Los libros de septiembre

Darkness, I es el tercer libro de la saga Blood Opera Sequence y es un pestiño. Nunca pensé que diría esto de un libro escrito por Tanith Lee, autora de títulos tan deliciosos como Volkhavaar o El Señor de la Noche, pero es que es la verdad, es un pestiño y me ha llevado casi cuatro meses terminarlo 8y lo he logrado solo a base de fuerza de voluntad). Lo pillé con muchísimas ganas porque pensé que una saga de vampiros escrita por ella tenía que ser algo realmente bueno, pero nada de nada. Es lento, farragoso, sin sentido, con una serie de historias que discurren paralelas unas a otras prácticamente sin tocarse (y chirriando de mala manera cuando se tocan) con un personajes tipo Poochie (Cuando no esté en pantalla los otros personajes preguntarán todo el tiempo: “¿dónde está Poochie?”) que encima cuando finalmente aparecen es una especie de Louis todavía más melifluo. En cuatro palabras, no merece la pena. Serie B cayendo a la C, indigno de su autora.

El Economista Camuflado es un regalo de cumpleaños de que me ha gustado bastante. Su autor, Tim Harford, tiene una columna de economía llamada así en el Financial Times y se trata de una serie de ensayos sobre las apariciones de la macreoecnomía en nuestra vida diaria. Cosas como por qué cuesta un café lo que cuesta o por qué es completamente imposible comprar un coche usado decente de acuerdo a las reglas del libre mercado. Comenta en un lenguaje ameno y sencillo temas como los fallos de mercado, la información privilegiada, por qué el sistema de salud privado de los Estados Unidos es una estupidez y por qué algunos países pobres salen de la pobreza mientras que otros parecen destinados a seguir en ella para siempre. Un libro instructivo y fácil de leer para quienes no sepan de economía y quieran tener al menos una idea, y ameno y lleno de ejemplos interesantes para la próxima vez que intentes explicarle a alguien por qué intentar manipular los precios siempre acaba en desastre o por qué se hundieron los sistemas comunistas del siglo XX si ya sabes de economía.

El libro de agosto

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Y, por fin, en agosto salió A Dance with Dragons, el quinto libro de la saga A Song of Ice and Fire, y en una semana me había leído sus 959 páginas. ¿Mi impresión? Es lento, farragoso y, sin duda, el peor de los cinco.

A Song of Ice and Fire, saga que me encanta, va perdiendo empuje a meddia que van saliendo los libros. El primero es el mejor sin duda alguna, el segundo no le anda a la zaga, el tercero es también muy bueno pero tiene el problema de que muere tanta gente que hace que te pierdas en la maraña de personajes que te presentan en el cuarto y en el quinto que, en teoría, son simultáneos (aunque en la práctica los primeros capítulos de A Feast for Crows ocurre antes que los de A Dance with Dragons, y los últimos de éste después del final de aquel). Los Stark van cediendo su protagonismo a los Lannister, los Baratheon e incluso los Greyjoy y aparecen personajes nuevos (como el Alto Septón) que trastocan todo el equilibrio de poderes en Westeros de formas inimaginables en los primeros libros. Pero esto, que bien hecho podría ser un giro argumental inesperado, tal y como lo hace Martin simplemente rompe el hilo argumental y te deja preguntándote qué rayos pasa, mientras él exprime la gallina de los huevos de oro.

A Dance with Dragons iene algunos puntos fuertes y algunas tramas que son un auténtico pestiño. Como puntos fuertes, en mi opinión, los hilos argumentales de Jon y Stannis, que están en el estilo y con el ritmo al que nos tiene acostumbrados la saga desde el principio. Como tramas aburridas, la de Tyrion (increible pero cierto), la de Quentyn Martell y, sobre todo, la de Daeneris.

Se supone que JRR Martin (y ojo que aquí empiezan los spoilers) tardó tantísimo en terminar este libro porque estaba liadísimo con el «nudo myrines» («the myrinese knot«) que era tan intrincado y complejo que no sabía como resolver. En realidad no tiene nada de intrincado ni de complejo: son las historias bastante lineales de cuatro personajes, contadas en tres hilos que esperas que converjan de alguna manera pero que solo lo hacen parcialmente (Tyrion no llega a conocer a Daeneris) y que en realidad duran poquísimo juntas. La historia de Daeneris es un auténtico tostón, llena de descripciones largas y tediosas a lo Tolkien mal entendido (si vuelvo a leer una de un tokar me suicido) y de discusiones estúpidas sobre si es mejor llevar este o aquel vestido, salir a pasear en caballo o en elefante, o tirarse a ese o casarse con aquel. La intriga myrinesa no tiene nada de intrigante y como no hay forma de resolverla (porque no hay datos) no atrapa en absoluto al lector, y la evolución del carácter del personaje y su relación con los dragones se podría haber estudiado muchísimo más (y hacer así el libro más interesante). La historia de Tyrion, quitando dos o tres salidas y chistes, es otro rollo porque al pobre no le dejan hacer nada hasta el final del libro: le llevan de un lado a otro todó el libro quiera o no quiera: primero Illyrio, luego los Griffs, luego Jorah Mormont y por último Yezzan. No es libre para empezar a meter cizaña hasta el último capítulo. Y el viaje de Quentyn Martell simplemente sobra. Toda esa línea argumental, que empieza al final de A Feast for Crows y se cierra al final de A Dance with Dragons es totalmente prescindible y no aporta nada más que doscientas páginas de tedio hamletiano. Lo único bueno de las tramas de más allá del mar es la adición de Barristan el Bravo como personaje PoV, algo con lo que estoy muy de acuerdo y que (espero) dará el contrapeso «Eddard-Starkiano» a Tyrion.

Respecto a las de Westeros, pues bueno. Insisto en que las de Jon y Stannis son las dos muy buenas (de hecho echo de menos otro capítulo de Stannis) aunque la adición de Melisandre como personaje PoV me parece totalmente superflua. Las dos de los Greyjoy (Asha y Victarion) están más o menos en la línea de los argumentos de los Greyjoy, y las de los Lannister (Jaime y Cersei) están bastante bien por lo que sabes de los personajes y, particularmente, por el giro que da la suerte de Cersei, que supongo que afectará seriamente a la psicología del personaje (en el próximo libro, claro). Estas seis líneas son lo mejor del libro, particularmente las dos primeras.

Y quiero dedicarle un apartado a Reek («Apestoso»), un nuevo PoV que Martin usa para que nos enteremos de qué está pasando en las filas de los Bolton, ya que no olvidemos que Roose Bolton es ahora Guardián del Norte y Señor de Invernalia. Supongo que estos capítulos levantarán pasiones, habrá gente a quien le encanten y gente a quienes le horroricen. Personalmente me gusta muchísimo como está descrita la psicología del personaje (aunque empecé a sospechar en el primer capítulo y me di cuenta del truco en el segundo). Toda la estructura de pensamiento, las despersonalización, el síndrome de Estocolmo, la relación D/s tan brutal y completa me encantan, están -en mi opinión- perfectamente descritas y lo dice alguien que conoce el subespacio del esclavo. Me encanta meterme en la mente de Reek en esos dos o tres primeros capítulos, aunque estoy seguro de que a muchísima gente le resultará extremadamente desagradable, y es que no está todo el mundo hecho para el BDSM…

En fin, el libro se deja leer, pero no está a la altura de los anteriores. Oh, sí, hay que leerlo si sigues la saga es un must absoluto, pero creo que en este libro Martin empieza a cojear. O lo arregla muy deprisa y muy bien en A Dream of Spring o, como sea otro peñazo como este, se cargará la saga para los restos.

Ah, y no olvidemos la sorpres final, claro. Ya sabéis aquel dicho de que cada vez que alguien le preguntaba cuándo iba a estar terminado A Dance with Dragons, Martin mataba un Stark. El problema era que no le quedaban suficientes Starks, claro, así que optó por matar a César, antes de que se corone rey para embarcarse en la guerra contra los partos y destruya todo lo que es y ha sido siempre Roma.

Ya lo entenderéis. Y os uniréis a mi en a aquel grito en facebook...

La reforma constitucional, o éramos pocos y parió la abuela.

Dejando a un lado el tema de la legitimidad de la Constitución, que me comprometo a debatir en otro artículo si alguien lo plantea, esta reforma: (i) no va a servir para nada, (ii) va a traer más mal que bien y (iii) si se hace, tiene que hacerse sin referéndum porque someter de antemano su aprobación a referéndum es anticonstitucional.

Empezando por el que trae más polémica, el tema del referéndum: me resulta divertidísimo la cantidad de demagogos y desinformados que andan por ahí exigiendo un referéndum para aprobar este cambio en la Constitución y gritando a los cuatro vientos que si no se convoca es una afrenta al Pueblo y un golpe de estado contra la soberanía nacional. Vamos a dejar una cosa clara: los mecanismos para reformar la Constitución están incluidos en la propia Constitución, y hay que seguir esos mecanismos. Esto debería parecer obvio, pero es increíble la cantidad de gente que no se da cuenta. Al igual que el reglamento del ajedrez fija como se juega al ajedrez, la Constitución fija las reglas del juego político en un país. Así como todos los alfiles tienen que moverse en diagonal porque lo dice el reglamento (y si los alfiles no se mueven en diagonal estarás jugando a otra cosa, pero no al ajedrez), nadie puede ser condenado o sancionado por acciones u omisiones que en el momento de producirse no constituyan delito porque lo dice la Constitución (y si la gente lo fuera querría decir que está en otro sitio, pero no en la España que define la Constitución). Es de estas cosas que son obvias: si vamos a jugar al ajedrez, tenemos que respetar el reglamento y si vamos a vivir en España, tenemos que respetar la Constitución. Y si no quieres respetar el reglamento entonces no digas que quieres jugar al ajedrez porque tú no quieres jugar al ajedrez, quieres jugar a otra cosa. Pero me estoy desviando al tema de la legitimidad que, insisto, si alguien se empeña discutiré en otro artículo. Aceptemos, de momento, el hecho de que todos estamos viviendo en España, la España que define la Constitución, y que hay que obedecerla.

Bien, volvamos al paralelismo con el ajedrez. Parte de las normas del ajedrez fijan el movimiento de la reina, y parte de las normas de la Constitución fijan cómo puede modificarse la propia constitución. En el caso del ajedrez, todos sabemos que la reina puede moverse en cada turno como una torre o como un alfil; en el caso de la Constitución, para la reforma se fijan también dos procedimientos. Uno, contenido en el artículo 168, dice (básicamente) que para reformar ciertas partes de la constitución (las más “importantes”, cosas como los derechos individuales, la forma de Estado o los colores de la bandera) hay que aprobar la reforma con mayoría de 2/3 en el Congreso, volver a aprobarla con mayoría de 2/3 por el Senado, disolver las cámaras, convocar elecciones, volver a aprobar la reforma con las mismas mayorías en las dos cámaras y, además, convocar un referéndum para que el Pueblo, directamente, la ratifique. El otro, contenido en el artículo 167, se aplica al resto de la Constitución, y dice (básicamente) que la reforma tiene que aprobarse por mayoría de 3/5 en el Congreso y luego por la misma mayoría en el senado, sin disolución de cámaras y sin convocatoria de referéndum, aunque éste puede convocarse si lo solicitan al menos el 10% de los diputados o de los senadores, cosa que ocurrió en 1992 con la única reforma constitucional que hemos tenido hasta ahora.

Supongamos, ahora, que estoy jugando al ajedrez y mi contrincante decide darme jaque mate haciendo que la reina se mueva como un caballo. Bien, claramente no puede hacerlo, es trampa. De la misma manera, uno no puede cambiar los colores de la bandera de España utilizando el procedimiento “simple” del 167; al igual que el reglamento del ajedrez dice que la reina no puede hacer ciertas cosas, haciendo la victoria más difícil, la Constitución dice que las Cortes no pueden hacer ciertas otras, haciendo la reforma más difícil. Hasta ahí creo que todos lo tenemos claro.

El problema surge cuando los ciudadanos (o parte de ellos) exigen al Gobierno que convoque un referéndum en el que el Pueblo, directamente, apruebe la reforma a la que nos enfrentamos ahora. Bien, el problema es que (i) no tienen derecho a exigir nada y (ii) el Gobierno no podría hacerlo aunque quisiera. El paralelismo ajedrecístico es que tu oponente te diga que no puedes darle jaque mate moviendo la reina como un alfil cuando el reglamento dice que sí, que la victoria es más fácil de alcanzar que lo que dice tu contrincante. Al igual que tu contrincante no puede cambiar las normas ni para hacerse a si mismo la victoria más fácil (moviendo la reina como un caballo) ni para hacértela a ti más difícil (prohibiendo que se mueva como un alfil), el Gobierno o las Cortes no pueden reformar la Constitución por otros procedimientos que los fijados en ella, no pueden trampearlos para hacer la reforma más fácil, pero tampoco más difícil. Legalmente hablando, la reforma puede aprobarse (tiene que aprobarse) por las Cortes y sin referéndum, el ciudadano no tiene derecho a exigir nada más ni tiene derecho a la pataleta al igual que mi contrincante en el ajedrez no tiene derecho a exigirme que no mueva mi reina como un alfil, ni a enfadarse cuando lo hago(1). Poner en duda la legitimidad del Estado, del Gobierno o de la clase política por aplicar estrictamente la legalidad constitucional es como tirar el tablero de un manotazo cuando te dan jaque mate: igual de justificable e igual de maduro.

Otra cosa, totalmente distinta, es que sabiendo que no se tiene derecho a ello, se pida a los diputados y senadores que soliciten un referéndum para ratificar esta reforma. Pero si se hace esto debe hacerse siempre desde el conocimiento y el convencimiento de que, si deciden no hacerlo, no has perdido nada porque de antemano no tenían por qué hacerlo. Una vez más, poner en duda la legitimidad del Estado, de la Constitución o de la reforma en cuestión porque no se hace como a nosotros (o a una parte de nosotros, o a una parte de vosotros porque a mi esta reforma me la trae por un paraguas como ya explicaré) nos gustaría es tan infantil como injusto. Las normas están ahí, hay que respetarlas y si nuestro contrincante quiere avisarnos del jaque a la reina se le puede agradecer, pero no enfadarse con él (¡ni con el ajedrez!) porque juegue cumpliendo estrictamente el reglamento. Oh, puedo entender el deseo de mucha gente de que se convoque el referéndum y la frustración que genera que no se convoque; es análogo a mi deseo de que no me coman la reina ya a mi frustración cuando me la comen(2), son emociones que todos experimentamos. Pero ni entiendo ni apruebo ni sanciono a quienes actúan llevados por esas emociones y se dedican a hablar de golpe de estado porque no se convoca un referéndum que no hace falta convocar. No es que “quieran” amordazar al Pueblo, ni que “piensen” que somos tontos ni que no “confíen” en nosotros. Es simplemente que no hace falta convocar un referéndum y así es más barato (unos 115 M€).

Y, es que, entre nosotros, el referéndum no hace falta convocarlo entre otras cosas porque esta reforma no sirve absolutamente para nada. Habéis leído bien: para nada. No introduce cambio alguno de verdad en la Constitución, lo deja todo al desarrollo legislativo. A ver si lo explico sin ponerme demasiado técnico…

Cuando empezó a hablarse de esta reforma parecía que lo que se iba a hacer era reformar la Constitución de tal forma que se prohibiera al Estado (y al conjunto de las Administraciones Públicas incluyendo las Autonomías, que son un agujero negro) que: (i) presentara presupuestos deficitarios(3) (es decir, presupuestos en los que los gastos son superiores a los ingresos, “y ya veremos como o pagamos”) y (ii) que la deuda total de España no pudiera sobrepasar un determinado porcentaje del PIB. Esa medida(4), inscrita en la Constitución, ofrecería estabilidad a medio y largo plazo a la economía española, acabando con los vaivenes según cambia de gobierno, con la independencia económica de las autonomías (que se escuda en que son autónomas para endeudarse todo lo que quieren) porque requeriría del acuerdo de los dos grandes partidos para deshacerse, algo que sería muy difícil por diversos factores. Pero el texto que se ha remitido hoy (y que podéis leer íntegro aquí) lo único que hace es derivar esos porcentajes que fijan el techo de coste o bien a una Ley Orgánica, que es mucho más fácilmente manipulable que la Constitución, o bien a lo que diga la Unión Europea, lo que desde mi punto de vista es un error porque es ceder soberanía a la Unión de forma descoordinada, sin el compromiso de todos los demás socios europeos de que vayan a hacer lo mismo.

En otras palabras, es un gesto totalmente de cara a la galería. Los gobiernos ahorradores puede que lo tengan un poco más fácil para justificar sus políticas presupuestarias, pero los gobiernos manirrotos solo tendrán que modificar una Ley Orgánica (lo que solo requiere mayoría absoluta del Congreso de los Diputados y que ni pasa por el Senado) para ponerse el techo de gasto / endeudamiento / lo que sea que les de la gana. En otras palabras, se dice de forma tajante e inalterable que no nos endeudaremos más de… lo que diga una ley que podemos alterar fácilmente. Un timo, oiga. Eso y anda, lo mismo. De hecho, para eso ya teníamos la Ley de Estabilidad Presupuestaria que aprobó el Gobierno Aznar en 2001 exigiendo este tipo de medidas de contención del gasto y la deuda, y que Zapatero dejó básicamente sin contenido apenas seis años después, en el día de los inocentes (dejando claro que aquello era una guasa).

Por eso digo que esta reforma constitucional hace más mal que bien. Porque se queda en una declaración de intenciones que, en realidad, no compromete apenas a nada a los sucesivos gobiernos que dirijan España, y porque comete el terrible error de abrir la caja de los truenos de la reforma constitucional por una soberana chorrada. Vamos a ver, si nos vamos a poner a reformar la Constitución, con todo lo que eso supone de tensiones políticas y de nacionalistas pidiendo cosas (ya están los vascos diciendo que “ya de paso” habría que incluir algo sobre el derecho de autodeterminación de los vascos, y los catalanes diciendo que “ya de paso” debería introducirse un tope a la “solidaridad catalana con España”), hagámoslo por algo que merezca la pena. Metámonos a fondo con el tema, reformemos el Poder Judicial y garanticemos su independencia y la de sus órganos de gobierno, reformemos el Senado, acabemos con la provincia como circunscripción electoral, metámonos a fondo con la estupidez de las autonomías y decidamos si somos un estado federal o no, porque el término medio claro está que no funciona, y tantas y tantas cosas que de verdad hay que hacerle a la Constitución. Pero crear toda esta tensión y armar todo este revuelo para tan escasas nueces es una soberana estupidez que, honestamente, opino que no vale para nada y que es difícilmente justificable por los dos grandes partidos ante sus electorados (para el PSOE porque eso de fijar techos de gasto es de derechas y para el PP porque en realidad no se está fijando nada y te la están metiendo doblada, imbécil).

En fin. No estaba el país tenso ni nada, entre la crisis, el 15-M, el Papa, el 15-O, las elecciones generalísimas y la madre que le parió como para ponerte ahora a juguetear con la Constitución. Como decía Romanones, vaya tropa…

Saludos a todos,

Arthegarn___________

(1) Por supuesto, el hecho de que mi contrincante en ajedrez no tenga derecho a enfadarse porque le gano siguiendo las normas no quiere decir que no se enfade. Hay mucha gente que no sabe perder y que, cuando lo hace o ven inminente la derrota, tiran el tablero de un manotazo, se enfurruñan y dicen que no quieren jugar más. Puede que sean jugar, pero no son buenos compañeros de juego. De la misma forma hay gente que aunque sepan de política, cuando el juego va en su contra cogen el canasto de las chufas y tiran las leyes a la basura diciendo que para esto no piensan seguirlas. Serán buenos oradores, pero pésimos ciudadanos.
(2) Cuando me comen la reina, quiero decir.
(3) Esto no es exactamente así, en realidad la idea era evitar presupuestos con un déficit estructural (es decir, el déficit que no tiene que ver con los ciclos económicos) superior al 0,40 % del PIB. El tema no es no endeudarse, es no endeudarse demasiado.
(4) Medida que a mi me parece muy bien porque está muy a tono com mi política económica, que es del tipo “si no hay dinero no podemos hacerlo aunque queramos” frente al “si hay que hacerlo lo hacemos y ya veremos como lo pagamos»
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Una ciudad joven, caliente… y empapada

Lo que más me enerva de la visita del Papa a Madrid no son las molestias que causa ni el dinero desperdiciado, sino la intolerancia, el odio y la hipocresía que está exponiendo. Porque en España hay que ser tolerante con todo… menos con los católicos, claro.

Esta es una opinión que vengo teniendo desde hace cosa de quince años: en España hay que ser tolerante con todo, permitir todo tipo de opiniones, creencias, formas de vida, ideas políticas, sexualidades, modas, comportamientos, modelos de estado y religiones con la excepción del catolicismo romano. Todo el mundo se anda con cien ojos antes de descalificar a un colectivo por los actos de un indivíduo(1), antes de hacer tábula rasa y decir “todos los homosexuales son iguales”; se tira de relativismo moral a espuertas para mirar hacia otro lado frente a creencias, actitudes e incluso acciones que yo considero completamente intolerables con frases como “es que es su cultura”, “es que es su religión”, “sus valores no son los mismos que los nuestros”, etc. menos cuando esas diferencias las tiene uno con el vecino de al lado, que es católico.

Cuando formé esta opinión yo mismo era católico. Y a mucha honra. Durante muchos años no expuse demasiado en público este asunto porque no podía evitar pensar que era juez y parte, que a lo mejor era todo un poco de manía persecutoria mía, que al fin y al cabo me encantaba meterme en fregados y llevar la contraria a la gente y que, siendo una forma muy buena de hacerlo el defender a la Iglesia, a lo mejor esa impresión que tenía no era más que una consecuencia lógica de mi gusto por la polémica. Al igual que si te subes a un ring de boxeo lo lógico es que te peguen, si vas de Cruzado Católico Dura Lex lo lógico es que encuentres gente que ataca a los católicos. Buscad y encontraréis(2). Pero ahora no soy católico y sigo viendo exactamente lo mismo y me parece fatal.

Quiero que quede una cosa diáfanamente clara en este momento, sobre todo para aquellos que me conocen de hace muchos años y que probablemente tengan una idea de mi un tanto cristalizada a este respecto: no soy católico y no volveré a serlo jamás. El catolicismo me sigue pareciendo una religión magníficamente lógica y coherente si aceptas sus premisas, una obra maestra del pensamiento y de la mente humana. Lo que pasa es que sus premisas incluyen algunas estupideces de marca mayor. No creo que haya ni un solo católico romano inteligente que sea capaz de ponerse frente al espejo, mirarse a los ojos y, sabiendo lo que dice, preguntarse por ejemplo “Vamos a ver, ¿de verdad, de verdad, de verdad creo en la intercesión de los santos?” (o en la transubstanciación de la Eucaristía, o en la asunción corporal, o en muchos otros dogmas tal y como están formulados) y contestar, sinceramente, “Sí”. Yo mismo, cuando era católico, le daba vueltas y más vueltas a los conceptos para poder contestar ese “sí” (famoso es mi artículo sobre la virginidad de la Virgen) que en realidad en muchos casos era un “no, pero tampoco creo lo contrario así que sigo en el club”. Pero ya hace años que  creo que los católicos se equivocan(3). Tanto al aceptar estas premisas como al basar sus vidas en bases como estas Caeteris paribus, creo que es más probable encontrar la felicidad y vivir en paz con tus semejantes y en armonía con el Cosmos fuera de la Iglesia Católica que dentro. Mi admiración por las estructuras teológicas, worf-priest-229x300éticas, morales y filosóficas de la Iglesia Católica son paralelas a mi admiración por el lógico, complejo y coherente mundo construido por George R.R. Martin en A Song of Ice and Fire o por Gene Roddemberry y Michael Piller en Star Trek(4). El hecho de que admire esas estructuras no quiere decir que crea que son ciertas, al igual que el hecho de que me guste Star Trek no quiere decir que crea en los klingons. Las opiniones que siguen a continuación, pues, no son las de un católico defendiendo lo suyo, sino las de un agnóstico que opina que todos los católicos están equivocados y que probablemente vivieran más felices si jamás hubieran sido católicos que resulta que tiene ojos en la cara y un sentido quizá exagerado de la justicia(5).

Y es que me resulta extraordinariamente molesto ver como se maltrata, prejuzga e insulta a los católicos en general y a la jerarquía eclesiástica en particular, y como esos maltratadores se creen en su derecho (a veces incluso en su obligación cívica) de hacerlo. Yo aún tengo que escuchar a un obispo llamar a alguien algo peor que «pecador» o «inmoral», pero no creo que sea necesario hacer una recopilación de lo que una parte importante de España está llamando a los católicos, a los obispos, al Papa y a las autoridades y empresas que han apoyado la JMJ para ver que no hay proporción. Y esto no se circunscribe a la JMJ, sino que es parte del pan nuestro de cada día. Muchísima gente no tiene el menor escrúpulo en defender, en el día a día, que todos los curas son unos pederastas, por ejemplo, o unos ladrones, o unos reprimidos, o unos embusteros, o unos hipócritas. Gente que muy probablemente no ha charlado en su vida con un cura, gente que se guardaría muy mucho de decir algo semejante de un indivíduo al que conociera de pasada o de nada en absoluto, gente que jamás diría eso de un colectivo que no conoce basándose en las supuestas acciones de un miembro de ese colectivo que tampoco conoce, ponen a caer de un burro a la Iglesia, los curas y los católicos en cuanto tienen una oportunidad. ¿Por qué? ¿Por qué gente que se excusaría por ofrecerle jamón a un judío considera que está justificado arremeter de esa manera e insultar y demonizar a los católicos, ridiculizar en público sus creencias más profundas y despreciarles profundamente en privado sin concederles los beneficios de la duda o de la réplica?

Pero claro, ellos «se lo han buscado». En España, la Iglesia ha tenido mucho poder durante muchos años, ha influido todo lo que ha querido en las leyes y la vida social de España y ahora que no tienen ese poder todo ese odio reprimido se desata. Vae victis. Es una explicación histórico-sociológica válida, desde luego, pero moralmente es execrable. Moralmente tenemos que pensar, como indivíduos, en las cosas que nosotros hacemos como indivíduos y en como afectan a nuestro entorno, tenemos que tratar a cada uno como se merece por sus propias acciones, suum cuique tribuendi y todas esas cosas. Por favor, parémonos a pensar un momento, usemos la regla de oro. Supongamos que una persona totalmente desconocida, basándose en información extremadamente fragmentaria pero creyéndose (quizá sinceramente) en posesión de la verdad insultara o ridiculizara a todos y cada uno de los indivíduos de un colectivo al que pertenecemos, ¿cómo nos sentaría? ¿Cómo reaccionaríamos? Muy cercano a los lectores de este blog, pensemos en el caso Mireia Laguna. Independientemente de que diga tonterías y falsedades, independientemente de que no sepa por dónde van los tiros, o precisamente por ello, ¿es justificable su actuitud? ¿Tiene algún tipo de escusa escribir algo que intenta ridiculizar, destruir e insultar de forma gratuita? ¿Qué pensamos de alguien así? ¿Queremos ponernos a su altura? ¿O es que los católicos son, por alguna razón, un «blanco legítimo»? ¿Por qué?

Y luego tenemos a los que, desde un insufrible trono de arrogancia intelectual cuando probablemente no han leído en su vida el catecismo ni tenido una charla distendida con un cura,  excusan más o menos a los laicos, pero al clero le aplican presunción de culpabilidad. «Bueno, es posible que los cristianos de a pie sean inocentes de todas las maldades de la iglesia, que sean simplemente unos borregos a los que se ha engañado y se mantiene en la oscuridad y la ignorancia. Pero los curas, todos, son unos hipócritas que saben que lo que están diciendo son mamarrachadas oscurantistas y las siguen diciendo para vivir del cuento y forrarse a costa de la ignorancia, el miedo y la superstición». En serio, ¿qué pruebas tienes de eso? ¿Dónde queda la presunción de inocencia, desde un punto de vista moral? ¿Verdaderamente crees que la gente tiene derecho a ser considerada inocente, a que se piense de ellos que no son unos delincuentes o unos sinvergüenzas hasta que se demuestre lo contrario? ¿O con los curas hacemos una excepción? Aparte, por supuesto, de que eso divide a los mil millones de católicos en el mundo en dos grupos: los imbéciles y los hipócritas, y que creo yo que alguna excepción tiene que haber. En fin, yo fui católico hasta antesdeayer y considero que esté en ninguno de los dos grupos, y lo mismo puedo decir de muchos de los católicos que he conocido a lo largo de mi vida, y de decenas de sacerdotes. Borregos he conocido, pero clérigos hipócritas no. Aparte de que, insisto, partir de la base de que una persona, por haber hecho unos votos es un hipócrita y un sinvergüenza me parece fatal.

Y es que hay mucha gente que, además, parece tener la piel particularmente fina allí donde la Iglesia Católica está involucrada, que en cuanto la oye mencionar respecto a un tema se pone automáticamente en contra y del mismo y empieza a buscar en todos los rincones la perversa mano negra del «poder de la Iglesia en las instituciones». Pongamos por ejemplo la JMJ. Para mucha gente, el hecho de que cuente con la ayuda y bienvenida de los poderes públicos es un hecho intolerable, que solo puede comprenderse por el mencionado poder de la Iglesia en el gobierno de Madrid. Sin embargo esa misma gente entiende perfectamente y apoya la candidatura de Madrid a celebrar unos juegos olímpicos, a pesar de que la inversión es infinitamente mayor(6) y la afluencia de público que cabe esperar claramente menor. ¿Por qué? ¿Por qué ese doble rasero? ¿Por qué se ve el sentido (que lo tiene) en gastarse cien veces más en unos Juegos Olímpicos para un retorno menor, pero la JMJ es una idea tan mala, tan mala, que solo puede entenderse a través de unas hipotéticas sotanas susurrantes en Sol? ¿Por qué se pone en duda sistemáticamente que la visita de millón y pico de personas vaya a dejar dinero en la ciudad?

Y luego está lo de la desinformación, claro. Hay gente que odia de tal manera a la Iglesia Católica que se siente justificada en propagar bulos, rumores, mentiras y falsedades con tal de perjudicarla, porque creen que perjudicando a la Iglesia se sirve a un bien mayor, o porque razonan (por llamarlo de alguna manera) de una forma semejante al «vale, esto no será del todo cierto, pero sirva de contrapropaganda por todos los bulos que nos meten ellos»(8). Precisamente Anaiu acaba de publicar una corta pero elocuente entrada en su blog a este respecto… Pensar que algunos de mis amigos, que han sufrido en sus carnes este tipo de rumores malintencionados y saben el daño que hacen y lo difícil que es desmentirlos, se dedican a este tipo de cosas sin el más mínimo remordimiento, siempre partiendo de la presunción de culpabilidad e hijoputez de la Iglesia, me repatea.

Un ejemplo: Hecho 1: La JMJ cuesta 50 millones de euros, de los cuales el 50% los ponen los patrocinadores y el otro 50% instituciones estatales. Hecho 2 Estamos en una crisis económica impresionante con un paro horrible y mucha gente pasándolo mal. Conclusión: La poderosa e influyente Iglesia Católica ha conseguido que nos gastemos 25 millones de que son muy necesarios para otras cosas, el Estado paga la mitad de la visita del Papa. Realidad: Las instituciones públicas no ponen un solo céntimo en la JMJ, esos 25 millones son la estimación, en términos financieros, de lo que costarían los terrenos e instalaciones cedidas para el acto si hubiera que pagarlas, así como el importe de los incentivos fiscales a los patrocinadores (medida esta que no tiene nada de espectacular y que se ha usado este mismo año para eventos igual de «privados» como la Ocean Volvo Race (una regata), o el 800 aniversario de la batalla de las Navas de Tolosa).

Otro ejemplo: Hecho 1: Las instituciones públicas han prestado diversos espacios de forma gratuita para que los peregrunos se alojen. Hecho 2: La organización de la JMJ cobra el alojamiento a 18 euros por peregrino. Conclusión: La pérfida y avariciosa Iglesia Católica se embolsa 18 euros por cada peregrino que duerme en unos colegios que hemos cedido gratis. Realidad: Esos 18 euros se cobran para pagar los suministros (agua y luz), el acondicionamiento y limpieza de esos espacios públicos tras la JMJ (los acuerdos implican dejar los espacios cedidos en las mismas condiciones en que estaban al cederse).

Por no hablar de la gente que, simplemente, tiene fe en que la Iglesia es mala, gente a la que le discutes este tipo de bulos con datos y te contesta que «no le importan los datos», que «no confía en lo que diga el Consejero de Interior», que «le vale mil veces más su intuición». ¿Qué se hace con gente así. que simplemente ya ha decidido en su fuero interno que la Iglesia es una ladrona y que nada de lo que le digas le va a convencer, no ya de que no lo es en general, sino de que no ha cometido el robo específico del que le está acusando? ¿Cómo puede la gente ser tan rematadamente injusta? Escapa a mi entendimiento, de verdad. A mi me da mucha rabia que me demuestren que estoy equivocado y suelo resistirme como gato panza arriba, pero tengo la suficiente integridad intelectual como para aceptarlo y cambiar (y el hecho de que ya no sea católico creo que es el mejor de los ejemplos, no os creáis que me caí del caballo, lo suyo le costó a en noches y noches de discusiones filosóficas sobre la existencia del bien, del mal y del libre albedrío contracausal). Que haya gente que se autoproclama fanática de sus opiniones me supera, máxime si esas opiniones le llevan a vilipendiar, odiar, insultar e intentar destruir lo que otras personas, que a su vez pueden tener razón o no, han construido legítimamente.

Yo entiendo que el que los obispos estén cada dos por tres insistiendo en que el sexo es pecado acaba por cansar (porque aun estoy por que alguien me diga algún dictado moral de la Iglesia con el que no esté de acuerdo y que no tenga que ver con el sexo), pero este odio me resulta injustificado. De acuerdo a las enseñanzas de la Iglesia yo soy un pecador público que vive en concubinato y me importa un pimiento. Que piensen lo que quieran mientras no me intenten separar de Ana, tienen todo el derecho del mundo a hacerlo. Tampoco me importa un pimiento lo que opinen el Gran Muftí de Estambul, el Dalai Lama, el Gran RAssise_2abino de Jerusalén, el Patriarca de Moscú (que, por cierto, opinan más o menos lo mismo que el Papa), me parece perfecto que tengan su moral y su código ético y que juzguen que, de acuerdo a él, soy un inmoral. Me parece perfecto mientras no intenten obligarme a vivir de otra manera y la Iglesia Católica, la de hoy en día, no intenta obligar a la gente a vivir de una u otra manera. Oh, intenta influir entre sus miembros, desde luego, para que la legislación esté en consonancia con sus ideas, pero el poder lo tienen mis conciudadanos, no la Iglesia, que tiene, como mucho, autoridad. Me pasa lo mismo que con los testigos de Jehová o los Mormones: serán unos plastas, pero me cuesta mucho odiar a quien, en realidad, solo quiere que participe en lo que sinceramente cree que es bueno.

En fin, que no me hace demasiada gracia la JMJ, que no me la hace ahora siendo agnóstico y tampoco me la hubiera hecho siendo católico, que me va a suponer multitud de trastornos y que, aun así, considero que puede ser muy buena para Madrid (si los peregrinos se llevan la idea de que somos un pueblo amable, simpático y acogedor y no unos antipáticos que hacemos todo lo posible para que no se sientan bienvenidos). Y que llamo a muchísimos de los que me léeis a que hagáis una reflexión: si este mismo follón fuera por unos juegos olímpicos, o un mundial de fútbol, ¿estaríais dándole vueltas a la mano negra del COI, planeando concentraciones para protestar por la presencia de la FIFA en España, denunciando el entreguismo deportivo del Estado y sacando a relucir como en todas las escuelas hay campos de fútbol y baloncesto pero en casi ninguna una red de voleyball o, más crucial, un tablero de ajedrez? ¿Saltaríais con «si ya lo decía yo» y «si es que todos los atletas son iguales» al primer titular que dijera que Marta Domínguez está implicada en un asunto de dopaje (esto lo digo entre otras cosas porque la pobre era más inocente que el Niño Jesús pero de eso los periódicos casi no han informado, lo que me parece fatal)?

Pues eso. De verdad, odiar es malo y negativo, trae problemas y hace infeliz, a ti y a quienes te rodean. Intentad no odiar y, en particular, intentad no odiar a la gente por su religión. Aunque sean católicos y crean que vais a ir al infierno.

Pax vobiscum,,

Arthegarn___________
(1) En este tema en concreto hay otra excepción añadida a “los católicos”: “los políticos” (y, últimamente “los banqueros”)
(2) Mt. 7, 7.
(3) Como siempre, estoy hablando de los católicos de verdad, de los que se lo toman en serio, de los que se leen en catecismo, de los que estudian teología. La muchedumbre de “católicos no practicantes” no me merece el más mínimo respeto intelectual (ni me lo ha merecido nunca) porque eso que dicen que tienen no es una religión, es una serie de supersticiones más o menos baratas y más o menos simples, sin la menor integridad como corpus moral y que, en la inmensa mayor parte de los casos, está directamente en contra de lo que la Iglesia Católica propugna como verdad. Ya lo he dicho muchas veces, pero el 90% de los que en España se llaman católicos son unos herejes de cuidado que, simplemente, no saben de qué hablan. Eso sí tienen derecho a llamarse lo que les de la gana y a vivir como les plazca, por supuesto.
(4) Hasta que Rick Berman y compañía se cargan esa coherencia a partir de la tercera temporada de Voyager, claro.
(5) Y los datos son datos.
(6) Barcelona’ 92 fueron 5.750 millones de euros de inversión. No estoy contando otros gastos como seguridad, etc.
(7) La organización de la JMJ espera millón y medio de peregrinos mientras que a Barcelona 92, según los cálculos más optimistas, fueron en total unas 900.000 personas.
(8) Porque la manipuladora y maligna Iglesia Católica nos engaña en cuanto puede, por simple afición, por no perder la práctica. Es bien sabido, que diría Irri…

Un liberal en la asamblea revolucionaria, popular y autogestionada de Sol y ni rastro del Rey Arturo

Cualquiera que leyera mi último artículo, Un Brindis por Sol, pensaría que en España el Pueblo, no una facción ideológica, sino el Pueblo, se estaba finalmente moviendo para alcanzar, entre todos, un nuevo acuerdo, más justo, directo y representativo, que reformara el sistema y la democracia. Por desgracia, nada podría estar más lejos de la realidad.

El jueves pasado, poco después de escribir ese artículo, pasé por casa, me cambié y me fui a Sol a ver en qué podía ayudar. Mi sorpresa fue grande al encontrarme que todos los carteles con soflamas izquierdistas, anarquistas y anticapitalistas que adornaban el campamento en mi última visita seguían allí… y que se habían reproducido. Me sorprendió porque, dado el carácter apartidista de los Cuatro Puntos(1), esperaba que el campamento se hubiera contagiado de la nueva ola de sentido común. Mi sentido arácnido empezó a zumbar, pero lo tranquilicé razonando que, al fin y al cabo, todo el mundo tiene derecho a la libertad de expresión, que era lógico pensar que muchos de los individuos de la acampada siguieran manteniendo sus ideas y downloadpor tanto expresándolas y que ,incluso si no fuera así, quizá retirar todo aquello planteara más problemas de los que yo pensaba. Así que me di una vuelta para olfatear el ambiente, que olía a amapola, óxido, sangre y rubí: todo diverso pero todo rojo. Mosqueado, pero no desanimado, me acerqué al punto de información.

Allí pregunté directamente de qué iba todo esto y qué era lo que se quería conseguir. Tres personas distintas hablaron conmigo, pasándose la patata caliente los unos a los otros, pero sin concretar lo que yo quería. Uno me explicó el origen (básicamente económico) de la “indignación” de los «indignados» y me remitió al manifiesto original de Democracia Real Ya (y me dio una copia en papel); otro me habló vagamente de que era un movimiento popular y asambleario (fue la primera vez que oí la palabra “asambleario”, pero no sería la última) que intentaba hacer un mundo más justo en el que las personas no fueran tratadas en función del dinero que tenían, etc., todo ello regado con palabras como “popular”, “igualitario” y “garantizar”; el tercero ya resultó más concreto y me estuvo contando diversas medidas de los 38 puntos del segundo manifiesto(2) de Democracia Real Ya. Cuando le comenté que esas propuestas ya las conocía, pero que era mi entendimiento que se había dado “marcha atrás” al respecto y que se había recortado a los Cuatro Puntos me contestó que eso no podía ser así: “es posible que alguna de las asambleas haya dicho que para hacer algunos de los cambios que queremos haya que contar con gente de fuera del movimiento y que para eso haya que decir cosas en las que estemos de acuerdo con ellos o ellos con nosotros, pero eso no es que demos marcha atrás: lo que queremos es esto, y ni un paso atrás.”

Fue un bofetón a mis esperanzas, pero no cejé. Pensé que, al fin y al cabo, yo también quería conseguir más cosas que las que figuran en los Cuatro Puntos, así que lo verdaderamente importante no era lo que el 15-M o la gente que lo componía quería obtener además de desarrollar los Cuatro Puntos, sino el hecho de que querían, al menos en parte, lo mismo que yo, y que podríamos trabajar juntos para conseguir ese subconjunto intersección. En un momento comenté que era abogado y acabé, sin entender muy bien por qué, en la Comisión de Legal(3). Allí intenté hablar de leguleyo a leguleyo, esperando obtener respuestas más exactas y menos grandilocuentes a mis problemas, pero lo único que saqué en claro era que los Cuatro Puntos no eran, como yo pensaba, un consenso de mínimos: eran una propuesta de trabajo que había salido de una de las comisiones asambleas, la de Política a Corto Plazo, pero que tenía que ser refrendada por la Asamblea General (“y, entre nosotros, ni de coña, vamos, menudos vendidos”). Segundo bofetón a mis ilusiones, y nuevo recordatorio de aquello que digo yo siempre de “nunca creas que el deseo de informar de un periodista supera a su deseo de vender periódicos” (si uno lee cuidadosamente el artículo de El Mundo, por ejemplo, o el de El País se da cuenta de que en realidad no había tal consenso de mínimos, pero el titular vendía más así…).

Aun así, saqué otra cosa en claro: la gente con la que yo quería hablar, los que tenían (en mi humilde opinión) el sentido común y la visión política suficiente como para que del 15-M pudieran salir los cambios de sistema que España necesita tan desesperadamente, eran los de la Asamblea de Política a Corto Plazo. Me acerqué de nuevo a Información donde vi que se reunían en Cortylandia, pero me avisaron de que hoy precisamente no se reunían. No obstante vi que en cinco minutos empezaba la Asamblea de Política a Largo Plazo en la cercana plaza de Pontejos, así que me lié la manta a la cabeza y me acerqué allá, como siempre a escuchar lo que se decía y, esta vez, a participar con mis opiniones.

Quitando otro tipo vestido de negro debía ser el mayor de los cuarenta allí reunidos. Con media hora de retraso o algo así el compañero de las rastas que creo que se llama Arturo(4) tomó el altavoz y nos estuvo explicando las normas de la asamblea, al tiempo que pedía voluntarios para tomar acta, llevar cuenta de los turnos de palabra, etc. Como nadie se ofrecía para nada me pudo la educación católica aquella de la que hablaba Vieja Bruja cierta vez y me ofrecí a levantar acta para romper el hielo (y funcionó, en seguida salieron todos los demás). Esto lo digo porque ahora, cuando comente lo que se discutió en esa asamblea, quiero dejar claro que no es solo que anduviera yo por allí mirando el facebook y poniendo la oreja de vez en cuando, estaba levantando acta y prestando toda mi atención a lo que se decía. Así que, aquellos de vosotros que seáis moderados y leáis estos artículos para tener información de primera mano(5), agarraos, que vienen curvas.

Lo primero que voy a hacer es transcribir el orden del día de, insisto, la asamblea de Política a Largo Plazo (en adelante, “PLP”) (que yo, en mi ignorancia suponía que trataría de objetivos a largo plazo y líneas orientadoras, pero no):

  1. Okupación(6) de viviendas vacías.
  2. Expropiación de bienes inmuebles y posterior socialización.
  3. Federación de consejos municipales.
  4. Autogestión de todas las empresas y asambleas en los centros de trabajo.

Este orden del día, como comprenderéis, hizo que se me cayera el alma a los pies. Si hasta ahora mis conversaciones en la acampada habían sido desilusionantes, este orden del día me demostraba más allá de toda duda que el sentido común y el realismo brillaban por su ausencia en el movimiento 15-M (en otras palabras, que cuando asomaban la nariz se les veía muchísimo). Pero lo peor estaba por llegar.

Antes de empezar a tratar el orden del día se discutieron una serie de cuestiones preliminares (lectura del acta anterior, etc.), la principal de las cuales fue, precisamente, los Cuatro Puntos. Me gustaría tener el acta que levanté, que fue muy exacta y recogía cada intervención y, en ciertos casos, frases exactas, pero dejé allí el original y tengo que confiar en mi memoria… Las primeras intervenciones fueron todas tanto de enfado como de absoluta repulsa. Enfado por la repercusión mediática que habían tenido, enfado porque “la gente se va a creer que esto es lo que no es”, enfado porque se percibía una diferencia de trato entre Política a Corto Plazo y Política a Largo Plazo, cristalizado (entre otros) en el hecho de que las actas de PLP no subían a la web ni tenían esa repercusión. Repulsa porque esos cuatro puntos “no es que sean descafeinados, es que no dicen nada”, porque no reflejaban los objetivos ni la voluntad ni el espíritu del movimiento 15-M, porque eran “contrarrevolucionarios” (sic.), porque legitimaban “a los políticos frente a las asambleas populares”, etc. Al poco de empezar el debate pedí la palabra, y a medida que avanzaba el debate me iba quedando claro, EN REALIDAD , qué es y qué quiere la gente de la acampada de Sol.

En primer lugar reclaman la instauración del régimen asambleario: una autoridad (por decirlo de alguna manera) alternativa al Estado basada en las asambleas. Ojo que digo “alternativa”, no “suplementaria”. Algunos proponían la legitimidad asamblearia como complementaria de la del Estado, pero la mayoría opina que la única legitimidad es la asamblearia. El Estado es, pues, ilegítimo, y debe ser sustituido por el régimen asambleario.

El régimen asambleario, a su vez, tiene las características básicas de horizontalidad y soberanía. La horizontalidad quiere decir que se elimina la distinción entre gobernante y gobernado; la soberanía, consecuencia directa de la horizontalidad, quiere decir al mismo tiempo que (i) las decisiones de una asamblea no pueden ser revisadas o revocadas por cualquier tipo de órgano y (ii) cada asamblea particular no está vinculada por nada que rechace. Esto puede parecer un poco confuso así que trataré de explicarme: el régimen asambleario horizontal no permite la existencia de una estructura vertical de revisión y convalidación en el que, por ejemplo, las decisiones los consensos de la asamblea de PLP tengan que ser refrendados por la Asamblea General de la acampada. Ahora bien. Eso no quiere decir que los consensos estén escritos en piedra una vez tomados, por supuesto: una asamblea puede revisar los consensos de una asamblea anterior y cambiar de idea, lo que quiere decir es que no hay una estructura horizontal de tipo convencional, todo el poder está en la base.

Esta horizontalidad termina, obviamente, con el sistema representativo. Son los ciudadanos quienes toman todas las decisiones de forma directa en vez de elegir un representante que decide por ellos. En otras palabras: se trata de eliminar el sistema democrático tal y como lo conocemos en implantar otro básicamente plebiscitario en el que no existe la diferenciación entre gobernante y gobernado y en el que, precisamente por eso, no es necesaria la división de poderes (fundamentalmente porque los “poderes” no existen: la única legitimidad y autoridad emana de la asamblea).

El otro gran punto es la superación del capitalismo. No se habló tanto de esto como del régimen asambleario, pero la idea es la socialización de los medios de producción para cubrir las necesidades básicas, así como de cualquier otro bien ya existente pero distinto de un medio de producción (vivienda, etc.) necesario para cubrir esas necesidades básicas. Estas socializaciones se decidirían y llevarían a cabo en y por las asambleas, que además gestionarían los centros de trabajo y toda actividad productiva, económica y comercial.

No voy a dar mi opinión sobre estas ideas, al menos no aquí. Pero creo que es importante que es importante, por no decir imprescindible, que el ciudadano de a pie sepa de verdad de qué se habla en la Acampada de Sol y de verdad cuáles son sus objetivos. Muchos puede que creáis que es difícil de creer, algunos incluso estuvisteis en las manifestaciones de bárbaros de los días 19, 20 y 21 defendiendo un voto responsable y/o un cambio de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General y/o del modelo de Estado, penséis que “habéis estado allí” y que “sabéis de qué va esto”. No pienso discutir, me voy a limitar a remitiros a las actas de las asambleas, no solo de PLP sino también de Corto Plazo (los “sensatos” que propusieron los Cuatro Puntos), para que leáis, en sus propias palabras, qué se discute y aprueba en Sol. Y, dicho esto, vuelvo al relato.

A pesar de que a la vista de lo que se estaba hablando era totalmente inútil y de haberme dado cuenta de que había estado radicalmente equivocado respecto a lo que se intentaba en Sol, cuando llegó mi turno de palabra traté de defender los Cuatro Puntos. Dije que yo estaba aquí por ellos, que sin ellos no estaría hablando en aquella asamblea así que algo bueno tenían, que tener; dije que tenían la virtud de aunar los esfuerzos de mucha gente, que cambiar el sistema era muy difícil y que se necesitaba el apoyo de muchísima gente, que era necesario buscar algo en lo que todos, izquierdas, derechas, reformistas, revolucionarios y conservadores, pudiéramos estar de acuerdo; dije que uno de mis defectos es que yo era muy práctico y que, si bien veía posible, aunque no fácil, cambiar el sistema democrático para convertirlo en uno más justo, cuanto más coyunturales y específicas fueran las metas que se fijaran menos apoyo tendrían y que opinaba que era mucho mejor conseguir los Cuatro Puntos, aunque fueran relativamente modestos(6), que querer un cambio radical y no obtener absolutamente nada; que podíamos avanzar todos juntos o quedarnos quietos por separado y que los Cuatro Puntos ofrecían avance y unidad… Y me quedé solo, claro.

Citando del acta de esa asamblea tal y como está en tomalaplaza.net (y que no recoge mi intervención)

  • CONSENSO: NO APOYO A LOS “CUATRO PUNTOS”
  • CONSENSO: INSTALAR EL RÉGIMEN ASAMBLEARIO, SUPERAR EL CAPITALISMO, FORTALECER LAS ASAMBLEAS POPULARES

No fueron los únicos consensos que se alcanzaron, por supuesto. Por ejemplo, recuerdo que se decidió que el medio asambleario era un fin en si mismo, algo tan contradictorio como totalitario ¿Dónde quedó Protágoras, dóndedownload Kant, dónde el hombre como medida de todas las cosas, dónde el ser humano como fin en sí mismo? Recuerdo a dos o tres diciendo que lo que se pretende no es cambio, sino revolución total. Recuerdo a una chica diciendo que todas estas cosas ya había un partido que las defendía, Izquierda Anticapitalista(7).

Recuerdo también que en un momento determinado determinado alguien comentó que la diferencia entre PLP y PLC no era en realidad el plazo, sino el calado de las propuestas que iban a salir de cada asamblea. En ese momento pensé “bueno, a lo mejor lo que pasa es que me he metido en la asamblea de los sonaos, la verdad es que no me extraña que no os suban las actas a la página porque hay portadas de Intereconomía de aquí al año que viene”…

En fin, no quisiera alargarme más, porque esto ya me ha quedado lo bastante largo. La discusión del primer punto del orden del día, que vino después, también fue sonada, pero os remito una vez más al acta que, insisto, está en internet. en su propìa página. De hecho, os insto a que, antes de darle al próximo «Me gusta» apoyando el movimiento 15-M o de los indignados o de lo que sea, antes de retwittear la última consigna y antes de echaros a la calle para ir corriendo a la Puerta del Sol o a la Plaza de Cataluña o a donde sea para evitar el desalojo(8), os leáis con cuidado las actas de las asambleas. Para que sepaís, con absoluta certeza, a qué le estáis prestando vuestro apoyo. Y si estáis de acuerdo con lo que proponen, bendito sea vuestro apoyo siempre que se manifieste de forma pacífica, pero que quede constancia de que, en mi humilde opinión:

  • El 15-M no es es un movimiento moderado ni intenta serlo, es un movimiento extremista.
  • El 15-M no es un movimiento reformista que intente cambiar las leyes o la Constitución, es un movimiento revolucionario que intenta edificar un nuevo modelo de sociedad con bases completamente distintas.
  • El 15-M no es un movimiento apartidista, es un movimiento claramente de izquierda y, me atrevería decir, de extrema izquierda.
  • El 15-M no es un movimiento democrático, a menos que se entienda la democracia de forma tan amplia como Alfonso Guerra entendía España cuando dijo aquello de que cuando acabara con ella no la iba a conocer «ni la madre que la parió». Es un movimiento asambleario, plebiscitario, libertario o como lo queráis llamar, pero eso no es democracia; no todo sistema de consenso mayoritario es democracia. La democracia consiste en que el pueblo (demos) elija al gobierno (krátos) y este movimiento lo que intenta es eliminar el gobierno y mezclar todos los poderes. Mucho pueblo, sí, no lo niego, pero cero gobierno.

Y esas es la verdad, o al menos mi opinión con los datos que tengo. Supongo que desilusionará a más de uno, pero es lo que tiene informarse, que desengaña. Ahora, por estas que con cruces que, conmigo, una y no más. Ahora ya sé de qué va esto, al menos hasta que vuelva a ver si sigue igual.

Salud y evolución,

Arthegarn_____________________

(1) Para quien no esté siguiendo toda la serie de artículos: El jueves 23 la prensa publicó que la gente de Sol había llegado a un acuerdo de mínimos, de clara tendencia inclusiva, que eliminaba las propuestas más “izquierdosas” de política socioeconómica y se centraba en la reforma del Sistema. Esas propuestas, a las que me refiero en este artículo como “Los Cuatro Puntos”, eran: (i) reforma electoral encaminada a una democracia más representativa y de proporcionalidad real y con el objetivo adicional de desarrollar mecanismos efectivos de participación ciudadana, (ii) lucha contra la corrupción mediante normas orientadas a una total transparencia política, (iii) separación efectiva de los poderes públicos y (iv) creación de mecanismos de control ciudadano para la exigencia efectiva de responsabilidad política. Cuatro propuestas centradas, inclusivas, que opino que son buenas y que, de haberse mantenido, podrían haber aglutinado en torno a este movimiento a una parte muy, muy importante de los españoles, incluyendo casi sin excepción a todos aquellos que Ortega y Gasset hubiera llamado élite. Por supuesto, no fue así…
(2) Este “segundo manifiesto” en realidad son las “propuestas” de Democracia Real Ya y se publicaron el domingo pasado. Hablé de ellas brevemente en
Porque les necesitamos. Donde sea.
(3) Al parecer, por cierto, al comisión de Legal se enfrenta exactamente al mismo problema que los departamentos legales de las grandes empresas. La gente viene preguntando algo del estilo de “¿qué pasa si hacemos esto?”, Legal contesta algo del estilo de “que os pueden poner una multa” y lo que el que ha preguntado va diciendo es que “Legal ha dicho que no podemos hacerlo”. No, Legal os ha advertido de las consecuencias, pero no ha tomado una decisión, la decisión es vuestra. Como en todas partes, los abogados del 15-M tienen una cierta reputación dentro del movimiento de ser los que le dicen que no a todo y los que le pagan pegas a todo, pero no es así.
(4) Permítaseme la figura retórica, aclarando en aras de la veracidad de la información que creo recordar que no se llamaba Arturo sino Salva. Ahora, las rastas las tenía, y la barba desaliñada y el pañuelo palestino también.
(5) Técnicamente de segunda…
(6) A mi no me parecen modestos en absoluto, por cierto.
(7) En el momento no le di importancia, pero luego Sir Accolon me estuvo contando como está viviendo él el asunto y me lo volvía pensar. Es interesante que le deis una vuelta a la página vosotros mismos: lo que no ha podido hacer IU ni UPyD ni nadie en absoluto lo están haciendo estos.

Un brindis por Sol

Me alegra sobremanera ver que el sentido común parece que está volviendo a Sol.

Un movimiento que empezó como apolítico (técnicamente apartidista, diría HK), buscando la regeneración democrática, pidiendo una democracia más directa y representativa y una mayor responsabilidad de los políticos ante los ciudadanos había derivado, como apuntaba en mi último artículo, en un movimiento claramente de izquierdas. Era una pena porque la idea original era algo que todos, las derechas, las izquierdas, los del centro y los de la periferia, podíamos (y, en mi caso, queríamos) apoyar. Pero de ahí se pasó de alguna manera ( y al manifiesto de Democracia Real Ya me remito) a pedir cosas como la reducción del gasto militar, la reforma de la ley hipotecaria, u otras tremendamente concretas de política económico-social. En otras palabras, se ha dejó de pedir un acercamiento entre Gobierno y gobernados y se pasó a pedir eso mismo (así, de rondón, en los últimos subpuntos del penúltimo punto) y usar más de la mitad del manifiesto para decirle al Gobierno como debe gobernar, todo ello mientras en twitter se decía que aquello era un #consensodeminimos.

Me río yo del consenso de mínimos Aquello no era un acuerdo de mínimos, los mínimos eran la regeneración democrática y la responsabilidad de los representantes. Todo lo demás no eran mínimos, eran añadidos y que habían sido tantos que ya casi no dejaban ver el objetivo inicial. A mayor abundamiento, todos esos añadidos (o una gran parte) eran «de izquierdas». Hablar así es una simplificación, desde luego, pero el hecho es que se convirtió una buena idea con dos o tres buenas propuestas que todos podíamos apoyar en un paquete cerrado de 38 medidas que yo, que soy «de derechas» (soy liberal, así que por desgracia en este país y para mucha gente soy «de derechas» como si fuera conservador, por ejemplo) no podía apoyar, porque creo que, aplicadas todas, traerían más mal que bien. Así que, desgraciadamente, todos esos añadidos hicieron que retirara mi apoyo (tal como era) al manifiesto, porque no me representaban no eran en lo que yo creo. Y supongo que conmigo perdieron el apoyo de un buen número de votantes del centro-derecha liberal, quizá incluso de la derecha, que veían con buenos ojos un cambio de sistema que hiciera madurar España. Una pena, porque sin el Partido Popular (y una buena parte del PSOE) es totalmente imposible cambiar nada en este país…

Pero, afortunadamente, parece que esto ha cambiado. No sé si es que se han dado cuenta de que haciendo propuestas partidistas no pueden cambiar el Estado porque alienan a gente que de otra forma apoyaría las propuestas base, si se han caído del guindo, les ha venido a ver Dios o qué, pero según El Mundo, ayer se llegó al acuerdo de plantear únicamente cuatro reivindicaciones, a saber:

  • Reforma electoral encaminada a una democracia más representativa y de proporcionalidad real y con el objetivo adicional de desarrollar mecanismos efectivos de participación ciudadana.
  • Lucha contra la corrupción mediante normas orientadas a una total transparencia política.
  • Separación efectiva de los poderes públicos.
  • Creación de mecanismos de control ciudadano para la exigencia efectiva de responsabilidad política.

Y yo estoy de lo más contento. Así, sí. Estas son medidas con las que estoy de acuerdo, esto es lo que hay que hacer para regenerar España y su sistema, para acabar con esta especie de “libertad vigilada” que se dio en 1978 al Pueblo y pasar a tener un sistema democrático y representativo, como el que tienen en los países verdaderamente democráticos de occidente. Estos cuatro puntos no son ni de derechas ni de izquierdas, proponen reformas estructurales con las que yo creo que todos estamos de acuerdo y son asumibles por todo el espectro político (de votantes, claro, los políticos habrá que verlo). Y, aunque se dé (desde mi punto de vista) demasiada importancia al tema de la corrupción y no suficiente a la reorganización estatal, me da igual porque el control de la corrupción no es que ea precisamente nada malo.

Así que me voy a pasar esta tarde por allí a ver en qué puedo ayudar. Porque esto sí es lo mío, esto sí que merece la pena, esto sí que puede salir bien y solo puede traer buenas cosas. Y merece mi apoyo. Y probablemente, a poco que lo pienses, el tuyo.

¡Olé!

¿Por qué quiero lo que quiero?

Esta semana he tenido cinco ofertas para cambiar de trabajo. Dos de ellas eran para aquella compañía de seguros que aquellos que me conocéis personalmente ya sabéis (si, otra vez, es la séptima vez que me ofrecen ese puesto y sigue estando igual de absurdamente bien pagado). Otra es irrelevante. Pero tengo dos, ahora mismo, que me están dando tanto que pensar que ya no puedo más.

Una es en la misma línea en la que ya trabajo, en uno de los despachos de abogados más importantes de España (en las Torres KIO, y a buen entendedor pocan palabras bastan). Están encantados conmigo, pero soy caro. Debo de estar ahora mismo como un 50% por encima de lo que pagan a gente de mi nivel, y yo obviamente quiero más para cambiarme, así que tienen que pensárselo. Pero la decisión final (seguro) la tomará el socio del departamento, que aun no me ha visto pero a quien estoy seguro de que puedo convencer de que valgo lo que cuesto. Supondría un diez o quince por ciento más de lo que ya cobro (y que me paguen las horas extra, algo que no hacen en Vestas, y quienes hayan trabajado conmigo saben que yo rindo cada minuto de cada hora, no me voy a fumar pitillos o tomar «cafeses» a cada rato) y ahorrarme una hora de viaje cada día. Ah, y trabajar a 700 metros de Ana.

La otra opción es irme a ser abogado de verdad. Hace falta ser amigo mío para entender lo que quiero decir con esto y no espero que la mayoría lo entendáis. Se trata de un despacho pequeño, de diez o quince abogados, en el que me especializaría en procesal civil, Seguro que se pregunta lo mismo a cada penalty. Más o menos...lo cual curiosamente fue la razón por la que estudié Derecho (siempre he pensado que tengo el tipo de mente estúpidamente inteligente y desarraigada de la realidad que hace falta para el procesal). Saben toda mi historia profesional y hasta qué punto tengo que reciclarme pero creo que se han dado cuenta de lo que valgo. Lo que me estoy planteando en ese despacho (que, por cierto, está justo enfrente de la oficina de Ana) es ganar un diez o un quince por ciendt menos de lo que estoy ganando ahora, y eso sin contar que sería un contrato mercantil con todos los problemas que tiene y que valoro como en otro diez por ciento. Pero es volver a ser abogado (de verdad) y, si soy tan bueno como creo que puedo serlo, abrir las puertas a un tipo de salario y nivel adqusitivo que está un 200 o 500% por encima de lo que puedo esperar cobrar si me quedo en «mi categoría» (y eso a pesar de que estoy convencido de que, en lo mío, soy de los mejores de España).

Y no debemos olvidar la tercera opción, por supuesto, que es contarle a Copito de Nieve (lo haré la semana que viene) como están las cosas a ver si me contraoferta para que me quede en Vestas, donde estoy haciendo (opino) un magnífico trabajo. Tanto en dinero como en carrera Vestas tiene aun algo que decir. Pero, en realidad, no es esta la razón por la que escribo esto.

La verdad es que ya no sé qué quiero. O ya no sé por qué quiero las cosas. Ayer tuve una conversación con Vieja Bruja (que se alargó hasta bien entrada – y etilizada- la madrugada) que me hizo volver a recapacitar sobre el hecho de que (i) la gente que me quiere me quiere por como soy (o sea, por las cosas que hago constantemente sin darme cuenta) pero que (ii) yo sólo me quiero a mi mismo en función de cómo veo en el espejo de los demás las cosas que hago. En otras palabras, que carezco casi por competo de autoestima.

Volver a ejercer es una tentación. Es una tentación horrible. No solo por lo que podría, en potencia, ganar, sino sobre todo (o quizá no), porque podría volver a llamarme a mi mismo abogado sin que me le caiga la cara de vergüenza. Podría dejar de decir medias verdades sobre en qué trabajo y volver a decir «soy abogado» con todas las letras (insisto en que esto solo es comprensible para quien me conoce de verdad). Y eso es algo que quiero, que deseo, que ambiciono.

Pero ¿por qúé?

¿Por qué estaría dispuesto a rebajar mi nivel adquisitivo en un 30 o 35%? ¿Qué es, verdaderamente, lo que me impulsa a hacerlo? Sinceramente, ya no lo sé. Antes pensaba que la motivación era estrictamente económica (inversión a medio-largo plazo) pero la verdad es que el poder volver a llamarme a mi mismo abogado y, sobre todo, ver mi imagen reflejada en los demás, en ti mismo que lees esto, con la palabra «abogado» aunque sea entre otras (ya se sabe, entry «gótico» «calvo»,. etc.) es un factor importante. Importantísimo, quizá el fundamental. Ahora mismo vivo bien, tengo tiempo y dinero y me puedo permitir ahorrar casi un 25% de lo que gano, Gano más dinero del que gasto, y vivo bien. Busco siempre ganar más, claro, porque ganar más es bueno, pero no me hace falta cambiar de trabajo y mucho menos de línea. Así que…

No sé. Quiero volver a ejercer. Quiero volver a ponerme la toga. Quiero volver a experimentar la satisfacción que se siento cuando alguien pone sus esperanzas en el Sistema, y en mi como su interlocutor, y al final las cosas salien bien. Echo de menos ganar dinero demostrando queReally? tengo razón, aunque sea menos, pero ¿por qué? ¿Es verdaderamente una decisión lógica, meditada, una inversión en mi futuro, en plan «ahora ganarás menos, pero te abre las puertas a lo que siempre has querido hacer y a hacer algo que merezca que te paguen lo que reamente vales»? ¿O es simplemente mi subconsciente buscando desesperadamente reconocimiento, buscando ganar estima en el espejo de los demás(*) diciendo «soy abogado»? Sé que lo que quiero, lo que siento que quiero, es aprovechar la oportunidad que me ha brindado Riech Hell (quien trabaja en ese despacho, quien me ha conseguido la entrevista y a quien debo una cena solo por lo feliz que me hace que piense en mi de esa manera) pero ¿por qué me siento así? ¿Es verdaderamente «yo» hablando, ese que quiere jugársela, o son mis complejos y miedos haciéndome tomar una decisión equivocada? ¿Hay verdaderamente alguna diferencia entre «yo», «yo-Spock», «yo-Kirk» y «yo Hamlet«, en el sentido de «esta forma de pensar es una enfermedad de la que debo sanar» o resulta que somos todos «yo»? ¿Y SI LUEGO NO SOY TAN BUENO? ¿Y si ese es el problema, que no quiero enfrentarme a un reto que implique poner toda la carne en el asador porque si fracaso, fracaso y no tengo excusa? Para mi es fácil ser de los mejores de España en un puesto mediocre, pero ¿y si me lo tomo en serio, me la juego y fallo? ¿Quizá sea que todo esto es porque tengo miedo de arriesgarme?

Nunca terminé La Ilusión de la Consciencia, pero sigo prensando así. Sigo pensando que «yo» no existe, que es simplemente una reducción, una precipitación de mecanismos simpes e individuales que dan como resultado una mente humana, increiblemente compleja. Pero ahora mismo ese «yo», que existe como ente cognitivo que exige reconocimiento, no sabe qué hacer. Porque sabe lo que quiere, pero no sabe ni (i) por qué quiere no lo que quiere, ni (ii) si lo que quiere es lo que le conviene, ni (iii) si lo que percibe que quiere es verdaderamente lo que quiere o simplemente la sublimación de otra cosa que quiere y que no puede conseguir. ¿Dónde está la Verdad en todo esto?

Todo consejo será bienvenido. Sobre todo el de seis o siete que habéis llegado aquí y tenéis que decir.

Arthegarn__________________________
(1) «Los demás» probablemente quiere decir «la imagen que tengo de mi padre», pero eso es otro tema. Lo digo simplemente para que os déis cuenta de hasta qué punto pienso las cosas (que es bueno) o me como el tarro (que es malo).
Y lo mejor, pero lo diré aquí abajo, por lo bajini, donde nadie lo lee, es que se lo que quiero. Quiero volver a Coward Turner a trabajar para Albus. Eso es lo que quiero.

Robin Hood lo pagamos todos

Hace cosa de un mes (aunque la prensa se ha enterado hoy) la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra dictó un auto en el que, en pocas palabras, se viene a decir que si tienes una hipoteca, no pagas, el banco te embarga, subastan tu casa y con esa subasta no se saca suficiente para pagar lo que debes, el banco no puede ir a por el resto de tus propiedades para cobrarse el resto de la deuda. Mucho progre antisistema se ha puesto contentísimo con esto. Y en realidad es una aberración ilegal, antijurídica, injusta y que, si se consolida, nos va a perjudicar a todos.

Permitidme que resuma los hechos para quien no se quiera leer todo el auto. Una pareja pide un 71.000(1) euros de crédito al BBVA y, en un momento determinado, dejan de pagar las cuotas. BBVA les demanda y el juez les condena a pagar esos mismos 71.000(2) euros. Ellos no pagan, el juez les embarga la casa y ordena la subasta, que queda desierta. Como está desierta, adjudica el piso al BBVA(3) por un importe de unos 43.000(4) €. Pero cuando el BBVA va al juez a reclamarle que continúe embargando a la pareja por los 28.000(5) euros que quedan el juez se niega y dice que con el piso basta. Argumenta esta decisión diciendo que pedir más de lo que vale el piso es abuso de derecho y que además el piso, cuando se concedió el préstamo, estaba tasado en 75.000 euros, lo que es más que el principal así que el banco ha hecho incluso negocio.

Por supuesto (y aquí ya me alejo un poco de la exposición sucinta de los hechos), eso es una soberana estupidez. En primer lugar, si condenas por 71.000 y efectúas una dación en pago por valor de 43.000 (es decir, le das el piso al banco diciendo que vale eso) el hecho está en que faltan 28.000 por pagar y hay que proseguir la ejecución. Punto pelota. Si hubieras efectuado la dación en pago por los 75.000 euros de valor de tasación a lo mejor el asunto tendría una mínima lógica, pero no puedes decir “vale, le deben a usted 71.000 euros, ahí tiene un piso de 43.000 y no pida más que en realidad vale 75.000”. Es una animalada tan grande que no soy capaz de imaginar un contexto lógico que explique por qué das algo en pago por valor de 43.000 que salda una deuda de 71.000, o al menos no sin sacar a la palestra los efectos de la física cuántica en la multiplicación de los panes y los peces. Pero sigamos.

Aparte de decir esto que he dicho yo, el BBVA le dice al juez que el piso no vale 75.000 euros, oiga, que una cosa es en lo que se tasó antes de la crisis y otra muy distinta lo que vale ahora. Que lo hemos sacado a subasta por 43.000 euros y no lo ha querido nadie, lo que quiere decir que su valor de mercado es, en realidad, inferior al importe por el que se adjudica en dación en pago. Pero es que. Además, aquí tiene una tasación con fecha de anteayer, señoría, que dice que, en efecto, el piso no vale 75.000 ni en los sueños húmedos de Paco el Pocero. Y el juez viene a decir que no le importa, que estaba tasado así, que no tiene evidencias de que el precio haya cambiado y ahora valga menos(6), que el que la subasta esté desierta no quiere decir nada y que esa tasación a fecha de hoy se la mete usted donde no brilla el sol porque no es el momento procesal oportuno para aportarla (el equivalente español a “no aceptarla como prueba”). Así que nada, nada, aire que tengo otro caso.

El BBVA, supongo que bastante aturdido ante la manifiesta estulticia del juez, recurre la decisión, claro. Y la Audiencia Provincial se lo lee y dicta, a mediados de diciembre, el auto que es noticia en el que rechaza el recurso, confirma la decisión del juez de primera instancia, deja al BBVA con un inmueble que no quiere y que apenas cubre la mitad de lo que le deben y sin posibilidad de ver ni un céntimo más. Dejadme que os explique las consecuencias del auto con claridad: si la pareja esta fueran millonarios y tuvieran cientos de miles de euros en efectivo en una cuenta del propio BBVA, el BBVA no podría tocarlos. Aunque la parejita en cuestión tenga para pagar (que no sé si lo tienen) no tienen que hacerlo. El banco se come el piso y punto. Ah, y, encima, para unir el insulto a la ofensa acaba condenado en costas, que no se me olvide.

El auto en cuestión tiene párrafos que no tienen desperdicio. Después de reconocer que la pretensión del BBVA de que le paguen lo que le deben “desde el punto de vista formal y de estricto ejercicio del derecho (¡Pues claro que desde el punto de vista del estricto ejercicio del derecho, pazguato, eres juez, no un árbitro de equidad, lo que tienes que hacer es aplicar la Ley, no lo que te da la gana!) no estaríamos ante un abuso de derecho”, lo cual ya de por si debería ser suficiente para revocar la decisión del juez de instancia al destruir la ratio decidendi se pone a hacer una “pequeña consideración” en la que viene a decir que, al fin y al cabo, si el valor del piso ha bajado es por culpa de los bancos que han creado la crisis, así que si el BBVA va a salir perjudicado, pues en el fondo está bien.

Lo digo en serio.

(…) si bien (…) la actuación del banco se ajusta a la literalidad de la ley y efectivamente tiene derecho a solicitar lo que ha solicitado, (…)ello no obstante no deja de plantemos una reflexión (…) relativa a la razón por la que la parte apelante impugna el Auto recurrido, por considerar que en realidad el valor de la finca subastada y adjudicada materialmente al banco, hoy por hoy, tiene un valor real inferior al que en su día se fijó como precio de tasación(…). La base de la manifestación de que la finca subastada tiene hoy por hoy un valor real inferior, se basa en alegaciones como que la realidad del mercado actual ha dado lugar a que no tuviera la finca el valor que en su momento se le adjudicó como tasación, disminución importante del valor que une a la actual crisis económica, que sufre no sólo este país sino buena parte del entorno mundial con el que nos relacionamos. Y siendo esto así y en definitiva real la importantísima crisis económica, que ha llegado incluso a que la finca que en su día tasó en una determinada cantidad, hoy en día pudiera estar valorada en menos, no lenin-delivering-a-speech-in-a-moscow-square-with-trotsky-watching-1918podemos desconocer que ello tiene también en su origen una causa precisa y que no es otra, y no lo dice esta Sala, sino que ha sido manifestado por el Presidente del Gobierno Español (…),que la mala gestión del sistema financiero del que resultan protagonistas las entidades bancarias.

No querernos decir con esto que el BANCO BILBAO VIZCAYA ARGENTARIA sea el causante de la crisis económica (Vaya, menos mal) , pero sí no puede desconocer su condición de entidad bancaria y por lo tanto integrante del sistema financiero, que en su conjunto y por la mala gestión de las entidades financieras que sean (…) han desembocado en una crisis económica sin precedentes desde la gran depresión de 1929.”

Y sigue:

Moralmente es rechazable que se alegue para intentar continuar la ejecución la pérdida de valor de la finca que servía de garantía al préstamo, que no se hubiera concedido si no hubiera tenido un valor suficiente para garantizar el préstamo concedido, que fue fijado por la entidad bancaria ahora ejecutante, o cuando menos aceptado, siendo que dicha pérdida de valor es directamente achacable a la crisis económica, fruto de la mala praxis del sistema financiero, que repetimos, aun cuando no quepa atribuirla directa y especialmente al BANCO BILBAO VIZCAYA ARGENTARIA, sí que no deja de ser una realidad que forma parte de los protagonistas de dicho sistema financiero, y de ahí que resulte especialmente doloroso, que la alegación que justifica su pretensión, esté basada en unas circunstancias que esencialmente y como vulgarmente se dice, ha suscitado una gran sensibilidad y levantado ampollas.

O sea, que si bien la petición es justa y ajustada a Derecho, resulta que no la concedo porque la considero “moralmente reprochable”. Vamos no me jodas.

Estoy seguro de que muchos de mis lectores más “progres” (o más impenitentemente comunistas, que haberlos haylos) ya están pensando en que hay que levantarle un altar a este señor (que, por cierto, se llama Fco. José Goyena, por si queréis escribirle a la Audiencia) capaz de plantarle cara a un gigante bancario internacional como el BBVA, levantándose para defender al hombre de a pie, que no solo ha perdido su casa sino que encima está amenazado por una malvada corporación que quiere embargarle hasta la camisa, y bla, bla, bla, y que es capaz de actuar con justicia y moral rompiendo los rígidos parámetros de la Ley en función de lo que es bueno y justo y moral y más bla, bla, bla. Bien, si sois de esta opinión, permitidme que os prometa que hay un mundo, no, un universo entero, más allá de vuestras narices. Lo prometo. Si guiñáis un poco los ojos seguro que lo veis.

El mecanismo que ha llevado a esta sala a dictar este auto, es decir, es justo y ajustado a Derecho pero no la concedo porque es “moralmente reprochable” es horrible. No tenemos jueces para que hagan lo que a ellos les parece moralmente correcto, los tenemos para que apliquen la Ley, que es reflejo de lo que nos parece moralmente correcto a nosotros, el Pueblo. No es tolerable que un juez anteponga sus propios principios a la Ley, lo que tiene que hacer es aplicar la Ley o, si eso le resulta verdaderamente imposible por su moral, abandonar la carrera o, como muy poco, abstenerse del procedimiento. Esto de “es legal, pero voy a hacer lo que me dicta mi conciencia” aquí lo veis muy heroico y digno de encomio, pero es el mismo mecanismo que permitiría, por ejemplo y aotros jueces, negar sus derechos a las mujeres o los homosexuales. “Oh, sí, ya sé que esta demanda de acoso sexual en el trabajo es justa y ajustada a Derecho, pero la voy a desestimar porque es moralmente reprochable que alguien vaya a la oficina así vestida”, por no hablar de “Oh, sí, ya sé que esta solicitud de adopción es justa y ajustada a Derecho, pero la voy a desestimar porque los solicitantes son maricas y la homosexualidad es moralmente reprochable en si misma”. En esa dirección no se puede dar ni un paso, entre otras cosas porque os garantizo que hay muchísimos más jueces que consideran que la homosexualidad (p.ej.) es moralmente reprochable en si misma que jueces que consideren que como los bancos han causado la crisis se merecen lo que les pase. Y que tienen muchas, muchísimas más ganas de volver a meter a la gente en el armario que las que tienen los otros de “hacer pagar a los bancos”.

Pero es que, además, desde el punto de vista de economía legal, esta decisión nos perjudica a todos. Tal y como están las cosas ahora, si yo pido un crédito para comprar un inmueble y luego éste baja de valor el riesgo es mío, exactamente igual que la ganancia es mía si sube de valor. Por eso, entre otras cosas, nos lo pensamos seis o siete veces antes de entramparnos para comprar un piso. Si esta sentencia crea jurisprudencia el riesgo se traslada al banco, que se encuentra con que si el piso baja de valor no va a recuperar lo prestado (pero si sube no ve un céntimo más, claro). Eso quiere decir que el riesgo de la operación, para el banco (que en realidad no tiene interés alguno en la operación en si misma), aumenta. Y esto quiere decir que para que a un banco le resulte matemáticamente rentable hacer el préstamo va a tener que subir los tipos de interés, o sea que nos va a costar más pedir un crédito, va a costar más que nos lo den, y nos va a salir más caro. A todos,

Y aunque para algunos tipos de mentalidad colectivista este tipo de distribución de la responsabilidad puede resultar atractivo (a la mía no, yo soy de los de que cada palo aguante su vela) el hecho es que a lo que se presta es al peor de los abusos. Si el auto creara jurisprudencia cualquier especulador inmobiliario podría irse a un banco a pedir un crédito para comprar inmuebles y especular con ellos porque sabe que el negocio solo puede tener dos resultados: (i) o el inmueble sube de valor, y él gana, o (ii) el inmueble pierde valor y entonces le devuelve el inmueble al banco en pago del préstamo, con lo cual él no pierde: pierde el banco. Y como los bancos no pierden, sino que trasladan su riesgo, nos subirán más los tipos hipotecarios. En otras palabras: estaremos financiando, y pagando, las operaciones de especulación inmobiliaria que suben el precio de los pisos que no podremos comprar nosotros mismos.

Ya sé que es muy bonito, y muy ilusionador, pensar que quedan héroes justicieros en el mundo, que trocan capas por togas y espadas por plumas y quitan a los ricos para dar a los pobres. Pero en realidad no es así y los pobres, o al menos los menos pobres como tú y yo, siempre acaban pagando. Nos ha costado muchísimo someter al Estado a la Ley, no podemos olvidarlo y tirarlo todo a la basura de un plumazo. Y tenemos que tener la suficiente perspectiva y profundidad de mira para darnos cuenta de qué es lo que hay detrás de las aventuras del Zorro y de cómo por cada libra que robaba Robin Hood el príncipe Juan subía los impuestos por dos.

No, chicos, no. Este auto es, en la forma, en el fondo y en las consecuencias, horrible. Y si alguien quiere discutirlo, aquí estoy.

Saludos,

Arthegarn.______________
(1) Para ser exactos primero piden un crédito de 59.390 y luego lo amplian en 11.865 más, total 71.255 €.
(2) Técnicamente no son los mismos, la condena es a 71.024 € de principal más intereses, costas y gastos. El hecho de que la condena sea por tal cantidad de principal quiere decir que esta gente dejó de pagar el crédito en seguida (¡solo amortizaron 231 euros de principal!), aunque esto no venga aparentemente al caso.
(3) En realidad aquí ya empiezan los problemas, porque un banco no quiere un inmueble para nada, lo que quiere es dinero para prestar e invertir, que es su negocio. Y esto lo digo aunque sé positivamente que algunos bancos, impelidos por estas ejecuciones y estas daciones en pago, han acabado montando sus propias inmobiliarias (
Anida el BBVA, Altamira el Santander…) bajo la idea de que, de lo perdido, saca lo que puedas…
(4) Exactamente 42.895 €.
(5) Exactamente 28.129,52 € de principal más 8.438,86 de intereses, costas y gastos.
(6) No tiene evidencias del cambio de valor de las propiedades inmobiliarias en España porque lleva desde septiembre de 2008 en Marte, con los ojos tapados, algodón en los oídos y cantando “No Pasarán” a voz en grito, supongo.

El chantaje emocional en la familia.

No entiendo cómo es posible que en tantas familias en España, y probablemente en el mundo, sus miembros se maltraten los unos a los otros a golpe de chantaje emocional. Amarse, que es hermoso y voluntario, se convierte de pronto en una obligación que además debe ser manifestada de determinadas formas y a intervalos regulares, so pena de ser «un mal hijo» (o padre, o hermano, o lo que sea) y sistemáticamente machacado moralmente por esa gente que dice quererle tanto a uno. No lo entiendo.

No entiendo a las familias cuyos miembros se ponen a parir los unos a los otros porque Fulanito no ha ido a cenar en Nochebuena a casa de Menganito. O en Nochevieja, o a comer en Navidad, o al cumpleaños de alguien, o lo que sea. O porque no van regularmente a visitar a sus padres o hermanos  o sobrinos o nietos o abuelos o lo que sea. Es como si la gente pensara que solo por estar emparentado con alguien ya tiene el derecho de ser visitado por ese alguien, o de imponer su visita, o lo que es más, de reglamentar cuan a menudo debe ese otro ver a un tercer pariente, que a veces ni pincha ni corta, y a juzgarle y condenarle si no se porta como él cree que es debido, todo supuestamente en el nombre del amor familiar que se profesan. Lo siento, no me cabe en la cabeza.

Yo cuando voy a ver a alguien, sea quien sea, y sobre todo si implica coger el coche e irme a verle, es porque ha hecho algo, en positivo, para que quiera verle. Por ejemplo, quiero de todo corazón al Profesor Ignatios, Inaeternitas, y Héctor (o a Alma, Vigara y Joel) pero, a menos que reciba una invitación o que ocurra alguna circunstancia concreta en general no cojo el coche para ir a verles. A veces me entre el mono y les llamo y les invito yo a algo y a veces es posible y a veces no, pero nuestra relación no se resiente y deteriora porque nos veamos poco. Es posible que nos distanciemos, claro, porque tenemos menos contacto, pero mis sentimientos hacia ellos siguen siendo igual de cálidos y estoy seguro que los de ellos hacia mí también, y cuando les veo mi alegría es igual de sincera y natural que si les hubiera visto anteayer. Quizá más precisamente por eso. Pero lo importante es que nadie se enfada con nadie porque las visitas sean irregulares o espaciadas, nadie cree que haya una especie de contrato firmado entre nosotros que dice que si no les voy a ver cada mes soy un mal amigo, o que si no le compro un regalo al crío por Navidad soy digno de reprobación. Simplemente saben cómo soy, saben lo que siento, saben cómo lo expreso y ya está. Me aceptan como soy y yo a ellos, por eso nos queremos y nos llevamos bien. No se nos ocurre criticar la personalidad del otro porque «no nos hace caso», eso es de cajón, es estúpido y egoísta rayano en el narcisismo el exigirle a otra persona cambie su forma de ser para adaptarse a lo que nosotros esperamos de ella; si nos gusta como es, bien, y si no tarde o temprano se termina la relación porque tenemos formas incompatibles de verla. Si esto es así, yo todos lo hacemos con nuestros amigos, nuestros conocidos y nuestros compañeros de trabajo, ¿por qué hay tanta gente que espera que las cosas no sean así con su familia, que respeta menos a sus parientes que a sus amigos?

Todo esto que digo es como yo veo que funciona mi familia(1), que es una de las más funcionales y unidas que conozco. Yo quiero mucho a mi familia, igual que quiero mucho a mis amigos. A algunos más que otros, como es lógico, pero lo importante es que el hecho de que les quiera no significa que quiera verles a todas horas. Y si el hecho de que les quiera no significa eso, ¿por qué lo va a hacer el hecho de que compartamos genes? A mi abuela, por ejemplo, no la veo desde hace un año. A mis padres pueden pasar meses sin que les vea y38655_1491556801583_5561391_n les quiero con adoración y disfruto una enormidad cuando estamos juntos. A mi hermana Andruin (casada y con hijos) la veo completamente de uvas a peras y lo que es quedar ella y yo para charlar y estar juntos a lo mejor lo hacemos una o, con suerte, dos veces al año. Tenemos vidas muy diferentes, vivimos a 30 kilómetros el uno del otro y a nadie le extraña ni le importa, nos queremos exactamente lo mismo. A mis sobrinos Dani y Cristina, sus hijos (6 y 4 años), por poner otro ejemplo(2), les veo cuando veo a su madre porque van pegados a sus faldas. No se me ocurre (y es que es así, no se me ocurre, no aparece esta idea de forma espontánea en mi mente) coger el coche para ir a verles a ellos. Y mi hermana no piensa que yo sea una mala persona por ello, ni me lo recrimina, ni (creo) se le ocurre.

Pero que nos veamos poco no quiere decir nada, nos queremos absolutamente con locura y estamos muy, muy, muy unidos. Lo que pasa es que cada uno tiene su vida y todos entendemos y respetamos eso y a ninguno de nosotros se le ocurriría enfadarse con otro porque no va a verle, o a sus hijos, o a sus padres. Todos entendemos que cuando alguien coge el coche y se va a ver a fulano es un regalo, es algo especial por lo que estar contento y que lo normal es que no se haga y que cada uno esté en su casa, con su vida y sus preocupaciones. Jamás se nos ocurriría pensar en como tiene que vivir su vida el de al lado, ni cuan a menudo tiene que ir a visitarme (o recibir mis visitas), o a que ir ver a sus padres o a sus hijos o a sus sobrinos. Si a mí me apetece ver a alguien cojo el teléfono, le llamo y le propongo quedar y buscamos cuando nos viene bien y ya está. Y si le apetece a mi hermana, o a mi padre, o a mi sobrina, hacen los mismo y también ya está. Pero la vida y la relación de los demás es suya personalísima, ¿cómo nos vamos a meter ahí?

A mí no se me ocurriría jamás, pero jamás de los jamases, recriminar a uno de mis familiares (o de mis amigos) porque no venga a verme o porque no acepte mi invitación a celebrar conmigo la noche de Walpurgis. Muchísimo menos se me ocurría criticar a mi primo Sito que es lo más parecido que tengo a un hermano), por ejemplo, porque no va a ver lo suficiente a su madre. Por poner un ejemplo completamente verídico y reciente, mi hermana Irene que se casa en mayo en Lisboa en una ceremonia íntima y familiar, ha invitado a los padres de Sito pero no a Sito (con quien se lleva muy bien). Y a mi jamás se me pasaría por la imaginación criticarla eso y decir que es una mala prima, que le está haciendo un feo o alguna de las estupideces que oigo a mi alrededor cada dos por tres en situaciones mucho más mundanas. ¡Es SU boda, es SU relación! Y además resulta que tengo fe y confianza en mi hermana, que es una persona extremadamente inteligente y sensible, y estoy absolutamente seguro de que sus razones tendrá, de que son buena y de que no son asunto mío. Ah, también tengo confianza en mi primo, por cierto.

Recriminar a mi hermana (o a quien sea) que no va a ver lo suficiente a mi madre, por ejemplo,  o a mi hijo, si tuviera uno, sería una injerencia en la relación entre mi hermana y mi madre (o mi hijo) absolutamente intolerable. La relación de mi hermana con mi madre es suya y la llevan ellas y, aunque yo puedo dar alguna vez algún consejo si se me pide (ahora estoy pensando en otra hermana, tengo muchas), jamás se me ocurriría entrometerme motu proprio. Idem con mi hijo: su tía es como es ¿por qué debería aparentar ser de otra manera? Si quiere verle mucho le verá mucho y si no quiere verle tanto no le verá tanto y ya está. El desarrollo psicoemocional de mi hijo no se va a ver afectado por cuán a menudo le visitan sus tías así que ¿a qué la frustración? Y esto que pienso creo que es exactamente lo mismo que piensa Andruin que nunca, jamás de los jamases, me ha recriminado que no les vaya a ver. Si yo quiero ir, bien, y si no quiero, también bien.

Y es que, volviendo a un punto anterior, no entiendo por qué rayos iba yo a querer quedar con mis sobrinos para verles, así, out of the blue. No me sale, igual que no me sale quedar con muchísima otra gente. Mis sobrinos son guapos (mucho, por cierto), inteligentes y simpáticos, pero también son unos infantes con los que no tengo intereses en común. Les puedo querer mucho, y lo hago, pero eso no tiene nada que ver con que me apetezca pasar un domingo con ellos, menos aún un domingo al mes. No me apetece, es así de sencillo, prefiero estar en casa leyendo tranquilamente o saliendo a tomar copas o jugando al Agrícola o atando chicas en el Consentido. Y estoy bastante seguro de que a mis sobrinos les apetece más jugar con sus amigos en el parque que ver a su tío Arthergarn. Y en el crecientemente hipotético caso de que de repente Dani levantara la cabeza y le dijera a mi hermana que hace mucho que no me ve, mi hermana me llamaría encantada unos días después (si se acordara) y me diría “mira que cosa tan mona dijo Dani el otro día” y entonces a mí me saldría una sonrisa de oreja a oreja y me apetecería ir a verle y muy probablemente fuera ese fin de semana. O no. Pero lo haría porque me apetece a mí, no porque sea mi obligación, ni porque mi hermana piense que lo es. Y si no fuera, a mi hermana no le importaría, porque como mucho pensaría que en el pecado llevo la penitencia, que me lo estoy perdiendo, y nunca, nunca, nunca, bajo ningún concepto, permitiría que afectara a nuestra relación, porque cada uno es libre y hace lo que quiere.

Desde luego, lo que no haría es coger el teléfono y echarme una bronca de media hora diciéndome que soy un mal tío que no ve nunca a su sobrino y que mira el pobre todas las ganas que tiene de verme que ha dicho que X y que no me ve nunca y que toda la culpa es mía que soy un desnaturalizado y bla, bla, bla. Entre otras cosas porque igual la mandaba a la mierda(3).

No entiendo a la gente que se pregunta cosas como «¿qué he hecho yo para que no vengas a verme?» o «¿es que tan mala es tu madre que no quieres quedar a comer con ella todas las semanas?». La volición es completamente espontánea, no se puede generar voluntariamente, uno no puede «querer querer»(4). Dale la vuelta a la pregunta(5), si tu deseo de entender a esa persona es sincero, y pregúntate qué haces tú para generar en esa persona el deseo de ir a verte. Desde luego, si cada vez que quedáis, o una proporción alta de las veces que quedáis, las cosas terminan mal, con broncas, críticas, presiones y en general intentos de vivir la vida del otro o de decirle como debe vivirla a golpe de chantaje emocional («mala hija que no vas a ver a tu madre», etc.) lo normal es que esa persona no quiera verte. Algo que debería ser un acto voluntario y deseado de manifestación de amor se convierte en una obligación desagradable, que se realiza a regañadientes y por no por amor, sino por temor a las consecuencias (i.e. broncas, peleas, recriminaciones) y que trata de ser eludido por todos los medios porque se asocia con sentimientos desagradables (culpa, tristeza, inseguridad). En mi humilde opinión cada vez que alguien presiona a otro alguien para que haga lo que no quiere hacer (i.e. lo que no le apetece en ese mismo momento) en nombre de una supuesta relación está perjudicando la relación porque intenta que el otro sea como no es en vez de aceptarle. Y ese perjudicar la relación, si se mantiene lo suficiente, acaba siendo un envenenamiento, en el que la persona presionada no quiere tener relación con la otra porque está harta de ser presionada, castigada, vejada y criticada.

Me parece una norma de sentido común que rige todas las relaciones humanas, las mías y las de cualquiera. De hecho es una norma económica: si quieres que alguien compre tu producto tienes que hacerlo atractivo, no decirle al público que está obligado a comprarlo y que como no lo compre es una mala persona. Si haces lo segundo lo único que conseguirás será que la gente se rebele, le coja manía a tu producto, lo compre cada vez menos y cada vez más a regañadientes y, eventualmente, se las ingenie para dejar de comprarlo. Sustituye «tu producto» por «tú» y tienes la respuesta.

Arthegarn________________
(1) Por «familia» aquí entiendo hasta el tercer grado de consanguineidad, es decir: ascendientes, descendientes, tíos, sobrinos, primos hermanos y (en su caso) sus respectivas parejas, que en mi caso son un total de 29 incluyendo a quien, divorcio o no divorcio, siempre será mi tía Marga.
(2) Y, a buen entendedor, pocas palabras bastan.
(3) No lo haría, pero me quedaría totalmente helado, dejaría que hablara para que se desahogara y luego intentaría averiguar a golpe de inteligencia emocional qué le pasa a mi hermana para desahogarse así conmigo o, en su caso, de qué planeta viene el alienígena con el que hablo por teléfono y qué ha hecho con ella. Ahora, si fuera su forma rutinaria de hacer las cosas desde luego que la mandaría a la mierda o, como poco, pondría distancia entre nosotros. Y cualquiera que conozca mi historia familiar sabe que no hablo estrictamente en teoría y que no lo digo por decir. Y que dejar a la gente a su aire a veces funciona muy, muy bien..
(4) Bueno, sí que puede querer querer, lo que no va a conseguir es querer algo solo por desear quererlo. A menos que metamos la hipnosis y semejantes medios de modificación del inconsciente de por medio, claro.
(5) Para ser exactos: «Métete en tus asuntos y, si tu deseo de entender a esa persona es sincero…»

Los libros de diciembre

I Shall Wear Midnight es el último Pratchett  (salió en septiembre) y el cuarto de la saga de Tiffany Aching que, como ya he mencionado otras veces, está escrita para adolescentes (un público más joven que para el que Pratchett suele escribir). En esta novela Tiffany tiene ya quince años y asistimos a, entre otras cosas, la evolución de su relación con Roland (el hijo del Barón), a su encuentro nada más y nada menos que con Eskarina Smith, protagonista junto con Yaya Ceravieja del primer libro de la saga de las Brujas (Equal Rites Ritos Iguales) y a la que no habíamos vuelto a ver desde entonces (hace ya más de 20 años) durante un viaje relámpago a Ankh-Morpok en el que aparece una nutrida selección de miembros de la Guardia (Zanahoria, Angua y Wee Mad Arthur, el «gnomo» del halcón de Monstruous Regiment) y a su relación con las dos brujas de Lancre (con especial atención a Tata Ogg, a la que se trata en este libro con otra óptica aunque uno se sigue echando unas risas con ella unas risas con Tata Ogg) y a las siempre hilarantes aventuras y explicaciones de los Nac Mc Feegle.

Una vez más se trata de una historia metememética. Pratchett está escribiendo mucho últimamente sobre sobre el poder de las historias y los cuentos, de como configuran la mente(1) , con ella, la realidad tal y como la percibe esa mente. El argumento (la base filosófica de la trama) es relativamente semejante al de Wintersmith lo que me hace pensar que toda la saga intenta formar las mentes de los niños y preadolescentes que la leen para que se den cuenta de que todo lo que han aprendido hasta entonces sobre como se supone que son las cosas es, en realidad, una especie de simplificación, algo así como unos cuentos que te cuentan para ayudarte a hacer un modelo prático, simple y suficientemente bueno de como fuciona el mundo, pero del que no te puedes fiar literalmente porque, en realidad, está basado en cuentos y mentiras. Creo que la saga trata de introducir en las mentes de sus lectores la idea de que la vida, de aquí en adelante, en realidad no va a ser tan simple y de que las apariencias engañan; que no te puedes fiar de alguien solo porque aparezca con una brillante armadura sobre un caballo blanco, y que no todas las brujas son malas. Una siempre recomendable lección de espíritu crítico, incluso para muchos adultos, que tiene además la virtud de hacer que te eches unas risas.

Y, casi dos años después, finalmente encontré el tiempo para releerme The God Delusion. Sigo pensando que es un libro soberbio, pero esta segunda lectura me ha mostrado puntos muy interesantes que en mi fascinación y avidez no percibí la primera vez, probablemente porque estaba demasiado interesado en lo que Dawkins quería decir que en los detalles de sus argumentos. Por ejemplo, uno de los que más me impactaron en su momento fueron los cargo cults y sus similitudes con el cristianismo; la relectura me ha hecho que ver que esas similitudes se deben a que los misioneros clristianos llevaban introduciendo memes como la ubicuidad o la parusía en las culturas indígenas desde hacía siglos; no aparecieron espontáneamente tras la partida de John Furm, evolucionaron tras ser introducidos en esa cultura por los misioneros. La segunda lectura me ha recordado también cuánto se equivoca Richard Dawkins cuando habla de cristianismo en general y de catolicismo romano en particular. Sus apologistas dicen que el hecho de que Dawkins se equivoque por ejemplo al hablar de Purgatorio es irrelevante, porque lo importante no es si el traje del emperador lleva jaretas fruncidas o chorreras dobles, sino que el traje en si mismo no existe. Y ese argumento es tan ingenioso como falaz, porque cuando utilizas como argumento para demostrar que el traje del emperador no existe la estupidez de su descripción es necesario saber la diferencia entre una jareta y una chorrera o, además de notarse que no sabes de lo que hablas, perderás credibilidad.

Y me ha resultado curioso releerlo sabiendo toda la física y toda la matemática que sé ahora, que The God Delusion me impulsó a leer y que por tanto desconocía la primera vez. Uno de los capítulos más demoledores para mi, el único que me hizo verdadera mella, de hecho, fue el último, La Madre de todos los Burkas, en el que Dawkins habla de lo extrañísimo que es el universo y de hasta qué punto no estamos equipados para entenderlo en su totalidad. Ese capítulo me hizo darme cuenta de que el Dios en el que creía no era, a pesar de toda su sofisticación, más que papá elevado a infinito. Si Dios existía, un Dios que ha creado un universo como este, con agujeros negros que desafían la noción de continuidad del tiempo y en el que todo está hecho de la precipitación de la probabilidad de que un montón de cosas individuales ridiculamente pequeñas existan o no en un momento dado (si existe tal cosa como un «momento dado», claro)… si Dios existía, como digo, y se parecía al universo, entonces era tan extraño, tan alienígena, que era imposible relacionarse con el mismo. Si Dios existía, no podía ser el, en el fondo, Zeus magnificado en el que creía, y no podía concebir a Dios de otra manera. No obstante ahora, tras leerlo sabiendo todo lo que sé, que tampoco es tanto, he tenido una epifanía distinta que tengo que dejar que se asiente antes de hablar de ella.

Vuelvo a decirlo: un libro soberbio que todo el mundo debería leer. Y vuelvo a decirlo: si eres creyente y tu religión te hace feliz y mejor persona, piénsatelo dos veces porque una vez leído no se puede desleer. Y si yo pudiera elegir volver atrás en el tiempo y no leerlo lo haría. Y no sería el único.

Por último, y tras haberme visto la película, me leí Going Postal, otro Pratchett y el primero de Moist von Lipwig. Ya me he leído la segunda, Making Money y, entre nosotros, espero como agua de mayo la tercera, Raising Taxes. Tengo que decir que más allá de las complejidades de Yaya Ceravieja o, sobre todo, de Sam Vimes (que se está convirtiendo en el personaje más rico del Mundodisco), mi saga favorita es la de Lipwig. Este libro en concreto trata de la resurrección, aunque es virtualmente la introducción, del sistema postal en Ankh-Morpok, dirigido por este personaje, un timador profesional que empieza el libro prácticamente en la horca. Es muy bueno, muy divertido y muy interesante; no tanto como el segundo (que preludia con la introducción de los sellos) pero por encima de la media incluso de los Pratchetts. Una pena que ninguno esté traducido…

Ah, sí, una nota curiosa. El título del libro, Going Postal, hace referencia a una expresión estadounidensa que significa algo así como «cabrearse, perder la cabeza, agarrar una escopeta, subierte al tejado de un McDonald’s y liarte a tiros con todo lo que ves». Tiene su origen en el curioso dato estadístico de que desde mediados de los 80 apenas pasa un año sin que un cartero, específicamente un cartero, de los Estados Unidos haga exactamente eso, o algo muy parecido. Ultimamente la gente se lo piensa dos veces antes de hacer perder los estribos a un empleado del USPS… Nunca sabes por donde va a salir.

Y saludos a todos de un insomne Arthegarn____________
(1) Y, por supuesto, el inconsciente colectivo y el  Weltanschauung…