El libro de abril

Consciousness Explained es un libro al que le tenía ganas desde hace años. Yo creo que desde que y yo teníamos esas fascinantes conversaciones sobre la existencia del libre albedrío y la aparición espontánea de la personalidad frente a la consideración de si misma como algo sobrenatural. Como dice el propio Daniel Dennett, la consciencia es el Santo Grial de la ciencia, es la última frontera. Para muchos explicar científicamente, de forma materialista, el origen de la consciencia del sujeto de nuestros verbos, de ese “yo” del que tanto hablamos que es distinto a “nuestro” cuerpo y que se identifica básicamente con el espíritu es simplemente imposible. Otros creen que es “posible en principio” pero simplemente demasiado difícil. Y la verdad es que mucha gente le tiene miedo a esa explicación porque supondría la eliminación del poquito de Dios en el que quieren creer, ese que les ha hecho diferentes, importantes e inmortales. Si la consciencia es material, si verdaderamente depende del cuerpo y del cerebro, el yo no puede sobrevivir al cuerpo y muere con él; y eso es algo que mucha gente no quiere ni pararse ni a considerar, mucho menos a aceptar.

Pero, para la tranquilidad de toda esta gente este libro, pese a su título, no explica la consciencia. Informa muchísimo sobre como funciona nuestra mente, desde luego, y especula y propone modelos y lo que podríamos llamar una solución posible al problema de la consciencia, pero no prueba este sistema: al fin y al cabo hablamos de filosofía, de filosofía buena del siglo XXI basada en la ciencia, sí, pero no de ciencia. Consciousness Explained intenta encauzar nuestro pensamiento y darnos herramientas para poder ir desentrañando el tema en lo que Dennett cree que es la dirección correcta, pero no es un oráculo que conteste a las preguntas más que como lo hace la filosofía: en el fondo, con más preguntas.

Con todo y con eso, a pesar de no cumplir la promesa que hace el título, el libro es muy, muy bueno. La mayor parte del mismo está destinada a desmontar la idea del “teatro cartesiano”, la idea de que existe un punto central, físico o psicológico, al que llega toda la información para será analizada y desde el que se toman las decisiones. A través de un sistema interesante y que yo veo posible, llamado “multiple drafts model” (modelo de múltiples borradores) sugiere que las decisiones, básicamente, se “toman solas” de forma gradual a medida que surge el pensamiento, por procedimientos automáticos enraizados en grupos de neuronas que realizan funciones especializadas al modo de homunculi. La percepción de la consciencia tal y como la tenemos sería simplemente la forma más sencilla de explicarnos qué es lo que ha pasado, por qué nuestro cuerpo ha actuado de esta o aquella manera, realizada por una construcción semejante a una máquina de von Neumann virtual, construida sobre la arquitectura paralela de nuestros cerebros. Es una forma interesante de describir cómo podría funcionar un mecanismo automático de toma de decisiones tan complejas como las que realiza la mente humana, pero que queda muy lejos de estar demostrado.

Para evitar que la mente que está describiendo sea simplemente simplemente asignada a un p-zombi por sus detractores, Dennett empieza el libro fijando que su método es heterofenomenológico y que para la heterofenomenología (que se parece sospechosamente a la ciencia ya que, al fin y al cabo si un hecho o una diferencia son inmesurables se tienen por inexistentes) no hay en realidad ninguna diferencia entre un p-zombi y una persona real, precisamente por la definición de p-zombi. He leído varias críticas al libro en el que atacan su tratamiento de los qualia (en el fondo, lo que diferencia a un ser humano de un p-zombi) y creo que están muy desencaminadas. Dennett no afirma que los qualia no existan, no se mete en ese fregado, dice que para el método de pensamiento que está utilizando la existencia de los qualia es irrelevante y por tanto deben tratarse como inexistentes por el principio de economía, pero no está interesado en si existen realmente o no. Su respuesta es totalmente agnóstica, muy semejante al científico que, preguntado por la existencia de Dios, se encoje de hombros y responde que no sabe si existe o no y que Dios no entra dentro del campo de conocimiento de la ciencia por lo que en elabora sus teorías científicas como si no existiera, pero eso no quiere decir que afirme su inexistencia, solo su irrelevancia a efectos científicos.

En fin, un libro muy bueno pero no para todos los públicos. El propio Dennett bromea en el libro diciendo que más que explicar la consciencia lo que hace es refutar el concepto que se tiene sobre la misma (”Consciousness explianed”, or “explained away”?), efectivamente reduciéndonos a todos a la condición de p-zombis. Así que, si os asustan palabras tan largas como heterofenomenología o le tenéis cariño a vuestro alma inmortal, mejor no lo leáis. Si no es así, adelante, muy probablemente os guste; sobre todo a los que ya se hayan leído GEB-EGB

Sugerencias para la Noche de Walpurgis

A petición popular, sugerencias para la noche de Walpurgis:

  1. Tu compañía.
  2. Un brindis currado.
  3. Un jamonero bueno, no del IKEA.
  4. Una botella de vino bueno que te haya gustado.
  5. Una sisha de buen tamaño. Las venden increíblemente baratas en Viajes Faraón. (Se la ha pedido Sir Accolon)
  6. Algún libro que hayas leído, te haya gustado, y hayas pensado que me puede gustar a mi.
  7. Algún libro de los Cuatro Jinetes que no me haya leído aun. En inglés, mejor.
  8. Los Niños de Darwin. (Se la ha pedido Pakito)
  9. Tales of the Flat Earth, de Tanith Lee.
  10. The Blood Opera Sequence, también de Tanith Lee. (Se los ha pedido Morti. Los tres.)
  11. Mis bálsamos.
  12. Corbatas de base negra pero con un toque de color para ir a trabajar. Por ejemplo esta, esta o esta. Las rayas discretas son más seguras que los rombos y cualquier cosa es mejor que los topos.
  13. Las temporadas 4, 5 y 7 y de Star Trek: The Next Generation en este formato.
  14. Es imposible de encontrar, pero el VHS 2 de la colección de Star Trek: TNG británica. Se lo presté hace casi diez años al Club Star Trek de Madrid y si te he visto, no me acuerdo.
  15. Un bat’leth. Si Accolon tiene uno…
  16. Un bastón.
  17. El Puerto Rico.
  18. El Battlestar Galactica.
  19. Cualquiera de las expansiones del Thuderstone.

Hala, ya he dado ideas, que no se diga.

Por qué no haré huelga mañana.

Sin entrar en el tema de si la reforma ya la empezó Zapatero o el de la supuesta mamandurria de los sindicatos (que me parecen falaces, si uno hace huelga es porque está de acuerdo con la protesta y no porque apoye a quien la convoque, son temas distintos), yo es que estoy de acuerdo con las medidas contenidas en la reforma. De hecho creo que se han quedado cortos en ciertos puntos y que no le han metido mano a algunos fundamentales, como precisamente una ley de huelga. Entiendo que recorta los derechos de los trabajadores, que no olvidemos que también son los míos como asalariado que soy, pero es que opino que éstos eran excesivos en determinados campos. Sinceramente creo que una mayor flexibilidad es buena a medio-largo plazo, algo que entiendo que es inconcebible para los que solo pueden pensar en el miedo que tienen a que les despidan.

¿Y por qué pienso esto? Porque yo, como asalariado, me veo tanto a la vez como comprador y vendedor en el mercado de trabajo. Yo vendo mi fuerza laboral a cambio de un salario, desde luego, y tengo que “venderme”20130428aureliano2 y conseguir que me ”compren”, pero al mismo tiempo elijo en que condiciones y para quien trabajo y, en ese sentido, si una empresa quiere contar conmigo tiene que convencerme y “venderse” también.

No nos engañemos: los empleadores no son unos esclavistas gordos con chistera, puro y dientes afilados que chasquean un látigo sobre sus trabajadores mientras les esquilman sus plusvalías. Puede que históricamente lo fueran en el momento en el que nació la lucha obrera y puede que en ese momento toda esa retórica de lucha de clases estuviera justificada, pero en el mundo en el que vivimos hoy en día, y más aun en el mundo hacia el que vamos, los empresarios que se portan así quiebran. Sí, mis queridos lectores, quiebran, y lo saben. ¿Y por qué? Porque en un mercado en el que hay libre competencia, los más rentables crecen y los menos rentables quiebran.

Si te portas como un negrero o un capitalista arquetípico de la revolución industrial con tus trabajadores te encontrarás con un fenómeno en tus recursos humanos: la gente buena de tu empresa se irá a otras en las que les traten mejor y les paguen más y tú te quedarás con los malos, vagos e ineficientes a los que no quiere nadie. Eso te hará ser menos rentable y producir con menos calidad, por lo que serás menos competitivo, y acabas quebrando (no te digo nada si esto es cierto en las grandes empresas de capital…). Desde esa perspectiva del mercado de trabajo, en la que los empleadores tienen que atraer y retener talento, estas reformas no son nada sino positivas porque: (i) si eres bueno no te van a echar porque a la empresa no le interesa y (ii) si eres malo tendrás que, o cambiar de actitud, o hacerte a la idea de que te van a pagar por lo que vales (y probablemente en otro sitio) y no por lo que crees que vales, o por lo que te han dicho tus camaradas que vales.

El incremento de eficacia de las empresas españolas, que ahora mismo es desastroso debido entre otras cosas a la mentalidad de la poltrona, incrementará su rentabilidad relativa. Eso incrementará en número de empresas y eso, a medio plazo, resultará beneficioso para los trabajadores, o al menos para los buenos trabajadores, que se encontrarán con que tienen más sitios donde elegir y con que su valor sube, por la simple ley de la oferta y la demanda. Más rentabilidad supone más incentivo para crear empresas, más empresas suponen más competencia para atraer y retener talento y eso redunda en unas mejores condiciones para los buenos trabajadores, estén en la categoría que estén y se dediquen a lo que se dediquen.

Porque todo esto no es aplicable simplemente a los grandes ejecutivos o los abogados de prestigio. Es aplicable a todos los profesionales, particularmente a todos los buenos profesionales, estén en el ramo en el que estén. Al igual que hay buenos y malos abogados (por ejemplo) hay buenos y malos mecánicos, obreros, chóferes, administrativos, secretarios, vigilantes de seguridad o comerciales. Y al igual que (caeteris paribus) los buenos abogados acaban siendo socios de Clifford Chance o de Uría&Menéndez, los buenos mecánicos acaban siendo jefes de equipo en Ferrari. Los buenos profesionales, en cualquiera que sea su ramo, acaban siendo mejor tratados, cobrando más y trabajando en mejores empresas que los malos y esto es simple selección natural.

Ni que decir tiene que la famosa rebaja de la indemnización por despido animará a los empresarios a hacer más contratos fijos. Eso facilitará la incorporación de jóvenes (y la reincorporación de parados) al mercado laboral en puestos estables, lo que facilitará su acceso al crédito. Y, si bien es cierto que al principio de tu vida profesional o si te quedas en paro tendrás que entrar un poco “donde puedas” (y cualquiera que me conozca sabe que hablo por experiencia) también lo es que si eres bueno irás ascendiendo, cambiando de puesto, o de empresa, o de las dos cosas, y acabarás en un puesto acorde con tu valía profesional. Eso sí, con tu valía profesional de verdad, que no tiene por qué tener nada que ver con lo que tú consideras que te mereces o lo que te contaba tu mamá.

Todo esto respecto a los buenos profesionales, que son los que salen fundamentalmente beneficiados de esta reforma. Y como yo soy un buen profesional y creo que esta reforma me beneficia, porque aunque ahora sea más barato despedirme no creo que fuera una decisión inteligente por parte de la empresa, pues no voy a ir a la huelga en contra de mis propios intereses.

Ahora, respecto a los que se conforman con “ir tirando” para “cubrir el expediente” y trabajan lo mínimo imprescindible… pues lo siento, pero cobrarán lo mínimo imprescindible para cubrir el expediente e irán tirando, porque si no dan más, no veo por qué esperan recibir más (supongo que al decir esto me cuelgo la etiqueta de “insolidario” o algo así). Y los que no hacen ni eso, los que vaguean en el puesto y se buscan cualquier excusa para no trabajar, pues se encontrarán con que su fuerza de trabajo es un producto tan malo que nadie quiere comprarlo, o que quienes lo compran saben lo que están comprando y le tratan como al ineficaz que es. ESOS sí que acabarán en empresas de tres al cuarto dirigidas por negreros, y la razón por la que serán tratados como esclavos será porque habrán demostrado que si no se les trata así no producen en lo más mínimo. Y en el mundo real, o produces, o mueres.

 It’s nature, red in tooth and claw, es la base de la selección natural, es lo que nos ha traído a ser lo que somos desde que no éramos más que polvo de estrellas y no entro a valorar éticamente sus procesos; me limito a decir que existen y que existen en la naturaleza, y que creo que quienes afirman que las cosas se pueden hacer mejor de otra manera probablemente pequen de arrogancia.

En definitiva, independientemente de que la reforma recorte los derechos de los trabajadores, y eso es así y quien diga lo contrario miente, yo es que creo que estos derechos eran excesivos en la España del siglo XXI y tenían efectos perniciosos. Si entendemos la relación laboral no como una lucha de fuerzas entre empleado y empleador, sino como una simbiosis en la que el trabajador y el empleado se intercambian lo que necesitan (el uno, dinero, el otro, fuerza de trabajo) veremos que cuando una de las partes tiene excesivos derechos la relación corre el riesgo de dejar de ser simbiótica y convertirse en parasítica. Y así, a largo plazo, perdemos todos, y quien diga que no que mire como estamos.

Y, sí, “otro mundo es posible”, sinceramente lo creo. Pero hasta que estemos en él hay que legislar de acuerdo a la realidad o el sistema colapsará y nunca llegaremos a ese “otro mundo”.

Salud y evolución,

Arthegarn

Por qué no haré huelga mañana.

Sin entrar en el tema de si la reforma ya la empezó Zapatero o el de la supuesta mamandurria de los sindicatos (que me parecen falaces, si uno hace huelga es porque está de acuerdo con la protesta y no porque apoye a quien la convoque, son temas distintos), yo es que estoy de acuerdo con las medidas contenidas en la reforma. De hecho creo que se han quedado cortos en ciertos puntos y que no le han metido mano a algunos fundamentales, como precisamente una ley de huelga. Entiendo que recorta los derechos de los trabajadores, que no olvidemos que también son los míos como asalariado que soy, pero es que opino que éstos eran excesivos en determinados campos. Sinceramente creo que una mayor flexibilidad es buena a medio-largo plazo, algo que entiendo que es inconcebible para los que solo pueden pensar en el miedo que tienen a que les despidan.

¿Y por qué pienso esto? Porque yo, como asalariado, me veo tanto a la vez como comprador y vendedor en el mercado de trabajo. Yo vendo mi fuerza laboral a cambio de un salario, desde luego, y tengo que “venderme” y conseguir que me ”compren”,Y-por-esto-no-ganas-un-salario-justo pero al mismo tiempo elijo en que condiciones y para quien trabajo y, en ese sentido, si una empresa quiere contar conmigo tiene que convencerme y “venderse” también.

No nos engañemos: los empleadores no son unos esclavistas gordos con chistera, puro y dientes afilados que chasquean un látigo sobre sus trabajadores mientras les esquilman sus plusvalías. Puede que históricamente lo fueran en el momento en el que nació la lucha obrera y puede que en ese momento toda esa retórica de lucha de clases estuviera justificada, pero en el mundo en el que vivimos hoy en día, y más aun en el mundo hacia el que vamos, los empresarios que se portan así quiebran. Sí, mis queridos lectores, quiebran, y lo saben. ¿Y por qué? Porque en un mercado en el que hay libre competencia, los más rentables crecen y los menos rentables quiebran.

Si te portas como un negrero o un capitalista arquetípico de la revolución industrial con tus trabajadores te encontrarás con un fenómeno en tus recursos humanos: la gente buena de tu empresa se irá a otras en las que les traten mejor y les paguen más y tú te quedarás con los malos, vagos e ineficientes a los que no quiere nadie. Eso te hará ser menos rentable y producir con menos calidad, por lo que serás menos competitivo, y acabas quebrando (no te digo nada si esto es cierto en las grandes empresas de capital…). Desde esa perspectiva del mercado de trabajo, en la que los empleadores tienen que atraer y retener talento, estas reformas no son nada sino positivas porque: (i) si eres bueno no te van a echar porque a la empresa no le interesa y (ii) si eres malo tendrás que, o cambiar de actitud, o hacerte a la idea de que te van a pagar por lo que vales (y probablemente en otro sitio) y no por lo que crees que vales, o por lo que te han dicho tus camaradas que vales.

El incremento de eficacia de las empresas españolas, que ahora mismo es desastroso debido entre otras cosas a la mentalidad de la poltrona, incrementará su rentabilidad relativa. Eso incrementará en número de empresas y eso, a medio plazo, resultará beneficioso para los trabajadores, o al menos para los buenos trabajadores, que se encontrarán con que tienen más sitios donde elegir y con que su valor sube, por la simple ley de la oferta y la demanda. Más rentabilidad supone más incentivo para crear empresas, más empresas suponen más competencia para atraer y retener talento y eso redunda en unas mejores condiciones para los buenos trabajadores, estén en la categoría que estén y se dediquen a lo que se dediquen.

Porque todo esto no es aplicable simplemente a los grandes ejecutivos o los abogados de prestigio. Es aplicable a todos los profesionales, particularmente a todos los buenos profesionales, estén en el ramo en el que estén. Al igual que hay buenos y malos abogados (por ejemplo) hay buenos y malos mecánicos, obreros, chóferes, administrativos, secretarios, vigilantes de seguridad o comerciales. Y al igual que (caeteris paribus) los buenos abogados acaban siendo socios de Clifford Chance o de Uría&Menéndez, los buenos mecánicos acaban siendo jefes de equipo en Ferrari. Los buenos profesionales, en cualquiera que sea su ramo, acaban siendo mejor tratados, cobrando más y trabajando en mejores empresas que los malos y esto es simple selección natural.

Ni que decir tiene que la famosa rebaja de la indemnización por despido animará a los empresarios a hacer más contratos fijos. Eso facilitará la incorporación de jóvenes (y la reincorporación de parados) al mercado laboral en puestos estables, lo que facilitará su acceso al crédito. Y, si bien es cierto que al principio de tu vida profesional o si te quedas en paro tendrás que entrar un poco “donde puedas” (y cualquiera que me conozca sabe que hablo por experiencia) también lo es que si eres bueno irás ascendiendo, cambiando de puesto, o de empresa, o de las dos cosas, y acabarás en un puesto acorde con tu valía profesional. Eso sí, con tu valía profesional de verdad, que no tiene por qué tener nada que ver con lo que tú consideras que te mereces o lo que te contaba tu mamá.

Todo esto respecto a los buenos profesionales, que son los que salen fundamentalmente beneficiados de esta reforma. Y como yo soy un buen profesional y creo que esta reforma me beneficia, porque aunque ahora sea más barato despedirme no creo que fuera una decisión inteligente por parte de la empresa, pues no voy a ir a la huelga en contra de mis propios intereses.

Ahora, respecto a los que se conforman con “ir tirando” para “cubrir el expediente” y trabajan lo mínimo imprescindible… pues lo siento, pero cobrarán lo mínimo imprescindible para cubrir el expediente e irán tirando, porque si no dan más, no veo por qué esperan recibir más (supongo que al decir esto me cuelgo la etiqueta de “insolidario” o algo así). Y los que no hacen ni eso, los que vaguean en el puesto y se buscan cualquier excusa para no trabajar, pues se encontrarán con que su fuerza de trabajo es un producto tan malo que nadie quiere comprarlo, o que quienes lo compran saben lo que están comprando y le tratan como al ineficaz que es. ESOS sí que acabarán en empresas de tres al cuarto dirigidas por negreros, y la razón por la que serán tratados como esclavos será porque habrán demostrado que si no se les trata así no producen en lo más mínimo. Y en el mundo real, o produces, o mueres.

 It’s nature, red in tooth and claw, es la base de la selección natural, es lo que nos ha traído a ser lo que somos desde que no éramos más que polvo de estrellas y no entro a valorar éticamente sus procesos; me limito a decir que existen y que existen en la naturaleza, y que creo que quienes afirman que las cosas se pueden hacer mejor de otra manera probablemente pequen de arrogancia.

En definitiva, independientemente de que la reforma recorte los derechos de los trabajadores, y eso es así y quien diga lo contrario miente, yo es que creo que estos derechos eran excesivos en la España del siglo XXI y tenían efectos perniciosos. Si entendemos la relación laboral no como una lucha de fuerzas entre empleado y empleador, sino como una simbiosis en la que el trabajador y el empleado se intercambian lo que necesitan (el uno, dinero, el otro, fuerza de trabajo) veremos que cuando una de las partes tiene excesivos derechos la relación corre el riesgo de dejar de ser simbiótica y convertirse en parasítica. Y así, a largo plazo, perdemos todos, y quien diga que no que mire como estamos.

Y, sí, “otro mundo es posible”, sinceramente lo creo. Pero hasta que estemos en él hay que legislar de acuerdo a la realidad o el sistema colapsará y nunca llegaremos a ese “otro mundo”.

Salud y evolución,

Arthegarn

Los libros de febrero

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A Princess of Mars me lo leí, en español (Una Princesa de Marte), cuando tenía algo así como 18 años o algo así. Un día, hablando de Cosmos con mi padre, le dije que me gustaría poder leérme aquellas novelas sobre Marte que tanto habían inspirado a Carl Sagan y que incluso citaba en Blues for a Red Planet. Cual no sería mi sorpresa cuando me dijo que él las había leído, que eran nada menos que del creador de Tarzán y que su padre las tenía en casa. Así que, tratando con la debida deferencia aquellos minilibros (12×8,5 cm.) de Crisol, en papel de biblia y editados en 1947, seguí a uno de mis héroes en sus pasos tras John Carter en Barsoom.

El libro cuenta las aventuras de un caballero de Virginia, John Carter quien, tras la guerra de secesión y viéndose arruinado, se embarca en una aventura en busca de oro en las montañas de Arizona y acaba, casi por arte de magia, en Barsoom, nombre con el que los marcianos llaman a su planeta. Allí conoce a (y batalla con) las diversas especies de marcianos: los terribles marcianos verdes de tres metros y cuatro brazos, o los civilizados marcianos rojos, esencialmente idénticos a los humanos salvo por ser ovíparos, algo que no le detiene a la hora de enamorarse perdidamente de la princesa de Helium, Dejah Thoris, y correr todo tipo de aventuras junto al fiel Woola (el predecesor de Chewbacca) y sus amigos Tars Tarkas y Kantos Kan, tratando de ganar su mano.

En esencia, es un folletín de aventuras, no muy distinto de Los Tres Mosqueteros hasta el punto de que también se publicó semanalmente en un periódico en su época (1911) y ofrece el mismo tipo de literatura, emociones, misterio, peligro, romance, caballerosidad… y profundidad argumental, claro, pero si uno quiere profundidad que se lea Los Hermanos Karamazov (otro serial, por cierto). Con todo y con eso resulta muy interesante leer ciencia-ficción de hace cien años, escrita por un autor del calado de Edgard Rice Burroughs. La influencia de John Carter en la ciencia-ficción posterior es inmensa. Sin ir más lejos, un personaje del calado de Flash Gordon vive y se comporta exactamente como lo haría John Carter, y en muchas cosas Mongo es clavado a Barsoom (como la tradición inquebrantable de no usar pistola contra quien te ataca con espada, por ejemplo). La propia idea de que los marcianos son verdes surge de esta saga. Y a mi me resulta enternecedor, más allá del argumento de space opera, cuando el autor introduce conceptos de lo que en aquella época era el tipo de ciencia avanzada sobre el que se escribía ciencia-ficción, como el radium(1), la descomposición de la luz, o el éter(2). Por no hablar de la personalidad de John Carter, tan de finales del XIX, del erotismo victoriano (en Barsoom todo el mundo va completamente desnudo, a excepción del cinturón para llevar la espada) o de lo que cualquier progre llamaría “sexismo aterrador” con el que está escrito el libro.

En definitiva, un libro que merece la pena leer como se lee Los Tres Mosqueteros. Por cierto que Disney estrena próximamente una película basada en este libro (John Carter of Mars, aquí tenéis el tráiler), que no sé como será de fiel al mismo, pero en la que dudo mucho que todo el mundo vaya gloriosamente desnudo…

Y, al igual que Veinte Años Después es bastante mejor que Los Tres Mosqueteros, The Gods of Mars es bastante mejor que A Princess of Mars. En la línea del libro anterior, narra las aventuras de John Carter quien, diez años después de volver a la tierra, vuelve a hallarse en Barsoom, pero esta vez en el mítico Valle Dor, a orillas del Mar Perdido de Korus y a donde todos los marcianos que alcanzan la edad de mil años peregrinan voluntariamente siguiendo el único río de Marte, el Iss, y del que nunca nadie ha regresado. Allí conocerá a los marcianos blancos, los marcianos negros y, con la ayuda de antiguos y nuevos amigos, batallará para rescatar a su esposa de las garras de Issus, la diosa de la vida y de la muerte de Barsoom, descubriendo la terrible verdad que se esconde tras la leyenda del Valle Dor. Más aventuras trepidantes, más honor y coraje, y más amor triunfante de la mejor especie, todo ello regado con una crítica absolutamente salvaje a las religiones organizadas.

Es probable que por esto la relectura de El Retorno de los Dragones me haya dejado helado. Supongo que no hace falta que os hable de la saga de la Dragonlance: fue lectura casi obligatoria para mi generación, el Harry Potter o el Crepúsculo de aquella época, y hoy en día es imposible ir a una convención de rol, fantasía, ciencia ficción o incluso de juegos de mesa en la que los nombres Raistlin, Sturm o Laurana sean desconocidos. Recuerdo cuando me lo leí a los trece años, me encantó, me lo bebí hasta el punto de que, cuando se publicó La Tumba de Huma, mis padres me prohibieron leer más de cinco capítulos al día y aun así hubo una temporada en la que iba a todas partes con la capucha puesta como mi gran héroe, Raistlin. Y me lo he leído otras muchas veces, creo que la última estando ya en la carrera. Pero, ahora que lo cojo de adulto, ¡qué malo es! Los personajes (salvo Raistlin, y tampoco es para tanto) son totalmente bidimensionales y es imposible identificarte con ninguno, la trama va a empujones de deus ex machina (o Paladine ex machina, según se mire), a Tanis dan ganas de abofetearlo cada vez que se sienta, Tas es para tirarlo por un barranco, Sturm es simplemente un fanático y un imbécil (“¿Huir? ¿De esta gentuza?”), lo de Caramon y Tika da vergüenza ajena, lo de Goldmoon y Riverwind parece escrito por Barbara Wood y la única gracia es que los combates están narrados asalto a asalto y siguiendo clara y estrictamente las reglas de D&D. ¡Madre mía! ¡Qué truño! Creo que una vez el Profesor Ignatius me recomendó que no me releyera los libros que me habían gustado de adolescente y particularmente esta saga. ¡Hacedle caso, si es vuestra situación! Creo recordar que La Tumba de Huma mejora mucho, pero me da tanto miedo llevarme un chasco como el que me he llevado con El Retorno de los Dragones que, sinceramente, no creo que me lo lea. ¡Dejad los buenos e inocentes recuerdos en la estantería, de verdad! Eso sí, si no os los habéis leído y sois jugadores de rol, hacedlo: saber quien de qué color es el culo de Raistlin es completamente imprescindible para ser un friki de pro.

¡Dulak!

Artthegarn___________________
1.- El Radium (Radio), que también pasa a Flash Gordon, es un polvo maravilloso que los marcianos utilizan como fuente de energía y que parece contradecir el principio de conservación de la misma. Sobre él, el que el propio Burroughs (que se supone que ha recibido los diarios manuscritos de las aventuras de John Carter y los está redactando), dice: “I have used the word radium in describing this powder because in the light of recent discoveries on Earth I believe it to be a mixture with radium on the base. ¡Recent discoveries! Claro, ¡hablamos de un autor que es contemporáneo de Marie Courie!
2.- El éter es el medio, casi místico e imperceptible, pero que tenía que existir para la ciencia de la época, en el que se propagaban las ondas de luz (antes de la física cuántica) y para moverse a través del cual servían las alas de Cthulhu, por ejemplo.

La leyenda de Santiago Carrillo

Cuenta la leyenda que el veinte de noviembre de 1975 Santiago Carrillo estaba en Moscú, departiendo con Brézhnev sobre la mejor estrategia para traer el comunismo a España, cuando llegó la noticia de la muerte de Franco. El premier soviético, contentísimo, hizo traer una botella de champán y sirvió unas copas para celebrarlo y, cuando le pasó una a don Santiago, este la rechazó diciendo, “perdone, camarada Secretario General, pero no seré yo quien brinde por la muerte de ningún español”.

Es una leyenda, claro. Pero es una leyenda que me gustaría que fuera cierta y que me gusta citar porque da una magistral lección sobre cómo tratar la muerte de un enemigo con dignidad. “Como un señor”, que Carrillo lo era. Quien descorcha una botella para brindar por la muerte de otro ser humano, quien se alegra de la muerte de otro ser humano, quien se niega a mostrar respeto por la muerte de otro ser humano pierde un poquito de alma. Incluso aunque el mundo quede objetivamente mejor tras esa muerte ser incapaz de centrarse en el hecho, de empatizar independientemente de las circunstancias, deshumaniza.

Yo no me lo permito. Hace de mi peor persona, menos persona. Y me da mucha pena cuando lo veo hacer.

Arthegarn.

Balance y Memoria de 2011

Se acerca el fin de año y, una vez más, siguiendo la tradición inaugurada por mi hermana Zalasa, llega el momento de hacer balance del año que acaba y propósitos para el año nuevo.

Propósitos que me marqué para 2011:

  • Arthegarn punto com de una vez. Ahí sigue, más muerto que nada. Últimamente el insigne Haplo Schaffer se ha ofrecido a ayudarme, e incluso Mithur ha levantado una ceja. Pero no sé yo…
  • Enseñarle España a Schizo. ¡Conseguido! En febrero pasamos una semana magnífica los tres, paseando por Madrid y por Castilla, con anécdotas de todo tipo a tutiplén. La única pena es que no la pudierais conocer.
  • Escribir más. No lo he conseguido. He escrito una media de tres tristes artículos al mes, y de esos uno es el de los libros leídos. Es cierto que algunas de esas entradas han tenido mucho éxito, particularmente las del 15-M, pero al final he escrito mucho, mucho menos.
  • Hacer ejercicio cinco días de cada siete. Esto funcionó mientras tuvimos en casa bicicleta estática (que era de J.A.S.O. y se la llevó). Le doy un cumplimiento “a medias”, fundamentalmente porque he conseguido bajar bastante peso y nos vamos a comprar otra.
  • Hacer finalmente planes a largo plazo con Ana. Nada que pueda comentar al respecto.
  • Ir a la Semana Negra: ¡Conseguido! Difícil de creer, pero conseguí huir a Gijón en esas fechas y volverme con otra tonelada de libros.
  • Montar un restaurante: ¡Conseguido! Bueno, en realidad no lo he montado yo, el mérito es de HK y Chrome yo solo he puesto el dinero (con Ana), pero desde septiembre es realidad 13, el mejor restaurante de Gijón,de España y del mundo mundial, y ya estáis tardando en ir a conocerlo (ya dejaros los eurines). Ver como tira p’alante en nuestro último viaje ha sido muy, muy gratificante.
  • No beber alcohol los días de diario salvo excepciones justificadas. No, esto, no. He reducido mi ingesta de alcohol otro año más, eso está claro, pero todavía me falta hasta hacerla llegar a donde yo quiero. De momento he decidido (recientemente) dejar la cerveza (¡y lo estoy cumpliendo!) ya que ésta constituye el 80% de mi ingesta de alcohol y tiene el problema de que la bebo como agua. Pero de ahí al propósito, nada de nada.
  • No emborracharme ni una sola vez. Esta tampoco. Este año me he cogido exactamente seis cogorzas de importancia, lo que (todo sea dicho) es bastante menos que en 2010 y muchísimo menos que en 2009.
  • Perder seis kilos. He perdido tres, así que a medias.
  • Seguir ahorrando. ¡Conseguido! Entre la inversión (la amortizada) en el 13, el plan de pensiones y la CAV he conseguido ahorrar el 14,35% de mi sueldo neto, que no está nada mal. No obstante el año pasado ahorré comparativamente más, un 15,75. Teniendo en cuenta que mis ingresos netos han subido un 10% entre ambos años, me gustaría saber en qué rayos me he gastado tanto dinero.
  • Seguir con Ana. Hemos tenido nuestros más y nuestros menos, pero ¡conseguido!
  • Volver a Londres a visitar a Rustythoughts. No ha podido ser, qué se le va a hacer.

Cosas buenas de 2011:

  • El nacimiento de mi sobrina Victoria. La boda de mi hermana Zylgrin con Xinxas.
  • Los meses que pasó Zalasa en La Mazmorra. Que se haya ido sabiendo más o menos quien soy, y al menos confiando en las partes que no conoce.
  • Ana, por supuesto. Mi madre. Mi padre. Mi familia. Mis amigos (es increíble pensar que tengo amigos entre los 19 y los 46 años). En general, la mejora de los amigos que más preocupado me tenían el año pasado por estas fechas, y el notable éxito profesional de Zaryss.
  • La visita de Schizo. Sentir que estaba haciendo algo bueno, que estaba contribuyendo a restablecer el equilibrio kármico del universo sin creerme nada de eso. Abrazar finalmente en persona a alguien a quien hacía casi una década que quería abrazar.
  • Perder peso. Beber menos. Ser más sano. Hacer ejercicio.
  • El orgullo profesional, aunque sea por cosas que no tienen nada que ver con mi trabajo. Sentir, por primera vez desde hace años, que verdaderamente podría hacer otra cosa si me diera la gana y que hay gente (mucha más de la que creo, al parecer) que verdaderamente cree que haría un buen profesional en otros campos y que no son mi papá, ni mi mamá, ni mis amigos que me conocen muy a fondo. Aunque otros me los habían dicho antes, y aunque al final no llegó a ningún sitio, todavía le debo una cena a Reich Hell por hacerme sentir valorado y respetado.
  • Gastrochigre 13. Y a por ellos.
  • Perderle el miedo a darse un viaje (de vez en cuando, no puede uno largarse todos los fines de semana) y disfrutar en el mismo sin obsesionarme por lo que me va a costar. Sentir como a veces te disuelves en el paisaje, en la naturaleza, y te pierdes y dejas atrás la responsabilidad y la culpa (quien me conozca sabe que esto es casi imposible para mi) y como a veces eres más tú que nunca, un gigante en un mundo a escala, sin duda ni inseguridad (otra cosa casi imposible). Volver al mismo mundo que dejé, pero con más ganas.
  • Recuperar a mi abuela Carmenchu, en todo el esplendor de quien me contaba cuentos de Jim Tirapalante.

Cosas malas de 2011:

  • Ver irse a mi hermana Zalasa a hacer las Américas, sin estar nada convencido del tema, y tener callarme mis dudas, objeciones y protestas porque, aunque para mi siempre será mi hermanita, hace muchos años que le cambié el último pañal y tiene derecho, no solo a tomar sus propias decisiones, sino a esperar además mi apoyo incondicional. Teniendo en cuenta lo difícil que ha sido ver irse a mi hermanita para mi, lo de ver irse a una hija tiene que ser atroz.
  • El fiasco del 15-M. Ver como algo que podría haber sido un verdadero movimiento reformista y regenerador de la democracia en España era rápidamente absorbido por la izquierda, luego por la izquierda radical anarquista-libertaria y, finalmente, acababa en un entristecedor bluff. Otra oportunidad perdida.
  • Darme cuenta de que nunca, nunca, nunca debí haberme ido de Clifford Chance. Dejando de lado todo lo demás (que lo hay, y para rato), allí hice amigos el primer día que mantengo año y medio después de haberme ido. Aquí… pues, en una palabra, no.
  • Ver tan, tan poco a mi familia y mis amigos; sobre todo a estos. La decadencia de la escena siniestra madrileña.
  • Dejar el BDSM.
  • Las peleas con Ana, que ha habido muy pocas pero han sido tan estúpidas como dolorosas y, la última, muy peligrosa.
  • Los excesos de todo tipo, que son muy escasos pero muy puñeteros.
  • Sigo echando de menos a Dios, a Cristo, al sentido y objetivo del universo. La física cuántica es preciosa y fascinante pero no contesta a mis preguntas, aunque muy probablemente sea porque le estoy preguntando a la persona equivocada. El problema es que la única persona a quien le puedo hacer ciertas preguntas parece ser que soy yo mismo, y yo no me fío de mi mismo. La desviación típica tiende a infinito.
  • La crisis. Los amigos que han perdido su trabajo (p.ej. Ana, sin ir más lejos) o que buscan y no encuentran. Como comentaba hace unos días con un amigo de la adolescencia, estar “al loro a ver si sale algo” pero darte cuenta de que hay muy poco “loro” para tanto comensal.
  • Los idiotas. Darme cuenta de que cierta gente es, simplemente, idiota. Que no son pobres diablos que repiten dicen estupideces que no se han parado a considerar y que pueden discutirse con un poco de razonamiento, sino que verdaderamente son idiotas que han oído las mil goebbelsianas veces una estupidez y verdaderamente se la han creído y la han hecho suya hasta el punto de construir sus personalidades y estructuras de creencias sobre esas bases. Darme cuenta de que con cierta gente no merece la pena discutir y, lo que es peor, de que cierta gente simplemente no merece la pena.

Propósitos para 2012:

  • Seguir avanzando en mi vida y en mi relación. Asegurar el futuro.
  • Dejar la cerveza. No agarrarme una borrachera ni una sola vez en todo el año. Definimos «borrachera» como «beber lo suficiente como para levantarme al día siguiente sin tener muy claro lo que pasó a partir de un punto pero con la idea de que debería estar avergonzado y en efecto avergonzarme cada vez más de lo que hice, dije y me gasté según lo averiguo».
  • Ser más sincero y espontáneo con Ana. Ingeniármelas para prescindir de mis mecanismos de censura previa. Recordad que la integridad (aparentar ser por fuera como en realidad eres por dentro) no tiene solo que ver con la virtud sino también con el vicio. Esto no es que suela mentirla ni nada semejante, es que muchas veces me callo cosas que no debería callarme.
  • Seguir perdiendo peso. Hacer ejercicio cinco días de cada siete (desde que tenga bici).
  • Sacarme el título de traductor jurado de inglés y, con un poco de suerte, otro sobresueldillo (Copito de Nieve me comentó que si me sacaba el título de jurado me encargaba a mi las de Vestas, eso es un incentivo importante aunque sea más trabajo).
  • Comprarme un ordenador decente, una mesa decente, una silla decente y escribir.
  • Arthegarn punto com. Ja, ja.
  • Ver más a la gente que quiero. Eso quiere decir ver al menos una vez al mes a mis padres y hermanas (aunque sea por Skype en el caso de Zalasa) y al menos dos veces al año (que tampoco es mucho pedir) a gente a la que quiero mucho y veo muy, muy poco como (por ser SMART) Albus, Alma y Vigara, CP y Tardis, Ignatius e Inaeternitas, Morti, Nedox y Sheila, Roweena, Shelly, Hudson Hawkes y más gente de Clifford Chance, Slanter y Spock, Vieja Bruja y Ercole, Warden y Rut o Zor y Eris.
  • Progresar profesionalmente, en Vestas o en otro sitio. No quedarme parado donde estoy. Buscar más retos, más responsabilidades, un título más largo y, ante todo, más dinero Involucrarme más en las asociaciones profesionales en las que me he inscrito este año.
  • Seguir ahorrando. Este año, a por el 20%. Que yo puedo. Hop, hop, hop.

Veremos como se da todo. De momento, felices fiestas, y feliz 2012 a todos.

Abrazos,

Arthegarn

 

Los libros de noviembre

The Name of the Wind es relectura. Ya comenté en su momento lo que opinaba, pero quería leérmelo en inglés después de The Wise Man’s Fear. Es bastante mejor en inglés, hay muchísimos juegos de palabras y connotaciones que se te escapan cuando lo lees en castellano, como siempre lo recomiendo. Y recomiendo a quienes se lean El Temor de un Hombre Sabio que luego relean El Nombre del Viento. Te das cuenta de muchos detalles que probablemente se te pasaran en la primera lectura, como cual es el temor de un hombre sabio (pista: lo dice cuando le pillan con una vela en la biblioteca), ciertos detalles sobre los Chandrian sobre los Lackless (pista: la canción que canta cuando es niño y no se da cuenta de de qué va hasta que le pilla su madre) y algún otro más que no voy a contar aquí. Gana con la relectura, que recomiendo, y como ya he dicho es bastante mejor en inglés aunque la traducción sea buena.

Snuff es el último Terry Pratchett y, quitando el final, me ha parecido decepcionante. No es que sea malo, vamos, pero Pratchett me tiene acostumbrado a un cierto nivel y este libro es… bueno, pesado y ñoño. Llamadme cruel, pero Pratchett está cayendo últimamente en una espiral de ñoñería que, aunque pueda ser comprensible, lo siento pero no me convence. Entre Snuff, el medio polvo de Unseen Academicals y los libros de Tiffany Aching (que están escritos para un público joven adulto y por tanto (i) a mi se me quedan pequeños y (ii) versan sobre temas que ya se han tratado, muchas veces de forma más incisiva, en otros libros), encuentro que tengo que remontarme a Making Money para encontrar un libro verdaderamente bueno, de los de quitarse el sombrero, que era lo habitual con los libros de Sir Terry. Y éste Snuff en concreto…

El título está muy bien. Snuff es, en inglés, a la vez un asesinato irrazonable y aleatorio (de ahí los snuff movies) pero también quiere decir «rapé». Y tenemos de las dos cosas en este libro, que trata de forma bastante obvia del clasismo (y de la lucha personal de Vimes contra los privilegios) y del racismo y la esclavitud pero que yo creo que trata, entre líneas y sin decirlo claramente, de especismo. En este libro tenemos a Sam Vimes que se va de vacaciones, seis años después de Thud! (extrapolando por la edad del joven Sam) y obligado por Lady Sybill, a sus posesiones del campo. Pero algo, que al principio parecía que iba a ser un «Sam Vimes visits Downton Abbey» (lo que da para hacer un libro, no me lo negaréis), acaba convirtiéndose en un aborto de novela negra con una trama B protagonizada por Fred Colon y Nobby Nobbs que sobra por completo*.

Bueno, yo lo siento pero ese Sam Vimes no parece Sam Vimes. Parece que su encuentro con la Summoning Dark en Thud! ha acabado con el policía, el investigador, el que se estaba convirtiendo en mi personaje favorito del Mundodisco, y ha dejado en su lugar a… no sé, a una especie de contemplador místico y amargado, demasiado poderoso, demasiado inteligente, demasiado humilde, demasiado todo. Aparte de esto, y quitando dos o tres momentos, el libro carece casi completamente de ese humor fino, irónico, sarcástico y británico al que nos tiene tan mal acostumbrados Pratchett, y muchos de los chistes (como el del BLT) son repetidos de otros libros o simplemente sosos. Entre la carencia de humor, el giro de Vimes, los diálogos pesados y artificiales, la trama lenta y viscosa… Lo siento, pero temo que este libro marca el inicio del declive de un genio y, quizá por eso, sea, para los amantes del mundodisco, imprescindible. Espero que el próximo libro, Raising Taxes, de Moist von Lipwig, me demuestre que estoy en un error.

Pero, en cuatro palabras: no parece un Pratchett. Y un dato curioso: no aparece la Muerte, algo que no ocurría desde Pequeños Hombres Libres.

Arthegarn_____________________________________
(*) Sobra totalmente desde el punto de vista narrativo. Si jugamos al juego de que Pratchett está perdiendo su capacidad de escribir, no obstante, y asumimos que lo que quiere es cerrar arcos argumentales y darle salida a sus personajes, en ese caso es muy comprensible. Pero hay que estar muy atento al Mundodisco y a la evolucíón en el mundo real de su creador para darse cuenta (y yo no las tengo todas conmigo)

Dios no creó el infierno. Fui yo.

La gente nace, vive y muere y eso lo tengo asumido. Mis seres queridos vienen y se van, y también lo tengo asumido. Y, cuando se van, sé que no los volveré a ver, que no volverán a quererme ni a reir con mis alegrías ni a llorar con mis penas, y siento que estoy un poco más solo y eso me entristece. Pero no sufro particularmente por ellos, porque han desaparecido y, por tanto, están mucho, mucho más allá de sentir dolor, angustia o sufrimiento. Todo eso lo llevo bien.

Pero cuando tengo una misa funeral por alguno de estos seres queridos, cuando intento expresar mis sentimientos en un marco de referencia y con un lenguaje cristiano (porque eran cristianos), cuando pienso en una acción de gracias o escribo una oración pidiendo que “gocen de la gracia prometida por Jesús, que Dios les conceda la felicidad de la Vida Eterna y el conocimiento de lo importantes que fueron y de lo que les seguimos queriendo”… Entonces se me parte el alma que no tengo, porque ya no creo en ninguna de esas cosas, porque ya no hablo ese idioma aunque sepa decir las palabras. Y me siento vacío, estéril y sucio, como si intentara hacer el amor con el cadáver de mi amada. Y me enfado conmigo mismo, con el mundo y con Dios, por hacerme desenterrar de vez en cuando los despojos de aquello que me fue tan precioso, por obligarme a volver a mirarlo a los ojos y volver a fundir mi espíritu, que no tengo, con el suyo, para encontrar las palabras adecuadas.

Y luego estoy roto y miserable porque recuerdo, una vez más, todo lo que he perdido por subirme a esta torre de marfil intelectual en la que estoy, tan alto, lleno de razón y solitario. Y me odio porque sé que, aunque podría, aunque lo deseo desesperadamente, no voy a volver; no voy a dejar entrar en mi torre a esa hermosa figura que espera, vestida de blanco, toda sonrisas, abrazos, amor y perdón, a que le abra la puerta a la que llama suavemente, como pidiendo perdón por molestar, de vez en cuando.

Cuando era católico solía decir que el infierno es un estado del alma en el que esta se aleja completamente de Dios y que, como Dios es ubicuo, la única forma de ir al infierno era voluntariamente, dándole la espalda a Dios y rechazándole a sabiendas. ¡Cuánta razón tenía, sin saberlo! Cuánta razón…

El libro de octubre.

Debe ser que El Nombre del Viento me gustó más de lo que mi crítica de abril dejaba entrever, porque no pude esperar a la publicación de la segunda parte en castellano y, para inaugurar amazon.es (bendita sea la página) decidí comprármela en inglés (junto con The Name of the Wind, que quería en versión original) y me lo metí entre pecho y espalda en poco más de diez días.

Bien, pues si El Nombre del Viento ya era recomendable, The Wise Man’s Fear es, en mi humilde opinión, dos o tres veces mejor (aunque, ahora que lo pienso, habría que ver cuánto de la mejora tiene que ver con leerlo tal y como lo escribió Rothfuss y no traducido). En este libro, Kvothe sigue en su posada (donde la narración de la narración empieza y termina) contándole a Cronista sus años en la Universidad (donde lo narrado por la narración narrada empieza y termina).  También como en el primer libro, además del primer nivel de historia (Kvothe, Cronista y Bast) la mayor parte del libro la compone el segundo nivel (Kvothe, Simmon, Denna, Elodin, y un número importante de nuevos y -en dos o tres casos- fascinantes personajes) con incursiones puntuales en un tercer nivel (Kvothe contándole a Cronista como Felurian le cuenta el robo de la luna, por ejemplo). No obstante este segundo libro es más diseminativo-recolectivo que el primero, ya que si en el primero hay una clara línea argumental, en este se van abriendo varias líneas, cada vez más profundas, que luego se van cerrando (o no) hasta volver a la primaria, la de la Universidad.

Estás líneas “secundarias”, que en ningún caso pueden considerarse “trama B”, son para mi de lo mejor del libro. Rothfuss deja volar su imaginación y crea sociedades coherentes, en el mejor estilo de la ciencia-ficción más que de la fantasía. La comunicación con los adem, por ejemplo, tiene poco que envidiar a la de los hijos de Tama, y detalles como los anillos de Severen (que en mi opinión, apenas explota) podrían tener un tratamiento a la altura del código de honor de los marcianos verdes de Barsoom. No obstante, y por experiencia propia, tengo que decir que es posible que quien lea este libro encuentre estos detalles tediosos. Hay mucha gente que se lee un libro buscando respuestas para determinadas preguntas. ¿Quiénes son los Chandrian? ¿Los Amyr? ¿Quién es Denna? ¿Por qué llaman Matarreyes a Kvothe? Lamento decir que quien se lea The Wise Man’s Fear con ese propósito, como si fuera un camino que te lleva del punto A al punto B, quedará bastante frustrado por la lentitud del viaje y, sobre todo, se perderá el paisaje, que es precioso.

Si hay algún fallo en el libro es estrictamente técnico y tiene que ver con la historia de Felurian, que ocurre in media res (pero de coitus interruptus, ¿eh?), non sequitur y encima deus ex machina. Oh, sí, es una historia autocontenida que decididamente había que meter como fuera, pero el uso del calzador es abrumador en ese punto del libro. Pero, aparte de este detalle,  The Wise Man’s Fear es un libro muy, muy bueno, muchísimo mejor que el primero y con un autor que, claramente, ha dejado de ser un aficionado que ha escrito su primera novela para tomarse el tiempo suficiente para hacer de esta segunda parte un libro magnífico. Eso sí, esto no se termina en una trilogía ni de risa.