Dios no creó el infierno. Fui yo.

La gente nace, vive y muere y eso lo tengo asumido. Mis seres queridos vienen y se van, y también lo tengo asumido. Y, cuando se van, sé que no los volveré a ver, que no volverán a quererme ni a reir con mis alegrías ni a llorar con mis penas, y siento que estoy un poco más solo y eso me entristece. Pero no sufro particularmente por ellos, porque han desaparecido y, por tanto, están mucho, mucho más allá de sentir dolor, angustia o sufrimiento. Todo eso lo llevo bien.

Pero cuando tengo una misa funeral por alguno de estos seres queridos, cuando intento expresar mis sentimientos en un marco de referencia y con un lenguaje cristiano (porque eran cristianos), cuando pienso en una acción de gracias o escribo una oración pidiendo que “gocen de la gracia prometida por Jesús, que Dios les conceda la felicidad de la Vida Eterna y el conocimiento de lo importantes que fueron y de lo que les seguimos queriendo”… Entonces se me parte el alma que no tengo, porque ya no creo en ninguna de esas cosas, porque ya no hablo ese idioma aunque sepa decir las palabras. Y me siento vacío, estéril y sucio, como si intentara hacer el amor con el cadáver de mi amada. Y me enfado conmigo mismo, con el mundo y con Dios, por hacerme desenterrar de vez en cuando los despojos de aquello que me fue tan precioso, por obligarme a volver a mirarlo a los ojos y volver a fundir mi espíritu, que no tengo, con el suyo, para encontrar las palabras adecuadas.

Y luego estoy roto y miserable porque recuerdo, una vez más, todo lo que he perdido por subirme a esta torre de marfil intelectual en la que estoy, tan alto, lleno de razón y solitario. Y me odio porque sé que, aunque podría, aunque lo deseo desesperadamente, no voy a volver; no voy a dejar entrar en mi torre a esa hermosa figura que espera, vestida de blanco, toda sonrisas, abrazos, amor y perdón, a que le abra la puerta a la que llama suavemente, como pidiendo perdón por molestar, de vez en cuando.

Cuando era católico solía decir que el infierno es un estado del alma en el que esta se aleja completamente de Dios y que, como Dios es ubicuo, la única forma de ir al infierno era voluntariamente, dándole la espalda a Dios y rechazándole a sabiendas. ¡Cuánta razón tenía, sin saberlo! Cuánta razón…

6 comentarios en “Dios no creó el infierno. Fui yo.”

  1. Yo, con más moral que el alcoyano, creo que volverás a verlo de otro modo. Lo tuyo es razonamiento emocional puro y duro, aunque te parezca justamente lo contrario. 40 años en el desierto les llevó a algunos..

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  2. ‎”El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir”. Albert Einstein.

    Arth,él,uno de los más grandes científicos aunaba ciencia y fé sin necesidad de que una excluya a la otra.La exclusión de Fé Vs. Ciencia,solo lo hacen los extremistas, los de la fé antes,los de la ciencia ahora.Pero yo prefiero creer en ambas,ya te lo he dicho más de una vez,espero eso te ayude.

    En todo caso Oscar Wilde dijo:

    “Estoy convencido de que en un principio Dios hizo un mundo distinto para cada hombre, y que es en ese mundo, que está dentro de nosotros mismos, donde deberíamos intentar vivir.”

    Cada uno debe vivir la vida como cree que debe viivirla,al menos eso le hace creer en algo.Y mientras sigas siendo una buena persona como has sido siempre,no tendrás problemas de ver a Dios,….además yo le hablaré de lo bueno que has sido siempre 😛 ,y el Dios en el que yo creo no castiga a los que no creen en él pero han sido buenas personas,creelo. 😉

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  3. A mi también me dan cierta envidia quienes tienen ahí a Dios. No dudo de que lo tengan, porque, para ellos, en su realidad, existe.
    Entiendo lo solo que te sientes, sobre todo porque perdiste algo que una vez estuvo ahí, y así es imposible no sentir su ausencia en momentos así.
    Creo que te equivocas al intentar negar tu espiritualidad, o vivirla (reprducirla) a través de la fe, los ritos y las palabras de otros, que ya no son las que a ti te nacen, sino las que se te quedaron pegadas. Los restos.
    Yo no sé si Dios existe. No creo que lo vaya a saber jamás. No creo en el alma. En la reencarnación. En la “vida eterna” o en que haya algún sitio donde nadie vaya a estar peor o mejor tras su muerte. Pero no por eso he renunciado a mi espiritualidad (aunque no crea en el espíritu).
    Creo en la temporalidad de las estructuras materiales y en la necesidad de la muerte para la creación, porque creo que todo se basa en la transformación. Somos polvo de estrellas, que voy yo a contarte a ti. Eso me da paz respecto a la muerte.
    No me angustia mi pérdida de fe porque la he dejado ir y me resisto a usar sus códigos.
    Creo que en este caso jamás deberías escribir palabras en un lenguaje espiritual que ya no es el tuyo, pero que sí es el de quienes te rodean. Es como decir “eh, mira, puedo decirte lo que quieres oir sin creérmelo una pizca”. Eso me parece triste. A nadie le interesa eso. Lo que queremos, es escucharte a ti, en tu consuelo o desconsuelo, con tus palabras, incluso en un ritual celebrado en una iglesia, a quienes les importas van a preferir ecucharte a ti o ver tu silencio antes que palabras impostadas.
    Creo que tienes que plantarte frente a ti y definir qué sientes, si quieres o no decir algo, aunque no sepas si hay algo más allá escuchándolo. Si tienes algo que decir, que aportar, a tus círculos, a tu gente aquí. Eso sí está ahí.
    Creo que la trascendencia siempre es efímera. Tampoco me angustia, primero porque todo es temporal, segundo porque sería bastante estúpido y prepotente pretender cierta eternidad.
    Aunque no tengas el amor de Dios ahí donde estaba antes, tienes mucha, mucha gente que te ama, te sonríe, te perdona y quiere abrazarte.
    Eres tú quien te ha encerrado en esa torre de marfil en la que no dejas entrar a nadie de todo el que te ama, te sonríe, te perdona y quiere abrazarte. Si estás solo es porque tú has decidido que sin Dios, no hay nada. Y me encierro aquí y no respiro porque me cabrea que no haya nada.
    Creo que el amor, el perdón, el consuelo, la esperanza y la trascendencia que perdiste al perder a Dios puedes encontrarlos, si quieres. Aquí estamos cuando lo eches en falta.

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    1. ¡Hah! Deberías leer las entradas con los tags serios (política, economía, filosofía, religión…), primo. Sobre todo la del tag “sexo” (aunque hay varias que no podrías ver por mis ajuster de privacidad, pero vamos).

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