6/6/6

Si tuviera que elegir el día más importante de mi vida profesional lo tendría claro: el seis de junio de 2006. El seis del seis del seis. Ese fue mi primer día en Clifford Chance, el despacho que lo cambió todo y en el que empecé, por segunda vez, mi carrera profesional tras el famoso annus horribilis.

Recuerdo que el año había empezado con el primer trabajo decente en lo que se me hizo una eternidad: un puesto de back office en la Banca Rothschild, fijo tras los inevitables seis meses de prueba por 18.000 al año. Y estaba tan contento yo en el banco cuando me llamaron de Hays para decirme que había un proceso en un despacho internacional de abogados para el que querían presentar mi candidatura. Yo ya no estaba en búsqueda activa, pero hacer un par de entrevistas nunca viene mal y, quien sabe, quizá pagaran más y mejor, así que les dije que la presentaran. Esa misma tarde hice mi due diligence (entonces no sabía que se llamaba así) y me estuve informando sobre el despacho en Internet.

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Clifford Chance posando tras el proyecto Brick

Salí impresionado, claro. Me di cuenta de la oportunidad que representaba aquel proceso en términos profesionales y mi actitud cambió totalmente, pero no podía ni imaginar lo que iba a significar en términos personales. Recuerdo que las pruebas técnicas y las dos primeras entrevistas, con RR.HH., me salieron muy bien, casi clavadas, y que me pasaron en seguida a entrevistarme con el socio del departamento de “Financiero”. Tuve buen feeling en la entrevista pero no salí del todo convencido y tenía razón porque al socio no le había convencido tampoco.  Pero, como Clifford Chance es Clifford Chance, cuando terminó al entrevista cogió el teléfono y llamó al socio director de Inmobiliario y le dijo “Alfonso, acabo de entrevistar a un tío que no es mi tipo pero que me da en la nariz que es exactamente lo que tú estás buscando, ibais a congeniar de maravilla, llámale.” Y, en efecto, a la mañana siguiente me llamaron de Hays diciendo que tenía otra entrevista con otro socio y allí que me fui.

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Alfonso y yo, en mi último día en C.C.

Es difícil de explicar lo bien que me cayó Alfonso desde el minuto uno, pero para daros una idea, la entrevista duró cerca de una hora durante la que hablamos del puesto diez minutos y pasamos el resto del tiempo hablando de los libros que leíamos y charlando de lo humano y lo divino. Ni siquiera hablamos en inglés. Salí pensando que me lo llevaba y, en efecto, no me había ni alejado doscientos metros cuando me llamaron de Hays diciendo que el puesto era mío.

No podía creer mi buena suerte. En aquel momento solo pensaba en que era una oportunidad y en que encima iba a cobrar un tercio más de un salario ya de por si digno con el que ya me había acostumbrado a vivir pero, en realidad, lo mejor estaba por venir. Gracias a Alfonso, a quien admito que aun tengo en un pedestal pero es que resulta que es uno de los tíos más inteligentes, simpáticos, amables y de buen corazón que he conocido en mi vida(1), entré en contacto con lo que es una organización y una empresa de élite, una organización que busca a los mejores trabajadores (hasta para hacer fotocopias) y que, como sabe que son los mejores, los trata bien para que no se vayan a otra empresa de élite que les está buscando. Experimenté de primera mano el ciclo virtuoso del trabajo, ese del que hablaba en mis clases de Project Management en la UAX sin haberlo conocido de primera mano y que tanto me abrió los ojos sobre lo que podrían y deberían ser las relaciones entre empleado y empleador.

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El equipo de Inmobiliario casi al completo.

Y conocí a un grupo de gente formidable, el equipo de abogados de Real Estate de Clifford Chance en el más tonto era controlador aéreo. Profesionalmente sus carreras hablan por si mismas, los que no siguen en Clifford son ahora los socios de Inmobiliario de algunos de los despachos más importantes de España (mención especial para Guillermo por aquello de salir del Madrid y entrar en el Barça) o dirigen departamentos legales en grandes empresas, pero es que, además de ser grandes abogados internacionales y listos como ellos solos eran todos, y lo siguen siendo, grandes personas. Gente que me enorgullece día a día que me consideren su amigo y que, honestamente, aun me sorprende un poco que lo hagan y que vengan a mis saraos y a mis cumpleaños y hasta se vistan de negro para hacerlo. Gente como Roweena, cuyo nombre no voy a dar porque es muy, muy discreta, pero que quizá sea la mujer más extraordinaria que conozco; o como Julieta, que es una luchadora de campeonato que nunca, nunca se da por vencida – y siempre acaba consiguiendo por lo que lucha. Y gente como MariJose.

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Marijose, una profesional como la copa de un pino.

MariJose, mi “compi” con la que compartí cubículo todos aquellos años. MariJose, que ya estaba profesionalmente de vuelta de sitios de los que yo ni había oído hablar. MariJose, de la que aprendí tantísimo en los primeros meses y a quien tanto debo de mi carrera profesional. MariJose, socialista de pro y con quien tenía encendidas discusiones políticas de vez en cuando. MariJose a quien he llamado más de una vez porque me había enterado de un puesto en el que pagaban una millonada y para el que querían su perfil pero que no quería moverse de Clifford Chance ni con agua caliente. MariJose, a quien siempre recuerdo con una sonrisa y que, maldita sea, falleció hace un par de semanas víctima de un cáncer fulminante. Descansa en paz, “compi”, seguro que la Quinta ya no es lo mismo sin ti.

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Foto de grupo de un cumpleaños de Rafa, un tío mayúsculo, socio de Eversheds.

Clifford Chance fue una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida. Tanto por lo que supuso históricamente de punto de inflexión y consolidación en mi carrera profesional como por la gente maravillosa a la que conocí ahí y que sigue estando ahí y siendo igual de maravillosa. Podría alargarme contando anécdotas durante horas, tanto de antes como de después, pero no quiero repetirme (muchas ya están en el blog de aquellos años) y además tampoco es el objetivo de este escrito, en el que solo quería rendir un homenaje a ese bendito equipo y a esa bendita empresa por si acaso algún día, dentro de otros diez años, no recuerdo lo que significaran para mi. Y para decirte, querido lector, que si tienes la oportunidad de trabajar allí no lo dudes ni un segundo y que si estás estudiando derecho y andas un poco perdido dale un vistazo para ver a lo que puedes que aspirar.

O tempora, o mores.

Arthegarn______________
(1) De hecho, si de algo me arrepiento de aquella época es de haber sido tan estúpidamente clasista como para, en su momento, no haberme permitido hacerme amigo de Alfonso (que sí que me consideraba su amigo) porque “no era lo correcto”; porque tropa y oficiales no intiman y ese tipo de cosas. Qué idiota he llegado a ser en mi vida, Señor, menos mal que a él, como a la gente que de verdad tiene clase, mis clasismos se le daban una higa y ahora se ríe cuando le recuerdo aquello.

Memoria y balance de 2015

Se acerca el fin de año y, una vez más, siguiendo la tradición inaugurada por mi hermana Zalasa, llega el momento de hacer balance del año que acaba y propósitos para el año nuevo.

Propósitos que me marqué para 2015:

  • Seguir haciendo ejercicio regularmente. Conseguido. No tanto como me hubiera gustado y particularmente lo he abandonado estas últimas semanas, pero estoy muy contento y orgulloso y espero seguir así.
  • Operarme los ojos. Conseguido. Aunque tengo que decir que estoy un tanto decepcionado: toda la gente que se ha operado con quien he hablado suele decir que veía mejor después de la operación que antes con gafas y en mi caso no es así. Es muy cómodo no llevar gafas y considerando lo que se rompen y lo caras que salen ha sido una buena decisión, pero la verdad es que esperaba más.
  • Cumplir rigurosamente mi plan de adelgazamiento ligado al alcohol. Fracaso rotundo. Me vigilo más, pero en realidad he engordado un kilo. Todo el mundo dice que me ve más delgado así que igual es que he cambiado grasa por músculo o algo, pero mi plan fracasó… pues en enero, o algo.
  • Escribir una entrada de blog a la semana. Rotundo fracaso. Tengo muy poco tiempo y el que tengo se va más en desmentir bulos de Facebook que en crear opinión por mi mismo.
  • Reunir el Circle of Vicious Philosophers una vez al mes. Otro fracaso. Mis queridos filósofos son bastante perros y les cuesta moverse para que haya quorum.
  • Seguir leyendo más. Meh. Algo he leído…
  • Seguir ahorrando. Eso sí. Cada vez me van mejor las cosas, pero sigo teniendo (básicamente) el mismo estilo de vida de los últimos diez años así que todo va a ahorro, lo que es particularmente fácil cuando el 25% de tu neto te llegan en forma de bonus con el que no cuentas y que, disciplinadamente, inviertes de inmediato. Entre el plan de pensiones y las inversiones este año he ahorrado más del 45% de mis ingresos netos, y eso sin contar la operación de los ojos. Y me va a hacer falta.

Cosas buenas de 2015:

  • Me he comprado una casa. No, no es “de las nuestras”. Es un bajo nuevo Vallecas (va, venga, haced chistes de que me he vuelto vallecano) que a propuesta de HK se va a llamar Nevershire y aun no hemos termniado de mudarnos, pero este año me he convertido en terrateniente, que es una buena forma de ahorrar. ¡Se acabaron los alquileres!
  • Mi trabajo. La verdad es que últimamente estaba teniendo menos, pero tras la incorporación de un nuevo SVP en Madrid y de un McKinsey particularmente gordo vuelvo a estar hasta las cejas y, sobre todo, vuelvo a hacer lo que más me gusta, que mi tiempo cada vez estaba más dedicado a mis responsabilidades como manager. Tenemos que terminar de adaptarnos el uno al otro pero pinta bien. Y, en general, en enero me subieron el sueldo un 15% y me dieron un bonus aun más gordo que el del año pasado y en diciembre mi evaluación de desempeño me la hizo la jefa de personal en Londres por el procedimiento de llevarme a comer, así que parece que están contentos conmigo. En este ámbito poco puedo pedir.
  • El trabajo de Ana, que por fin ha conseguido en su CV ese nombre anglosajón que necesitaba para consolidar su carrera profesional y tras Kimberly-Clark ha pasado a Morgan Stanley y a partir de ahí the sky is the limit. Me da mucho gusto poder recomendarla profesionalmente, algo que es muy raro que yo haga.
  • Zylgrin y Xinxas vuelven a España. Tras años de exilio francés investigando en Francia, mi hermana y su familia vuelven a Madrid. Y no con el rabo entre las piernas porque hayan fracasado en el extranjero, en absoluto: vuelven porque les da la gana, con André en un buen trabajo e Irene con muy buenas perspectivas y felies y contentos porque, como en España, en ningún sitio. Esto es algo que me hace muy feliz.
  • El viaje a Amsterdam, que Ana tenía muchísimas ganas de hacer y que finalmente hemos podido ver este año. Me ha gustado todavía más de lo que esperaba que me iba a gustar, tengo que ver cuando vuelvo con más calma.
  • El ejercicio regular que ha hecho mucho bien, entre otras cosas para mi autoestima.
  • Raúl, que es un tipo genial al que he tenido el placer de ir conociendo este año. Y es que pocas cosas son mejores que hacer nuevos amigos, sobre todo cuando son listos, divertidos y te puedes ir con ellos de cañas afterwork porque también tienen horarios estúpidos.
  • En general, veo muy bien a mis amigos y a la gente que me importa.
  • El nuevo Dark Hole que no sé lo que durará pero me está gustando mucho.

Cosas malas de 2015:

  • Podemos. Sí, sí, ya, ya, seguro que a muchos os parecerá lo mejor que ha pasado en este año y en los 25 anteriores, pero a mi no y este es mi blog. Podemos es un ejemplo del tipo de actitud del que hablaba antes. Todos estamos de acuerdo en que hay una serie de problemas que hay que solucionar, y sobre todo coincidimos en un sentimiento, pero ese sentimiento cuando se filtra por nuestra cosmovisión nos lleva a hacer cosas diferentes, algunas acertadas y otras desacertadas. Y Podemos es fruto de una cosmovisión errónea, simplista, beligerante y mesiánica que no trae nada bueno y que cambia sin pudor ni mínimo respeto a la coherencia ideológica de discurso. ¿Alguien se acuerda hoy de aquello de “PSOE-PP, la misma mierda es”?
  • Sigo haciéndome viejo. Es algo inevitable pero sigue siendo una puñeta. No obstante el ejercicio hace milagros a este respecto (salvo quitarme las canas de la barba).
  • Y sigo haciéndome pellejo. Probablemente por eso cada vez escriba menos. Cada vez tengo menos ganas de explicarle a la gente que la realidad no es simple y en blanco y negro y con buenos y malos; que en realidad es extraordinariamente compleja, delicada, y que las simplificaciones que hace no son solo perjudiciales para él, ya que no le deja ver las cosas como realmente son y tomar decisiones acertadas, sino para el propio delicado sistema en el que entre como un elefante en una cacharrería. Me gustaba más yo mismo cuando tenía carisma de enseñanza.
  • La rigidez del Sistema, de España y de los españoles, que no es de ahora sino que viene de largo, pero que este año se ha hecho patente como nunca. Y mira que yo creí que ya estaba colmado de estulticia ante la incapacidad de adaptarse de los partidos tradicionales cuando me fui del PP hace tres años, pero no, mira, aun me podían decepcionar más. Y el problema no es solo de las instituciones, también lo es de los ciudadanos, que son cualquier cosa menos ciudadanos. Recuerdo que hace un cuarto de siglo mi padre me dijo que España no era una democracia, que la gente no sabía lo que era una democracia, y que harían falta tres generaciones y bastante suerte para que llegáramos a ser una democracia. En el momento pensé que se equivocaba de cabo a rabo y que debía hablar de su generación, porque la mía ya lo creo que estaba preparada para la democracia. Como casi siempre él tenía razón, hablaba en términos más profundos de lo que yo entendía, y encima yo pensaba que toda mi generación era como yo.
  • Mi más vieja amiga, al parecer, está muy enfadada conmigo porque después de “desaparecer durante años” se me ocurrió mandarle un SMS a ver qué era de su vida. Hay cosas que no termino de entender. En fin…

Propósitos para 2016:

  • Seguir haciendo ejercicio regularmente.
  • Cumplir mi plan de adelgazamiento ligado al alcohol.
  • Escribir una entrada de blog a la semana y no salir de la oficina los viernes hasta haberlo terminado.
  • Reunir el Circle of Vicious Philosophers una vez al mes haya o no haya quórum.
  • Leer un libro al mes que es poquísimo para lo que era yo antes…
  • Seguir ahorrando, lo que en este caso quiere decir amortizar hipoteca, claro.
  • Y un clásico que no depende enteramente de mi: ¡reproducirme de una vez!

Veremos como se da todo. De momento, felices fiestas, y feliz 2016 a todos.

Abrazos,

Arthegarn.

La Ilusión de la Consciencia (IV)

NOTA PRELIMINAR: Este es el cuarto y último artículo de una serie encadenada. Si llegas aquí de primeras deberías leerlos para aclarar algunos conceptos y comprender el objetivo de la disertación y el camino que nos ha traído hasta aquí. Si estás siguiendo la saga ya puedes saltar de alegría ante su tan esperado final.

Hablábamos en el último capítulo de la asignación de intencionalidad (la idea de que cuando algo -como una catedral, un termitero o esta larga disertación- parece hecho con un objetivo o siguiendo un plan es porque, existen ese objetivo, ese plan y sobre todo todo un agente que lo ha organizado todo y sabía lo que estaba haciendo) y decíamos que es universal, que ocurre a lo largo y ancho de la especie y la historia humanas. Me siento tentado de contaros, como introducción, la conmovedora historia de Percival Lowell, el astrónomo más estudió los canales de Marte, y sus implicaciones, pero no quiero alargar esto más de lo imprescindible así que os dejaré con la conclusión de Carl Sagan: En el fondo, Schiaparelli tenía razón: los canales que observaba en Marte implicaban la existencia de vida inteligente. En lo único en lo que se equivocó es en a qué lado del telescopio estaba la inteligencia.

Volvamos de nuevo al origen de la vida, la evolución de la vida inteligente y nuestras amigas las termitas, gigantescos “robots” construidos de acuerdo a los “planos” contenidos en sus genes y “programados” por esos genes para que reaccionen ante los estímulos del medio de una forma automática que maximiza las posibilidades de que esa cadena genética en concreto se multiplique y perpetúe. En los animales superiores las cosas funcionan de forma muy parecida, con la principal diferencia de que los genes ya no “mandan”(1) de forma tan obvia.

La evolución por selección natural nos demuestra que los genes cambian y dan como resultado individuos mejor adaptados al ambiente, pero esos cambios adaptativos se producen aleatoriamente(2) y, como mucho, una vez por generación, necesitando de hecho varias generaciones para consolidarse. No obstante, si los genes fueran capaces de crear un órgano capaz de cambiarse a si mismo dentro de la vida del organismo que “pilotan”, este órgano podría adaptarse al medio muchísimo más eficientemente que los genes y dar inmensas ventajas a los genes que contengan ese “plano”; la diferencia sería más o menos la misma que hay entre un libro y un ordenador capaz de propgramarse a si mismo…

Bien, como habréis imaginado ese órgano existe y es el cerebro (3).

A medida que vamos ascendiendo en la cadena evolutiva vemos animales cada vez más complejos, más rápidos, más adaptados al medio, con cerebros más grandes y útiles y reacciones menos predecibles que las de una termita o una ameba. Pero ¡ojo! El hecho de que el comportamiento de un perro sea menos predecible que el de una termita no quiere decir que no responda a una serie de procesos automáticos análogos a los de la termita; lo que ocurre es simplemente que esos procesos son tan complejos que no los entendemos. De la misma manera que una termita no sabe que es parte de un complejo sistema que está creando un arco, una neurona no sabe que es parte de un complejo sistema que está viendo un matorral, o intuyendo un tigre, o dando la orden de salir por patas… o creando un pensamiento. Lo que nos lleva de vuelta al inicio de la saga.

El hecho de que exista el pensamiento no quiere decir que exista el pensador, de la misma forma que el hecho de que existan castillos de termitas no quiere decir que exista un arquitecto termita, ni una entidad colectiva que es consciente de que está construyendo un castillo. Todo son, simplemente, cosas que pasan. Complejas, maravillosas, pero cosas que pasan.

“Eh, un momento”, me diréis. “Hay una diferencia fundamental entre mi cerebro y una colonia de termitas y es que aunque la colonia no sea consciente de si misma yo sí lo soy; de mi y de mi mente y de la diferencia entre ambas cosas. Si tu analogía fuera válida yo no sería consciente de mis pensamientos, (el “arco” que están creando mis “ternitas”) ni de mi mismo, solo del medio que es lo importante para los fines de los genes. Pero cuando yo me miro a un espejo me veo y sé que soy yo.

Bien, eso es relativamente cierto. Como ya hemos establecido, nuestro cerebro no funciona analizando exhaustivamente la realidad para extraer de ella toda la información, separar la relevante, extraer conclusiones y ordenar acciones a los músculos. Funciona tratando de anticipar, de adivinar esas conclusiones lo antes posible incluso con información incompleta y eso lo hace resumiendo la realidad, creando imágenes, modelos, simplificaciones. Permitidme un ejemplo: hay una leyenda que dice que los reptiles no ven los objetos que no se mueven, es totalmente falsa. Sí que los ven, los fotones impresionan la retina y el nervio óptico manda impulsos al cerebro se mueva el objeto o no, lo que pasa es que su cerebro no les da importancia y los descarta. Los reptiles funcionan con un modelo de la realidad simplificado en el que solo existen las cosas que se mueven porque solo las cosas que se mueven son relevantes. Como diría Pratchett, el universo del reptil está cuidadosamente dividido entre cosas (a) con las que copular (b) que comer, (c) de las que huir, y (d) piedras; así que estas últimas, como si no existieran. El reptil se comporta como si no viera lo que no se mueve, pero sí lo ve, lo que pasa es que no le importa. Pero como su comportamiento es indistinguible de si no lo viera la narrativa más sencilla, que es la que nos cuentan y la que nosotros contamos a otros es que no lo ve.

El cerebro humano (y el de algunos animales) funciona de forma muy semejante aunque muchísimo más compleja e incluye entre sus modelos el crucial concepto de “agente”, que es un ente identificable a lo largo del tiempo y que tiene interactúa con nosotros. Este concepto también se desarrolla evolutivamente, en el sentido de que el cerebro que es capaz de procesar la información a través de agentes tiene ventajas sobre el que no lo hace y la razón de esta ventaja es que la agencia nos permite identificar a un individuo a través del tiempo y de esa forma saber, por ejemplo, si nos ha atacado antes o ha colaborado con nosotros y poder predecir con mayor fiabilidad que hará en el futuro. Por ejemplo, el perro de Ana, Freddy, para mí es un agente: le identifico como el mismo a lo largo del tiempo, sé qué puedo esperar más o menos de él, como puede influir sobre mi y como puedo influir yo sobre él. Y para Freddy, por cierto, animal dotado de un cerebro lo suficientemente desarrollado, también yo soy un agente: sabe que cuando le digo que se siente se tiene que sentar mientras que a otros les puede ignorar tranquilamente, y sabe que si me pide comida lloriqueando no se la voy a dar mientras que si me la pide con la pata… a lo mejor. La agencia, la identificación del “otro” a través del tiempo es terriblemente útil porque nos permite influir sobre otros agentes con mecanismos estímulo-respuesta, premio-castigo; y está tan imbricado en nuestros cerebros que es lo que nos hace darle una patada al hardware cuando se estropea el software. Nuestro cerebro, como órgano, no sabe que el ordenador no está vivo y que no responde a esos estímulos. A nuestro cerebro eso le da lo mismo, al igual que no se para a pensar en P-zombis: si tiene pinta de ser un agente es un agente y ya está; el modelo funciona mejor y más eficientemente sin meterse en complicaciones.

Como habéis visto en el ejemplo de Freddy, por cierto, no es necesario ser consciente para asignar agencias en nuestro entorno. La agencia tiene que ver con reconocer a los demás y prever lo que harán, no con reconocernos a nosotros mismos. Los mecanismos automáticos y predecibles en el cerebro de Freddy están condicionados(3) para reaccionar de una manera cada vez que yo digo algo y de otra manera cuando lo dice otro, pero sigue sin haber nada especial en el cerebro de Freddy, nadie “a los mandos”, ningún sujeto de sus verbos que toma las decisiones. “Sólo” hay un cerebro maravillosamente complejo con una programación indeciblemente compleja, pero que al final sigue funcionando automáticamente y que asigna a determinadas entidades una agencia, una identidad a lo largo del tiempo, la tengan (como yo) o no la tengan (como el ordenador). Lo importante es que “los demás” “hacen cosas” “porque quieren” y que esas “querencias” pueden ser definidas y catalogadas en otros modelos llamados “personalidades” e incluso modificadas para que los agentes hagan “otras cosas” que son placenteras (como las golosinas o los mimos).

El modelo de la realidad evoluciona entonces para incluir la personalidad y responsabilidad del agente. Así, algunos individuos tienen características tal que si yo les rasco la espalda luego ellos me la rascan a mi, y otros hacen justo lo contrario: les rasco la espalda y pasan de mi. Ese tipo de rasgos definen, en un primer momento, la presonalidad, y la evolución apoya los cerebros que, cuando se enfrentan a un egoísta, no vuelven a prestarle atención. Si yo le rasco la espalda a alguien (o le despiojo, o le doy parte de mi comida) más me vale hacerlo con alguien que luego hará lo mismo conmigo, con un simbionte, y no con alguien que no lo hará, con un parásito. Eso hace que perciba la compañía de ciertos individuos como deseable, y que me sienta bien estando junto a cierta gente que me va a proteger a cambio de mi protección. Definimos así personalidades más o menos atractivas en función de lo que reportan de vuelta al modelador por sus esfuerzos. Con un mecanismo idéntico, si alguien nos pega con un palo y nos quita la comida, los cerebros que le hagan responsable a lo largo del tiempo y se protejan cuando le vean venir (o vayan a buscar un palo más grande y luego no se olviden de lo que iban a hacer) tienen ventaja frente a otros, no solo porque tienen mayores posibilidades de volver al status quo ante sino porque si le rompo la cabeza a quien me pegó con un palo existen muchas menos probabilidades de que vuelva a hacerlo porque sabe lo que le espera. Y el modelo de la realidad se vuelve cada vez más complejo, con amigos, enemigos, gente en la que se puede confiar, actividades que es mejor hacer con este que con aquel…

Y, finalmente, llegamos a un cerebro cuyo modelo de la realidad es tan elaborado que incluye un modelo del modelador (y no creo que sea necesario explicar las ventajas evolutivas de esto). Aparece entonces la consciencia, el ser humano, cuyo cerebro modela la realidad “como si él existiera”, sin que sea relevante si verdaderamente existe o no, y que como a todos los entes semejantes asigna la categoría suplementaria, adicional, de agente. Y con la agencia viene la asignación de una personalidad, de unas características, de una identidad. Primero fueron los demás, ahora somos nosotros mismos. La forma más sencilla que tiene uno de modelizar a los demás es crear una identidad, llamada “Papá” o “Mamá” o lo que sea, y asignarle unas características de acuerdo a la observación; la forma más sencilla de modelizar nuestra existencia es mirar alrededor, ver a Papá y Mamá y concluir que nosotros también existimos, que también somos agentes, que también controlamos nuestros actos como ellos controlan los suyos.

Pero en realidad no es así. Es solo una ficción, una simplificación, un modelo útil. Al igual que el ordenador con el que me cabreo no es un agente aunque a mi cerebro se lo parezca, yo mismo no lo soy. Y no lo soy porque tampoco lo son Freddy, ni Ana, ni Papá ni Mamá. Somos organismos vivos, maravillosamente complejos que aparentamos tener personalidades y tomar decisiones y a los que es útil y simple considerar como dotados de personalidades y de libertad para decidir y de responsabilidad por nuestros actos. Pero en el fondo, en realidad, no somos más que hermosos termiteros, construidos por termitas que no saben ni lo que hacen ni por qué y que, cuando se miran en el espejo, se creen la Sagrada Familia.

No hay nadie a los mandos, nadie tras nuestros ojos tomando decisiones. Nuestros pensamientos no tienen pensador. No hay agente. No hay yo. Son conceptos que inventamos a lo largo de los milenios para simplificar la realidad de una forma que se nos hiciera comprensible y son conceptos bonitos y útiles pero, en el fondo, en realidad, son falsos.

What you see is all there is.

Arthegarn_______________________________________
(1) En realidad los han dejado de “mandar” mucho antes desde el punto de vista evolutivo: todo sistema nervioso, incluso el más simple, es básicamente el organismo reaccionando más deprisa de lo que los genes pueden reaccionar y, por tanto, “quitándoles control”. Las termitas no tienen cerebro como tal, pero a estos efectos su sistema nervioso hace las veces del mismo. El hecho de que su “programación” sea más obvia que la de, por ejemplo, un perro, no quiere decir esa programación no exista y que por tanto los genes no tienen ya control directo.
(2) Es importantíismo esto de que los genes mutan aleatoriamente. El error más común al entender la evolución por selección natural es precisamente la asaignación de intencionalidad a la misma, la concepción de que los genes cambian “para” adaptarse al medio. No es así. Cuando se produce una mutación en general es negativa y el ser producto de ella muere o queda estéril, pero algunas mutaciones mejoran el fenotipo, lo hacen más eficiente y competitivo y hacen que ese genoma se reproduzca más, eventualmente sustituyendo al modelo original. Pero no caigais en el sesgo cognitivo de la historia de éxito: el hecho de que la evolución solo os enseñe a los mutantes ganadores no quiere decir que todas las mutaciones mejoren la especie y muchísimo menos que los genes muten “para” adaptarse al medio. Es pura suerte. Somos el producto de 3.000 millones de años de muchísima suerte.
(3) En realidad cogerá el más útil, es decir, el que para igual cantidad de recursos invertidos produzca mejores resultados teniendo siempre en cuenta que los resultados se miden en progenie. Vuelvo a decir que esto es muchísimo más complicado de cómo lo cuento, la mejor forma de verlo y entenderlo en serio es mediante modelos matemáticos.
(4) Nota particularmente para los frikis de las ciencias: la única razón por la que escribo aquí “condicionados” en vez de “programados” o “determinados” es que no está demostrado que determinados sucesos cuánticos que suceden en los microtúbulos de las neuronas no tengan una influencia relevante en si esa neurona se “dispara” al recibir un estímulo determinado de las neuronas circundantes o no. En el primer caso nuestro cerebro sería un sistema determinista y determinable (sería hipotéticamente posible adquirir suficiente información como para predecir exactamente qué va a hacer en cada momento), en el segundo sería un sistema determinista pero indeterminable (sería imposible saber qué va a hacer exactamente en momento alguno con toda certeza porque el funcionamiento del sistema sería parcialmente aleatorio). En cualquier caso la conclusión es
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Para saber más:
• Sobre evolución por selección natural, El Gen Egoísta (1976, edición anotada y corregida de 2006), que también tiene mucha información sobre etología y “psicología” animal y, sobre todo, El Fenotipo Extendido (1982) del biólogo Richard Dawkins.
• Sobre la relación y comunicación entre genes y mente, El Error de Descartes (1994, edición revisada de 2011) del neurólogo y filósofo Antonio Damasio.
• Muchas de las ideas sobre la relación y diferencia entre mente y cerebro están mucho mejor desarrolladas en La Conciencia Explicada (1991) y La Evolución de la Libertad (2003) del filósofo Daniel Dennett. También de Dennett, pero para entender la evolución por selección natural, La Peligrosa Idea de Darwin (1995).
• Sobre el mismo tema, La Nueva Mente del Emperador (1989) del matemático Roger Penrose. El lector con suficiente base puede saltar a la parte X, pero a todo el que no tenga un máster en una disciplina científica le recomiendo muy encarecidamente que se arme de paciencia y se lea el libro entero, va a aprender una burrada de forma muchísimo más amena de lo que espera.
• Lo de los arcos de las termitas lo saqué, como muchas otras cosas, del maravillosa Gödel, Escher, Bach, un Eterno y Grácil Bucle (1979, Pullitzer en 1980) del también matemático y divulgador Douglas Hoftstadter. Aproximadamente a mitad de este libro uno se da cuenta de que el mundo se divide entre los que se lo han leído y los demás.

La Ilusión de la Consciencia (III)

NOTA PRELIMINAR: Este es el tercer artículo de una serie que dejé inconclusa en 2009. Si llegas aquí de primeras deberías leerlos para antes (aunque no es imprescindible) para aclarar algunos conceptos y comprender el objetivo de la disertación. Si estás siguiendo la saga… pues perdona por el retraso.

Decíamos ayer que el argumento del cogito cartesiano es lógicamente erróneo y que el hecho de que existan mis pensamientos no quiere decir que exista un “yo” inmaterial que los piense, rebatiendo el argumento filosófico más popular para probar la existencia del pensador-agente. Pero por supuesto, esto no demuestra que el pensador no exista, estamos muy lejos de eso. Simplemente demuestra que una prueba de su existencia es errónea, pero estamos muy lejos de evidenciar la inexistencia de la conciencia individual, de la que todos una experiencia íntima y directa. “Yo” existo y eso es obvio; antes nos resultaría más creíble que nos dijeran que todo lo que sabemos y percibimos es en realidad una ilusión, que vivamos en Matrix, que el que nos digan no existamos como agente pensante, que “yo” no estoy detrás de mis ojos, pensando mis pensamientos y tomando mis decisiones. Así pues, ¿qué puede llevar a Arthegarn a decir que la consciencia , esa percepción inmediata de uno mismo, es en realidad una ilusión?

Empecemos por ahondar en cómo funciona nuestro cerebro y, en concreto, en el campo de las ilusiones. Descartes escribió las Meditaciones Metafísicas al calor de la chimenea, sentado en un sillón, con su bata puesta y su coñac, pero por acercar la filosofía a las masas, estoy seguro que alguna vez os habréis sentado en la taza del váter y, mientras estáis a lo vuestro y bastante aburridos, habéis el gotelé frente a vosotros y habréis visto caras aparecer de la pared. No como las caras de Bélmez o en plan peli de miedo sino como si esas gotas sugirieran una caras que vuestro cerebro termina de montar. Es un fenómeno universal, muy estudiado por la psicología, llamado pareidolia, consistente en que nuestro cerebro toma percepciones vagas y aleatorias y les otorga significado. Y no es solo el gotelé, la pareidolia nos hacer ver caras en todas partes, y formas en las nubes, y tendencias en el IBEX. Realmente no están ahí, son ilusorias, pero las percibimos de cualquier modo. Hay una razón para este efecto y es una razón evolutiva: nuestro cerebro no evolucionó para analizar exhaustivamente la realidad  y encontrar la Verdad absoluta (aunque podamos usarlo para eso), sino para el mucho más mundano propósito de sobrevivir, reproducirnos y que nuestra progenie sobreviva y se reproduzca.

Imaginad hace unos cuantos millones de años dos pequeños mamíferos dotados de pequeños cerebros que están tranquilamente al sol cuando oyen un ruido en un matorral cercano. Los dos miran a ver qué ha causado el ruido y entre el follaje ven una forma difusa difícil de definir. El cerebro de uno de ellos coge esa forma difusa, le da contenido (“¡un tigre!”) y sale corriendo; el cerebro del otro, más meticuloso, busca más datos para elaborar una respuesta correcta y evitar equivocarse… y para cuando ha terminado su análisis es almuerzo de un tigre. El animal dotado de un cerebro que imaginó el tigre donde en realidad no lo había visto sobrevivió y tuvo crías con cerebros parecidos, el otro no. La evolución determina que hayamos desarrollado el tipo de cerebro que funciona con pareidolia, es un instrumento de supervivencia, una ventaja frente a quien no la tiene. Todos nuestros cerebros, y no solo los de nuestra especie sino todos los del planeta, funcionan de la misma manera en este sentido. Aunque la información sea incompleta, aunque de vez en cuando se equivoque, el que se equivoca en ver un tigre donde no lo hay vive para volver a equivocarse, pero el que se equivoca en no verlo donde lo hay, no(1)

Este suceso no se da solamente en el estadio de desarrollo del ejemplo, sino en ancestros muchísimo más remotos. No solo desde que se empieza a desarrollar un cerebro propiamente dicho, sino desde que se empieza desarrollar la vida autónoma, animal, semoviente, quien reacciona más deprisa tiene una ventaja, que es por lo que tenemos cerebros. Una ameba, por ejemplo, reacciona automáticamente a los estímulos tan deprisa como puede de acuerdo a una programación, extremadamente sencilla, determinada y desarrollada por sus genes. Una ameba no es más que la forma que tienen los genes de la ameba de hacer copias de si mismos. Para que nos entendamos, los genes de la ameba llevan codificados una especie de “robot” biológico, que les sirve a la vez como transporte y como protección, y que les da más posibilidades de copiarse que a las cadenas de ADN que no son capaces de desarrollar estos robots.

Una ameba reacciona a sus estímulos de forma independiente y distinta a como reaccionan sus genes. Los genes no saben hacer otra cosa más que copiarse, pero una ameba, por ejemplo, siempre se dirigirá a la zona de la placa Petri que tiene mayor concentración de glucosa. Como ser carente de cerebro debería estar claro que no está decidiendo hacerlo: una ameba se mueve respondiendo a instrucciones extremadamente simples que le hacen comportarse siempre de una forma determinada; instrucciones (esto es muy importante) que no están escritas en el genotipo de la ameba sino en su fenotipo. No son los genes de la ameba los que “deciden” buscar glucosa, “conduciendo” la ameba como quien condice un coche; los genes (sin voluntad ni mente) han construido una máquina (sin voluntad ni mente) que tiene la característica de que siempre va hacia la glucosa.  Pero no hay volición en absoluto en una ameba, se comporta así porque está físicamente determinada para comportarse así, no hay mente ni libertad ni alternativa alguna. Existe la tentación de asignar a la ameba algún tipo de volición rudimentaria, ya que la vemos comportarse de una forma, hacer cosas como si supiera qué le conviene. Bien, no es cierto. Al igual que un espejo es capaz de reflejar imágenes muy complicadas a través de un proceso físico muy simple y totalmente determinista (2) una ameba puede comportarse de forma aparentemente inteligente, pero no es más inteligente, ni tiene más libertad a la hora de decidir qué hacer, que la que un espejo tiene a la hora de decidir qué reflejar.

Este tipo de programación automática y determinista puede verse igualmente en animales muchísimo más desarrollados que una ameba y que tienen comportamientos infinitamente más complejos, pero no por ello menos predeterminados, que una ameba. Consideremos, por ejemplo, a las termitas. Una termita tiene un rango de libertad, de cursos posibles de acción, increíblemente mayor que el de una ameba, pero eso no quiere decir que tenga intencionalidad –es decir, capacidad para elegir dentro de ese rango de libertad en función de un objetivo- ni en su mínima expresión. Sus acciones están tan programadas y predeterminadas como las de la ameba, y siguiendo el mismo procedimiento. Una termita responde a una serie de instrucciones muy simples, inscritas en su sistema nervioso de forma parecida a cómo los circuitos impresos de una máquina(3) determinan su funcionamiento. Por ejemplo, una instrucción puede ser “si no estás haciendo nada, baja a la cámara inferior y coge un poco de arcilla”, otra, “si llevas arcilla ve hacia arriba hasta que la temperatura sea X”, otra “si la temperatura es X y detectas que otra termita ha pegado su pegote de arcilla cerca, pega el tuyo encima”, otra “si estás trepando para colocar tu piedra y detectas que otra termita ha colocado una piedra cerca pero no en vertical, coloca tu piedra lo más cerca posible de esta segunda”, etc. Y así, sin saber lo que están haciendo, sin saber ni siquiera que existen, respondiendo a programa un codificado en sus genes y escrito en sus sistemas nerviosos, las termitas construyen arcos y levantan la Sagrada Familia.

Y es que al observar la vida y obra de los insectos sociales surge en nosotros la idea de que es imposible que construyan sus hormigueros, colmenas y termiteros sin tener la más mínima idea de lo que están haciendo. Una obra tan compleja parece diseñada por alguien y quizá, aunque individualmente los insectos no tengan consciencia, en colonias desarrollen algún tipo de inteligencia colectiva que les da la capacidad de concebir y ejecutar estas obras que requieren de tanta coordinación y que a un ser humano le costaría diseñar. Pero en realidad no es así: ni la termita tiene consciencia ni decide nada, ni la colonia tiene consciencia ni decide nada. La presencia de otras termitas afecta al comportamiento de la termita individual exhibiendo conductas que no exhibe en soledad, pero eso es todo, y es parte de su programación como hemos visto. El hecho de que una acción o una obra parezcan ejecutados por un ente inteligente y consciente de lo que hace no implica que verdaderamente sea así. No obstante la asignación de intencionalidad, la idea de que las termitas tienen que saber lo que están haciendo o no serían capaces, también es un fenómeno universal, parecido aunque muy superior a la pareidolia, que es crucial para nuestro tema y del que hablaremos, junto con de la función y funcionamiento de los cerebros y las diferencias entre cerebro y mente, en el próximo capítulo.

(Continua.)

Arthegarn
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(1) Todo esto es, en realidad, muchísimo más complicado pero detallar pormenorizadamente cuales son exactamente los mecanismos evolutivos que llevan a la pareidolia y que determinan (por ejemplo) qué grado de la misma es el aconsejable y cual no (si saliéramos corriendo cada vez que vemos un matorral no ganaríamos para sustos, por ejemplo) excede con mucho el ámbito de este artículo. En particular quiero hacer notar que la evolución por selección natural no es determinista como la estoy describiendo, ese ejemplo es ilustrativo nada más. En realidad siempre deberíamos hablar de probabilidades: de unos genes que llevan codificado un cerebro con una estructura morfológica tal que es más tendente a la pareidolia que los demás, que da a su poseedor mayores posibilidades de supervivencia y reproducción y que por tanto tiene más probabilidades de fijarse en la cadena genética. Por el mismo proceso no se fijan en la cadena genética los genes que producen cerebros que tienen demasiada tendencia a la pareidolia e imaginan una realidad errónea demasiado a menudo y hacen que el animal salga corriendo cuando no debe demasiadas veces,, malgastando los recursos y reduciendo sus posibilidades de supervivencia. En términos estrictos, en el proceso de evolución por selección natural nunca podemos decir que un cambio se produjo “para” algo, simplemente se produjo, resultó útil en ese momento y se fijó en el ADN.
(2) La “intencionalidad” de la evolución (esa tentación de poner el “para”) es otra de las características de la mente humana, muy parecida a la pareidolia, y que veremos más adelante.
(3) Técnicamente, de una máquina no reprogramable.

Recuerdos y planchazos

Hoy, día internacional de la mujer trabajadora, quiero compartir un recuerdo de cuando era adolescente.

Tenía yo unos catorce años, debía de acabar de entrar al instituto, y una mañana de sábado en la que mi hermana Eva y yo estábamos estudiando (bueno, ella muy probablemente estaría estudiando, yo estaba preparando la partida de D&D de la tarde, de eso sí que estoy seguro) tuvimos una bronca de esas de hermanos porque decía que la música que estaba poniendo (Reinzi) no le dejaba concentrarse. Como, de cualquier manera, yo no tenía ninguna gana de seguir encerrado en el cuarto, tras los siete gritos de rigor que se tienen que pegar dos hermanos adolescentes que comparten cuarto, máxime si son de distinto sexo, quité la música, cogí mis papeles y me fui dando un portazo. Como misplanchar[1] otras hermanas estaban en la salita y mi padre leía en el salón (y, en cualquier caso, era muy pronto para poner la tele, que en mi casa no se ponía hasta el medio día) me fui a la cocina donde me encontré a mi bendita madre planchando.

Saludé, me senté en el banquito, puse mis papeles sobre la mesa pero, como en realidad estaba a medias entre aburrido, furioso y hormonado como solo un adolescente puede estarlo, no pude seguir. Mi mente divagaba y era incapaz de concentrarme en el esquema defensivo de combate en exterior que estaba diseñando, con el grupo formado en cuadro, los magos en el centro, los clérigos en segunda línea y los guerreros de mayor nivel en punta y ese tipo de cosas que antes se hacían con la imaginación y ahora requieren una consola y una conexión a internet de alta velocidad. Y mientras razonaba que la mejor forma de formar el cuadro era que el personaje de mi hermana, Lady Andruin, se colocara en la punta del cuadro opuesta a en la que estaría Sir Drymard (mi personaje) porque era claramente segundo personaje más poderoso en lucha cuerpo a cuerpo ya que podía hacer lo mismo que los otros caballeros y contra algunos monstruos como orcos y goblins era casi hasta mejor que yo cuando, al alzar la mirada distraídamente mientras meditaba sobre el tema, vi a mi madre planchando y algo hizo “click” en mi cabeza.

Por supuesto, eran otros tiempos así que para las generaciones actuales esto debe sonar más de la edad media que las armaduras que llevábamos, pero lo que pensé fue que ya no había chicas como mi madre. Que todas las chicas listas que conocía querían ir a la universidad y trabajar y tener carreras profesionales y que, aunque probablemente acabaran casándose y teniendo hijos y quedándose en casa, que era lo natural, ninguna de ellas estaba aprendiendo lo que tenía que aprender. Vale, sí, sabrían mucho de verbos intransitivos, y de enlaces covalentes y algunas (como mi hermana) podían ser mejores que yo con las ecuaciones de segundo grado, pero… ¿Cuántas de ellas iban a aprender a barrer, o a limpiar? ¿O a planchar, aquél país desconocido al que yo jamás me había ni siquiera acercado? Porque, aunque encontrara una chica como mi madre, algo totalmente imposible porque cuando Dios la hizo rompió el molde, una mujer que no entrara a la Universidad a buscar novio sino a cursar una ingeniería superior y que, en un momento determinado, decidiera cambiar las ecuaciones diferenciales por sus hijos y la plancha… Aunque encontrara a esa mujer, si se había dedicado a estudiar y no a aprender sus labores… ¿quién iba a planchar mis camisas?

Así que, tras considerar brevemente la posibilidad de restringir mis posibles esposas a solo aquellas que supi38655_1491556801583_5561391_neran planchar y desechar la idea por ser tan restrictiva como estúpida, le dije a mi madre: “mamá, ¿me enseñas a planchar?”

Hoy en día mi hermana, además de madre, es ingeniera aeroespacial, una de las mejores y más consideradas en su campo en Europa. Mis otras dos hermanas, emigrantes por desgracia, son: la rubia, madre y científica dedicada a la investigación (en Francia) y la morena productora del cine que se ve en Cannes y en la Berlinale (en Costa Rica). Y yo soy un virtuoso de la plancha. Con mi carrera profesional también, desde luego, pero os apuesto cualquier cosa a que plancho mejor que todas ellas. Y, a diferencia de cómo era en aquella época en las que daba tantas cosas por sentado, también soy feminista.

La moraleja de esta historia es que, en este día de la mujer trabajadora no quiero quedarme simplemente en recordar los problemas adicionales a los que se enfrentan sus mujeres en sus vidas profesionales. Quiero recordar también a todas las mujeres que hacen de sus labores su laboro y que tienen que luchar contra el increíblemente injusto estigma de que lo hacen porque no saben hacer otra cosa, o porque han fracasado en la vida profesional, o porque están psicológicamente sometidas a sus maridos. Y quiero recordar a los hombres que, por contra, saben que con tener una carrera profesional fuera de casa no está todo hecho y que la igualdad no es solo de puertas a fuera sino también de puertas a dentro; los hombres que viven en pareja y planchan, cosen, barren, friegan y se ponen los guantes de plástico para rascar bien la taza del váter los fines de semana; y los hombres que no viven en pareja… pero no esperan que lo hagan sus madres.

Que aquí, o todos moros o todos cristianos pero para todo.

Feliz día de la mujer trabajadora,

Arthegarn

Spock wouldn’t like this post.

Leonard Nimoy, the actor who portrayed Spock died yesterday.

And my heart is broken. And my throat hurts. And my eyes are wet. And it’s all highly illogical.

I never met the guy. He meant nothing to me. I hear he was a wise, kind, charitable person who had grown into the shoes that fiction had him wear, but I never met him, or talked to him, or shook his hand. I therefore shouldn’t be this sad,

But I am.

Spock died today. In an awful way that is so diminishing to the actor who was Spock, and in which the Catholic in me feels so guilty, Spock died today. And my heart is broken.

I modelled the best part of my life after Spock. When I was a small, four-eyed skinny kid whom other kids would abuse because they could – and because I was clever – I stuck it out because, in that twisted, convoluted and basically mistaken thing that is a child’s mind, there was Mr. Spock. He was the odd kid too, the one nobody understood, the one who ran circles around all the rest and the one on whom nobody picked – because he was so above them they couldn’t reach him. Spock was a beacon on hope during my beating years. If there was such an adult as him, imprevious to harm and ridicule, watching the puny mortals crawl around their business as harmless clockwork pieces while saving their lives all the time, even of they were nothing to him, then there was a chance for me, a chance that life would be bearable at some point, a chance that I would be able to live just by myself, and my thoughts, and reason. Logic was there to save nimoy-star-trek-khanme. Whenever pain and loneliness would become too hard, I could just run into Spock mode and shrug them away. He taught me the difference between alone and lonely, and he made me love logic, reason, in the end, science.

Then I grew up, of course, and I realized Spock was not just about that. He had friends, even loves, and he deeply cared about them. He was not a marble statue against which life would bounce, he craved for life, and knowledge, and experience, and feelings. Even if they hurt. It was not about how he deflected life, it was about how he managed life. And I fell in love with him again, and I saw how wise that approach was, and I followed him again as a young adult. He was one of the best role models a man can have, one that will grow with you and not simply teach you, but demand and urge of you that you become all that you are capable of, despite the circumstances. You must do your best, always; all other alternatives are illogical. And you can do it, look at me, I did it and succeeded; I am doing it, if I can do it, so can you. So pick up your soul from the floor and move along, moaning won’t help and you know it. It’s not that it doesn’t hurt, it’s about how you handle hurt: harness it, turn it into logic, ride on that pain to go further than those who inflict it, ride it to go where no man has gone before.

Spock was -is- one of the best role models anyone can have. He made me believe I was invincible, he made me believe in me when nobody else would, he made me carry on. In ways that I don’t care to explain, he saved my lefe many times. And now Leonard Nimoy, the actor who played him so elloquently, is dead. And with him, in my puny, little, illogical human mind, dies Spock. And in that death I am reminded that we are finite, that even an idol like Spock, the imprevious, the ever-reliable eyebrow-cocked imaginary friend, can cease to exist; that we walk a path all our lives towards ideas and models that, in the end, are as fallible, breakable… as human as we are.

And, although I already knew that, being reminded in such a way hurts. My heart hurts. And my mind hurts, because I shouldn’t be hurting just because someone I never knew, somebody I never met or shook hands with, someone who just played a fictional character who appeared in a series I liked, died yesterday. And -I guess- it’s diminishing to the man he was that I just mourn a part of him, and a fictional part at that. Just the symbol. His friends and family, who knew and loved him for what he was, must be having an awful time. And my heart and thoughts go with them.

But, I’m sorry, I can’t help feeling the way I do. Spock died yesterday. And that, in my world, is an unspeakabgle tragedy. A beacon of light, logic and charity has gone off forever and I’m not sure where will I run to next time that darkness surrounds me.

Farewell, Mr. Nimoy. You don’t know it but, through your acting, you shaped my life. As epitaphs go, I don’t think many actors get one like that.

And, for the rest of you, live long and prosper.

Arthegarn

Balance y memoria de 2013

Se acerca el fin de año y, una vez más, siguiendo la tradición inaugurada por mi hermana Zalasa, llega el momento de hacer balance del año que acaba y propósitos para el año nuevo.

Propósitos que me marqué para 2013:

  • Seguir con la política de ver más a la gente que quiero, Incumplido, en parte porque me robaron el coche a principios de año y no he tenido la movilidad que esperaba. Lo que más rabia me da es no haber organizado la quedada de La Aventura.
  • Hacer ejercicio: Incumplido, en parte porque dejé Vestas y me quedé sin gimnasio
  • No beber nada que no sea vino con la cena: Incumplido, pero tengo que decir que estoy muy orgulloso porque me he quedado muy cerca y el objetivo era muy ambicioso.
  • No agarrarme ni una curda en todo el año. Incumplido, pero una vez más solo han sido dos o tres, lo cual para mi está espectacularmente bien.
  • Escribir más. Horriblemente incumplido. Este es el duodécimo artículo del año, he escrito uno por mes y quería escribir uno por semana. De pena.
  • Arthegarn punto com. Algo se ha hecho gracias a Mithur. Ahora me lo está mirando Nelson a ver qué se puede hacer…
  • Ahorrar por encima del 15% de mis ingresos netos. No cumplido, pero por un 1%.
  • Dejar Vestas e irme a otro sitio donde me paguen más y tenga más proyección: Superado. Superadísimo, diría yo. Ver la sección de cosas buenas.
  • Minimizar las incertidumbres administrativas del Gastrochigre. Superado. O algo. Desde luego, ya no hay incertidumbre administrativa alguna…
  • Ser padre. Incumplido, pero bueno. Ya caerá.

Cosas buenas de 2013:

  • Cerberus. Me encanta mi nueva empresa, mi nuevo jefe y mi nueva posición. Independientemente de estar cobrando un 25% más que en Vestas, estoy como loco de contento por haber vuelto a la élite profesional que dejé cuando me fui de Clifford Chance, de echarle todos los días diez horas y fines de semana porque me da la gana y llegar a casa cansado pero orgulloso. Mucha gente me ha dicho que me ve más delgado. En realidad no lo estoy, lo que pasa es que estoy más contento y se me nota en la cara.
  • Mi nuevo trabajo, que no es lo mismo que mi nueva empresa. En mi nuevo puesto he pasado de ser una fotocopiadora bilingüe glorificada a tener un puesto de auténtica responsabilidad, a tener iniciativa y capacidad de decisión (aunque sea delegada); a que consejeros delegados y directores generales pidan reuniones conmigo; a que me den la inefable Blackberry (ya la odio), el portátil, la tarjeta de crédito, la plaza de garaje en el centro y a que me monten un puesto de trabajo en casa para cuando trabajo desde aquí. Nada más llegar mi jefe decidió darme cuerda a ver si me ahorcaba y aquí seguimos, él dándome cuerda, yo sin ahorcarme, y los dos tan contentos.
  • Haberme ido de Vestas,que una vez más no es lo mismo que lo anterior. Mientras estaba allí pensaba que, quitando a algún imbécil redomado, la cosa no estaba mal. Pocas semanas antes de irme me di cuenta de cómo era la gente en realidad (con honrosas excepciones) y, por lo que he hablado con quienes se han quedado allí, las cosas no hacen más que empeorar. La falta de excelencia reinante me estaba acogotando y yo no me daba ni cuenta; y es que un mediocre puede estar trabajando con uno de los mejores de España en lo suyo y no solo no darse ni cuenta, sino reírse de él. Pues mira, your loss, my gain.
  • Ana, que me sigue queriendo. Haber superado cum laude la prueba de irnos a vivir solos en pareja.
  • Mi familia y mis seres más queridos siguen bien, felices, animosos, con salud, con trabajo los más que los menos y más tiempo que no y de general buen rollo. No news, good news, pero es que hay que incluirlas entre las buenas noticias.
  • Londres. Me encanta esa ciudad, cada vez que voy me gusta más, y este año he podido ir cinco veces; la mayoría de ellas pagadas por la empresa.
  • Evolucionar con mis amigas y amigos. Cambiar y adaptarme con ellos pero siguiendo siendo nosotros, conocer algunos nuevos de todas las edades, poder hablar y conversar y discutir y crecer y disfrutar de las mañanas y las tardes, además de delas noches.
  • El autocontrol. Este año ha supuesto la prueba de que soy capaz de obligarme a cambiar mis rutinas para dejar las más dañinas y adquirir otras más saludables. Ver que puedo hacer ejercicio regularmente, o beber menos, o hacer dieta, o lo que sea.
  • El tío Mike en particular y los Delos en general. Este año les he visto mucho más que otros, he podido profundizar en la relación con esa parte de la familia y llevármelos de copas y tal, y la verdad es que me lo paso muy bien y disfruto mucho. Cada uno a su manera son gente muy maja.
  • El papa jesuita aunque no haya tenido nada que ver con ello. Vale y, además, el hecho de que ya casi no me duela el corazón cuando pienso en Dios.

Cosas malas de 2013:

  • El “cierre” de mi “relación abierta”. Darme cuenta de que, en contra de lo que yo pensaba, mi relación era un helado de vainilla con una especie de cláusula de escape digna de un chiste de físicos. Y enterarme dos semanas antes de mi cumpleaños, para el que estaba preparando un fiestón del que se hubiera hablado durante una década.
  • El robo de mi coche. LOS robos de mi coche, de hecho, porque primero me lo robaron, apareció, me gasté varios miles en arreglarlo y al mes me lo volvieron a robar.
  • El cierre del Gastrochigre, con el que se van, además de la ilusión y el trabajo de HK y compañía, los ahorros de cinco años y un crédito que pedí para ampliar capital; eso sin contar la parte de Ana.
  • El despido de Ana en octubre de un trabajo que le gustaba y en el que era feliz.
  • La recaída en una enfermedad muy complicada de un amigo mío muy querido y su inicial desánimo aunque luego le haya echado cojones.
  • La marcha de Cribby a Estados Unidos. Otros amigos también han emigrado este año (notablemente Haplo) pero están mucho más cerca y si les echo de menos me puedo plantar ir a verles un fin de semana. Lo de Cribby me da muchísima rabia y, como ya he dicho alguna vez, salir por el centro de Madrid sabiendo que no te vas a tropezar con ella de casualidad… está bien pero no es lo mismo.
  • La mala gestión de mi tiempo libre que me ha llevado, entre otras cosas, a leer poquísimo y a escribir todavía menos mientras que me he tirado, por ejemplo, horas y horas y horas enganchado al Game of Thrones: Ascent.
  • El nihilismo que está empezando a impregnar mi psique y del que no he hablado con nadie que me haya querido escuchar. Mi falta de capacidad para manejar el materialismo y mi dificultad para encontrarle un sentido a la vida si no existen realidades trascendentes (i.e. sobrenaturales). La repetición en mi cabeza muchas noches, de forma espontánea, cuando me estoy quedando dormido, de las frases “todo es mentira” y “en realidad nada importa” (sobre todo de la primera). La verdad es que me parece un pésimo sustituto del Padrenuestro…

Propósitos para 2014:

  • Ir a ver a Zalasa y Jotapé a Costa Rica.
  • Hacer ejercicio 200 de los 365 días.
  • Cumplir rigurosamente mi plan de adelgazamiento ligado al alcohol que ensayé en 2013 y que tan buen resultado me ha dado (Básicamente: no puedo beber alcohol si pero más de 73 Kg, sólo vino con las comidas si pero más de 72, lo anterior pero incluyendo cerveza y tapeos, aperitivos, coñac tras los cenorrios, etc. si peso más de 71; lo anterior más cerveza hasta la medianoche si pero más de 70 y lo que quiera si peso menos de 70).
  • Escribir más.
  • Leer más
  • Ahorrar por encima del 20% de mis ingresos netos.
  • Montar una Noche de Walpurgis que tiemble el Misterio.
  • Aunque no depende totalmente de mi, ser padre.

Veremos como se da todo. De momento, felices fiestas, y feliz 2014 a todos.

Abrazos,

Arthegarn