El Gran Quadre (The Big Picture)

Tengo unos días absolutamente infernales de trabajo delante de mi, pero no quiero dejar escapar estos cinco minutos libres antes de que empiecen para compartir una profecía sobre las radicales consecuencias que la espectacular diada de ayer va a tener.

Ninguna.

Por dos razones, fundamentalmente:

  1. No va a traer la independencia de Cataluña porque eso implicaría una reforma constitucional de un calado inimaginable y la experiencia nos dice que aquí la Constitución no se toca así quemen el Congreso. Vivimos en un país de políticos inamovibles cual esposa de Lot que ignoran totalmente toda manifestación popular que no estén manipulando ellos mismos. «Madrid» hará caso omiimagesso, a la hora de la verdad, de la diada. Dejará que sus ecos se apaguen con el tiempo sin hacer absolutamente nada, exactamente igual que hizo con el 15-M, y cuando resurjan sus ecos cada año los aguantará estoicamente. Y, si en algún momento el tema se llegara a poner serio, lo que hará será otra serie de reformas, que vendrían muy bien a España pero que no tendrían nada que ver con la independencia de Cataluña (reforma de la LOREG y del Título III, por ejemplo) y serían más que suficientes como para desviar la atención y las energías de ese proyecto.
  2. Pero es que, además, tampoco va a traer como resultado el concierto económico catalán que verdaderamente quieren CiU y los catalanistas no soberanistas. Y no lo va a traer porque como se empezara a hablar del tema, Europa, que está presionando por una mayor consolidación fiscal en España como una de las (inexistentes) condiciones para el (inexistente) rescate de España, no soltaría un céntimo. Y como necesitamos ese dinero como el maná los israelíes en el desierto, «Madrid» no efectuará movimiento drástico alguno en esa dirección (lo que es más, igual se ven forzados a hacerlo en el sentido contrario). Los catalanistas gritarán y gritarán y el palau derribarán, pero desde Madrid se aguantarán o, como mucho, realizarán algún acto o concesión simbólica porque Paris vaut bien une messe.

Así, en cinco minutos y a vuelapluma, es todo lo que puedo decir. A ver si el tiempo me da la razón.

Saludos a todos,

Arthegarn

María Dolores Carrión, que rima con dimisión.

Esta mujer ya había demostrado su absoluta incompetencia con su gestión del 15-M, pero lo de ayer de la marcha laica ha sido unir el insulto a la ofensa. Hay que exigirle a Zapatero que la destituya de forma urgente.

No me voy a poner en este artículo a analizar en profundidad lo que pasó ayer en Sol. Según que periódico leas, qué emisora de radio La_delegada_del_Gobierno_en_Madrid_Dolores_Carrionescuches o con qué testigo directo hables, las situaciones de provocados y provocadores se alternan y la identidad de quien desenvaina la primera espada cambia. Tengo mi opinión al respecto, tanto sobre responsabilidades mediatas como inmediatas, pero en este artículo me la voy a callar. Tampoco voy a analizar la gestión que hizo Mª Dolores Carrión del 15-M. No me hace falta para el objetivo de este artículo porque todo el mundo está de acuerdo en que ha sido patética, pero creo que merece la pena mencionar que es el origen de todo lo que pasó ayer. La excelentísima señora Carrión (y nuinca lo de «excelentísimo» fue más falso) fijó entonces una política con los que traspasan los límites de la Ley (independientemente de que pensemos que están justificados para hacerlo o no), basada es la pasividad, el encogerse de hombros y la política de hechos consumados. Y de esos polvos vienen estos lodos.

Ayer Madrid dio una imagen bochornosa cuando miles de manifestantes anti-papa se enfrentaron con miles de pergrinos pro-papa en la Puerta del Sol. Considerando como están los ánimos en España, las pasiones que levanta este tema por ambos bandos y la inmensa cantidad de partidarios de cada uno de ellos que se juntaron en escasamente 10.000 metros cuadrados creo sinceramente que once heridos leves, de los que el más grave ha sido un policía con un corte en la mejilla, ha sido un precio muy, muy barato que pagar por la absoluta incompetencia de esta señora. Si estos dos grupos hubieran llegado a las manos, si hubieran llegado a acometerse, estaríamos hablando de cientos de heridos y decenas de muertos. Insisto, un precio muy bajo que pagar. Pero es que no hay por qué pagarlo.

Los enfrentamientos de ayer eran completamente previsibles. Hace falta ser rematadamente imbécil para permitir que 5.000(1) manifestantes anti-papa (o anti-lo-que-sea) se encuentren con otros tantos peregrinos pro-papa (o pro-lo-que-sea), en una ciudad, encima, literalmente tomada por los segundos y cuyo campamento principal, por el que pasean cientos de miles de ellos, empieza a escasos 900 metros. Pero analicemos el cúmulo de despropósitos, errores e inacciones de Mª Dolores Carrión que nos han traído aquí.

El 21 de julio se presentó ante la Delgación del Gobierno una comunicación sobre una “marcha laica” para el 17 de agosto que más de un centenar de organizaciones de diverso signo iba a convocar con fines dispares pero con un denominador común: protestar por la presencia del Papa. Algunos convocantes son cristianos de otras confesiones que ven al Papa como el anticristo, algunos son católicos de base que protestan contra la jerarquía imperial justinianea de la Iglesia, algunos son laicos que protestan por cualquier invDibujo--478x270olucración del Estado con la Iglesia, algunos son contribuyentes que protestan por la financiación pública de la JMJ(2), algunos son homosexuales que protestan por la presencia en su ciudad de una figura tan homófoba como perciben al sumo dirigente de la Iglesia Católica, algunos son rojos de toda la vida que, simplemente, odian a la Iglesia y todo lo que representa y la ven como una institución arcáica, estultizante, egoísta e hipócrita… pero todos comparten el objetivo común de protestar por la visita del Papa. La dicha comunicación, como marcan las leyes, incluye el recorrido propuesto, que empieza en la plaza de Tirso de Molina y termina en Sol.

En su línea para no tomar una decisión así la maten, M” Dolores Carrión pide informes a la Abogacía del Estado y al Ayuntamiento de Madrid. Estas dos instituciones, particularmente el Ayuntamiento, son tajantes. La Abogacía del Estado dice que hay recursos y jurisprudencia para alterar la manifestación e incluso vetarla por motivos de seguridad. El Ayuntamiento emite un informe desfavorable dice que hacer una manifestación contra el Papa durante la visita del Papa con la ciudad llena de peregrinos que vienen a ver al Papa es, desde el punto de vista de la seguridad (y desde otros) una pésima idea: hay que cambiar la fecha como ya se hizo con la procesión atea de Semana Santa. Si no se cambia la fecha, que es lo ideal, como mínimo es cambiar el recorrido, ya que el centro, y particularmente puntos emblemáticos y de fuerte atracción turística como la Puerta del Sol estará lleno de peregrinos. Una manifestación con un recorrido distinto tiene menos posibilidades de producir enfrentamientos y es, por tanto, más segura. Así que la Delegada del Gobierno hace suya la postura menos comprometida (cambiar el recorrido pero siempre por Madrid Centro, de cambiar la fecha o hacerlo en Castellana Norte, de Plaza de España a Nuevos Ministerios ni se habla) y autoriza la manifestación pero alterando el recorrido de tal forma que no pase por Sol.

Sin duda conocedores de la permisivida e inoperancia que Mª Dolores Carrión mostró con los “indignados” del 15-M, los convocantes declaran que, independientemente de la prohibición de la Delegación del Gobierno, ellos piensan terminar la concentración en Sol, que “no aceptan” el recorrido propuesto por la Delegación y que terminar en Sol es “irrenunciable”. A tal efecto piden una reunión con ella, que Inexplicablemente (bueno, no, fácilmente explicable: la Carrión es una incompetente)  se celebra finalmente el día 10 (una semana antes de la convocatoria) y que se salda con que la Delegada, ante la amenaza de los convocantes de mantener el recorrido y siguiendo aquello de consumatum est, acepta el mismo como un hecho inevitable y permite que la marcha acabe en Sol.

Por si mismo esto, a mi, me parece grave; aunque no me sorprenda. Lo que es absolitamente intolerable, lo que es de inprudencia temeraria es, sabiendo que la manifestación va a terminar en Sol, no despejar Sol de peregrinos. Eso no tiene excusa. No me vale que la Delegada del Gobierno diga que no se puede restringir el paso en un espacio público; por supuesto que se puede, sobre todo si es extremadamente probable que se produzcan altercados si no se hace.Como ya comenté en su momento hablando del 15-M, la labor de gobierno tiene que ver con conjugar los derechos de todos y con resolver lo mejor posible las colusiones de derechos. En este caso encontramos ante el derecho de unos a manifestarse y de otros a pasear por Sol. En el momento en el que esos dos derechos no son compatibles, porque la mezcla de los mismos va a producir violencia, hay que restringir los de uno u otro grupo para evitarla. Una de dos: o no dejas entrar la Marcha Laica en Sol, o echas a los peregrinos, pero no puedes no hacer nada que es exactamente lo que hizo. Y así acabó todo.

Insisto: el enfrentamiento era previsible. Era de cajón. Y la delegada del Gobierno, Mª Dolores Carrión, no hizo absolutamente nada para evitarlo. Resultado: once heridos y la imagen de Madrid en el exterior empañada. Y lo malo es que podría haber sido mucho, muchísimo peor.

Así pues desde esta humilde tribuna ruego respetuosa pero firmemente al Presidente del Gobierno, Jose Luis Rodríguez Zapatero, que destituya inmediatamente a su delegada del Gobierno en Madrid, M Dolores Carrión, antes de que su incompetencia y pasividad acabe con la vida de alguien.

Es medida de justicia y buen gobierno que, sinceramente, no espero obtener, en Madrid, a 18 de agosto de 2011.

Saludos a todos,

Arthegarn________________

(1) A estas horas todavía hay una guerra de cifras con el número de manifestantes, que la organización cifra en 20.000 y la Delegación del Gobierno en 2.000. Por el recorrido, la afluencia y la densidad que yo he visto estimo unos 3.500, pero eso es irrelevante. Los convocantes preveían 5.000 y con ese número es con el que tendría que haber trabajado Mª Dolores Carrión. Si hubiera trabajdo, vamos.
(2) Me veo en la necesidad intelectual de insistir otra vez en que esto es rematadamente falso: ni un céntimo de los impuestos de los contribuyentes ha ido a financiar directamente las JMJ, que se han tratado exactamente igual que se tratan otros eventos de igual o mucha inferior categoría y repercusión. Le pique a quien le pique no ha habido trato de favor a la Iglesia con este tema, insisto en que el COI o la FIFA mueven muchísima menos gente y se les trata, desde el punto de vista económico, muchísimo mejor.

San Chez Gordillo, ni virgen ni mártir.

Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos (…). Cuando des limosna, no hagas tocar trompetas delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. (Mt. 6, 1-3)

Por si alguien ha estado últimamente en Marte con el Curiosity, un grupo de sindicalistas dirigidos por un diputado andaluz de IU, atracaron el martes dos supermercados para “dar de comer a los pobres”. Algo que, en realidad, no se parece en nada a lo que hacía Robin Hood.

Vayamos, ante todo, a los hechos. Este señor diputado de Izquierda Unida, que por cierto después de declarar desafiante tras los hechos: “No voy a huir. Aquí estoyse escudaba esta mañana tras su condición de diputado para no ser detenido, como si lo fueron otros miembros de su cuadrilla, organizó con aproximadamente otros 500 miembros del Sindicato Andaluz de Trabajadores una acción que él denominó como «expropiación alimentaria». El plan, ejecutado inicialmente en un Mercadona de Écija (Sevilla) bajo la dirección del propio diputado, y repetido poco después en un Carrefour de Arcos de la Frontera (Cádiz) consistía en que unas 30 personas entrarían en los supermercados para sacar cada una un carrito sin pagar con productos de primera necesidad (leche, arroz, legumbres, pasta…) mientras los demás esperaban fuera a la policía para, al llegar esta, crear un tumulto para distraer su atención. Salvo el hecho de que dos cajeras del supermercado de Écija fueron agredidas mientras se perpetraba la acción, algo que supongo que no estaba en el plan, la acción salió a pedir de boca. Una vez más, los malvados lacayos de Juan sin Tierra fueron asaltados y lo que le había sido robado al Pueblo fue generosamente repartido entre los pobres que tanto lo necesitaban por Robin Hood y sus valientes compañeros(1)according to plan.

¿O no?

Curiosamente no he conseguido encontrar la menor referencia a que los alimentos en cuestión fueran efectivamente entregados a los pobres. O a las ONGs. El plan original era entregarlos a Banco de Alimentos, que ha condenado la acción y declarado que no aceptarían «en ningún caso» las consecuencias de un robo ni para ayudar a gente necesitada Por otro lado, los robados malamente pueden ser considerados los malvados lacayos de Juan Sin Tierra. Sin ir más lejos, Mercadona invirtió en Andalucía 40 millones de euros y creó 1.200 empleos fijos en la región con más paro de España (más de 300 en Sevilla). Más que robar a los ricos para dar a los pobres parece morder la mano que te da de comer… Pero dejemos los detalles menores y vayamos a lo realmente importante.

En primer lugar, por favor, no os dejéis engañar. El objetivo de esta acción no ha sido robar a los ricos para dar a los pobres, ha sido salir en las noticias. Y no solo salir en las noticias, sino salir en las noticias como un justiciero, un paladín del pueblo que no tiene miedo a enfrentarse a las grandes multinacionales para hacer lo que es justo. ¡San Chez Gordillo a los altares!. ¿De verdad os lo creéis? Porque podemos discutir (y lo haré más abajo) si está bien o es legítimo robar para comer si te mueres de hambre, pero desde luego en lo que creo que estaremos todos de acuerdo es que no está bien, ni es legal ni legítimo, robar para salir en los periódicos. ¡Usad vuestro sentido crítico, por favor! Sánchez-Gordillo es alcalde y diputado, y cobra solo por este último puesto 57.624 euros anuales. ¿No creéis que alguien que cobra más de 55.000 euros anuales tiene formas de dar de comer a los pobres más inmediatas, directas y efectivas que asaltar u supermercado? Pero no, claro, había que robar supermercados porque ese no era el objetivo. Y además el plan estaba muy bien pensado(2). Robin Hood iba al frente de sus hombres, pero este señor se quedó fuera mientras mandaba a sus huestes (gente menos importante y más prescindible) a llenar los carritos y enfrentarse a las cajeras. ¿Y a que no adivináis quien estaba fuera también? ¡Bingo! La prensa.

Que quede claro: lo que ha hecho Sánchez Gordillo no lo ha hecho por los demás, lo ha hecho en su propio interés para salir en las noticias y difundir sus ideas. Pero es que aunque lo hubiera hecho por los demás su acción no está justificada.

Ser solidario es compartir lo tuyo con los que no tienen, no robar. Robar no te hace solidario, te hace un ladrón(3). Cuando no tienes que comer, o tu familia no tiene que comer, y no te queda otra, estás justificado para robar, pero es que o es eso lo que ha pasado. Aquí tenemos a un político con un buen sueldo que, si verdaderamente tuviera interés en ayudar a su prójimo tendría muchísimas alternativas para hacerlo antes de acudir al robo. Digámoslo claramente: si tengo hambre y no tengo nada estoy justificado en robar mi comida, pero si tengo diez euros en el bolsillo y puedo comprarla si quiero no lo estoy. Si estoy cobrando el paro no lo estoy, si no me llega para pagar la hipoteca no lo estoy, y si puedo ir a Cáritas a que me den de comer tampoco lo estoy. Y le pese a quien le pese, en España la gente no se muere de hambre por la calle ni de lejos, así que no está justificada para robar. Puedo estar desesperada, pero no justificada. Y no hablemos de si en vez de estar en la miserable calle viviendo de la caridad y la solidaridad de los demás uno lo que está es cobrando tengo un sueldo de 55.000 al año. ¡Vamos hombre! Es una actitud que personalmente me repugna por lo que tiene de insulto a los que verdaderamente lo están pasando mal y que no roban, ni quieren que se robe por ellos.

Este señor puede que sea buena persona, el típico tonto miope que no se da cuenta de las consecuencias de sus actos y solo quiere ayudar a corto plazo. No lo sé. No lo creo porque independientemente de lo majo que sea, demasiado dinero tiene para ser así. Pero en cualquier caso este acto es digno de un sinvergüenza sin escrúpulos, de alguien que manipula a los que le rodean para que cometan un delito y beneficiarse él del resultado, de alguien que se aprovecha de los sentimientos básicos e incluso nobles del Pueblo en su propio interés. En otras palabras: de alguien que reúne todas las características de uno de los peores arquetipos existentes en el ideario colectivo español: el del político. Y es que eso es lo que es, y así es como se ha portado.

¡Pensad, maldita sea, que os están manipulando y estáis encantados de que lo hagan!

Arthegarn                          
P.S.: Hay otro punto que, como abogado, no me resisto a comentar aunque no lo haga en el cuerpo del artículo porque es un poco técnico. Este señor habla de «explotación alimentaria» cuando lo que ha hecho es un simple y llano robo. Cuando el Estado expropia, paga al antiguo propietario un precio justo (justiprecio se llama, de hecho) por el bien expropiado. Pero esta gente no ofreció compensación alguna a los «expropiados», y eso es porque no lo eran. Eran simples víctimas de un robo, no sujetos de una expropiación.
(1) Argh, qué horror.
(2) En realidad no, porque aunque no sea el autor material es a la vez incitador y colaborador necesario, así que sigue siendo autor del delito según el código penal. Ah, y con alevosía. Por listo.
(3) Por cierto, Robin Hood no era un ladrón, el ladrón era Juan sin Tierra que (según la leyenda), sin título alguno para la corona intentaba hacerse rey y esquilmar a su pueblo a impuestos supuestamente destinados a pagar la cruzada o el rescate de Ricardo pero en realidad usados para otros fines. Juan sin Tierra era el ladrón, y Robin Hood era la única ley del Reino, el único representante de la verdadera autoridad, que emanaba de Ricardo. No nos confundamos, damas y cabelleros.

Higiene memética

A mediados de los años 70 un estudiante le preguntó a Richard Dawkins si aparte de los seres vivos basados en química orgánica, existía en la naturaleza algún otro ente capaz de hacer copias de si mismo que también estuviera sujeto a la evolución por selección natural. En el momento, Dawkins no supo qué contestar, pero un par de años después, en el capitulo final de El Gen Egoísta (1976) respondió afirmativamente diciendo que, en efecto, se le ocurría otro ente de esas características. Como no existía una palabra para definir el concepto al que quería referirse Dawkins sugirió el nombre de mem(1) (en inglés, meme) para la unidad de transmisión cultural por imitación. De forma paralela al gen, que es la unidad de transmisión de la herencia biológica, el mem transmite ideas, comportamientos y actitudes de un individuo a otro, de una mente a otra esencialmente copiándose en el cerebro del receptor.

Como todo esto puede sonar muy raro permitidme poner un ejemplo.

Todos sabemos más o menos como funciona un virus. Un virus es un parásito que inyecta su material genético en una célula a la que infecta y “engaña” para que haga copias de ese virus mientras que la célula cree que está copiándose normalmente a si misma. Al final que llega un momento en el que hay tantas nuevas copias del virus dentro de la membrana de la célula que ésta muere y los nuevos virus se esparcen por el medio en busca de nuevas células a las que infectar. Un virus, en principio, no hace absolutamente nada más, no aporta nada a la célula ni tiene ninguna otra función; es una máquina que solo sirve (y es muy buena en ello) para obligar a otras células a que hagan copias de él.

El paralelo memético de un virus podría ser, por ejemplo, “Cumpleaños feliz”. Supongamos que un niño va por primera vez a una fiesta de cumpleaños y ve como todos los demás niños le cantan al homenajeado “Cumpleaños feliz”. Se dará cuenta de que «Cumpleaños Feliz» es «eso que se canta en los cumpleaños» aprenderá la canción y repetirá el comportamiento durante toda su vida, eventualmente enseñando la canción a otros niños que no la han oído y perpetuando el comportamiento.

En este ejemplo, “Cumpleaños feliz” es un mem. Al igual que un virus en una célula, un mem se introduce en un cerebro y se aprovecha de los recursos del mismo para sobrevivir y multiplicarse creando copias de si mismo en otros cerebros e “infectándolos” de si mismo. Por supuesto, el paralelismo no es exacto (por ejemplo: nuestro cerebro no explota cada vez que enseñamos a alguien “Cumpleaños feliz”) pero creo que es suficiente para que, de forma intuitiva, entendáis qué son los memes y cómo las ideas pueden ser consideradas (como lo son por la memética) como entes con vida propia que nacen, crecen, se reproducen y mueren(3).

La memética es que ofrece una perspectiva totalmente nueva sobre la mente humana y la transmisión de las ideas. Sugiere que, al igual que en realidad nuestro cuerpo (soma) está compuesto y es el resultado de la interactuación de millones de células individuales, que en muchos casos ni siquiera comparten nuestro código genético(4) y que existen y funcionan sin tener conocimiento ni de su función en el organismo ni del propio organismo en su conjunto; nuestras mentes están en realidad compuestas de millones de memes individuales que se comportan de forma semejante y que es sólo la interactuación holística de esos memes entre ellos la que da como resultado emergente la psique(5). La mente, así, funcionaría en paralelo, tanto a nivel neuronal como al nivel de las ideas; algo que es muy difícilmente imaginable por la consciencia, un recurso extremadamente útil pero que funciona en serie, pero que no obstante podemos estudiar y modelizar para ofrecer explicaciones hasta ahora inexistentes de quien somos.(6)

Pero, volviendo a los memes, sus similitudes con los seres vivos no terminan en su ciclo vital. Los memes también interactúan entre ellos de muy diversas formas Por ejemplo, exactamente igual que los seres vivos compiten entre ellos para obtener los recursos necesarios para sobrevivir y multiplicarse, también los memes compiten por los vastos pero finitos recursos del cerebro, intentando permanecer en él, no ser olvidados a favor de nuevos memes “invasores” y reproducirse y ser transmitidos a otros cerebros. Y al igual que los seres vivos, los memes están sujetos a la evolución por selección natural: a veces no se transmiten de un cerebro a otro con total exactitud sino que aparecen cambios en las copias, cambios que harán que ese nuevo mem se transmita y multiplique mejor o peor que el original, lo que puede dar como resultado la desaparición de la nueva copia o su éxito llegando incluso a implicar la desaparición del mem original.(7)

Pero la competición no es la única forma de relación entre memes. Hay memes que se alían entre ellos de forma simbiótica, a veces hasta el punto de dar lugar a una nueva “forma de vida” memética; al igual que un liquen es una magnífica simbiosis entre un hongo y un alga que da como resultado un ente que casi tiene taxonomía propia, cuando los memes “Dios” (existe un ente sobrenatural creador del Universo que da sentido y objetivo al mismo) y “fe” (creer en este mem aun en ausencia de pruebas es bueno) se alían dan como resultado un memeplex poderosísimo llamado “religión”. Y, por supuesto, hay memes que son parásitos de otros memes incluso hasta el punto de acabar con el mem huésped, como pasa cuando los memes de la superstición parasitan a los de la religión hasta que la idea de la relación con Dios se olvide totalmente para ser sustituida por una serie de prácticas más o menos mágicas (vid infra). Algunos memes son espectacularmente buenos reproduciéndose, sea porque otorgan ventajas al cerebro huésped (por ejemplo, carecer del mem de «lectura» es un grave problema), sea porque simplemente son buenos reproduciéndose aunque, al igual que los virus, acaben causando daños al huésped. Los memes supersticiosos, por ejemplo, no aportan absolutamente nada, pero  todos sabemos que los viernes trece traen mala suerte, o tirar el salero, o que se nos cruce en el camino un gato negro. Esos memes están en nuestros cerebros y no tienen intención de irse ni sabemos como echarlos, pese a que sabemos positivamente que son inútiles y consumen recursos como cualquier otro parásito. Y algunos memes como el del fanatismo (“creer en este mem incluso en contra de las pruebas es bueno, y de hecho cuanto mayor sea la evidencia en contra de lo que crees mejor eres por seguir creyéndolo”)(7) o «inmolación» (“este mem y su difusión son más importantes que tú y es bueno que te mates para defenderlo o difundirlo”) son tan perniciosos que la única explicación para su supervivencia es que se multiplican más deprisa de lo que matan a sus huéspedes, exactamente igual que los virus

Pero, independientemente de lo amplia e interesante que pueda resultar la memética (tenéis una buena bibliografía en las notas a pie de página si os interesa), me gustaría llamaros la atención sobre un aspecto en particular: la epidemiología memética. Dado que los memes se transmiten de forma esencialmente análoga a la de las enfermedades podemos utilizar las herramientas de la epidemiolgía para estudiar (e incluso predecir y controlar) la transmisión de los memes, el modo en el que infectan poblaciones e individuos. Por cierto, el mem con los que quiero infectar vuestros cerebros es el siguiente: “eres responsable de tus memes, de los que entran en tu cuerpo y de los que transmites”.

Uno de los grandes avances de la humanidad fue la teoría microbiana, que proponía la revolucionaria idea de que las enfermedades eran causadas por unos seres vivos tan, tan pequeñitos que no podían ser vistos, pero que sin embargo estaban ahí. Si esto era así, era posible limitar la transmisión de enfermedades a través de procedimientos muy sencillos. Así, memes como “aléjate de la suciedad”, “lava lo que vayas a comer”, “tápate la boca con la mano al toser” y cientos de otros proliferaron en nuestros cerebros hasta crear lo que hoy en día llamamos “higiene”, que no es más que el conjunto de comportamientos y procedimientos que utilizamos, y que exigimos que los demás utilicen, para proteger nuestros cuerpos de la acción de  esos micro-bios dañinos(9). La higiene ha contribuido tanto a nuestra calidad de vida que se ha infiltrado en nuestro inconsciente sin que nos demos cuenta, a veces incluso disfrazada de cortesía o educación A nadie se le ocurriría estornudar en la cara de alguien, por ejemplo, o usar el cepillo de dientes de un desconocido, o meterse en la boca un chicle que acaba de encontrar pegado debajo de la mesa(10). Y, sin embargo, cuando se trata de memes la higiene, en todos los sentidos, brilla por su ausencia en una inmensa mayoría de los seres humanos. Incluso entre mis amigos más cercanos, gente inteligente que se cree totalmente a salvo de cualquier influencia intelectual no deseada, abundan prácticas que meméticamente no son muy diferentes a comerse el cadáver de una cucaracha y a continuación besar con lengua a quien tienes al lado.

Voy a decirlo claramente; creerte lo primero que te encuentras en Internet sin contrastar su veracidad y sus fuentes, simplemente porque te gusta lo que dice y porque concuerda con tus ideas y esperanzas, no es meméticamente diferente a meterte en la boca el caramelo cubierto de pelusas que te acabas de encontrar en la acera porque te apetece algo dulce. Es una marranada indescriptible, una falta de respeto a tu salud simplemente inenarrable y algo que, si te viera tu madre hacerlo, te aseguraría un buen azote en el culo. Yo entiendo que la memética es una ciencia relativamente joven y que la idea de la higiene aplicada a los memes no ha llegado a una inmensa parte de la sociedad(11) pero para los que tenemos un mínimo conocimiento de la misma las actitudes de muchos de nuestros congéneres nos resultan, simplemente, repulsivas.

Al igual que si quieres tener un cuerpo sano tienes que respetar unas mínimas y elementales normas de higiene corporal, si quieres tener una mente sana tienes que respetar unas mínimas y elementales normas de higiene memética. No creerme lo primero que me encuentro por ahí, aunque me apetezca mucho creérmelo, es tan elemental como no meterme en la bocacommon-cold-causes-symptoms-home-remedies-prevention lo primero que me encuentro por ahí, aunque me apetezca mucho comérmelo. Prefiero creerme las cosas que sé que salen de fuentes dignas de confianza, muchas gracias, exactamente igual que prefiero comerme los caramelos que sé de dónde han salido. Y si por alguna razón me veo forzado a considerar comerme algo que encuentro tirado en el suelo, ante todo lo lavo, hiervo y desinfecto como pueda. O, meméticamente hablando, dudo de que sea sano (cierto) y lo someto a todos los procedimientos que se me ocurren para minimizar sus efectos perniciosos y contrastar su veracidad, a ver si es bueno que me lo trague o no.

Desde este punto de vista, de verdad, es increíble el tipo de, no caramelos sucios, sino mierda de perro recién excretada que se traga la gente a manos llenas en Internet. Lo que es más, es increíble ver a cierta gente comérsela en un hermoso plato cuadrado, con cuchillo y tenedor, rozando los labios con la servilleta antes de acercarse la copa de vino, a veces incluso pagando por el plato de mierda mientras se permiten mirar desdeñosamente la humilde hamburguesa de McDonald’s que se está comiendo el de al lado.

Y el plato de algunos es de los que se comen con cuchara. No digo más.

Oh, existe la posibilidad de que comer mierda de perro a cucharadas no tenga ningún efecto perjudicial sobre tu organismo, desde luego, pero lo más probable es que sí. Del mismo modo, es posible que ese bulo que te has tragado enterito no te haga ningún daño, pero lo más probable es que sí aunque no sea más que porque evidencia que careces de mecanismos de higiene memética. O lo que es lo mismo, que tu cerebro es fácilmente accesible e infectable por el primero que te cuente lo que quieres oír; que eres fácilmente manipulable. Pero es que además resulta que quienes observamos ciertas normas elementales de higiene, como lavarnos las manos antes de comer o poner en duda que en España haya 445.000 políticos estamos, en todos los sentidos, más sanos que quienes no lo hacen. Y eso nos da ventajas porque (y ahora voy a evidenciar otro mem con el que quiero infectaros) la falta de sentido crítico, carecer de higiene memética entrante, te perjudica y debilita. Si te crees lo primero que te cuentan sin contrastarlo, por pura estadística vas a acabar creyendo creer que ciertas cosas son como no son. Y eso va a implicar que tomarás ciertas decisiones basadas en información errónea, lo cual casi garantiza que tales decisiones serán erróneas. Y eso te va a perjudicar, a ti y, probablemente, a tus seres queridos (vid infra), todo por tu falta de higiene memética, por permitir que cualquier idea se aposente en tu cerebro sin demostrar que merece estar ahí. Y mentras tanto los que lo ponemos en duda todo y nos esforzamos por alimentar nuestra mente solo de ideas ciertas tendremos más posibilidades de evitar esos errores y todo nos irá mejor.

No creerte lo primer que te cuenten va en tu propio beneficio. De verdad. Y además beneficiará también a la gente que te rodea, que supongo que incluye a la gente que quieres. Y directa o indirectamente me beneficiará a mi, por qué no decirlo.

Por supuesto yo, Arthegarn, como liberal que soy, voy a respetar tu libertad individual dentro de tu esfera de derechos. Si quieres comer mierda de perro a cucharadas es asunto tuyo. Pensaré que eres un gilipollas a la enésima potencia y probablemente me de una mezcla de asco y pena verte hacerlo, pero no te lo prohibiría (si pudiera) ni siquiera por tu propio bien. Probablemente intentaré hacerte ver lo que estás haciendo y por qué no es buena idea (como estoy haciendo con este artículo) pero si a pesar de todo persistes en tu coprofágica decisión, al final haré mutis y la respetaré porque al fin y al cabo mis consejos no van encaminados más que a lo que yo considero que es tu propio bien y tú tienes mucho más derecho a decidir qué es bueno para ti que yo.

Ahora, cuando hay terceros implicados…

Llenar la propia mente de basura es cosa de cada uno. Pero en el momento en el que transmites esos memes-basura a las mentes de los demás deja de serlo y pasa a ser un asunto de salubridad pública(12). Exactamente igual que tenemos la obligación de no toser y estornudar encima de la gente, exactamente igual que consideramos que es moralmente malo transmitir una enfermedad a sabiendas a nuestro prójimo, exactamente igual que si creemos que podemos estar infectados intentamos evitar a los que nos rodean antes de exponerles a una situación de contagio (aunque no sea más que  diciendo a quien va a compartir una sidra contigo que mejor coja otro vaso porque estás resfriado), antes de transmitir un meme a otra mente tenemos que velar mínimamente por su salud. Porque esa mente confía en nosotros en todos los sentidos, y al igual que bebería de nuestro vaso si no le decimos que quizá estemos enfermos, escuchará nuestras ideas y confiará en ellas si no le decimos que concedemos una razonable probabilidad a la posibilidad de que sean perjudiciales

No solo somos responsables de lo que comemos y de cómo luchamos contra las infecciones, también somos responsables de poner los medios a nuestro alcance para evitar el contagio de nuestras enfermedades. Exactamente igual, no sólo somos responsables de las ideas que aprehendemos, también somos responsables de las ideas que transmitimos. Conozco gente que tiene una higiene memética entrante (es decir, un sentido crítico) decente, en algunos casos bastante respetable, pero que no tiene la menor consideración con su prójimo a la hora de compartir sus memes. Hay gente, por ejemplo, que es lo suficientemente inteligente como para saber que alguien de la categoría de José Luis Sampedro no empezaría un artículo diciendo «Querido señor Presidente, es usted un hijo de puta» pero que aun así difunde el bulo, lo reenvía, retwittea, comparte, cuelga en su muro o lo que sea. Meméticamente esto es análogo a estornudar con fuerza encima de tus amigos sabiendo que tienes la gripe. Y llegó el momento de poner en claro el tercer mem: carecer de higiene memética saliente perjudica y debilita a quien te rodea y lo peor es que cuanto más te quieran, más les perjudicas. En efecto, todos confiamos en la gente a la que queremos, creemos que no van a hacer nada que nos pueda dañar y por eso les damos acceso privilegiado a través de nuestras barreras de todo tipo. Yo no compartiría cubiertos con un desconocido, pero podría hacerlo con un amigo. Igualmente, yo no daría credibilidad alguna a un desconocido que me recomendara que comprar pagarés de Nueva Rumasa diciendo que es un gran negocio, pero si fuera un amigo a quien quiero y en quien confío…

Somos responsables de los memes que transmitimos al igual que de los memes que alojamos. No podemos desentendernos de las consecuencias de esa transmisión memética escudándonos detrás de la excusa de que cuando decimos algo esperamos “que cada uno ejerza su sentido crítico”. O al menos no podemos hacerlo más de lo que podemos escudarnos cuando estornudamos en la cara de alguien pensando que esperamos “que cada uno ejercite su sistema inmunológico”. Está mal, está igual de mal. Y en el caso de la gente que nos quiere o respeta, está todavía peor, no solo porque ese amor y respeto les hace particularmente vulnerables sino porque responder a la admiración y el respeto de alguien con un estornudo en la cara y una llamada al uso del propio sistema inmunológico es bastante desagradable.

Y este artículo me está quedando larguísimo, lo sé, pero no quiero terminar sin llamar vuestra atención sobre otro problema que es tan predecible como evitable con conocimientos meméticos y que podríamos denominar el Síndrome del Día Después del Apocalipsis. El día después del Apocalipsis es cuando uno se levanta de entre los escombros, recuerda las atrocidades que se han cometido y se pregunta «¿Pero cómo hemos podido llegar a esto? ¿Cómo hemos podido permitir que algo así pasara?». Es la pregunta del hombre bueno ante Auschwitz y la respuesta es: «gradualmente».

Goebbels es frecuentemente citado como autor de la frase «Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad». En realidad nunca dijo tal cosa(13), pero a nuestros efectos la idea es buena. Creo que estaréis conmigo en que hoy en día nadie en su sano juicio se plantea seriamente entrar a tiros en el Congreso de los Diputados, sacar a Rajoy a rastras y lincharle en la Plaza de las Cortes, pero eso es algo que pasa ahora y que tiene que ver con el estado de ánimo y la consideración de lo que es bueno de la sociedad ahora. Si alguien propusiera seriamente hacerlo, si alguien intentara transmitir ese mem, sería inmediatamente contrarrestado por la acción de cientos de otros memes que tenemos ahora mismo en nuestro cerebro, como el del respeto a la vida o a la presunción de inocencia o el repudio de la violencia, que actuarían de una forma análoga a los anticuerpos y neutralizarían el mem. Lo normal ahora mismo, lo que la sociedad quiere y a lo que nos condiciona, es a respetar a los que nos rodean y a que la idea de entrar a tiros en el Congreso y linchar a Rajoy nos resulte inconcebible. Oh, bueno, puede ser concebible como parte de un chiste o algo así, como el cartelito ese de la guillotina enfrente del Congreso y el lema «Yo también veo necesario hacer algunos recortes», pero ¿hacerlo en serio? Ni hablar, hombre, yo no soy un asesino. Y, sin embargo, el mem que vive en ese chiste es  ese: «matemos a los políticos».

Un chiste tiene gracia precisamente por el contraste con la realidad. Si viviéramos en la época de la revolución francesa un cartel como el que acabo de mencionar no sería interpretado como un chiste sino como una sugerencia seria de un curso de acción. Cuando vemos y compartimos ese chiste estamos, sin darnos cuenta, infectando nuestros cerebros y los de los demás con el mem «matemos a los políticos». Algo que podía ser inconcebible deja de serlo, una idea que antes no existía en nuestra mente de pronto aparece. Y cuando infecta todas las mentes que nos rodean, de repente deja de ser algo impensable y el chiste pierde su gracia porque el contraste con la realidad se ha diluido. Hace falta hacer un chiste más bestia en el mismo tono para que haga gracia y, poco a poco, el mem «matemos a los políticos» se va normalizando. Si antes cuando alguien nos decía «matemos a los políticos» le contestábamos inmediatamente «¿pero qué dices, hombre?» ahora dejamos de hacerlo porque, claro habla en broma. Pero el hecho está en que hemos eliminado uno de los memes que evitaba que efectivamente matáramos a los políticos: el primer «anticuerpo» contra ese comportamiento. A medida que esa idea se va repitiendo se va normalizando, a medida que van cayendo las defensas meméticas contra el uso de la violencia esa idea deja de ser tan impensable (porque ya no es respondida inmediatamente con un «¿pero qué dices?») y pasa a ser pensable. Y eventualmente el mem muta a «matemos a los políticos… y lo digo en serio». Y un mem que no hubiera tenido jamás ninguna posibilidad de tener éxito en el ambiente previo a la normalización, ahora puede tenerlo porque las defensas están débiles. Poco a poco, con el transcurso del tiempo, el mem va mutando e infectando más cerebros, haciendo que la gente «cambie de idea» y deje de ver el asesinato como algo absurdo y esperpéntico, solo contemplable en un contexto humorístico y pase a convertirse en una posibilidad real. Hasta que, eventualmente, la chispa salta, la civilización estalla por los aires y el pueblo enfurecido entra a tiros en el Congreso de los Diputados, saca a Rajoy a rastras y le lincha en la Plaza de las Cortes. Hasta que un año después, entre las ruinas del congreso, en medio de la destrucción y los disturbios, el que inventó el chiste de la guillotina alza la mirada al cadáver y se pregunta «¿Cómo hemos podido llegar a esto?»

Pues gradualmente. A partir de acciones inocentes que no parecían tener relevancia. A través, como siempre, de la evolución por selección natura. Nadie quería que existiera el ser humano, nadie lo había planeado, pero existe; exactamente igual, nadie quería que todo acabara así, pero acabó así.

Somos responsables de los memes que permitimos que entren en nuestras mentes. Somos responsables de los memes que transmitimos y de las consecuencias que tienen, incluso a muy largo plazo. Y algunos, los más morales y exigentes de nosotros, somos responsables incluso del control epidemiológico de los memes más peligrosos. Evitar que ciertos memes peligrosos se contagien es bueno, pero evitar que lleguen a producirse mutaciones meméticas peligrosas es todavía mejor.  Así que, amigo lector, cuidado con lo que lees, cuidado con lo que cuentas… y cuidado con lo que crees. Y si te quieres unir a la Orden de los Pobres Caballeros del Sentido Crítico y de la Higiene de los Memes y dedicar tu vida a luchar contra los bulos, serás bienvenido. Porque somos tres y el de la guitarra…

Gracias por dejarte infectar,

Arthegarn________________

(1) La forma correcta del singular de este neologismo en español ha de ser “mem” y no “meme” como se lee por ahí. Esto es así porque cuando Dawkins sugiere su nombre lo hace partiendo del griego μίμημα (mimema), acortándolo a “mema” y sustituyendo la “a” final por una “e” para reforzar el paralelismo con la palabra gene (gen). Así pues, puesto que en castellano el singular de genes es gen, el singular de memes ha de ser mem. Este es un caso en el que el calco de la palabra del inglés desvirtúa su significado y etimología.
(2) Tengo que pedir perdón por le lenguaje volitivo que utilizo en este artículo para referirme a entes que, como los memes, no tienen ni siquiera la capacidad de entender o querer algo. Cuando digo que una célula “quiere sobrevivir”, por ejemplo, no quiero decir que verdaderamente sea así: la célula no tiene ni siquiera consciencia de si misma, mucho menos de lo que podría ocurrirle si se acerca demasiado al interior del estómago, por ejemplo. No, lo que quiero decir es que el ente tiene una serie de mecanismos automáticos que le hacen reaccionar ante determinados estímulos como si verdaderamente se diera cuenta de que (por ejemplo) algo es peligroso y quisiera evitarlo para intentar sobrevivir.
(3) Un mem muere, por supuesto, cuando se olvida. Todos conocemos “Cumpleaños feliz” pero casi nadie recuerda a Shutruk Nahhunté
(4) El ejemplo clásico es la flora bacteriana, literalmente cientos de especies diferentes que conviven dentro de nosotros en una relación de beneficio mutuo. Un ejemplo algo menos conocido pero verdaderamente fascinante es el de las mitocondrias, presentes en cada célula de nuestro cuerpo y sin las que éstas no podrían funcionar y que tienen su propio ADN, distinto del del individuo a quien sirven. De hecho, se puede remontar la historia mitocondrial hasta un primer y único ancestro de toda la humanidad, la llamada Eva Mitocondrial. La ciencia es preciosa.
(5) Un pensamiento que puede resultar bastante amenazador para aquellos que necesitan que la ciencia no sea capaz de explicar la mente para poder aferrarse a la posibilidad de la existencia de lo sobrenatural y de la supervivencia de la mente tras la muerte del cuerpo. Yo mismo cuando leí esa teoría tuve que luchar contra una especie de picor espiritual que no sabía donde rascarme (entre otras cosas porque siempre tuve muy clarito lo de Lc. 20,38) y que solo años después entendí de donde procedía.
(6) Este tema, verdaderamente fascinante, es desarrollado en mucha mayor profundidad en La Consciencia Explicada (Dennett, 1991).
(7) Incluyo algún ejemplo de evolución memética más abajo, pero si os interesa el tema hay estudios tanto en El Espejismo de Dios (Dawkins, 2006, donde el autor lo usa para proponer que el mem «Dios» es un parásito de la evolución de memes más útiles como «obedece a tus mayores»), La Máquina de los Memes (Blackomre, 1999) y Virus of the Mind: The New Science of the Meme (Brodie, 1996)
(8) Los lectores avezados se darán cuenta inmediatamente de que el mem «fanatismo» es una evolución del mem «fe». Si no recuerdo mal Dawkins lo comenta también en El Capellán del Diablo (2003)
(9) Porque, no lo olvidemos, no todos los microbios son dañinos. También son microbios los hematíes, los leucocitos y las plaquetas (y, puestos a ello, técnicamente, las mitocondrias) sin los que no podríamos sobrevivir.
(10) Tengo que decir que uno de los editores que ha tenido a bien criticar el primer borrador de esta entrada me ha comentado que «este párrafo es falso, o al menos no cierto, ya que hay mucho cafre, mucho cerdo, mucho ignorante y mucho imbécil que hace lo que tu dices que a nadie se le ocurriría». Como diría Romanones, vaya tropa.(11) Esto no es del todo cierto. Al igual que antes de la teoría microbiana la humanidad observaba ciertas normas higiénicas por puro sentido común, en nuestra sociedad también existen mecanismos de higiene memética aunque no se denominen así. Por ejemplo, mi madre a la higiene memética la llamaría “salud mental”.
(12) Término elegido con toda la maldad del mundo.
(13) Es una aliteración de una de las técnicas de propaganda descritas por Hitler en Mein Kampf, la de la Grosse Lüge, particularmente una de la que acusa a los judíos de utilizar por lo que es prácticamente imposible que Goebbels la incorporara a su repertorio.

Yo sí quiero tener hijos

(Nota preliminar: esta entrada es una respuesta a vuelapluma a este artículo del amigo Haplo Schaffer.)

Haplo, si te bajas un momento del caballo verás que lo que impulsa a “otra gente” a tener hijos es de lo más obvio: estamos genéticamente condicionados para ello. Puede que además haya razones intelectuales o socioculturales para ello, pero el impulso genético, natural, está ahí. Estamos genéticamente condicionados a tener hijos exactamente igual a que estamos genéticamente condicionados a que nos guste el sexo (y por las mismas razones) o a que nos guste el dulce. Esa es la posición biológica de partida y “lo raro”, “lo antinatural”(1) es no querer tenerlos. A esto se le suman las razones socioculturales: estamos impresionantemente condicionados por la sociedad a tener hijos porque es lo que hemos visto toda la vida, a saber: lo normal era que yo, y mi hermanita, y mis amiguitos, tuvieran su papá y su mamá. De hecho, lo normal es que “los mayores” tengan hijos(2) y el contacto íntimo y normalizado de un infante con adultos que no los tienen es escaso porque, quitando algún profesor del cole, ¿qué interés tienen? ¡No tienen con quien jugar! (3)

Sin meterme a valorar tus argumentos, algunos de los cuales tienen decididamente más mérito que otros desde un punto de vista objetivo (desde un punto de vista subjetivo, a saber “yo siento esto” son totalmente irrebatibles y solo pueden contestarse con un sentido “tú mismo y buena suerte”), puedo intentar resolver tus dudas sobre por qué los demás, o al menos por qué yo, queremos tener hijos.

  1. Porque me sale. Porque quiero. Porque estoy genéticamente condicionado a ello y quiero tener hijos como quiero comer dulce. Porque lo deseo.
  2. Porque soy una persona sana, inteligente y feliz hijo de dos personas sanas, inteligentes y felices, a su vez con padres inteligentes, sanos y felices. Además soy hermano y tío de personas sanas, inteligentes y felices por lo que tengo razones para pensar que mis hijos serán también sanos, inteligentes y felices. Eso hace que crea que el hecho de que yo tenga hijos va a aportar (y no a disminuir) tanto al total de felicidad como a la media de la felicidad del planeta, algo que me parece bueno en si mismo.
  3. Porque mi experiencia es que la gente como yo que tiene hijos es inmensamente feliz por ello y yo quiero ser feliz. Porque conozco muchísima más gente, tanto cualitativa como cuantitativamente, que se arrepiente de no tener / haber tenido hijos que gente que se arrepiente de sí haberlo hecho (e incluyo casos de laboratorio como mujeres violadas).
  4. Porque creo sinceramente en una extraña especie de rebus sic stantibus, de justicia universal según la cual yo tengo una inmensa deuda con mis padres que, simplemente, no puedo pagar porque se sigue acrecentando cada día. Porque creo sinceramente que esa deuda tiene que ser saldada y que solo lo es cuando se la cobran mis hijos, no mis padres, que a su vez la pasaran a sus propios hijos; y que si no tienes hijos que se cobren esa deuda estás, de alguna manera, en deuda con la humanidad(4), con el universo y porque yo no soy, en mi más último fuero interno, en ese núcleo al que uno es fiel cuando todo lo demás falla, el tipo de persona que deja sus deudas sin pagar.
  5. Porque honestamente creo que es justo y bueno.
  6. Porque creo que la vida es cambio y que cada etapa de la vida “está hecha” para ser vivida de una manera. Porque creo que todas las cosas de las que hablas están muy bien para la juventud, pero creo que el tiempo pasa, la gente cambia, y las cosas que te hicieron feliz en una etapa de tu vida (viajar, tener mucho dinero, llevarte a todas las titis de calle, etc.) se van debilitando con el éxito y el tiempo hasta que te embarcas en una aventura de la que nunca te puedes aburrir porque siempre va a estar cambiando para ofrecerte nuevos desafíos: ser un buen padre para tus hijos, incluso cuando tengan 40 años.
  7. Porque a mi me encanta la vida, me maravilla el mundo, no puedo dejar de dar gracias por existir y contemplar todo lo que existe y porque me gustaría hacer que alguien más pueda hacerlo. Porque el mundo es hermoso y traer a alguien a él me parece bueno, es un pensamiento que me hace feliz.
  8. Porque, quizá por mi condicionamiento católico, quizás porque soy capaz de ver un poco más allá de mis narices, nunca he pensado que mi vida “me pertenezca”, nunca he pensado en mi mismo como un ser aislado dueño de su destino sino como algo así como un viajero que se despierta amnésico en un barco e intenta averiguar a donde va y por qué, sabiendo que en el fondo tampoco va a poder alterar el curso del buque. ¿Y entonces qué importa, me preguntarás? Bueno, pues no lo sé, pero a mi me importa. Lo que quiero decir con esto es que no tengo “nada que perder” desde el punto de vista de mi “independencia” por tener hijos. Seguiré siendo yo, pero lo seré de un modo diferente. Todos estamos conectados en una tupida red de relaciones de todo tipo, pensar que no es así, o que eres “más libre” por no cultivar determinadas relaciones (como la paternofilial) se me antoja un error. Por esa misma regla de tres tampoco tendría amigos, ni pareja, treparía a mi torre de marfil a serme todo lo posible… pero es que dudo muchísimo que eso me hiciera feliz ni que lo que experimentara así sea, y perdona el misticismo, “cierto”.
  9. Porque tener hijos es una decisión voluntaria, es lo que quiero hacer luego no es cierto que reduzca mis horas de ocio. Eso es como decir que comprarte el Diablo III reduce tus horas de ocio a cero porque desde que te lo compres no vas a hacer más que jugar con él y ya no vas a hacer otras cosas. ¡Claro, no te fastidia, pero es que yo quería jugar al Diablo III, en eso consiste mi ocio! Oh, seguro que algún sociólogo dirá que dejo de vivir para mi y empiezo a vivir para el Diablo III, pero ¿qué sabrá él?
  10. Porque tener hijos es (o debería ser) una decisión voluntaria a la que te entregas porque quieres, después de pensarlo. Porque, si tener hijos está configurado así en tu personalidad, no es una carga, es un objetivo.

Bueno, no me quiero alargar mucho más. Para terminar déjame decir que creo que, en general, el problema o la razón por la que no entiendes por qué los demás queremos tener hijos, es (y esto te lo digo desde el más profundo cariño) porque tienes un ego como un piano de cola. Y con esto no me refiero pura y simplemente a que los argumentos que das en contra de tener un hijo sean egoístas (que lo son y a mucha honra, los míos también) sino porque no te cabe en la cabeza que el resto del mundo no sea como tú, que no tenga las mismas aspiraciones y los mismos deseos, que lo que a ti te parece un sacrificio intolerable en aras de otra persona a ellos les parezca de lo más normal o, como mucho, el precio que tienen que pagar para obtener la felicidad que esa otra persona les proporciona, que para ellos puede ser la misma (o incluso mayor, uau) que la que tú obtendrías dedicando esos recursos a viajar, o a leer, o a escribir un libro. En lo más profundo de tu ser crees que se equivocan, que se engañan a si mismos, que serían más felices libres, con tiempo para viajar y la libertad de hacer el pino en pelotas, por eso no lo entiendes. Pero es que partes de una base que no es cierta, a saber: que todo el mundo desea las mismas cosas que tú y con la misma intensidad.

Y si no es así, entonces no entiendo por qué no entiendes que la gente quiera tener hijos cuando tú no.

Hala, un abrazo,

Arthegarn_________________

(1) Por supuesto, yo no tengo nada en contra de lo raro y lo antinatural pura y simplemente porque sea raro y antinatural. Yo soy bastante raro y bastante aficionado a cosas tan antinaturales como la lectura o que me la chupen. Estoy haciendo una descripción, no un juicio de valor.
(2) O sean curas.
(3) Con esto lo que quiero decir es que las relaciones sociales de los infantes están mediatizadas para que lo que se encuentran alrededor, el concepto a través del cual desarrollan su concepto de la normalidad, sean adultos con hijos. Una vez más, no hago juicios de valor.
(4) A menos que hagas algo verdaderamente extraordinario con tu vida, por supuesto, consagrándote a los demás o aportando de alguna forma a sus vidas.

La culpa es de la Merkel

Antes de empezar, un caveat: Arthegarn el Peregrino no se hace responsable de la veracidad o el ajuste a la realidad de las teoría económica aquí expuesta. Este artículo es principalmente informativo y no refleja mi opinión al respecto. Habrá una segunda parte próximamente en la expresaré, pero no en este.

Estoy seguro de que todos, o al menos una gran mayoría, lleváis algo así como dos años oyendo decir que el Banco Central Europeo (“BCE”) sigue exclusivamente los dictados de Alemania o que hace lo que a Alemania le conviene y lo que a España le perjudica. Ya sabéis que yo no soy nada dado a las teorías de la conspiración, pero creo que es tanto importante como interesante analizar un poco en profundidad por qué tantos economistas de prestigio dicen esto y si es cierto.

Lo que hoy conocemos por la “ortodoxia económica”, es decir los economistas que siguen la escuela mayoritaria (los mainstream, vamos) se basan en una idea bastante sencilla, pero no por ello menos genial, de John Maynard Keynes(1), recogida en su indispensable Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero (generalmente conocida como la “Teoría General del Dinero” o simplemente “Teoría General”) de 1936. Esta idea se resume en la siguiente fórmula:

  Y=C+I+G+(X-M)  

donde:

Y es la Demanda Agregada,
C es el Consumo ,
I es la Inversión ,
G es el gasto público,
X son las exportaciones y
M son las importaciones.

¿Y todo esto qué quiere decir? Bien, la Demanda Agregada es la suma de todas las demandas de bienes y servicios en la economía de un país (en un momento y nivel de precios dado) y que esa economía puede pagar.

Como todos sabéis, la economía de mercado se basa en el intercambio de bienes y servicios por otros bienes y servicios, en muchos casos representados por el dinero. Supongamos que tenemos una economía limitada a dos personas: Caín y Abel. Caín, que es agricultor, está harto de comer zanahorias y Abel, que es pastor, se encuentra bastante decaído por su falta de vitaminas. Abel quiere zanahorias (v.gr. tiene demanda de zanahorias) que a Caín le sobran (tiene zanahorias que ofrecer, v.gr. oferta de zanahorias), y viceversa con las patas de cordero, así que como son buenos hermanos y no se van a poner a regatear intercambian esos bienes y satisfacen sus mutuas demandas con sus mutuas ofertas. Y antes del intercambio, la demanda agregada de la economía de los hijos de Adán y Eva era de [una pierna de cordero + un manojo de zanahorias].(3). Si esta idea básica la multiplicamos por 23.000.000 y traducimos todas las demandas específicas por su valor en dinero nos sale que, por ejemplo, la demanda agregada de un país como España es de, digamos, un billón y medio de euros.

El Consumo es exactamente eso: la cantidad total de bienes y servicios consumidos en un periodo de tiempo . En el ejemplo anterior, el consumo sería igual (una vez efectuada la transacción entre los hermanos) a [una pierna de cordero + un manojo de zanahorias]. (4)

La Inversión es, para que nos entendamos, el ahorro. Es la cantidad de bienes y servicios que se producen pero no se consumen inmediatamente, sino que se reservan para consumirse después. Este ahorro puede hacerse básicamente de dos maneras: metiendo el excedente bajo el colchón para usarlo luego, o entregando el excedente a un tercero a cambio de la promesa de una compensación en el futuro. Por ejemplo: Caín tiene dos manojos de zanahorias y Abel tiene una oveja embarazada. Los dos tienen hambre. Caín se come un manojo de zanahorias y ahorra el otro, hasta aquí todo claro. Pero Abel no ha comido y no quiere matar a su oveja antes de que tenga el cordero, así que le pide a Caín que le de el manojo de zanahorias a cambio de una participación en las ganancias de su negocio ganadero, i.e.: medio cordero cuando nazca(5), y de esa manera el ahorro (concepto de andar por casa) se convierte en inversión (concepto de andas por casa).(6)

El Gasto Público no es en realidad lo que gasta el Estado, sino la diferencia entre lo que gasta y lo que recauda. En una economía equilibrada el Estado debería gastar lo mismo que lo que recauda así que este valor debería ser cero, pero no todas las economías son equilibradas. A veces el Estado gasta menos de lo que recauda y se produce algo llamado superávit mientras que otras (muchas más) gasta más de lo que recauda, generando un déficit, palabra que nos es mucho más conocida que la anterior.

Y por último las importaciones y exportaciones sí que no requieren (de momento) mayor explicación: todos sabemos lo que son.

Vale, muy bonito pero, todo esto ¿para que sirve? Bien, el modelo de la demanda agregada keynesiano permite predecir, en teoría, el efecto que tienen todas estas variables la una sobre la otra y sobre otros factores económicos como el paro o la inflación, y ayudan a determinar la política económica y monetaria de los gobiernos en función de sus objetivos. Por ejemplo, supongamos un país con una tasa de paro muy alta, o asomémonos por la ventana para verlo si carecemos de imaginación. ¿Cómo podemos solucionar esa alta tasa de paro? Bien, el paro se produce cuando no todo el mundo está produciendo bienes o servicios, y como la oferta es igual a la demanda, si no todo el mundo está produciendo bienes o servicios es que la demanda agregada de ese país es menor que su oferta. En otras palabras: podríamos producir más, pero es que ya nos estamos gastando todo el dinero que tenemos en comprar lo que producimos ahora (y en ahorro y en importaciones, claro). No hay más demanda que cubrir, así que no hay más producción, así que no hay forma de salir del paro. A menos…

A menos que aumentemos artificialmente la demanda agregada, claro. Si el país produce bienes y servicios por un millón de euros está consumiendo bienes y servicios por un millón de euros, yo te doy algo a ti y tú me lo das a mi, yo trabajo en una zapatería y el dueño me da un salario, yo le doy dinero al de la verdulería y él me da zanahorias, el verdulero le da dinero al zapatero y se queda con los zapatos que he hecho… Al final el flujo de dinero, de bienes y servicios, es circular, lo que sale de un bolsillo siempre va a parar a otro, y de ahí a otro, y de ahí a otro… Así que ¿qué pasaría si yo, el Estado, empezara a demandar más bienes y servicios, en otras palabras, si aumentara el gasto público? Pues según la teoría keynesiana, insisto, que es la ortodoxia económica generalmente aceptada, si la demanda agregada de un país es de, por ejemplo, cien, y yo aumento el gasto público en diez, la demanda agregada pasa a ser de ciento diez. Eso hace que haya que, para cubrir esa demanda agregada, sea necesario producir diez más que, en este momento, la economía no puede producir. Así que ¿cómo satisfacer ese incremento en la demanda? Pues solo hay una forma: incrementando la oferta. Y solo hay una forma de incrementar la oferta, que es incrementar la producción. Y solo hay una forma de incrementar la producción, que es contratar a más gente. Así que et voilá, si incrementamos el gasto público “activamos” la economía y hacemos bajar el paro, con lo que generamos más riqueza y todos contentos

Claro que ¿cómo se las puede ingeniar el Estado para aumentar el gasto público? Bien, en una economía equilibrada eso solo puede hacerse subiendo los impuestos, pero como ya hemos visto eso en realidad no incrementaría la demanda agregada, ya que el gasto público es la diferencia entre lo que el Estado gana y lo que gasta. Así pues la única forma de que el Estado incremente la demanda agregada es que gaste más de lo que ingresa, en otras palabras, que genere déficit. Y este déficit se puede generar de dos maneras básicas: (i) bajando los impuestos y gastando lo mismo o (ii) pidiendo prestado dinero (deuda pública) para gastarlo ahora. O las dos cosas a la vez, claro. Así que el remedio económico contra el paro es aumentar el gasto público, bajar los impuestos y aumentar el déficit(7). Y ¿en qué gastar ese dinero extra que voy a inyectar en la economía? Pues, de acuerdo a esta teoría económica… ¡da igual! Lo importante es activar el consumo, que genera demanda, que genera producción, que genera puestos de trabajo. Cómo se haga es irrelevante porque el flujo de dinero es circular: da igual a quien se lo des, lo importante es que lo gaste. Da igual que le des un subsidio a un parado que que hagas obras públicas (y las constructoras tengan que contratar más gente porque no dan abasto) o que amplíes el ejército o que contrates más funcionarios. Lo importante es inyectar dinero y que la gente se lo gaste. Ahora que tienen dinero, los soldados y los funcionarios podrán irse de cañas lo que aumentará la demanda de cerveza, lo que aumentará la producción de cerveza, lo que hará que las cerveceras contraten más gente. Y los productores de cebada, y los transportistas de cerveza, y los técnicos de reparación de grifos de cerveza, y los fabricantes de vasos, y los distribuidores de banderillas, y… Como el flujo de dinero es circular y todo va de un bolsillo a otro no importa en qué bolsillo empiece, lo que importa es que se gaste, y este aumento del consumo lleva consigo un efecto multiplicador de la riqueza, ya que a mayor consumo, mayor cantidad de gente con trabajo, más gente que tiene que gastar, más demanda, más consumo, más producción, menos paro. Todo a cambio de un poco de déficit que, de cualquier forma, se “paga solo”, ya que el aumento de actividad económica trae consigo un aumento en la recaudación sin necesidad de subir los impuestos, y con ese aumento de la recaudación podremos sanear nuestro déficit y volver a equilibrar el Estado.

Así pues, la solución de Keynes para el problema del paro está clara: aumentar el déficit y estimular la economía. Y a grandes rasgos, en esto está de acuerdo el 95% de los economistas.

Y, si esto es así y está así de claro… ¿por qué el imbécil de Mariano no lo está haciendo? Pues muy sencillo: porque el tratado de Maastricht, los pactos de estabilidad, no se lo permiten. En teoría ningún estado miembro del euro puede tener un déficit presupuestado superior al 3% ni una deuda pública superior al 60% del PIB, y en España vamos por el 8,5% y el 72,15% respectivamente. ¿Y no podrían mirar hacia otro lado nuestros socios europeos y dejarnos aumentar un poco más el déficit, que es lo que dice la ortodoxia económica que tenemos que hacer para salir de este embrollo con un 22% de paro? ¡Que no pedimos nada que no esté en los libros! O, al menos, ¿no podría el BCE bajar los tipos de interés, que es la otra gran medida (junto con la devaluación, claro) con la que cuenta el estado para estimular el consumo?

Bien, pues no voy a establecer una relación causa efecto (para eso se bastan y se sobran ciertos analistas) pero voy a dar dos datos adicionales.

El primero es que todas estas medidas de estímulo a la economía tienen un efecto secundario: la inflación. Cuando la gente tiene más dinero quiere consumir más, y como pasa un tiempo entre que la gente quiere consumir más y que el tejido productivo efectivamente produce más (en lo que se crean nuevas empresas, se contrata a la gente, se construyen fábricas, etc.) ese incremento de la demanda sin incremento de la oferta conduce a un incremento de los precios. Y, como todo el mundo sabe, la inflación es mala, mala, mala y controlar la inflación es la tarea fundamental de todo gobierno o banco central (por ejemplo es el objetivo tanto del BCE como de la Reserva Federal), así que este tipo de medidas deben evitarse siempre que sea posible, de hecho solo son justificables para solucionar un problema de paro anormalmente elevado y deben abandonarse en cuanto sea posible para evitar la aparición de burbujas y el sobrecalentamiento de la economía.

El segundo es que el paro medio en la UE es del 10,2%, en la zona Euro del 10,7% y en Alemania es del 5.6%. Así que las medidas que conviene aplicar en España no son en absoluto las que conviene aplicar en la Eurozona. Muchísimo menos en Alemania, o en Austria, o en Holanda. Hasta en Grecia tienen menos paro que nosotros.

Y eso es todo. Así que, recordando una vez más que este artículo no refleja necesariamente mi opinión, sino que simplemente intenta explicar por qué la mayor parte de nuestros economistas están diciendo que la culpa es de Alemania y sus compinches y del Banco Central Europeo que no nos permiten aplicar las recetas y políticas que necesitamos para salir de esta sino que únicamente aplican las que les convienen a ellos; recordando que éste artículo es básicamente divulgativo así que contiene simplificaciones e inexactitudes en las que he incurrido adrede para aumentar la claridad; y sugiriendo enérgicamente a quien le interese el tema que lea libros de expertos de verdad y no asigne valor de dogma a los artículos del blog de un gótico liberal que se cree muy listo y muy leído pero que en su vida ha pisado una facultad de Económicas, se despide de ustedes hasta su próximo ladrillo, agradeciendo su atención y fidelidad,

Arthegarn, el Peregrino_______________________

(1) Sin duda el economista más influyente del siglo XX y un tipo que, personalmente, me cae francamente bien. Hijo de un profesor de universidad y de una de las primeras mujeres que cursaron estudios superiores en Reino Unido, extremadamente inteligente, bicurioso (¡en la Inglaterra de entreguerras!) amigo de Bertrand Russell, encumbrado a la cámara de los Lores con un premio Nóbel y una baronía, casado con una bailarina de la que siguió enamorado toda su vida, padre de un científico y de un aventurero…
(2) El patrón oro era una forma de medir el valor de una moneda en términos de cuánto oro representaba. De acuerdo al patrón oro, un Estado respondía de su papel moneda con el oro que tenía en sus reservas, de tal forma que dividiendo la cantidad total de oro en reservas del estado en cuestión entre la cantidad de su moneda que había emitido se podía obtener un criterio objetivo sobre su valor comparado con otras monedas. Así, por ejemplo, una peseta podría representar medio gramo de oro y una libra cinco gramos con lo que tendríamos que una libra vale diez pesetas. Idealmente los titulares de billetes y otros vehículos comerciales con valor representativo (a diferencia de, por ejemplo, una moneda de oro, que vale tanto como el oro del que está compuesta) podían comparecer ante el banco central del estado emisor y exigir su cambio por la cantidad correspondiente de oro. Históricamente el patrón oro es el origen de aquella frase que había en los billetes españoles del sigo pasado que decía: “El Banco de España pagará al portador X pesetas”, teniendo en cuenta además que la peseta empezó siendo una fracción del peso, moneda de valor intrínseco que contenía 27 gramos de plata y valía exactamente eso.
(3) Llegados a este punto es importante insistir en que la oferta y la demanda no son solo de cosas (”bienes”) como zanahorias y patas de cordero sino también de servicios, es decir cosas que alguien hace por nosotros porque nosotros no podemos o no queremos hacerlas. Así, Caín puede querer satisfacer sus bajos instintos y ofrecerle un manojo de zanahorias a una nefilim que pasaba por ahí a cambio de… am… bueno, de sus “servicios”.
(4) Es fundamental para lo que vendrá después mencionar que, en teoría económica clásica ( sea, esta), la oferta y la demanda son siempre iguales (o tienden a serlo con el tiempo vía ajuste de precio). En el ejemplo anterior la oferta (cordero y zanahorias) es igual a la demanda (zanahorias y cordero). Si incrementamos la oferta de, digamos, zanahorias, al final lo único que ocurrirá será que bajará el precio de las mismas y que una pierna de cordero ya no valdrá cinco zanahorias sino, por ejemplo, diez, y volverán a equipararse oferta y demanda. Lo mismo ocurriría si aumentáramos la demanda de cordero o redujéramos la oferta de zanahorias: al final oferta y demanda se equilibran vía precio.
(5) ¿Y por qué medio cordero y no simplemente una pata, que es lo que valía un manojo de zanahorias en el ejemplo anterior? Porque no vale lo mismo una pata de cordero ahora que una promesa de darte una pata de cordero en el futuro si todo va bien: a lo mejor la oveja se escapa, por ejemplo, y Caín se queda sin su pata de cordero Y sin su manojo de zanahorias, que Abel ya se habrá comido. Este fenómeno, llamado traslación del riesgo, es lo que da origen a los préstamos con interés, en los que el riesgo asumido por el prestamista se compensa por el prestatario ofreciendo devolverle una cantidad mayor que la prestada. Por supuesto, cuanto menos se fie el prestamista del prestatario mayor tendrá que ser la compensación: no es lo mismo prestarle cincuenta euros a tu hermana que prestárselos al vago de tu amigo Pepe que prestárselos a Ruiz-Mateos, con que mi hermana me prometa devolverme el capital me vale, pero Pepe igual me tiene que prometer que me devolverá 55 dentro de un mes para que se los preste (y solo lo haré si creo que de verdad podrá tener esos 55 euros dentro de un mes) y a Ruiz-Mateos no le presto 50 euros así me ofrezca devolverme esos 50 euros y cinco millones más, porque sé que llegado el plazo no voy a ver un céntimo. Complicando mucho las cosas, eso es la prima de riesgo esa que tanto nos trae por la calle de la amargura: la gente se fia más de su hermana Alemania que de su amiga España y no pondrían un duro en Grecia si no les obligaran.
(6) En el mundo real, además, está conversión es mucho más perfecta e inmediata ya que la inmensa mayor parte del ahorro está en un banco, no debajo del colchón, y ese banco lo presta (es decir, lo invierte) en cuanto puede.
(7) Y también bajar los tipos de interés, por ejemplo, pero no quiero complicar más el modelo. Si el Estado baja los tipos de interés el ahorro se hace menos atractivo, recordemos el ejemplo de (5). Si el tipo de interés está muy alto cogeré mi dinero y lo ahorraré porque me va a rentar mucho, si presto cien y en un año me devuelven ciento diez estoy haciendo un buen negocio. Pero si presto cien y en un año me devuelven ciento uno… pues es menos atractivo, oye, para eso cojo esos cien y me voy de cañas.

Intervención, rescate y préstamo.

Comenta mi querido amigo y compañero Eduardo Marqués en una nota en Facebook cuya lectura recomiendo que esto del rescate a las cajas(1) no es en realidad un rescate a España pero no por las razones que yo considero correctas sino porque “España lleva ya intervenida desde hace años. Más concretamente, desde que Zapatero «se volvió loco». Europa dijo que si quería que alguien (el BCE) le comprara deuda, que se dejara de hacer el idiota y empezara a preocuparse por cuadrar las cuentas y llevar a cabo reformas económicas de calado en vez de de dedicarse a legislar sobre si los gorilas deben de tener derechos humanos. Te presto dinero, y a cambio te pido contrapartidas: eso es un rescate, de toda la vida.”. Y estoy de acuerdo con ese análisis, pero es que eso no es una intervención. Afortunadamente.

Hay una diferencia nada trivial entre una maniobra comercial y una intervención. El resumen de la situación de la deu897a8aafc3b9ff41db13f2b16ea10b0ada del año pasado es correcto, pero las razones por las que no nos querían comprar deuda eran estrictamente comerciales: el Estado estaba llegando a tal nivel de endeudamiento y estaba utilizando los ingresos de la deuda pública de tal forma (porque lo más triste de todo esto, y lo digo ahora que no me oye nadie, es que los españoles todavía no se han enterado de que el PSOE les ha estado engañando como a bobos, con una operación esencialmente idéntica a los fondos de Madoff, usando las entradas de capital para pagar intereses y al mismo tiempo repartir dividendos que no tenían razón de ser y-ya-veremos-como-salimos-de-esta) que los compradores empezaron a oler a chamusquina y decidieron dejar de comprar nuestra deuda (y con razón) porque aquello tenía toda la pinta de que iba a petar. Hasta entonces el incremento del riesgo (i.e. la mayor intensidad de olor a chamusquina) se había compensado ofreciendo cada vez más interés (igualito que Madoff, insisto), pero llegó el momento en que la peste era tan intensa que ni por esas se iba a seguir comprando deuda.

Pero, claro, como somos estados soberanos y jefes de gobierno por tanto no nos podemos meter en la cárcel porque tenemos iure imperii (que es lo que habría que haber hecho con Zapatero y compañía, igualito que Madoff), cuando se destapa el pastel hay dos opciones: dejarnos quebrar (y perder todo el dinero invertido) o intentar salvarnos (con el objetivo fundamental de recuperar la inversión, por supuesto, no por nuestra cara bonita). Así que nos dicen: “Mira, estamos dispuestos a seguir comprándote deuda, pero solo si acabas con esto del timo piramidal, empiezas a amortizar y nos 897a8aafc3b9ff41db13f2b16ea10b0a.jpgdas garantías de que no vas a quebrar”. “¿Y cómo hago yo eso?” “Bueno, pues que empecemos a ver que vas a ser competitivo, chico. Para empezar, tendrías que cerrar el grifo de los regalitos que les estabas dando a tus ciudadanos con nuestro dinero, y luego… pues empezar a ganar más de lo que gastas, básicamente.”

Así que nos toca trabajar más (reforma laboral, reducción del sector público, reconversión de sectores de baja rentabilidad) y gastar menos (y hablamos de gastar comparativamente MUCHO menos, porque. (i) simplemente cerrar el grifo de los regalitos son miles de millones que el Estado deja de inyectar en el Estado del Bienestar y (ii) ese “dejar de endeudarnos más” no significa ganar más sino simplemente dejar de perder a manos llenas, así que hay que recortar todavía más para empezar a tener dinero para pagar a nuestros acreedores). El tema es que en ese momento la decisión de cómo hacerlo y de qué medidas tomar era nuestra (y afortunadamente sigue siéndolo) por lo que No estábamos intervenidos. La intervención se da con la cesión de soberanía y no antes, cuando tienes un señor que te dice “no puedes hacer esto”, no “como hagas esto dejo de comprar tu deuda pública y te abandono a tu suerte en el hoyo en el que tú mismo te has metido”.

Y con el tema del rescate a las cajas pasa lo mismo. España dice “oye, que tengo un problema grave con mi banca pública que acabo de privatizar y que están saliendo todos los agujeros y la pésima gestión de los últimos 30 años” y Europa echa un vistazo y dice: “Bueno, hasta ahora estás cumpliendo lo que habías prometido, has dejado de gastar como un manirroto y claramente se te ve listo para empezar a ganar dinero con el que pagarnos… Mira, te prestamos dinero (y venga a prestarnos dinero) para las cajas pero queremos garantías adicionales”. Ahí entra el tira-y-afloja de hace dos semanas que se salda con la promesa de española de continuar por el camino de la rentabilidad (que ya habíamos empezado y que en realidad no se ve afectado por este préstamo, aunque mucho imbécil crea que los recortes y subidas del IVA del año que viene estarán motivadas por el rescate; que no, chicos y chicas, que ya estaba decidido) y la intervención, ahora sí, de las cajas que sean rescatadas. Pero de las cajas, no del Estado. Los que van a tener un hombre de negro diciendo “¿Qué coño es eso de la obra social? ¡A reservas!” van a ser las cajas, no España. Las intervenidas son las cajas, no España. Y eso nos permite tener un cierto margen de maniobra, al menos en el calendario de aplicación de las reformas (por ejemplo) o en exactamente 897a8aafc3b9ff41db13f2b16ea10b0ade donde recortamos y de donde no para intentar respetar la idiosincrasia de los españoles. Porque si nos intervinieran nos iban a hacer los cambios que necesitamos en plan serio, lo antes posible, y sin entender que es mejor recortar de aquí que de allá porque un interventor alemán no va a entender (ni a respetar) que “a la Virgen de la Macarena(2) no me la toques que es sagrá”, va a hacer lo que haría en su propio país con su propia gente y va a acabar con una muy española pedrá en la cabeza.

Así que no estoy de acuerdo. Aun tenemos un cierto margen de maniobra, que verdaderamente opino que es fundamental para evitar acabar en un estado de pre-guerra civil como el que tienen en Grecia, y que es perfectamente posible habida cuenta de la gente que no hace más que pedir armas para el pueblo, meter bulla, cortar ferrocarriles, crear disturbios, sugerir que lo mejor para acabar con la crisis es una hoguera para quemar políticos y banqueros en cada plaza del pueblo o, en su defecto, una buena guillotina, y que alienta a su prójimo a la rebelión, la sedición y la violencia como si de ahí fuera a salir algo bueno (y esto son solo dos o tres de las cosas que he leído en Facebook últimamente, a veces en mi propio muro. No estamos intervenidos. Todavía no. Y es vital que no lleguemos a estarlo.

Hala, lapidadme.

Arthegarn._________________
(1) Me niego a hablar de rescate “a la banca” hasta que vea al BSCH o al BBVA acudir a esos fondos, aquí se está rescatando a las cajas de ahorro, a la exbanca pública de la nefasta gestión que de ella han hecho los políticos, algo esperable porque era desde el principio una nefasta idea).
(2) O la del Pilar. O la del Rocío. O el igualmente místico y etéreo sistema de pensiones. O la totalmente infravalorada Seguridad Social. O el Estatut. O el concierto económico vasco. O…

El libro de mayo

A Brief History of Time es un libro al que tenía manía, casi tanta como a Stephen Hawking, desde que era casi un crío. Recuerdo una charla con mi padre en la que me decía que Hawking estaba sobrevalorado, que era un producto de los medios de comunicación, que no estaba a la altura de otros físicos como Hoyle o Penrose y que de cualquier forma su tesis central estaba equivocada. Por lo que recuerdo que me contaba, el error de Hawking consistía en aplicar el principio de indeterminación del Heisemberg al momento inicial del universo, lo cual carecía de sentido ya que si el espacio entero era un punto de dimensión cero, el momento y la posición del universo entero tenían que ser perfectamente determinables con exactitud infinita ya que no había otro sitio en el que pudieran poder estar que en ese punto de dimensión cero. Décadas después, tras haber leído finalmente el libro y saber qué dicen exactamente tanto Hawking como Heisemberg, tengo que decir que o yo no entendí a mi padre o mi padre no entendió a Hawking porque no dice nada parecido.

El libro, que me ha gustado muchísimo (aunque menos que La Nueva Mente del Emperador de su colega y amigo Roger Penrose, a quien menciona no menos de veinte veces) es mucho más de divulgación de lo que yo me esperaba. Oh, sí, divulgación seria, desde luego, pero no muy diferente de Los Tres Primeros Minutos del Universo, por ejemplo. Es un viaje breve por la historia de la ciencia, enfocándose en la física, la astrofísica y finalmente la física cuántica, en busca de una teoría de la gran unificación. Está francamente bien escrito, es una lectura amena (mi madre me tiraría algo a la cabeza si leyera esto), con ejemplos muy buen puestos y el nivel justo de erudición (por ejemplo, cuando habla de la gemetría de Minkowski ni siquiera menciona al pobre Hermann). La explicación que da de la relatividad (de las dos) es muy, muy buena, y la de la física cuántica, si bien no está a la altura de otras más eruditas que he estudiado, tiene ejemplos muy buenos para que se te quede en la cabeza qué son y para que sirven cosas como el spin o los colores de un quark.

Las páginas en las que habla (finalmente) del tiempo y su naturaleza son muy buenas. Abren la mente a reflexiones sobre la naturaleza del espaciotiempo que a mi me resultaron fascinantes. Recuerdo que esa parte del libro la leí en el metro y que, sin pasar de página, perdido en mis pensamientos sobre la relación entre la flecha del tiempo, la entropía y el crecimiento del universo, me di cuenta de que me había pasado de estación y tuve que cambiar de metro… ¡hasta tres veces! Sin quitarle mérito a Martin, esas cosas no me pasan con A Song of Ice and Fire, por ejemplo. También lo son las páginas sobre las singularidades cuánticas y la búsqueda de la Teoría del Todo, si bien es entrañable leer un libro escrito cuando la teoría de cuerdas era algo cuyo nombre no pasaba de las universidades y la gravedad cuántica ni siquiera había abandonado la mesa de investigación.

Podría pasarme horas hablando de este libro y de las cosas que cuenta (aunque no todas las haya leído ahí) porque es un tema que cada día me fascina más, pero me voy a limitar a recomendaros que, si tenéis un espíritu suficientemente inquieto, la suficiente capacidad de atención, y sobre todo de imaginación, lo leáis directamente. Es una muy buena puerta de entrada para pasar de ahí a cosas más serias y, entre nosotros, un rato más fácil de leer que, por ejemplo, GEB-EBG. Así que sus, y a ello. No os arrepentiréis. Ah, y queda uno como todo un intelectual leyendo estas cosas en el Metro, estoy descubriendo. En la oficina te miran de otra manera y te preguntan "Pero ¿tú no eras abogado?" y cosas así.

Beneficios colaterales, qué queréis que os diga.

Los libros de mayo

A Brief History of Time es un libro al que tenía manía, casi tanta como a Stephen Hawking, desde que era casi un crío. Recuerdo una charla con mi padre en la que me decía que Hawking estaba sobrevalorado, que era un producto de los medios de comunicación, que no estaba a la altura de otros físicos como Hoyle o Penrose y que de cualquier forma su tesis central estaba equivocada. Por lo que recuerdo que me contaba, el error de Hawking consistía en aplicar el principio de indeterminación del Heisemberg al momento inicial del universo, lo cual carecía de sentido ya que si el espacio entero era un punto de dimensión cero, el momento y la posición del universo entero tenían que ser perfectamente determinables con exactitud infinita ya que no había otro sitio en el que pudieran poder estar que en ese punto de dimensión cero. Décadas después, tras haber leído finalmente el libro y saber qué dicen exactamente tanto Hawking como Heisemberg, tengo que decir que o yo no entendí a mi padre o mi padre no entendió a Hawking porque no dice nada parecido.

El libro, que me ha gustado muchísimo (aunque menos que La Nueva Mente del Emperador de su colega y amigo Roger Penrose, a quien menciona no menos de veinte veces) es mucho más de divulgación de lo que yo me esperaba. Oh, sí, divulgación seria, desde luego, pero no muy diferente de Los Tres Primeros Minutos del Universo, por ejemplo. Es un viaje breve por la historia de la ciencia, enfocándose en la física, la astrofísica y finalmente la física cuántica, en busca de una teoría de la gran unificación. Está francamente bien escrito, es una lectura amena (mi madre me tiraría algo a la cabeza si leyera esto), con ejemplos muy buen puestos y el nivel justo de erudición (por ejemplo, cuando habla de la gemetría de Minkowski ni siquiera menciona al pobre Hermann). La explicación que da de la relatividad (de las dos) es muy, muy buena, y la de la física cuántica, si bien no está a la altura de otras más eruditas que he estudiado, tiene ejemplos muy buenos para que se te quede en la cabeza qué son y para que sirven cosas como el spin o los colores de un quark.

Las páginas en las que habla (finalmente) del tiempo y su naturaleza son muy buenas. Abren la mente a reflexiones sobre la naturaleza del espaciotiempo que a mi me resultaron fascinantes. Recuerdo que esa parte del libro la leí en el metro y que, sin pasar de página, perdido en mis pensamientos sobre la relación entre la flecha del tiempo, la entropía y el crecimiento del universo, me di cuenta de que me había pasado de estación y tuve que cambiar de metro… ¡hasta tres veces! Sin quitarle mérito a Martin, esas cosas no me pasan con A Song of Ice and Fire, por ejemplo. También lo son las páginas sobre las singularidades cuánticas y la búsqueda de la Teoría del Todo, si bien es entrañable leer un libro escrito cuando la teoría de cuerdas era algo cuyo nombre no pasaba de las universidades y la gravedad cuántica ni siquiera había abandonado la mesa de investigación.

Podría pasarme horas hablando de este libro y de las cosas que cuenta (aunque no todas las haya leído ahí) porque es un tema que cada día me fascina más, pero me voy a limitar a recomendaros que, si tenéis un espíritu suficientemente inquieto, la suficiente capacidad de atención, y sobre todo de imaginación, lo leáis directamente. Es una muy buena puerta de entrada para pasar de ahí a cosas más serias y, entre nosotros, un rato más fácil de leer que, por ejemplo, GEB-EBG. Así que sus, y a ello. No os arrepentiréis. Ah, y queda uno como todo un intelectual leyendo estas cosas en el Metro, estoy descubriendo. En la oficina te miran de otra manera y te preguntan «Pero ¿tú no eras abogado?» y cosas así.

Beneficios colaterales, qué queréis que os diga.

Como solucionar la crisis

A medida que se acerca el aniversario del 15-M sin que se le vea una salida a la crisis, con el PP metiendo la tijera en todos los gastos del Estado y de las Comunidades Autónomas, con el PSOE, IU y los sindicatos metiendo caña, con España en recesión y una tasa de paro del 24% que no hace más que seguir subiendo, la gente está enfadadísima. Ante todo están enfadados con nuestros políticos, todos, de un lado y del otro, por no resolver la crisis; y luego están enfadados también por distintas razones con los banqueros, los empresarios, los ricos, los intelectuales y ese fuzzy group que es la llamada ”clase dirigente” pero que es, aparentemente, incapaz de dirigirles a ningún sitio (a ningún sitio fuera de la crisis, vamos).

Lo primero que hay que decir es que este sentimiento de enfado e indignación es … ¿obvio? ¿de lo más natural? ¿esperable? Nadie puede intentar, como he leído por ahí, que los españoles no se sientan así. Por las mismas razones por las que si vas andando por el bosque y de repente se levanta un oso al lado tuyo sientes miedo, es normal que cuando te ves atrapado en una situación incómoda a la que no le ves salida sientas frustración, desesperación, dolor y rabia. Lo sé muy, pero que muy bien. La pregunta es qué vamos a hacer con toda esa energía, toda esa rabia e indignación que todos, yo también, tenemos dentro. La pregunta es cómo vamos a salir de esta.

Si nos guiamos por la historia reciente parece que lo único que haremos con esa energía será lo que el amigo Eduardo Marqués llama ”liarla parda”, particularmente en sus dos primeras acepciones: tendremos gente volcando coches y quemando contenedores, y tendremos otra gente (mucha más) expresando estas emociones con “una algarada, una revolución, un «todos a la calle contra todo», una catarsis puramente emocional”, un (otro) bluff que no llevará a ningún sitio y que será capitalizado(1) para sus propios fines por este o aquel grupúsculo marginal cuyos “líderes” tendrán sus cinco minutos de fama y, si tienen suerte, acabarán de tertulianos en algún sitio o cobrando 250 euros por charla. Pero desde luego eso no nos acercará a la salida de la crisis; lo más probable es que de hecho nos aleje de ella(2). Aun así siempre estarán los cuatro idealistas trasnochados de siempre que, de forma más o menos bienintencionada, lo verán como el inicio de la revolución proletaria o la rebelión del Pueblo contra sus opresores políticos y económicos o [Inserte aquí su demagogia favorita], por supuesto, y que llamarán a la gente a la calle en nombre de todas esas cosas y con la promesa de un futuro mejor y más brillante, sin crisis y con libertad, en el que todos seremos listos y responsables y las piedras manarán leche y miel. Y habrá gente que se lo crea y les siga, porque es lo que la gente quiere creer, lo que la gente quiere que le digan y porque sentirán, en su corazón y en sus entrañas, que es lo que tienen que hacer. Porque cuando estás frustrado y rabioso a lo que te lleva la naturaleza es a la violencia, a “sacudirte las cadenas”, a acabar con la amenaza o el obstáculo que tienes delante. Y esto es tan obvio, natural y esperable como el que aparecieran los sentimientos de los que hablaba antes, pero por mucho que sea obvio, natural y esperable, no nos va a sacar de esta, ni va a arreglar la crisis, ni nos va a dar trabajo. Más bien al contrario.

Claro que… si la algarada y la “revolución” no son los caminos para solucionar el problema, si acabar con quienes “nos han metido en esto” o quienes “no saben sacarnos de aquí” (3) no va a llevar a ningún sitio, entonces, ¿qué podría hacerlo? ¿Quién podría hacerlo?

Pues tú. Pero muy probablemente no como como crees.

A nadie se le escapa que hay que cambiar muchas, muchas cosas en España. Pero lo primero que el auténtico revolucionario, el auténtico idealista, tiene que cambiar, es a si mismo. Tiene que tener claro donde quiere ir, ver cómo se puede llegar y ponerse a ello. Y, con toda probabilidad, lo primero que tendrá que cambiar de si mismo será su fe inquebrantable en la verdad de su causa y en que su solución es la (única) correcta.

Si verdaderamente queremos salir de esta, lo primero que tenemos que cambiar es esa mentalidad tan española de sostenella y no enmendalla. Si la realidad nos muestra que el ideal por el que estamos luchando es imposible e inalcanzable (como pasa siempre con los ideales, que son orientadores, puntos de referencia, no objetivos) lo que tenemos que hacer es dirigirnos al punto alcanzable, posible más cercano a ese ideal. Al decir esto me hago acreedor a decenas de comentarios con eslóganes del tipo “seamos realistas, pidamos lo imposible” o “hasta la victoria siempre”, pero me importa un pimiento. Si queréis ese tipo de cosas y prestáis oídos a ese tipo de frases hechas, a ese tipo de demagogia que os llama a la fe irracional como los Papas llamaban a las cruzadas, allá vosotros y sinceramente no sé qué hacéis leyendo este blog. Si lo que queréis es eso, salid a la algarada. Si lo que queréis es verdaderamente luchar por vosotros y por los que os rodean para mejorar la situación de una forma palpable y posible, si estáis dispuestos a sacrificar vuestros ideales intangibles, espirituales y sobrenaturales en aras del materialismo palpable, de la comida que de verdad se puede comer y del trabajo que de verdad se puede realizar, entonces seguid leyendo.

Una vez seamos capaces de admitir, individualmente, uno por uno, yo, tú que estás leyendo esto, que es posible que estemos equivocados, lo siguiente que hay que cambiar es ese otro mecanismo que es “hay que quitar de en medio a quien nos ha metido en esto”. Todo el problema, todo este artículo, si os fijáis, está basado en esto. La rabia y la frustración contra quien “nos ha metido en esta crisis” y quien “no nos sabe sacar de ella” es tan lógica como estúpida e improductiva. Es una antropomorfización del problema, es el mismo mecanismo que te hace darle una patada al hardware cuando se estropea el software, algo que está en nuestra naturaleza, en nuestros genes, pero que aunque tuvo su lugar cuando éramos animales irracionales y vivíamos en los tiempos en los que nuestras respuestas al medio debían ser, rápidamente, una de las famosas Cuatro Efes(4), hoy en día no está simplemente obsoleto, sino que es contraproducente. «¿Algo va mal? Tiene que tener una causa. Hay que encontrarla y destruirla, muerto el perro se acabó la rabia». Ese mecanismo está en nuestro hardware, está en nuestros cerebros y aunque sea natural, lógico y esperable y resultado de la evolución por selección natural, no nos es más útil para resolver estos problemas que el hecho de tener apéndice(5).

De verdad, no hay una mano negra, no hay una conspiración, no hay unos malvados capitalistas de dientes afilados que se han quedado con todo el dinero que antes teníamos y que ahora no tenemos y lo están usando para encenderse puros. No es cierto. Esto os lo podéis creer como artículo de fe basándoos en la auctoritas que me confiráis, o podéis estudiar (pero estudiar en serio, no leer un titular de Público y contrastarlo con la Wikipedia) las causas del Credit Crunch, la contracción de la masa monetaria por la pérdida de confianza en los mercados (sí, el problema está en que la gente, o sea tú y yo, hemos perdido la confianza en “los mercados”, y os garantizo que no la vamos a recuperar gritando que la culpa es precisamente de “los mercados” como el año pasado -lo que por cierto es una majadería(6)). El dinero, la riqueza no está en los bolsillos de nadie, ya no existe. No quiero ponerme ahora a explicar la génesis de la crisis y a asignar responsabilidades porque en este momento es mucho menos importante saber cómo hemos acabado en este agujero que se va llenando de agua que cómo vamos a salir de él; pero baste decir que es tan natural como incierto pensar en un gran conjunto de pequeñas causas individuales como una única causa, simplificar las múltiples y complejísimas relaciones de todos y cada uno de los seres vivos individuales que componen, por ejemplo, la persona que está sentada a mi izquierda, con el término “Begoña” y decir que tiene la culpa de la crisis. No. Es el mismo mecanismo del que hablaba antes. El bosque no os deja ver los árboles, y el problema está en los árboles(7), no en el bosque.

Lo siguiente que podemos hacer es acabar con la muy española figura de la intervención divina. La pregunta está mal planteada porque nadie nos va a sacar de esta porque nadie puede. Nadie tiene unaRonBrokenWandvarita mágica, o una solución milagrosa o la fórmula de la Coca-Cola que pueda arreglar este desaguisado por si misma. En primer lugar porque hay muchas cosas que no se pueden “arreglar”: si una familia pide un crédito de forma temeraria y luego se encuentra con que no lo puede pagar, independientemente de que sea una pena, no podemos arreglarlo de un plumazo a golpe de condonación general de deudas “y que lo paguen los bancos”. El dinero con el que los bancos conceden hipotecas es el mismo dinero que yo he metido en mi cuenta corriente y el banco lo ha prestado en la creencia (amparada en la ley) de que tendrían que devolvérselo de una u otra manera. Si haces legal que la gente no pague al banco, ¿cómo me va a pagar el banco a mi? ¿A dónde nos llevaría hacer algo así?

Pero es que no es solo eso. Es que los españoles tenemos que entender de una vez que nadie puede vivir nuestra vida por nosotros y tomar las riendas de la misma. Desde los tiempos de Chindasvinto nuestras revoluciones y nuestros cambios se han basado en cambiar una minoría dirigente por otra minoría dirigente (como mucho, «nuestra» minoría dirigente), tenemos mentalidad de súbditos y no de ciudadanos. Esperamos que el Rey o el Gobierno o la Virgen nos arreglen nuestros problemas y eso no es así, la democracia no funciona así. Si no estamos dispuestos a aceptar la responsabilidad de gobernarnos a nosotros mismos, si vamos a seguir negándonos a entender que si las cosas van mal porque estamos gobernados por incapaces la culpa no es de nuestros gobernantes sino nuestra por haberlos elegido, entonces es que simplemente no estamos preparados para la democracia y lo mejor que nos puede pasar es volver al despotismo ilustrado. Hace un siglo Ortega y Gasset decía que no estábamos preparados, que no entendíamos que era la democracia y tenía razón, Da pena pensar que desde entonces no hemos mejorado casi nada.

Puestos a cambiar la tan española creencia en los milagros, en la Virgen que todo lo cura o el líder que nos sacará de esta, podríamos empezar a pensar en que los problemas complejos tienen causas complejas y que si no se resuelven de esa forma tan obvia que se nos ha ocurrido no es necesariamente porque nuestros dirigentes sean estúpidos o incapaces, sino que puede que sea porque esa medida tiene repercusiones que no hemos considerado. La mentalidad de taxista, de “esto lo arreglo yo en dos patadas” o “lo que hace falta es alguien con dos cojones” para temas que son enormemente complejos y sistemas que son prácticamente impredecibles es tan perniciosa como está extendida. No hay ninguna diferencia entre querer meter en la cárcel a un político porque no previó o resolvió una crisis (o enfadarse porque las cosas siguen yendo mal y no se ve la luz al final del túnel, aunque enfadarse sea natural) y lapidar al brujo porque no hace llover. Lo creáis o no, la influencia(8) que puede ejercer un gobierno para la solución de una crisis como ésta es semejante a la que tiene el brujo para hacer llover y sus resultados solo se notarían a medio plazo (mucho después de la tan satisfactoria lapidación).

Pero es que además la crisis tiene múltiples causas y todas ellas complejas por lo que no hay una única solución a todas ellas (y eso incluye panaceas como el asambleísmo anarquista-libertario, por cierto). Solo hay una persona que te va a sacar de la crisis, y ese eres tú. O, para ser exacto, solo hay una forma de salir de la crisis, y esa es acabando con todas sus múltiples causas, y no hablo de las causas que nos trajeron aquí, porque esas ya no son operantes y por tanto son irrelevantes, sino de las que nos mantienen aquí y las que nos hunden todavía más. Esos son los problemas que tenemos ahora y esos son los que tenemos que resolver. Y como resulta que esos problemas, al final, están causados en mayor o menor medida por todos y cada uno de nosotros, como individuos, lo que tenemos que hacer es arremangarnos hasta los codos y ponernos a cambiarnos a nosotros mismos, como individuos. Y ¿sabéis lo mejor de todo? Pues que esto es algo que no tenemos que esperar a que venga nadie a hacerlo sino que podemos hacer nosotros mismos y que además se trata de una sucesión de pequeñas cosas concretas e inmediatas que está en nuestra mano resolver, no de “acabar con el paro” o de “devolver la confianza a los mercados”. Por supuesto, esto exige de nosotros que tomemos las riendas, y por tanto la responsabilidad, de quienes somos y de en qué nos vamos a convertir, algo que a mucha gente le da miedito y que a todo el mundo debería infundirle, como poco, un sano respeto. Pero ha llegado la hora, insisto, de trabajar y ser valientes y cambiar lo que tenemos que cambiar: nosotros mismos. Porque solo cambiándonos nosotros, individualmente, uno a uno, haciéndonos responsables de lo que hacemos, podemos cambiar al colectivo. Si en algo estamos de acuerdo los perroflautas y yo es que el cambio no se puede imponer de arriba abajo, sino que viaja de abajo a arriba. Así que, lo dicho, sus y a ello.

¿Y cómo podemos cambiar? Bueno, pues insisto, haciéndonos responsables de nuestras vidas, nuestras actitudes, nuestros hechos, nuestras palabras. Midiendo las repercusiones en los demás y las consecuencias a medio y largo plazo de lo que hacemos. Por ejemplo, es posible que en este momento esté tan frustrado y enfadado que lo que de verdad quiera hacer, lo que mis entrañas me dicen que haga, es salir a pegar gritos, quemar contenedores y lanzar piedras a la policía. O puede que lo que me apetezca sea largarme a Sol a demostrarle a “los mercados”, “los banqueros” y “los políticos” (ah, no, que eso ya lo hemos resuelto) que no soy su marioneta y que no pueden jugar conmigo; por ejemplo no respetando los horarios o recorridos de las manifestaciones o intentando okupar la plaza de mi pueblo. Pero ¿qué repercusiones tendrá eso? ¿Estaré generando riqueza? ¿Confianza en España? ¿O estaré dando la impresión de que a los españoles nos importa mucho más demostrar lo fuertes e independientes que somos que trabajar para salir del hoyo? Y lo mismo que con los actos, con las palabras. Es posible que lo que me apetezca en este momento, lo que me dice mi corazón que debo hacer, es lanzar una soflama poética e idealista sobre las virtudes del idealismo utópico y las maldades del capitalismo, pero, una vez más ¿qué consecuencias va a traer esto? ¿A medio y largo plazo? ¿Para mi y para los que me rodean?

Una vez que hayamos decidido de verdad tomar las riendas de nosotros mismos, no ser esclavos de nuestros impulsos y apetencias y pensar antes de hacer ha llegado el momento de replantearnos muchas, muchas cosas sobre nuestros hábitos y formas de comportarnos. Alguno habrá que debería informarse antes de opinar, algún otro que debería escuchar tratando de entender lo que el otro intenta comunicar y no preparando el contraargumento… Otro se dará cuenta de que, por mucho que su instinto le diga que alquilar es tirar el dinero, meterse en una hipoteca de 600 euros a 35 años cobrando 1.000 con un contrato de obra y servicio es una mala idea porque probablemente, en algún momento no podrá pagarla. Muchos se desharán de la mentalidad y el mecanismo de “lo quiero, así que lo voy a comprar y ya veré como lo pago”. Ha llegado el momento de tirar a la basura la tarjeta de crédito, que te da ahora lo que pagarás luego, y mirarte a ti mismo y a tus bolsillos en el espejo y saber qué puedes consumir y qué no. Y lo que es mas importante, el momento de dejar de derivar tu autoestima en función de lo que consumes, de dónde vives, de cuánto ganas o de en qué trabajas. Eres quien eres y no está nada mal, y si quieres ser más, plantéate con realismo quien quieres ser (porque querer lo imposible solo conduce a la frustración) y cómo llegar a ello, sabiendo que no todo depende de ti y que es posible que no lo consigas. Y si caes en la lucha y no llegas a conseguir todo lo que querías, sigue luchando o cambia de objetivos, pero no te frustres. Tente un poco de respeto. Ah, y no le eches la culpa a otro, porque muchas veces nadie tiene la culpa.

Y hablando de no echarle la culpa a otro, probablemente haya llegado el momento de hacer examen de conciencia. Nadie te puso una pistola en la cabeza para pedir ese crédito ruinoso. Nadie te garantizó que sacándote esa carrera conseguirías ese puesto de puta madre, y si te lo garantizaron, aunque el otro sea un hijoputa o un imbécil, algo de culpa tendrás tú por habértelo tragado. Aprende, échate la china al bolsillo, no te fíes ni de tu madre (porque aunque ella te quiere tiende a sobrevalorarte y puede que te de consejos que ella cree buenos pero que acaban no siéndolo), haz tus propias cuentas, sé crítico, contrasta, toma tus propias decisiones y hazte responsable de ellas. Y si tienes los redaños para hacerlo de forma retroactiva y hacerte ahora responsable de las decisiones que tomaste en el pasado “por culpa de otros” te habrás ganado mi caluroso y sentido aplauso. Y te garantizo que cuando te mires al espejo del que hablaba antes verás que has crecido un par de centímetros.

Estate orgulloso de ser quien eres. Estate orgulloso de ser un ciudadano y no un bárbaro, de ser parte de la civilización que construye y no de la barbarie que saquea y rapiña. Respeta a tus semejantes como te respetas a ti mismo y como te gustaría que te respetaran a ti (y si crees que ya lo haces, cuéntaselo al del espejo cuando haya crecido ese par de centímetros, te garantizo que te sorprenderás). Y exige que los demás te respeten como deben. Critica y persigue cada céntimo que pagas en impuestos, entérate de a dónde va y por qué. Deja de pensar que “lo público» es «de todos” y empieza a pensar que “lo público” es en realidad tuyo, porque lo has pagado tú, y tienes que exigirle rentabilidad y eficacia, tanta como te exigen a ti en los estudios o el trabajo. No des dinero a corruptos, vagos y deshonestos y cuando te encuentres uno exponlo y denúncialo ante tus conciudadanos. Se acabó congratularse por hacerse un simpa, por saltarse el torno del metro, por defraudar a Hacienda, por cobrar el paro y trabajar a la vez, se acabó encumbrar al pícaro que “es más listo que el sistema” porque cada vez que comete una de sus fechorías te está robando a ti, no “al Estado” o «al Sistema». No hay diferencia entre el concejal que se va de putas con dinero público y quien se cuela cada día en el metro porque, total, nadie le dice nada(9). Cumple las normas, que las hemos acordado entre todos, y si no te gustan lucha por cambiarlas, habla con tus conciudadanos, convéncenos de que tienes razón… y respétanos como te respetas a ti mismo, que estamos tan orgullosos de ser nosotros como tú de ser tú, y si no nos convences (o hasta que lo hagas) no te tomes la justicia por tu mano. Y estate orgulloso de no hacerlo, porque someterte a la voluntad del Pueblo aun cuando crees que el Pueblo se equivoca es el precio que hay que pagar por la democracia (real ya).

Así que, hala. Menos dilución de la responsabilidad personal en el colectivo, menos buscar cabezas de turco que cortar, menos pensar que los problemas tienen causas sencillas y soluciones sencillas y que lo que pasa es que alguien es demasiado estúpido o demasiado malvado para ponerlas, y más darse cuenta de que el problema somos en realidad todos y cada uno de nosotros y que la solución, por lo tanto, depende de todos y cada uno. Sobre todo, de cada uno. O eso, o tardaremos mucho más en salir de esta crisis y cuando lo hagamos nos meteremos en otra igual. O no salimos en absoluto, claro…

La solución a la crisis empieza por uno mismo.

Arthegarn_____________________
(1) Tiene bastante chiste que el 15-M, sobre todo en Sol, fuera capitalizado por los anticapitalistas, por cierto.
(2) Por dos razones fundamentales. Primera: habremos gastado nuestra energía “al pedo” y nos quedará menos para trabajar, arrimar el hombro y dedicarnos a cosas realmente constructivas; y segunda, este tipo de comportamientos, agitaciones sociales y disturbios lo que consiguen en el panorama económico internacional es alejar capitales e inversión extranjera, lo que nos deja solos para salir de este fregado. Y si creéis que no, mirad Grecia. Si tuvierais dinero que invertir ¿lo haríais en un país que no es solo que esté arruinado, sino que además tiene un Pueblo cuya actividad principal es protestar en la calle, destruir la propiedad (pública y privada) y protagonizar algaradas, al borde de la revolución o, como me decía ayer Mithur, de la guerra civil? Pues eso.
(3) Admito que hasta ahora he hablado solo de luchar y pegar gritos y no de que hacer una verdadera revolución (aquello que los propios revolucionarios de principios del siglo pasado definían como cambiar la minoría dirigente por nuestra minoría dirigente), mucho menos de que esta triunfe y encima sin costes, pero seamos generosos.
(4) Fight or Flight or Feed or Copulate © Daniel Dennett.
(5) De hecho, mucho menos, porque hoy en día cuando el apéndice da problemas se elimina con una operación sin complicaciones, pero este mecanismo de suponer intuitivamente que todo tiene un culpable y buscar como destruirlo no hace más que dar problemas y no hay quien lo remueva.
(6) Porque un mercado no puede tener la culpa de nada, es un sitio en el que se intercambian bienes y servicios por sus precios. Si alguien tuviera la culpa de algo serían los mercaderes, no los mercados.
(7) De hecho está en las puntas de las hojas de esos mismos árboles, así que cuidado no sea que el árbol no os deje ver las hojas.
(8) La influencia positiva, claro. Influencia negativa puede tener a espuertas, es increíble lo fácil que es cargarte la economía intentando arreglarla, no te digo nada cuando lo que estás intentando es ganar elecciones…
(9) Caeteris paribus, por supuesto. Hay casos de estado de necesidad, por supuesto, pero no estoy hablando de esos casos y lo sabes, así que deja de preparar el contraargumento y presta atención a lo que quiero decir.