Dios crece con nosotros.

Ayer estuve pensando que Dios no puede ser eterno e inmutable.

Dios crea el universo y con él el tiempo, por lo que el tiempo para él es algo contingente y no necesario, pero no necesariamente ajeno. Puesto que Dios existe fuera del tiempo, sus restricciones y definiciones, la medida de las cosas según el antes y el después, malamente pueden aplicarse a Dios de forma necesaria, Dios no cambia ni envejece ni desea o desespera .

Pero lo que sí cambia y lo que sí que está sujeto al tiempo es el universo. Si Dios es perfecto se deduce que tiene que ser perfecto, no para el universo en su globalidad, en su media, sino perfecto para todos y cada uno de los instantes y estados del Universo, y el Dios que es perfecto para el Big Bang no es necesariamente el Dios que es perfecto para el momento actual.

Si la herramienta perfecta para clavar clavos es un martillo, la herramienta perfecta para atornillar tornillos es un destornillador y Dios fuese la herDiosramienta perfecta, Dios no sería un martillo cuyo mango es un destornillador ya que la funcionalidad adicional es superflua cuando no es requerida y una herramienta con funcionalidades superfluas, es decir inútiles en un momento dado, se aleja de la perfección en la medida en la que presenta esas superfluidades. La perfección es, entre otras cosas, eficacia y lo que no es eficaz no es perfecto en la medida en la que desperdicia recursos y funcionalidades, en la medida en la que está sobrediseñado. La herramienta perfecta es el martillo perfecto cuando te enfrentas a un clavo y el destornillador perfecto de cabeza perfecta cuando te enfrentas a un tornillo, no las dos cosas a la vez. La herramienta perfecta es la que es capaz de cambiarse a si misma en función del cometido que tiene delante.

De la misma forma, Dios no puede ser perfecto para cada instante de un universo en evolución sin estar sobrediseñado, lo que implica que la configuración de Dios cambia con la configuración del universo, para mantener esa perfección en cada instante.

Dios no puede ser a la vez perfecto e inmutable. Dios cambia con Su creación, manteniéndose eso si perfecto en cada instante. Y por ministerio del libre albedrío nosotros definimos, aunque no nos demos cuenta, cómo va a cambiar Dios en el futuro.

Lo cual es muy bonito de pensar… si crees en el libre albedrío. O en Dios, ya que estamos…

El libro de febrero.

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Llevábamos desde noviembre de 2012 sin un mal Vorkosigan que llevarnos a la boca y, tres años después, Lois McMaster Bujold ha escuchado los ruegos de la legión de fans irredentos de Miles que andan por el mundo y nos ha obsequiado con este Gentleman Jole and the Red Queen a ver si nos callamos.

Y, bueno, para callarnos vale… durante aproximadamente 48 horas.

Lo mejor que se puede decir del libro es que es un Vorkosigan. Entre otras cosas porque si no eres fanático de la saga lo más probable es que te aburras bastante. Lois escribe muy bien y los personajes de este libro, particularmente Cordelia, tienen mucha profundidad y matices – aunque no sea más que lleva 25 años escribiendo sobre ellos. Pero, aparte de ese estudio de personajes y de la narración de un romance en la madurez de la vida entre una viuda y un… un confirmed bachelor, que diría HK, el libro tiene bastante poco. No hay ni rastro de la acción y el misterio al que nos tiene acostumbrada la saga – ni siquiera en dosis escasas como en Cryoburn, o ya al final como con el libro de Iván. Miles aparece, junto con Ekaterin y sus hijos, pero al final del libro, en un papel totalmente secundario, y bastante apagado comparándolo con el brillante treintañero de A Civil Campaign (la propia Ekaterin está bastante desdibujada). Incluso Cordelia, que como digo es la protagonista del libro, aunque sigue teniendo la fuerza interior de la capitana del Servicio Astronómico de Exploración Betano que nos presentaron en Shards of Honor, está más roma, menos brillante, menos en el magistral control físico y sobre todo psicológico de la situación. Durante toda la narración los personajes parecen un eco de si mismos – aunque algunos ecos resuenan más potentemente que otros, claro.

En fin, no es recomendable a menos que seáis fans de la saga, e incluso en ese caso solo relativamente. Pasan muy pocas cosas nuevas y nos enteramos de muy pocas cosas que ya hubieran pasado y que no supiéramos. No llega a motivar ni siquiera en su vertiente de culebrón. Lo mejor: la narración del romance maduro. Porque la premisa de ciencia-ficción, que es muy interesante y habría dado para una buena historia (Cordelia le ofrece a Marcus Jole, almirante de Sergyar y amante de Aral, unos óvulos suyos sin carga genética y unos gametos congelados de Aral para que, combinados con esperma de Jole, este pueda tener hijos del difunto Conde Vorkosigan) se diluye en los primeros cuatro o cinco capítulos sin mayor pena ni gloria.

Y, dicho todo lo anterior, y siendo un libro objetivamente no recomendable, yo personalmente me lo he pasado muy bien leyéndolo. Friki que es uno, supongo.

 

 

Diez pensamientos aleatorios sobre la dimisión de Esperanza Aguirre.

Como todos habréis leído, ya, Esperanza Aguirre ha anunciado su dimisión como Presidente del Partido Popular en la Comunidad de Madrid. Según ella, lo hace debido a cierta información referente a la financiación ilegal del PP de Madrid a través de la trama Púnica y, en concreto, de Francisco Granados, a quien ella nombró Secretario General del partido y Consejero de Transportes primero, y de Presidencia después, de la Comunidad de Madrid.

Bien, pues pensamientos aleatorios…

  1. Da gusto que alguien asuma su responsabilidad política y dimita por haber escogido para un cargo de responsabilidad a quien luego se ha corrompido, sea en beneficio propio o del partido. Uno no es responsable legal de los delitos que comete alguien en quien confía o a quien ha colocado en un puesto desde el que ha podido cometer esos delitos, pero sí que demuestra un mal juicio y una escasa supervisión que deben saldarse con la puesta a disposición de su cargo ante el órgano pertinente. Bien por Espe.
  2. Claro que… uno no es responsable legal de los delitos que comete otro siempre que no los ordenara, sugiriera o encubriera. No está todavía demostrado que Granados se enriqueciera verdaderamente por la Púnica (ese sumario es complicadísimo y aun no hay hechos concretos imputados a Granados, solo sospechas) y todos conocéis mi afición por la presunción de inocencia, pero el asunto huele a cloaca cosa fina; y si parte del dinero de la Púnica fue al P.P. cabe preguntarse quién lo sabía, quien no lo sabía, y quién no lo quería saber
  3. ¿De verdad hace falta que parezca que parezca que el PP regional financió unas obras con dinero de la Púnica para que haya dimisiones? ¿No debería bastar con la mera existencia de la Púnica para producirlas, independientemente de a donde fuera el dinero? Esto es más grave, desde luego, y sugiere que la organización que presidía Esperanza Aguirre se lucró con comisiones y corruptelas, pero ¿no debería haberse producido esta dimisión en 2014 cuando saltó el asunto?
  4. Hay que hacer notar que Esperanza dimite exclusivamente como presidente del PP regional, que es uno de los cargos desde los que encumbró a Granados (del otro, Presidente de la Comunidad de Madrid, no puede dimitir ya). Mantiene sus puestos como concejal y portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid. O sea que asume su responsabilidad por un error concreto en un cargo concreto pero no se retira de la política -aun- ni se va a casa.
  5. Si uno se lo para a pensar un poco y hace memoria, la dimisión de ese cargo en realidad tiene poca trascendencia para la vida política de Aguirre. De hecho ella ya había «dimitido» en junio por los malos resultados obtenidos en las municipales, pidiendo a la dirección nacional un congreso lo antes posible y anunciando que no se presentaría (entre otras cosas porque, por como funciona el PP por dentro, es impensable que la presidenta del PP de Madrid fuera una concejala de la oposición en el Ayuntamiento cuando Cristina Cifuentes es la Presidenta de la Comunidad de Madrid; creedme que sé de qué hablo). En términos prácticos esta dimisión lo único que hace es adelantar unos meses su salida.
  6. En términos estéticos, en cambio, esta dimisión le viene muy bien para irse entre trompetas, dando un ejemplo de como hay que reaccionar ante la corrupción, incluso ante la presunta corrupción de un miembro de tu equipo incluso cuando tú estás limpia como una patena y bla bla bla (tengo la firme convicción, por cierto de que tanto Esperanza Aguirre como Mariano Rajoy están limpios como una patena y que si han hecho algo inmoral ha sido mirar hacia otro lado con el tema de la financiación, que para mi ya es bastant grave). Con el PP acosado por todas partes por escándalos de corrupción y sin hacer la renovación y limpieza a fondo que serían necesarias para evitar que les sigan creciendo los enanos, la marcha de la lideresa puede ser interpretada, y sin duda será presentada, como un indicio de que hay gente honrada en el PP dispuesta a asumir sus responsabilidades, incluso sus responsabilidades políticas y estéticas. Lo que le viene muy bien, insisto, ¿por qué desaparecer entre las sombras tras un congreso pudiendo hacerlo así, entre focos y aplausos y quizá soltando alguna satisfactoria puñalada?
  7. Son obvias las similitudes existentes entre el caso Granados y el caso Bárcenas. La dimisión de Esperanza Aguirre contrasta dolorosamente con la impasibilidad de Mariano Rajoy. En términos políticos internos esto incrementa aun más la presión sobre éste, quien tendría que haber dimitido de la presidencia del partido en 2013 cuando saltó el caso Bárcenas, para luego irse a su casa sin presentarse a la reelección como presidente del Gobierno. Admito que esto que digo es casi imposible a efectos prácticos por como funciona el PP por dentro (una vez más, créedme que sé de qué hablo), pero sí que debería haber puesto en marcha la sucesión en ese momento para llegar a 2015 con un candidato distinto ya en la presidencia del partido.
  8. Si hay una emoción que supere al desprecio que Mariano Rajoy produce en Esperanza Aguirre es el miedo que le produce Podemos. Y cuando digo miedo quiero decir miedo. Muchos de mis lectores sois podemitas y probablemente no entendais lo que quiero decir, o no os lo creáis, pero el odio y el desprecio que os hace sentir la mención de Esperanza Aguirre es superado con creces por el miedo que en ella, y en otros como ella, produce la idea de un gobierno de Podemos. La lideresa verdaderamente cree que con Podemos vendría el apocalipsis – y admito que yo no le ando muy a la zaga, pero bueno. Su oferta a Carmona de que fuera él alcalde de Madrid con apoyo del PP con tal de que no entrara Ahora Madrid era sincera, así que es concebible que esté intentando forzar la mano de Rajoy para que permita que gobierne el PSOE apoyado por Ciudadanos con la abstención del PP. Lo que sea con tal de alejar a Pablo Iglesias de la Moncloa, y quitar a Rajoy de en medio haría maravillas a ese respecto – con o sin nuevas elecciones.
  9. Y si con eso ella aparece como la más honrada del PP, pues mira que bien. Y si encima obliga a Mariano a irse a su casa con el rabo entre las piernas, pues miel sobre hojuelas.
  10. Con todo y con eso un político ha dimitido por un caso de corrupción, en fase de instrucción, que le afecta solo indirectamente y usando el argumento de la mujer del César. Así que dame pan y llámame tonto, o hágase el milagro, y hágalo el diablo. A ver si cunde.

Y eso es todo.

Ah, no, se me olvidaba, ¡Mariano, vete a casa! ¡Por tu padre, vete a casa, anda! ¡Sé bueno! ¡Mira que Elvira dice que te hace papas con mojo coma ti te gustan..!

Arthegarn.

El libro de enero

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En realidad me llevaba leyendo Intuition Pumps and Other Tools for Thinking, el que si no me equivoco es el último libro de mi filósofo (vivo) favorito, Daniel Dennett, a ratos desde el verano pasado, pero con las navidades que tuve algo de tiempo, y a la vista de que no me estaba gustando demasiado, decidí volvérmelo a empezar para hacerle justicia y me lo terminé en cinco o seis semanas.

El libro, supuestamente, es una especie de visita guiada al pensamiento racional con descripción pormenorizada de alguna de sus más importantes vistas. La idea que sugiere el autor en el prólogo es que nos va a enseñar a pensar como filósofos y que, más allá de la pura lógica formal, nos va a dar unas herramientas especiales para acelerar nuestro pensamiento – eso sí, con un manual de instrucciones y advertencias porque las herramientas que nos va a dar no son «lógicas», no son formalmente válidas para defender una postura o para desentrañar la realidad aunque sí puedan, por virtud de la intuición y del pensamiento preconsciente (aunque el autor no lo llamaría así ni borracho), indicarnos en general dónde se oculta, probablemente, la Verdad, o incluso darnos acceso a una hipótesis que luego podamos probar o refutar formalmente. Es, al parecer, una guía de viaje del pensamiento que explica los atajos y las rutas escondidas del mismo así como los peligros que podemos encontrar en el camino, para que los usemos sabiamente si decidimos hacerlo.

Sin embargo y en mi opinión se queda en buenas intenciones. Algunas de las herramientas que da el libro son tan básicas como la reducción al absurdo (en serio, le dedica un capítulo) y en otros puntos lo que intenta es prevenirnos de las falacias que sus adversarios han utilizado en el pasado para discutir sus teorías o apoyar las propias. Por ejemplo, dedica tres apartados a las diversas manifestaciones de lo que denomina «goulding», el envoltorio retórico con el que Stephen Jay Gould presentaba muchos de sus argumentos (algo que podría haber tenido mucha más gracia si Gould no llevara diez años muerto, por cierto).

Oh, desde luego, tiene algunas partes y herramientas interesantes, como el sorta operator (consistente en poner sorta* delante de un concepto para desproveer ese concepto de su significado técnico y dejar solo el intuitivo) pero en general a mi me ha decepcionado. Muchas de las ideas que expone el libro, sobre todo a partir de la segunda mitad, no son auténticas herramientas para pensar sobre el libre albedrío o sobre la consciencia, como sugieren los capítulos, sino versiones «popularizadas» de sus mejores libros anteriores (sobre todo Darwin’s Dangerous Idea, Freedom Evolves y Consciousness Explained – y tengo que escribir las reseñas de los anteriores) que, en vez de apoyarse en doscientas hojas de observación y razonamiento minuciosos, lo hacen en estas «muletas» intuitivas de las que habla.

No obstante y pese a que no esté a la altura de sus trabajos anteriores no voy a dejar de recomendarlo. Precisamente por esto es una buena lectura para aquella gente que no haya leído a Dennett y que, queriendo hacerlo, no tenga el tiempo, la concentración o la voluntad necesarias para empezar con uno de sus libros «serios». En ese sentido probablemente sea una lectura interesante que abra el apetito para leerse luego con calma alguno de sus otros libros, exigentes pero maravillosos. Ahora, sí ya le has leído la mejor recomendación que puedo hacer es que lo cojas sin demasiadas ilusiones y te lo leas (¡anatema!) casi como un pasarratos. Alguna cosa original y alguna idea nueva sí que tiene, pero no esperes las maravillas a las que nos tiene acostumbrados.

Precisamente por lo que tiene de iniciático, probablemente lo regale bastante este año…

Arthegarn

* Sorta = a sort of. En español vendría a ser algo así como la partícula «más-o-menos». Por ejemplo: podemos decir que el libre albedrío existe o podemos decir que el libre albedrío más-o-menos existe (o, más correctamente, que más-o-menos el libre albedrío existe). Dejando el término sin definir a ultranza, algo que en realidad es fundamental para la filosofía (como bien sabemos los filósofos viciosos) se permite que el discurso prosiga más allá de la discusión semántica y, con el caveat de que quizá luego tengamos que volver a definir detalladamente el término, incluso se posibilita el llegar a un acuerdo o a una conclusión válida sobre el tema analizado.

Sobre el valor y el ejercicio de la libertad de expresión.

«Abre tus labios solo si lo que vas a decir es más hermoso que el silencio
Proverbio árabe.

Le debo a mi querido amigo Eduardo Marqués, desde hace una semana una respuesta a su artículo sobre la masacre de Charlie Hebdo, que más parece una arenga a las tropas que la inteligente reflexión liberal que suelo esperar de él(1). Desgraciadamente no me va a dar tiempo a tratar uno por uno los puntos del mismo, como me hubiera gustado, pero sí que me voy a meter en sutilezas con el asunto de los límites de la libertad de expresión.

La primera idea perniciosa con la que tenemos que acabar es la de que la libertad de expresión no tiene límites porque sí que los tiene. Podemos discutir, como intentaré hacer en este artículo, donde están esos límites, pero el hecho es que sí que los tiene y que están marcados de dos formas: convencionalmente por las leyes y éticamente por el principio del daño(2). Los límites convencionales (legales) varían de nación a nación y de cultura en cultura y en pueden llegar a ser tan estrechos que, a la hora de la verdad, nieguen lo que intentan definir(3) por lo que no creo que sean relevantes a estos efectos; pero los límites éticos sí.

El primer y fundamental derecho que tiene la persona es a que le dejen en paz. A que no le maten ni le hieran ni le quiten lo que es suyo. Y en este derecho se incluyen tanto la protección contra los daños materiales como los morales. Lo de la protección de los daños materiales es bastante fácil de ver: yo tengo derecho a que nadie me de una paliza o me robe o me corte un brazo; requiere un poco más de perspicacia. El hecho es que existe alrededor de cada persona un conjunto de ideas intangibles en las que se apoya la parte más humana, social e intelectual de su vida, y que tiene uno tiene derecho a que nadie dañe ese bien que no por intangible es inexistente.

Como lo que acabo de decir se presta a muchas interpretaciones y utilizar las palabras exactas es bastante farragoso(4) voy a poner un ejemplo cercano: tú tienes derecho a tu imagen pública (que es un conjunto de ideas que existen alrededor de cada uno, específicamente sobre uno mismo y al que se dedican ingentes esfuerzos para configurar de un modo específico) y a que nadie la destruya. Si alguien va diciendo de ti que eres un ladrón y un sinvergüenza la gente no se fiará de ti: no encontrarás trabajo, nadie te prestará nada ni te alquilará nada, no encontrarás pareja y a lo mejor incluso pierdes amistades que no quieren contaminar su propia imagen por asociación. Por mucho que digan los ingleses aquello de que sticks and stones may break my bones but names will never hurt me lo cierto es que sí que sí pueden. Y como.

Queda claro pues que uno tiene derecho, como mínimo, a que no se le calumnie, a que nadie le joda la vida con mentiras(5). Establecido pues que la libertad de expresión tiene ciertos límites, lo que tenemos que preguntarnos es dónde están.

Por ejemplo, ¿qué pasa si alguien dice que soy un ladrón y un sinvergüenza y es yo en realidad soy un ladrón y un sinvergüenza? Entonces no me está calumninando, me está describiendo; no está contando una mentira sobre mí, está de hecho deshaciendo una mentira (mi falsa apariencia de honradez) para que brille la verdad. Recurrimos en este caso otro derecho, previo al de la libertad de expresión, que es el de la libertad de información. Si algo es cierto yo tengo el derecho (algunos pensamos que el deber) de difundirlo, y ese derecho es superior al derecho a la propia imagen. ¿Por qué? Porque la sociedad en su conjunto se beneficia de la verdad. Si eres un sinvergüenza, yo lo sé y no se lo digo a nadie, la sociedad se verá perjudicada porque continuarás aprovechándote de los demás; pero si eres un sinvergüenza y yo lo cuento la sociedad se verá beneficiada ya que estará al corriente de tus deshonestidades y podrá estar en guardia contra ti. En efecto, el derecho a la información está por encima del derecho a la propia imagen, siempre que la información difundida sea cierta(6). Lo que nos lleva al derecho a la libertad de expresión.

La libertad de expresión es hija : (i) de la libertad de conciencia, que dice que yo tengo derecho a pensar lo que me de la gana y a creer lo que me parezca bien(7) y (ii) de la libertad de información, que dice que yo tengo derecho a informar de hechos ciertos; y entra en juego cuando yo informo de una opinión, de una creencia que, aunque no puede ser demostrada, tengo la certeza moral de que es verdadera. Por ejemplo, puede que no sea cierto, o que no sea demostrable, que Bárcenas es un ladrón y un sinvergüenza, por lo que no tengo derecho a divulgar que lo sea. Pero lo que sí que es cierto es que yo creo que lo es y ese hecho tengo derecho a divulgarlo. Es en estos casos coando entra en juego esa especialidad del derecho a la información que llamamos derecho a la libertad de expresión.

Ahora bien, tampoco es ahí donde están los límites de la libertad de expresión. Si se limitara a la veracidad del hecho de que yo tengo una creencia X la libertad de expresión ampararía que yo difundiera, por ejemplo, que creo Hitler fue un gran hombre, que creo que el mundo estaría mejor si judíos (o sin moros, o sin gitanos), que creo que los negros son una especie inferior que nunca deberían tener acceso a la ciudadanía o que creo que los problemas de España se solucionarían en dos patadas con una guillotina en cada plaza por la que pasaran un buen puñado de [políticos / empresarios / vagos y perroflautas / banqueros / comunistas / fachas / rojos / catalanes / vascos], para que aprendan. O que creo que el sitio de las mujeres está en la cocina y que si le llevan la contraria a su marido se merecen un buen guantazo. ¿Verdad?

Queda claro que no. Que resulta que hay cosas que no las puedo decir. Aunque sean ciertas (porque sea cierto que lo pienso). La libertad de expresión no es una tarjeta de “salga de la cárcel gratis”; va a resultar no solo que tiene límites sino que son más estrechos de lo que aparecen en determinados discursos populistas y libertarios. Pero ¿por qué? Y, sobre todo, ¿dónde están los límites?

La razón por la que la libertad de expresión, o de hecho por la que cualquiera de nuestras libertades, tiene límites es porque el ejercicio de nuestras libertades tiene efectos sobre los demás y fb14215b8d52b1d0c690abd8a186e4c0y que esos efectos no son siempre positivos(8). El ejercicio ético y responsable de nuestros derechos implica preguntarnos sobre las consecuencias, no solo sobre nosotros sino sobre los demás, incluso mediatas y a largo plazo, que tiene el que yo realice una acción que aparentemente está permitida en abstracto. Supone, en otras palabras, dejar el mundo teórico y bajar al mundo real en el que vive (y sufre) la gente. Supone preguntarse, humilde y responsablemente, si voy a hacer más mal o más bien a la sociedad y a mi prójimo con la acción que considero, con la opinión que quiero difundir; preocuparse no solo por los derechos de uno, sino por los de los demás, entre otros a no sentirse insultado o agredido. Porque, como creo que todos sabemos, la integridad y la estabilidad emocionales son preciosas para todos, hasta el punto de ser indispensables. Cuando alguien ataca nuestra estabilidad emocional nos produce un daño, que en muchos casos se traduce en un dolor físico y que puede llevar a diversas enfermedades e incluso a la muerte(9). Y eso no solo nos pasa cuando nos atacan a nosotros; en muchos casos es mucho peor cuando atacan a quienes amamos. Es lo que tiene el amor, que nos hace empáticos con la persona amada, que cuando sufre ella sufrimos nosotros y que en muchos casos nos resulta más fácil soportar nuestro propio sufrimiento que el de aquellos a los que amamos. Ese daño, ese dolor, es real; y un ciudadano consciente, un ser humano íntegro, no puede vivir su vida ignorando el dolor que causa entre sus semejantes. Y, aunque resulte difícil de creer para algunos, ese amigo imaginario de los creyentes, Dios, es para ellos tan real como para vosotros vuestra madre, pareja o hijos; y cuando se le insulta, se le veja o se le hace de menos, les duele. Y mucho. Y como faltarle a tu madre a ti es faltarle a Dios a los creyentes, a la Corona a los monárquicos o sacarle a relucir el Libro Negro del Comunismo a un comunista.

¿Significa esto que deberíamos prohibir los chistes de mal gusto sobre Dios? ¿Que los de Charlie Hebdo se lo tenían merecido? ¿Que deberían haberse retirado de los quioscos los libros de Salman Rushdie, o los de Richard Dawkins, o El Jueves número 1580? No. No quiero decir eso.

Lo de Charlie Hebdo, como lo de Theo Van Gogh(10), es injustificable. En primer lugar por un asunto de justicia: el hecho de que yo sea te haga daño no te da derecho a ti a hacérmelo a mí. En segundo lugar por un asunto de proporcionalidad: no importa cuánto te hayan dolido mis palabras, acabar con mi vida no es una retribución proporcional. Y, en tercer lugar porque, si dejar en manos de los ciudadanos la represión por el abuso de la libertad de expresión es mala idea (como hemos visto), dejarla en manos del Estado es infinitamente peor. La libertad de expresión es, como la presunción de inocencia, imprescindible para vivir en libertad. Limitar la presunción de inocencia es, en última instancia, favorecer que el Estado pueda meter en la cárcel a quien quiera; de la misma manera, limitar por ley la libertad de expresión es darle a quien ostente el poder la capacidad de amordazar a quien quiera, permitir a quien dirija el Estado hacerse invulnerable a la crítica, superior a sus oponentes, perpetuo en el poder. Y de eso ya hemos tenido demasiado en el pasado y ya sabemos que no trae nada bueno.

Muchos lumbreras reniegan de la presunción de inocencia cada vez que un culpable escapa de su justa sentencia por un tecnicismo y piden a gritos una justicia distinta en la que los delincuentes vayan a la cárcel, porque está claro que este sistema que permite que los culpables se escapen no funciona, confundiendo que el sistema no sea perfecto con que no funcione, y las consecuencias indeseadas pero inevitables del sistema (que algunos culpables queden libres) con el objetivo del sistemaimages Quiero pensar de ellos que son simples bobos que no se han parado a pensar en el sistema que proponen como alternativa y las consecuencias que tiene y no verdaderos proponentes de ese sistema. De la misma manera, muchos puritanos reniegan de la libertad de expresión cada vez que, amparándose en ella, se ofende o insulta a lo que aprecian y respetan, y se atreven a sugerir un sistema en el que se prohíban faltas de respeto, insultos o vejaciones como los que decimos. Como en el caso anterior, prefiero pensar que son bobos. Los insultos gratuitos a la religión, a la corona, a la patria, al Real Madrid o a lo que sea, no son el objetivo del derecho a la libertad de expresión; son las indeseables consecuencias de ese derecho con las que, sin embargo, tenemos que vivir porque la alternativa, que es vivir sin libertades, no es considerable.

Y, dicho esto, dejada clara la necesidad imperiosa de la libertad de expresión y de que el Estado no pueda legislar más que mínimamente al respecto, ¿es tanto pedir, conciudadanos, un poco de empatía? ¿Un poco de responsabilidad? ¿Es tanto pedir, que no exigir, que antes de decir o escribir o dibujar algo, pensemos si vamos a hacer daño a otro? ¿Es tan grave sugerir que cada uno, en uso de nuestra libertad individual, piense si lo que va a hacer va a causar más bien que mal, más risa que ira, más felicidad que dolor a aquellos que le rodean? ¿Tanto pedir que se piense dos veces a ver si hay alguna forma de hacer reír que no haga rabiar a nadie? ¿Y que si, tras un examen de conciencia, llega uno a la conclusión de que quizá lo que iba a hacer iba a hacer sufrir a su prójimo, a su conciudadano, no lo haga? ¿No es elegir callar una inconveniencia, un insulto, una calumnia, también un ejercicio de la libertad de expresión? ¿O es que solo quien suelta sapos y culebras y estira esa libertad hasta sus es quien auténticamente la ejerce mientras que todos los demás, la inmensa mayoría de nosotros que nos movemos dentro de esos límites intentando no pisar demasiados callos a los demás porque no queremos que sufran somos unos cobardes mojigatos incapaces de decir lo que en realidad piensan? ¿Son la contención, la paciencia y la templanza defectos hoy en día?

Pues esto, amigo Eduardo, es la autocensura. Una mezcla de empatía, responsabilidad, autocontrol… y libertad individual.

Saludos a todos,

Arthegarn__________________
(1) Y es que lo siento, amigo mío, pero desde que estás en política tratas temas complejos y delicados, como los límites éticos de los derechos humanos, con la sutileza de una carga de caballería. Quiero pensar que lo haces porque buscas el voto, si no el aplauso, de la masa indistinta que puebla la parte alta de la campana de Gauss; que dices lo que dices porque el gran público al que te diriges no llega a más y no porque te estés volviendo tosco últimamente. Pero como nunca se sabe, y como aunque yo no sea parte de tu público objetivo sí que soy uno de tus fieles lectores, me vas a -tener que- disculpar que yo, en uso de esa libertad de expresión de la que hablas, y que en mi opinión tratas con la delicadeza de una verdulera metida a taxista, te haga algunos comentarios y precisiones.
(2) Si eres liberal, claro, si eres totalitario el principio del daño te da lo mismo. Claro que en ese caso también te da lo mismo el derecho a la libertad de expresión y, ya que estamos, todos los derechos individuales ya que solo existen y son dignos de respeto en tanto benefician al colectivo…
(3) Lo de la “libertad de culto” en Arabia Saudí, por ejemplo, es simplemente increíble.
(4) La idea básica, traducida a un lenguaje jurídico-político, viene a ser que la integridad emocional es, como la integridad física, un bien jurídico que debe ser protegido por el Estado. Esto implicaría, dada nuestra concepción weberiana del Estado como único capacitado para el legítimo uso de la fuerza, que esa protección debe ser dada por el Estado y no por los particulares. El problema es que nuestro concepto de la libertad de expresión deja al ciudadano idefenso ante el ataque a ese bien y la causación del daño ya que el Estado: (i) ni es efectivamente protege al ciudadano ni le permite protegerse a si mismo y (ii) ni obtiene coercitivamente del ofensor una idemnización por el daño causado ni le permite obternerla por si mismo.
(5)Este asunto tiene particular relevancia en la sociedad actual en la que la información (y la desinformación) se mueven a tanta velocidad y son tan difíciles de controlar. ¿Alguien se acuerda de Amanda Todd? ¿O, ,ás cerca, de Carla Diaz?
(6) Incidentalmente: los que defienden que la libertad de expresión no tiene límites defienden implícitamente que tan válida y digna de protección es la mentira como la verdad.
(7) Otra cosa es que tenga razón en lo que creo y pienso, por supuesto…
(8) Ni inmediatos. Ni fáciles de ver.
(9) Y a los casos anteriores me remito.
(10) ¿Alguien se acuerda de Theo van Gogh?

Apunte rápido sobre el diputado Rodríguez y sus rastas.

Yo no creo, como he leído por ahí, que estas cosas debieran estar prohibidas. Antes bien me alegro de que se permitan: la ley es la ley y no debe meterse en como nos vestimos o nos dejamos de vestir. Es el decoro y la personalidad de cada uno la que debe decidir eso, no la ley. Puede haber unas normas orientativas sobre el vestir en el Congreso de los Diputados (que las hay) pero deben ser solo eso: orientativas. En la vida civil uno se viste, y se peina, como le da la gana.

Dicho esto, y pese a que yo no me vestiría como su señoría ni haciendo una mudanza, le he estado dando vueltas al asunto y creo que hay algunos escenarios en los que puedo comprender que lo haga. Podemos está lleno de gente que cree (en mi opinión equivocadamente) que el Sistema está íntegra y genuinamente corrompido y quizá uno de ellos sea el diputado Rodríguez. Si eso es así, los trajes, las corbatas, las formalidades y las «maneras» no son más que un símbolo de esa corrupción y plegarse a esas formas es plegarse en parte al sistema corrupto que se desprecia. Puede que su señoría deteste la corrupción y deshonestidad que percibe en el Parlamento (sin duda la causa de esa cara perenne de asco y desprecio infinito digna de las peores leyendas sobre Esperanza Aguirre) o en la clase alta, en definitiva en la famosa «casta» (para él representada en el traje y la corbata), de tal manera que quiera abjurar de ellas en fondo y forma. Puede que por ello se haya vestido y peinado así, dolosamente anticonvencional y en ese caso me parecería comprensible y aceptable que lo hiciera ya que no se trataría de una falta de respeto a la Cámara sino de una reivindicación de lo que debería ser y volver a ser, lejos de en lo que se ha convertido.

También es posible, por supuesto, que simplemente buscara una (otra) portada (que ha conseguido). Pero, incluso si fuera así, como lo que hace es legal debe ser permitido y debemos pensarnos dos veces el desprecio antes de hablar de prohibirlo. Pensemos que otros ven igual de mal que esas rastas y esa camiseta el que dos hombres se den la mano y a esos les exigimos que se guarden sus opiniones donde les quepan, así que quizá debiéramos buscar sitio para las nuestras.

Yo, que llevo corbata desde los 19 años y que no me vestiría así ni en un juego de rol en vivo, al menos, lo hago.

Memoria y balance de 2015

Se acerca el fin de año y, una vez más, siguiendo la tradición inaugurada por mi hermana Zalasa, llega el momento de hacer balance del año que acaba y propósitos para el año nuevo.

Propósitos que me marqué para 2015:

  • Seguir haciendo ejercicio regularmente. Conseguido. No tanto como me hubiera gustado y particularmente lo he abandonado estas últimas semanas, pero estoy muy contento y orgulloso y espero seguir así.
  • Operarme los ojos. Conseguido. Aunque tengo que decir que estoy un tanto decepcionado: toda la gente que se ha operado con quien he hablado suele decir que veía mejor después de la operación que antes con gafas y en mi caso no es así. Es muy cómodo no llevar gafas y considerando lo que se rompen y lo caras que salen ha sido una buena decisión, pero la verdad es que esperaba más.
  • Cumplir rigurosamente mi plan de adelgazamiento ligado al alcohol. Fracaso rotundo. Me vigilo más, pero en realidad he engordado un kilo. Todo el mundo dice que me ve más delgado así que igual es que he cambiado grasa por músculo o algo, pero mi plan fracasó… pues en enero, o algo.
  • Escribir una entrada de blog a la semana. Rotundo fracaso. Tengo muy poco tiempo y el que tengo se va más en desmentir bulos de Facebook que en crear opinión por mi mismo.
  • Reunir el Circle of Vicious Philosophers una vez al mes. Otro fracaso. Mis queridos filósofos son bastante perros y les cuesta moverse para que haya quorum.
  • Seguir leyendo más. Meh. Algo he leído…
  • Seguir ahorrando. Eso sí. Cada vez me van mejor las cosas, pero sigo teniendo (básicamente) el mismo estilo de vida de los últimos diez años así que todo va a ahorro, lo que es particularmente fácil cuando el 25% de tu neto te llegan en forma de bonus con el que no cuentas y que, disciplinadamente, inviertes de inmediato. Entre el plan de pensiones y las inversiones este año he ahorrado más del 45% de mis ingresos netos, y eso sin contar la operación de los ojos. Y me va a hacer falta.

Cosas buenas de 2015:

  • Me he comprado una casa. No, no es «de las nuestras». Es un bajo nuevo Vallecas (va, venga, haced chistes de que me he vuelto vallecano) que a propuesta de HK se va a llamar Nevershire y aun no hemos termniado de mudarnos, pero este año me he convertido en terrateniente, que es una buena forma de ahorrar. ¡Se acabaron los alquileres!
  • Mi trabajo. La verdad es que últimamente estaba teniendo menos, pero tras la incorporación de un nuevo SVP en Madrid y de un McKinsey particularmente gordo vuelvo a estar hasta las cejas y, sobre todo, vuelvo a hacer lo que más me gusta, que mi tiempo cada vez estaba más dedicado a mis responsabilidades como manager. Tenemos que terminar de adaptarnos el uno al otro pero pinta bien. Y, en general, en enero me subieron el sueldo un 15% y me dieron un bonus aun más gordo que el del año pasado y en diciembre mi evaluación de desempeño me la hizo la jefa de personal en Londres por el procedimiento de llevarme a comer, así que parece que están contentos conmigo. En este ámbito poco puedo pedir.
  • El trabajo de Ana, que por fin ha conseguido en su CV ese nombre anglosajón que necesitaba para consolidar su carrera profesional y tras Kimberly-Clark ha pasado a Morgan Stanley y a partir de ahí the sky is the limit. Me da mucho gusto poder recomendarla profesionalmente, algo que es muy raro que yo haga.
  • Zylgrin y Xinxas vuelven a España. Tras años de exilio francés investigando en Francia, mi hermana y su familia vuelven a Madrid. Y no con el rabo entre las piernas porque hayan fracasado en el extranjero, en absoluto: vuelven porque les da la gana, con André en un buen trabajo e Irene con muy buenas perspectivas y felies y contentos porque, como en España, en ningún sitio. Esto es algo que me hace muy feliz.
  • El viaje a Amsterdam, que Ana tenía muchísimas ganas de hacer y que finalmente hemos podido ver este año. Me ha gustado todavía más de lo que esperaba que me iba a gustar, tengo que ver cuando vuelvo con más calma.
  • El ejercicio regular que ha hecho mucho bien, entre otras cosas para mi autoestima.
  • Raúl, que es un tipo genial al que he tenido el placer de ir conociendo este año. Y es que pocas cosas son mejores que hacer nuevos amigos, sobre todo cuando son listos, divertidos y te puedes ir con ellos de cañas afterwork porque también tienen horarios estúpidos.
  • En general, veo muy bien a mis amigos y a la gente que me importa.
  • El nuevo Dark Hole que no sé lo que durará pero me está gustando mucho.

Cosas malas de 2015:

  • Podemos. Sí, sí, ya, ya, seguro que a muchos os parecerá lo mejor que ha pasado en este año y en los 25 anteriores, pero a mi no y este es mi blog. Podemos es un ejemplo del tipo de actitud del que hablaba antes. Todos estamos de acuerdo en que hay una serie de problemas que hay que solucionar, y sobre todo coincidimos en un sentimiento, pero ese sentimiento cuando se filtra por nuestra cosmovisión nos lleva a hacer cosas diferentes, algunas acertadas y otras desacertadas. Y Podemos es fruto de una cosmovisión errónea, simplista, beligerante y mesiánica que no trae nada bueno y que cambia sin pudor ni mínimo respeto a la coherencia ideológica de discurso. ¿Alguien se acuerda hoy de aquello de «PSOE-PP, la misma mierda es»?
  • Sigo haciéndome viejo. Es algo inevitable pero sigue siendo una puñeta. No obstante el ejercicio hace milagros a este respecto (salvo quitarme las canas de la barba).
  • Y sigo haciéndome pellejo. Probablemente por eso cada vez escriba menos. Cada vez tengo menos ganas de explicarle a la gente que la realidad no es simple y en blanco y negro y con buenos y malos; que en realidad es extraordinariamente compleja, delicada, y que las simplificaciones que hace no son solo perjudiciales para él, ya que no le deja ver las cosas como realmente son y tomar decisiones acertadas, sino para el propio delicado sistema en el que entre como un elefante en una cacharrería. Me gustaba más yo mismo cuando tenía carisma de enseñanza.
  • La rigidez del Sistema, de España y de los españoles, que no es de ahora sino que viene de largo, pero que este año se ha hecho patente como nunca. Y mira que yo creí que ya estaba colmado de estulticia ante la incapacidad de adaptarse de los partidos tradicionales cuando me fui del PP hace tres años, pero no, mira, aun me podían decepcionar más. Y el problema no es solo de las instituciones, también lo es de los ciudadanos, que son cualquier cosa menos ciudadanos. Recuerdo que hace un cuarto de siglo mi padre me dijo que España no era una democracia, que la gente no sabía lo que era una democracia, y que harían falta tres generaciones y bastante suerte para que llegáramos a ser una democracia. En el momento pensé que se equivocaba de cabo a rabo y que debía hablar de su generación, porque la mía ya lo creo que estaba preparada para la democracia. Como casi siempre él tenía razón, hablaba en términos más profundos de lo que yo entendía, y encima yo pensaba que toda mi generación era como yo.
  • Mi más vieja amiga, al parecer, está muy enfadada conmigo porque después de «desaparecer durante años» se me ocurrió mandarle un SMS a ver qué era de su vida. Hay cosas que no termino de entender. En fin…

Propósitos para 2016:

  • Seguir haciendo ejercicio regularmente.
  • Cumplir mi plan de adelgazamiento ligado al alcohol.
  • Escribir una entrada de blog a la semana y no salir de la oficina los viernes hasta haberlo terminado.
  • Reunir el Circle of Vicious Philosophers una vez al mes haya o no haya quórum.
  • Leer un libro al mes que es poquísimo para lo que era yo antes…
  • Seguir ahorrando, lo que en este caso quiere decir amortizar hipoteca, claro.
  • Y un clásico que no depende enteramente de mi: ¡reproducirme de una vez!

Veremos como se da todo. De momento, felices fiestas, y feliz 2016 a todos.

Abrazos,

Arthegarn.

Presupuestos Madrid 2016: suum cuique tribuendi

Decía Ulpiano que la justicia consiste en dar a cada uno lo suyo. Pues bien, este artículo no le va a gustar a mucha gente, aviso. Porque resulta que ni los rojos van a arruinar Madrid gastando a manos llenas como quieren creer algunos, ni el equipo de Carmena está demostrando que otra economía es posible como dicen otros. Todo tiene una explicación simple y esta no es económica, es estrictamente política.

Supongo que todos habréis visto los titulares al respecto, por todos el de Expansión: «Aprobado el primer presupuesto de Ahora Madrid con una subida del 26% en gasto social«(1). Personalmente me he desayunado con el muro de mi querido amigo Accolon, que en temas de propaganda proto-podemita es diariamente la mejor revista de prensa de España y que además detalla alguna de las partidas que se ven más incrementadas.

Viendo esos números caben dos reacciones instintivas: pensar que el gobierno de Ana Botella era una panda de incompetentes o una banda de ladrones y que por comparación el de Carmena está compuesta de genios económicos tan revolucionarios como solidarios, o que te de un breve escalofrío y te preguntes cuánto te van a subir los impuestos para pagar todo eso. Bien, pues ni lo uno ni lo otro.

Los presupuestos de Carmena para 2016 suben, en efecto, los impuestos (fundamentalmente el IBI, que aumenta un 2.4% su recaudación)(2) y las tasas (basuras, por ejemplo)(3) pero en total los presupuestos aumentan 104 millones, una cantidad a todas luces insuficiente para esta batería solidaria de gastos corrientes que requiere algo menos de 650 millones. ¿De dónde sale, entonces, el dinero? ¿Es que, como acostumbraba a hacer el PSOE, va a endeudarse en otros 500 millones para darle panem et circensis a la gente y tenerla contenta y captada clientelarmente para que les voten una y otra vez porque temen (con razón) que si llegan otros al poder se les acabará el chollo? ¿Y que paguen los que vengan después? Pues no, tampoco. Ahora Madrid va a tirar por la calle de en medio y en vez de pedir créditos se va a limitar a no devolver los que ya tiene concedidos.

Puntualicemos. Esto no quiere decir que el Ayuntamiento vaya a incumplir sus obligaciones, por supuesto,(4), simplemente que no los va a devolver tan pronto como podría. Lo que ocurre es que los presupuestos de los últimos tres años han sido muy austeros y el Ayuntamiento ha tenido superávit (ha ingresado más de lo que ha gastado) y que ese superávit se ha dedicado íntegramente a la amortización anticipada de la deuda. Es decir, a pagar deuda que «todavía no tocaba pagar» para evitar que siguiera generando intereses que, a la larga, hacen más costosas las inversiones; dentro todo ello de los planes generales del Estado de reducción de deuda del Estado y, en concreto en el caso de Madrid, en ejecución del Plan de Reducción de Deuda aprobado en 2013 por Ana Botella. Esa forma de gobernar ha supuesto una reducción de la deuda de dos mil millones de euros en dos años (sept 2013 a sept 2015) y que Madrid se halle a cierre de 2015 en condiciones de alcanzar los objetivos del plan simplemente pagando los vencimientos que tocan, sin más amortizaciones anticipadas. O sea, que ya no hace falta seguir apretándose el cinturón como lo hemos venido haciendo y podemos aflojar un poco.

Y esto no os lo creáis porque lo digo yo. Ponedme en duda. Id, por ejemplo, a la propia página del Ayuntamiento de Madrid en la que explican los presupuestos y en la que leemos:

Así que de ahí sale el dinero. Es, fundamentalmente, dinero que Madrid estaba dedicando a un esfuerzo para sanear sus cuentas y que ahora va a dedicar a «otra cosa». Lo cual nos puede parecer bien o mal en función de nuestro criterio político y económico: algunos pueden pensar que lo que hay que hacer es pensar en el futuro y reducir la deuda todo lo posible y lo más deprisa posible; otros pueden pensar que hay mucha gente que lo pasa muy mal y que es imperativo incrementar el gasto social y que haciendo esto lo hacemos y sin endeudarnos ya que es simplemente redistribuir a qué dedicamos el dinero que tenemos y ¿sabéis qué? ambas posturas son legítimas y la actuación del Estado (del Ayuntamiento en este caso) será una u otra en función de a quién hayan votado los ciudadanos como gobernantes. Yo puedo pensar personalmente que el Ayuntamiento debería seguir amortizando deuda anticipadamente, pero lo que no voy a discutir es que lo que hace Ahora Madrid es legítimo y que no es descabellado como dicen algunos. Son criterios económicos distintos y, si hablamos de criterios políticos, creo que el PP de Madrid tiene poca autoridad moral para criticar que no se amortice anticipadamente una deuda contraída casi en su integridad por el ínclito Gallardonothep.

Pero sí que quiero dejaros con dos reflexiones:

  1. Este incremento de gasto social que va a hacer Ahora Madrid solo se puede hacer porque los tres últimos años del PP han sido tan austeros que han dejado al Ayuntamiento en la posición de poder hacerlo. En estos años difíciles se ha pagado tanto anticipadamente que desde aquí, simplemente con pagar las letras que nos tocan, cumplimos el objetivo. Hablando en planta: han sido las medidas austeras e impopulares del PP son las que han permitido que en 2016 tengamos 538 millones que «dedicar a otra cosa». A Ahora Madrid le ha tocado la lotería al coger el Ayuntamiento cuando lo ha cogido, pudiendo presentarse ante el público como los genios que suben el gasto social sin incrementar los impuestos ni pedir nuevos créditos cuando la realidad es que solo pueden hacerlo por lo que, en términos financieros, ha ahorrado el gobierno de la desdichada Ana Botella, que perfectamente podría haber dedicado más a gasto social y menos a amortización de deuda pero prefirió tragarse íntegramente el sapo y acrecentar todavía más su impopularidad (y es que a la pobre mujer nunca se le ha perdonado ser mujer… de quien es).

  2. Los gloriosos titulares que aparecieron hace dos semanas sobre la fantástica gestión de Carmena al frente del Ayuntamiento, y la propaganda que desde Podemos se hizo del asunto como ejemplo de la buena gestión del equipo de Ahora Madrid se demuestra de una hipocresía absoluta. Como ya dije en su momento, ese ahorro es el producto de la mera ejecución de unos presupuestos que había diseñado el PP: el equipo de Ahora Madrid no ha hecho nada más que moverse en esa línea (tampoco podía hacer otra cosa) así que la responsabilidad, y el mérito o demérito de los resultados de 2015 recae sobre el equipo que elaboró esos presupuestos. Y ahora, cuando ellos pueden diseñar su propio presupuesto para hacer su propia política, el que hacen no tiene nada que ver con el anterior cuyos méritos trataron de apuntarse. Es estar a la que salta como una hiena, aprovechar el rédito de lo que han trabajado otros como si lo hubieras hecho tú y sabiendo además que cuando te toque a ti no vas a hacer lo mismo. Estos presupuestos demuestran que la reducción de la deuda del Ayuntamiento no es una de las prioridades de este equipo, y si bien no es criticable el preferir dedicar el dinero a gasto social en vez de a reducir la deuda sí lo es, y mucho, intentar apuntarse el tanto.

Estos presupuestos con este incremento del gasto social son un cambio de voluntad política del Ayuntamiento, desde luego, pero también son posibles gracias a la buena y tremendamente impopular e incomprendida gestión del PP. Y si Ahora Madrid ha tenido suerte de coger el Ayuntamiento cuando lo ha cogido, pues mira que bien y qué suerte han tenido. Podrán aprovecharse de la popularidad que les van a dar unas medidas que pueden aplicar ahora gracias a las medidas impopulares de otros y ¿qué le vas a hacer? Así es la vida y así es la política y así de miope es la gente. Eso no me parece (demasiado) mal. Pero que hace tres semanas estuvieran vanagloriándose de una gestión económica que no era más que la ejecución de unos planes que no eran suyos y cuya línea, cuando han tenido la oportunidad de hacer los suyos, propios, han decidido no seguir, me parece de juzgado de guardia. Efectivo, sí; pero populista y manipulador a más no poder.

Y termino recordando: en este follón, a los madrileños, nos metió Alberto Ruiz Gallardón. No olvidéis, pese a todo lo que he dicho, que un equipo del PP estaba sacándonos un lío en el que nos metió otro equipo del PP. Que en este tema hay para dar y tomar.

Felices fiestas,

Arthegarn_________________

(1) Muy en su línea, Libre Mercado titula «Ahora Madrid sube impuestos por 168 millones en sus primeros presupuestos»(2) Esto no quiere decir que todos los madrileños vayan a pagar más IBI que en 2015, está repartido de tal manera que los ciudadanos paguen menos por su casa pero los empresarios paguen más por los inmuebles de uso comercial, sobre todo a las grandes superficies, y el fin de la reducción a edificios históricos destinados a uso comercial o de negocios como el hotel Ritz, el edificio de Telefónica o mi oficina. Está bastante bien contado aquí, en el apartado «Los perjudicados del IBI» si os interesa).
(3) una vez más, esto no quiere decir que se la suba a los ciudadanos: se la sube a las empresas, fundamentalmente a las industriales.
(4) Bueno, eso de «por supuesto» es muy relativo, todos sabemos que Ahora Madrid apoya firmemente el derecho de la gente a incumplir sus obligaciones con sus acreedores (porque paralizar la ejecución de un desahucio ordenado por un juez no es más que eso), pero parece que de momento solo para las personas físicas.

Sucesiones, sí; patrimonio, no.

Una de las mayores aberraciones que produce la economía de mercado es lo que yo llamo una fortuna autosostenida. Admito no tener una definición exacta de cómo de grande tiene que ser una fortuna para que sea autosostenida, pero, para que entendais el concepto: hablo de esas fortunas tan vastas que, simplemente poniéndolas a plazo fijo en el banco más seguro concebible, dan unos intereses que superan lo que puedes gastar. Son fortunas con las que no tienes que hacer nada, no tienes que moverlas ni invertirlas ni poner tu dinero a trabajar y a producir y a activar el sistema, basta con no hacer nada para seguir ganando al mes más de lo que un ciudadano normal gana en toda la vida, vivir mejor que un rey y que aun así tu patrimonio aumente.

Dicho esto, es cierto que opino que hay que permitirle a uno que se haga rico. Sea trabajando o sea por pura suerte y siempre dentro de lo que marca la ley, la gente tiene que tener la libertad de organizar su vida, su trabajo y sus bienes como le de la gana. Si uno quiere trabajar diez horas al día desde que tiene diez años para hacerse apestosamente rico, que lo haga; y si otro quiere trabajar menos y disfrutar más de su familia, del arte, la cultura, la espiritualidad, el sexo o el fondo de cada botella de cerveza, que lo haga también. Pero en este caso estamos hablando de una persona que es por definición activa y trabajadora, alguien que contribuye al mercado; no de un ente pasivo que vive de las rentas.

Es por esto por lo que estoy en contra del impuesto sobre el patrimonio. Cuando uno trabaja y hace dinero paga una parte de ese dinero que gana en impuestos; cuando ahorra ese dinero en vez de gastarlo y lo invierte (por ejemplo en bolsa) y gana más dinero también paga impuestos. Todo lo que entra en tu patrimonio, venga de donde venga, paga impuestos. Así pues, si uno ya ha pagado dinero cuando ganó el dinero, ¿por qué debería volver a pagar otro impuesto distinto simplemente por ahorrar, por no gastarlo? Es como si, en la fábula de la cigarra y la hormiga, la hormiga le diera a la cigarra una parte de la comida que lleva al hormiguero y luego, cuando ha acumulado una cantidad de comida en concreto, le sigue dando una parte de la comida que lleva al hormiguero pero le da además una parte de la que tiene almacenada, ¡solo porque resulta que la tiene!

Ser rico, en si mismo, no es malo. En realidad, ser rico es bueno. Muy bueno, y esa es la razón por la que todo el mundo quiere ser rico (aunque solo unos pocos quieran hacerse ricos, que eso implica mucho trabajo y muchos sacrificios). El hecho de que una persona tenga muchos bienes no es justificación para que el que no los tiene le quite parte de ellos. Ya expliqué hace años que a Robin Hood le pagamos todos, pero es que además no es cierto que Robin Hood robara a los ricos para dárselo a los pobres, Robin Hood lo que hacía era recuperar los impuestos injustos y pagados de más por el pobre pueblo inglés y devolvérselo a los esquilmados contribuyentes. Si Robin Hood era algo era un anarcoliberal, no un comunista. Pero divago, lo que quiero decir es que si uno adquiere sus bienes legalmente, es injusto que el Estado le penalice por ahorrarlos en vez de gastarlos. Impuesto sobre el patrimonio, no.

Ahora, ¿qué pasa cuando uno tiene tanto éxito como para generar una fortuna autosostenida? Bien, yo creo que se le debe dejar acumularla, tanto por un asunto de justicia como por el bien del mercado, pero que lo que no se debe permitir es que esa riqueza que bajo una dirección ha sido activa y se ha concentrado en generar más riqueza se convierta meramente en la base de capital sobre la que personas ociosas viven ricamente de los réditos. En otras palabras: lo que tú has trabajado y ganado tiene que ser tuyo para que hagas con ello lo que quieras, ahorrarlo, invertirlo, gastarlo o malgastarlo. Pero he dicho tuyo, no de nadie más y particularmente no de tus descendientes.

Creo firmemente que uno tiene derecho a la fortuna que se labre en su vida, pero no creo que tenga derecho a la de sus padres y es por ello que estoy a favor del impuesto de sucesiones. A decir verdad en realidad estoy en contra del concepto de herencia patrimonial en si mismo, pero sé que proponer un cambio legislativo en el que a la muerte de alguien heredara sus bienes el Estado (y que los bienes de los muertos financien las necesidades de los vivos) es pedirle a la sociedad algo para lo que no está preparada. Pero para un fuerte impuesto de sucesiones sí que lo está. Y es que además es justo: cuando heredas, adquieres la propiedad de algo que no era tuyo y que no has hecho nada para ganarte. Te toca como una lotería, simplemente por ser hijo de quien eres; es un incremento patrimonial neto, son cosas que ganas, vas a ser más rico de lo que eras antes así que el Estado está totalmente justificado a la hora de cobrarte un impuesto por ese incremento patrimonial. Te lo cobra por el dinero que ganas honradamente con el sudor de tu frente, así que ¿cómo no te va a cobrar por el que no te has trabajado?

El contraargumento más habitual a esto que acabo de exponer es que cuando un progenitor trabaja y gana dinero no lo hace solo por si mismo sino que lo hace por la unidad familiar, por si y por su descendencia, y que por tanto no es justo que se le penalice cuando quiere transmitir sus bienes a su descendencia. Bien, no estoy de acuerdo. Quien gana el dinero es quien lo produce, quien tiene incremento patrimonial es quien lo trabaja, y eso es una persona física, no un ente nebuloso como “la familia”. La familia es sin duda un ente social, me atrevería a decir que crucial, pero la familia no es propietaria de nada ni tiene derecho a nada. Sus componentes, que son personas, sí que tienen derechos, pero “la familia” en su conjunto no.

Pero es que además la idea del “derecho a la herencia” es perniciosa en si misma. Los progenitores, como educadores, deben formar a sus vástagos para que se ganen la vida por si mismos, no para que sigan siendo niños a los que se mantiene toda la vida, del tipo que vive de sus padres hasta poder vivir de sus hijos y que no puede esperar a que se mueran aquellos para echarle mano a la herencia. Lo mejor que les puedes dar a tus hijas es educación, formación, ejemplo y si acaso un empujón para ponerles en marcha y que se ganen la vida, pero no la vida resuelta. Resolverles la vida es negarles la oportunidad de que lo hagan ellos como lo hiciste tú. Y, si desde el punto de vista del causante lo de resolverle la vida a tus hijos me parece negativo, desde el punto de vista del heredero la verdad es que me da incluso asco. Me da asco porque bajo la idea de que el Estado no te puede cobrar por la herencia de tu madre subyace la idea de que los bienes de tu padre son tuyos por derecho, y no lo son. Son de tu madre. Y tú puedes tener una expectativa legítima de no verte más perjudicado por la muerte de tu madre que por el mismo hecho de la muerte de tu madre que ya bastante tiene, pero de ahí a pensar que te tiene que beneficiar patrimonialmente, pues mira, no.

Por todo esto estoy a favor, muy a favor, del impuesto de sucesiones. De un impuesto de sucesiones escalado y progresivo, semejante al IRPF en los tramos, que haga que cuando una persona humilde con una casa de 50.000 euros y un coche de hace diez años muere sus herederos puedan repartírselo así sin más, pero que cuando muera la Duquesa de Alba sus herederos tengan que pagar al Estado un 40 o un 45% del fortunón que van a heredar y que no han hecho absolutamente nada para ganarse. Y si no quieren pagar el impuesto, no hay ningún problema, que renuncien a la integridad de la herencia y que vivan la vida con lo que su esfuerzo y trabajo les den, como todo hijo de vecino. Ah, que no, ¿verdad? Si es que, lo mires como lo mires, heredar es un negocio y como negocio merece un impuesto.

Un impuesto así reduciría en pocas generaciones las fortunas autosostenidas a algo anecdótico, reduciría la tan cacareada desigualdad de forma brutal (particularmente la desigualdad de clase), acabaría con la idea del diletante de clase alta y permitiría que el Estado en su conjunto y todos sus ciudadanos se beneficiaran de la socialización de las ganancias de la vida de algunos de sus más ilustres y exitosos ciudadanos. Como ya he dicho antes, que los muertos paguen los impuestos de los vivos. Lo llevo defendiendo más de una década.

“Un momento, un momento” pensaréis algunos. ¿Qué hace Arthegarn defendiendo una idea tan redistributiva, progresista hasta decir revolucionaria y (¿me atreveré a decirlo?) de izquierdas como esta? Pues ya veis, así soy yo y así pienso y he pensado desde hace años. Y, por lo que leo, así piensa también más o menos esa nueva derecha de pijos disfrazados y recambios del PP que es Ciudadanos. Cosas veredes.

Un saludo,

Arthegarn

Coherencia, por Dios.

Este Papa tan mediático y estupendo que tenemos ha conseguido tocarme las narices como ninguno otro antes.

Resulta que en la audiencia general de ayer afirmó que los casados por la Iglesia que inician otra relación no están excomulgados y no debería tratárseles así. Y este pensamiento, con el que estoy de acuerdo en el fondo, es una aberración formal tal y como se ha hecho que clama al cielo y un signo de, lo siento, pero nada bueno. Las personas en esa situación, entre las que yo mismo me encuentro, estamos excomulgados (y latae sententiae(1) nada menos) y hay muy buenas razones para que así sea. ¿Que esta aplicación rigurosa y legalista de la doctrina va muy probablemente en contra del mensaje de Jesús? ¡Desde luego! Pero es que cuando la ley está mal hecha lo que tienes que hacer es cambiar la ley, no decir que te vas a limitar a no aplicarla porque, total, no pasa nada por contradecirnos a nosotros mismos. Lo que está haciendo Francisco es una aberración. Y lo dice la Biblia,  «todo reino dividido contra sí mismo es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae.» (Lc. 11:17)

Recapitulemos.

El matrimonio no es, en la doctrina católica, cualquier unión de pareja. Es un sacramento con unas características específicas, siendo una de las más importantes su indisolubilidad. Cuando uno contrae matrimonio jura fidelidad(2) de por vida, sin atajos ni excepciones. De la monogamia autoimpuesta y aceptada en el matrimonio solo hay tres salidas: la observancia, el pecado y la muerte. No hay vuelta de hoja. Eso quiere decir que quienes tienen sexo fuera del matrimonio pecan, y que quienes mantienen una relación fuera del matrimonio pecan de forma pública y notoria, máxime si formalizan esa segunda relación mediante un matrimonio civil. Y los pecadores públicos y notorios que encima no hacen propósito de enmienda se excomulgan latae sententiae; así son las cosas y así se las hemos contado, no hay vuelta de hoja. No, no me vengas con que, hombre, es que cómo le vas a pedir a alguien que viva así, sobre todo si su pareja le ha abandonado para irse con otro. Nadie dijo que ser virtuoso fuera fácil ni que la vida no estuviera llena de tentaciones, a veces graves y constantes. Tú juraste ser fiel (¡y amar!) a tu pareja de por vida, pasara lo que pasara. El hecho de que tu pareja peque y rompa sus votos no quiere decir que tú no peques al romper los tuyos; si tu marido se va de putas es un pecador y un sinvergüenza, pero eso no te da bula para tirarte tú al fontanero.

Lo que está diciendo el Papa, sin llegar al esperpento del ejemplo anterior, es casi igual de grave. Y es grave porque rompe la coherencia interna del catolicismo romano, que ha sido la piedra angular que ha sostenido esa doctrina y esa institución durante dos mil años. Si los divorciados vueltos a casar no están excomulgados entonces es que esa condición no es inherentemente pecaminosa. Pero ¿cómo no va a serlo, si están cometiendo adulterio, encima en la mayor parte de los casos sin arrepentmiento ni propósito de enmienda? «Bueno, es que eso da un poco igual» me dirá alguno «si a los ojos de Dios no están pecando, y la verdad es que a mi me cuesta mucho imaginar a un Dios de amor condenando al infierno a quien cometió un error, se casó con quien no debía y luego encontró el amor y rehizo su vida, entonces lo que hace el Papa es acercarse al mensaje de Jesús y no alejarse de él». Pues ¿sabéis lo que os digo? Que probablemente tengáis razón. De hecho, es lo que yo pienso(3). Pero es que el problema no está en el fondo sino en la forma.

Si el Papa Francisco quiere terminar con la excomunión de los divorciados y vueltos a casar, cosa que me parece muy bien, tiene que hacerlo como es debido. No puede aplicar el equivalente teológico del «voy a darme este capricho, que me lo merezco, y luego ya veré como lo pago». Lo que tiene que hacer, si las normas canónicas y doctrinales están mal hechas, es cambiar esas normas para que estén bien hechas, no decir que como la norma está mal pues nos la saltamos y ya está, que no pasa nada. Eso es minar la autoridad de la Iglesia justificando que las normas están hechas para ser ignoradas a conceniencia, una pendiente resbaladiza peligrosísima para la misma que no creo que ninguno de sus predecesores haya defendido. Lo que está haciendo el Papa Francisco es básicamente reconocer el divorcio canónico, el fin del matrimonio sacramental por voluntad de los cónyuges y, con él, del pecado de adulterio en la nueva relación. Bien, pues que lo haga. Que cree un procedimiento canónico para obtener ese divorcio «dentro del sistema», sea en forma de divorcio como tal, sea en forma de bula o dispensa. Que tenga la coherencia y las narices de legislar y dar forma a lo que está diciendo, pero que no actúe como si la coherencia monolítica del catolicismo fuera una bagatela de la que puede uno prescindir casualmente cuando le conviene, en primer lugar porque esa idea sí que va en contra de la doctrina cristiana y en segundo lugar porque corre el riesgo de cargarse la Iglesia Católica Romana como institución, con todas sus ventajas(4) para las sociedades en las que opera. Y es que no sé si alguien se acuerda, pero Francisco es Petrus Romanus; este debe ser el primer paso en la destrucción de Roma, ,mis queridos rojos peligrosos deberían estar frotándose las manos…

Las cosas, o se hacen bien, o no se hacen; porque hacerlas mal es peor que no hacerlas.

Arthegarn____________

(1) Latae sententiae quiere decir «sin necesidad de sentencia», es decir: sin que sea necesario un juicio y una declaración episcopal oficial. Es la propia naturaleza pecaminosa de los actos la que coloca a quien los comete fuera de la comunión de la Iglesia, y en el caso que nos afecta la notoriedad y publicidad hacen innecesario el proceso y la declaración oficial.
(2) Por supuesto podríamos ponernos a discutir qué es exactamente la fidelidad, pero os advierto que en este tema también están código, catecismo y doctrina muy de acuerdo: fidelidad es monogamia.
(3) Bueno, vale, lo que yo pienso es bastante más complicado y está lleno de matices y teológica jerigonza, pero básicamente va por ahí.
(4) Quien crea que la unidad de la Iglesia y su estructura no es una ventaja para las sociedades en la que opera, que me lo comente y lo discutimos con ejemplos de alternativas; yo empezaré con el Islam.