El libro de enero

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En realidad me llevaba leyendo Intuition Pumps and Other Tools for Thinking, el que si no me equivoco es el último libro de mi filósofo (vivo) favorito, Daniel Dennett, a ratos desde el verano pasado, pero con las navidades que tuve algo de tiempo, y a la vista de que no me estaba gustando demasiado, decidí volvérmelo a empezar para hacerle justicia y me lo terminé en cinco o seis semanas.

El libro, supuestamente, es una especie de visita guiada al pensamiento racional con descripción pormenorizada de alguna de sus más importantes vistas. La idea que sugiere el autor en el prólogo es que nos va a enseñar a pensar como filósofos y que, más allá de la pura lógica formal, nos va a dar unas herramientas especiales para acelerar nuestro pensamiento – eso sí, con un manual de instrucciones y advertencias porque las herramientas que nos va a dar no son “lógicas”, no son formalmente válidas para defender una postura o para desentrañar la realidad aunque sí puedan, por virtud de la intuición y del pensamiento preconsciente (aunque el autor no lo llamaría así ni borracho), indicarnos en general dónde se oculta, probablemente, la Verdad, o incluso darnos acceso a una hipótesis que luego podamos probar o refutar formalmente. Es, al parecer, una guía de viaje del pensamiento que explica los atajos y las rutas escondidas del mismo así como los peligros que podemos encontrar en el camino, para que los usemos sabiamente si decidimos hacerlo.

Sin embargo y en mi opinión se queda en buenas intenciones. Algunas de las herramientas que da el libro son tan básicas como la reducción al absurdo (en serio, le dedica un capítulo) y en otros puntos lo que intenta es prevenirnos de las falacias que sus adversarios han utilizado en el pasado para discutir sus teorías o apoyar las propias. Por ejemplo, dedica tres apartados a las diversas manifestaciones de lo que denomina “goulding”, el envoltorio retórico con el que Stephen Jay Gould presentaba muchos de sus argumentos (algo que podría haber tenido mucha más gracia si Gould no llevara diez años muerto, por cierto).

Oh, desde luego, tiene algunas partes y herramientas interesantes, como el sorta operator (consistente en poner sorta* delante de un concepto para desproveer ese concepto de su significado técnico y dejar solo el intuitivo) pero en general a mi me ha decepcionado. Muchas de las ideas que expone el libro, sobre todo a partir de la segunda mitad, no son auténticas herramientas para pensar sobre el libre albedrío o sobre la consciencia, como sugieren los capítulos, sino versiones “popularizadas” de sus mejores libros anteriores (sobre todo Darwin’s Dangerous Idea, Freedom Evolves y Consciousness Explained – y tengo que escribir las reseñas de los anteriores) que, en vez de apoyarse en doscientas hojas de observación y razonamiento minuciosos, lo hacen en estas “muletas” intuitivas de las que habla.

No obstante y pese a que no esté a la altura de sus trabajos anteriores no voy a dejar de recomendarlo. Precisamente por esto es una buena lectura para aquella gente que no haya leído a Dennett y que, queriendo hacerlo, no tenga el tiempo, la concentración o la voluntad necesarias para empezar con uno de sus libros “serios”. En ese sentido probablemente sea una lectura interesante que abra el apetito para leerse luego con calma alguno de sus otros libros, exigentes pero maravillosos. Ahora, sí ya le has leído la mejor recomendación que puedo hacer es que lo cojas sin demasiadas ilusiones y te lo leas (¡anatema!) casi como un pasarratos. Alguna cosa original y alguna idea nueva sí que tiene, pero no esperes las maravillas a las que nos tiene acostumbrados.

Precisamente por lo que tiene de iniciático, probablemente lo regale bastante este año…

Arthegarn

* Sorta = a sort of. En español vendría a ser algo así como la partícula “más-o-menos”. Por ejemplo: podemos decir que el libre albedrío existe o podemos decir que el libre albedrío más-o-menos existe (o, más correctamente, que más-o-menos el libre albedrío existe). Dejando el término sin definir a ultranza, algo que en realidad es fundamental para la filosofía (como bien sabemos los filósofos viciosos) se permite que el discurso prosiga más allá de la discusión semántica y, con el caveat de que quizá luego tengamos que volver a definir detalladamente el término, incluso se posibilita el llegar a un acuerdo o a una conclusión válida sobre el tema analizado.

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