
Consciousness Explained es un libro al que le tenía ganas desde hace años. Yo creo que desde que y yo teníamos esas fascinantes conversaciones sobre la existencia del libre albedrío y la aparición espontánea de la personalidad frente a la consideración de si misma como algo sobrenatural. Como dice el propio Daniel Dennett, la consciencia es el Santo Grial de la ciencia, es la última frontera. Para muchos explicar científicamente, de forma materialista, el origen de la consciencia del sujeto de nuestros verbos, de ese “yo” del que tanto hablamos que es distinto a “nuestro” cuerpo y que se identifica básicamente con el espíritu es simplemente imposible. Otros creen que es “posible en principio” pero simplemente demasiado difícil. Y la verdad es que mucha gente le tiene miedo a esa explicación porque supondría la eliminación del poquito de Dios en el que quieren creer, ese que les ha hecho diferentes, importantes e inmortales. Si la consciencia es material, si verdaderamente depende del cuerpo y del cerebro, el yo no puede sobrevivir al cuerpo y muere con él; y eso es algo que mucha gente no quiere ni pararse ni a considerar, mucho menos a aceptar.
Pero, para la tranquilidad de toda esta gente este libro, pese a su título, no explica la consciencia. Informa muchísimo sobre como funciona nuestra mente, desde luego, y especula y propone modelos y lo que podríamos llamar una solución posible al problema de la consciencia, pero no prueba este sistema: al fin y al cabo hablamos de filosofía, de filosofía buena del siglo XXI basada en la ciencia, sí, pero no de ciencia. Consciousness Explained intenta encauzar nuestro pensamiento y darnos herramientas para poder ir desentrañando el tema en lo que Dennett cree que es la dirección correcta, pero no es un oráculo que conteste a las preguntas más que como lo hace la filosofía: en el fondo, con más preguntas.
Con todo y con eso, a pesar de no cumplir la promesa que hace el título, el libro es muy, muy bueno. La mayor parte del mismo está destinada a desmontar la idea del “teatro cartesiano”, la idea de que existe un punto central, físico o psicológico, al que llega toda la información para será analizada y desde el que se toman las decisiones. A través de un sistema interesante y que yo veo posible, llamado “multiple drafts model” (modelo de múltiples borradores) sugiere que las decisiones, básicamente, se “toman solas” de forma gradual a medida que surge el pensamiento, por procedimientos automáticos enraizados en grupos de neuronas que realizan funciones especializadas al modo de homunculi. La percepción de la consciencia tal y como la tenemos sería simplemente la forma más sencilla de explicarnos qué es lo que ha pasado, por qué nuestro cuerpo ha actuado de esta o aquella manera, realizada por una construcción semejante a una máquina de von Neumann virtual, construida sobre la arquitectura paralela de nuestros cerebros. Es una forma interesante de describir cómo podría funcionar un mecanismo automático de toma de decisiones tan complejas como las que realiza la mente humana, pero que queda muy lejos de estar demostrado.
Para evitar que la mente que está describiendo sea simplemente simplemente asignada a un p-zombi por sus detractores, Dennett empieza el libro fijando que su método es heterofenomenológico y que para la heterofenomenología (que se parece sospechosamente a la ciencia ya que, al fin y al cabo si un hecho o una diferencia son inmesurables se tienen por inexistentes) no hay en realidad ninguna diferencia entre un p-zombi y una persona real, precisamente por la definición de p-zombi. He leído varias críticas al libro en el que atacan su tratamiento de los qualia (en el fondo, lo que diferencia a un ser humano de un p-zombi) y creo que están muy desencaminadas. Dennett no afirma que los qualia no existan, no se mete en ese fregado, dice que para el método de pensamiento que está utilizando la existencia de los qualia es irrelevante y por tanto deben tratarse como inexistentes por el principio de economía, pero no está interesado en si existen realmente o no. Su respuesta es totalmente agnóstica, muy semejante al científico que, preguntado por la existencia de Dios, se encoje de hombros y responde que no sabe si existe o no y que Dios no entra dentro del campo de conocimiento de la ciencia por lo que en elabora sus teorías científicas como si no existiera, pero eso no quiere decir que afirme su inexistencia, solo su irrelevancia a efectos científicos.
En fin, un libro muy bueno pero no para todos los públicos. El propio Dennett bromea en el libro diciendo que más que explicar la consciencia lo que hace es refutar el concepto que se tiene sobre la misma (”Consciousness explianed”, or “explained away”?), efectivamente reduciéndonos a todos a la condición de p-zombis. Así que, si os asustan palabras tan largas como heterofenomenología o le tenéis cariño a vuestro alma inmortal, mejor no lo leáis. Si no es así, adelante, muy probablemente os guste; sobre todo a los que ya se hayan leído GEB-EGB…

y conseguir que me ”compren”, pero al mismo tiempo elijo en que condiciones y para quien trabajo y, en ese sentido, si una empresa quiere contar conmigo tiene que convencerme y “venderse” también.
producto tan malo que nadie quiere comprarlo, o que quienes lo compran saben lo que están comprando y le tratan como al ineficaz que es. ESOS sí que acabarán en empresas de tres al cuarto dirigidas por negreros, y la razón por la que serán tratados como esclavos será porque habrán demostrado que si no se les trata así no producen en lo más mínimo. Y en el mundo real, o produces, o mueres.
pero al mismo tiempo elijo en que condiciones y para quien trabajo y, en ese sentido, si una empresa quiere contar conmigo tiene que convencerme y “venderse” también.




un marco de referencia y con un lenguaje cristiano (porque eran cristianos), cuando pienso en una acción de gracias o escribo una oración pidiendo que “gocen de la gracia prometida por Jesús, que Dios les conceda la felicidad de la Vida Eterna y el conocimiento de lo importantes que fueron y de lo que les seguimos queriendo”… Entonces se me parte el alma que no tengo, porque ya no creo en ninguna de esas cosas, porque ya no hablo ese idioma aunque sepa decir las palabras. Y me siento vacío, estéril y sucio, como si intentara hacer el amor con el cadáver de mi amada. Y me enfado conmigo mismo, con el mundo y con Dios, por hacerme desenterrar de vez en cuando los despojos de aquello que me fue tan precioso, por obligarme a volver a mirarlo a los ojos y volver a fundir mi espíritu, que no tengo, con el suyo, para encontrar las palabras adecuadas.