de la presunción de inocencia cada vez que un culpable escapa de su justa sentencia por un tecnicismo y piden a gritos una justicia distinta en la que los delincuentes vayan a la cárcel, porque está claro que este sistema que permite que los culpables se escapen no funciona, confundiendo que el sistema no sea perfecto con que no funcione, y las consecuencias indeseadas pero inevitables del sistema (que algunos culpables queden libres) con el objetivo del sistemaimages Quiero pensar de ellos que son simples bobos que no se han parado a pensar en el sistema que proponen como alternativa y las consecuencias que tiene y no verdaderos proponentes de ese sistema. De la misma manera, muchos puritanos reniegan de la libertad de expresión cada vez que, amparándose en ella, se ofende o insulta a lo que aprecian y respetan, y se atreven a sugerir un sistema en el que se prohíban faltas de respeto, insultos o vejaciones como los que decimos. Como en el caso anterior, prefiero pensar que son bobos. Los insultos gratuitos a la religión, a la corona, a la patria, al Real Madrid o a lo que sea, no son el objetivo del derecho a la libertad de expresión; son las indeseables consecuencias de ese derecho con las que, sin embargo, tenemos que vivir porque la alternativa, que es vivir sin libertades, no es considerable.

Y, dicho esto, dejada clara la necesidad imperiosa de la libertad de expresión y de que el Estado no pueda legislar más que mínimamente al respecto, ¿es tanto pedir, conciudadanos, un poco de empatía? ¿Un poco de responsabilidad? ¿Es tanto pedir, que no exigir, que antes de decir o escribir o dibujar algo, pensemos si vamos a hacer daño a otro? ¿Es tan grave sugerir que cada uno, en uso de nuestra libertad individual, piense si lo que va a hacer va a causar más bien que mal, más risa que ira, más felicidad que dolor a aquellos que le rodean? ¿Tanto pedir que se piense dos veces a ver si hay alguna forma de hacer reír que no haga rabiar a nadie? ¿Y que si, tras un examen de conciencia, llega uno a la conclusión de que quizá lo que iba a hacer iba a hacer sufrir a su prójimo, a su conciudadano, no lo haga? ¿No es elegir callar una inconveniencia, un insulto, una calumnia, también un ejercicio de la libertad de expresión? ¿O es que solo quien suelta sapos y culebras y estira esa libertad hasta sus es quien auténticamente la ejerce mientras que todos los demás, la inmensa mayoría de nosotros que nos movemos dentro de esos límites intentando no pisar demasiados callos a los demás porque no queremos que sufran somos unos cobardes mojigatos incapaces de decir lo que en realidad piensan? ¿Son la contención, la paciencia y la templanza defectos hoy en día?

Pues esto, amigo Eduardo, es la autocensura. Una mezcla de empatía, responsabilidad, autocontrol… y libertad individual.

Saludos a todos,

Arthegarn__________________
(1) Y es que lo siento, amigo mío, pero desde que estás en política tratas temas complejos y delicados, como los límites éticos de los derechos humanos, con la sutileza de una carga de caballería. Quiero pensar que lo haces porque buscas el voto, si no el aplauso, de la masa indistinta que puebla la parte alta de la campana de Gauss; que dices lo que dices porque el gran público al que te diriges no llega a más y no porque te estés volviendo tosco últimamente. Pero como nunca se sabe, y como aunque yo no sea parte de tu público objetivo sí que soy uno de tus fieles lectores, me vas a -tener que- disculpar que yo, en uso de esa libertad de expresión de la que hablas, y que en mi opinión tratas con la delicadeza de una verdulera metida a taxista, te haga algunos comentarios y precisiones.
(2) Si eres liberal, claro, si eres totalitario el principio del daño te da lo mismo. Claro que en ese caso también te da lo mismo el derecho a la libertad de expresión y, ya que estamos, todos los derechos individuales ya que solo existen y son dignos de respeto en tanto benefician al colectivo…
(3) Lo de la “libertad de culto” en Arabia Saudí, por ejemplo, es simplemente increíble.
(4) La idea básica, traducida a un lenguaje jurídico-político, viene a ser que la integridad emocional es, como la integridad física, un bien jurídico que debe ser protegido por el Estado. Esto implicaría, dada nuestra concepción weberiana del Estado como único capacitado para el legítimo uso de la fuerza, que esa protección debe ser dada por el Estado y no por los particulares. El problema es que nuestro concepto de la libertad de expresión deja al ciudadano idefenso ante el ataque a ese bien y la causación del daño ya que el Estado: (i) ni es efectivamente protege al ciudadano ni le permite protegerse a si mismo y (ii) ni obtiene coercitivamente del ofensor una idemnización por el daño causado ni le permite obternerla por si mismo.
(5)Este asunto tiene particular relevancia en la sociedad actual en la que la información (y la desinformación) se mueven a tanta velocidad y son tan difíciles de controlar. ¿Alguien se acuerda de Amanda Todd? ¿O, ,ás cerca, de Carla Diaz?
(6) Incidentalmente: los que defienden que la libertad de expresión no tiene límites defienden implícitamente que tan válida y digna de protección es la mentira como la verdad.
(7) Otra cosa es que tenga razón en lo que creo y pienso, por supuesto…
(8) Ni inmediatos. Ni fáciles de ver.
(9) Y a los casos anteriores me remito.
(10) ¿Alguien se acuerda de Theo van Gogh?

Sucesiones, sí; patrimonio, no.

Una de las mayores aberraciones que produce la economía de mercado es lo que yo llamo una fortuna autosostenida. Admito no tener una definición exacta de cómo de grande tiene que ser una fortuna para que sea autosostenida, pero, para que entendais el concepto: hablo de esas fortunas tan vastas que, simplemente poniéndolas a plazo fijo en el banco más seguro concebible, dan unos intereses que superan lo que puedes gastar. Son fortunas con las que no tienes que hacer nada, no tienes que moverlas ni invertirlas ni poner tu dinero a trabajar y a producir y a activar el sistema, basta con no hacer nada para seguir ganando al mes más de lo que un ciudadano normal gana en toda la vida, vivir mejor que un rey y que aun así tu patrimonio aumente.

Dicho esto, es cierto que opino que hay que permitirle a uno que se haga rico. Sea trabajando o sea por pura suerte y siempre dentro de lo que marca la ley, la gente tiene que tener la libertad de organizar su vida, su trabajo y sus bienes como le de la gana. Si uno quiere trabajar diez horas al día desde que tiene diez años para hacerse apestosamente rico, que lo haga; y si otro quiere trabajar menos y disfrutar más de su familia, del arte, la cultura, la espiritualidad, el sexo o el fondo de cada botella de cerveza, que lo haga también. Pero en este caso estamos hablando de una persona que es por definición activa y trabajadora, alguien que contribuye al mercado; no de un ente pasivo que vive de las rentas.

Es por esto por lo que estoy en contra del impuesto sobre el patrimonio. Cuando uno trabaja y hace dinero paga una parte de ese dinero que gana en impuestos; cuando ahorra ese dinero en vez de gastarlo y lo invierte (por ejemplo en bolsa) y gana más dinero también paga impuestos. Todo lo que entra en tu patrimonio, venga de donde venga, paga impuestos. Así pues, si uno ya ha pagado dinero cuando ganó el dinero, ¿por qué debería volver a pagar otro impuesto distinto simplemente por ahorrar, por no gastarlo? Es como si, en la fábula de la cigarra y la hormiga, la hormiga le diera a la cigarra una parte de la comida que lleva al hormiguero y luego, cuando ha acumulado una cantidad de comida en concreto, le sigue dando una parte de la comida que lleva al hormiguero pero le da además una parte de la que tiene almacenada, ¡solo porque resulta que la tiene!

Ser rico, en si mismo, no es malo. En realidad, ser rico es bueno. Muy bueno, y esa es la razón por la que todo el mundo quiere ser rico (aunque solo unos pocos quieran hacerse ricos, que eso implica mucho trabajo y muchos sacrificios). El hecho de que una persona tenga muchos bienes no es justificación para que el que no los tiene le quite parte de ellos. Ya expliqué hace años que a Robin Hood le pagamos todos, pero es que además no es cierto que Robin Hood robara a los ricos para dárselo a los pobres, Robin Hood lo que hacía era recuperar los impuestos injustos y pagados de más por el pobre pueblo inglés y devolvérselo a los esquilmados contribuyentes. Si Robin Hood era algo era un anarcoliberal, no un comunista. Pero divago, lo que quiero decir es que si uno adquiere sus bienes legalmente, es injusto que el Estado le penalice por ahorrarlos en vez de gastarlos. Impuesto sobre el patrimonio, no.

Ahora, ¿qué pasa cuando uno tiene tanto éxito como para generar una fortuna autosostenida? Bien, yo creo que se le debe dejar acumularla, tanto por un asunto de justicia como por el bien del mercado, pero que lo que no se debe permitir es que esa riqueza que bajo una dirección ha sido activa y se ha concentrado en generar más riqueza se convierta meramente en la base de capital sobre la que personas ociosas viven ricamente de los réditos. En otras palabras: lo que tú has trabajado y ganado tiene que ser tuyo para que hagas con ello lo que quieras, ahorrarlo, invertirlo, gastarlo o malgastarlo. Pero he dicho tuyo, no de nadie más y particularmente no de tus descendientes.

Creo firmemente que uno tiene derecho a la fortuna que se labre en su vida, pero no creo que tenga derecho a la de sus padres y es por ello que estoy a favor del impuesto de sucesiones. A decir verdad en realidad estoy en contra del concepto de herencia patrimonial en si mismo, pero sé que proponer un cambio legislativo en el que a la muerte de alguien heredara sus bienes el Estado (y que los bienes de los muertos financien las necesidades de los vivos) es pedirle a la sociedad algo para lo que no está preparada. Pero para un fuerte impuesto de sucesiones sí que lo está. Y es que además es justo: cuando heredas, adquieres la propiedad de algo que no era tuyo y que no has hecho nada para ganarte. Te toca como una lotería, simplemente por ser hijo de quien eres; es un incremento patrimonial neto, son cosas que ganas, vas a ser más rico de lo que eras antes así que el Estado está totalmente justificado a la hora de cobrarte un impuesto por ese incremento patrimonial. Te lo cobra por el dinero que ganas honradamente con el sudor de tu frente, así que ¿cómo no te va a cobrar por el que no te has trabajado?

El contraargumento más habitual a esto que acabo de exponer es que cuando un progenitor trabaja y gana dinero no lo hace solo por si mismo sino que lo hace por la unidad familiar, por si y por su descendencia, y que por tanto no es justo que se le penalice cuando quiere transmitir sus bienes a su descendencia. Bien, no estoy de acuerdo. Quien gana el dinero es quien lo produce, quien tiene incremento patrimonial es quien lo trabaja, y eso es una persona física, no un ente nebuloso como “la familia”. La familia es sin duda un ente social, me atrevería a decir que crucial, pero la familia no es propietaria de nada ni tiene derecho a nada. Sus componentes, que son personas, sí que tienen derechos, pero “la familia” en su conjunto no.

Pero es que además la idea del “derecho a la herencia” es perniciosa en si misma. Los progenitores, como educadores, deben formar a sus vástagos para que se ganen la vida por si mismos, no para que sigan siendo niños a los que se mantiene toda la vida, del tipo que vive de sus padres hasta poder vivir de sus hijos y que no puede esperar a que se mueran aquellos para echarle mano a la herencia. Lo mejor que les puedes dar a tus hijas es educación, formación, ejemplo y si acaso un empujón para ponerles en marcha y que se ganen la vida, pero no la vida resuelta. Resolverles la vida es negarles la oportunidad de que lo hagan ellos como lo hiciste tú. Y, si desde el punto de vista del causante lo de resolverle la vida a tus hijos me parece negativo, desde el punto de vista del heredero la verdad es que me da incluso asco. Me da asco porque bajo la idea de que el Estado no te puede cobrar por la herencia de tu madre subyace la idea de que los bienes de tu padre son tuyos por derecho, y no lo son. Son de tu madre. Y tú puedes tener una expectativa legítima de no verte más perjudicado por la muerte de tu madre que por el mismo hecho de la muerte de tu madre que ya bastante tiene, pero de ahí a pensar que te tiene que beneficiar patrimonialmente, pues mira, no.

Por todo esto estoy a favor, muy a favor, del impuesto de sucesiones. De un impuesto de sucesiones escalado y progresivo, semejante al IRPF en los tramos, que haga que cuando una persona humilde con una casa de 50.000 euros y un coche de hace diez años muere sus herederos puedan repartírselo así sin más, pero que cuando muera la Duquesa de Alba sus herederos tengan que pagar al Estado un 40 o un 45% del fortunón que van a heredar y que no han hecho absolutamente nada para ganarse. Y si no quieren pagar el impuesto, no hay ningún problema, que renuncien a la integridad de la herencia y que vivan la vida con lo que su esfuerzo y trabajo les den, como todo hijo de vecino. Ah, que no, ¿verdad? Si es que, lo mires como lo mires, heredar es un negocio y como negocio merece un impuesto.

Un impuesto así reduciría en pocas generaciones las fortunas autosostenidas a algo anecdótico, reduciría la tan cacareada desigualdad de forma brutal (particularmente la desigualdad de clase), acabaría con la idea del diletante de clase alta y permitiría que el Estado en su conjunto y todos sus ciudadanos se beneficiaran de la socialización de las ganancias de la vida de algunos de sus más ilustres y exitosos ciudadanos. Como ya he dicho antes, que los muertos paguen los impuestos de los vivos. Lo llevo defendiendo más de una década.

“Un momento, un momento” pensaréis algunos. ¿Qué hace Arthegarn defendiendo una idea tan redistributiva, progresista hasta decir revolucionaria y (¿me atreveré a decirlo?) de izquierdas como esta? Pues ya veis, así soy yo y así pienso y he pensado desde hace años. Y, por lo que leo, así piensa también más o menos esa nueva derecha de pijos disfrazados y recambios del PP que es Ciudadanos. Cosas veredes.

Un saludo,

Arthegarn

Precisiones legales y fiscales sobre el Asunto Monedero

(NOTA PRELIMINAR: Lo que sigue es la contestación a la respuesta en Facebook de alguien a quien, para respetar su intimidad(*) y atendiendo a su (posterior) petición expresa llamaremos don Andrés, a mi artículo del otro día que utilizaba el Asunto Monedero como excusa para reflexionar sobre la corrupción individual de los españoles, cómo esta se refleja en sus políticos y cómo no cambiaremos España hasta que no nos cambiemos a nosotros mismos)

Ante todo tengo que agradecer a mi ilustre contertulio todo el trabajo que se ha tomado. No es en absoluto habitual que uno de mis artículos sea contestado de forma razonada y con una extensión cuatro veces superior a la del artículo original, así que como poco eso quiere decir que le ha resultado interesante. Y me gusta que la gente encuentre mis artículos interesantes así que, D. Andrés (permíteme por favor que tutée a partir de ahora), muchas gracias. Mucho menos me gusta que insinúe que mi artículo es falaz, por supuesto, pero la contraargumentación está razonada y es lógica (hasta un punto al menos), algo que tanzanite-gem-large_infome gusta y que es en si mismo una gema por su rareza. Puede que sea un carbunclo en vez de un diamante, pero sigue siendo una gema. Así que intentaré contestarle, don Andrés, punto por punto y como merece.

Dice usted que mi artículo no pasa de la mera opinión y no aporta datos. Totalmente cierto: es un artículo de opinión y orgulloso de serlo.

Me pregunta usted si conozco la Ley de Sociedades. Sí, la conozco, 1/2010 en su texto refundido, pero no entiendo a qué viene la pregunta. También conozco el Código Civil y las Reglas de Adquisición y tienen más o menos lo mismo que ver con el tema que nos ocupa. Creo que lo que en realidad quiere usted preguntarme es si conozco la Ley del Impuesto de Sociedades (4/2004 respecto a los hechos que nos ocupan, hoy en día sustituida por la 27/2014) que también conozco. Esa, la 58/2003 General Tributaria y la 35/2006 del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, sobre la que me considero muy versado y sobre la que usted, al menos en lo que hace referencia a los artículos 17 y 18, o no tiene ni idea u oculta datos maliciosamente.

Me pregunta usted qué motiva mi conclusión de que lo que ha hecho Monedero es deshonesto. Me alegra que me haga esta pregunta porque me da la oportunidad de tragarme parte de mis palabras que me llevan picando desde ayer. Y es que, como liberal que soy, soy un firme defensor de la presunción de inocencia, no solo como criterio jurídico sino también como criterio ético; y no está probado más allá de toda duda razonable que Monedero haya sido deshonesto. Eso, hasta que hable un juez, solo lo sabe LogoAgenciaTributariaMonedero que es el único que está en su cabeza y sabe por qué hace las cosas. Es concebible, y no sería irrazonable, que haya tenido un pésimo asesor fiscal que le dijera que lo que hacía era legal. Es incluso concebible que se trate de un error honesto: las leyes fiscales son farragosas e incluso los expertos recurren con frecuencia a la consulta vinculante(1). Así pues no puedo afirmar así por las buenas que Monedero haya sido deshonesto, es injusto.

Lo que sí que puedo afirmar, y explicarle a usted porqué, es que tengo el absoluto convencimiento íntimo de que ha sido deshonesto. Lo opino fundamentalmente por dos razones: en relación al elemento subjetivo (“¿estaba Monedero defraudando a sabiendas o cometiendo un error honesto”?) a través de aplicación de los mecanismos formales habituales de compleción de información aplicables a estos casos (navaja de Ockham, principio qui bono, existencia de móvil, medio y oportunidad, etc.); y en relación al elemento objetivo (“¿hay verdaderamente irregularidad en lo que hizo?”) a través de mi conocimiento de la ley, que voy a intentar explicar de la forma más asequible posible.

En primer lugar, vamos a la relación de los hechos en si.

  • Año 2010: Juan Carlos Monedero (en adelante, “Monedero”) realiza diversos trabajos para Bolivia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua, supuestamente en el marco del proyecto del SUCRE.
  • Septiembre de 2010: Monedero recibe su primer pago por estos trabajos (concretamente de Venezuela), y solicita el día 24 la salida de (al menos parte del) capital (unos 250.000 bolívares) del país y su conversión a euros (35.000).
  • 18 de octubre de 2013: Monedero constituye la sociedad(2) Caja de Resistencia Motiva 2 Producciones, S.L.U. (en adelante, “Monedero SL”), de la que es el único accionista.
  • 23 de octubre de 2013: Monedero se nombra a si mismo administrador único de Monedero SL y la sociedad empieza su actividad.
  • 31 de diciembre de 2013: Monedero SL cierra el año fiscal con unos ingresos de 425.150 euros, unos gastos de 59.707,35 (3) y un beneficio de 365.442,65

En otras palabras: Monedero realiza los trabajos unos tres años antes de que ni siquiera exista Monedero SL. Eso quiere decir que a quien contrataron los estados del ALBA fue a Monedero, no a Monedero SL, luego los ingresos que se deriven de esos contratos, independientemente de cuándo se materialicen, son de Monedero y no de Monedero SL. El hecho de que de repente aparezcan en las cuentas de Monedero SL solo puede obedecer al fraude(4) y a que Monedero intentara que ingresos que le eran propios y de su patrimonio aparecieran como de la sociedad.

Este hecho es fraudulento por sí solo. Independientemente de si hubiera pagado más o menos impuestos, firmar un contrato como Monedero y prestar unos servicios, y tres años después decir que el dinero tiene su origen en servicios prestados por Monedero SL que no existía en aquel momento es fraude. Punto. Fraude y de la naturaleza tonta, porque te van a pillar sí o sí(5). downloadAsí que lo siento, pero tu argumento de que Monedero no ha cobrado él sino que ha cobrado la sociedad no se sostiene, es eso precisamente lo que ha intentado aparentar y en eso consiste precisamente el fraude

Me dice usted que si Monedero fuera pícaro hubiera creado la empresa fuera de España, y yo le pregunto, ¿por qué? ¿dónde? A menos que la hubiera creado en las Islas del Canal o semejante para ocultar más seriamente la procedencia de los fondos, claro, pero como Monedero no es tonto(6) sabe que el mero hecho de que le asocien con una empresa así es suficiente para destruir toda su credibilidad y la de Podemos así que no lo hace. Porque es lo suficientemente pícaro para saber que no le conviene.

Me va usted a tener que perdonar que no entre en las siguientes disquisiciones que hace, que no tienen nada que ver con mi artículo ni con el fraude en cuestión (así que entiendo que no lo están respondiendo sino que son simples obiter dicta para que quien pase los lea) como el objeto de la sociedad, su número de empleados (¡no hay nada de malo en que no tenga empleados!), eso que dice de que “factura a través de una asociación que cumple a posteriori con su cometido”, que directamente no entiendo (¡pero si los trabajos por los que cobra ya estaban realizados!), etc. Como verá es que ya es bastante largo esto por si solo. Porque ahora “vamos con los numeritos”, como dice usted, y que en mi humilde opinión son erróneos de cabo a rabo,

En primer lugar, Monedero SL no tiene ninguna razón por la que destinar sus resultados a dividendos. Si, como sugiere usted, Monedero SL se va a dedicar a financiar La Tuerka o cualesquiera otras actividades audiovisuales cercanas a Podemos, lo inteligente (lo que recomendaría cualquier asesor fiscal que se haya terminado la carrera) es aplicar el resultado (por ejemplo) a reserva voluntaria, pasarlo al año 2014 sin pagar un céntimo más y dedicar ese saldo positivo a los gastos que genere La Tuerka en 2014, que sin duda es lo que pensaba hacer. Hacer el circuito que usted sugiere (primero pagar Sociedades y luego destinar el beneficio a dividendos, sobre los que Monedero tendría que pagar encima IRPF) es la forma más estúpida que se me ocurre de tributar por esas ganancias. Como ya hemos establecido que Monedero no es tonto, dudo muchísimo que sea lo que tenía pensado.

En segundo lugar, y perdone usted mi franqueza, cuando hace la segunda parte de las cuentas se explica como el culo(7) y siento decirlo pero es que es cierto: me ha llevado casi una hora entender lo que quería decir. No hay una “tributación por dividendos” como la que 1421959926_442257_1421960560_noticia_grandedescribe, lo que existe es una retención del IRPF (que es del 21%, no del 27%) y luego un pago del impuesto que se hará al tipo que corresponda en función de la renta total del sujeto gravado(8) y que no conocemos porque no conocemos el resto de los ingresos de Monedero en 2014. No podemos aventurar su tipo medio de IRPF.

En tercer lugar lo de que se puede aplicar la deducción por rendimientos irregulares lo dice usted (ni siquiera lo dice Getsha como podrá comprobar más abajo). No confunda usted que la Gehtsa diga que Monedero podría recuperar hasta 150.000 euros con que esto efectivamente se vaya a producir. En primer lugar, Monedero realiza esos trabajos en 2010 y empieza a cobrar por ellos en 2010 así que las ganancias no tienen un periodo de generación superior a dos años (de hecho el mismo artículo de El Economista que cita usted dice que Gestha “indicó que (…) parece como si todo el informe se habría generado en el año”). Pero es que, además, en el momento en que esas ganancias se repiten en el tiempo (en el caso que nos ocupa dos veces en cinco años) pierden el carácter de irregulares, y Monedero hizo varios trabajos de la misma índole a varios estados por los que cobró varias facturas; así que no aplica. La identidad de función es el criterio que aplica en este caso y las facturas de las que estamos hablando son facturas por servicios de consultoría y asesoría, labor que el mismo monedero dice que lleva años realizando. No aplica. De lo contrario yo como abogado podría aplicarme esa reducción a casi todas mis facturas diciendo que, aunque mi función sea la asesoría legal, es que no todos los años cobro 425.000 euros por el mismo caso; o que es que este caso y aquel son únicos porque uno es el divorcio de Manolita Pérez y José Jiménez y otro es la quiebra de Farrucos SA y nunca voy a tener otros iguales.

Así que lo siento, pero no. Sus cuentas no tienen ni pies ni cabeza. A lo mejor para agarrarse a un clavo ardiendo le sirven, pero no tienen ni pies ni cabeza. Ah, y lo de que Monedero no trabaje a jornada completa en Venezuela no tiene absolutamente nada que ver con el 18 LIRPF.

Y eso es todo, al final me ha quedado más corto de lo que esperaba. Espero haber sido breve, resuelto sus dudas, contestado a sus preguntas y que, como dice usted, no se haya ofendido nadie (en mi caso, ni Montoro).

Salud y evolución,

Arthegarn___________
(*) Porque, no se confunda usted, yo tengo todo el derecho del mundo de citarle a usted por su nombre y sus dos apellidos cuando estoy hablando de lo que usted, públicamente y usando su nombre y sus dos apellidos, ha rebuznado escrito, encima en contestación a mi artículo anterior. Con o sin su permiso. Se llama libertad de información; ni siquiera tengo que acogerme a la libertad de expresión. Lo que pasa es que, católico o no, no estoy enteramente desprovisto de caridad.
(1) La Consulta Vinculante es algo así como irte a Hacienda y preguntarle “Oye, Hacienda, en este caso y considerando este artículo, ¿qué tengo que hacer? ¡Y ojito con la respuesta que lo que me digas lo voy a hacer y a seguir haciendo y luego no te puedes desdecir ni multarme ni nada de eso!”
(2) Sociedad, estimado don Andrés, no asociación. Con todo respeto, tiene narices que se pregunte usted si el autor del artículo conoce la Ley de Sociedades y luego no sepa diferenciar una asociación de una sociedad. Cuando yo era estudiante por ese tipo de cosas te mandaban a septiembre en Mercantil I con un capón. Y como no soy nada dado a los argumenta ad personam me limito a decirle esto en una nota a pie de página en vez de dedicarle un párrafo bien sarcástico que es lo que me pide el cuerpo; pero decírselo te lo digo.
(3) Como nueva nota al pie, conviene recordar que todo este follón empezó por la acusación de la prensa (ABC) de no tener las cuentas de la sociedad claras porque no ha justificado estos gastos que, de hecho, en su inmensa mayoría están declarados pero no se han hecho efectivos (es decir, Monedero SL le debe a alguien, no sabemos quién, 57.190 euros –el 95.78% de los gastos de la empresa- que nunca han salido de tesorería).
(4) O a una negligencia tan grave que está penada de forma objetiva.
(5) No me voy a meter en la sutileza, aun más clarificadora, del llamado criterio de devengo y que dice que los gastos en ingresos de una sociedad se computan en el ejercicio en el que se devengan y no en el ejercicio en el que se materializan (i.e. en el que se cobran). Si yo realizo unos trabajos en 2010 y emito unas facturas en 2010 esos ingresos se computan fiscalmente en 2010 aunque no los cobre hasta 2013 o aunque no los cobre en mi vida. Es un criterio con el que no estoy personalmente de acuerdo y que hace que los empresarios españoles, particularmente PYMES y autónomos, tengan que adelantar el IVA (y otros impuestos) al Estado en vez de actuar como verdaderos recaudadores indirectos y entregar al estado el impuesto cuando el deudor se lo da efectivamente a ellos y no cuando se genera la deuda; pero es el que hay y es el que hay que seguir. Por cierto, las facturas en cuestión no llevan IVA y es correcto que no lleven IVA ya que se refieren a servicios prestados fuera de territorio IVA.
(6) Lo de que Monedero no sea tonto, que lo digo en serio, es otra de las razones que me lleva a creer que todo esto es un fraude y no un mero error bienintencionado.
(7) O no tiene usted ni idea de lo que dice, claro, pero voy a suponer que es que eran las dos y pico de la mañana y estaba usted cansado. Presunción de inocencia y tal…
(8) Por cierto, es gravado con uve, no grabado con be; a menos que le intente grabar en la frente con un cincel y un martillo “no cometeré fraude fiscal” o algo semejante, lo que le advierto de que es un delito grave, grabe o no grabe. Y al (2) me remito.

Sobre el valor y el ejercicio de la libertad de expresión

Abre tus labios solo si lo que vas a decir es más hermoso que el silencio.”
Proverbio árabe.

Le debo a mi querido amigo Eduardo Marqués, desde hace una semana una respuesta a su artículo sobre la masacre de Charlie Hebdo, que más parece una arenga a las tropas que la inteligente reflexión liberal que suelo esperar de él(1). Desgraciadamente no me va a dar tiempo a tratar uno por uno los puntos del mismo, como me hubiera gustado, pero sí que me voy a meter en sutilezas con el asunto de los límites de la libertad de expresión.

La primera idea perniciosa con la que tenemos que acabar es la de que la libertad de expresión no tiene límites porque sí que los tiene. Podemos discutir, como intentaré hacer en este artículo, donde están esos límites, pero el hecho es que sí que los tiene y que están marcados de dos formas: convencionalmente por las leyes y éticamente por el principio del daño(2). Los límites convencionales (legales) varían de nación a nación y de cultura en cultura y en pueden llegar a ser tan estrechos que, a la hora de la verdad, nieguen lo que intentan definir(3) por lo que no creo que sean relevantes a estos efectos; pero los límites éticos sí.

El primer y fundamental derecho que tiene la persona es a que le dejen en paz. A que no le maten ni le hieran ni le quiten lo que es suyo. Y en este derecho se incluyen tanto la protección contra los daños materiales como los morales. Lo de la protección de los daños materiales es bastante fácil de ver: yo tengo derecho a que nadie me de una paliza o me robe o me corte un brazo; requiere un poco más de perspicacia. El hecho es que existe alrededor de cada persona un conjunto de ideas intangibles en las que se apoya la parte más humana, social e intelectual de su vida, y que tiene uno tiene derecho a que nadie dañe ese bien que no por intangible es inexistente.

Como lo que acabo de decir se presta a muchas interpretaciones y utilizar las palabras exactas es bastante farragoso(4) voy a poner un ejemplo cercano: tú tienes derecho a tu imagen pública (que es un conjunto de ideas que existen alrededor de cada uno, específicamente sobre uno mismo y al que se dedican ingentes esfuerzos para configurar de un modo específico) y a que nadie la destruya. Si alguien va diciendo de ti que eres un ladrón y un sinvergüenza la gente no se fiará de ti: no encontrarás trabajo, nadie te prestará nada ni te alquilará nada, no encontrarás pareja y a lo mejor incluso pierdes amistades que no quieren contaminar su propia imagen por asociación. Por mucho que digan los ingleses aquello de que sticks and stones may break my bones but names will never hurt me lo cierto es que sí que sí pueden. Y como.

Queda claro pues que uno tiene derecho, como mínimo, a que no se le calumnie, a que nadie le joda la vida con mentiras(5). Establecido pues que la libertad de expresión tiene ciertos límites, lo que tenemos que preguntarnos es dónde están.

Por ejemplo, ¿qué pasa si alguien dice que soy un ladrón y un sinvergüenza y es yo en realidad soy un ladrón y un sinvergüenza? Entonces no me está calumninando, me está describiendo; no está contando una mentira sobre mí, está de hecho deshaciendo una mentira (mi falsa apariencia de honradez) para que brille la verdad. Recurrimos en este caso otro derecho, previo al de la libertad de expresión, que es el de la libertad de información. Si algo es cierto yo tengo el derecho (algunos pensamos que el deber) de difundirlo, y ese derecho es superior al derecho a la propia imagen. ¿Por qué? Porque la sociedad en su conjunto se beneficia de la verdad. Si eres un sinvergüenza, yo lo sé y no se lo digo a nadie, la sociedad se verá perjudicada porque continuarás aprovechándote de los demás; pero si eres un sinvergüenza y yo lo cuento la sociedad se verá beneficiada ya que estará al corriente de tus deshonestidades y podrá estar en guardia contra ti. En efecto, el derecho a la información está por encima del derecho a la propia imagen, siempre que la información difundida sea cierta(6). Lo que nos lleva al derecho a la libertad de expresión.

La libertad de expresión es hija : (i) de la libertad de conciencia, que dice que yo tengo derecho a pensar lo que me de la gana y a creer lo que me parezca bien(7) y (ii) de la libertad de información, que dice que yo tengo derecho a informar de hechos ciertos; y entra en juego cuando yo informo de una opinión, de una creencia que, aunque no puede ser demostrada, tengo la certeza moral de que es verdadera. Por ejemplo, puede que no sea cierto, o que no sea demostrable, que Bárcenas es un ladrón y un sinvergüenza, por lo que no tengo derecho a divulgar que lo sea. Pero lo que sí que es cierto es que yo creo que lo es y ese hecho tengo derecho a divulgarlo. Es en estos casos coando entra en juego esa especialidad del derecho a la información que llamamos derecho a la libertad de expresión.

Ahora bien, tampoco es ahí donde están los límites de la libertad de expresión. Si se limitara a la veracidad del hecho de que yo tengo una creencia X la libertad de expresión ampararía que yo difundiera, por ejemplo, que creo Hitler fue un gran hombre, que creo que el mundo estaría mejor si judíos (o sin moros, o sin gitanos), que creo que los negros son una especie inferior que nunca deberían tener acceso a la ciudadanía o que creo que los problemas de España se solucionarían en dos patadas con una guillotina en cada plaza por la que pasaran un buen puñado de [políticos / empresarios / vagos y perroflautas / banqueros / comunistas / fachas / rojos / catalanes / vascos], para que aprendan. O que creo que el sitio de las mujeres está en la cocina y que si le llevan la contraria a su marido se merecen un buen guantazo. ¿Verdad?

Queda claro que no. Que resulta que hay cosas que no las puedo decir. Aunque sean ciertas (porque sea cierto que lo pienso). La libertad de expresión no es una tarjeta de “salga de la cárcel gratis”; va a resultar no solo que tiene límites sino que son más estrechos de lo que aparecen en determinados discursos populistas y libertarios. Pero ¿por qué? Y, sobre todo, ¿dónde están los límites?

La razón por la que la libertad de expresión, o de hecho por la que cualquiera de nuestras libertades, tiene límites es porque el ejercicio de nuestras libertades tiene efectos sobre los demás y fb14215b8d52b1d0c690abd8a186e4c0y que esos efectos no son siempre positivos(8). El ejercicio ético y responsable de nuestros derechos implica preguntarnos sobre las consecuencias, no solo sobre nosotros sino sobre los demás, incluso mediatas y a largo plazo, que tiene el que yo realice una acción que aparentemente está permitida en abstracto. Supone, en otras palabras, dejar el mundo teórico y bajar al mundo real en el que vive (y sufre) la gente. Supone preguntarse, humilde y responsablemente, si voy a hacer más mal o más bien a la sociedad y a mi prójimo con la acción que considero, con la opinión que quiero difundir; preocuparse no solo por los derechos de uno, sino por los de los demás, entre otros a no sentirse insultado o agredido. Porque, como creo que todos sabemos, la integridad y la estabilidad emocionales son preciosas para todos, hasta el punto de ser indispensables. Cuando alguien ataca nuestra estabilidad emocional nos produce un daño, que en muchos casos se traduce en un dolor físico y que puede llevar a diversas enfermedades e incluso a la muerte(9). Y eso no solo nos pasa cuando nos atacan a nosotros; en muchos casos es mucho peor cuando atacan a quienes amamos. Es lo que tiene el amor, que nos hace empáticos con la persona amada, que cuando sufre ella sufrimos nosotros y que en muchos casos nos resulta más fácil soportar nuestro propio sufrimiento que el de aquellos a los que amamos. Ese daño, ese dolor, es real; y un ciudadano consciente, un ser humano íntegro, no puede vivir su vida ignorando el dolor que causa entre sus semejantes. Y, aunque resulte difícil de creer para algunos, ese amigo imaginario de los creyentes, Dios, es para ellos tan real como para vosotros vuestra madre, pareja o hijos; y cuando se le insulta, se le veja o se le hace de menos, les duele. Y mucho. Y como faltarle a tu madre a ti es faltarle a Dios a los creyentes, a la Corona a los monárquicos o sacarle a relucir el Libro Negro del Comunismo a un comunista.

¿Significa esto que deberíamos prohibir los chistes de mal gusto sobre Dios? ¿Que los de Charlie Hebdo se lo tenían merecido? ¿Que deberían haberse retirado de los quioscos los libros de Salman Rushdie, o los de Richard Dawkins, o El Jueves número 1580? No. No quiero decir eso.

Lo de Charlie Hebdo, como lo de Theo Van Gogh(10), es injustificable. En primer lugar por un asunto de justicia: el hecho de que yo sea te haga daño no te da derecho a ti a hacérmelo a mí. En segundo lugar por un asunto de proporcionalidad: no importa cuánto te hayan dolido mis palabras, acabar con mi vida no es una retribución proporcional. Y, en tercer lugar porque, si dejar en manos de los ciudadanos la represión por el abuso de la libertad de expresión es mala idea (como hemos visto), dejarla en manos del Estado es infinitamente peor. La libertad de expresión es, como la presunción de inocencia, imprescindible para vivir en libertad. Limitar la presunción de inocencia es, en última instancia, favorecer que el Estado pueda meter en la cárcel a quien quiera; de la misma manera, limitar por ley la libertad de expresión es darle a quien ostente el poder la capacidad de amordazar a quien quiera, permitir a quien dirija el Estado hacerse invulnerable a la crítica, superior a sus oponentes, perpetuo en el poder. Y de eso ya hemos tenido demasiado en el pasado y ya sabemos que no trae nada bueno.

Muchos lumbreras reniegan de la presunción de inocencia cada vez que un culpable escapa de su justa sentencia por un tecnicismo y piden a gritos una justicia distinta en la que los delincuentes vayan a la cárcel, porque está claro que este sistema que permite que los culpables se escapen no funciona, confundiendo que el sistema no sea perfecto con que no funcione, y las consecuencias indeseadas pero inevitables del sistema (que algunos culpables queden libres) con el objetivo del sistemaimages Quiero pensar de ellos que son simples bobos que no se han parado a pensar en el sistema que proponen como alternativa y las consecuencias que tiene y no verdaderos proponentes de ese sistema. De la misma manera, muchos puritanos reniegan de la libertad de expresión cada vez que, amparándose en ella, se ofende o insulta a lo que aprecian y respetan, y se atreven a sugerir un sistema en el que se prohíban faltas de respeto, insultos o vejaciones como los que decimos. Como en el caso anterior, prefiero pensar que son bobos. Los insultos gratuitos a la religión, a la corona, a la patria, al Real Madrid o a lo que sea, no son el objetivo del derecho a la libertad de expresión; son las indeseables consecuencias de ese derecho con las que, sin embargo, tenemos que vivir porque la alternativa, que es vivir sin libertades, no es considerable.

Y, dicho esto, dejada clara la necesidad imperiosa de la libertad de expresión y de que el Estado no pueda legislar más que mínimamente al respecto, ¿es tanto pedir, conciudadanos, un poco de empatía? ¿Un poco de responsabilidad? ¿Es tanto pedir, que no exigir, que antes de decir o escribir o dibujar algo, pensemos si vamos a hacer daño a otro? ¿Es tan grave sugerir que cada uno, en uso de nuestra libertad individual, piense si lo que va a hacer va a causar más bien que mal, más risa que ira, más felicidad que dolor a aquellos que le rodean? ¿Tanto pedir que se piense dos veces a ver si hay alguna forma de hacer reír que no haga rabiar a nadie? ¿Y que si, tras un examen de conciencia, llega uno a la conclusión de que quizá lo que iba a hacer iba a hacer sufrir a su prójimo, a su conciudadano, no lo haga? ¿No es elegir callar una inconveniencia, un insulto, una calumnia, también un ejercicio de la libertad de expresión? ¿O es que solo quien suelta sapos y culebras y estira esa libertad hasta sus es quien auténticamente la ejerce mientras que todos los demás, la inmensa mayoría de nosotros que nos movemos dentro de esos límites intentando no pisar demasiados callos a los demás porque no queremos que sufran somos unos cobardes mojigatos incapaces de decir lo que en realidad piensan? ¿Son la contención, la paciencia y la templanza defectos hoy en día?

Pues esto, amigo Eduardo, es la autocensura. Una mezcla de empatía, responsabilidad, autocontrol… y libertad individual.

Saludos a todos,

Arthegarn__________________
(1) Y es que lo siento, amigo mío, pero desde que estás en política tratas temas complejos y delicados, como los límites éticos de los derechos humanos, con la sutileza de una carga de caballería. Quiero pensar que lo haces porque buscas el voto, si no el aplauso, de la masa indistinta que puebla la parte alta de la campana de Gauss; que dices lo que dices porque el gran público al que te diriges no llega a más y no porque te estés volviendo tosco últimamente. Pero como nunca se sabe, y como aunque yo no sea parte de tu público objetivo sí que soy uno de tus fieles lectores, me vas a -tener que- disculpar que yo, en uso de esa libertad de expresión de la que hablas, y que en mi opinión tratas con la delicadeza de una verdulera metida a taxista, te haga algunos comentarios y precisiones.
(2) Si eres liberal, claro, si eres totalitario el principio del daño te da lo mismo. Claro que en ese caso también te da lo mismo el derecho a la libertad de expresión y, ya que estamos, todos los derechos individuales ya que solo existen y son dignos de respeto en tanto benefician al colectivo…
(3) Lo de la “libertad de culto” en Arabia Saudí, por ejemplo, es simplemente increíble.
(4) La idea básica, traducida a un lenguaje jurídico-político, viene a ser que la integridad emocional es, como la integridad física, un bien jurídico que debe ser protegido por el Estado. Esto implicaría, dada nuestra concepción weberiana del Estado como único capacitado para el legítimo uso de la fuerza, que esa protección debe ser dada por el Estado y no por los particulares. El problema es que nuestro concepto de la libertad de expresión deja al ciudadano idefenso ante el ataque a ese bien y la causación del daño ya que el Estado: (i) ni es efectivamente protege al ciudadano ni le permite protegerse a si mismo y (ii) ni obtiene coercitivamente del ofensor una idemnización por el daño causado ni le permite obternerla por si mismo.
(5)Este asunto tiene particular relevancia en la sociedad actual en la que la información (y la desinformación) se mueven a tanta velocidad y son tan difíciles de controlar. ¿Alguien se acuerda de Amanda Todd? ¿O, ,ás cerca, de Carla Diaz?
(6) Incidentalmente: los que defienden que la libertad de expresión no tiene límites defienden implícitamente que tan válida y digna de protección es la mentira como la verdad.
(7) Otra cosa es que tenga razón en lo que creo y pienso, por supuesto…
(8) Ni inmediatos. Ni fáciles de ver.
(9) Y a los casos anteriores me remito.
(10) ¿Alguien se acuerda de Theo van Gogh?

La reforma constitucional, o éramos pocos y parió la abuela.

Dejando a un lado el tema de la legitimidad de la Constitución, que me comprometo a debatir en otro artículo si alguien lo plantea, esta reforma: (i) no va a servir para nada, (ii) va a traer más mal que bien y (iii) si se hace, tiene que hacerse sin referéndum porque someter de antemano su aprobación a referéndum es anticonstitucional.

Empezando por el que trae más polémica, el tema del referéndum: me resulta divertidísimo la cantidad de demagogos y desinformados que andan por ahí exigiendo un referéndum para aprobar este cambio en la Constitución y gritando a los cuatro vientos que si no se convoca es una afrenta al Pueblo y un golpe de estado contra la soberanía nacional. Vamos a dejar una cosa clara: los mecanismos para reformar la Constitución están incluidos en la propia Constitución, y hay que seguir esos mecanismos. Esto debería parecer obvio, pero es increíble la cantidad de gente que no se da cuenta. Al igual que el reglamento del ajedrez fija como se juega al ajedrez, la Constitución fija las reglas del juego político en un país. Así como todos los alfiles tienen que moverse en diagonal porque lo dice el reglamento (y si los alfiles no se mueven en diagonal estarás jugando a otra cosa, pero no al ajedrez), nadie puede ser condenado o sancionado por acciones u omisiones que en el momento de producirse no constituyan delito porque lo dice la Constitución (y si la gente lo fuera querría decir que está en otro sitio, pero no en la España que define la Constitución). Es de estas cosas que son obvias: si vamos a jugar al ajedrez, tenemos que respetar el reglamento y si vamos a vivir en España, tenemos que respetar la Constitución. Y si no quieres respetar el reglamento entonces no digas que quieres jugar al ajedrez porque tú no quieres jugar al ajedrez, quieres jugar a otra cosa. Pero me estoy desviando al tema de la legitimidad que, insisto, si alguien se empeña discutiré en otro artículo. Aceptemos, de momento, el hecho de que todos estamos viviendo en España, la España que define la Constitución, y que hay que obedecerla.

Bien, volvamos al paralelismo con el ajedrez. Parte de las normas del ajedrez fijan el movimiento de la reina, y parte de las normas de la Constitución fijan cómo puede modificarse la propia constitución. En el caso del ajedrez, todos sabemos que la reina puede moverse en cada turno como una torre o como un alfil; en el caso de la Constitución, para la reforma se fijan también dos procedimientos. Uno, contenido en el artículo 168, dice (básicamente) que para reformar ciertas partes de la constitución (las más “importantes”, cosas como los derechos individuales, la forma de Estado o los colores de la bandera) hay que aprobar la reforma con mayoría de 2/3 en el Congreso, volver a aprobarla con mayoría de 2/3 por el Senado, disolver las cámaras, convocar elecciones, volver a aprobar la reforma con las mismas mayorías en las dos cámaras y, además, convocar un referéndum para que el Pueblo, directamente, la ratifique. El otro, contenido en el artículo 167, se aplica al resto de la Constitución, y dice (básicamente) que la reforma tiene que aprobarse por mayoría de 3/5 en el Congreso y luego por la misma mayoría en el senado, sin disolución de cámaras y sin convocatoria de referéndum, aunque éste puede convocarse si lo solicitan al menos el 10% de los diputados o de los senadores, cosa que ocurrió en 1992 con la única reforma constitucional que hemos tenido hasta ahora.

Supongamos, ahora, que estoy jugando al ajedrez y mi contrincante decide darme jaque mate haciendo que la reina se mueva como un caballo. Bien, claramente no puede hacerlo, es trampa. De la misma manera, uno no puede cambiar los colores de la bandera de España utilizando el procedimiento “simple” del 167; al igual que el reglamento del ajedrez dice que la reina no puede hacer ciertas cosas, haciendo la victoria más difícil, la Constitución dice que las Cortes no pueden hacer ciertas otras, haciendo la reforma más difícil. Hasta ahí creo que todos lo tenemos claro.

El problema surge cuando los ciudadanos (o parte de ellos) exigen al Gobierno que convoque un referéndum en el que el Pueblo, directamente, apruebe la reforma a la que nos enfrentamos ahora. Bien, el problema es que (i) no tienen derecho a exigir nada y (ii) el Gobierno no podría hacerlo aunque quisiera. El paralelismo ajedrecístico es que tu oponente te diga que no puedes darle jaque mate moviendo la reina como un alfil cuando el reglamento dice que sí, que la victoria es más fácil de alcanzar que lo que dice tu contrincante. Al igual que tu contrincante no puede cambiar las normas ni para hacerse a si mismo la victoria más fácil (moviendo la reina como un caballo) ni para hacértela a ti más difícil (prohibiendo que se mueva como un alfil), el Gobierno o las Cortes no pueden reformar la Constitución por otros procedimientos que los fijados en ella, no pueden trampearlos para hacer la reforma más fácil, pero tampoco más difícil. Legalmente hablando, la reforma puede aprobarse (tiene que aprobarse) por las Cortes y sin referéndum, el ciudadano no tiene derecho a exigir nada más ni tiene derecho a la pataleta al igual que mi contrincante en el ajedrez no tiene derecho a exigirme que no mueva mi reina como un alfil, ni a enfadarse cuando lo hago(1). Poner en duda la legitimidad del Estado, del Gobierno o de la clase política por aplicar estrictamente la legalidad constitucional es como tirar el tablero de un manotazo cuando te dan jaque mate: igual de justificable e igual de maduro.

Otra cosa, totalmente distinta, es que sabiendo que no se tiene derecho a ello, se pida a los diputados y senadores que soliciten un referéndum para ratificar esta reforma. Pero si se hace esto debe hacerse siempre desde el conocimiento y el convencimiento de que, si deciden no hacerlo, no has perdido nada porque de antemano no tenían por qué hacerlo. Una vez más, poner en duda la legitimidad del Estado, de la Constitución o de la reforma en cuestión porque no se hace como a nosotros (o a una parte de nosotros, o a una parte de vosotros porque a mi esta reforma me la trae por un paraguas como ya explicaré) nos gustaría es tan infantil como injusto. Las normas están ahí, hay que respetarlas y si nuestro contrincante quiere avisarnos del jaque a la reina se le puede agradecer, pero no enfadarse con él (¡ni con el ajedrez!) porque juegue cumpliendo estrictamente el reglamento. Oh, puedo entender el deseo de mucha gente de que se convoque el referéndum y la frustración que genera que no se convoque; es análogo a mi deseo de que no me coman la reina ya a mi frustración cuando me la comen(2), son emociones que todos experimentamos. Pero ni entiendo ni apruebo ni sanciono a quienes actúan llevados por esas emociones y se dedican a hablar de golpe de estado porque no se convoca un referéndum que no hace falta convocar. No es que “quieran” amordazar al Pueblo, ni que “piensen” que somos tontos ni que no “confíen” en nosotros. Es simplemente que no hace falta convocar un referéndum y así es más barato (unos 115 M€).

Y, es que, entre nosotros, el referéndum no hace falta convocarlo entre otras cosas porque esta reforma no sirve absolutamente para nada. Habéis leído bien: para nada. No introduce cambio alguno de verdad en la Constitución, lo deja todo al desarrollo legislativo. A ver si lo explico sin ponerme demasiado técnico…

Cuando empezó a hablarse de esta reforma parecía que lo que se iba a hacer era reformar la Constitución de tal forma que se prohibiera al Estado (y al conjunto de las Administraciones Públicas incluyendo las Autonomías, que son un agujero negro) que: (i) presentara presupuestos deficitarios(3) (es decir, presupuestos en los que los gastos son superiores a los ingresos, “y ya veremos como o pagamos”) y (ii) que la deuda total de España no pudiera sobrepasar un determinado porcentaje del PIB. Esa medida(4), inscrita en la Constitución, ofrecería estabilidad a medio y largo plazo a la economía española, acabando con los vaivenes según cambia de gobierno, con la independencia económica de las autonomías (que se escuda en que son autónomas para endeudarse todo lo que quieren) porque requeriría del acuerdo de los dos grandes partidos para deshacerse, algo que sería muy difícil por diversos factores. Pero el texto que se ha remitido hoy (y que podéis leer íntegro aquí) lo único que hace es derivar esos porcentajes que fijan el techo de coste o bien a una Ley Orgánica, que es mucho más fácilmente manipulable que la Constitución, o bien a lo que diga la Unión Europea, lo que desde mi punto de vista es un error porque es ceder soberanía a la Unión de forma descoordinada, sin el compromiso de todos los demás socios europeos de que vayan a hacer lo mismo.

En otras palabras, es un gesto totalmente de cara a la galería. Los gobiernos ahorradores puede que lo tengan un poco más fácil para justificar sus políticas presupuestarias, pero los gobiernos manirrotos solo tendrán que modificar una Ley Orgánica (lo que solo requiere mayoría absoluta del Congreso de los Diputados y que ni pasa por el Senado) para ponerse el techo de gasto / endeudamiento / lo que sea que les de la gana. En otras palabras, se dice de forma tajante e inalterable que no nos endeudaremos más de… lo que diga una ley que podemos alterar fácilmente. Un timo, oiga. Eso y anda, lo mismo. De hecho, para eso ya teníamos la Ley de Estabilidad Presupuestaria que aprobó el Gobierno Aznar en 2001 exigiendo este tipo de medidas de contención del gasto y la deuda, y que Zapatero dejó básicamente sin contenido apenas seis años después, en el día de los inocentes (dejando claro que aquello era una guasa).

Por eso digo que esta reforma constitucional hace más mal que bien. Porque se queda en una declaración de intenciones que, en realidad, no compromete apenas a nada a los sucesivos gobiernos que dirijan España, y porque comete el terrible error de abrir la caja de los truenos de la reforma constitucional por una soberana chorrada. Vamos a ver, si nos vamos a poner a reformar la Constitución, con todo lo que eso supone de tensiones políticas y de nacionalistas pidiendo cosas (ya están los vascos diciendo que “ya de paso” habría que incluir algo sobre el derecho de autodeterminación de los vascos, y los catalanes diciendo que “ya de paso” debería introducirse un tope a la “solidaridad catalana con España”), hagámoslo por algo que merezca la pena. Metámonos a fondo con el tema, reformemos el Poder Judicial y garanticemos su independencia y la de sus órganos de gobierno, reformemos el Senado, acabemos con la provincia como circunscripción electoral, metámonos a fondo con la estupidez de las autonomías y decidamos si somos un estado federal o no, porque el término medio claro está que no funciona, y tantas y tantas cosas que de verdad hay que hacerle a la Constitución. Pero crear toda esta tensión y armar todo este revuelo para tan escasas nueces es una soberana estupidez que, honestamente, opino que no vale para nada y que es difícilmente justificable por los dos grandes partidos ante sus electorados (para el PSOE porque eso de fijar techos de gasto es de derechas y para el PP porque en realidad no se está fijando nada y te la están metiendo doblada, imbécil).

En fin. No estaba el país tenso ni nada, entre la crisis, el 15-M, el Papa, el 15-O, las elecciones generalísimas y la madre que le parió como para ponerte ahora a juguetear con la Constitución. Como decía Romanones, vaya tropa…

Saludos a todos,

Arthegarn___________

(1) Por supuesto, el hecho de que mi contrincante en ajedrez no tenga derecho a enfadarse porque le gano siguiendo las normas no quiere decir que no se enfade. Hay mucha gente que no sabe perder y que, cuando lo hace o ven inminente la derrota, tiran el tablero de un manotazo, se enfurruñan y dicen que no quieren jugar más. Puede que sean jugar, pero no son buenos compañeros de juego. De la misma forma hay gente que aunque sepan de política, cuando el juego va en su contra cogen el canasto de las chufas y tiran las leyes a la basura diciendo que para esto no piensan seguirlas. Serán buenos oradores, pero pésimos ciudadanos.
(2) Cuando me comen la reina, quiero decir.
(3) Esto no es exactamente así, en realidad la idea era evitar presupuestos con un déficit estructural (es decir, el déficit que no tiene que ver con los ciclos económicos) superior al 0,40 % del PIB. El tema no es no endeudarse, es no endeudarse demasiado.
(4) Medida que a mi me parece muy bien porque está muy a tono com mi política económica, que es del tipo “si no hay dinero no podemos hacerlo aunque queramos” frente al “si hay que hacerlo lo hacemos y ya veremos como lo pagamos”
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Robin Hood lo pagamos todos

Hace cosa de un mes (aunque la prensa se ha enterado hoy) la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra dictó un auto en el que, en pocas palabras, se viene a decir que si tienes una hipoteca, no pagas, el banco te embarga, subastan tu casa y con esa subasta no se saca suficiente para pagar lo que debes, el banco no puede ir a por el resto de tus propiedades para cobrarse el resto de la deuda. Mucho progre antisistema se ha puesto contentísimo con esto. Y en realidad es una aberración ilegal, antijurídica, injusta y que, si se consolida, nos va a perjudicar a todos.

Permitidme que resuma los hechos para quien no se quiera leer todo el auto. Una pareja pide un 71.000(1) euros de crédito al BBVA y, en un momento determinado, dejan de pagar las cuotas. BBVA les demanda y el juez les condena a pagar esos mismos 71.000(2) euros. Ellos no pagan, el juez les embarga la casa y ordena la subasta, que queda desierta. Como está desierta, adjudica el piso al BBVA(3) por un importe de unos 43.000(4) €. Pero cuando el BBVA va al juez a reclamarle que continúe embargando a la pareja por los 28.000(5) euros que quedan el juez se niega y dice que con el piso basta. Argumenta esta decisión diciendo que pedir más de lo que vale el piso es abuso de derecho y que además el piso, cuando se concedió el préstamo, estaba tasado en 75.000 euros, lo que es más que el principal así que el banco ha hecho incluso negocio.

Por supuesto (y aquí ya me alejo un poco de la exposición sucinta de los hechos), eso es una soberana estupidez. En primer lugar, si condenas por 71.000 y efectúas una dación en pago por valor de 43.000 (es decir, le das el piso al banco diciendo que vale eso) el hecho está en que faltan 28.000 por pagar y hay que proseguir la ejecución. Punto pelota. Si hubieras efectuado la dación en pago por los 75.000 euros de valor de tasación a lo mejor el asunto tendría una mínima lógica, pero no puedes decir “vale, le deben a usted 71.000 euros, ahí tiene un piso de 43.000 y no pida más que en realidad vale 75.000”. Es una animalada tan grande que no soy capaz de imaginar un contexto lógico que explique por qué das algo en pago por valor de 43.000 que salda una deuda de 71.000, o al menos no sin sacar a la palestra los efectos de la física cuántica en la multiplicación de los panes y los peces. Pero sigamos.

Aparte de decir esto que he dicho yo, el BBVA le dice al juez que el piso no vale 75.000 euros, oiga, que una cosa es en lo que se tasó antes de la crisis y otra muy distinta lo que vale ahora. Que lo hemos sacado a subasta por 43.000 euros y no lo ha querido nadie, lo que quiere decir que su valor de mercado es, en realidad, inferior al importe por el que se adjudica en dación en pago. Pero es que. Además, aquí tiene una tasación con fecha de anteayer, señoría, que dice que, en efecto, el piso no vale 75.000 ni en los sueños húmedos de Paco el Pocero. Y el juez viene a decir que no le importa, que estaba tasado así, que no tiene evidencias de que el precio haya cambiado y ahora valga menos(6), que el que la subasta esté desierta no quiere decir nada y que esa tasación a fecha de hoy se la mete usted donde no brilla el sol porque no es el momento procesal oportuno para aportarla (el equivalente español a “no aceptarla como prueba”). Así que nada, nada, aire que tengo otro caso.

El BBVA, supongo que bastante aturdido ante la manifiesta estulticia del juez, recurre la decisión, claro. Y la Audiencia Provincial se lo lee y dicta, a mediados de diciembre, el auto que es noticia en el que rechaza el recurso, confirma la decisión del juez de primera instancia, deja al BBVA con un inmueble que no quiere y que apenas cubre la mitad de lo que le deben y sin posibilidad de ver ni un céntimo más. Dejadme que os explique las consecuencias del auto con claridad: si la pareja esta fueran millonarios y tuvieran cientos de miles de euros en efectivo en una cuenta del propio BBVA, el BBVA no podría tocarlos. Aunque la parejita en cuestión tenga para pagar (que no sé si lo tienen) no tienen que hacerlo. El banco se come el piso y punto. Ah, y, encima, para unir el insulto a la ofensa acaba condenado en costas, que no se me olvide.

El auto en cuestión tiene párrafos que no tienen desperdicio. Después de reconocer que la pretensión del BBVA de que le paguen lo que le deben “desde el punto de vista formal y de estricto ejercicio del derecho (¡Pues claro que desde el punto de vista del estricto ejercicio del derecho, pazguato, eres juez, no un árbitro de equidad, lo que tienes que hacer es aplicar la Ley, no lo que te da la gana!) no estaríamos ante un abuso de derecho”, lo cual ya de por si debería ser suficiente para revocar la decisión del juez de instancia al destruir la ratio decidendi se pone a hacer una “pequeña consideración” en la que viene a decir que, al fin y al cabo, si el valor del piso ha bajado es por culpa de los bancos que han creado la crisis, así que si el BBVA va a salir perjudicado, pues en el fondo está bien.

Lo digo en serio.

(…) si bien (…) la actuación del banco se ajusta a la literalidad de la ley y efectivamente tiene derecho a solicitar lo que ha solicitado, (…)ello no obstante no deja de plantemos una reflexión (…) relativa a la razón por la que la parte apelante impugna el Auto recurrido, por considerar que en realidad el valor de la finca subastada y adjudicada materialmente al banco, hoy por hoy, tiene un valor real inferior al que en su día se fijó como precio de tasación(…). La base de la manifestación de que la finca subastada tiene hoy por hoy un valor real inferior, se basa en alegaciones como que la realidad del mercado actual ha dado lugar a que no tuviera la finca el valor que en su momento se le adjudicó como tasación, disminución importante del valor que une a la actual crisis económica, que sufre no sólo este país sino buena parte del entorno mundial con el que nos relacionamos. Y siendo esto así y en definitiva real la importantísima crisis económica, que ha llegado incluso a que la finca que en su día tasó en una determinada cantidad, hoy en día pudiera estar valorada en menos, no lenin-delivering-a-speech-in-a-moscow-square-with-trotsky-watching-1918podemos desconocer que ello tiene también en su origen una causa precisa y que no es otra, y no lo dice esta Sala, sino que ha sido manifestado por el Presidente del Gobierno Español (…),que la mala gestión del sistema financiero del que resultan protagonistas las entidades bancarias.

No querernos decir con esto que el BANCO BILBAO VIZCAYA ARGENTARIA sea el causante de la crisis económica (Vaya, menos mal) , pero sí no puede desconocer su condición de entidad bancaria y por lo tanto integrante del sistema financiero, que en su conjunto y por la mala gestión de las entidades financieras que sean (…) han desembocado en una crisis económica sin precedentes desde la gran depresión de 1929.”

Y sigue:

Moralmente es rechazable que se alegue para intentar continuar la ejecución la pérdida de valor de la finca que servía de garantía al préstamo, que no se hubiera concedido si no hubiera tenido un valor suficiente para garantizar el préstamo concedido, que fue fijado por la entidad bancaria ahora ejecutante, o cuando menos aceptado, siendo que dicha pérdida de valor es directamente achacable a la crisis económica, fruto de la mala praxis del sistema financiero, que repetimos, aun cuando no quepa atribuirla directa y especialmente al BANCO BILBAO VIZCAYA ARGENTARIA, sí que no deja de ser una realidad que forma parte de los protagonistas de dicho sistema financiero, y de ahí que resulte especialmente doloroso, que la alegación que justifica su pretensión, esté basada en unas circunstancias que esencialmente y como vulgarmente se dice, ha suscitado una gran sensibilidad y levantado ampollas.

O sea, que si bien la petición es justa y ajustada a Derecho, resulta que no la concedo porque la considero “moralmente reprochable”. Vamos no me jodas.

Estoy seguro de que muchos de mis lectores más “progres” (o más impenitentemente comunistas, que haberlos haylos) ya están pensando en que hay que levantarle un altar a este señor (que, por cierto, se llama Fco. José Goyena, por si queréis escribirle a la Audiencia) capaz de plantarle cara a un gigante bancario internacional como el BBVA, levantándose para defender al hombre de a pie, que no solo ha perdido su casa sino que encima está amenazado por una malvada corporación que quiere embargarle hasta la camisa, y bla, bla, bla, y que es capaz de actuar con justicia y moral rompiendo los rígidos parámetros de la Ley en función de lo que es bueno y justo y moral y más bla, bla, bla. Bien, si sois de esta opinión, permitidme que os prometa que hay un mundo, no, un universo entero, más allá de vuestras narices. Lo prometo. Si guiñáis un poco los ojos seguro que lo veis.

El mecanismo que ha llevado a esta sala a dictar este auto, es decir, es justo y ajustado a Derecho pero no la concedo porque es “moralmente reprochable” es horrible. No tenemos jueces para que hagan lo que a ellos les parece moralmente correcto, los tenemos para que apliquen la Ley, que es reflejo de lo que nos parece moralmente correcto a nosotros, el Pueblo. No es tolerable que un juez anteponga sus propios principios a la Ley, lo que tiene que hacer es aplicar la Ley o, si eso le resulta verdaderamente imposible por su moral, abandonar la carrera o, como muy poco, abstenerse del procedimiento. Esto de “es legal, pero voy a hacer lo que me dicta mi conciencia” aquí lo veis muy heroico y digno de encomio, pero es el mismo mecanismo que permitiría, por ejemplo y aotros jueces, negar sus derechos a las mujeres o los homosexuales. “Oh, sí, ya sé que esta demanda de acoso sexual en el trabajo es justa y ajustada a Derecho, pero la voy a desestimar porque es moralmente reprochable que alguien vaya a la oficina así vestida”, por no hablar de “Oh, sí, ya sé que esta solicitud de adopción es justa y ajustada a Derecho, pero la voy a desestimar porque los solicitantes son maricas y la homosexualidad es moralmente reprochable en si misma”. En esa dirección no se puede dar ni un paso, entre otras cosas porque os garantizo que hay muchísimos más jueces que consideran que la homosexualidad (p.ej.) es moralmente reprochable en si misma que jueces que consideren que como los bancos han causado la crisis se merecen lo que les pase. Y que tienen muchas, muchísimas más ganas de volver a meter a la gente en el armario que las que tienen los otros de “hacer pagar a los bancos”.

Pero es que, además, desde el punto de vista de economía legal, esta decisión nos perjudica a todos. Tal y como están las cosas ahora, si yo pido un crédito para comprar un inmueble y luego éste baja de valor el riesgo es mío, exactamente igual que la ganancia es mía si sube de valor. Por eso, entre otras cosas, nos lo pensamos seis o siete veces antes de entramparnos para comprar un piso. Si esta sentencia crea jurisprudencia el riesgo se traslada al banco, que se encuentra con que si el piso baja de valor no va a recuperar lo prestado (pero si sube no ve un céntimo más, claro). Eso quiere decir que el riesgo de la operación, para el banco (que en realidad no tiene interés alguno en la operación en si misma), aumenta. Y esto quiere decir que para que a un banco le resulte matemáticamente rentable hacer el préstamo va a tener que subir los tipos de interés, o sea que nos va a costar más pedir un crédito, va a costar más que nos lo den, y nos va a salir más caro. A todos,

Y aunque para algunos tipos de mentalidad colectivista este tipo de distribución de la responsabilidad puede resultar atractivo (a la mía no, yo soy de los de que cada palo aguante su vela) el hecho es que a lo que se presta es al peor de los abusos. Si el auto creara jurisprudencia cualquier especulador inmobiliario podría irse a un banco a pedir un crédito para comprar inmuebles y especular con ellos porque sabe que el negocio solo puede tener dos resultados: (i) o el inmueble sube de valor, y él gana, o (ii) el inmueble pierde valor y entonces le devuelve el inmueble al banco en pago del préstamo, con lo cual él no pierde: pierde el banco. Y como los bancos no pierden, sino que trasladan su riesgo, nos subirán más los tipos hipotecarios. En otras palabras: estaremos financiando, y pagando, las operaciones de especulación inmobiliaria que suben el precio de los pisos que no podremos comprar nosotros mismos.

Ya sé que es muy bonito, y muy ilusionador, pensar que quedan héroes justicieros en el mundo, que trocan capas por togas y espadas por plumas y quitan a los ricos para dar a los pobres. Pero en realidad no es así y los pobres, o al menos los menos pobres como tú y yo, siempre acaban pagando. Nos ha costado muchísimo someter al Estado a la Ley, no podemos olvidarlo y tirarlo todo a la basura de un plumazo. Y tenemos que tener la suficiente perspectiva y profundidad de mira para darnos cuenta de qué es lo que hay detrás de las aventuras del Zorro y de cómo por cada libra que robaba Robin Hood el príncipe Juan subía los impuestos por dos.

No, chicos, no. Este auto es, en la forma, en el fondo y en las consecuencias, horrible. Y si alguien quiere discutirlo, aquí estoy.

Saludos,

Arthegarn.______________
(1) Para ser exactos primero piden un crédito de 59.390 y luego lo amplian en 11.865 más, total 71.255 €.
(2) Técnicamente no son los mismos, la condena es a 71.024 € de principal más intereses, costas y gastos. El hecho de que la condena sea por tal cantidad de principal quiere decir que esta gente dejó de pagar el crédito en seguida (¡solo amortizaron 231 euros de principal!), aunque esto no venga aparentemente al caso.
(3) En realidad aquí ya empiezan los problemas, porque un banco no quiere un inmueble para nada, lo que quiere es dinero para prestar e invertir, que es su negocio. Y esto lo digo aunque sé positivamente que algunos bancos, impelidos por estas ejecuciones y estas daciones en pago, han acabado montando sus propias inmobiliarias (
Anida el BBVA, Altamira el Santander…) bajo la idea de que, de lo perdido, saca lo que puedas…
(4) Exactamente 42.895 €.
(5) Exactamente 28.129,52 € de principal más 8.438,86 de intereses, costas y gastos.
(6) No tiene evidencias del cambio de valor de las propiedades inmobiliarias en España porque lleva desde septiembre de 2008 en Marte, con los ojos tapados, algodón en los oídos y cantando “No Pasarán” a voz en grito, supongo.