Sobre el valor y el ejercicio de la libertad de expresión

Abre tus labios solo si lo que vas a decir es más hermoso que el silencio.”
Proverbio árabe.

Le debo a mi querido amigo Eduardo Marqués, desde hace una semana una respuesta a su artículo sobre la masacre de Charlie Hebdo, que más parece una arenga a las tropas que la inteligente reflexión liberal que suelo esperar de él(1). Desgraciadamente no me va a dar tiempo a tratar uno por uno los puntos del mismo, como me hubiera gustado, pero sí que me voy a meter en sutilezas con el asunto de los límites de la libertad de expresión.

La primera idea perniciosa con la que tenemos que acabar es la de que la libertad de expresión no tiene límites porque sí que los tiene. Podemos discutir, como intentaré hacer en este artículo, donde están esos límites, pero el hecho es que sí que los tiene y que están marcados de dos formas: convencionalmente por las leyes y éticamente por el principio del daño(2). Los límites convencionales (legales) varían de nación a nación y de cultura en cultura y en pueden llegar a ser tan estrechos que, a la hora de la verdad, nieguen lo que intentan definir(3) por lo que no creo que sean relevantes a estos efectos; pero los límites éticos sí.

El primer y fundamental derecho que tiene la persona es a que le dejen en paz. A que no le maten ni le hieran ni le quiten lo que es suyo. Y en este derecho se incluyen tanto la protección contra los daños materiales como los morales. Lo de la protección de los daños materiales es bastante fácil de ver: yo tengo derecho a que nadie me de una paliza o me robe o me corte un brazo; requiere un poco más de perspicacia. El hecho es que existe alrededor de cada persona un conjunto de ideas intangibles en las que se apoya la parte más humana, social e intelectual de su vida, y que tiene uno tiene derecho a que nadie dañe ese bien que no por intangible es inexistente.

Como lo que acabo de decir se presta a muchas interpretaciones y utilizar las palabras exactas es bastante farragoso(4) voy a poner un ejemplo cercano: tú tienes derecho a tu imagen pública (que es un conjunto de ideas que existen alrededor de cada uno, específicamente sobre uno mismo y al que se dedican ingentes esfuerzos para configurar de un modo específico) y a que nadie la destruya. Si alguien va diciendo de ti que eres un ladrón y un sinvergüenza la gente no se fiará de ti: no encontrarás trabajo, nadie te prestará nada ni te alquilará nada, no encontrarás pareja y a lo mejor incluso pierdes amistades que no quieren contaminar su propia imagen por asociación. Por mucho que digan los ingleses aquello de que sticks and stones may break my bones but names will never hurt me lo cierto es que sí que sí pueden. Y como.

Queda claro pues que uno tiene derecho, como mínimo, a que no se le calumnie, a que nadie le joda la vida con mentiras(5). Establecido pues que la libertad de expresión tiene ciertos límites, lo que tenemos que preguntarnos es dónde están.

Por ejemplo, ¿qué pasa si alguien dice que soy un ladrón y un sinvergüenza y es yo en realidad soy un ladrón y un sinvergüenza? Entonces no me está calumninando, me está describiendo; no está contando una mentira sobre mí, está de hecho deshaciendo una mentira (mi falsa apariencia de honradez) para que brille la verdad. Recurrimos en este caso otro derecho, previo al de la libertad de expresión, que es el de la libertad de información. Si algo es cierto yo tengo el derecho (algunos pensamos que el deber) de difundirlo, y ese derecho es superior al derecho a la propia imagen. ¿Por qué? Porque la sociedad en su conjunto se beneficia de la verdad. Si eres un sinvergüenza, yo lo sé y no se lo digo a nadie, la sociedad se verá perjudicada porque continuarás aprovechándote de los demás; pero si eres un sinvergüenza y yo lo cuento la sociedad se verá beneficiada ya que estará al corriente de tus deshonestidades y podrá estar en guardia contra ti. En efecto, el derecho a la información está por encima del derecho a la propia imagen, siempre que la información difundida sea cierta(6). Lo que nos lleva al derecho a la libertad de expresión.

La libertad de expresión es hija : (i) de la libertad de conciencia, que dice que yo tengo derecho a pensar lo que me de la gana y a creer lo que me parezca bien(7) y (ii) de la libertad de información, que dice que yo tengo derecho a informar de hechos ciertos; y entra en juego cuando yo informo de una opinión, de una creencia que, aunque no puede ser demostrada, tengo la certeza moral de que es verdadera. Por ejemplo, puede que no sea cierto, o que no sea demostrable, que Bárcenas es un ladrón y un sinvergüenza, por lo que no tengo derecho a divulgar que lo sea. Pero lo que sí que es cierto es que yo creo que lo es y ese hecho tengo derecho a divulgarlo. Es en estos casos coando entra en juego esa especialidad del derecho a la información que llamamos derecho a la libertad de expresión.

Ahora bien, tampoco es ahí donde están los límites de la libertad de expresión. Si se limitara a la veracidad del hecho de que yo tengo una creencia X la libertad de expresión ampararía que yo difundiera, por ejemplo, que creo Hitler fue un gran hombre, que creo que el mundo estaría mejor si judíos (o sin moros, o sin gitanos), que creo que los negros son una especie inferior que nunca deberían tener acceso a la ciudadanía o que creo que los problemas de España se solucionarían en dos patadas con una guillotina en cada plaza por la que pasaran un buen puñado de [políticos / empresarios / vagos y perroflautas / banqueros / comunistas / fachas / rojos / catalanes / vascos], para que aprendan. O que creo que el sitio de las mujeres está en la cocina y que si le llevan la contraria a su marido se merecen un buen guantazo. ¿Verdad?

Queda claro que no. Que resulta que hay cosas que no las puedo decir. Aunque sean ciertas (porque sea cierto que lo pienso). La libertad de expresión no es una tarjeta de “salga de la cárcel gratis”; va a resultar no solo que tiene límites sino que son más estrechos de lo que aparecen en determinados discursos populistas y libertarios. Pero ¿por qué? Y, sobre todo, ¿dónde están los límites?

La razón por la que la libertad de expresión, o de hecho por la que cualquiera de nuestras libertades, tiene límites es porque el ejercicio de nuestras libertades tiene efectos sobre los demás y fb14215b8d52b1d0c690abd8a186e4c0y que esos efectos no son siempre positivos(8). El ejercicio ético y responsable de nuestros derechos implica preguntarnos sobre las consecuencias, no solo sobre nosotros sino sobre los demás, incluso mediatas y a largo plazo, que tiene el que yo realice una acción que aparentemente está permitida en abstracto. Supone, en otras palabras, dejar el mundo teórico y bajar al mundo real en el que vive (y sufre) la gente. Supone preguntarse, humilde y responsablemente, si voy a hacer más mal o más bien a la sociedad y a mi prójimo con la acción que considero, con la opinión que quiero difundir; preocuparse no solo por los derechos de uno, sino por los de los demás, entre otros a no sentirse insultado o agredido. Porque, como creo que todos sabemos, la integridad y la estabilidad emocionales son preciosas para todos, hasta el punto de ser indispensables. Cuando alguien ataca nuestra estabilidad emocional nos produce un daño, que en muchos casos se traduce en un dolor físico y que puede llevar a diversas enfermedades e incluso a la muerte(9). Y eso no solo nos pasa cuando nos atacan a nosotros; en muchos casos es mucho peor cuando atacan a quienes amamos. Es lo que tiene el amor, que nos hace empáticos con la persona amada, que cuando sufre ella sufrimos nosotros y que en muchos casos nos resulta más fácil soportar nuestro propio sufrimiento que el de aquellos a los que amamos. Ese daño, ese dolor, es real; y un ciudadano consciente, un ser humano íntegro, no puede vivir su vida ignorando el dolor que causa entre sus semejantes. Y, aunque resulte difícil de creer para algunos, ese amigo imaginario de los creyentes, Dios, es para ellos tan real como para vosotros vuestra madre, pareja o hijos; y cuando se le insulta, se le veja o se le hace de menos, les duele. Y mucho. Y como faltarle a tu madre a ti es faltarle a Dios a los creyentes, a la Corona a los monárquicos o sacarle a relucir el Libro Negro del Comunismo a un comunista.

¿Significa esto que deberíamos prohibir los chistes de mal gusto sobre Dios? ¿Que los de Charlie Hebdo se lo tenían merecido? ¿Que deberían haberse retirado de los quioscos los libros de Salman Rushdie, o los de Richard Dawkins, o El Jueves número 1580? No. No quiero decir eso.

Lo de Charlie Hebdo, como lo de Theo Van Gogh(10), es injustificable. En primer lugar por un asunto de justicia: el hecho de que yo sea te haga daño no te da derecho a ti a hacérmelo a mí. En segundo lugar por un asunto de proporcionalidad: no importa cuánto te hayan dolido mis palabras, acabar con mi vida no es una retribución proporcional. Y, en tercer lugar porque, si dejar en manos de los ciudadanos la represión por el abuso de la libertad de expresión es mala idea (como hemos visto), dejarla en manos del Estado es infinitamente peor. La libertad de expresión es, como la presunción de inocencia, imprescindible para vivir en libertad. Limitar la presunción de inocencia es, en última instancia, favorecer que el Estado pueda meter en la cárcel a quien quiera; de la misma manera, limitar por ley la libertad de expresión es darle a quien ostente el poder la capacidad de amordazar a quien quiera, permitir a quien dirija el Estado hacerse invulnerable a la crítica, superior a sus oponentes, perpetuo en el poder. Y de eso ya hemos tenido demasiado en el pasado y ya sabemos que no trae nada bueno.

Muchos lumbreras reniegan de la presunción de inocencia cada vez que un culpable escapa de su justa sentencia por un tecnicismo y piden a gritos una justicia distinta en la que los delincuentes vayan a la cárcel, porque está claro que este sistema que permite que los culpables se escapen no funciona, confundiendo que el sistema no sea perfecto con que no funcione, y las consecuencias indeseadas pero inevitables del sistema (que algunos culpables queden libres) con el objetivo del sistemaimages Quiero pensar de ellos que son simples bobos que no se han parado a pensar en el sistema que proponen como alternativa y las consecuencias que tiene y no verdaderos proponentes de ese sistema. De la misma manera, muchos puritanos reniegan de la libertad de expresión cada vez que, amparándose en ella, se ofende o insulta a lo que aprecian y respetan, y se atreven a sugerir un sistema en el que se prohíban faltas de respeto, insultos o vejaciones como los que decimos. Como en el caso anterior, prefiero pensar que son bobos. Los insultos gratuitos a la religión, a la corona, a la patria, al Real Madrid o a lo que sea, no son el objetivo del derecho a la libertad de expresión; son las indeseables consecuencias de ese derecho con las que, sin embargo, tenemos que vivir porque la alternativa, que es vivir sin libertades, no es considerable.

Y, dicho esto, dejada clara la necesidad imperiosa de la libertad de expresión y de que el Estado no pueda legislar más que mínimamente al respecto, ¿es tanto pedir, conciudadanos, un poco de empatía? ¿Un poco de responsabilidad? ¿Es tanto pedir, que no exigir, que antes de decir o escribir o dibujar algo, pensemos si vamos a hacer daño a otro? ¿Es tan grave sugerir que cada uno, en uso de nuestra libertad individual, piense si lo que va a hacer va a causar más bien que mal, más risa que ira, más felicidad que dolor a aquellos que le rodean? ¿Tanto pedir que se piense dos veces a ver si hay alguna forma de hacer reír que no haga rabiar a nadie? ¿Y que si, tras un examen de conciencia, llega uno a la conclusión de que quizá lo que iba a hacer iba a hacer sufrir a su prójimo, a su conciudadano, no lo haga? ¿No es elegir callar una inconveniencia, un insulto, una calumnia, también un ejercicio de la libertad de expresión? ¿O es que solo quien suelta sapos y culebras y estira esa libertad hasta sus es quien auténticamente la ejerce mientras que todos los demás, la inmensa mayoría de nosotros que nos movemos dentro de esos límites intentando no pisar demasiados callos a los demás porque no queremos que sufran somos unos cobardes mojigatos incapaces de decir lo que en realidad piensan? ¿Son la contención, la paciencia y la templanza defectos hoy en día?

Pues esto, amigo Eduardo, es la autocensura. Una mezcla de empatía, responsabilidad, autocontrol… y libertad individual.

Saludos a todos,

Arthegarn__________________
(1) Y es que lo siento, amigo mío, pero desde que estás en política tratas temas complejos y delicados, como los límites éticos de los derechos humanos, con la sutileza de una carga de caballería. Quiero pensar que lo haces porque buscas el voto, si no el aplauso, de la masa indistinta que puebla la parte alta de la campana de Gauss; que dices lo que dices porque el gran público al que te diriges no llega a más y no porque te estés volviendo tosco últimamente. Pero como nunca se sabe, y como aunque yo no sea parte de tu público objetivo sí que soy uno de tus fieles lectores, me vas a -tener que- disculpar que yo, en uso de esa libertad de expresión de la que hablas, y que en mi opinión tratas con la delicadeza de una verdulera metida a taxista, te haga algunos comentarios y precisiones.
(2) Si eres liberal, claro, si eres totalitario el principio del daño te da lo mismo. Claro que en ese caso también te da lo mismo el derecho a la libertad de expresión y, ya que estamos, todos los derechos individuales ya que solo existen y son dignos de respeto en tanto benefician al colectivo…
(3) Lo de la “libertad de culto” en Arabia Saudí, por ejemplo, es simplemente increíble.
(4) La idea básica, traducida a un lenguaje jurídico-político, viene a ser que la integridad emocional es, como la integridad física, un bien jurídico que debe ser protegido por el Estado. Esto implicaría, dada nuestra concepción weberiana del Estado como único capacitado para el legítimo uso de la fuerza, que esa protección debe ser dada por el Estado y no por los particulares. El problema es que nuestro concepto de la libertad de expresión deja al ciudadano idefenso ante el ataque a ese bien y la causación del daño ya que el Estado: (i) ni es efectivamente protege al ciudadano ni le permite protegerse a si mismo y (ii) ni obtiene coercitivamente del ofensor una idemnización por el daño causado ni le permite obternerla por si mismo.
(5)Este asunto tiene particular relevancia en la sociedad actual en la que la información (y la desinformación) se mueven a tanta velocidad y son tan difíciles de controlar. ¿Alguien se acuerda de Amanda Todd? ¿O, ,ás cerca, de Carla Diaz?
(6) Incidentalmente: los que defienden que la libertad de expresión no tiene límites defienden implícitamente que tan válida y digna de protección es la mentira como la verdad.
(7) Otra cosa es que tenga razón en lo que creo y pienso, por supuesto…
(8) Ni inmediatos. Ni fáciles de ver.
(9) Y a los casos anteriores me remito.
(10) ¿Alguien se acuerda de Theo van Gogh?

28 comentarios en “Sobre el valor y el ejercicio de la libertad de expresión”

  1. La parte en la que me llamas boba es la que menos me ha gustado. Pero claro, estas ejercitando tu sacrosanto derecho a la libertad de expresion…

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    1. Mi intención, particularmente contigo, no es ofensiva. Deberías conocerme mejor. Pero si no lo haces y crees que intento ofenderte, te remito a Marco Aurelio: “elimina tu opinión sobre la ofensa y eliminarás la queja “me han ofendido”; elimina la queja y la ofensa habrá desaparecido”.

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  2. Cometes el mismo error en tu articulo que Eduardo en el suyo: confundir la libertad de expresion con la expresion artistica. Una se mueve en el termino de lo real, y por lo tanto es pertinente de determinadas acotaciones, y la otra en el termino de lo ficticio y no deberia estar acotada en ningun momento. Todo lo que construis encima, tanto uno como otro, lamentablemente no sirve de nada.

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    1. No estoy de acuerdo. El origen del daño moral puede estar causado por información, desinformación, arte o lo que quieras, pero el daño es real y mesurable. La razón por la que existe libertad de expresión, y por la que se mueve en determinadas acotaciones, es por el daño que puede causar; el soporte, el origen artístico, literario, filosófico o periodístico, es irrelevante. Aparte de que no irás a defenderme en serio que las caricaturas de Charle Hebdo, o las portadas de El Jueves, se mueven en el estricto mundo de la ficción sin base real alguna, ¿verdad?

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    2. HK: sí y no. Es decir, si la expresión artística está en el terreno de lo ficticio y su finalidad es otra que la de ofender, tienes razón, debería poder decir barbaridades y la gente debería poder ignorarlas y no enfadarse, igual que los científicos no se enfadan porque la ciencia-ficción se salte a la torera las leyes de la Física una y otra vez. Pero en algunos casos, la expresión artística se utiliza como medio PARA ofender, pinchar, cabrear o menospreciar al vecino. Y entonces, que el vecino se cabree es perfectamente legítimo. ¿No debería estar acotada por NINGÚN lado? ¿La expresión artística debería ser el medio “carta blanca” para que el ofendido o cabreado tuviera que tragarse su cabreo con patatas, cuando es en principio la víctima y no el asaltante? No puedo estar menos de acuerdo.
      Cosa rara, estoy al 95% con Arth en este artículo, se salvan algunas conclusiones. Sí, la limitación tiene que venir por parte de las personas, hacerlo por ley es una locura. Sí, la respuesta mediante otra agresión es una mala idea y solo desencadena una espiral de violencia. Sí, encontrar una respuesta defensiva proporcionada a una ofensa requiere bastante más de materia gris que de mala hostia.

      Y sí, espero que algún día los chistes que menosprecian religiones estén tan mal vistos socialmente como lo están ahora los chistes machistas o racistas, ya que son efectivamente una forma de represión ante una sección de la sociedad. Otro punto es si realmente Charlie Hebdo estaba menospreciando el islam, que lo dudo mucho, y ahí entra en juego otra variable diferente: el baremo que cada individuo y sociedad pone como lo que es injurioso o insultante y lo que no es más que un garabato… inofensivo.

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      1. Salvo en tus dudas sobre si las caricaturas de Charlie Hebdo eran ofensivas para el Islam, 100% de acuerdo. A ese respecto seguro que Chema tiene mucho que decir, que últimamente está de un relativista cultural que pondría los pelos de punta a Ratzinger (cuando era Ratzinger). (Por si te interesa, mi opinión personal y creo que la de Chema es que todas son molestas y casi todas son innecesariamente insultantes. Aunque alguna tenga muchísima gracia, precisamente por la verdad que muestra, en la mejor tradición de la bufón shakespeariano).

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  3. Arthegarn, las principales limitaciones del derecho a la libertad de expresión residen en los delitos de injuria y calumnia, que suelen circunscribirse a personas físicas. Sobre una idea puedes decir lo que te dé la gana. El problema de fondo aquí es la colisión con lo sagrado, que ya no tiene cabida en nuestra sociedad. Lo dije por ahí y lo repito por aquí: casi cualquier razón para la autocensura (respeto, pertinencia, etc) es válida excepto el miedo. Y de eso es de lo que hablamos, no nos engañemos.

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    1. A mi no me líes: de miedo hablas tú y solo tú. Yo hablo de empatía.

      Respecto a las cortapisas de la libertad de expresión opino que te olvidas, muy convenientemente, de las limitaciones arbitrarias respecto al contenido. En España sin ir más lejos la libertad de expresión está limitada a determinados contenidos: me remito a modo de ejemplo a las prohibiciones de los artículos 607.2 (difusión de ideas o doctrinas que defiendan (entre otros) el nazismo) o 510.1 (apología del racismo, antisemitismo, etc.), o 491.2 (ofensa a la corona), 525 (ofensas a los sentimientos religiosos) del Código Penal. En otros países occidentales esas limitaciones van mucho más allá: en Alemania está prohibido (todavía hoy en día) publicar o leer Mein Kampf y lo del gran paladín de las libertades, Estados Unidos, es, en muchos casos, de risa.

      Respecto a que lo de que lo sagrado ya no tiene cabida en la sociedad te contesto que eso, simplemente, no es cierto. Puedes defenderme que es hacia donde debe tender la sociedad occidental y yo estaré de acuerdo o no, pero no puedes decirme que en la sociedad actual lo sagrado no tiene cabida. Lo sagrado existe, la ofensa a lo sagrado existe y el dolor que se causa existe; cerrar los ojos ante esta verdad es tan interesado como irresponsable.

      Y, por último, aquí nadie salvo tú habla de miedo. Quizá a ti te parezca que la única razón por la que uno deja de hacer lo que egoístamente desea es por temor a una represalia, pero yo defiendo lo contrario. Es, en el mayor de los casos, por una falta de conocimiento del daño real que se está causando, por ignorancia de lo que determinadas expresiones hacen sufrir al prójimo. Lo contrario, conocer el sufrimiento que se va a causar y aun así causarlo de buena gana, demuestra una falta de empatía rayana en la psicopatía que no quiero suponer a mis conciudadanos. Así que, no, aquí de miedo solo hablas tú, no te engañes. Bueno, y quizá Eduardo.

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      1. El enaltecimiento del terrorismo es una de las pocas leyes que se suelen aplicar con condenas, y porque hay un pacto de Estado al respecto. También hubo una doctrina Parot. En última instancia, la transgresión de lo sagrado se llama blasfemia. Eso no está tipificado. Te invito a que me muestres el rosario de sentencias condenatorias por ofensas a la Iglesia católica. Me quedo con la frase de Charb: “Hay que luchar hasta que el Islam esté tan banalizado como el catolicismo”. A mí el humor anticlerical me parece un poco viejuno y pasado de moda, pero defiendo que exista. Toda esta polémica ha surgido precisamente porque unos tipos han entrado a sangre y fuego en una redacción. De ahí que la “ofensa” haya trascendido. El debate de los iconococlastas es, literalmente, algo bizantino. A este paso se van a prohibir los anuncios de hamburguesas porque ofenden a los veganos.

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        1. A ver, por partes. Tú me estabas diciendo que las limitaciones a la libertad de expresión eran la calumnia y la injuria y yo te he demostrado que no. El hecho de que no se persigan las transgresiones a determinados límites legales, convencionales, no quiere decir que esos límites no existan. En un auténtico estado de Derecho por supuesto que serían perseguidos. Respecto a lo que dices de que la blasfemia no está tipificada, eso es porque lo sagrado no es, en un país aconfesional, un bien jurídico, luego no puede recibir protección del Estado. Ahora, los sentimientos religiosos de los ciudadanos, la integridad emocional de la que hablo en el artículo, eso sí que es un bien jurídico intangible pero mesurable y sí que merece, aunque en muchos casos no reciba, protección del Estado.

          Pore otro lado dices que te quedas con la frase de de Charb: “Hay que luchar hasta que el Islam esté tan banalizado como el catolicismo”. Y yo te pregunto: ¿por qué? ¿Por qué hay que luchar para banalizar nada? ¿Por qué es la banalización buena para nada?

          Aparte, Charb, y me parece que tú mismo, vivís en una burbuja de materialismo que os aísla de la realidad y no os deja ver las cosas como realmente son. El catolicismo no está banalizado como lo describes. Para cierta gente sí, por supuesto, pero para varios millones de católicos de profesión sincera, tanto en Francia como en España, es algo extremadamente importante y que duele cuando es insultado. Y lo sé porque he sido católico, mucho, y me acuerdo de como dolía. No confundas que la gente no reaccione de forma violenta frente a algo con que no les duela. Duele.

          Y ahí está el siguiente error: el pensar que porque los cristianos reaccionan de una forma ante un ataque el resto de las religiones va a hacer lo mismo. Los cristianos reaccionan con mansedumbre y perdón, y se arrepienten y disculpan cuando pierden los nervios y actúan violentamente, precisamente porque eso es lo que predica esa religión. Cuanto más profundo es el dolor de un cristiano ante el insulto, paradójicamente –para cualquier observador casual- , más mansa es la reacción. Pero el islam no es así, el islam no predica eso sino todo lo contrario; una vez más, falsa analogía. A base de insultar y vejar el catolicismo sin que este responda de forma violenta se ha llegado a dar una imagen social de banalización, de que a la gente ya no le importa, imagen que no es cierta, pero que existe. Pero usando los mismos métodos no vas a banalizar el islam; todo lo contrario, lo vas a hacer más importante. El héroe cristiano ante la ofensa se queda quieto y no responde; el héroe musulmán ante la ofensa coge una pistola y te pega un tiro, por Alá. Y el que no es un héroe cristiano quizá te pegue un sopapo y luego se arrepienta y mire a quien no lo hizo con admiración y prometa esforzarse en ser más como él; pero el que no es un héroe musulmán hará lo mismo que el cristiano: mirar al héroe con admiración y prometerse ser más como él.

          No. Nada bueno. Todo lo contrario.

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          1. Por partes, “banalizar”, tal como lo entiendo, es reducir la religión a la misma categoría que una ideología, una corriente artística o una moda. Eso, naturalmente, en el plano de la crítica social. Es decir, burlarme del Islam o del catolicismo de la misma forma en que hago una caricatura de Pablo Iglesias o de Rajoy. Eso no solo no excluye el derecho a tener unas creencias personales en el ámbito privado, sino que está en la misma balanza. El dolor de un cristiano se expresa de una forma más civilizada que la de un musulmán radical porque hay un proceso histórico detrás que pasa por la separación entre Iglesia y Estado. No era así en tiempos de la Inquisición. Y a eso me remito: tal como el criterio científico se impone al religioso en cualquier sociedad moderna, tal como hemos desechado la idea del emperador divino o con derecho divino que podían tener los aztecas, los japoneses o nosotros mismos hasta el fin del absolutismo, así también considero que la aconfesionalidad no es algo eurocéntrico, sino el desarrollo lógico de cualquier organización estatal de cualquier parte del mundo. Obviamente, si me voy a Arabia Saudí poco voy a poder banalizar, pero en nuestra sociedad no solo tenemos el derecho, sino el deber de velar por que todas las religiones (que asuman nuestro contrato social) reciban el mismo trato. De otro modo, será una religión o una creencia la que dicte los límites de la libertad de expresión en función de su propio radicalismo. Que a estas alturas, en una sociedad completamente audiovisual como la nuestra, haya que respetar las creencias de un iconoclasta del siglo IX es sencillamente risible. Otra cosa es que, personalmente, una sátira me parezca más o menos graciosa/pertinente/inteligente o lo que sea. Pero eso es otro debate y, sí, por supuesto, la libertad de expresión no existe en el vacío y tiene sus límites. Hasta ahí llego.

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            1. Ya, pero es que banalizar no quiere decir eso, lo que quiere decir es “dar a algo carácter trivial, común, insustancial”. Y, aunque tú quizá no quisieras decir lo que estabas diciendo, Charb sí. Lo que quiere decir es que los musulmanes tienen que tomarse su religión tan a chirigota como los “católicos no practicantes” (que esos sí que banalizan el catolicismo, y son legión) y eso, por la propia naturaleza del islam en el que la tibieza es pecado es simplemente imposible. De lo que habla es de “musulmanes no praticantes”, que no protestan ni de una ni de otra manera porque no les duele. Aclarado el punto, si quieres desdecirte de que estás de acuerdo con Charb ahora que sabes lo que quería decir me parecerá de lo más sensato por tu parte.

              Tampoco estoy de acuerdo en lo de que el dolor de unos y de otros se manifieste de forma diferente porque “hay un proceso histórico detrás que pasa por la separación entre Iglesia y Estado”. Ante todo, insisto, la manifestación es diferente porque los contenidos de la fe y sus sistemas morales derivados son diferentes. Pero es que además el proceso de separación Iglesia-Estado más importante no es el histórico sino el conceptual; sin el segundo no puede existir el primero (ver más abajo). “En tiempos de la Inquisición”, como dices, la separación conceptual Iglesia-Estado estaba más que imbuida en el imaginario occidental (entre otras cosas porque eran dos poderes que andaban a la gresca entre ellos desde hacía siglos) y la separación funcional ya se había llevado a cabo; te recuerdo que la Inquisición no quemaba a nadie, eran las leyes seculares y temporales del Príncipe las que condenaban a muerte a la herejía. La labor de los tribunales de la Inquisición era determinar si se había cometido esa herejía o no y, de haber sido así, se relajaba el reo al brazo secular. Así que lo siento, pero no.

              Para contestar a eso de que “la aconfesionalidad no es algo eurocéntrico, sino el desarrollo lógico de cualquier organización estatal” me remito a mi artículo Me remito a mi artículo “La no Inevitabilidad de la Democracia”, que creo que ya conoces, en el que creo que discuto de forma muy argumentada esa prepotencia occidental de “como nos ha pasado a nosotros que somos los que mandamos, eventualmente le pasará a todos esos bárbaros que viven en la edad media”. Y es que, en realidad, no. Tuvimos mucha suerte de que en Occidente desarrolláramos los regímenes de libertades que tenemos ahora y los mantenemos con gran esfuerzo muchas veces contra nosotros mismos. No todas las culturas están “condenadas” a evolucionar a una sociedad laica de la misma forma que no todos los animales están “condenados” a desarrollar pulgares oponibles. Cum hoc ergo propter hoc.

              Por último, si alguien ha firmado contigo el contrato social, debes respetar sus creencias, aunque sean las de un iconoclasta del siglo IX. En eso consiste el contrato social, en eso consiste respetar; no en respetar las cosas que te parecen más o menos respetables sino en respetar las que te parecen aberrantes (siempre que se queden en el plano de las creencias, las conductas son otra cosa). Parafraseando a Eddard Stark, sólo cuando se tiene miedo se puede ser valiente.

              Así que, lo siento, pero o seguimos sin entendernos o seguimos sin estar de acuerdo.

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  4. Perdón pero niego la mayor: Decir la verdad esta por encima de “la buena” educación, es mas, la cuestión creo que es bastante sencilla: “A donde fueres haz lo que vieres”….Es decir, con todas las reservas mentales, tal vez podría en mor de la buena educación, morderme la lengua en casa ajena, pero bajo ningún concepto, ni con mas limite que lo expresado por la ley, se puede exigir que mantenga mi “buena educación” en MI casa…Por otra parte, todo el mundo tiene perfecto derecho a indignarse (el mismo derecho que puedo tener yo de expresarme) pero NADIE, bajo ningun concepto, tiene derecho a intentar IMPONERME sobre todo por las malas SUS valores, morales y creencias….Si no le gusta lo que digo: Que no lo escuche.

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    1. Parece que no me hayas leído, amigo mío, porque esa mayor que niegas es como empiezo el artículo. Decir la verdad está protegido por el derecho de información, no por el derecho a la libertad de expresión, son cosas distintas, y el derecho a la información no admite coacciones ni restricciones. Lo siento, chico, pero esta vez estamos de acuerdo.

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      1. Me alegro infinitamente que estemos de acuerdo, y no es que no te hubiera leido, es que consideraba que tu mismo fe desdecias con tu reflexion final lo que habías afirmado con tu exposición previa…….

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  5. Ufa, tela, tela para cortar EVERYWHERE.

    En efecto, mi artículo tenía más de arenga que otra cosa y pretendía ser exactamente eso: Un “tenéis que daros cuenta de lo que está pasando”. Me parece brutalmente sintomático que a la semana de producirse ese atentado, unos fulanos que se hacen llamar “la educación occidental es sacrílega” mataran a 2000 personas en Nigeria y que detuvieran, precisamente en Francia, precisamente a un humorista por, precisamente, realizar chistes ofensivos. Me parece incuestionable que existe un ataque a los valores occidentales (empezando por la libertad de expresión) tanto dentro como fuera del propio occidente.

    Entrando ya en el debate del tema que nos ocupa, que es el de la libertad de expresión en sí (o al menos, intentaré acotarlo al mismo), mi postura es la misma que he tenido siempre con respecto a la justicia y la convivencia social: Debe de primar los derechos básicos e >individuales< del ciudadano. Es decir, yo no tengo derecho a causar un daño psicológico ni moral a otra persona (aunque pueda ocurrir involuntariamente). Pero cuando extrapolamos esos derechos a los colectivos y los intangibles… uf. UFFF. Siempre pasa algo horrible. Siempre. Sin excepción. Lo de "eso ofende a los musulmanes". ¿A quién exactamente? ¿Todos? ¿Algunos? ¿La mayoría? ¿Quién habla por ese "todos"? Al final esos "derechos del colectivo" (no confundir con los "derechos colectivos") a lo que llevan es, en última instancia, a la supresión del disenso: Hay ciertas ideas que no se pueden criticar, porque ya se sabe, atacar una idea es atacar a "todos" los que profesan dicha idea. O como dijo de manera mucho más suscita por el señor Valls (http://www.theatlantic.com/international/archive/2015/01/french-prime-minister-manuel-valls-on-islamophobia/384592/).

    Esa es una manera de cargarse el discurso público como otra cualquiera.

    Lo de la autocensura… ufff, estoy ya muy cansado para hablar de la autocensura. CONTINUARÁ

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    1. Lo que comentas de los derechos del colectivo no tiene, en este hilo en concreto, sentido si no es dentro del contexto moral de la auteocensura. Así que de momento habrá que dejarlo pasar…

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  6. Autoncensura. OK.

    Una cosa es lo que describes al final del artículo, que no viene a ser más que… educación. O sentido común, como lo quieras ver. Es obvio que sería imposible vivir en una sociedad donde todo el mundo dijera constantemente todo lo que piensa a todo el mundo con el que se cruza. El discurso se dosifica, o se intenta dosificar, con más o menos tino. La habilidad social consiste en gran medida, en encontrar el justo medio entre la erosión natural causada por la comunicación, y la agresión o daño a través de la misma. De ahí que clamar por una regulación de la misma por parte del estado sea un gravísimo error. Ya se regula de manera orgánica en las relaciones interpersonales: Insultar a alguien por la calle puede no tener consecuencias penales, pero tranquilos, que ya hay consecuencias (y penalizaciones) sociales para aburrir y que funcionan que es un primor ¿A quién le va mejor en la vida, al borde o al educado? Hagan sus apuestas. Sí, en efecto, hay veces en las cuales alguien “se sale con la suya” (¿Cómo ha llegado semejante cretino ahí?), y nos da rabia pero ese es el problema de toda nuestra compleja danza social, y casi si me apuras, inherente a la condición humana, con leyes o sin ellas.

    Pretender regular algo tan complejo, tan subjetivo, tan interpersonal y delicado como la ofensa o las relaciones a través del estado es como pretender usar una taladradora de la Krupp para hacer una traqueotomía. Para entender lo erróneo que resulta, voy a ofrecer una analogía menos tremenda: Pretender criminalizar la ofensa es como querer criminalizar la infidelidad. ¿Está mal ponerle los cuernos a tu pareja? Por supuesto que sí. ¿Inflinge la infidelidad daño psicológico y moral? No creo que nadie lo discuta. Entonces ¿Por qué demonios no se prohíbe ni penaliza decreto ley en mano? Pues primero, porque como en toda interacción social “en el pecado está la penitencia”, sobre todo, la penitencia social: Buena suerte a la hora de encontrar pareja, amigos o trabajo siendo infiel, maleducado y borde. Pero sobre todo, el principal argumento en contra de ello es que estás hablando de una esfera personal e íntima de la persona. Y al crear leyes para la misma, impones unos valores sobre algo tan sensible como la vida íntima de las gente, sobre sus creencias más sagradas. Que no tienen por qué coincidir con las del estado. La prohibición de hacer caricaturas de Mahoma impone sobre el no-creyente un valor islámico ajeno a su ser, de igual manera que prohíbir acostarse con gente fuera de tu pareja impone valores sobre el no-monógamo o los partidarios del poliamor. Y creo que eso sería crear un mal cien veces mayor para evitar un mal mucho menor.

    Y luego por supuesto, está el tema de la prudencia VS el miedo. Mi política personal a ese respecto, es la misma que ya expuse sobre la educación británica: Di lo que tengas que decir, pero dilo bien. Callarse por miedo a “pisar callos” (vamos, por miedo puro y duro) a lo que lleva es, en última instancia, a la llamada “Espiral del silencio” de Newmann, y ese es, vuelvo a insistir, otro método de control del discurso público tremendamente efectivo. Y dañino. Es algo que en un principio debería ser obvio, especialmente para todo aquel que viva en España, un país dónde hay una serie de temas que se han convertido en tabús a base de crear espirales del silencio, y en los que “casualmente” uno no puede defender una posición contraria al discurso oficial, so pena de demonización y linchamiento. Y ya ves tú lo que son las cosas, “casualmente” la única postura válida para defender en público es la defiende el partido que más tiempo ha gobernado el país (el PSOE). Ver también: Debate sobre la inmigración (puedes estar a favor o facha) debate sobre el estado de las autonomías (puedes estar a favor o facha) debate sobre el anticlericalismo (puedes estar a favor o facha) y así un larguíiiiiisimo etc de posiciones en las que no te queda más remedio que pisar callos si quieres defender tus ideas. Si eso tiene algo que ver con la prudencia o la empatía, que baje Dios y lo vea.

    Ufff, y creo que eso es todo. Espero haber dejado todo claro, y haber pisado callos sin haber ofendido a ninguno de los presentes.

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    1. Y ahí es donde te equivocas: al pensar que insultar a la gente por la calle tiene penalizaciones sociales.

      Insultar a según quién de según qué modo tiene penalizaciones sociales entre según quien. En España en concreto insultar a la derecha está bien visto, e insultar a la iglesia católica no te digo nada. No solo no te granjea consecuencias sociales, sino que todavía eres jaleado por ello, en una reacción a medio camino entre reírle la gracia al niño y la risa de los primates por activación de neuronas espejo como signo de pertenencia al grupo. Y en otros ámbitos, menores pero no por ello inexistentes, insultar a la mujer, al marica, al moro o al negro también está premiado y no castigado (al gitano no, que ese te raja). No son las cosas como las cuentas, me temo, amigo mío, ciertos insultos son casi condictio sine qua non para ciertos entornos sociales. Y lo bueno está en que tú mismo lo reconoces implícitamente dos párrafos más abajo. Coherencias, joven padawan, coherencia.

      Creo que confundes las churras con las merinas con lo del adulterio. Falsa analogía por lo menos. Pero como estoy de acuerdo con el fondo – legislarlo es un error – te la paso.

      Por último, abusas del término “miedo” cuando hablas de “miedo a no pisar callos”. No estamos hablando de eso y lo sabes; una cosa es callarse por miedo a que un moro aparezca con un fusil de asalto en la redacción y otra callarse por miedo a hacerle daño a alguien de quien esperas retribución. La primera acción está basada en la cobardía y, en última instancia, en la supervivencia; la segunda en la generosidad. No tiene nada que ver.

      Y el que no tiene nada que ver lo puedes ver, sensu contrario, con lo que es necesario para llevar a cabo la acción. En la sociedad en la que vivimos quien insulta a Mahoma puede ser considerado, bajo ciertas circunstancias, un valiente; pero decir que es un valiente no ya quien simplemente insulte a Cristo, sino que escupa en un ojo a un obispo en una catedral en medio de una misa (a Femen me remito)… Pues no.

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  7. Totalmente de acuerdo, aunque quiero recordar que la primera publicación polemica sobre mahoma en el Charlie, fué por un atentado en el que hirieron al periodista danés que primero se atrevió dibujar a Mahoma.
    Era necesario volver a dibujarlo sabiendo que solo conseguirias exaltar aun mas al mundo islamico, tanto el moderado, como el radical? Mi respuesta es SI, un rotundo SI. Tenemos ciertos valores, ciertas constumbres, y nosotros ya hemos estado allí, no hace falta decir lo polarizada que esta la sociedad española, izquierdas-derechas, Madrid-Barça, rojo-azul,perroflautas-fachas… y hemos entendido, tras muchos años, la necesidad de poder expresarnos con libertad, sin miedo a que un dictador o un inquisidor de pacotilla intente imponer su moral. Y eso, esta bien, es justo y deberiamos poder exportarlo al mundo, aunque para ello haya que invertir en educación en paises musulmanes, nos guste o no.
    Y sobre todo, hay que tener mucho cuidado con difamar a alguien, y si crees que te han vejado, para ello existen los tribunales y es a los que tienes que acudir.
    Creo que la libertad de expresión termina cuando intentas inculcar el odio, por ejemplo, exterminemos a todos los judios, o cuando de manera gratuita, dices que X médico se droga con los medicamentos del hospital, o que tal abogado paga sobronos a jueces etc. Todo eso, con pruebas, y si no las tienes, qeu caiga sobre ti todo el peso de la ley.
    Fuera de eso, prima mas la necesidad como nación de expresarnos, que la blasfemia.

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  8. Coincido en casi todo; pero sigo pensando que se entremezclan demasiado los fines (resumidos en el objetivo de alcanzar la mayor felicidad del individuo) con los corolarios (alcanzar la mayor felicidad de la sociedad en que se desarrolla el individuo), con los requisitos (seguridad, incluyendo el derecho a la vida y a la integridad física, libertad de pensamiento, incluyendo el derecho a la integridad moral, la libertad ideológica y de creencias; libertad de movimiento; libertad de comunicación; derecho a la educación…) y con los medios (libertad de expresión; libertad de manifestación; libertad de comunicación; libertad de reunión, igualdad ante la ley…)

    Ya sé que parece un refinamiento sin más consecuencia práctica que el simple valor epistemiológico; pero creo que tener esa distinción clara supone un rigor conceptual que, por lo menos a mí, ayuda enormemente a relativizar cada situación concreta.

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  9. Estimado Accolon y Arthegarn El Peregrino, mi pregunta es rebajandome al nivel de mero mortal, a ver si funciona. Supongamos que los dos me llamais hijo puta y os reviento la cabeza contra el suelo, en ese caso estaria atentando contra vuestra libertad de expresion?

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  10. Ok, vamos a ello.

    La libertad de expresión, a mi juicio, es algo cuyo límite se encuentra donde el resto de libertades; termina “ahí donde empieza la de los demás”. Una frase que creo resume de una manera filosófica (o remántica, según quien la vea) el principio ético del daño que mencionas en tu artículo. Si vamos a mencionar lo de Chalie Hebdo dentro de la ecación, a mayores veo un límite al “principio de daño”: Que esas burlas y caricaturas te hagan sentirte atacado es completamente respetable y normal, pero cuando ese daño te hace ver como justificable entrar en su oficina con un rifle de asalto, es cuando es mejor joderte y aguantarte. Es como cuando algún conservador imbécil sale en RTL poniendo a parir a los españoles ¡Claro que me siento atacado!, y a su libertad de expresión contestaré con mi derecho a acusarle de embustero y xenófobo, pero no a darle una paliza en la calle.
    Pero a ver, que me salgo del tema…
    Me gusta el ejemplo de “¿qué pasa si alguien dice que soy un ladrón y un sinvergüenza y es que yo en realidad soy un ladrón y un sinvergüenza?” y ahí suelo excusarme con “no es una opinión, es un hecho” y ahí mi libertad de expresión tan solo está ejerciendo la parte que cubre el mencionar lo que veo. Eso ya se sale fuera de lo que es una opinión.
    “El derecho a la información está por encima del derecho a la propia imagen, siempre que la información difundida sea cierta” Y eso lo he visto causar una cantidad de choques con el que podría llenar un blog entero, aunque en este caso sea por chocar con la ley. Seguro recuerdas en su día la polémica en USA a raíz de violadores recuperados que volvían a ser parte de la sociedad. Mucha gente no estaba a salvo ni los quería cerca y no eran pocos los que clamaban que tenían el derechos de saber si un “ex-violador” era su venico. ¿Tienen ellos ese derecho moral a vivir tranquilos? yo creo que sí, o al menos yo lo querría para mí, pero… ¿Y ese ex-violador que ya ha cumplido su deuda con la sociedad? pues yo creo también. Ahí tenemos un problema montado; cuando dos libertades no terminan en el mismo punto, sino que se superponen y entran en conflicto. Más de un conservador te dirá “pues si no quieres que te pase, no violes” y un liberal contestaría “Todos merecemos un segunda oportunidad” desde su posición segura. Pero eso es la respuesta facil que no contesta la pregunta; como quien contesta “Si tu hijo no quería morir tiroteado pues haberse quedado en casa” a una madre en Ciudad Juarez.
    Gran párrafo el de que si creo que Hittler es buena persona. Es que eso es algo que la gente olvida; la libertad de expresión (Como pasa con la tolerancia) tienes el tan molesto capricho de aplicarse siempre y no solo cuando a uno le gusta
    Añadiría a la desproporcionalidad que es quitar una vida como respuesta, el hecho irónico que siempre se da que el de que cuando matas a alguien porque ha insultado a su colectivo ya política, religión o aficiones (algunos sn comunidad, como yo al ser Gamer), auntomáticamente le has dado la razón al hacerlo (algo que últimamente se usa mucho contra el Islam, de hecho, y perdona por el meme: http://2.bp.blogspot.com/…/The+Innocence+of+Muslims.jpg)

    Y al final podía habértelo resumunido con esa primera frase (que es de mi madre, por cierto) de que mi libertad termina donde empieza la tuya… y la tuya donde empieza la mía. Si que alguien ejerza su libertas implica que yo no tengo derecho a constestarle eso no es libertad de expresión; eso es tiranía. Tiranía de bajo nivel. Como si comparas la cafeína con el Meth, ambas son drogas, cierto, y el no dejarme hablar en una conversación por miedo a tu represalia es la versión de bolsillo del “Si discrepas te encerramos” de cualquier nación totalitaria.

    Me encanta leerte caballero. Espero no haberme ido demasiado por los Cerros de Úbed

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    1. Pequeño extra: En la industria debatíamos, hace algo más de un mes, la decisión de dos franquicias de tiendas en Australia de no vender el “Grand Theft Auto v” despues de que un buen número de clientes protestaran por la violencia del mismo y su contenido misógino.
      Sobra decir que todos los fans del juego se alzaron en armas gritando que dónde estaba su libertad de comprar el juego y exigiendo que volviera a ponerse a la venta en dichas tiendas.
      Ok… ¿Y qué pasa con la libertad de dicha tienda de vender un producto o no? ¡Ah!, ¿que como no nos gusta ya no cuenta? pues noticia de ñyltima hora: sí cuenta, y en esa libertad se acaba la tuya.
      Y hablamos de un caso sencillo del derecho propio, no de que el gobierno te prohiba algo (Y de un jodido videojuego, ya vez que dolor).
      Tan sencillo, de hecho, que les puedo responder yo: En este caso su libertad está en la otra tienda, dos calles más abajo, donde si lo venden. La de esta supermificie que no quiere hacerlos, sin embargo, la destruyes si se la quitas. Es mi cafetería, y si no te quiero poner azucar con el café, es problema mío.

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  11. Para mi la libertad de expresión es básicamente poder decir lo que quieras sin que se atente físicamente contra ti, no psíquicamente.

    Que te llamen idiota es libertad de expresión, que te llamen al teléfono durante toda la noche para llamarte idiota no es libertad de expresión porque atenta contra ti físicamente (te impide dormir etc…)
    Ahora, la libertad de expresión no quiere decir, para mi, que no tenga consecuencias.
    La libertad de expresión está unida a la responsabilidad con lo que se dice.

    Cuando lo que se dice es una afirmación tal como “creo que Bárcenas es un ladrón” creo que es algo que Bárcenas puede exigir que se demuestre en los tribunales pues acusa a Bárcenas de haber robado, lo que es un hecho concreto. Decir “Bárcenas es una persona indeseable de la que no me fio” es libertad de expresión.
    Decir que “Dios no existe” es libertad de expresión, decir que en el Vaticano los curas se pasan a niños por la piedra, no es libertad de expresión (es una acusación), etc…

    Todo lo que dice en el final de tu artículo, lo comparto, pero es algo que debería venir de la educación (moral familiar, social), no de la ley, y por tanto, para mi no es susceptible de ser apartado de la “libertad de expresión”.
    Honestamente, en el Charlie H. llevan poniendo al Papa y a los curas haciendo todo tipo de salvajadas media vida, y hasta el momento no habían puesto precio a la cabeza de nadie en la Iglesia Católica. El tema no es por tanto la ofensa moral, sino la educación, es decir, la moral.

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    1. O no me explico o no estamos de acuerdo, estimado.

      Bárcenas puede pedir en los tribunales que se demuestre lo que digo. Es precisamente por eso que si he dicho “Bárcenas es un ladrón” estoy en un lío, pero si digo “creo que que Bárcenas es un ladrón” no lo estoy. Las razones por las que yo creo algo son totalmente personales; podría decir que bajó un ángel y me lo dijo. Por esa misma razón “Bárcenas es una persona indeseable” atenta contra su presunción de inocencia. “Opino que” delante de lo que sea es la carta de salir gratis de la cárcel.

      Respecto a lo de la Iglesia Católica, te remito a lo que le digo a David más arriba. No te creas que porque la profesión vaya por dentro no hay fe…

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      1. Bueno, no estoy seguro de si estamos en desacuerdo.

        Para mi la particula “creo que” no anula el resto de la frase, al fin y al cabo todos creemos, todas las afirmaciones son subjetivas.

        En ese sentido, yo distingo cual es la carga legal de lo que se afirma o cree, que para el caso es lo mismo, pues como dije antes, no podemos afirmar sin opinar. Por ello, para mi “creo que es un ladrón” es denunciable, tanto como “es un ladrón”, mientras que “es un indeseable” o “creo que es un indeseable” no, puesto que no afectan a aspectos legales o delictivos.

        Un ejemplo. Creo que cae de cajón, que sería denunciable una columna periodistica en la que se escribiese, sin base alguna “Creo que el señor Barcenas es un ladrón, además, creo que pega a su mujer, creo que viola niños, y creo que trafica con drogas”.

        Si despues de esto, sigue percibiendo desacuerdo, es que realmente, estamos en desacuerdo. XD
        Siento haber tardado tanto en responder, pero el sistema de archivo de correos de google me metio el aviso en otra carpeta “social”, y lo acabo de ver.

        Espero que le esté yendo muy bien. Voy a ver si leo algun post que tenga y del que no me haya enterado.

        Un saludo

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  12. Estoy de acuerdo de arriba a abajo, aunque… hay una fina línea en ese “yo creo que” que citas, de tal manera que entre omitirlo o no hacerlo, al ser divulgado por los medios tan masivos que tenemos ahora, constituye de facto una expresión libre, y para mí también entra bajo esa libertad de expresión, ya sea una certeza (un statement), o una creencia. De hecho, en muchos casos expresamos como certezas algunas creencias. Si yo digo: “Dios existe”, creo que todos entendemos que por mucha afirmación categórica que sea, es una creencia. En la práctica, esta gramática, sin un juez, taquígrafos y abogados de por medio, creo que tampoco hay que tenerla en cuenta (salvo precisamente que por obviarla acuses de algo que sólo debías de opinar y acabes en un juzgado, en ese caso ya hablamos de responsabilidad legal).
    Comentando algo sobre esto, yo ponía como ejemplo que los límites de la libertad de expresión los establece, éticamente, la propia persona que expresa, y es ahí donde entra esa autocensura, o dicho de forma más llana, ese poquito de por favor, que deriva de la responsabilidad que tiene uno al lanzar una idea, creencia, certeza, o creencia disfrazada de certeza. Y por eso, repruebo éticamente lo que hacía el semanario Charlie Hedbo, porque, sin entrar en el debate de que ofenda o no al Islam (yo creo que sí lo hace), estaba claro que estaba dirigido a ofender a grupos que reaccionan violentamente y que de hecho alimentan las razones de su odio en esa base. Por tanto, era intencionadamente provocativo.
    Y dicho esto, me atrevo a decir que me parece una soberana gilipollez cosas como que se pretenda linchar a todo aquél que dice una burrada como que “el holocausto no existió”. Usa su libertad de expresión para decir una burrada, tiene una responsabilidad ética sobre la cuál se le puede reprobar, pero no es objeto de censura. Y de hecho, es bueno para el conjunto de la sociedad que estas personas digan esas burradas y no escondan sus opiniones, o dicho de otra forma, por la boca muere el pez. De la misma forma, me aterra como defendemos la libertad de expresión y luego, a un chaval que en su perfil de facebook insulta al policía que fue arrojado a las vías del tren, se le detiene. ¡Ese chaval lo único que necesita es un par de ostias para que sus hormonas dejen carburar a las neuronas, por Dios!. Ojo, no digo que no pueda ser amonestado por vía administrativa, pero hombre, es un poco desmedido comparado con el posible y cuestionable daño que pueda hacer en ese uso irresponsable de la libertad de expresión, ¿no?

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