La Ilusión de la Consciencia (IV)

NOTA PRELIMINAR: Este es el cuarto y último artículo de una serie encadenada. Si llegas aquí de primeras deberías leerlos para aclarar algunos conceptos y comprender el objetivo de la disertación y el camino que nos ha traído hasta aquí. Si estás siguiendo la saga ya puedes saltar de alegría ante su tan esperado final.

Hablábamos en el último capítulo de la asignación de intencionalidad (la idea de que cuando algo -como una catedral, un termitero o esta larga disertación- parece hecho con un objetivo o siguiendo un plan es porque, existen ese objetivo, ese plan y sobre todo todo un agente que lo ha organizado todo y sabía lo que estaba haciendo) y decíamos que es universal, que ocurre a lo largo y ancho de la especie y la historia humanas. Me siento tentado de contaros, como introducción, la conmovedora historia de Percival Lowell, el astrónomo más estudió los canales de Marte, y sus implicaciones, pero no quiero alargar esto más de lo imprescindible así que os dejaré con la conclusión de Carl Sagan: En el fondo, Schiaparelli tenía razón: los canales que observaba en Marte implicaban la existencia de vida inteligente. En lo único en lo que se equivocó es en a qué lado del telescopio estaba la inteligencia.

Volvamos de nuevo al origen de la vida, la evolución de la vida inteligente y nuestras amigas las termitas, gigantescos “robots” construidos de acuerdo a los “planos” contenidos en sus genes y “programados” por esos genes para que reaccionen ante los estímulos del medio de una forma automática que maximiza las posibilidades de que esa cadena genética en concreto se multiplique y perpetúe. En los animales superiores las cosas funcionan de forma muy parecida, con la principal diferencia de que los genes ya no “mandan”(1) de forma tan obvia.

La evolución por selección natural nos demuestra que los genes cambian y dan como resultado individuos mejor adaptados al ambiente, pero esos cambios adaptativos se producen aleatoriamente(2) y, como mucho, una vez por generación, necesitando de hecho varias generaciones para consolidarse. No obstante, si los genes fueran capaces de crear un órgano capaz de cambiarse a si mismo dentro de la vida del organismo que “pilotan”, este órgano podría adaptarse al medio muchísimo más eficientemente que los genes y dar inmensas ventajas a los genes que contengan ese “plano”; la diferencia sería más o menos la misma que hay entre un libro y un ordenador capaz de propgramarse a si mismo…

Bien, como habréis imaginado ese órgano existe y es el cerebro (3).

A medida que vamos ascendiendo en la cadena evolutiva vemos animales cada vez más complejos, más rápidos, más adaptados al medio, con cerebros más grandes y útiles y reacciones menos predecibles que las de una termita o una ameba. Pero ¡ojo! El hecho de que el comportamiento de un perro sea menos predecible que el de una termita no quiere decir que no responda a una serie de procesos automáticos análogos a los de la termita; lo que ocurre es simplemente que esos procesos son tan complejos que no los entendemos. De la misma manera que una termita no sabe que es parte de un complejo sistema que está creando un arco, una neurona no sabe que es parte de un complejo sistema que está viendo un matorral, o intuyendo un tigre, o dando la orden de salir por patas… o creando un pensamiento. Lo que nos lleva de vuelta al inicio de la saga.

El hecho de que exista el pensamiento no quiere decir que exista el pensador, de la misma forma que el hecho de que existan castillos de termitas no quiere decir que exista un arquitecto termita, ni una entidad colectiva que es consciente de que está construyendo un castillo. Todo son, simplemente, cosas que pasan. Complejas, maravillosas, pero cosas que pasan.

“Eh, un momento”, me diréis. “Hay una diferencia fundamental entre mi cerebro y una colonia de termitas y es que aunque la colonia no sea consciente de si misma yo sí lo soy; de mi y de mi mente y de la diferencia entre ambas cosas. Si tu analogía fuera válida yo no sería consciente de mis pensamientos, (el “arco” que están creando mis “ternitas”) ni de mi mismo, solo del medio que es lo importante para los fines de los genes. Pero cuando yo me miro a un espejo me veo y sé que soy yo.

Bien, eso es relativamente cierto. Como ya hemos establecido, nuestro cerebro no funciona analizando exhaustivamente la realidad para extraer de ella toda la información, separar la relevante, extraer conclusiones y ordenar acciones a los músculos. Funciona tratando de anticipar, de adivinar esas conclusiones lo antes posible incluso con información incompleta y eso lo hace resumiendo la realidad, creando imágenes, modelos, simplificaciones. Permitidme un ejemplo: hay una leyenda que dice que los reptiles no ven los objetos que no se mueven, es totalmente falsa. Sí que los ven, los fotones impresionan la retina y el nervio óptico manda impulsos al cerebro se mueva el objeto o no, lo que pasa es que su cerebro no les da importancia y los descarta. Los reptiles funcionan con un modelo de la realidad simplificado en el que solo existen las cosas que se mueven porque solo las cosas que se mueven son relevantes. Como diría Pratchett, el universo del reptil está cuidadosamente dividido entre cosas (a) con las que copular (b) que comer, (c) de las que huir, y (d) piedras; así que estas últimas, como si no existieran. El reptil se comporta como si no viera lo que no se mueve, pero sí lo ve, lo que pasa es que no le importa. Pero como su comportamiento es indistinguible de si no lo viera la narrativa más sencilla, que es la que nos cuentan y la que nosotros contamos a otros es que no lo ve.

El cerebro humano (y el de algunos animales) funciona de forma muy semejante aunque muchísimo más compleja e incluye entre sus modelos el crucial concepto de “agente”, que es un ente identificable a lo largo del tiempo y que tiene interactúa con nosotros. Este concepto también se desarrolla evolutivamente, en el sentido de que el cerebro que es capaz de procesar la información a través de agentes tiene ventajas sobre el que no lo hace y la razón de esta ventaja es que la agencia nos permite identificar a un individuo a través del tiempo y de esa forma saber, por ejemplo, si nos ha atacado antes o ha colaborado con nosotros y poder predecir con mayor fiabilidad que hará en el futuro. Por ejemplo, el perro de Ana, Freddy, para mí es un agente: le identifico como el mismo a lo largo del tiempo, sé qué puedo esperar más o menos de él, como puede influir sobre mi y como puedo influir yo sobre él. Y para Freddy, por cierto, animal dotado de un cerebro lo suficientemente desarrollado, también yo soy un agente: sabe que cuando le digo que se siente se tiene que sentar mientras que a otros les puede ignorar tranquilamente, y sabe que si me pide comida lloriqueando no se la voy a dar mientras que si me la pide con la pata… a lo mejor. La agencia, la identificación del “otro” a través del tiempo es terriblemente útil porque nos permite influir sobre otros agentes con mecanismos estímulo-respuesta, premio-castigo; y está tan imbricado en nuestros cerebros que es lo que nos hace darle una patada al hardware cuando se estropea el software. Nuestro cerebro, como órgano, no sabe que el ordenador no está vivo y que no responde a esos estímulos. A nuestro cerebro eso le da lo mismo, al igual que no se para a pensar en P-zombis: si tiene pinta de ser un agente es un agente y ya está; el modelo funciona mejor y más eficientemente sin meterse en complicaciones.

Como habéis visto en el ejemplo de Freddy, por cierto, no es necesario ser consciente para asignar agencias en nuestro entorno. La agencia tiene que ver con reconocer a los demás y prever lo que harán, no con reconocernos a nosotros mismos. Los mecanismos automáticos y predecibles en el cerebro de Freddy están condicionados(3) para reaccionar de una manera cada vez que yo digo algo y de otra manera cuando lo dice otro, pero sigue sin haber nada especial en el cerebro de Freddy, nadie “a los mandos”, ningún sujeto de sus verbos que toma las decisiones. “Sólo” hay un cerebro maravillosamente complejo con una programación indeciblemente compleja, pero que al final sigue funcionando automáticamente y que asigna a determinadas entidades una agencia, una identidad a lo largo del tiempo, la tengan (como yo) o no la tengan (como el ordenador). Lo importante es que “los demás” “hacen cosas” “porque quieren” y que esas “querencias” pueden ser definidas y catalogadas en otros modelos llamados “personalidades” e incluso modificadas para que los agentes hagan “otras cosas” que son placenteras (como las golosinas o los mimos).

El modelo de la realidad evoluciona entonces para incluir la personalidad y responsabilidad del agente. Así, algunos individuos tienen características tal que si yo les rasco la espalda luego ellos me la rascan a mi, y otros hacen justo lo contrario: les rasco la espalda y pasan de mi. Ese tipo de rasgos definen, en un primer momento, la presonalidad, y la evolución apoya los cerebros que, cuando se enfrentan a un egoísta, no vuelven a prestarle atención. Si yo le rasco la espalda a alguien (o le despiojo, o le doy parte de mi comida) más me vale hacerlo con alguien que luego hará lo mismo conmigo, con un simbionte, y no con alguien que no lo hará, con un parásito. Eso hace que perciba la compañía de ciertos individuos como deseable, y que me sienta bien estando junto a cierta gente que me va a proteger a cambio de mi protección. Definimos así personalidades más o menos atractivas en función de lo que reportan de vuelta al modelador por sus esfuerzos. Con un mecanismo idéntico, si alguien nos pega con un palo y nos quita la comida, los cerebros que le hagan responsable a lo largo del tiempo y se protejan cuando le vean venir (o vayan a buscar un palo más grande y luego no se olviden de lo que iban a hacer) tienen ventaja frente a otros, no solo porque tienen mayores posibilidades de volver al status quo ante sino porque si le rompo la cabeza a quien me pegó con un palo existen muchas menos probabilidades de que vuelva a hacerlo porque sabe lo que le espera. Y el modelo de la realidad se vuelve cada vez más complejo, con amigos, enemigos, gente en la que se puede confiar, actividades que es mejor hacer con este que con aquel…

Y, finalmente, llegamos a un cerebro cuyo modelo de la realidad es tan elaborado que incluye un modelo del modelador (y no creo que sea necesario explicar las ventajas evolutivas de esto). Aparece entonces la consciencia, el ser humano, cuyo cerebro modela la realidad “como si él existiera”, sin que sea relevante si verdaderamente existe o no, y que como a todos los entes semejantes asigna la categoría suplementaria, adicional, de agente. Y con la agencia viene la asignación de una personalidad, de unas características, de una identidad. Primero fueron los demás, ahora somos nosotros mismos. La forma más sencilla que tiene uno de modelizar a los demás es crear una identidad, llamada “Papá” o “Mamá” o lo que sea, y asignarle unas características de acuerdo a la observación; la forma más sencilla de modelizar nuestra existencia es mirar alrededor, ver a Papá y Mamá y concluir que nosotros también existimos, que también somos agentes, que también controlamos nuestros actos como ellos controlan los suyos.

Pero en realidad no es así. Es solo una ficción, una simplificación, un modelo útil. Al igual que el ordenador con el que me cabreo no es un agente aunque a mi cerebro se lo parezca, yo mismo no lo soy. Y no lo soy porque tampoco lo son Freddy, ni Ana, ni Papá ni Mamá. Somos organismos vivos, maravillosamente complejos que aparentamos tener personalidades y tomar decisiones y a los que es útil y simple considerar como dotados de personalidades y de libertad para decidir y de responsabilidad por nuestros actos. Pero en el fondo, en realidad, no somos más que hermosos termiteros, construidos por termitas que no saben ni lo que hacen ni por qué y que, cuando se miran en el espejo, se creen la Sagrada Familia.

No hay nadie a los mandos, nadie tras nuestros ojos tomando decisiones. Nuestros pensamientos no tienen pensador. No hay agente. No hay yo. Son conceptos que inventamos a lo largo de los milenios para simplificar la realidad de una forma que se nos hiciera comprensible y son conceptos bonitos y útiles pero, en el fondo, en realidad, son falsos.

What you see is all there is.

Arthegarn_______________________________________
(1) En realidad los han dejado de “mandar” mucho antes desde el punto de vista evolutivo: todo sistema nervioso, incluso el más simple, es básicamente el organismo reaccionando más deprisa de lo que los genes pueden reaccionar y, por tanto, “quitándoles control”. Las termitas no tienen cerebro como tal, pero a estos efectos su sistema nervioso hace las veces del mismo. El hecho de que su “programación” sea más obvia que la de, por ejemplo, un perro, no quiere decir esa programación no exista y que por tanto los genes no tienen ya control directo.
(2) Es importantíismo esto de que los genes mutan aleatoriamente. El error más común al entender la evolución por selección natural es precisamente la asaignación de intencionalidad a la misma, la concepción de que los genes cambian «para» adaptarse al medio. No es así. Cuando se produce una mutación en general es negativa y el ser producto de ella muere o queda estéril, pero algunas mutaciones mejoran el fenotipo, lo hacen más eficiente y competitivo y hacen que ese genoma se reproduzca más, eventualmente sustituyendo al modelo original. Pero no caigais en el sesgo cognitivo de la historia de éxito: el hecho de que la evolución solo os enseñe a los mutantes ganadores no quiere decir que todas las mutaciones mejoren la especie y muchísimo menos que los genes muten «para» adaptarse al medio. Es pura suerte. Somos el producto de 3.000 millones de años de muchísima suerte.
(3) En realidad cogerá el más útil, es decir, el que para igual cantidad de recursos invertidos produzca mejores resultados teniendo siempre en cuenta que los resultados se miden en progenie. Vuelvo a decir que esto es muchísimo más complicado de cómo lo cuento, la mejor forma de verlo y entenderlo en serio es mediante modelos matemáticos.
(4) Nota particularmente para los frikis de las ciencias: la única razón por la que escribo aquí “condicionados” en vez de “programados” o “determinados” es que no está demostrado que determinados sucesos cuánticos que suceden en los microtúbulos de las neuronas no tengan una influencia relevante en si esa neurona se “dispara” al recibir un estímulo determinado de las neuronas circundantes o no. En el primer caso nuestro cerebro sería un sistema determinista y determinable (sería hipotéticamente posible adquirir suficiente información como para predecir exactamente qué va a hacer en cada momento), en el segundo sería un sistema determinista pero indeterminable (sería imposible saber qué va a hacer exactamente en momento alguno con toda certeza porque el funcionamiento del sistema sería parcialmente aleatorio). En cualquier caso la conclusión es
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Para saber más:
• Sobre evolución por selección natural, El Gen Egoísta (1976, edición anotada y corregida de 2006), que también tiene mucha información sobre etología y “psicología” animal y, sobre todo, El Fenotipo Extendido (1982) del biólogo Richard Dawkins.
• Sobre la relación y comunicación entre genes y mente, El Error de Descartes (1994, edición revisada de 2011) del neurólogo y filósofo Antonio Damasio.
• Muchas de las ideas sobre la relación y diferencia entre mente y cerebro están mucho mejor desarrolladas en La Conciencia Explicada (1991) y La Evolución de la Libertad (2003) del filósofo Daniel Dennett. También de Dennett, pero para entender la evolución por selección natural, La Peligrosa Idea de Darwin (1995).
• Sobre el mismo tema, La Nueva Mente del Emperador (1989) del matemático Roger Penrose. El lector con suficiente base puede saltar a la parte X, pero a todo el que no tenga un máster en una disciplina científica le recomiendo muy encarecidamente que se arme de paciencia y se lea el libro entero, va a aprender una burrada de forma muchísimo más amena de lo que espera.
• Lo de los arcos de las termitas lo saqué, como muchas otras cosas, del maravillosa Gödel, Escher, Bach, un Eterno y Grácil Bucle (1979, Pullitzer en 1980) del también matemático y divulgador Douglas Hoftstadter. Aproximadamente a mitad de este libro uno se da cuenta de que el mundo se divide entre los que se lo han leído y los demás.

Las cosas van mejor, pero no van bien y desde luego no TAN bien

Desde mediados del mes pasado vengo asistiendo aterrorizado al totalmente injustificado subidón del IBEX. Ya, ya sé que no soy economista y que soy un simple aficionado, pero es que esto tiene que pegar un petardazo y me preocupa mucho que tarde en hacerlo, porque cuanto más subamos más dura será la caída.

El año empezó bien, con subidas alegres y razonables y luego nos tiramos cosa de un mes tonteando con los 11.000 puntos, que si subo, que si bajo, que los paso, que si los pierdo; algo que, por otro lado, estuvimos haciendo la mayor parte del año pasado. Cuando empecé a aficionarme a esto, a finales de 2013, consideraba que cerrar 2014 en 12.000 era posible un buen resultado, pero 2014 y leer mucho más me demostró que la barrera estaba en torno a los 11.000-11.100 puntos y que era necesario que (i) la economía mejorarara, y (ii) la situación política y social se estabilizara, aun más de lo que yo pensaba para volver a atraer tanta inversión. Que las cosas iban mejorando, sí, pero que quedaba mucho paño que cortar, y así seguimos hasta marzo.

El 9 de marzo el Banco Central Europeo empezó a inyectar dinero en el sistema utilizando un sistema llamado de expansión cuantitativa, consistente  muy básicamente en la compra de deuda. de todo tipo Eso se lo esperaba todo el mundo  y los efectos, aunque positivos, fueron moderados (se dice que le mercado ya había descontado el efecto). No obstante, el 19 de marzo la Reserva Federal estadounidense anunció, contra todo pronóstico, que no subía los tipos de interés y la reacción no se hizo esperar: el IBEX subió de golpe casi 300 puntos, hizo añicos la barrera de los 11.100 y desde entonces está subiendo como un globo sin control: Cinco Días hablaba el domingo de alcanzar los 12.500 puntos, algo que yo consideraba dificilísimo este año, y el hecho es que hoy hemos roto la barrera de los 11.800 y vamos a por los 11.900 situándonos en máximos de cinco años (en pleno Plan E – periodo de entrecrisis).

El problema es que esta subida no se debe a que las empresas que cotizan en el IBEX estén teniendo mejores resultados y sean por tanto más atractivas o mejores inversiones, que es por lo que debería subir la bolsa. Se debe a que estas dos medidas combinadas hacen que sea muy barato pedir préstamos tanto a estadounidenses como a europeos, lo que inunda los mercados de dinero que, como siempre, produce inflación. La particularidad es que en este caso lo que está subiendo no son los precios de los productos de consumo sino los precios de los productos de inversión; en el caso que nos ocupa, la bolsa, en la que todo el mundo está comprando de forma especulativa, simplemente porque tienen dinero y algo hay que hacer con él y la bolsa está subiendo así que vamos a meterlo ahí; de hecho como si la bolsa sigue así puede subir un 8% este año y los intereses están al 1%, voy a pedir un crédito, lo meto en bolsa y a fin de año me llevo un 7% limpio. En otras palabras: se está creando una burbuja a marchas forzadas igualita, igualita, que la de los productos estructurados: la gente compra una caja sin mirar qué hay dentro porque todo el mundo la quiere y la puede vender más cara en unos días.

Sin una mejora sustancial del tejido industrial y del clima político-social que tenemos en España, estos valores del IBEX son castillos sobre nubes – o sobre QEs. Y, oye, yo encantado que mi inversión lleva mucho tiempo ahí y sube como la espuma, pero en algún momento alguien se va a preguntar qué rayos hay en la caja que compra; o las medidas extraordinarias de la FED y del BCE desaparecerán y con ellas el crédito barato y la bolsa se dará un batacazo de padre y muy señor mío. Porque los brokers, esa gente tan sutil y sofisticada, actuan como una manada de borregos con ciertas cosas: ahora todos compran a la vez porque la cosa sube pero cuando llegue el momento todos venderán a la vez y, dado que es un principio básico que la bolsa sube en escalera y baja en ascensor, las caídas van a ser fuertes y rápidas y van a dar lugar al pánico y a la venta especulativa del tipo «no sé que hay en esta caja pero seguro que es mierda porque no la quiere nadie». Conclusión: las empresas sufrirán y la recuperación y la estabilidad españolas se pueden poner en grave peligro. Por no hablar de mis ahorros.

Odio las burbujas. Por lo menos esta vez veo como se hincha esta, pero…

Las cosas van mejor, pero no van bien y desde luego no TAN bien

Desde mediados del mes pasado vengo asistiendo aterrorizado al totalmente injustificado subidón del IBEX. Ya, ya sé que no soy economista y que soy un simple aficionado, pero es que esto tiene que pegar un petardazo y me preocupa mucho que tarde en hacerlo, porque cuanto más subamos más dura será la caída.

El año empezó bien, con subidas alegres y razonables y luego nos tiramos cosa de un mes tonteando con los 11.000 puntos, que si subo, que si bajo, que los paso, que si los pierdo; algo que, por otro lado, estuvimos haciendo la mayor parte del año pasado. Cuando empecé a aficionarme a esto, a finales de 2013, consideraba que cerrar 2014 en 12.000 era posible un buen resultado, pero 2014 y leer mucho más me demostró que la barrera estaba en torno a los 11.000-11.100 puntos y que era necesario que (i) la economía mejorarara, y (ii) la situación política y social se estabilizara, aun más de lo que yo pensaba para volver a atraer tanta inversión. Que las cosas iban mejorando, sí, pero que quedaba mucho paño que cortar, y así seguimos hasta marzo.

El 9 de marzo el Banco Central Europeo empezó a inyectar dinero en el sistema utilizando un sistema llamado de expansión cuantitativa, consistente  muy básicamente en la compra de deuda. de todo tipo Eso se lo esperaba todo el mundo  y los efectos, aunque positivos, fueron moderados (se dice que le mercado ya había descontado el efecto). No obstante, el 19 de marzo la Reserva Federal estadounidense anunció, contra todo pronóstico, que no subía los tipos de interés y la reacción no se hizo esperar: el IBEX subió de golpe casi 300 puntos, hizo añicos la barrera de los 11.100 y desde entonces está subiendo como un globo sin control: Cinco Días hablaba el domingo de alcanzar los 12.500 puntos, algo que yo consideraba dificilísimo este año, y el hecho es que hoy hemos roto la barrera de los 11.800 y vamos a por los 11.900 situándonos en máximos de cinco años (en pleno Plan E – periodo de entrecrisis).

El problema es que esta subida no se debe a que las empresas que cotizan en el IBEX estén teniendo mejores resultados y sean por tanto más atractivas o mejores inversiones, que es por lo que debería subir la bolsa. Se debe a que estas dos medidas combinadas hacen que sea muy barato pedir préstamos tanto a estadounidenses como a europeos, lo que inunda los mercados de dinero que, como siempre, produce inflación. La particularidad es que en este caso lo que está subiendo no son los precios de los productos de consumo sino los precios de los productos de inversión; en el caso que nos ocupa, la bolsa, en la que todo el mundo está comprando de forma especulativa, simplemente porque tienen dinero y algo hay que hacer con él y la bolsa está subiendo así que vamos a meterlo ahí; de hecho como si la bolsa sigue así puede subir un 8% este año y los intereses están al 1%, voy a pedir un crédito, lo meto en bolsa y a fin de año me llevo un 7% limpio. En otras palabras: se está creando una burbuja a marchas forzadas igualita, igualita, que la de los productos estructurados: la gente compra una caja sin mirar qué hay dentro porque todo el mundo la quiere y la puede vender más cara en unos días.

Sin una mejora sustancial del tejido industrial y del clima político-social que tenemos en España, estos valores del IBEX son castillos sobre nubes – o sobre QEs. Y, oye, yo encantado que mi inversión lleva mucho tiempo ahí y sube como la espuma, pero en algún momento alguien se va a preguntar qué rayos hay en la caja que compra; o las medidas extraordinarias de la FED y del BCE desaparecerán y con ellas el crédito barato y la bolsa se dará un batacazo de padre y muy señor mío. Porque los brokers, esa gente tan sutil y sofisticada, actuan como una manada de borregos con ciertas cosas: ahora todos compran a la vez porque la cosa sube pero cuando llegue el momento todos venderán a la vez y, dado que es un principio básico que la bolsa sube en escalera y baja en ascensor, las caídas van a ser fuertes y rápidas y van a dar lugar al pánico y a la venta especulativa del tipo «no sé que hay en esta caja pero seguro que es mierda porque no la quiere nadie». Conclusión: las empresas sufrirán y la recuperación y la estabilidad españolas se pueden poner en grave peligro. Por no hablar de mis ahorros.

Odio las burbujas. Por lo menos esta vez veo como se hincha esta, pero…

La Ilusión de la Consciencia (III)

NOTA PRELIMINAR: Este es el tercer artículo de una serie que dejé inconclusa en 2009. Si llegas aquí de primeras deberías leerlos para antes (aunque no es imprescindible) para aclarar algunos conceptos y comprender el objetivo de la disertación. Si estás siguiendo la saga… pues perdona por el retraso.

Decíamos ayer que el argumento del cogito cartesiano es lógicamente erróneo y que el hecho de que existan mis pensamientos no quiere decir que exista un “yo” inmaterial que los piense, rebatiendo el argumento filosófico más popular para probar la existencia del pensador-agente. Pero por supuesto, esto no demuestra que el pensador no exista, estamos muy lejos de eso. Simplemente demuestra que una prueba de su existencia es errónea, pero estamos muy lejos de evidenciar la inexistencia de la conciencia individual, de la que todos una experiencia íntima y directa. “Yo” existo y eso es obvio; antes nos resultaría más creíble que nos dijeran que todo lo que sabemos y percibimos es en realidad una ilusión, que vivamos en Matrix, que el que nos digan no existamos como agente pensante, que “yo” no estoy detrás de mis ojos, pensando mis pensamientos y tomando mis decisiones. Así pues, ¿qué puede llevar a Arthegarn a decir que la consciencia , esa percepción inmediata de uno mismo, es en realidad una ilusión?

Empecemos por ahondar en cómo funciona nuestro cerebro y, en concreto, en el campo de las ilusiones. Descartes escribió las Meditaciones Metafísicas al calor de la chimenea, sentado en un sillón, con su bata puesta y su coñac, pero por acercar la filosofía a las masas, estoy seguro que alguna vez os habréis sentado en la taza del váter y, mientras estáis a lo vuestro y bastante aburridos, habéis el gotelé frente a vosotros y habréis visto caras aparecer de la pared. No como las caras de Bélmez o en plan peli de miedo sino como si esas gotas sugirieran una caras que vuestro cerebro termina de montar. Es un fenómeno universal, muy estudiado por la psicología, llamado pareidolia, consistente en que nuestro cerebro toma percepciones vagas y aleatorias y les otorga significado. Y no es solo el gotelé, la pareidolia nos hacer ver caras en todas partes, y formas en las nubes, y tendencias en el IBEX. Realmente no están ahí, son ilusorias, pero las percibimos de cualquier modo. Hay una razón para este efecto y es una razón evolutiva: nuestro cerebro no evolucionó para analizar exhaustivamente la realidad  y encontrar la Verdad absoluta (aunque podamos usarlo para eso), sino para el mucho más mundano propósito de sobrevivir, reproducirnos y que nuestra progenie sobreviva y se reproduzca.

Imaginad hace unos cuantos millones de años dos pequeños mamíferos dotados de pequeños cerebros que están tranquilamente al sol cuando oyen un ruido en un matorral cercano. Los dos miran a ver qué ha causado el ruido y entre el follaje ven una forma difusa difícil de definir. El cerebro de uno de ellos coge esa forma difusa, le da contenido (“¡un tigre!”) y sale corriendo; el cerebro del otro, más meticuloso, busca más datos para elaborar una respuesta correcta y evitar equivocarse… y para cuando ha terminado su análisis es almuerzo de un tigre. El animal dotado de un cerebro que imaginó el tigre donde en realidad no lo había visto sobrevivió y tuvo crías con cerebros parecidos, el otro no. La evolución determina que hayamos desarrollado el tipo de cerebro que funciona con pareidolia, es un instrumento de supervivencia, una ventaja frente a quien no la tiene. Todos nuestros cerebros, y no solo los de nuestra especie sino todos los del planeta, funcionan de la misma manera en este sentido. Aunque la información sea incompleta, aunque de vez en cuando se equivoque, el que se equivoca en ver un tigre donde no lo hay vive para volver a equivocarse, pero el que se equivoca en no verlo donde lo hay, no(1)

Este suceso no se da solamente en el estadio de desarrollo del ejemplo, sino en ancestros muchísimo más remotos. No solo desde que se empieza a desarrollar un cerebro propiamente dicho, sino desde que se empieza desarrollar la vida autónoma, animal, semoviente, quien reacciona más deprisa tiene una ventaja, que es por lo que tenemos cerebros. Una ameba, por ejemplo, reacciona automáticamente a los estímulos tan deprisa como puede de acuerdo a una programación, extremadamente sencilla, determinada y desarrollada por sus genes. Una ameba no es más que la forma que tienen los genes de la ameba de hacer copias de si mismos. Para que nos entendamos, los genes de la ameba llevan codificados una especie de “robot” biológico, que les sirve a la vez como transporte y como protección, y que les da más posibilidades de copiarse que a las cadenas de ADN que no son capaces de desarrollar estos robots.

Una ameba reacciona a sus estímulos de forma independiente y distinta a como reaccionan sus genes. Los genes no saben hacer otra cosa más que copiarse, pero una ameba, por ejemplo, siempre se dirigirá a la zona de la placa Petri que tiene mayor concentración de glucosa. Como ser carente de cerebro debería estar claro que no está decidiendo hacerlo: una ameba se mueve respondiendo a instrucciones extremadamente simples que le hacen comportarse siempre de una forma determinada; instrucciones (esto es muy importante) que no están escritas en el genotipo de la ameba sino en su fenotipo. No son los genes de la ameba los que “deciden” buscar glucosa, “conduciendo” la ameba como quien condice un coche; los genes (sin voluntad ni mente) han construido una máquina (sin voluntad ni mente) que tiene la característica de que siempre va hacia la glucosa.  Pero no hay volición en absoluto en una ameba, se comporta así porque está físicamente determinada para comportarse así, no hay mente ni libertad ni alternativa alguna. Existe la tentación de asignar a la ameba algún tipo de volición rudimentaria, ya que la vemos comportarse de una forma, hacer cosas como si supiera qué le conviene. Bien, no es cierto. Al igual que un espejo es capaz de reflejar imágenes muy complicadas a través de un proceso físico muy simple y totalmente determinista (2) una ameba puede comportarse de forma aparentemente inteligente, pero no es más inteligente, ni tiene más libertad a la hora de decidir qué hacer, que la que un espejo tiene a la hora de decidir qué reflejar.

Este tipo de programación automática y determinista puede verse igualmente en animales muchísimo más desarrollados que una ameba y que tienen comportamientos infinitamente más complejos, pero no por ello menos predeterminados, que una ameba. Consideremos, por ejemplo, a las termitas. Una termita tiene un rango de libertad, de cursos posibles de acción, increíblemente mayor que el de una ameba, pero eso no quiere decir que tenga intencionalidad –es decir, capacidad para elegir dentro de ese rango de libertad en función de un objetivo- ni en su mínima expresión. Sus acciones están tan programadas y predeterminadas como las de la ameba, y siguiendo el mismo procedimiento. Una termita responde a una serie de instrucciones muy simples, inscritas en su sistema nervioso de forma parecida a cómo los circuitos impresos de una máquina(3) determinan su funcionamiento. Por ejemplo, una instrucción puede ser “si no estás haciendo nada, baja a la cámara inferior y coge un poco de arcilla”, otra, “si llevas arcilla ve hacia arriba hasta que la temperatura sea X”, otra “si la temperatura es X y detectas que otra termita ha pegado su pegote de arcilla cerca, pega el tuyo encima”, otra “si estás trepando para colocar tu piedra y detectas que otra termita ha colocado una piedra cerca pero no en vertical, coloca tu piedra lo más cerca posible de esta segunda”, etc. Y así, sin saber lo que están haciendo, sin saber ni siquiera que existen, respondiendo a programa un codificado en sus genes y escrito en sus sistemas nerviosos, las termitas construyen arcos y levantan la Sagrada Familia.

Y es que al observar la vida y obra de los insectos sociales surge en nosotros la idea de que es imposible que construyan sus hormigueros, colmenas y termiteros sin tener la más mínima idea de lo que están haciendo. Una obra tan compleja parece diseñada por alguien y quizá, aunque individualmente los insectos no tengan consciencia, en colonias desarrollen algún tipo de inteligencia colectiva que les da la capacidad de concebir y ejecutar estas obras que requieren de tanta coordinación y que a un ser humano le costaría diseñar. Pero en realidad no es así: ni la termita tiene consciencia ni decide nada, ni la colonia tiene consciencia ni decide nada. La presencia de otras termitas afecta al comportamiento de la termita individual exhibiendo conductas que no exhibe en soledad, pero eso es todo, y es parte de su programación como hemos visto. El hecho de que una acción o una obra parezcan ejecutados por un ente inteligente y consciente de lo que hace no implica que verdaderamente sea así. No obstante la asignación de intencionalidad, la idea de que las termitas tienen que saber lo que están haciendo o no serían capaces, también es un fenómeno universal, parecido aunque muy superior a la pareidolia, que es crucial para nuestro tema y del que hablaremos, junto con de la función y funcionamiento de los cerebros y las diferencias entre cerebro y mente, en el próximo capítulo.

(Continua.)

Arthegarn
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(1) Todo esto es, en realidad, muchísimo más complicado pero detallar pormenorizadamente cuales son exactamente los mecanismos evolutivos que llevan a la pareidolia y que determinan (por ejemplo) qué grado de la misma es el aconsejable y cual no (si saliéramos corriendo cada vez que vemos un matorral no ganaríamos para sustos, por ejemplo) excede con mucho el ámbito de este artículo. En particular quiero hacer notar que la evolución por selección natural no es determinista como la estoy describiendo, ese ejemplo es ilustrativo nada más. En realidad siempre deberíamos hablar de probabilidades: de unos genes que llevan codificado un cerebro con una estructura morfológica tal que es más tendente a la pareidolia que los demás, que da a su poseedor mayores posibilidades de supervivencia y reproducción y que por tanto tiene más probabilidades de fijarse en la cadena genética. Por el mismo proceso no se fijan en la cadena genética los genes que producen cerebros que tienen demasiada tendencia a la pareidolia e imaginan una realidad errónea demasiado a menudo y hacen que el animal salga corriendo cuando no debe demasiadas veces,, malgastando los recursos y reduciendo sus posibilidades de supervivencia. En términos estrictos, en el proceso de evolución por selección natural nunca podemos decir que un cambio se produjo “para” algo, simplemente se produjo, resultó útil en ese momento y se fijó en el ADN.
(2) La “intencionalidad” de la evolución (esa tentación de poner el “para”) es otra de las características de la mente humana, muy parecida a la pareidolia, y que veremos más adelante.
(3) Técnicamente, de una máquina no reprogramable.

Recuerdos y planchazos

Hoy, día internacional de la mujer trabajadora, quiero compartir un recuerdo de cuando era adolescente.

Tenía yo unos catorce años, debía de acabar de entrar al instituto, y una mañana de sábado en la que mi hermana Eva y yo estábamos estudiando (bueno, ella muy probablemente estaría estudiando, yo estaba preparando la partida de D&D de la tarde, de eso sí que estoy seguro) tuvimos una bronca de esas de hermanos porque decía que la música que estaba poniendo (Reinzi) no le dejaba concentrarse. Como, de cualquier manera, yo no tenía ninguna gana de seguir encerrado en el cuarto, tras los siete gritos de rigor que se tienen que pegar dos hermanos adolescentes que comparten cuarto, máxime si son de distinto sexo, quité la música, cogí mis papeles y me fui dando un portazo. Como misplanchar[1] otras hermanas estaban en la salita y mi padre leía en el salón (y, en cualquier caso, era muy pronto para poner la tele, que en mi casa no se ponía hasta el medio día) me fui a la cocina donde me encontré a mi bendita madre planchando.

Saludé, me senté en el banquito, puse mis papeles sobre la mesa pero, como en realidad estaba a medias entre aburrido, furioso y hormonado como solo un adolescente puede estarlo, no pude seguir. Mi mente divagaba y era incapaz de concentrarme en el esquema defensivo de combate en exterior que estaba diseñando, con el grupo formado en cuadro, los magos en el centro, los clérigos en segunda línea y los guerreros de mayor nivel en punta y ese tipo de cosas que antes se hacían con la imaginación y ahora requieren una consola y una conexión a internet de alta velocidad. Y mientras razonaba que la mejor forma de formar el cuadro era que el personaje de mi hermana, Lady Andruin, se colocara en la punta del cuadro opuesta a en la que estaría Sir Drymard (mi personaje) porque era claramente segundo personaje más poderoso en lucha cuerpo a cuerpo ya que podía hacer lo mismo que los otros caballeros y contra algunos monstruos como orcos y goblins era casi hasta mejor que yo cuando, al alzar la mirada distraídamente mientras meditaba sobre el tema, vi a mi madre planchando y algo hizo “click” en mi cabeza.

Por supuesto, eran otros tiempos así que para las generaciones actuales esto debe sonar más de la edad media que las armaduras que llevábamos, pero lo que pensé fue que ya no había chicas como mi madre. Que todas las chicas listas que conocía querían ir a la universidad y trabajar y tener carreras profesionales y que, aunque probablemente acabaran casándose y teniendo hijos y quedándose en casa, que era lo natural, ninguna de ellas estaba aprendiendo lo que tenía que aprender. Vale, sí, sabrían mucho de verbos intransitivos, y de enlaces covalentes y algunas (como mi hermana) podían ser mejores que yo con las ecuaciones de segundo grado, pero… ¿Cuántas de ellas iban a aprender a barrer, o a limpiar? ¿O a planchar, aquél país desconocido al que yo jamás me había ni siquiera acercado? Porque, aunque encontrara una chica como mi madre, algo totalmente imposible porque cuando Dios la hizo rompió el molde, una mujer que no entrara a la Universidad a buscar novio sino a cursar una ingeniería superior y que, en un momento determinado, decidiera cambiar las ecuaciones diferenciales por sus hijos y la plancha… Aunque encontrara a esa mujer, si se había dedicado a estudiar y no a aprender sus labores… ¿quién iba a planchar mis camisas?

Así que, tras considerar brevemente la posibilidad de restringir mis posibles esposas a solo aquellas que supi38655_1491556801583_5561391_neran planchar y desechar la idea por ser tan restrictiva como estúpida, le dije a mi madre: “mamá, ¿me enseñas a planchar?”

Hoy en día mi hermana, además de madre, es ingeniera aeroespacial, una de las mejores y más consideradas en su campo en Europa. Mis otras dos hermanas, emigrantes por desgracia, son: la rubia, madre y científica dedicada a la investigación (en Francia) y la morena productora del cine que se ve en Cannes y en la Berlinale (en Costa Rica). Y yo soy un virtuoso de la plancha. Con mi carrera profesional también, desde luego, pero os apuesto cualquier cosa a que plancho mejor que todas ellas. Y, a diferencia de cómo era en aquella época en las que daba tantas cosas por sentado, también soy feminista.

La moraleja de esta historia es que, en este día de la mujer trabajadora no quiero quedarme simplemente en recordar los problemas adicionales a los que se enfrentan sus mujeres en sus vidas profesionales. Quiero recordar también a todas las mujeres que hacen de sus labores su laboro y que tienen que luchar contra el increíblemente injusto estigma de que lo hacen porque no saben hacer otra cosa, o porque han fracasado en la vida profesional, o porque están psicológicamente sometidas a sus maridos. Y quiero recordar a los hombres que, por contra, saben que con tener una carrera profesional fuera de casa no está todo hecho y que la igualdad no es solo de puertas a fuera sino también de puertas a dentro; los hombres que viven en pareja y planchan, cosen, barren, friegan y se ponen los guantes de plástico para rascar bien la taza del váter los fines de semana; y los hombres que no viven en pareja… pero no esperan que lo hagan sus madres.

Que aquí, o todos moros o todos cristianos pero para todo.

Feliz día de la mujer trabajadora,

Arthegarn

Spock wouldn’t like this post.

Leonard Nimoy, the actor who portrayed Spock died yesterday.

And my heart is broken. And my throat hurts. And my eyes are wet. And it’s all highly illogical.

I never met the guy. He meant nothing to me. I hear he was a wise, kind, charitable person who had grown into the shoes that fiction had him wear, but I never met him, or talked to him, or shook his hand. I therefore shouldn’t be this sad,

But I am.

Spock died today. In an awful way that is so diminishing to the actor who was Spock, and in which the Catholic in me feels so guilty, Spock died today. And my heart is broken.

I modelled the best part of my life after Spock. When I was a small, four-eyed skinny kid whom other kids would abuse because they could – and because I was clever – I stuck it out because, in that twisted, convoluted and basically mistaken thing that is a child’s mind, there was Mr. Spock. He was the odd kid too, the one nobody understood, the one who ran circles around all the rest and the one on whom nobody picked – because he was so above them they couldn’t reach him. Spock was a beacon on hope during my beating years. If there was such an adult as him, imprevious to harm and ridicule, watching the puny mortals crawl around their business as harmless clockwork pieces while saving their lives all the time, even of they were nothing to him, then there was a chance for me, a chance that life would be bearable at some point, a chance that I would be able to live just by myself, and my thoughts, and reason. Logic was there to save nimoy-star-trek-khanme. Whenever pain and loneliness would become too hard, I could just run into Spock mode and shrug them away. He taught me the difference between alone and lonely, and he made me love logic, reason, in the end, science.

Then I grew up, of course, and I realized Spock was not just about that. He had friends, even loves, and he deeply cared about them. He was not a marble statue against which life would bounce, he craved for life, and knowledge, and experience, and feelings. Even if they hurt. It was not about how he deflected life, it was about how he managed life. And I fell in love with him again, and I saw how wise that approach was, and I followed him again as a young adult. He was one of the best role models a man can have, one that will grow with you and not simply teach you, but demand and urge of you that you become all that you are capable of, despite the circumstances. You must do your best, always; all other alternatives are illogical. And you can do it, look at me, I did it and succeeded; I am doing it, if I can do it, so can you. So pick up your soul from the floor and move along, moaning won’t help and you know it. It’s not that it doesn’t hurt, it’s about how you handle hurt: harness it, turn it into logic, ride on that pain to go further than those who inflict it, ride it to go where no man has gone before.

Spock was -is- one of the best role models anyone can have. He made me believe I was invincible, he made me believe in me when nobody else would, he made me carry on. In ways that I don’t care to explain, he saved my lefe many times. And now Leonard Nimoy, the actor who played him so elloquently, is dead. And with him, in my puny, little, illogical human mind, dies Spock. And in that death I am reminded that we are finite, that even an idol like Spock, the imprevious, the ever-reliable eyebrow-cocked imaginary friend, can cease to exist; that we walk a path all our lives towards ideas and models that, in the end, are as fallible, breakable… as human as we are.

And, although I already knew that, being reminded in such a way hurts. My heart hurts. And my mind hurts, because I shouldn’t be hurting just because someone I never knew, somebody I never met or shook hands with, someone who just played a fictional character who appeared in a series I liked, died yesterday. And -I guess- it’s diminishing to the man he was that I just mourn a part of him, and a fictional part at that. Just the symbol. His friends and family, who knew and loved him for what he was, must be having an awful time. And my heart and thoughts go with them.

But, I’m sorry, I can’t help feeling the way I do. Spock died yesterday. And that, in my world, is an unspeakabgle tragedy. A beacon of light, logic and charity has gone off forever and I’m not sure where will I run to next time that darkness surrounds me.

Farewell, Mr. Nimoy. You don’t know it but, through your acting, you shaped my life. As epitaphs go, I don’t think many actors get one like that.

And, for the rest of you, live long and prosper.

Arthegarn

Precisiones legales y fiscales sobre el Asunto Monedero

(NOTA PRELIMINAR: Lo que sigue es la contestación a la respuesta en Facebook de alguien a quien, para respetar su intimidad(*) y atendiendo a su (posterior) petición expresa llamaremos don Andrés, a mi artículo del otro día que utilizaba el Asunto Monedero como excusa para reflexionar sobre la corrupción individual de los españoles, cómo esta se refleja en sus políticos y cómo no cambiaremos España hasta que no nos cambiemos a nosotros mismos)

Ante todo tengo que agradecer a mi ilustre contertulio todo el trabajo que se ha tomado. No es en absoluto habitual que uno de mis artículos sea contestado de forma razonada y con una extensión cuatro veces superior a la del artículo original, así que como poco eso quiere decir que le ha resultado interesante. Y me gusta que la gente encuentre mis artículos interesantes así que, D. Andrés (permíteme por favor que tutée a partir de ahora), muchas gracias. Mucho menos me gusta que insinúe que mi artículo es falaz, por supuesto, pero la contraargumentación está razonada y es lógica (hasta un punto al menos), algo que tanzanite-gem-large_infome gusta y que es en si mismo una gema por su rareza. Puede que sea un carbunclo en vez de un diamante, pero sigue siendo una gema. Así que intentaré contestarle, don Andrés, punto por punto y como merece.

Dice usted que mi artículo no pasa de la mera opinión y no aporta datos. Totalmente cierto: es un artículo de opinión y orgulloso de serlo.

Me pregunta usted si conozco la Ley de Sociedades. Sí, la conozco, 1/2010 en su texto refundido, pero no entiendo a qué viene la pregunta. También conozco el Código Civil y las Reglas de Adquisición y tienen más o menos lo mismo que ver con el tema que nos ocupa. Creo que lo que en realidad quiere usted preguntarme es si conozco la Ley del Impuesto de Sociedades (4/2004 respecto a los hechos que nos ocupan, hoy en día sustituida por la 27/2014) que también conozco. Esa, la 58/2003 General Tributaria y la 35/2006 del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, sobre la que me considero muy versado y sobre la que usted, al menos en lo que hace referencia a los artículos 17 y 18, o no tiene ni idea u oculta datos maliciosamente.

Me pregunta usted qué motiva mi conclusión de que lo que ha hecho Monedero es deshonesto. Me alegra que me haga esta pregunta porque me da la oportunidad de tragarme parte de mis palabras que me llevan picando desde ayer. Y es que, como liberal que soy, soy un firme defensor de la presunción de inocencia, no solo como criterio jurídico sino también como criterio ético; y no está probado más allá de toda duda razonable que Monedero haya sido deshonesto. Eso, hasta que hable un juez, solo lo sabe LogoAgenciaTributariaMonedero que es el único que está en su cabeza y sabe por qué hace las cosas. Es concebible, y no sería irrazonable, que haya tenido un pésimo asesor fiscal que le dijera que lo que hacía era legal. Es incluso concebible que se trate de un error honesto: las leyes fiscales son farragosas e incluso los expertos recurren con frecuencia a la consulta vinculante(1). Así pues no puedo afirmar así por las buenas que Monedero haya sido deshonesto, es injusto.

Lo que sí que puedo afirmar, y explicarle a usted porqué, es que tengo el absoluto convencimiento íntimo de que ha sido deshonesto. Lo opino fundamentalmente por dos razones: en relación al elemento subjetivo (“¿estaba Monedero defraudando a sabiendas o cometiendo un error honesto”?) a través de aplicación de los mecanismos formales habituales de compleción de información aplicables a estos casos (navaja de Ockham, principio qui bono, existencia de móvil, medio y oportunidad, etc.); y en relación al elemento objetivo (“¿hay verdaderamente irregularidad en lo que hizo?”) a través de mi conocimiento de la ley, que voy a intentar explicar de la forma más asequible posible.

En primer lugar, vamos a la relación de los hechos en si.

  • Año 2010: Juan Carlos Monedero (en adelante, “Monedero”) realiza diversos trabajos para Bolivia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua, supuestamente en el marco del proyecto del SUCRE.
  • Septiembre de 2010: Monedero recibe su primer pago por estos trabajos (concretamente de Venezuela), y solicita el día 24 la salida de (al menos parte del) capital (unos 250.000 bolívares) del país y su conversión a euros (35.000).
  • 18 de octubre de 2013: Monedero constituye la sociedad(2) Caja de Resistencia Motiva 2 Producciones, S.L.U. (en adelante, “Monedero SL”), de la que es el único accionista.
  • 23 de octubre de 2013: Monedero se nombra a si mismo administrador único de Monedero SL y la sociedad empieza su actividad.
  • 31 de diciembre de 2013: Monedero SL cierra el año fiscal con unos ingresos de 425.150 euros, unos gastos de 59.707,35 (3) y un beneficio de 365.442,65

En otras palabras: Monedero realiza los trabajos unos tres años antes de que ni siquiera exista Monedero SL. Eso quiere decir que a quien contrataron los estados del ALBA fue a Monedero, no a Monedero SL, luego los ingresos que se deriven de esos contratos, independientemente de cuándo se materialicen, son de Monedero y no de Monedero SL. El hecho de que de repente aparezcan en las cuentas de Monedero SL solo puede obedecer al fraude(4) y a que Monedero intentara que ingresos que le eran propios y de su patrimonio aparecieran como de la sociedad.

Este hecho es fraudulento por sí solo. Independientemente de si hubiera pagado más o menos impuestos, firmar un contrato como Monedero y prestar unos servicios, y tres años después decir que el dinero tiene su origen en servicios prestados por Monedero SL que no existía en aquel momento es fraude. Punto. Fraude y de la naturaleza tonta, porque te van a pillar sí o sí(5). downloadAsí que lo siento, pero tu argumento de que Monedero no ha cobrado él sino que ha cobrado la sociedad no se sostiene, es eso precisamente lo que ha intentado aparentar y en eso consiste precisamente el fraude

Me dice usted que si Monedero fuera pícaro hubiera creado la empresa fuera de España, y yo le pregunto, ¿por qué? ¿dónde? A menos que la hubiera creado en las Islas del Canal o semejante para ocultar más seriamente la procedencia de los fondos, claro, pero como Monedero no es tonto(6) sabe que el mero hecho de que le asocien con una empresa así es suficiente para destruir toda su credibilidad y la de Podemos así que no lo hace. Porque es lo suficientemente pícaro para saber que no le conviene.

Me va usted a tener que perdonar que no entre en las siguientes disquisiciones que hace, que no tienen nada que ver con mi artículo ni con el fraude en cuestión (así que entiendo que no lo están respondiendo sino que son simples obiter dicta para que quien pase los lea) como el objeto de la sociedad, su número de empleados (¡no hay nada de malo en que no tenga empleados!), eso que dice de que “factura a través de una asociación que cumple a posteriori con su cometido”, que directamente no entiendo (¡pero si los trabajos por los que cobra ya estaban realizados!), etc. Como verá es que ya es bastante largo esto por si solo. Porque ahora «vamos con los numeritos», como dice usted, y que en mi humilde opinión son erróneos de cabo a rabo,

En primer lugar, Monedero SL no tiene ninguna razón por la que destinar sus resultados a dividendos. Si, como sugiere usted, Monedero SL se va a dedicar a financiar La Tuerka o cualesquiera otras actividades audiovisuales cercanas a Podemos, lo inteligente (lo que recomendaría cualquier asesor fiscal que se haya terminado la carrera) es aplicar el resultado (por ejemplo) a reserva voluntaria, pasarlo al año 2014 sin pagar un céntimo más y dedicar ese saldo positivo a los gastos que genere La Tuerka en 2014, que sin duda es lo que pensaba hacer. Hacer el circuito que usted sugiere (primero pagar Sociedades y luego destinar el beneficio a dividendos, sobre los que Monedero tendría que pagar encima IRPF) es la forma más estúpida que se me ocurre de tributar por esas ganancias. Como ya hemos establecido que Monedero no es tonto, dudo muchísimo que sea lo que tenía pensado.

En segundo lugar, y perdone usted mi franqueza, cuando hace la segunda parte de las cuentas se explica como el culo(7) y siento decirlo pero es que es cierto: me ha llevado casi una hora entender lo que quería decir. No hay una “tributación por dividendos” como la que 1421959926_442257_1421960560_noticia_grandedescribe, lo que existe es una retención del IRPF (que es del 21%, no del 27%) y luego un pago del impuesto que se hará al tipo que corresponda en función de la renta total del sujeto gravado(8) y que no conocemos porque no conocemos el resto de los ingresos de Monedero en 2014. No podemos aventurar su tipo medio de IRPF.

En tercer lugar lo de que se puede aplicar la deducción por rendimientos irregulares lo dice usted (ni siquiera lo dice Getsha como podrá comprobar más abajo). No confunda usted que la Gehtsa diga que Monedero podría recuperar hasta 150.000 euros con que esto efectivamente se vaya a producir. En primer lugar, Monedero realiza esos trabajos en 2010 y empieza a cobrar por ellos en 2010 así que las ganancias no tienen un periodo de generación superior a dos años (de hecho el mismo artículo de El Economista que cita usted dice que Gestha “indicó que (…) parece como si todo el informe se habría generado en el año”). Pero es que, además, en el momento en que esas ganancias se repiten en el tiempo (en el caso que nos ocupa dos veces en cinco años) pierden el carácter de irregulares, y Monedero hizo varios trabajos de la misma índole a varios estados por los que cobró varias facturas; así que no aplica. La identidad de función es el criterio que aplica en este caso y las facturas de las que estamos hablando son facturas por servicios de consultoría y asesoría, labor que el mismo monedero dice que lleva años realizando. No aplica. De lo contrario yo como abogado podría aplicarme esa reducción a casi todas mis facturas diciendo que, aunque mi función sea la asesoría legal, es que no todos los años cobro 425.000 euros por el mismo caso; o que es que este caso y aquel son únicos porque uno es el divorcio de Manolita Pérez y José Jiménez y otro es la quiebra de Farrucos SA y nunca voy a tener otros iguales.

Así que lo siento, pero no. Sus cuentas no tienen ni pies ni cabeza. A lo mejor para agarrarse a un clavo ardiendo le sirven, pero no tienen ni pies ni cabeza. Ah, y lo de que Monedero no trabaje a jornada completa en Venezuela no tiene absolutamente nada que ver con el 18 LIRPF.

Y eso es todo, al final me ha quedado más corto de lo que esperaba. Espero haber sido breve, resuelto sus dudas, contestado a sus preguntas y que, como dice usted, no se haya ofendido nadie (en mi caso, ni Montoro).

Salud y evolución,

Arthegarn___________
(*) Porque, no se confunda usted, yo tengo todo el derecho del mundo de citarle a usted por su nombre y sus dos apellidos cuando estoy hablando de lo que usted, públicamente y usando su nombre y sus dos apellidos, ha rebuznado escrito, encima en contestación a mi artículo anterior. Con o sin su permiso. Se llama libertad de información; ni siquiera tengo que acogerme a la libertad de expresión. Lo que pasa es que, católico o no, no estoy enteramente desprovisto de caridad.
(1) La Consulta Vinculante es algo así como irte a Hacienda y preguntarle “Oye, Hacienda, en este caso y considerando este artículo, ¿qué tengo que hacer? ¡Y ojito con la respuesta que lo que me digas lo voy a hacer y a seguir haciendo y luego no te puedes desdecir ni multarme ni nada de eso!”
(2) Sociedad, estimado don Andrés, no asociación. Con todo respeto, tiene narices que se pregunte usted si el autor del artículo conoce la Ley de Sociedades y luego no sepa diferenciar una asociación de una sociedad. Cuando yo era estudiante por ese tipo de cosas te mandaban a septiembre en Mercantil I con un capón. Y como no soy nada dado a los argumenta ad personam me limito a decirle esto en una nota a pie de página en vez de dedicarle un párrafo bien sarcástico que es lo que me pide el cuerpo; pero decírselo te lo digo.
(3) Como nueva nota al pie, conviene recordar que todo este follón empezó por la acusación de la prensa (ABC) de no tener las cuentas de la sociedad claras porque no ha justificado estos gastos que, de hecho, en su inmensa mayoría están declarados pero no se han hecho efectivos (es decir, Monedero SL le debe a alguien, no sabemos quién, 57.190 euros –el 95.78% de los gastos de la empresa- que nunca han salido de tesorería).
(4) O a una negligencia tan grave que está penada de forma objetiva.
(5) No me voy a meter en la sutileza, aun más clarificadora, del llamado criterio de devengo y que dice que los gastos en ingresos de una sociedad se computan en el ejercicio en el que se devengan y no en el ejercicio en el que se materializan (i.e. en el que se cobran). Si yo realizo unos trabajos en 2010 y emito unas facturas en 2010 esos ingresos se computan fiscalmente en 2010 aunque no los cobre hasta 2013 o aunque no los cobre en mi vida. Es un criterio con el que no estoy personalmente de acuerdo y que hace que los empresarios españoles, particularmente PYMES y autónomos, tengan que adelantar el IVA (y otros impuestos) al Estado en vez de actuar como verdaderos recaudadores indirectos y entregar al estado el impuesto cuando el deudor se lo da efectivamente a ellos y no cuando se genera la deuda; pero es el que hay y es el que hay que seguir. Por cierto, las facturas en cuestión no llevan IVA y es correcto que no lleven IVA ya que se refieren a servicios prestados fuera de territorio IVA.
(6) Lo de que Monedero no sea tonto, que lo digo en serio, es otra de las razones que me lleva a creer que todo esto es un fraude y no un mero error bienintencionado.
(7) O no tiene usted ni idea de lo que dice, claro, pero voy a suponer que es que eran las dos y pico de la mañana y estaba usted cansado. Presunción de inocencia y tal…
(8) Por cierto, es gravado con uve, no grabado con be; a menos que le intente grabar en la frente con un cincel y un martillo “no cometeré fraude fiscal” o algo semejante, lo que le advierto de que es un delito grave, grabe o no grabe. Y al (2) me remito.

El mensaje a la ciudadanía de Monedero

Ya sé que parece que no escribo más que de Monedero últimamente. En realidad estoy con un artículo de metafísica y otro de narrativa cerebral, pero es que este tema se desarrolla tan deprisa que no me deja muchas opciones.

Ante todo, lectores míos, quiero que veáis y sobre todo escuchéis este vídeo, un mensaje de Monedero a la ciudadanía. Ayer, después(1) de comparecer ante los medios y dar una rueda de prensa(2), en lo que considero una jugada magistral de comunicación y de entender la sociedad 2.0 mejor de lo que yo mismo la entiendo, Monedero se dirigió a todos y cada uno de nosotros, en persona, de tú a tú, con cercanía, para dar explicaciones sobre el asunto de su supuesto fraude fiscal. Os dejo con el vídeo y os ruego que le dediquéis atención, aunque dure once minutos y a algunos os empiece a picar la piel, antes de seguir leyendo.

Tengo muchas ganas de leer el artículo que, sin duda, escribirá Pablo Herreros en su blog al respecto, pero a mi me parece una jugada magistral, de esas a las que casi me tiene acostumbrado Podemos, donde hay gente que podría casi darle clase de comunicación y propaganda a Goebbels(3). Primero me dirijo a los medios en una comparecencia fría, institucional, aséptica, con fondo blanco, enfadado y en tono violento, y mitinero(4), entre otras cosas porque no me fío de los medios (y tengo muchas razones para hacerlo) y luego os recibo en mi casa, cálidamente, , en mi rinconcito rodeado de libros, para contaros la historia de tú a tú en diez minutos. «No os fiéis de lo que leáis en la prensa, aquí me tenéis dandoos directamente explicaciones y pidiendo perdón por lo que he tardado en comparecer. No vais a obtener mejor información, ni más directa y cercana, que esta». Genial. Sencillamente genial. Comparado con Monedero, Rajoy todavía no ha descubierto ni a los pregoneros y su comunicación consiste en escribir decretos en latín(5) que publica en los rincones menos transitados de un pueblo cuyos habitantes no saben leer ni, mucho menos, latín.

Insisto, genial en las formas y eficiente como nada porque, además, deslegitima la manipulación que puedan hacer los medios generalistas de tendencia anti-Podemos y remite a un «ancla», fácilmente accesible para cualqujier español, con la información oficial, que ha sido cuidadosamente recopilada, elaborada, ensayada y presentada. Brillante. Chapeau.

Pero…

Porque hay un «pero», claro. No sé cuántos de vosotros habréis leído mis precisiones legales y fiscales sobre el asunto Monedero, en el que desgrano exactamente qué es lo que me hace a mi dudar de la honestidad y honradez de Monedero, o el mucho más conciso a la par que claro análisis de mi querida amiga y compañera Nanci Mourentan, pero en todo lo que dice Monedero, en todo lo que revela tanto en la rueda de prensa como en la comparecencia, no encuentro información que desmonte los siguientes hechos y razonamientos:

  1. Los trabajos se inician en 2010.
  2. Eso quiere decir que el contrato por el que el banco del ALBA encarga esos trabajos se hace, como muy tarde, en 2010.
  3. En 2010 no existía la Monedero, S.L.(6) que se constituye en 2013.
  4. Eso quiere decir que el contrato no se pudo firmar, en 2010, entre el Banco del ALBA y Monedero, S.L., sino entre el Banco del Alba y Juan Carlos Monedero, persona física
  5. Eso quiere decir que los rendimientos obtenidos de ese contrato son de Juan Carlos Monedero, persona física, y no de Monedero, S.L.; y tributan IRPF como rendimientos obtenidos por una persona física y no Sociedades como rendimientos obtenidos por una sociedad.
  6. Eso quiere decir que imputarlos a una sociedad, que ni siquiera es parte del contrato, es fraude fiscal.

Esos son los hechos que yo veo. Ese es el razonamiento que me hago y no he visto nada en ambas declaraciones (aunque me gustaría tener el dossier que repartieron en la rueda de prensa) que me lo discuta.

Durante la última semana he recibido diversos… no sé si llamarlos «ataques»… diversos comentarios críticos respecto a mi falta de objetividad. Según las personas que me critican lo veo todo de color azul porque todo lo miro a través de un cristal azul downloadde atrincheramiento ideológico y ni mi forma de percibir la información, ni mi forma de procesarla, ni mi forma de comunicarme, son neutrales ni objetivos. Algunos opinan que rodo lo que digo es azul porque no puedo evitar que se tiña de azul al pasar por mi, siendo yo tan azul; otros opinan que paso mis ratos libres con un frasco de añil y un pincel, azulando meticulosamente y con tanta habilidad como perfidia toda la información que recibo para poder transmitirla del color que más me gusta. Bien, aunque supongo que es inevitable que todo lo vea a través de un cristal coloreado; y aunque opino que mi color (sobre todo de un tiempo a esta parte) es más el naranja que el azul, me gustaría rebatir esta idea. Lo creáis o no, y los que me conocéis mejor creo que podréis dar testimonio de ello, en realidad paso mis ratos libres con un trapo y una botella de disolvente tratando de quitarle a la información los tintes con los que me llega; y esto incluye los que le doy yo (o, al menos, aquellos de los que me doy cuenta). Mi compromiso con una idea política, económica, social, vital, religiosa, incluso mis ganas de tener razón o mi anhelo de ser feliz, se ven superados por mi compromiso con la Verdad. Por mi honestidad intelectual y parafraseando a Meat Loaf, I’ve been through the fires of Hell and I have the ashes to prove it, así que os ruego que creáis que, cuando digo estas cosas, no me mueven intereses partidistas ni partisanos sino un humilde deseo de hacer el bien, de decir la verdad y de que mis semejantes tengan toda la información posible a la hora de tomar una decisión para que esa decisión sea todo lo informada posible. Puede que lo que diga no os guste, pero os garantizo que ni soy el diablo ni os intento engañar.

El mensaje a la ciudadanía de Monedero es, insisto, una obra maestra de comunicación. Convence, llega al televidente a un nivel emocional, íntimo, habla al corazón, hace que empatices con él, con todo lo que le ha pasado este mes, con todo lo que ha sufrido, con todo lo que le han perseguido los grandes medios de comunicación controlados por un poder que le teme porque se ha atrevido a desafiarle. Te hace recordar por qué estás con Podemos, por qué hay que seguir adelante, por qué Podemos representa el cambio que este país necesita desesperadamente y por qué no puedes perder el empuje, la esperanza y la ilusión en el movimiento solo porque una gente terriblemente poderosa, com medios inimaginables y de forma maliciosa, inmoral e ilegal, haya atacado con ferocidad y saña inauditas a un ciudadano normal, que no es importante, un ciudadano como tú, que podrías ser tú, y por qué esto hace más necesario y más urgente apoyar con más fuerza el único movimiento que de verdad es capaz de traer ese cambio a España. Es magnífico y lo digo sin reservas, me siento indignado y furioso con el Gobierno después de verlo.

Pero no contesta a mis preguntas sobre el fraude fiscal de Monedero, ni desmonta el razonamiento que os he expuesto, que es de lo que se trataba. Es tirar balones fuera, distraer la atención, salir con la impresión de que ha contestado a tus preguntas y lo ha aclarado todo… cuando no es así.

E, insisto, yo no dejaría de votar a Podemos por esto. Era de esperar. Las razones por las que no voto a Podemos son otras totalmente distintas. Pero si tú dejarías de votar a un partido que por un lado promete un cambio en la forma de hacer las cosas y una vuelta a la honestidad en la vida pública mientras por otro mantiene como uno de sus principales a alguien que hace años intentó ahorrarse unos cuantos miles de euros en impuestos a través de ingeniería fiscal y sociedades interpuestas; si esta es tu forma de pensar, deberías al menos tener toda la información para tomar una decisión libre e informada sin que nadie desvíe tu mirada con fuegos de artificio.

Si alguien quiere disolvente me sobran unas garrafas. Pero if we shadows have offended,

Think but this and all is mended,
That you have but slumbered here
While these visions did appear.
And this weak and idle theme,
No more yielding but a dream,
Gentles, do not reprehend:
If you pardon, we will mend.
And, as I am an honest Puck,
If we have unearnéd luck
Now to ‘scape the serpent’s tongue,
We will make amends ere long;
Else the Puck a liar call:
So, good night unto you all.
Give me your hands, if we be friends,
And we shall restore amends.

Arthegarn____________
(1) De por fin comparecer ante los medios, quiero decir.
(2) Rueda de prensa que, encima de tardía, intentaron reventar durante una hora, siendo necesario el concurso de la policía para que pudiera empezar.
(3) Eso es un piropo aunque a alguno no se lo parezca.

(4) Podéis ver la rueda de prensa íntegra, incluyendo al Camarero de Gran Via intentando reventarla, aquí. En si misma empieza a los 75 minutos de video.
(5) Con faltas de ortografía
(6) En realidad se llama Caja de Resistencia Motiva 2 Producciones, S.L.U., pero creo que es más sencillo de entender así.

La vida de Monederillo de España y de sus fortunas y adversidades

Y, ahora en serio, ¿qué esperabais? ¿Que el equipo directivo de Podemos fuera a ser puro como la Virgen María? ¿Que nunca fueran a haberse pringado? ¿Que estuvieran por encima de la tentación y la corrupción? ¿Que fueran mejores que vosotros? Porque yo, lo siento, pero ni lo esperaba ni lo espero.

La cúpula de Podemos, si es que se puede hablar de cúpula, no es tan diferente a la cúpula de otros grandes partidos. En cualquier país los políticos salen del Pueblo y son un reflejo distorsionado del Pueblo . En su imagen pública intentan parecerse todo lo posible a lo que ellos creen que sus votantes querrían ser: los conservadores se ponen corbata para ir a misa y a los toros, los progresistas se ponen corbata lo mínimo posible y critican a los conservadores por ir a misa y a los toros; los liberales van de élite intelectual y de triunfadores profesionales, los socialdemócratas van de gente moderadamente enriquecida que se preocupa por las condiciones de vida de sus conciudadanos más desfavorecidos; etc. Pero más allá de esta imagen, en su fuero interno, los políticos no son tan diferentes de sus votantes de cómo son sus votantes y conciudadanos en la intimidad, entre otras cosas: pícaros, fanfarrones e hipócritas.

Pícaros ante todo. Hace ya quinientos años que esta faceta nuestra adquirió tal importancia como para merecer un género novelesco por si mismo que, bien interpretado, nos dice mucho de nosotros mismos. En España, ser un pícaro no es inmoral. Siempre y cuando robes con ingenio y una sonrisa a quien tiene más y no hace lo bastante el-jarro-de-vino-ilustración-de-maurice-leloirpor cuidar lo suyo el latrocinio se recibe con simpatía. Es signo de inteligencia y creatividad, no de inmoralidad o deshonestidad. El pícaro es laudado y celebrado, se admira de él su capacidad para aprovecharse de las circunstancias que le rodean sin importar si tiene derecho a hacerlo o si lo que hace está bien. Y tan imbricada en el subconsciente colectivo de los españoles está esa idea que hoy en día se entiende que quien puede aprovecharse y no lo hace es porque es un tonto, no porque sea bueno y honrado. Así, el empresario menudea al trabajador su salario, el trabajador se escaquea de su puesto todo lo que puede; el ciudadano obsequia al funcionario que agiliza su trámite y el funcionario espera ser obsequiado y, por supuesto, todo el mundo, todo el que sabe al menos, defrauda en sus impuestos.

Oigo ruido de sables entre mis lectores; quiero recordaros (e informar a quien no lo sepa) de que he sido asesor tributario hasta el año pasado que dejó de compensarme. He hecho vuestras rentas, particularmente las de algunos de los que claman al cielo con mayor indignación por la corrupción de Bárcenas o Monedero, y sé positivamente que vuestra historia tampoco soportaría un escrutinio semejante. En España quien no defrauda es tonto, quien exige el IVA en sus facturas es imbécil, quien no dice que su primo de 25 años vive con él de alquilado es bobo y quien no se descuenta los cafés del desayuno como gastos de explotación es que no tiene una PYME para poder hacerlo. Por no hablar de quien se queda en paro y se tira los primeros seis meses rascándose la barriga y sin buscar trabajo porque le quedan otros 18 de prestación y “se lo ha ganado”, quien tiene una gastroenteritis que no le deja salir de la cama un lunes sí y otro también o quienes pactan –trabajador y empresario- dar solo de alta a aquel a jornada parcial aunque trabaje la completa porque así tiene los mismos servicios pagando menos seguridad social “y el resto nos lo repartimos”. Y así, con escasísimas excepciones, así es el Pueblo español, así es España y así son sus políticos.

No es en España la honradez y los principios lo que detienen al ciudadano a la hora de ir a evadir impuestos; es exclusivamente el miedo a que te pillen. Lo que ha hecho Monedero, que es desde luego fraude y deshonesto, no es diferente a lo que la inmensaimages mayor parte de los españoles haría en su lugar. ¿Intentar no declarar unos ingresos a ver si Hacienda no se da cuenta y luego, cuando se da cuenta, crear una sociedad pantalla para pagar por ellos Sociedades en vez de IRPF y ahorrarse así casi el 75% mientras se actúa “según la letra de la ley” (que no es cierto, pero bueno)? El pan nuestro de cada día. La inmensa mayor parte de vosotros lo habría hecho y ninguno hubiera denunciado a su primo si se hubiera enterado de que lo hacía, probablemente le hubierais dado una palmadita en la espalda y felicitado por su ingenio. Y así son las cosas y os he hecho la renta. La única diferencia es que Monedero, como a todos los demás políticos, está debajo de un microscopio fiscal tremendamente incómodo, un microscopio que no tenía forma de esperarse hace unos años cuando montó todo esto y que, de haberse esperado, le hubiera evitado la situación en la que se encuentra. No porque fuera más honesto, sino porque esperaría que le miraran con lupa y que, por tanto, le acabaran pillando. Pero su actitud como privatus, siendo reprensible, no me parece distinta de la de la mayoría de la que ahora se rasgan las vestiduras para criticarle.

Lo que me lleva a los otros dos pecados del español de los que hablaba antes. Primero la fanfarronería que nos lleva a afirmar en según qué círculos que somos honestos como espejos e indignarnos cuando nos ponen uno delante; luego la soberbia que lleva a otros a pensar, incluso sinceramente, que ellos nunca hubieran cometido el error y por último la hipocresía de la inmensa mayoría al montar un circo de este asunto cuando afecta a un personaje público, pero permitirlo e incluso alentarlo cuando se produce en su círculo íntimo o en su propio monedero.

Los políticos, lo digo por experiencia, no son distintos a los ciudadanos. Estadísticamente se demuestra que son menos tendentes a la corrupción y al fraude fiscal que sus votantes, pero tengo mis serias dudas de que eso sea así porque son más honestos y no porque se saben sometidos al mencionado microscopio y valoran las posibilidades de que les pillen con las manos en la masa de otra forma. Lo he dicho varias veces y lo voy a repetir: la única forma de salir de la crisis, de cambiar España y de empezar a vivir en el país y la comunidad en la que nos gustaría vivir, es cambiarnos a nosotros mismos. Es comportarnos nosotros, individualmente, de forma irreprochable; y al mismo tiempo afear y denunciar al corrupto aunque seaCurso-urgente-de-política-para-gente-decente nuestro primo el listillo. Todo lo demás es seguir aplicando el doble rasero, el exigir el cumplimiento de las normas cuando se aplican a los demás pero creer que nosotros estamos moral y éticamente justificados para saltárnoslas.

No va a llegar ningún mesías incorrupto a salvar España porque no queda nadie realmente incorrupto en España. Dejad de pensar en cómo deberían ser las cosas y pensad en como son. Los líderes de un movimiento grassroot en España, aunque el movimiento sea básicamente honesto, lo van a tener muy difícil para aguantar el tipo de análisis al que otros se llevan sometiendo desde los veinte años. A mi no me sorprende lo de Monedero, ni me sorprenderán más cosas cuando salgan, y la verdad es que si fuera a votar a Podemos no afectaría en nada a mi decisión de hacerlo. Porque si la idea es “hay que echar a estos como sea”, en el “como sea” va implícito “aunque los míos no sean perfectos”. Si el fin es suficientemente noble, si Monedero pide perdón y se arrepiente (ya ha pagado lo que debía que es más de lo que hacen otros) quizá compense taparse un poco la nariz al meter la papeleta en la urna. Porque, aunque ya no ilusione tanto como cuando cabalgaban en el blanco unicornio de la pureza y la incorruptibilidad, ese que han debido comprar de saldo al juez Garzón, si de verdad crees en la Casta y esas cosas la pregunta no es si tu gente tiene mierda sino si tiene menos que los demás.

Así que por esto es por lo que yo, que soy realista y pragmático, si fuera votante de Podemos no me desilusionaría ante este asunto y seguiría yendo a votarles. Claro que soy realista y pragmático y por eso no voto a Podemos, pero esa es otra historia para ser contada en otra ocasión.

Salud y evolución,

Arthegarn

Sobre el valor y el ejercicio de la libertad de expresión

«Abre tus labios solo si lo que vas a decir es más hermoso que el silencio
Proverbio árabe.

Le debo a mi querido amigo Eduardo Marqués, desde hace una semana una respuesta a su artículo sobre la masacre de Charlie Hebdo, que más parece una arenga a las tropas que la inteligente reflexión liberal que suelo esperar de él(1). Desgraciadamente no me va a dar tiempo a tratar uno por uno los puntos del mismo, como me hubiera gustado, pero sí que me voy a meter en sutilezas con el asunto de los límites de la libertad de expresión.

La primera idea perniciosa con la que tenemos que acabar es la de que la libertad de expresión no tiene límites porque sí que los tiene. Podemos discutir, como intentaré hacer en este artículo, donde están esos límites, pero el hecho es que sí que los tiene y que están marcados de dos formas: convencionalmente por las leyes y éticamente por el principio del daño(2). Los límites convencionales (legales) varían de nación a nación y de cultura en cultura y en pueden llegar a ser tan estrechos que, a la hora de la verdad, nieguen lo que intentan definir(3) por lo que no creo que sean relevantes a estos efectos; pero los límites éticos sí.

El primer y fundamental derecho que tiene la persona es a que le dejen en paz. A que no le maten ni le hieran ni le quiten lo que es suyo. Y en este derecho se incluyen tanto la protección contra los daños materiales como los morales. Lo de la protección de los daños materiales es bastante fácil de ver: yo tengo derecho a que nadie me de una paliza o me robe o me corte un brazo; requiere un poco más de perspicacia. El hecho es que existe alrededor de cada persona un conjunto de ideas intangibles en las que se apoya la parte más humana, social e intelectual de su vida, y que tiene uno tiene derecho a que nadie dañe ese bien que no por intangible es inexistente.

Como lo que acabo de decir se presta a muchas interpretaciones y utilizar las palabras exactas es bastante farragoso(4) voy a poner un ejemplo cercano: tú tienes derecho a tu imagen pública (que es un conjunto de ideas que existen alrededor de cada uno, específicamente sobre uno mismo y al que se dedican ingentes esfuerzos para configurar de un modo específico) y a que nadie la destruya. Si alguien va diciendo de ti que eres un ladrón y un sinvergüenza la gente no se fiará de ti: no encontrarás trabajo, nadie te prestará nada ni te alquilará nada, no encontrarás pareja y a lo mejor incluso pierdes amistades que no quieren contaminar su propia imagen por asociación. Por mucho que digan los ingleses aquello de que sticks and stones may break my bones but names will never hurt me lo cierto es que sí que sí pueden. Y como.

Queda claro pues que uno tiene derecho, como mínimo, a que no se le calumnie, a que nadie le joda la vida con mentiras(5). Establecido pues que la libertad de expresión tiene ciertos límites, lo que tenemos que preguntarnos es dónde están.

Por ejemplo, ¿qué pasa si alguien dice que soy un ladrón y un sinvergüenza y es yo en realidad soy un ladrón y un sinvergüenza? Entonces no me está calumninando, me está describiendo; no está contando una mentira sobre mí, está de hecho deshaciendo una mentira (mi falsa apariencia de honradez) para que brille la verdad. Recurrimos en este caso otro derecho, previo al de la libertad de expresión, que es el de la libertad de información. Si algo es cierto yo tengo el derecho (algunos pensamos que el deber) de difundirlo, y ese derecho es superior al derecho a la propia imagen. ¿Por qué? Porque la sociedad en su conjunto se beneficia de la verdad. Si eres un sinvergüenza, yo lo sé y no se lo digo a nadie, la sociedad se verá perjudicada porque continuarás aprovechándote de los demás; pero si eres un sinvergüenza y yo lo cuento la sociedad se verá beneficiada ya que estará al corriente de tus deshonestidades y podrá estar en guardia contra ti. En efecto, el derecho a la información está por encima del derecho a la propia imagen, siempre que la información difundida sea cierta(6). Lo que nos lleva al derecho a la libertad de expresión.

La libertad de expresión es hija : (i) de la libertad de conciencia, que dice que yo tengo derecho a pensar lo que me de la gana y a creer lo que me parezca bien(7) y (ii) de la libertad de información, que dice que yo tengo derecho a informar de hechos ciertos; y entra en juego cuando yo informo de una opinión, de una creencia que, aunque no puede ser demostrada, tengo la certeza moral de que es verdadera. Por ejemplo, puede que no sea cierto, o que no sea demostrable, que Bárcenas es un ladrón y un sinvergüenza, por lo que no tengo derecho a divulgar que lo sea. Pero lo que sí que es cierto es que yo creo que lo es y ese hecho tengo derecho a divulgarlo. Es en estos casos coando entra en juego esa especialidad del derecho a la información que llamamos derecho a la libertad de expresión.

Ahora bien, tampoco es ahí donde están los límites de la libertad de expresión. Si se limitara a la veracidad del hecho de que yo tengo una creencia X la libertad de expresión ampararía que yo difundiera, por ejemplo, que creo Hitler fue un gran hombre, que creo que el mundo estaría mejor si judíos (o sin moros, o sin gitanos), que creo que los negros son una especie inferior que nunca deberían tener acceso a la ciudadanía o que creo que los problemas de España se solucionarían en dos patadas con una guillotina en cada plaza por la que pasaran un buen puñado de [políticos / empresarios / vagos y perroflautas / banqueros / comunistas / fachas / rojos / catalanes / vascos], para que aprendan. O que creo que el sitio de las mujeres está en la cocina y que si le llevan la contraria a su marido se merecen un buen guantazo. ¿Verdad?

Queda claro que no. Que resulta que hay cosas que no las puedo decir. Aunque sean ciertas (porque sea cierto que lo pienso). La libertad de expresión no es una tarjeta de “salga de la cárcel gratis”; va a resultar no solo que tiene límites sino que son más estrechos de lo que aparecen en determinados discursos populistas y libertarios. Pero ¿por qué? Y, sobre todo, ¿dónde están los límites?

La razón por la que la libertad de expresión, o de hecho por la que cualquiera de nuestras libertades, tiene límites es porque el ejercicio de nuestras libertades tiene efectos sobre los demás y fb14215b8d52b1d0c690abd8a186e4c0y que esos efectos no son siempre positivos(8). El ejercicio ético y responsable de nuestros derechos implica preguntarnos sobre las consecuencias, no solo sobre nosotros sino sobre los demás, incluso mediatas y a largo plazo, que tiene el que yo realice una acción que aparentemente está permitida en abstracto. Supone, en otras palabras, dejar el mundo teórico y bajar al mundo real en el que vive (y sufre) la gente. Supone preguntarse, humilde y responsablemente, si voy a hacer más mal o más bien a la sociedad y a mi prójimo con la acción que considero, con la opinión que quiero difundir; preocuparse no solo por los derechos de uno, sino por los de los demás, entre otros a no sentirse insultado o agredido. Porque, como creo que todos sabemos, la integridad y la estabilidad emocionales son preciosas para todos, hasta el punto de ser indispensables. Cuando alguien ataca nuestra estabilidad emocional nos produce un daño, que en muchos casos se traduce en un dolor físico y que puede llevar a diversas enfermedades e incluso a la muerte(9). Y eso no solo nos pasa cuando nos atacan a nosotros; en muchos casos es mucho peor cuando atacan a quienes amamos. Es lo que tiene el amor, que nos hace empáticos con la persona amada, que cuando sufre ella sufrimos nosotros y que en muchos casos nos resulta más fácil soportar nuestro propio sufrimiento que el de aquellos a los que amamos. Ese daño, ese dolor, es real; y un ciudadano consciente, un ser humano íntegro, no puede vivir su vida ignorando el dolor que causa entre sus semejantes. Y, aunque resulte difícil de creer para algunos, ese amigo imaginario de los creyentes, Dios, es para ellos tan real como para vosotros vuestra madre, pareja o hijos; y cuando se le insulta, se le veja o se le hace de menos, les duele. Y mucho. Y como faltarle a tu madre a ti es faltarle a Dios a los creyentes, a la Corona a los monárquicos o sacarle a relucir el Libro Negro del Comunismo a un comunista.

¿Significa esto que deberíamos prohibir los chistes de mal gusto sobre Dios? ¿Que los de Charlie Hebdo se lo tenían merecido? ¿Que deberían haberse retirado de los quioscos los libros de Salman Rushdie, o los de Richard Dawkins, o El Jueves número 1580? No. No quiero decir eso.

Lo de Charlie Hebdo, como lo de Theo Van Gogh(10), es injustificable. En primer lugar por un asunto de justicia: el hecho de que yo sea te haga daño no te da derecho a ti a hacérmelo a mí. En segundo lugar por un asunto de proporcionalidad: no importa cuánto te hayan dolido mis palabras, acabar con mi vida no es una retribución proporcional. Y, en tercer lugar porque, si dejar en manos de los ciudadanos la represión por el abuso de la libertad de expresión es mala idea (como hemos visto), dejarla en manos del Estado es infinitamente peor. La libertad de expresión es, como la presunción de inocencia, imprescindible para vivir en libertad. Limitar la presunción de inocencia es, en última instancia, favorecer que el Estado pueda meter en la cárcel a quien quiera; de la misma manera, limitar por ley la libertad de expresión es darle a quien ostente el poder la capacidad de amordazar a quien quiera, permitir a quien dirija el Estado hacerse invulnerable a la crítica, superior a sus oponentes, perpetuo en el poder. Y de eso ya hemos tenido demasiado en el pasado y ya sabemos que no trae nada bueno.

Muchos lumbreras reniegan de la presunción de inocencia cada vez que un culpable escapa de su justa sentencia por un tecnicismo y piden a gritos una justicia distinta en la que los delincuentes vayan a la cárcel, porque está claro que este sistema que permite que los culpables se escapen no funciona, confundiendo que el sistema no sea perfecto con que no funcione, y las consecuencias indeseadas pero inevitables del sistema (que algunos culpables queden libres) con el objetivo del sistemaimages Quiero pensar de ellos que son simples bobos que no se han parado a pensar en el sistema que proponen como alternativa y las consecuencias que tiene y no verdaderos proponentes de ese sistema. De la misma manera, muchos puritanos reniegan de la libertad de expresión cada vez que, amparándose en ella, se ofende o insulta a lo que aprecian y respetan, y se atreven a sugerir un sistema en el que se prohíban faltas de respeto, insultos o vejaciones como los que decimos. Como en el caso anterior, prefiero pensar que son bobos. Los insultos gratuitos a la religión, a la corona, a la patria, al Real Madrid o a lo que sea, no son el objetivo del derecho a la libertad de expresión; son las indeseables consecuencias de ese derecho con las que, sin embargo, tenemos que vivir porque la alternativa, que es vivir sin libertades, no es considerable.

Y, dicho esto, dejada clara la necesidad imperiosa de la libertad de expresión y de que el Estado no pueda legislar más que mínimamente al respecto, ¿es tanto pedir, conciudadanos, un poco de empatía? ¿Un poco de responsabilidad? ¿Es tanto pedir, que no exigir, que antes de decir o escribir o dibujar algo, pensemos si vamos a hacer daño a otro? ¿Es tan grave sugerir que cada uno, en uso de nuestra libertad individual, piense si lo que va a hacer va a causar más bien que mal, más risa que ira, más felicidad que dolor a aquellos que le rodean? ¿Tanto pedir que se piense dos veces a ver si hay alguna forma de hacer reír que no haga rabiar a nadie? ¿Y que si, tras un examen de conciencia, llega uno a la conclusión de que quizá lo que iba a hacer iba a hacer sufrir a su prójimo, a su conciudadano, no lo haga? ¿No es elegir callar una inconveniencia, un insulto, una calumnia, también un ejercicio de la libertad de expresión? ¿O es que solo quien suelta sapos y culebras y estira esa libertad hasta sus es quien auténticamente la ejerce mientras que todos los demás, la inmensa mayoría de nosotros que nos movemos dentro de esos límites intentando no pisar demasiados callos a los demás porque no queremos que sufran somos unos cobardes mojigatos incapaces de decir lo que en realidad piensan? ¿Son la contención, la paciencia y la templanza defectos hoy en día?

Pues esto, amigo Eduardo, es la autocensura. Una mezcla de empatía, responsabilidad, autocontrol… y libertad individual.

Saludos a todos,

Arthegarn__________________
(1) Y es que lo siento, amigo mío, pero desde que estás en política tratas temas complejos y delicados, como los límites éticos de los derechos humanos, con la sutileza de una carga de caballería. Quiero pensar que lo haces porque buscas el voto, si no el aplauso, de la masa indistinta que puebla la parte alta de la campana de Gauss; que dices lo que dices porque el gran público al que te diriges no llega a más y no porque te estés volviendo tosco últimamente. Pero como nunca se sabe, y como aunque yo no sea parte de tu público objetivo sí que soy uno de tus fieles lectores, me vas a -tener que- disculpar que yo, en uso de esa libertad de expresión de la que hablas, y que en mi opinión tratas con la delicadeza de una verdulera metida a taxista, te haga algunos comentarios y precisiones.
(2) Si eres liberal, claro, si eres totalitario el principio del daño te da lo mismo. Claro que en ese caso también te da lo mismo el derecho a la libertad de expresión y, ya que estamos, todos los derechos individuales ya que solo existen y son dignos de respeto en tanto benefician al colectivo…
(3) Lo de la “libertad de culto” en Arabia Saudí, por ejemplo, es simplemente increíble.
(4) La idea básica, traducida a un lenguaje jurídico-político, viene a ser que la integridad emocional es, como la integridad física, un bien jurídico que debe ser protegido por el Estado. Esto implicaría, dada nuestra concepción weberiana del Estado como único capacitado para el legítimo uso de la fuerza, que esa protección debe ser dada por el Estado y no por los particulares. El problema es que nuestro concepto de la libertad de expresión deja al ciudadano idefenso ante el ataque a ese bien y la causación del daño ya que el Estado: (i) ni es efectivamente protege al ciudadano ni le permite protegerse a si mismo y (ii) ni obtiene coercitivamente del ofensor una idemnización por el daño causado ni le permite obternerla por si mismo.
(5)Este asunto tiene particular relevancia en la sociedad actual en la que la información (y la desinformación) se mueven a tanta velocidad y son tan difíciles de controlar. ¿Alguien se acuerda de Amanda Todd? ¿O, ,ás cerca, de Carla Diaz?
(6) Incidentalmente: los que defienden que la libertad de expresión no tiene límites defienden implícitamente que tan válida y digna de protección es la mentira como la verdad.
(7) Otra cosa es que tenga razón en lo que creo y pienso, por supuesto…
(8) Ni inmediatos. Ni fáciles de ver.
(9) Y a los casos anteriores me remito.
(10) ¿Alguien se acuerda de Theo van Gogh?