La leyenda de Santiago Carrillo

Cuenta la leyenda que el veinte de noviembre de 1975 Santiago Carrillo estaba en Moscú, departiendo con Brézhnev sobre la mejor estrategia para traer el comunismo a España, cuando llegó la noticia de la muerte de Franco. El premier soviético, contentísimo, hizo traer una botella de champán y sirvió unas copas para celebrarlo y, cuando le pasó una a don Santiago, este la rechazó diciendo, “perdone, camarada Secretario General, pero no seré yo quien brinde por la muerte de ningún español”.

Es una leyenda, claro. Pero es una leyenda que me gustaría que fuera cierta y que me gusta citar porque da una magistral lección sobre cómo tratar la muerte de un enemigo con dignidad. “Como un señor”, que Carrillo lo era. Quien descorcha una botella para brindar por la muerte de otro ser humano, quien se alegra de la muerte de otro ser humano, quien se niega a mostrar respeto por la muerte de otro ser humano pierde un poquito de alma. Incluso aunque el mundo quede objetivamente mejor tras esa muerte ser incapaz de centrarse en el hecho, de empatizar independientemente de las circunstancias, deshumaniza.

Yo no me lo permito. Hace de mi peor persona, menos persona. Y me da mucha pena cuando lo veo hacer.

Arthegarn.

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