Las dos traiciones de Albert Rivera

Cuando se creó Ciutadans, allá por el 2005, respondía a un manifiesto (el cada vez más difñicil de encontrar “Por la creación de un nuevo partido político en Cataluña”), que proponía la creación de un partido liberal de centro izquierda en Cataluña de tronco español y que se opusiera al nacionalismo centrípeto y fraccionador, el “nacionalismo obligatorio”. Los ciudadanos de Cataluña no tenían 1435219647_770153_1435221509_noticia_normalesa opción de voto: si querían votar centro izquierda solo podían votar PSC, que históricamente ha estado en las garras del nacionalismo y es un verso libre dentro del PSOE, y si querían votar centrípeto tenían que votar PP, algo que a muchos les daba sarpullidos. Había que dar una salida a esta voluntad popular con un nuevo partido que se alejara de la vieja política confrontacional de bloques que imperaba en la política española, en la que los rojos no se podían sentar con los azules por “principios” y “cordones sanitarios”.

Cuando el partido se implantó a nivel nacional seguía teniendo estos tres rasgos identificativos: socioliberalismo, centripetismo y nueva política. El salto a nivel nacional se hizo con la vocación de ser un partido bisagra, centrista y centrado, que diera una pujol-robaalternativa a las diversas mayorías socialista y popular para pactar con alguien que no fueran los nacionalistas periféricos cuando no tenían mayorías absolutas. Y es que antes de que existiera Ciudadanos España solo podía ser gobernada de una de estas dos maneras: o sacando mayoría absoluta o cayendo en las garras de Jordi Pujol(1). La aparición en los últimos años en España de fuerzas populistas a la izquierda y a la derecha del arco parlamentario, formaciones en las que tienen cabida y poder decisión en ambos casos elementos extremistas hace, a mi juicio, todavía más crucial este papel bisagra de Ciudadanos. No se trata ya solo de que el partido en el gobierno no esté en manos de los nacionalistas periféricos, se trata además de que evitar que esté en manos y a la merced de los extremistas. Este es un papel crucial cuya importancia no puede ser en mi opinión exagerada.

Es bien sabido que tengo muchos desacuerdos con Albert Rivera y que milito en Ciudadanos no por él sino a pesar de él. Su primera traición a la misión de Ciudadanos se riveralibro-212x300produjo, en mi opinión, hace cuatro años, cuando el partido mandó a freír vientos la idea de renovación y de nueva política y apoyó la reelección de Susana Diaz como presidente de la Junta de Andalucía. Después de 38 años ininterrumpidos de gobiernos socialistas la junta necesitaba una renovación como el comer, necesitaba que alguien entrara con luz y taquígrafos a levantar alfombras. Un mismo partido no puede estar veinte años en el poder en una institución, es un asunto de elemental higiene democrática, máxime un partido sumido en los escándalos de corrupción en los que estaba el PSOE-A. Esta no fue una buena idea, máxime porque la aupó al gobierno sin entrar en el mismo, pero en fin.

Lo que Albert Rivera y sus adláteres están obligando a Ciudadanos a hacer ahora, en cambio, no tiene excusa. Este partido tiene la vocación, la responsabilidad, de evitar que el gobierno de España se vea en manos de extremistas y nacionalistas periféricos y ahora está precisamente en las mejores condiciones de cumplir esa función. Podríamos dar a España un gobierno estable durante cuatro años, gobierno ejesus-y-judas-en-jesucristo-superstarn el que podríamos entrar en justicia con la vicepresidencia y un 30% de las carteras. Para eso voté yo y para eso hice campaña. Pero ¿qué está haciendo nuestro preclaro caudillo? Establecer un cordón sanitario alrededor del PSOE de Pedro Sánchez como siempre criticamos que se hiciera. No sentarse a negociar de buena fe como siempre criticamos que se hiciera. Empujar al partido socialista más débil que se haya visto ganando unas elecciones a la necesidad de pactar con los nacionalistas más empoderados que se han visto nunca y con el populismo de izquierdas de Podemos y quedar efectivamente como su rehén. Un desastre, vamos.

Es una traición, no tiene otro nombre. La dirección de Ciudadanos ha tomado la decisión estratégica de intentar fagocitar a un PP en horas bajas para volverse el partido de referencia del centro derecha; abandonar su vocación de bisagraMedias de pitos y volverse pilar. Y aunque es comprensible que los partidos políticos aspiren a llegar a la presidencia del gobierno y a ganar las elecciones y que tomen las decisiones que les parecen más apropiadas para, a medio o largo plazo, conseguir este objetivo, no tiene por qué gustarme ni que parecerme buena idea en este caso. Yo estaba muy a gusto votando al partido bisagra, la verdad, el que está en medio tiene la ventaja de que vas a estar en más gobiernos que cualquiera de los otros partidos. Quizá no como presidente, pero tu huella en la política nacional y sobre todo en la legislación va a ser importantísima, indeleble. Hay más formas de jugar a este juego que “jugador de chica, perdedor de mus”.

Poco a poco nos volvemos a quedar huérfanos los liberales. O Ciudadanos rectifica o va a perder mi apoyo y el de mucha otra gente y, cuando lo haga, se encontrará con que muchos lo que haremos será votar al Partido Popular. Porque si he de elegir entre el original y la copia me quedo con el original, que además tiene más experiencia y mejores cuadros.

Rectifique, Sr. Rivera. Por favor se lo pido.

Arthegarn.

(1) Y, en su caso, de otros partidos nacionalistas. Es muy conocida la negociación del PP de Aznar con Coalición Canaria para conseguir apoyos en su primera legislatura, cuando CC dijo, simplemente “queremos lo mismo que les deis a los catalanes”. Aznar les sacó ajustarlo por PIB pero nada más.

Ni la sombra del fascismo y cómo decir lo mismo.

Me gustaría decir que no me cansaré de repetir que Vox no es fascista pero no es cierto. Estoy más cansado que el mecánico de los Transformers. Y la cosa está en que cuando se pone uno a discutir en serio con el 95% de la gente que va por ahí diciendo que Vox es fascista se encuentra con que, en realidad, piensan lo mismo que uno: que fascistas, lo que se dice fascistas, en sentido técnico, no son; que es una hipérbole o un simil o una sinécdoque, hombre , que tampoco es para ponerse así.

En vista de ello y de que he tenido un rato me permito listar, por orden alfabético, algunas de las formas de decir que Vox es fascista que no me harán saltar a defender a Vox en vuestros muros de Facebook, cosa que de verdad no me apetece hacer, y que pueden incluso acercarse más a lo que verdaderamente queréis decir. Así, que, por orden alfabético, Vox es fascista

  1. de andar por casa.
  2. de arate cavate (esta me encanta).
  3. de boquilla.
  4. de campanario.
  5. de cartón piedra.
  6. de cascabel gordo.
  7. de chichinabo.
  8. de chirigota.
  9. de chiste.
  10. de chufla.
  11. de coco y huevo.
  12. de colorines.
  13. de consolación.
  14. de corcho.
  15. de cortas miras.
  16. de cuarta mano.
  17. de dientes afuera.
  18. de farol.
  19. de juguete.
  20. de lanzada a moro muerto.
  21. de lástima.
  22. de loquero (o de psiquiatra).
  23. de mala ley.
  24. de mantequilla
  25. de mear y no echar gota.
  26. de media pensión.
  27. de medio lado (o de costadillo)
  28. de medio mogate.
  29. de medio pelo.
  30. de mentirijillas.
  31. de mesa camilla.
  32. de muerte en junio.
  33. de ocasión.
  34. de oídas.
  35. de opereta.
  36. de pacotilla.
  37. de pandereta.
  38. de pata de banco.
  39. de pega.
  40. de pena.
  41. de penalti.
  42. de pitiminí.
  43. de poca monta.
  44. de postal.
  45. de prestado.
  46. de puro trámite.
  47. de quiero y no puedo (esta creo que es perfecta).
  48. de rebote.
  49. de repicar y no saber dónde.
  50. de refilón.
  51. de sainete.
  52. de salón.
  53. de segunda.
  54. de sobremesa.
  55. de tebeo.
  56. de temporada.
  57. de tenderete.
  58. de tente mientras cobro.
  59. de tercera fila.
  60. de tres al cuarto.
  61. de todo a cien.
  62. de usar y tirar.
  63. de vacas gordas.
  64. de vía estrecha.
  65. de vuelo bajo.

Hala, un placer.

Arthegarn