La difusa línea roja

Tú imagínate que sabes un porrón de algo. Pero un porrón. Porque llevas toda la vida trabajando en ello, por ejemplo, pero no tienes un papelito que diga que sabes del tema. A lo mejor llevas quince años de secretaria en un despacho de abogados y las demandas las escribes tú; o diez años persiguiendo criminales en la policía y aprendiendo cómo se comportan y cómo se reúnen pruebas. Quizá seas el hijo de un obrero que no se terminó el instituto pero que ha montado y dirigido durante veinte años un complejo industrial que ahora vale 50 millones de euros. O igual eres un funcionario de Administraciones Públicas o Hacienda que lleva doce años trabajandotitulitis en financiación autonómica, qué se yo. Lo importante es que eres alguien que tiene los conocimientos necesarios para desarrollar una actividad, que la llevas desarrollando de hecho un porrón de tiempo y que encima eres bueno y respetado en lo tuyo.

Pongamos un ejemplo concreto, imagínate que eres secretaria de dirección, que llevas diez años trabajando en multinacionales de alto nivel en puestos de mucha responsabilidad, siempre con resultados y críticas excelentes, que tus compañeras secretarias de otras empresas te tienen en muy alta estima y que de hecho incluso has dado cursos en asociaciones profesionales, empresas y, qué se yo, CEPI por ejemplo, sobre la profesión: cómo ser buena secretaria, como lidiar con jefes difíciles, qué busca un empleador en una entrevista de trabajo, ofimática de gestión… o incluso un curso titulado “Cómo usar a tu secretaria” que, más allá de lo políticamente incorrecto del título, se dedica a explicar a muchachetes de 26 años recién contratados que acaban de terminar el máster y no han pisado una oficina de verdad en su vida que: (i) por mucho que su secretaria tenga muchísima más experiencia, sepa muchísimo más que ellos de la empresa y pueda ser su madre en edad, dignidad y gobierno, los jefes siguen siendo ellos y tienen que acudir a ella para mandarle cosas y que (ii) las secretarias son compañeras de trabajo y no esclavas, peldaños, o sirvientes.

Pero que, mira tú por donde, no tienes el grado en secretariado de alta dirección. Que existe. Desde hace poco pero existe: el secretariado es ahora una profesión titulada, ya ves tú. Tienes los conocimientos, sobrados, de hecho podrías dar clase en ese grado y enseñar a las nuevas secretarias a ser tales como de hecho ya ha ocurrido. Sabes, pero no tienes un papelito que diga que sabes(1).

titulitisY que de repente resulta que haces una entrevista para mejorar tu puesto en otra empresa y ¡sorpresa! te dicen que para ese puesto solo contratan graduadas en Secretariado. O que para ascender en tu empresa (o en la administración pública, que también pasa) tienes que tener estudios superiores como, por ejemplo, ese grado. Putadón, ¿no?

Supón que de repente, out of the blue, charlando con un conocido de la Universidad Regional de Juana Chaos (una universidad privada pequeñita que es un poco un chiringuito del Partido P’ayudar), que precisamente está impartiendo ese grado, cuando estás quejándote del asunto te dice algo del estilo de: “¡Qué me dices! ¡Menuda injusticia! Oye, ¿por qué no te matriculas en mi universidad? Total, te vas a sacar el grado con la gorra, no creo que haya nada que te podamos enseñar, de hecho deberías estar tú enseñando ahí, ¿quién sabe más de secretariado que tú?” “Pero se ha pasado el plazo de matrícula y además la carrera es presencial y yo no tengo tiempo para ir a clase, tengo un trabajo de verdad”, dices. “Bueh, eso no es nada. Lo del plazo de matrícula lo arreglo yo con Secretaría y ya hablaré con los profesores para que sean conscientes de tu caso particular, mientras hagas los exámenes y los apruebes ¿qué más da que vayas a clase? ¡Si ya te lo sabes!” y tal. Le dices que te lo pensarás por no decirle que no pero te vas a casa con el runrún…

Unas semanas después te llama y te dice “Oye, he hablado con el Rector de tu caso y es que nos interesa contar contigo. Eres muy conocida en el sector y que seas alumna de nuestro grado le daría prestigio y publicidad, y es que además queremos ofrecerte una plaza de profesora cuando tengas el título. No te preocupes, no sería mucho, un par de horas por las tardes enseñando Office Management, seguro que en tu empresa te dan permiso. Fíjate que estamos tan interesados que estamos dispuestos a becarte: te sacas la titulación sin que te cueste un céntimo. ¿Qué me dices? ¿Eh?”

Y, claro, si te lo ponen así, pues te apuntas, claro. Y vas solo a los exámenes y la mayoría te los sacas con la gorra hasta que te titulitisqueda el trabajo de fin de carrera que, simplemente, no tienes tiempo de hacer porque, oye, es que tienes un trabajo de verdad. Así que, pasado un tiempo, te vuelve a venir tu conocido y te dice: “Oye, ¿qué pasa con el trabajo de fin de carrera, que es lo único que te falta para tener el título?” “Pues que no tengo tiempo de hacerlo, la verdad, es que…” “Bueno, mira, no pasa nada. Tu presenta cualquier cosa y ya hablo yo con el profesor Frijólez para que entienda tu situación.” “Hombre, no sé, no me parece muy bien, Frijólez y yo nos llevamos muy bien pero…” “No, no, en serio, insisto. Mira, Frijólez te tiene en muchísima estima y opina que serás una profesora excelente, aparte de que ya seas una profesional como la copa de un pino. Pero para ser profesora primero tienes que tener el maldito título, no basta con que sepas lo que hay que enseñar, necesitas el papelito. Y en la universidad todos sabemos que te lo mereces y te lo queremos dar, pero para dártelo tienes que presentar el trabajo de fin de carrera. Es una formalidad pero es imprescindible.” Total, que esas vacaciones de verano te descargas tres trabajos sobre gestión de oficina de El Rincón del Vago, los fusilas, le añades unas cuantas cosas (y le corriges otras porque, la verdad, viniendo de donde vienen tampoco son de una calidad que te parezca aceptable) y presentas el resultado como trabajo de fin de carrera. Y, milagro, en septiembre, por fin, eres graduada en Secretariado de Dirección (con un 7,5 en el trabajo, oiga) y ya tienes un papel que dice que eres capaz de hacer el trabajo que llevas trece años haciendo y que te permite seguir ascendiendo. Tachín, tachín.

*     *     *

Poneos un espejo delante, sobre todo los más mayores que ya tenéis una carrera profesional y sabéis de lo que hablo. ¿No os sentiríais tentados si os pasara algo así? Porque yo, la verdad, sí. Ahora imaginad que caéis en la tentación. O si sois tan young businessman in suit telling a lie with the fingers crossedilusos escrúpulosos como para que os resulte inconcebible, pensad en el ejemplo que he puesto más arriba. El hecho de que esta persona haya obtenido el título como lo ha obtenido, ¿supone que es básicamente deshonesta? ¿Caer una vez en la tentación te convierte en alguien básicamente inmoral? ¿Básicamente indigna de confianza? Yo lo que veo es una persona que, enfrentada a una situación muy concreta, con circunstancias casi irrepetibles, cae en la tentación de hacer algo que, sí, es deshonesto, pero que ella en realidad no consideraba que lo fuera tanto porque, como ya hemos establecido, los conocimientos los tenía y solo necesitaba el papel que lo dijera? El que se haya sacado el título de secretaria así, ¿hace que sea mala secretaria o la inhabilita para serlo? ¿De verdad? ¿Borra de un plumazo todo lo bueno que haya podido hacer en su carrera profesional y en su vida personal, todos los logros que haya podido obtener, y la convierte en una paria indigna de confianza a la que no se puede ni dar treinta céntimos para ir a comprar el pan? ¿Diriais que sí? Yo no.

*     *     *

Esto que precede es pura ficción. No estoy sugiriendo que esto o algo parecido fuera lo que le pasó a Cristina Cifuentes (aunque sea posible) ni quiero con esta parrafada defenderla en el Mastergate. Ni a ella no a los 200 mandos de la policía nacional que supuestamente se han sacado poco menos que así el grado en Criminología y que son verdaderamente los que han inspirado este artículo. Quiero defenderme a mi mismtitulitiso de una serie de ataques que he estado sufriendo estos días y tratar de explicar con un ejemplo por qué me he resistido (por lo que se ve con uñas y dientes) a condenarla por el asunto de su máster: porque no tengo todos los datos.

Cuando salta la noticia uno no sabe en qué circunstancias se matriculó ni cuanta ayuda tuvo, si mucha o poca, y cuán ilegítima fue esa ayuda. Pero sí que puede imaginar, yo al menos y sin demasiado problema, escenarios  como el de arriba en los que hacer la vista gorda cuando te regalan un máster (o unos trajes, o lo que sea) no es tan grave; amén de otros todavía más exculpatorios. ¿Deshonesto? Desde luego. ¿Está feo? También. Pero no tiene por qué ser algo que te arroje de forma inmediata y sumarísima al infierno, puede parecerse más a un pecado venial que a otra cosa. Aunque sea malo, que lo es, puede ser, en una palabra, perdonable.

Así que con este tema me pasan tres cosas. La primera, el furibundo liberal defensor de la presunción de inocencia como principio moral que llevo dentro. La segunda, el no menos furibundo e imbricado cristiano que llevo dentro que cree que, bajo ciertas condiciones, casi todo es perdonable. Casi todo, no todo: chantajear es imperdonable, aceptar un titulito como un soborno es imperdonable, valerte de tu cargo o de tu posición para presionar a una universidad o a un profesor para que te dé un titulito es imperdonable y desde luego mentir en sede parlamentaria es imperdonable. Pero aceptar un titulito por peloteo, por ejemplo, en plan cohecho pasivo impropio, o aprovecharse de las circunstancias para sacarse un grado con 60 créditos en vetitulitisz de con 180 cuando no haces técnicamente nada ilegal, en cambio… Estos casos, como me pasó hace años con el caso Monedero, me parecen bajo ciertas circunstancias, perdonables. Blando que soy, supongo.

¿Qué circunstancias? Pues las de la teología clásica: arrepentimiento, propósito de enmienda, confesión y penitencia. Si te pillan en un renuncio como estos y lo reconoces, lo admites, manifiestas tu arrepentimiento, pides perdón y pones tu cargo a disposición de quien te lo ha dado por si has perdido su confianza, vale. Si, en cambio, lo niegas todo, afirmas a todas horas que el master es tuyo y que está bien dado y encima en vez de confesar y pedir perdón lo niegas todo ante el Parlamento o ante un juez o ante el Pueblo o ante tus padres… pues al cuarto de los ratones, rincón de pensar-en-lo-que-has-hecho. Que yo perdono a quien se arrepiente pero lo primero es arrepentirse.

Hay una tercera cosa que me pasa y es que soy un pragmático. Ya sé que muchos opináis que pedirle a un político que no mienta en su currículum es un asunto de elemental decencia(2) y os doy, básicamente, la razón porque estoy de acuerdo. Pero en un caso como este, en el que tiene (o tenía al principio porque cada vez menos) la pinta de que el título se expidió efectivamente aunque de forma irregular en primer lugar creo que se podría construir un caso sobre que en realidad no hubo mentira y en segundo lugar y sobre todo, 5_Weaverme asalta la duda de si el remedio no va a ser peor que la enfermedad. Me pasa lo mismo, otra vez, que con Monedero y es que, como decían en Cabin in the Woods (si no la habéis visto vedla) “we work with what we have“. Conociendo la fauna política de España y las ganas que se le tenían a Cifuentes, tanto desde su propio partido (y es que mucha gente del PP no le perdona que vaya de ser más incorrupta que el brazo de Santa Teresa cuando la mierda ha tenido que olerse a kilómetros) como desde la oposición, si lo peor que le han podido encontrar ha sido esto me hace pensar que está, sobre todo comparativamente, limpia como una patena. Y, claro, como encima a mi me gusta la gestión que está haciendo de la Comunidad de Madrid (me parece mejorable pero en general buena) tengo una cierta reticencia a acabar de un plumazo con su carrera política por una cosa así. Mirad que después de Esperanza Aguirre vino Ignacio González…

Bueno, no. En realidad no tengo una cierta reticencia. La tenía, y la tenía a acabar con su carrera política por un asunto no totalmente claro que podía, o podía no, pasar de mi difusa línea roja. Era el mastergate de Schrodinger, que a la vez era y no era causa suficiente para cargarse a Cifuentes… hasta que mintió en sede parlamentaria y dijo que había defendido un trabajo en un acto presencial que no se celebró. Mentir en sede parlamentaria es imperdonable y convierte, por extensión todo el asunto en imperdonable. Así que ya, independientemente de que presionara o no o de que se aprovechara de las circunstancias o no o de que sea básicamente honrada o no o de que sea buena gestora o no voy a volver a decir lo que llevo diciendo todos los días desde hace una semana. ¡Cifuentes dimisión!

Salud y evolución,

Arthegarn______________________

(1) Todos los ejemplos que he puesto hasta aquí responden a personas reales que conozco desde hace entre 10 y 37 años.
(2) Y cuando me decís esto no puedo evitar preguntarme cuántos de vosotros habéis mentido en vuestro currículum o, peor todavía, sonreírme porque sé las trampas que habéis hecho para evitar pagar IVA o IRPF. Probablemente quien esté más a salvo de  entre los que dicen esto a diestro y siniestro sea mi tocapelotas favorito, Mithur, lo me entristece solo un poco menos de lo que me alegra.

21 comentarios en “La difusa línea roja”

  1. Ufff…..
    Te puedo comprar parte del discurso, pero dos o tres medias verdades, no hacen que un discurso sea verdad.
    Siguiendo la antología de la secretaria, podría llevarte a comprar lo de los 200 comisarios o inspectores jefes que entraron en el cuerpo durante la transicion como “secretas” afines al régimen y que durante la unificación los hicieron inspectores, muchos de los cuales no tenían ni carrera y que han ayudado a ascender en el cuerpo por se carrera profesional…. Aunque no a todos ellos, y es ahí donde radica el problema… Solo ayudaron a los afines al partido, porque los querían ahí arriba para que cuando necesitaran una detención mediática, una información o filtración policial o parar una investigación, estos supieran lo que se les había dado.
    En el caso de una secretaria de dirección no pasa nada, porque es una persona trabajando para un ente privado, que si no resulta, se la crujen y se acabó, pero cuando una universidad le da un título o favor a la delegada del gobierno que está en todas las quinielas para ser la candidata a presidenta de la comunidad, y que va a ser entonces la que decida las partidas presupuestarias de las universidades y por ende tu jefa, que te decía un par de favores te va a sentar de bieeennnn….
    Y después tenemos a la pobre universidad, que quedara como la que regala títulos, la que devalúa sus estudios y la de todos los alumnos que estudiaron pagaron y se esforzaron y cuyos títulos ya se han devaluado…. Como si hubieran comprado peso argentinos o bolívares.
    Pero el colmo, y ahí coincido contigo, es cuando te pillan con el carrito del helado, y te atornillas a la silla y mientes en el Parlamento, a la cara de todos y dices…. “-Cariño, esto no es lo que parece -con la polla del amante en la boca”.
    Y sobre la buena gestión de la buena mujer y su inocencia en temas como gurtel, Lezo o canal de Isabel segunda…. Que pese a incrementar la deuda de la comunidad sin hacer nada y estar volando por toda esa mierda, ciudadanos la haya rescatado y no la haya dejado caer…. Pues una cosa no implica directamente la otra, porque si no veía o avisaba de toda esa mierda…. O es que comía o es que le interesaba callar… Pero si tú la quieres santificar….

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    1. Mezclas muchísimas cosas y te pierdes, creo yo, el argumento central, que es la carencia de pruebas suficientes en ese momento para condenar, siquiera moralmente y de acuerdo al menos a mi propia moral, a Cifuentes por lo del máster. Incluso si fuera cierto (como parece) que lo obtuvo de forma irregular se me ocurren muchos escenarios en los que esas irregularidades son disculpables en lo que atañe a Cifuentes. En lo que atañe a la Universidad, en cambio, no lo son; la URJC nunca debió dar un título a quien no pasó los requisitos legales para ell mismo. Que la hubieran hecho doctora honoris causa si querían, que es perfectamente legal, pero ese procedimiento es, desde el pnto de vista de quien abusa de su poder para hacer lo que no debe, siempre inmoral, siempre prevaricante. Y si encima solo se lo das a los del partido X, peor. Pero en lo que atañe a Cifuentes yo necesitaba más contextualización antes de la condena – y la sigo necesitando por esos hechos.

      Estoy de acuerdo, hubiera sido mucho más correcto por parte de Cifuentes rechazar el favorcito – y mucho más inteligente, a la vista de los resultados. Pero la pregunta que me hago no es qué hubiera sido más correcto sino cuán incorrecto, y qué castigo merece, lo que efectivamente ocurrió y siempre teniendo en cuenta que aun no tenemos todos los datos. Pero, sí, lo que hay que hacer es mantenerte a un año luz de algo que pringue y por eso existe la figura del cohecho pasivo impropio.

      Respecto a si la gestión al frente de la Comunidad ha sido buena o no lo ha sido eso , estarás conmigo en que es obiter dictum y en que además, las cosas como son, yo opino una cosa, tú otra, y no te voy a convencer en un veinte líneas.

      Y santificar, nada. Dimisión.

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      1. Estás asumiendo que fue la URJC la que ofreció eso a Cifuentes, cuando podría ser que ella hubiera solicitado el trato de favor. Es incluso más plausible

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        1. Noooooo. Estoy asumiendo que es una posibilidad. Las presunciones no funcionan con lo que efectivamente pàsó sino con las posibilidades de lo que pudo pasar. Cuando tratas con pruebas, tratas con hechos. Cuando tratas con indicios tratas con suposiciones y posibilidades.

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  2. Voy a tener que leerte menos por aquello de no reafirmar la propia forma de entender la realidad 😉 (sesgo de confirmacion)

    Porque no puedo evitar sentir alivio al ver que la realidad que yo veo es compartida por, al menos, alguien mas …

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  3. Me cago en mi vida, Arthegarn XD

    A ver: empiezas presentando un caso que no tiene por qué ser el de Cifuentes porque, para empezar, Cifuentes no ha dado que yo sepa extraordinarias señales de competencia en nada de lo que trata el master, por lo que eso de que igual es un intento de reconocer unos méritos por la vía rápida no me lo creo. Sobre todo porque en política hacen falta cero méritos para hacer nada. No es como una secretaria de dirección, ni por el forro.

    Además, violas el principio de parsimonia porque es mucho más fácil decir que la URJC hace eso para recibir pasta de la CAM, y Cifuentes hace eso para tener un puesto fijo y bien pagado cuando salga de política.

    Y es que tu pregunta de si eso nos tentaría es una pregunta falaz, porque nos pregunta por una cosa que no nos va a pasar PORQUE NO SOMOS POLÍTICOS, no vale como comparación, igual que no vale comparar lo del secretariado con un cargo político que se designa A DEDAZO.

    Porque además te preguntas por los logros de la interfecta y si se deben borrar de un plumazo y yo digo… ¿qué logros? ¿El medro en un partido político es un logro? ¿La gestión pepera de la CAM es un logro? ¿Para quién?

    Decir que uno puede imaginarse escenarios como el de la secretaria es una contorsión súper mega guapa si haces la trampa, como se suele hacer, de las vacas esféricas, y de pensar que todos los contextos son iguales, y no lo son.

    La presunción de inocencia está muy bien para el tribunal. La opinión privada no está sujeta a tal cosa, más conforme van saliendo hechos que la validan. Y aunque te honra tu reacción con lo de Monedero, de nuevo, es una falsa comparación. Sobre todo porque un poco más abajo dices que bueno, que si eso es lo más gordo que le han pillado.. Hace falta tener una habilidad de Sortear Disonancia Cognitiva de nivel 5 para ignorar esto:

    http://cadenaser.com/ser/2018/02/12/tribunales/1518423966_348745.html

    No es que es lo más gordo en lo que le han pillado, es lo más gordo que se ha probado contundentemente por ahora. POR AHORA: Porque a ver si es que cada vez que sale una cosa de estas, no se acaba probando que, en efecto, hubo delito.

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    1. Claro que empiezo presentando un caso que no tiene por qué ser el de Cifuentes. Pero podría serlo, o algo semejante. Lo que intento transmitir es que no sabemos exactamente cual es el cas de Cifuentes y que igual que se pueden concebir casos condenatorios en los que la Cifuentes, por ejemplo, decidió que quería ese título sin hacer nada para gnárselo y abusó de su título para luego presionar, amenazar o sobornar a quien hiciera falta para cambiar las últimas notas (algo que os resulta a algunos extraordinariamente fácil de creer) se pueden concebir casos exculpatorios (y no he querido poner alguno de los mejores, eres jugador de rol, seguro que se te ocurren). Y que, desde mi punto de vista y mis personalísimos (y muy liberales) principios mientras se pueda concebir de forma razonable un escenario exculpador una persona tiene derecho a ser tratada de acuerdo al mismo – y que yo tengo, además, la obligación moral de hacerlo así. Sí, aunque sea política. Sí, aunque sea de derechas. O de Podemos.

      Si ya nos metemos en el terreno política-ficción, que no es el objetivo de este artículo, la motivación más siomple de la URJC es hacer la pelota a diestro y siniestro. En aquel momento Cifuentes no era ni siquiera Delegada del Gobierno y no se hablaba de ella para sustituir a Esperanza Aguirre ni por casualidad. Mira las fechas, era vicepresidenta de la cámara, ni siquiera era parte del gobierno de la CAM, no tenía capacidad presupuestaria alguna, ni para Educación ni para nada que no fuera… que sé yo, la concesióin de la cafetería de la Asamblea de Madrid (ahem). Respecto a las motivaciones de Cifuentes un simple “¿y por qué no?” me parece más plausible, pero bueno. Insisto en que es política-ficción y que no es el objetivo del artículo.

      No entiendo por qué el hecho de que no seamos políticos y no nos vayamos a ver en una situación así es relevante o convierte mi argumento en falaz, lo digo en serio. En primer lugar, yo puedo preguntarle a alguien si se hubiera sentido tentado de invadir España si hubiera estado en el lugar de Napoleón y contestarme que la pregunta es falaz porque uno no es, ni va a ser nunca, Napoleón, me parece una forma bastante tonta de evitar la pregunta. La idea está en transmitir la tentación que puede sentir una persona que no somos nosotros en unas circunstancias que no son las nuestras, remachar que no somos esa persona y que esas no son nuestras circunstancias es, aunque cierto, no entender lo que estoy intentando hacer. O eso, o entenderlo demasiado bien y que pique, claro, que tú de empatía y de ponerse en el lugar de otro sabes mucho. Ahem.

      Como le digo a Javier más arriba no me voy a poner a discutir aquí y ahora los méritos y deméritos de la gestión de Cifuentes al frente de la CAM. Una vez más, ni es el objetivo de este artículo ni tengo ni el tiempo ni las ganas de intentar convencerte. Seguro que estás de acuerdo conmigo.

      Dices que la opinión privada no está sujeta a la presunción de inocencia. A lo que yo contesto que la tuya quizá no pero que la mía sí; que para ti la presunción de inocencia es un principio estrictamente jurídico (y me parece muy bien) pero que para mi es un principio moral del que se deriva un principio jurídico. Eso, y no otra cosa, es lo que intento explicar y compartir con este artículo. No intento ni siquiera imponer mi forma de ver las cosas, intento explicarla. Las leyes existen de una manera porque son un reflejo del sentir y creer del Pueblo que las genera y cuando no es así las leyes no duran así mucho tiempo. El asesinato está prohibido porque todos estamos de acuerdo en que matar es moralmente malo; el aborto está a medio camino entre prohibido y permitido porque no todos estamos de acuerdo en el tema y donar dinero a Cáritas o a la Cruz Roja desgrava impuestos porque todos estamos de acuerdo en la generosidad es moralmente buena. Pues con la presunción de inocencia, lo creas o no, pasa lo mismo: existe porque todos, o casi todos, pensamos que es mejor que escape un culpable sin castigo que castigar a un inocente. Igual tú no lo crees así pero yo sí y, mira que manías tengo, me comporto de acuerdo a lo que creo. E, insisto, tienes todo el derecho de negarle a la presunción de inocencia el carácter de normal moral… en tu sistema. Pero no en el mío. Y, oye, si quieres ver si lo que digo es cierto aplícate tus teorías: mira a ver como me comporto y cuéntame qué deduces de ello.

      Ya, que soy tonto y me la van a meter doblada, ya. Pero me entiendes.

      Lo de Ignacio González tirando mierda al ventilador ni lo comento porque sabes que es eso. Y, sí, puede que esto sea “lo más gordo que se ha probado contundentemente por ahora” pero es que hasta que haya suficientes elementos de convicción para que se destruya la presunción de inocencia que debo guardarla en todos los casos, “lo más gordo que se ha probado contundentemente por ahora”es “lo único por lo que puedo culparla de acuerdo a mis ideales de justicia”.

      Estos son mis principios y, a diferencia de Groucho, no tengo otros.

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      1. Si que los tienes si, que por ejemplo cuando salio el caso de la inhabilitacion de Garzon se podian hacer cabalas exculpatorias mas facilmente que con esta señora y tu postura fue desde el primer dia “es mas culpable que Judas”.

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        1. Sería que tenía más información al respecto que tú, HK, o como muy poco más de la que crees que tenía. De hecho, si te acuerdas, escribí un artículo entero explicando por qué a la luz de la evidencia pensaba lo que pensaba, aparte de que el asunto empezó directamente en fase judicial. En el caso Cifuentes hay discusión y falta de información sobre los hechos, sobre lo que ha pasado exactamente; en el caso Garzón estaba todo clarísimo desde el principio, no solo con abundantísima prueba documental sino por confesión de parte – o sea que Garzón nunca discutió los hechos, solo sus intenciones y su calificación jurídica.

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            1. Psa. Puedes pensar que soy justo en ambos casos a la vista de la evidencia o pensar que soy injusto en ambos casos y que encima no me conozco. Como eso son opiniones y las opiniones son como los culos, ten de mi la que te de la gana. Caso cerado.

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              1. Hombre, es que a la vista de la evidencia no me parece que seas justo. Pero nada, nada, es solo mi opinion sin ninguna duda. Caso cerrado pues.

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    2. No se como se hace en universidades privadas, pero mi experiencia en carrera y máster, no nos importaba echar un cable al compañero que curraba con apuntes, menos carga en trabajos y soplidos en exámenes. Nos hacíamos cargo de su situación, hoy por ti, mañana por mi. He tenido compis que trataban de aguantar en clase tras 12 horas de turno de noche de seguratas. Otra cosa muy distinta, al ser la carrera que era les actrices, modelos, aspirantes a directores… Que aparecian de la nada a hacerse la foto en nuestras aulas con su booker y misteriosamente decian en la siguiente entrevista que tenian nuestro título…. Y pasaba vaya que si.

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  4. Mon petit choux, conociendo la universidad un poquito y mas teniendo en cuenta que vivimos en un país donde mentir en un cv, no solamente es lo normal, sino que se considera inconcebible el no hacerlo, esta claro que tu punto de vista y desarrollo del asunto es impecable, asi como tus conclusiones excepto que te falta también como motivo de dimisión la responsabilidad política por todo lo acontecido y una cierta responsabilidad moral por el torpe intento de ocultamiento unido al intento de, tanto en sede parlamentaria, como fuera de ella, de intentar hacernos comulgar con ruedas de molino llegando al insulto a la inteligencia básica…..pero fundamentalmente completamente de acuerdo.

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  5. Bueno…. el articulo está muy bien, igual que se da el titulo honoris causa en algunas ocasiones(que son muy pocas), que es mas o menos lo que planteas, no es el caso de nuestra Cifu. El planteamiento desde el principio es mas fraudulento y a destapado un montón de mierda, que si yo fuera alumno de la ujrc estaría subiéndome por las paredes, por que están pisando sobre todas las titulaciones propias de dicha universidad.
    En el caso de la policía, los policías tienen un sindicato muy fuerte para negociar convalidaciones, planes de carrera específicos(etc, etc) y no creo que necesiten del chanchullo, pueden hacerlo bien.
    La tutlulitis está mal, pero las normas son para todos, y por ser un hacha no deberías poder saltarte los tramites, si eres tan hacha igual debería haber algún otro medio de obtener el título, pero con todas las de la ley… UY… si que lo hay y se llama UNED… Habitualmente estoy de acuerdo contigo pero en esto no.

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  6. Como tus argumentos siempre son formalmente impecables (el fondo ya es otra cosa), cuando dichos argumentos no lo son, canta mucho. En este caso, espanta. No voy a entrar en el fondo, me voy a quedar en la parte formal.

    La comparación es totalmente inaceptable, nivel barra del bar con Federico aullando de fondo.

    Primero, porque esgrimes el argumento de necesidad, una necesidad muy específica para avanzar profesionalmente, que no es el caso de Cifuentes. Primero, porque los requisitos para su cargo son “tener cursada la enseñanza media”. No se pide ni grado, mucho menos master. Ese master era totalmente accesorio, que es lo opuesto de necesario.

    Segundo, porque confundes la parte con el todo, que ya es grave. Verás, yo mismo he mamoneado mucho con pequeños dispositivos, programado micros, tengo mucha experiencia en comunicaciones de todo tipo, incluyendo protocolos de radio, e incluso he jugado con electrónica, en el comienzo de mi vida laboral. Si, por azar de la vida, hubiera seguido ese curso, ahora mismo sería tan bueno en ese trabajo como cualquier ingeniero de telecomunicaciones, sin lugar a dudas. Un teleco no lo haría mejor que yo en mi trabajo.

    Pero yo no valdría para hacer otros trabajos que un teleco hace. Que en un pequeño área mi conocimiento sea equivalente al de un titulado, no quiere decir que tenga todos sus conocimientos, o sea válido para lo mismo.

    Por último, comparar un trabajo privado con un cargo público es totalmente falaz. Que para un trabajo particular hagas esa trampa, puede ser mejor o peor, pero no causa gran daño. Mientras se mantenga en ese lugar. Para un cargo público, de confianza, no obstante, se deben exigir mucho mejores estándares. Y me parece lamentable que omitas eso, la verdad.

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    1. ¿Por qué es la comparación totalmente inaceptable?

      Creo que pierdes el objetivo de la historia. La historia, que como digo en el artículo me la ha inspirado el caso de los policías y no el caso Cifuentes, lo que intenta es que el lector empatice con la protagoinista. Que se ponga en su lugar. Que sienta la tentación. Y que vea que lo que juzgado de forma fría y desapasionada es represnsible puede ser, desde un punto de vista humano, disculpable en algunos casos. Algunos casos. No estoy, y lo digo en el artículo, ni defendiendo a Cifuentes ni diciendo que las circunstancias narradas hayan sido las circunstancias de Cifuentes, lo único que quiero es abrir la puerta que conduce de la justa indignación por unos fríos hechos de los que se desconocen las circunstancias a la empatía necesaria para que el lector entienda por qué para mi la presunción de inocencia es un principio moral.

      Si tu objeción es que establezco una falsa analogía, que es lo que parece que es, yerra el tiro por completo. No estoy intentando ni comparar los casos ni disculpar a Cifuentes y lo he dicho ya varias veces. Eso sí, si lo estuviera intentando, desde luego, tu objeción sería correcta por esos motivos y algún otro más.

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