El libro de enero.


Como la confesión es buena para el alma, confieso que aunque me hubiera parecido un peñazo pensaba hacer una crítica cuanto menos amable de este libro, debido tanto a su procedencia como a su autora. Pero aunque sus 720 páginas me amedrentaron en un primer momento y hizo falta una cierta dosis de valor para decir “venga, voy a meterme este mamotreto de una autora novel como si no tuviera un Star Trek: New Frontier de Peter David esperándome”, la verdad es que el libro es una preciosidad y que me ha gustado muchísimo.

Belmanso cuenta la historia de dos familias en la Francia del siglo pasado, empezando con dos soldados de la Primera Guerra Mundial y contando sus avatares (y los de sus hijos, nietos y bisnietos) hasta llegar al nuevo milenio. Así contado parece que sea una novela costumbrista y para de contar, pero es bastante más que eso.

La historia en si misma es buena, realista, consistente, llena de giros argumentales que no por ser en ciertos casos imprevistos rompen la atmósfera de total credibilidad que impregna el libro. Y es que lo mejor del libro es la atmósfera que crea, que empieza a insinuarse con las primeras páginas y te atrapa totalmente ya con los primeros capítulos transportándote a las épocas y los lugares que describe. Si tuviera que hacer comparación con otras novelas históricas diría que se parece a lo que el lector experimenta con El Dios de la Lluvia Llora sobre México o El Nombre de la Rosa frente a, digamos, las novelas de Colleen MCCollough. La trasposición de época y lugar se realiza en la mente de una forma suave y dulce, como si cada vez que abres el libro una bruma cayera a tu alrededor y, al levantarse tras un par de páginas, te encontraras en el París de entreguerras (o en Belmanso, o en donde sea). Otro tipo de novelas te arrancan también de tu sillón y de tu siglo y hacen que entiendas la mentalidad y la psicología de personajes de otras eras, pero la transición es, a falta de otra forma de explicarlo, bastante brusca y no llega a arrebatarte emocionalmente tanto, no llegas a sentirte tanto in media res con Maurice Duron (que es buenísimo), por ejemplo como con Eco o con Passauth (o con Camino). Es un arte sutil este de la trasposición del lector que la escritora demuestra dominar muy bien y es por ello que esas 720 intimidantes páginas de las que hablaba antes no se hacen largas en absoluto. Un poco cortas y todo.

Y no poca parte de esta atmósfera es debida a los personajes. Todos, absolutamente todos, tienen algo que contar, y es algo creíble, complicado (a veces dentro de la simplicidad) y emocionante. Me resultó facilísimo empatizar con ellos y, claro, una vez que empatizas con los personajes y entiendes sus tribulaciones, todo relato deja de ser una mera historia imaginada y adquiere, subjetivamente, una realidad casi sólida que te lleva a querer saber más de los mismos. Aparte de esto, y probablemente por ciertas similitudes entre la narración de Belmanso y la historia de los Scaevola, tengo que decir que veía a muchos miembros de mi familia reflejados en los personajes. Eve, por ejemplo, que para mi es la protagonista del libro incluso antes de nacer (al igual que el César de Masters of Rome) tiene muchísimas, muchísimas facetas de mi abuela paterna. De igual modo, no me cuesta nada identificar a mi madre en Berthe y Marcelle, a uno de mis tíos en Leopold, a mi abuelo en Pierre (sobre todo el de la guerra) o en el Jean-Marido; o a mi padre o a mi hermanas en el Jean-Genio(*). Porque otra particularidad del libro es que los personajes, además detener múltiples facetas. cambian a medida que pasa el tiempo. Más deprisa algunos, más despacio otros (como Romain, lo que es totalmente esperable) pero a todos les cambian las experiencias y el mundo a su alrededor de una forma consistente y enriquecedora. Al menos para la historia…

En definitiva, un libro muy recomendable, sereno y optimista, magnífico para desenchufar (tiene que ser excelente para unas vacaciones) que te deja con una agradable sensación de paz y quietud cuando lo lees. Ya he regalado uno y tengo otros dos para cumpleaños cercanos de gente que sé que le va a encantar. Y, para los demás, dudo que lo encontréis en tiendas pero está disponible a un click.

Ah, por cierto, no os fiéis de la reseña por defecto. Hace que el libro parezca una cursilada digna de Mujercitas y para nada. En serio, muy recomendable.

Arthegarn______________

(*) “(…) era mucho más frecuente ver [a Jean en los talleres], ataviado con su bata blanca, que sentado en su despacho; de ahí que en la sociedad parisina circulara el simpático chascarrillo de que Bonmidi era quizás la única compañía cuyo sillón presidencial era ocupado por un técnico de dicha empresa”. Si esto no son las tres generaciones de Scaevola ingenieros, sobre todo Andruin que baje Dios y lo vea.

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