Por qué no haré huelga mañana.

Sin entrar en el tema de si la reforma ya la empezó Zapatero o el de la supuesta mamandurria de los sindicatos (que me parecen falaces, si uno hace huelga es porque está de acuerdo con la protesta y no porque apoye a quien la convoque, son temas distintos), yo es que estoy de acuerdo con las medidas contenidas en la reforma. De hecho creo que se han quedado cortos en ciertos puntos y que no le han metido mano a algunos fundamentales, como precisamente una ley de huelga. Entiendo que recorta los derechos de los trabajadores, que no olvidemos que también son los míos como asalariado que soy, pero es que opino que éstos eran excesivos en determinados campos. Sinceramente creo que una mayor flexibilidad es buena a medio-largo plazo, algo que entiendo que es inconcebible para los que solo pueden pensar en el miedo que tienen a que les despidan.

¿Y por qué pienso esto? Porque yo, como asalariado, me veo tanto a la vez como comprador y vendedor en el mercado de trabajo. Yo vendo mi fuerza laboral a cambio de un salario, desde luego, y tengo que “venderme” y conseguir que me ”compren”,Y-por-esto-no-ganas-un-salario-justo pero al mismo tiempo elijo en que condiciones y para quien trabajo y, en ese sentido, si una empresa quiere contar conmigo tiene que convencerme y “venderse” también.

No nos engañemos: los empleadores no son unos esclavistas gordos con chistera, puro y dientes afilados que chasquean un látigo sobre sus trabajadores mientras les esquilman sus plusvalías. Puede que históricamente lo fueran en el momento en el que nació la lucha obrera y puede que en ese momento toda esa retórica de lucha de clases estuviera justificada, pero en el mundo en el que vivimos hoy en día, y más aun en el mundo hacia el que vamos, los empresarios que se portan así quiebran. Sí, mis queridos lectores, quiebran, y lo saben. ¿Y por qué? Porque en un mercado en el que hay libre competencia, los más rentables crecen y los menos rentables quiebran.

Si te portas como un negrero o un capitalista arquetípico de la revolución industrial con tus trabajadores te encontrarás con un fenómeno en tus recursos humanos: la gente buena de tu empresa se irá a otras en las que les traten mejor y les paguen más y tú te quedarás con los malos, vagos e ineficientes a los que no quiere nadie. Eso te hará ser menos rentable y producir con menos calidad, por lo que serás menos competitivo, y acabas quebrando (no te digo nada si esto es cierto en las grandes empresas de capital…). Desde esa perspectiva del mercado de trabajo, en la que los empleadores tienen que atraer y retener talento, estas reformas no son nada sino positivas porque: (i) si eres bueno no te van a echar porque a la empresa no le interesa y (ii) si eres malo tendrás que, o cambiar de actitud, o hacerte a la idea de que te van a pagar por lo que vales (y probablemente en otro sitio) y no por lo que crees que vales, o por lo que te han dicho tus camaradas que vales.

El incremento de eficacia de las empresas españolas, que ahora mismo es desastroso debido entre otras cosas a la mentalidad de la poltrona, incrementará su rentabilidad relativa. Eso incrementará en número de empresas y eso, a medio plazo, resultará beneficioso para los trabajadores, o al menos para los buenos trabajadores, que se encontrarán con que tienen más sitios donde elegir y con que su valor sube, por la simple ley de la oferta y la demanda. Más rentabilidad supone más incentivo para crear empresas, más empresas suponen más competencia para atraer y retener talento y eso redunda en unas mejores condiciones para los buenos trabajadores, estén en la categoría que estén y se dediquen a lo que se dediquen.

Porque todo esto no es aplicable simplemente a los grandes ejecutivos o los abogados de prestigio. Es aplicable a todos los profesionales, particularmente a todos los buenos profesionales, estén en el ramo en el que estén. Al igual que hay buenos y malos abogados (por ejemplo) hay buenos y malos mecánicos, obreros, chóferes, administrativos, secretarios, vigilantes de seguridad o comerciales. Y al igual que (caeteris paribus) los buenos abogados acaban siendo socios de Clifford Chance o de Uría&Menéndez, los buenos mecánicos acaban siendo jefes de equipo en Ferrari. Los buenos profesionales, en cualquiera que sea su ramo, acaban siendo mejor tratados, cobrando más y trabajando en mejores empresas que los malos y esto es simple selección natural.

Ni que decir tiene que la famosa rebaja de la indemnización por despido animará a los empresarios a hacer más contratos fijos. Eso facilitará la incorporación de jóvenes (y la reincorporación de parados) al mercado laboral en puestos estables, lo que facilitará su acceso al crédito. Y, si bien es cierto que al principio de tu vida profesional o si te quedas en paro tendrás que entrar un poco “donde puedas” (y cualquiera que me conozca sabe que hablo por experiencia) también lo es que si eres bueno irás ascendiendo, cambiando de puesto, o de empresa, o de las dos cosas, y acabarás en un puesto acorde con tu valía profesional. Eso sí, con tu valía profesional de verdad, que no tiene por qué tener nada que ver con lo que tú consideras que te mereces o lo que te contaba tu mamá.

Todo esto respecto a los buenos profesionales, que son los que salen fundamentalmente beneficiados de esta reforma. Y como yo soy un buen profesional y creo que esta reforma me beneficia, porque aunque ahora sea más barato despedirme no creo que fuera una decisión inteligente por parte de la empresa, pues no voy a ir a la huelga en contra de mis propios intereses.

Ahora, respecto a los que se conforman con “ir tirando” para “cubrir el expediente” y trabajan lo mínimo imprescindible… pues lo siento, pero cobrarán lo mínimo imprescindible para cubrir el expediente e irán tirando, porque si no dan más, no veo por qué esperan recibir más (supongo que al decir esto me cuelgo la etiqueta de “insolidario” o algo así). Y los que no hacen ni eso, los que vaguean en el puesto y se buscan cualquier excusa para no trabajar, pues se encontrarán con que su fuerza de trabajo es un producto tan malo que nadie quiere comprarlo, o que quienes lo compran saben lo que están comprando y le tratan como al ineficaz que es. ESOS sí que acabarán en empresas de tres al cuarto dirigidas por negreros, y la razón por la que serán tratados como esclavos será porque habrán demostrado que si no se les trata así no producen en lo más mínimo. Y en el mundo real, o produces, o mueres.

 It’s nature, red in tooth and claw, es la base de la selección natural, es lo que nos ha traído a ser lo que somos desde que no éramos más que polvo de estrellas y no entro a valorar éticamente sus procesos; me limito a decir que existen y que existen en la naturaleza, y que creo que quienes afirman que las cosas se pueden hacer mejor de otra manera probablemente pequen de arrogancia.

En definitiva, independientemente de que la reforma recorte los derechos de los trabajadores, y eso es así y quien diga lo contrario miente, yo es que creo que estos derechos eran excesivos en la España del siglo XXI y tenían efectos perniciosos. Si entendemos la relación laboral no como una lucha de fuerzas entre empleado y empleador, sino como una simbiosis en la que el trabajador y el empleado se intercambian lo que necesitan (el uno, dinero, el otro, fuerza de trabajo) veremos que cuando una de las partes tiene excesivos derechos la relación corre el riesgo de dejar de ser simbiótica y convertirse en parasítica. Y así, a largo plazo, perdemos todos, y quien diga que no que mire como estamos.

Y, sí, “otro mundo es posible”, sinceramente lo creo. Pero hasta que estemos en él hay que legislar de acuerdo a la realidad o el sistema colapsará y nunca llegaremos a ese “otro mundo”.

Salud y evolución,

Arthegarn

La reforma constitucional, o éramos pocos y parió la abuela.

Dejando a un lado el tema de la legitimidad de la Constitución, que me comprometo a debatir en otro artículo si alguien lo plantea, esta reforma: (i) no va a servir para nada, (ii) va a traer más mal que bien y (iii) si se hace, tiene que hacerse sin referéndum porque someter de antemano su aprobación a referéndum es anticonstitucional.

Empezando por el que trae más polémica, el tema del referéndum: me resulta divertidísimo la cantidad de demagogos y desinformados que andan por ahí exigiendo un referéndum para aprobar este cambio en la Constitución y gritando a los cuatro vientos que si no se convoca es una afrenta al Pueblo y un golpe de estado contra la soberanía nacional. Vamos a dejar una cosa clara: los mecanismos para reformar la Constitución están incluidos en la propia Constitución, y hay que seguir esos mecanismos. Esto debería parecer obvio, pero es increíble la cantidad de gente que no se da cuenta. Al igual que el reglamento del ajedrez fija como se juega al ajedrez, la Constitución fija las reglas del juego político en un país. Así como todos los alfiles tienen que moverse en diagonal porque lo dice el reglamento (y si los alfiles no se mueven en diagonal estarás jugando a otra cosa, pero no al ajedrez), nadie puede ser condenado o sancionado por acciones u omisiones que en el momento de producirse no constituyan delito porque lo dice la Constitución (y si la gente lo fuera querría decir que está en otro sitio, pero no en la España que define la Constitución). Es de estas cosas que son obvias: si vamos a jugar al ajedrez, tenemos que respetar el reglamento y si vamos a vivir en España, tenemos que respetar la Constitución. Y si no quieres respetar el reglamento entonces no digas que quieres jugar al ajedrez porque tú no quieres jugar al ajedrez, quieres jugar a otra cosa. Pero me estoy desviando al tema de la legitimidad que, insisto, si alguien se empeña discutiré en otro artículo. Aceptemos, de momento, el hecho de que todos estamos viviendo en España, la España que define la Constitución, y que hay que obedecerla.

Bien, volvamos al paralelismo con el ajedrez. Parte de las normas del ajedrez fijan el movimiento de la reina, y parte de las normas de la Constitución fijan cómo puede modificarse la propia constitución. En el caso del ajedrez, todos sabemos que la reina puede moverse en cada turno como una torre o como un alfil; en el caso de la Constitución, para la reforma se fijan también dos procedimientos. Uno, contenido en el artículo 168, dice (básicamente) que para reformar ciertas partes de la constitución (las más “importantes”, cosas como los derechos individuales, la forma de Estado o los colores de la bandera) hay que aprobar la reforma con mayoría de 2/3 en el Congreso, volver a aprobarla con mayoría de 2/3 por el Senado, disolver las cámaras, convocar elecciones, volver a aprobar la reforma con las mismas mayorías en las dos cámaras y, además, convocar un referéndum para que el Pueblo, directamente, la ratifique. El otro, contenido en el artículo 167, se aplica al resto de la Constitución, y dice (básicamente) que la reforma tiene que aprobarse por mayoría de 3/5 en el Congreso y luego por la misma mayoría en el senado, sin disolución de cámaras y sin convocatoria de referéndum, aunque éste puede convocarse si lo solicitan al menos el 10% de los diputados o de los senadores, cosa que ocurrió en 1992 con la única reforma constitucional que hemos tenido hasta ahora.

Supongamos, ahora, que estoy jugando al ajedrez y mi contrincante decide darme jaque mate haciendo que la reina se mueva como un caballo. Bien, claramente no puede hacerlo, es trampa. De la misma manera, uno no puede cambiar los colores de la bandera de España utilizando el procedimiento “simple” del 167; al igual que el reglamento del ajedrez dice que la reina no puede hacer ciertas cosas, haciendo la victoria más difícil, la Constitución dice que las Cortes no pueden hacer ciertas otras, haciendo la reforma más difícil. Hasta ahí creo que todos lo tenemos claro.

El problema surge cuando los ciudadanos (o parte de ellos) exigen al Gobierno que convoque un referéndum en el que el Pueblo, directamente, apruebe la reforma a la que nos enfrentamos ahora. Bien, el problema es que (i) no tienen derecho a exigir nada y (ii) el Gobierno no podría hacerlo aunque quisiera. El paralelismo ajedrecístico es que tu oponente te diga que no puedes darle jaque mate moviendo la reina como un alfil cuando el reglamento dice que sí, que la victoria es más fácil de alcanzar que lo que dice tu contrincante. Al igual que tu contrincante no puede cambiar las normas ni para hacerse a si mismo la victoria más fácil (moviendo la reina como un caballo) ni para hacértela a ti más difícil (prohibiendo que se mueva como un alfil), el Gobierno o las Cortes no pueden reformar la Constitución por otros procedimientos que los fijados en ella, no pueden trampearlos para hacer la reforma más fácil, pero tampoco más difícil. Legalmente hablando, la reforma puede aprobarse (tiene que aprobarse) por las Cortes y sin referéndum, el ciudadano no tiene derecho a exigir nada más ni tiene derecho a la pataleta al igual que mi contrincante en el ajedrez no tiene derecho a exigirme que no mueva mi reina como un alfil, ni a enfadarse cuando lo hago(1). Poner en duda la legitimidad del Estado, del Gobierno o de la clase política por aplicar estrictamente la legalidad constitucional es como tirar el tablero de un manotazo cuando te dan jaque mate: igual de justificable e igual de maduro.

Otra cosa, totalmente distinta, es que sabiendo que no se tiene derecho a ello, se pida a los diputados y senadores que soliciten un referéndum para ratificar esta reforma. Pero si se hace esto debe hacerse siempre desde el conocimiento y el convencimiento de que, si deciden no hacerlo, no has perdido nada porque de antemano no tenían por qué hacerlo. Una vez más, poner en duda la legitimidad del Estado, de la Constitución o de la reforma en cuestión porque no se hace como a nosotros (o a una parte de nosotros, o a una parte de vosotros porque a mi esta reforma me la trae por un paraguas como ya explicaré) nos gustaría es tan infantil como injusto. Las normas están ahí, hay que respetarlas y si nuestro contrincante quiere avisarnos del jaque a la reina se le puede agradecer, pero no enfadarse con él (¡ni con el ajedrez!) porque juegue cumpliendo estrictamente el reglamento. Oh, puedo entender el deseo de mucha gente de que se convoque el referéndum y la frustración que genera que no se convoque; es análogo a mi deseo de que no me coman la reina ya a mi frustración cuando me la comen(2), son emociones que todos experimentamos. Pero ni entiendo ni apruebo ni sanciono a quienes actúan llevados por esas emociones y se dedican a hablar de golpe de estado porque no se convoca un referéndum que no hace falta convocar. No es que “quieran” amordazar al Pueblo, ni que “piensen” que somos tontos ni que no “confíen” en nosotros. Es simplemente que no hace falta convocar un referéndum y así es más barato (unos 115 M€).

Y, es que, entre nosotros, el referéndum no hace falta convocarlo entre otras cosas porque esta reforma no sirve absolutamente para nada. Habéis leído bien: para nada. No introduce cambio alguno de verdad en la Constitución, lo deja todo al desarrollo legislativo. A ver si lo explico sin ponerme demasiado técnico…

Cuando empezó a hablarse de esta reforma parecía que lo que se iba a hacer era reformar la Constitución de tal forma que se prohibiera al Estado (y al conjunto de las Administraciones Públicas incluyendo las Autonomías, que son un agujero negro) que: (i) presentara presupuestos deficitarios(3) (es decir, presupuestos en los que los gastos son superiores a los ingresos, “y ya veremos como o pagamos”) y (ii) que la deuda total de España no pudiera sobrepasar un determinado porcentaje del PIB. Esa medida(4), inscrita en la Constitución, ofrecería estabilidad a medio y largo plazo a la economía española, acabando con los vaivenes según cambia de gobierno, con la independencia económica de las autonomías (que se escuda en que son autónomas para endeudarse todo lo que quieren) porque requeriría del acuerdo de los dos grandes partidos para deshacerse, algo que sería muy difícil por diversos factores. Pero el texto que se ha remitido hoy (y que podéis leer íntegro aquí) lo único que hace es derivar esos porcentajes que fijan el techo de coste o bien a una Ley Orgánica, que es mucho más fácilmente manipulable que la Constitución, o bien a lo que diga la Unión Europea, lo que desde mi punto de vista es un error porque es ceder soberanía a la Unión de forma descoordinada, sin el compromiso de todos los demás socios europeos de que vayan a hacer lo mismo.

En otras palabras, es un gesto totalmente de cara a la galería. Los gobiernos ahorradores puede que lo tengan un poco más fácil para justificar sus políticas presupuestarias, pero los gobiernos manirrotos solo tendrán que modificar una Ley Orgánica (lo que solo requiere mayoría absoluta del Congreso de los Diputados y que ni pasa por el Senado) para ponerse el techo de gasto / endeudamiento / lo que sea que les de la gana. En otras palabras, se dice de forma tajante e inalterable que no nos endeudaremos más de… lo que diga una ley que podemos alterar fácilmente. Un timo, oiga. Eso y anda, lo mismo. De hecho, para eso ya teníamos la Ley de Estabilidad Presupuestaria que aprobó el Gobierno Aznar en 2001 exigiendo este tipo de medidas de contención del gasto y la deuda, y que Zapatero dejó básicamente sin contenido apenas seis años después, en el día de los inocentes (dejando claro que aquello era una guasa).

Por eso digo que esta reforma constitucional hace más mal que bien. Porque se queda en una declaración de intenciones que, en realidad, no compromete apenas a nada a los sucesivos gobiernos que dirijan España, y porque comete el terrible error de abrir la caja de los truenos de la reforma constitucional por una soberana chorrada. Vamos a ver, si nos vamos a poner a reformar la Constitución, con todo lo que eso supone de tensiones políticas y de nacionalistas pidiendo cosas (ya están los vascos diciendo que “ya de paso” habría que incluir algo sobre el derecho de autodeterminación de los vascos, y los catalanes diciendo que “ya de paso” debería introducirse un tope a la “solidaridad catalana con España”), hagámoslo por algo que merezca la pena. Metámonos a fondo con el tema, reformemos el Poder Judicial y garanticemos su independencia y la de sus órganos de gobierno, reformemos el Senado, acabemos con la provincia como circunscripción electoral, metámonos a fondo con la estupidez de las autonomías y decidamos si somos un estado federal o no, porque el término medio claro está que no funciona, y tantas y tantas cosas que de verdad hay que hacerle a la Constitución. Pero crear toda esta tensión y armar todo este revuelo para tan escasas nueces es una soberana estupidez que, honestamente, opino que no vale para nada y que es difícilmente justificable por los dos grandes partidos ante sus electorados (para el PSOE porque eso de fijar techos de gasto es de derechas y para el PP porque en realidad no se está fijando nada y te la están metiendo doblada, imbécil).

En fin. No estaba el país tenso ni nada, entre la crisis, el 15-M, el Papa, el 15-O, las elecciones generalísimas y la madre que le parió como para ponerte ahora a juguetear con la Constitución. Como decía Romanones, vaya tropa…

Saludos a todos,

Arthegarn___________

(1) Por supuesto, el hecho de que mi contrincante en ajedrez no tenga derecho a enfadarse porque le gano siguiendo las normas no quiere decir que no se enfade. Hay mucha gente que no sabe perder y que, cuando lo hace o ven inminente la derrota, tiran el tablero de un manotazo, se enfurruñan y dicen que no quieren jugar más. Puede que sean jugar, pero no son buenos compañeros de juego. De la misma forma hay gente que aunque sepan de política, cuando el juego va en su contra cogen el canasto de las chufas y tiran las leyes a la basura diciendo que para esto no piensan seguirlas. Serán buenos oradores, pero pésimos ciudadanos.
(2) Cuando me comen la reina, quiero decir.
(3) Esto no es exactamente así, en realidad la idea era evitar presupuestos con un déficit estructural (es decir, el déficit que no tiene que ver con los ciclos económicos) superior al 0,40 % del PIB. El tema no es no endeudarse, es no endeudarse demasiado.
(4) Medida que a mi me parece muy bien porque está muy a tono com mi política económica, que es del tipo “si no hay dinero no podemos hacerlo aunque queramos” frente al “si hay que hacerlo lo hacemos y ya veremos como lo pagamos”
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Un liberal en la asamblea revolucionaria, popular y autogestionada de Sol y ni rastro del Rey Arturo

Cualquiera que leyera mi último artículo, Un Brindis por Sol, pensaría que en España el Pueblo, no una facción ideológica, sino el Pueblo, se estaba finalmente moviendo para alcanzar, entre todos, un nuevo acuerdo, más justo, directo y representativo, que reformara el sistema y la democracia. Por desgracia, nada podría estar más lejos de la realidad.

El jueves pasado, poco después de escribir ese artículo, pasé por casa, me cambié y me fui a Sol a ver en qué podía ayudar. Mi sorpresa fue grande al encontrarme que todos los carteles con soflamas izquierdistas, anarquistas y anticapitalistas que adornaban el campamento en mi última visita seguían allí… y que se habían reproducido. Me sorprendió porque, dado el carácter apartidista de los Cuatro Puntos(1), esperaba que el campamento se hubiera contagiado de la nueva ola de sentido común. Mi sentido arácnido empezó a zumbar, pero lo tranquilicé razonando que, al fin y al cabo, todo el mundo tiene derecho a la libertad de expresión, que era lógico pensar que muchos de los individuos de la acampada siguieran manteniendo sus ideas y downloadpor tanto expresándolas y que ,incluso si no fuera así, quizá retirar todo aquello planteara más problemas de los que yo pensaba. Así que me di una vuelta para olfatear el ambiente, que olía a amapola, óxido, sangre y rubí: todo diverso pero todo rojo. Mosqueado, pero no desanimado, me acerqué al punto de información.

Allí pregunté directamente de qué iba todo esto y qué era lo que se quería conseguir. Tres personas distintas hablaron conmigo, pasándose la patata caliente los unos a los otros, pero sin concretar lo que yo quería. Uno me explicó el origen (básicamente económico) de la “indignación” de los “indignados” y me remitió al manifiesto original de Democracia Real Ya (y me dio una copia en papel); otro me habló vagamente de que era un movimiento popular y asambleario (fue la primera vez que oí la palabra “asambleario”, pero no sería la última) que intentaba hacer un mundo más justo en el que las personas no fueran tratadas en función del dinero que tenían, etc., todo ello regado con palabras como “popular”, “igualitario” y “garantizar”; el tercero ya resultó más concreto y me estuvo contando diversas medidas de los 38 puntos del segundo manifiesto(2) de Democracia Real Ya. Cuando le comenté que esas propuestas ya las conocía, pero que era mi entendimiento que se había dado “marcha atrás” al respecto y que se había recortado a los Cuatro Puntos me contestó que eso no podía ser así: “es posible que alguna de las asambleas haya dicho que para hacer algunos de los cambios que queremos haya que contar con gente de fuera del movimiento y que para eso haya que decir cosas en las que estemos de acuerdo con ellos o ellos con nosotros, pero eso no es que demos marcha atrás: lo que queremos es esto, y ni un paso atrás.”

Fue un bofetón a mis esperanzas, pero no cejé. Pensé que, al fin y al cabo, yo también quería conseguir más cosas que las que figuran en los Cuatro Puntos, así que lo verdaderamente importante no era lo que el 15-M o la gente que lo componía quería obtener además de desarrollar los Cuatro Puntos, sino el hecho de que querían, al menos en parte, lo mismo que yo, y que podríamos trabajar juntos para conseguir ese subconjunto intersección. En un momento comenté que era abogado y acabé, sin entender muy bien por qué, en la Comisión de Legal(3). Allí intenté hablar de leguleyo a leguleyo, esperando obtener respuestas más exactas y menos grandilocuentes a mis problemas, pero lo único que saqué en claro era que los Cuatro Puntos no eran, como yo pensaba, un consenso de mínimos: eran una propuesta de trabajo que había salido de una de las comisiones asambleas, la de Política a Corto Plazo, pero que tenía que ser refrendada por la Asamblea General (“y, entre nosotros, ni de coña, vamos, menudos vendidos”). Segundo bofetón a mis ilusiones, y nuevo recordatorio de aquello que digo yo siempre de “nunca creas que el deseo de informar de un periodista supera a su deseo de vender periódicos” (si uno lee cuidadosamente el artículo de El Mundo, por ejemplo, o el de El País se da cuenta de que en realidad no había tal consenso de mínimos, pero el titular vendía más así…).

Aun así, saqué otra cosa en claro: la gente con la que yo quería hablar, los que tenían (en mi humilde opinión) el sentido común y la visión política suficiente como para que del 15-M pudieran salir los cambios de sistema que España necesita tan desesperadamente, eran los de la Asamblea de Política a Corto Plazo. Me acerqué de nuevo a Información donde vi que se reunían en Cortylandia, pero me avisaron de que hoy precisamente no se reunían. No obstante vi que en cinco minutos empezaba la Asamblea de Política a Largo Plazo en la cercana plaza de Pontejos, así que me lié la manta a la cabeza y me acerqué allá, como siempre a escuchar lo que se decía y, esta vez, a participar con mis opiniones.

Quitando otro tipo vestido de negro debía ser el mayor de los cuarenta allí reunidos. Con media hora de retraso o algo así el compañero de las rastas que creo que se llama Arturo(4) tomó el altavoz y nos estuvo explicando las normas de la asamblea, al tiempo que pedía voluntarios para tomar acta, llevar cuenta de los turnos de palabra, etc. Como nadie se ofrecía para nada me pudo la educación católica aquella de la que hablaba Vieja Bruja cierta vez y me ofrecí a levantar acta para romper el hielo (y funcionó, en seguida salieron todos los demás). Esto lo digo porque ahora, cuando comente lo que se discutió en esa asamblea, quiero dejar claro que no es solo que anduviera yo por allí mirando el facebook y poniendo la oreja de vez en cuando, estaba levantando acta y prestando toda mi atención a lo que se decía. Así que, aquellos de vosotros que seáis moderados y leáis estos artículos para tener información de primera mano(5), agarraos, que vienen curvas.

Lo primero que voy a hacer es transcribir el orden del día de, insisto, la asamblea de Política a Largo Plazo (en adelante, “PLP”) (que yo, en mi ignorancia suponía que trataría de objetivos a largo plazo y líneas orientadoras, pero no):

  1. Okupación(6) de viviendas vacías.
  2. Expropiación de bienes inmuebles y posterior socialización.
  3. Federación de consejos municipales.
  4. Autogestión de todas las empresas y asambleas en los centros de trabajo.

Este orden del día, como comprenderéis, hizo que se me cayera el alma a los pies. Si hasta ahora mis conversaciones en la acampada habían sido desilusionantes, este orden del día me demostraba más allá de toda duda que el sentido común y el realismo brillaban por su ausencia en el movimiento 15-M (en otras palabras, que cuando asomaban la nariz se les veía muchísimo). Pero lo peor estaba por llegar.

Antes de empezar a tratar el orden del día se discutieron una serie de cuestiones preliminares (lectura del acta anterior, etc.), la principal de las cuales fue, precisamente, los Cuatro Puntos. Me gustaría tener el acta que levanté, que fue muy exacta y recogía cada intervención y, en ciertos casos, frases exactas, pero dejé allí el original y tengo que confiar en mi memoria… Las primeras intervenciones fueron todas tanto de enfado como de absoluta repulsa. Enfado por la repercusión mediática que habían tenido, enfado porque “la gente se va a creer que esto es lo que no es”, enfado porque se percibía una diferencia de trato entre Política a Corto Plazo y Política a Largo Plazo, cristalizado (entre otros) en el hecho de que las actas de PLP no subían a la web ni tenían esa repercusión. Repulsa porque esos cuatro puntos “no es que sean descafeinados, es que no dicen nada”, porque no reflejaban los objetivos ni la voluntad ni el espíritu del movimiento 15-M, porque eran “contrarrevolucionarios” (sic.), porque legitimaban “a los políticos frente a las asambleas populares”, etc. Al poco de empezar el debate pedí la palabra, y a medida que avanzaba el debate me iba quedando claro, EN REALIDAD , qué es y qué quiere la gente de la acampada de Sol.

En primer lugar reclaman la instauración del régimen asambleario: una autoridad (por decirlo de alguna manera) alternativa al Estado basada en las asambleas. Ojo que digo “alternativa”, no “suplementaria”. Algunos proponían la legitimidad asamblearia como complementaria de la del Estado, pero la mayoría opina que la única legitimidad es la asamblearia. El Estado es, pues, ilegítimo, y debe ser sustituido por el régimen asambleario.

El régimen asambleario, a su vez, tiene las características básicas de horizontalidad y soberanía. La horizontalidad quiere decir que se elimina la distinción entre gobernante y gobernado; la soberanía, consecuencia directa de la horizontalidad, quiere decir al mismo tiempo que (i) las decisiones de una asamblea no pueden ser revisadas o revocadas por cualquier tipo de órgano y (ii) cada asamblea particular no está vinculada por nada que rechace. Esto puede parecer un poco confuso así que trataré de explicarme: el régimen asambleario horizontal no permite la existencia de una estructura vertical de revisión y convalidación en el que, por ejemplo, las decisiones los consensos de la asamblea de PLP tengan que ser refrendados por la Asamblea General de la acampada. Ahora bien. Eso no quiere decir que los consensos estén escritos en piedra una vez tomados, por supuesto: una asamblea puede revisar los consensos de una asamblea anterior y cambiar de idea, lo que quiere decir es que no hay una estructura horizontal de tipo convencional, todo el poder está en la base.

Esta horizontalidad termina, obviamente, con el sistema representativo. Son los ciudadanos quienes toman todas las decisiones de forma directa en vez de elegir un representante que decide por ellos. En otras palabras: se trata de eliminar el sistema democrático tal y como lo conocemos en implantar otro básicamente plebiscitario en el que no existe la diferenciación entre gobernante y gobernado y en el que, precisamente por eso, no es necesaria la división de poderes (fundamentalmente porque los “poderes” no existen: la única legitimidad y autoridad emana de la asamblea).

El otro gran punto es la superación del capitalismo. No se habló tanto de esto como del régimen asambleario, pero la idea es la socialización de los medios de producción para cubrir las necesidades básicas, así como de cualquier otro bien ya existente pero distinto de un medio de producción (vivienda, etc.) necesario para cubrir esas necesidades básicas. Estas socializaciones se decidirían y llevarían a cabo en y por las asambleas, que además gestionarían los centros de trabajo y toda actividad productiva, económica y comercial.

No voy a dar mi opinión sobre estas ideas, al menos no aquí. Pero creo que es importante que es importante, por no decir imprescindible, que el ciudadano de a pie sepa de verdad de qué se habla en la Acampada de Sol y de verdad cuáles son sus objetivos. Muchos puede que creáis que es difícil de creer, algunos incluso estuvisteis en las manifestaciones de bárbaros de los días 19, 20 y 21 defendiendo un voto responsable y/o un cambio de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General y/o del modelo de Estado, penséis que “habéis estado allí” y que “sabéis de qué va esto”. No pienso discutir, me voy a limitar a remitiros a las actas de las asambleas, no solo de PLP sino también de Corto Plazo (los “sensatos” que propusieron los Cuatro Puntos), para que leáis, en sus propias palabras, qué se discute y aprueba en Sol. Y, dicho esto, vuelvo al relato.

A pesar de que a la vista de lo que se estaba hablando era totalmente inútil y de haberme dado cuenta de que había estado radicalmente equivocado respecto a lo que se intentaba en Sol, cuando llegó mi turno de palabra traté de defender los Cuatro Puntos. Dije que yo estaba aquí por ellos, que sin ellos no estaría hablando en aquella asamblea así que algo bueno tenían, que tener; dije que tenían la virtud de aunar los esfuerzos de mucha gente, que cambiar el sistema era muy difícil y que se necesitaba el apoyo de muchísima gente, que era necesario buscar algo en lo que todos, izquierdas, derechas, reformistas, revolucionarios y conservadores, pudiéramos estar de acuerdo; dije que uno de mis defectos es que yo era muy práctico y que, si bien veía posible, aunque no fácil, cambiar el sistema democrático para convertirlo en uno más justo, cuanto más coyunturales y específicas fueran las metas que se fijaran menos apoyo tendrían y que opinaba que era mucho mejor conseguir los Cuatro Puntos, aunque fueran relativamente modestos(6), que querer un cambio radical y no obtener absolutamente nada; que podíamos avanzar todos juntos o quedarnos quietos por separado y que los Cuatro Puntos ofrecían avance y unidad… Y me quedé solo, claro.

Citando del acta de esa asamblea tal y como está en tomalaplaza.net (y que no recoge mi intervención)

  • CONSENSO: NO APOYO A LOS “CUATRO PUNTOS”
  • CONSENSO: INSTALAR EL RÉGIMEN ASAMBLEARIO, SUPERAR EL CAPITALISMO, FORTALECER LAS ASAMBLEAS POPULARES

No fueron los únicos consensos que se alcanzaron, por supuesto. Por ejemplo, recuerdo que se decidió que el medio asambleario era un fin en si mismo, algo tan contradictorio como totalitario ¿Dónde quedó Protágoras, dóndedownload Kant, dónde el hombre como medida de todas las cosas, dónde el ser humano como fin en sí mismo? Recuerdo a dos o tres diciendo que lo que se pretende no es cambio, sino revolución total. Recuerdo a una chica diciendo que todas estas cosas ya había un partido que las defendía, Izquierda Anticapitalista(7).

Recuerdo también que en un momento determinado determinado alguien comentó que la diferencia entre PLP y PLC no era en realidad el plazo, sino el calado de las propuestas que iban a salir de cada asamblea. En ese momento pensé “bueno, a lo mejor lo que pasa es que me he metido en la asamblea de los sonaos, la verdad es que no me extraña que no os suban las actas a la página porque hay portadas de Intereconomía de aquí al año que viene”…

En fin, no quisiera alargarme más, porque esto ya me ha quedado lo bastante largo. La discusión del primer punto del orden del día, que vino después, también fue sonada, pero os remito una vez más al acta que, insisto, está en internet. en su propìa página. De hecho, os insto a que, antes de darle al próximo “Me gusta” apoyando el movimiento 15-M o de los indignados o de lo que sea, antes de retwittear la última consigna y antes de echaros a la calle para ir corriendo a la Puerta del Sol o a la Plaza de Cataluña o a donde sea para evitar el desalojo(8), os leáis con cuidado las actas de las asambleas. Para que sepaís, con absoluta certeza, a qué le estáis prestando vuestro apoyo. Y si estáis de acuerdo con lo que proponen, bendito sea vuestro apoyo siempre que se manifieste de forma pacífica, pero que quede constancia de que, en mi humilde opinión:

  • El 15-M no es es un movimiento moderado ni intenta serlo, es un movimiento extremista.
  • El 15-M no es un movimiento reformista que intente cambiar las leyes o la Constitución, es un movimiento revolucionario que intenta edificar un nuevo modelo de sociedad con bases completamente distintas.
  • El 15-M no es un movimiento apartidista, es un movimiento claramente de izquierda y, me atrevería decir, de extrema izquierda.
  • El 15-M no es un movimiento democrático, a menos que se entienda la democracia de forma tan amplia como Alfonso Guerra entendía España cuando dijo aquello de que cuando acabara con ella no la iba a conocer “ni la madre que la parió”. Es un movimiento asambleario, plebiscitario, libertario o como lo queráis llamar, pero eso no es democracia; no todo sistema de consenso mayoritario es democracia. La democracia consiste en que el pueblo (demos) elija al gobierno (krátos) y este movimiento lo que intenta es eliminar el gobierno y mezclar todos los poderes. Mucho pueblo, sí, no lo niego, pero cero gobierno.

Y esas es la verdad, o al menos mi opinión con los datos que tengo. Supongo que desilusionará a más de uno, pero es lo que tiene informarse, que desengaña. Ahora, por estas que con cruces que, conmigo, una y no más. Ahora ya sé de qué va esto, al menos hasta que vuelva a ver si sigue igual.

Salud y evolución,

Arthegarn_____________________

(1) Para quien no esté siguiendo toda la serie de artículos: El jueves 23 la prensa publicó que la gente de Sol había llegado a un acuerdo de mínimos, de clara tendencia inclusiva, que eliminaba las propuestas más “izquierdosas” de política socioeconómica y se centraba en la reforma del Sistema. Esas propuestas, a las que me refiero en este artículo como “Los Cuatro Puntos”, eran: (i) reforma electoral encaminada a una democracia más representativa y de proporcionalidad real y con el objetivo adicional de desarrollar mecanismos efectivos de participación ciudadana, (ii) lucha contra la corrupción mediante normas orientadas a una total transparencia política, (iii) separación efectiva de los poderes públicos y (iv) creación de mecanismos de control ciudadano para la exigencia efectiva de responsabilidad política. Cuatro propuestas centradas, inclusivas, que opino que son buenas y que, de haberse mantenido, podrían haber aglutinado en torno a este movimiento a una parte muy, muy importante de los españoles, incluyendo casi sin excepción a todos aquellos que Ortega y Gasset hubiera llamado élite. Por supuesto, no fue así…
(2) Este “segundo manifiesto” en realidad son las “propuestas” de Democracia Real Ya y se publicaron el domingo pasado. Hablé de ellas brevemente en
Porque les necesitamos. Donde sea.
(3) Al parecer, por cierto, al comisión de Legal se enfrenta exactamente al mismo problema que los departamentos legales de las grandes empresas. La gente viene preguntando algo del estilo de “¿qué pasa si hacemos esto?”, Legal contesta algo del estilo de “que os pueden poner una multa” y lo que el que ha preguntado va diciendo es que “Legal ha dicho que no podemos hacerlo”. No, Legal os ha advertido de las consecuencias, pero no ha tomado una decisión, la decisión es vuestra. Como en todas partes, los abogados del 15-M tienen una cierta reputación dentro del movimiento de ser los que le dicen que no a todo y los que le pagan pegas a todo, pero no es así.
(4) Permítaseme la figura retórica, aclarando en aras de la veracidad de la información que creo recordar que no se llamaba Arturo sino Salva. Ahora, las rastas las tenía, y la barba desaliñada y el pañuelo palestino también.
(5) Técnicamente de segunda…
(6) A mi no me parecen modestos en absoluto, por cierto.
(7) En el momento no le di importancia, pero luego Sir Accolon me estuvo contando como está viviendo él el asunto y me lo volvía pensar. Es interesante que le deis una vuelta a la página vosotros mismos: lo que no ha podido hacer IU ni UPyD ni nadie en absoluto lo están haciendo estos.

La Sopa Boba (II)

Una vez contada la fábula, ¿Qué quería Arthegarn decir con “¿Y por qué, exactamente, los que producimos con nuestra habilidad tenemos que mantener a los que no aportan al Sistema otra cosa que su necesidad?” y, ya que estamos, por qué ha titulado a esta serie de artículos “La Sopa Boba”?

Lo que quiero decir, ya sin ambages, es que es injusto que se obligue a quienes producen a mantener a los que no producen. Y no es que simplemente sea injusto; es que construir un sistema en torno al principio de la caridad obligatoria sub poena, en torno a la idea de que todo aquel que pase necesidad debe ser sacado de ese estado pura y simplemente porque pasa necesidad, es estúpido y rayano en el suicidio. Si encima no estamos hablando de necesidades básicas para la vida (comida, agua, etc,) sino de garantizar a todos los ciudadanos, simplemente por ser ciudadanos, una determinada calidad de vida, entonces el sistema es directamente suicida y está destinado al colapso a corto o medio plazo.

Eso no quiere decir que opine que hay que dejar que la gente se muera de hambre por las esquinas. Para nada. Lo que ocurre es que hay una diferencia muy importante entre que yo elija darle parte de mEs de 1976 pero no me cansare de recomendar este libro, en este caso el capitulo 10i dinero a quien tiene menos porque me da pena, y que el que tiene menos que yo tenga derecho a meter la mano en mi bolsillo y quedarse con parte de mi dinero, pura y simplemente porque yo tengo más que él, sin pararnos a preguntar por qué eso es así. Que es lo que pasa ahora, aunque hemos disfrazado esa acción haciendo que la mano que se mete en mi bolsillo lo haga recubierta por el guante del Estado. Pero, al final, es lo mismo.

La caridad es una idea muy buena, no solo por motivos humanitarios sino por motivos egoístas. Es tan buena que está escrita en nuestros genes, estamos genéticamente condicionados a ayudar a nuestros semejantes, por eso nos conmovemos cuando vemos a alguien sufrir (y, si no lo hacemos, es que algo va mal). Ahora bien, la caridad consiste en que yo, voluntariamente(1), dedique parte de mis recursos a ayudar a mis semejantes: es una decisión que tomo porque soy así de bueno, no porque el otro tenga derecho a que le ayude, que no lo tiene(2). El hecho de ayudar a mis semejantes me hace mejor persona, sí, pero el hecho de no ayudarles no me hace peor aunque nuestra estructura conceptual así lo sugiera.

El problema es que vivimos inmersos en un sistema de ideas tan infectado por los memes de las religiones del Libro que ciertos conceptos, como la bondad de la caridad, a base de repetirse una y otra vez generación tras generación se han incrustado en nuestras mentes, y no solo en las individuales, sino en el imaginario colectivo, y han perdido su significado original. En algún momento, dejamos de ayudar a la gente porque pensábamos en lo que hacíamos y pasamos a hacerlo simplemente porque nos decían desde la infancia que había que hacerlo, que era bueno hacerlo; dejamos de ser motivados, de pensar y decidir caso por caso si esa persona merecía nuestra caridad, y asociamos la idea de caridad con la idea de bien. Desde ese momento, toda caridad era siempre buena, y de esa desgraciada identidad nació la sopa boba.

La sopa boba, como casi todos sabréis, era una comida que se ofrecía a los pobres en los conventos, consistente fundamentalmente en sopa de lo-que-hubiera-a-montones-esa-semana aderezada con lo-que-se-estuviera-poniendo-malo-en-la-despensa y con tropezones de sobras. Nadie preguntaba nada. Uno llegaba ahí, se ponía a la cola y el capuchino o la monja de turno le daba una escudilla de sopa con la que se podía sobrevivir un día más. La historia de la sopa boba y de la España en que se desarrolló es fascinante y ofrece algunas lecciones que, como no, hemos olvidado. Por ejemplo, es cierto que la sopa boba salvó vidas, pero también es cierto que contribuyó decisivamente a la ruina de España, creando un estrato social importantísimo de sopistas(3), de gente que andaba a la sopa (v.gr.: que vivía una existencia holgazana y a expensas de otro) y que no trabajaba y no producía porque no le hacía falta. Sin sopa boba, sin una posibilidad de vivir sin hacer nada para ganarse el sustento, quien sabe si nos hubiéramos visto obligados a adelantar un siglo el decreto de Carlos II sobre la honra del comercio y el trabajo… pero divago. Ya volveremos a la sopa boba y a los subsidiados.

Una vez apareció esa identidad (caridad=bien) nos la repitieron hasta la saciedad, hasta el agotamiento, generación tras generación. El valor de bondad de la caridad dejó de depender de nuestra decisión sobre quién la merecía y quien no, y de la misma forma el valor de verdad de la asociación dejó de depender de nuestro entendimiento y pasó a estar vinculado a la autoridad de quien nos lo contaba, con lo que cuestionar esa identidad era cuestionar la autoridad de quien nos la inculcaba. Cuando este cuestionamiento inevitablemente ocurrió, cuando alguien dijo “la caridad no es buena en todos los casos” (o “la sopa boba hace más mal que bien”), la autoridad sintió atacada en si misma y se defendió desde el poder, con un simple argumento ad hominem, del tipo: “Los hombres buenos hacen cosas buenas. La caridad es buena. Quien discute que la caridad es buena es porque no quiere ser caritativo. Quien no es caritativo no es bueno. Quien no es bueno es malo. Quien discute que la caridad es siempre buena es un malvado”. Y, desde entonces, quien abre la boca para reivindicar el verdadero significado de la caridad es inmediatamente tachado de malvado egoísta(4)

Las cosas no deberían ser así. Quien decide dedicar parte de sus recursos a ayudar a los demás merece nuestro elogio, pero quien decide no hacerlo no merece nuestra reprobación, porque está en su derecho. ¿Por qué vamos a reprobarle? ¿Perjudica a alguien quien va a lo suyo y no se mete en la vida de los demás, ni para bien ni para mal? No, por definición. Pero el subconsciente colectivo, después de siglos de machacamiento de esa identidad (reforzada con un insisdioso mem que dice que es bueno ser malo con los malos) le pone a la altura de los ladrones y los asesinos. Es fascinante lo que se puede conseguir cuando se introduce en una cultura la idea de pecado de omisión: la virtud deja de ser verdaderamente virtuosa y se convierte en obligatoria. Uno nunca puede ser suficientemente bueno, al final todo queda a la misericordia de Dios…

Este concepto de la caridad como algo obligatorio lleva, con el tiempo (no demasiado) a la institucionalización de la caridad: ya no es solo el individuo quien tiene que ser caritativo, es la sociedad en su conjunto quien tiene que serlo. Y así el Estado, esa máquina, ese constructo jurídico por definición incapaz de sentir empatía ni solidaridad ni ninguna de las emociones que dan lugar a la caridad, se pone a imitar las acciones de sus ciudadanos caritativos y a “ayudar a los pobres”, a “dar de comer a los hambrientos”… con la sopa boba. Pero todo cambia, todo se desvirtúa, no estamos hablando ya de un ser humano que ayuda a un semejante porque se identifica con él, porque padece con él, porque le compadece; sino de un ente sin sentimientos que solo actúa por criterios objetivos(3) más o menos adecuados a la realidad. La caridad deja de ser un asunto de compasión y moral y pasa a ser… política.

¿Por qué he dicho que el Estado da de comer con la sopa boba? Porque tiene que guiarse por criterios objetivos a la hora de repartir los subsidios. Los capuchinos no preguntaban a sus sopistas si verdaderamente eran pobres de solemnidad que necesitaban comer o si es que de esa forma se ahorraban unos reales para vino que era lo más habitual. De la misma forma, el Estado no se fija en si quien recibe el subsidio lo merece o lo necesita, solo en si cumple (o no) determinados requisitos formales, Hace cuatrocientos años el requisito formal era plantarse ante el convento, hoy en día es… bueno, quizá haber cotizado doce meses en los últimos seis años, por ejemplo. Pero ninguna de las dos cosas, ni la sopa boba ni los subsidios estatales, son verdadera caridad.

Y el problema de la caridad institucionalizada (uno de ellos) es que crea la aberrante idea de que quien la recibe de tiene derecho a recibirla. No hay diferencia entre los tumultos del XVI si se acababa la sopa boba y los rebuznos de los sindicatos contra las últimas medidas, bastante titubeantes, del Gobierno para intentar que los parados vuelvan a situación activa lo antes posible. O con la idea de “tener seis meses de paro”, que todos sabemos que todo el mundo lo interpreta como si tuviese derecho a cobrar seis meses del Estado cuando en realidad no es así. El origen del subsidio de desempleo es caritativo y no porque lo diga yo, sino porque es como está configurada la ley. Quid pro quo, sí; en plan mutua, sí, pero caritativo. No es un sueldo o una pensión a la que tienes derecho por haber cotizado, es una ayuda que los que cotizan te prestan para que no lo pases tan mal en el periodo mínimo imprescindible hasta que encuentres otro trabajo y puedas volver a mantenerte por ti mismo. Pero, claro, ¿quién se lo toma así? Mirad a vuestro alrededor, o dentro de vosotros, y decidme que me equivoco, que la gente no cree que tiene derecho a “cobrar el paro” y que no reaccionaría violentamente si se le cuestiona el mismo…

Derecho a la caridad. Esta es la horrible idea contra la que quiero luchar. El derecho a la caridad es, básicamente, decir que uno tiene derecho a que le mantengan solo por existir. En otras palabras, que uno puede estar inmerso en un sistema sin aportar nada más que su propia existencia y sus propias necesidades y exigir del sistema que le mantenga. Su contribución neta al sistema es negativa y eso tiene un nombre en biología: parasitismo. Lo bueno es que en biología el huésped trata de defenderse del parásito, pero nosotros no. Nosotros no es solo que no nos defendamos, es que reconocemos el derecho del parásito a chuparnos la sangre. Perdón, no reconocemos ese derecho, porque no lo tiene; se lo otorgamos, que es todavía peor. Al igual que un organismo que no se defiende de los parásitos acaba devorado por estos, una sociedad que no solo no se defiende de los parásitos, sino que los fomenta reconociendo el derecho de todo el mundo al parasitismo, está herida de muerte. Porque, si existe la posibilidad de vivir sin trabajar, ¿por qué trabajar? (y mucho cuidado que, al igual que la caridad, esto también está escrito en nuestros genes y mucho más profundamente) Y si encima no es solo que me vayan a mantener sino que lo “progresista” es reconocer el derecho del parásito a la sanidad y el vestido y la vivienda digna con electricidad y gas y agua corriente… y a unos taquitos de jamón de vez en cuando.

Porque claro, en un mundo ideal no es solo que nadie pasa necesidad, es que todos comemos jamón y atamos a los perros con longanizas. Pero ese mundo no es cierto, y todas esas cosas hay que pagarlas, y ¿de dónde sale el dinero que se destina a esa cada vez más cara y atractiva sopa boba? Del bolsillo de los que producen, por supuesto, que algún día se preguntarán, como yo, exactamente por qué tienen que mantener a los que no producen.

Suficiente para la segunda parte, creo yo. Buen fin de semana a todos,

Arthegarn__________
(1) O todo lo voluntariamente que se pueden hacer las cosas en un mundo sin libre albedrío, vamos.
(2) Por supuesto, esta idea mía de que uno no tiene derecho a robar (por ejemplo), es mía. Hay sistemas filosóficos enteros basados en la inexistencia de la propiedad privada, por ejemplo, lo que excluye el concepto mismo del robo; y  nuestra propia constitución habla de la “función social de la propiedad”, lo que básicamente viene a decir que la propiedad privada existe y debe ser respetada… siempre que le parezca bien al Estado. Yo es que no estoy de acuerdo en esas configuraciones porque me parecen excesivamente artificiosas, poco acordes con la realidad. No creo en las limitaciones a la propiedad privada por la misma razón por la que no creo en Dios: puede que sea una buena idea, pero el Universo no funciona como si existiera. Intentaré abordar este asunto en el próximo artículo de la serie.
(3) Y, en última instancia, el mayor de los males de España… ¡la tuna!
(4) Lo cual es una redundancia, porque tan arraigada está la identidad caridad=bien como lo está la identidad egoísmo=mal. Y tan falsa es la una como la otra.
(4) Eso cuando hay suerte, claro.

La Sopa Boba (I)

A principios de junio puse como mi estado en Facebook la siguiente frase: “¿Y por qué, exactamente, los que producimos con nuestra habilidad tenemos que mantener a los que no aportan al Sistema otra cosa que su necesidad?” Las reacciones fueron unos 40 comentarios, algunos discutiendo, algunos directamente insultando y otros pidiendo que desarrollara lo que quería decir. Bien, voy a intentarlo, pero como lo quen quiero decir es largo y complejo lo haré por entregas.

Comencemos con una fábula.

Erase una vez un informático a quien contraté para que me hiciera una página web. Acordamos que cuando la página estuviera lista le pagaría su precio y, un mes después, volvió con mi página lista, a reclamarme lo convenido. 39963_1513020818170_2633914_nTeníamos un trato, él había cumplidon su parte y yo tenía que cumplir con la mía. Lo que es más, el tenía derecho a exigirme que le pagara, así que así lo hice.

Un mes después el mismo programador oyó que quería introducir unas mejoras en mi página web y, sin hablar conmigo, se puso a hacerlas cuando las tuvo terminadas vino a mi casa a presentármelas y a reclamar que le pagara. Yo le expliqué que no teníamos ningún trato y que no le había encargado nada, así que no tenía ningún derecho a exigirme nada. Él me dio la razón y me dijo que, entonces, mirara lo que había hecho a ver si le interesaba, yo me lo quedé y le dije que volviera en una semana. Me gustó su trabajo e implementé las mejoras, y a la semana siguiente vino a reclamar su dinero porque me había ofrecido algo que me interesaba, yo me lo había quedado y tenía que cumplir con mi parte y darle su dinero. Lo que es más, el derecho que no tenía a exigirme nada la semana pasada ahora sí que lo tenía, así que se lo di.

Un mes después quise introducir otras mejoras en mi página web así que llamé a este programador que tan buen trabajo hacía y se las encargué. El aceptó pero un mes después vino a mi casa a reclamar su pago con las manos vacías. Le dije que no pensaba pagarle, porque aunque teníamos un trato él no había cumplido su parte, así que no tenía derecho a reclamarme nada y se fue, tan con las manos vacías como había venido.

A la mañana siguiente volvió a aparecer por mi casa, todavía sin la página, y me contó una triste historia que, básicamente, decía que el había querido hacerme las mejoras, pero que le había sido imposible porque un componente que necesitaba no le había llegado todavía, y volvió a exigirme que le pagara lo convenido. Yo le dije que lamentaba mucho lo que le había pasado el mes anterior, pero que el problema era entre la compañía de transportes y él, que no tenía nada que ver conmigo y que no tenía derecho a exigirme nada, porque ese derecho nacía de que hiciera su trabajo y de que lo hiciera bien, no de sus buenas intenciones al respecto. Entonces él se enfadó mucho y me dijo que yo no entendía la situación, que el contaba con ese dinero, que lo necesitaba porque tenía que hacer frente a unos pagos y que yo tenía que dárselo, que estaba obligado a dárselo porque si no le embargarían. Le dije que estaba muy equivocado y que yo no estaba obligado a nada porque no tengo por qué hacer frente a los incumplimientos de la compañía de transportes que había contratado. Pero, como al fin y al cabo yo seguía queriendo que me hiciera esas mejoras, le dije que estaba dispuesto a pagárselas por adelantado si él se comprometía a tenerlas en un mes. Él aceptó, yo le pagué y un mes después cumplió con su parte del trato y pude introducir las mejoras.

Un mes después el informático volvió a aparecer por mi casa con unas mejoras para la página que yo no le había encargado y que no quería para nada, pero que él había hecho. Le dije que no las quería. Él me dijo que había estado trabajando en esas mejoras y que quién se las iba a pagar, y yo le contesté que no me interesaba cambiar así la página. Él me vino a decir que ya que las había hecho yo tenía que aceptarlas y que pagárselas, y le dije que no; que él había trabajado, sí, pero que lo había hecho porque le parecía bien y que no tenía derecho a exigir a nadie que le pagara por hacer lo que a él le parecía bien hacer. Entonces me volvió a decir que si no consegúía el dinero le embargarían y le dije que lo sentía mucho pero que ese era su problema y que no tenía derecho a venir a exigirme que yo resolviera su problema comprándole algo que ni había encargado ni quería para nada.

El mes pasado, de nuevo, el informático volvió a aparecer por mi casa con una historia fantástica en la que él había querido dedicar un mes a hacerme una mejora en la página que, él estaba seguro, me habrían encantado, pero que llovió mucho y se quedó sin internet y no pudo hacerlas, pero que si él las hubiera hecho yo las hubiera implementado ipso facto. Y me exigió que se las pagara. Yo me quedé de piedra mirando a aquel tipo que exigía que yo le diera dinero por nada en absoluto, por un trabajo quen no había hecho referente a un producto que yo no quería, ni había encargado y que encima ni siquiera existía. Le dije que bajo ningún concepto pensaba pagarle por no haber hecho nada en absoluto y le mandé a su casa.

Ayer llamaron a mi puerta y una persona a la que no conocía absolutamente me contó una triste historia sobre por qué, por circunstancias que escapaban a su control, no tenía nada que ofrecerme, pero que aun así quería que le diera dinero por nada, como era mi obligación “como ser humano”.

Y bien. ¿Tendría que pagarle? ¿Tendría él derecho a exigirme que le pague?

(La segunda parte de la serie, aquí.)

De los toros

Hoy voy a hablar de toros.

No voy a hablar específicamente de la prohibición de los toros en Cataluña(1). Creo que todo el mundo está hablando ya de ello así que, ¿para qué? Ya se ha dicho todo, desde los argumentos más estúpidos a los más sensatos, así que no creo que tenga nada interesante que añadir. Por si alguien está interesado en mi opinión diré que me parece un error por motivos estrictamente económicos y que no creo que en el ánimo de la mayor parte de los que han votado a favor de la prohibición haya estado, como se dice tanto por ahí, el “romper con España” y el “acabar con un símbolo español en Cataluña”; de hecho creo que son muchos más los diputados que han votado en contra de la prohibición por este único motivo (para mantener en Cataluña un “símbolo de España”) que los que lo han hecho a la inversa, y no miro a ningún grupo en concreto (no, que va).

Es el debate de fondo el que me interesa, porque resulta que a mi me gustan los toros(2).  Sí, es cierto, qué se le va a hacer. De pequeño (hace treinta años, vamos) quería ser torero y practicaba verónicas(3) con una toalla de baño delante de la tele y de ahí, p’alante. No suelo ir a Las Ventas (es caro), pero estos últimos años no he dejado de ir un par de veces en San Isidro porque Ana, que es toda una aficionada, consigue entradas muy buenas y muy gratis. Y me gusta, me gusta el toreo como me gusta el vino: cualquiera puede agarrarse una cogorza con un Don Simón, pero disfrutar de verdad de una corrida requiere un cierto entrenamiento: como con el vino, hace falta saber qué es lo que tienes que buscar para apreciarlo en todos sus matices. No espero, ni intento, ni quiero, que a todo el mundo le gusten los toros, pero a mi sí que me gustan.

¿Me convierte eso en una mala persona? Leyendo blogs por ahí, y opiniones de muchos de mis amigos, cualquiera diría que sí. Yo creo que no, pero también tengo que decir que el hecho de que me gusten los toros no es algo que me haga sentirme particularmente orgulloso de mi mismo. Todo el mundo(4) sabe que yo soy especista(5), es decir, a la hora de decidir quien tiene derechos y quien no, trazo una línea iuris tantum entre los seres humanos y el resto de los seres vivos. Los seres humanos tienen derechos y los demás no. Desde el punto de vista de la asignación de derechos no hay diferencia alguna para mi entre un orangután(6) y un helecho. Eso quiere decir a grandes rasgos que desde un punto de vista moral no veo nada malo en matar animales para comérnoslos, para abrigarnos o para lo que sea, ni en hacerles sufrir para estudiar enfermedades o desarrollar medicamentos o, sí, para disfrutar con ello. Los animales, para mi, no tienen más derechos que las piedras.

Ahora bien, el hecho de que no conceda derechos a los animales no quiere decir que no tenga empatía con ellos. Desde luego, mi empatía con los animales es muy, muy pequeña cuando la comparamos con la que siento hacia mis congéneres, pero al menos tengo mucha más empatía hacia ellos que hacia las piedras. Aparte, y sobre todo últimamente, tengo muchísimo respeto por la vida, por cualquier vida. No porque el animal tenga derecho a que respeten su vida, ojo, sino por la misma razón por la que es un crimen liarse a cañonazos con los budas de Bamiyán. Si mostramos respeto y aprecio por las obras de arte de la humanidad que, en el fondo, no son más que cosas, ¿cómo no vamos a mostrar respeto y aprecio por las obras de arte de la biología? Dios tardó millones de años en conseguir una bacteria y miles de millones en conseguir un saltamontes(7) (o un toro), ¿acaso esa peculiar  forma de ordenarse la materia no merece respeto? Para mi no es que la vida o el arte tengan por si mismos derecho a ser respetados, pero sí creo que caeteris paribus quien no los respeta obra mal(8).

Por ambas razones, el respeto a la vida y la (escasa) empatía con los animales no soy totalmente indiferente a su suerte y siempre dependiendo del contexto. Ver sufrir a un animal sin motivo me mueve a la caridad y al deseo de que deje de sufrir, supongo que como a todo el mundo; pero no me tiemblan las manos al zamparme medio lechal, ni al condenar al marisco a una tortura horrorosa escaldándolo hasta la muerte o al comerme media docena de ostras vivas y encima con limón. Con el toreo me pasa un poco lo mismo porque yo no creo que el toro tenga una muerte dolorosa y sin sentido.

Que muere está claro, que le duele está claro, pero no creo que no tenga sentido. Siempre hay razones para soportar una muerte dolorosa, y al igual que un animal se sacrifica por su manada o su descendencia o un ser humano lo hace por su patria o su deber, creo que la muerte del toro en el ruedo sirve para algo, creo que crea algo bello(9), hermoso y emocionante y creo que, si existen realmente tales cosas como “el destino” o una “muerte con sentido”, pocos animales pueden tener tanto destino y una muerte con tanto sentido como un toro de lidia tras una buena faena. El toro de lidia es una idea, desde antes de su concepción, orientado a ese momento. Nace, se cría y se cuida con ese objetivo en mente, disfruta de una calidad de vida y una atención sanitaria muy superior a la de el 40% de los seres humanos que pueblan el planeta, su reproducción está prácticamente asegurada… ¿qué más quiere? El toro de lidia es un guerrero, un soldado, me recuerda a aquellos ciudadano, hombres libres, que voluntariamente ingresaban en escuelas de gladiadores y, a cambio de una vida mejor y de la posibilidad de alcanzar la fama y la fortuna, se arriesgaban una muerte cruel y violenta para regocijo de los romanos. No, lo siento pero no considero que matar un toro en la plaza sea crueldad innecesaria y sin sentido, de hecho creo que tiene mucho más sentido que hervir medio kilo de bígaros, y no me siento más culpable por obtener placer y satisfacción del toreo de lo que lo siento al comérmelos.

El problema que le veo a todo esto es precisamente la comparación con los romanos. Estoy seguro de que igual que yo veo hermoso y plástico el toreo, los romanos (o, por lo menos, los entendíos) sentían algo parecido ante las luchas de gladiadores. Bien, no puedo evitar pensar que cualquiera que se obtenga placer de una actividad que causa dolor y muerte a otro ser humano no tiene todas las neuronas en su sitio. Personalmente estoy seguro de que podría apreciar la emoción y belleza de un combate a muerte entre seres humanos, pero también estoy seguro de que no obtendría el más mínimo placer de ello porque el precio me parecería demasiado alto. No importa la cantidad de placer que vayas a obtener, no importa la belleza plástica que vayas a crear, para mi la vida humana es más hermosa y más importante; cualquier placer o emoción ante las evoluciones de los luchadores quedaría ahogado con el último estertor del perdedor y me al llegar a mi domus iría directamente al vomitorium. Y al igual que yo me siento así ante las luchas de gladiadores entiendo que muchísima gente se sienta así ante el toreo porque considera que la muerte del toro es un precio demasiado alto.

Y hay otro buen argumento contra el toreo, que tiene que ver con en quién nos queremos convertir, hacia dónde queremos que vaya nuestra sociedad y nuestra evolución como especie. Personalmente creo que una sociedad que obtiene placer del sufrimiento de otro ser vivo, o que considera el sufrimiento de otro ser vivo un precio razonable a pagar para su propio placer, es moralmente inferior a una sociedadque opina lo contrario. Reducido al absurdo eso quiere decir que acabaremos todos siendo veganos, por supuesto, pero eso es lo de menos. Lo que quiero decir es que entiendo las razones de fondo detrás de los que consideran el toreo cruel. Y luego está, aplicado a la vida, el argumento Madred: When children learn to devalue others, they can devalue anyone – including their parents(10). Si enseñamos a nuestros hijos y congéneres que está bien causar sufrimiento y muerte y montar un espectáculo a su alrededor, ¿les estamos dando un buen ejemplo? Supongo que no.

Con todo y con esto a mi me siguen gustando los toros. Qué le voy a hacer, es así. Probablemente fuera mejor persona si no me gustaran, pero el hecho es que no tengo mi empatía animal tan desarrollada como, por ejemplo, mi amiga Sheila, y a mi la muerte del toro en la plaza, con todo lo que conlleva, me sigue pareciendo hermosa y llena de sentido. Pero entiendo perfectamente bien a quienes opinan lo contrario e incluso a los que opinan que soy un monstruo por ello. Y, como digo siempre, si se juntan todos y consiguen 300.000 firmas para proponer una ley y la llevan al parlamento y esta se aprueba y se prohíben los toros, acataré esa norma porque son las reglas de la sociedad en la que creo, con toros o sin toros.

Y mi corazón estará dividido porque, aunque en su mayor parte estará triste porque muere algo que aprecio, también habrá un puntito brillante de orgullo por pertenecer a una sociedad que es lo suficientemente humana como para considerar que la muerte de un ser vivo, de cualquier ser vivo, es un precio demasiado alto. Me quedaré sin toros, pero sé que, muy en el fondo, tampoco me importaría tanto.

Arthegarn______________

(1) Por si acaso os habéis pasado un par de días en Ganímedes,con los ojos cerrados y muy apretados y tapándoos las orejas mientras coreáis el waka-waka a todo pulmón, ayer el Parlamento de Cataluña aprobó una ley que prohíbe los toros en esa comunidad.
(2) Cuando hago declaraciones como estas es cuando me alegro un poco de haber tenido aquel troll que me obligó a activar el filtro de comentarios. Por favor, si tu única contribución a este blog va a ser una sarta de epítetos sobre lo mala persona que soy y me vas a llamar asesino y torturador mejor no lo hagas, ¿vale?
(3) Siempre me ha gustado mucho el toreo con capa, que hoy en día está casi perdido. El Cid, Morante y poca cosa más…
(4) Todo el mundo que me lea con una cierta regularidad, vamos.
(5) Aunque mi especismo es solo una base general: en realidad mi criterio pasa asignar entidad moral tiene que ver con el cumplimiento de determinados requisitos que no me voy a poner a explicar, lo que ocurre es que en ausencia de prueba en contrario considero a los seres humanos sujetos morales y al resto de los animales, las plantas y las piedras, no. Por deferencia a Zor los cangrejos han estado tradicionalmente excluidos de esta norma.
(6) Salvo que trabaje de bibliotecario, claro, ventajas de la separación iuris tantum.
(7) Que nadie se haga ilusiones que hablo de Dios en el sentido Einsteiniano. Por cierto, una copa al primero que averigüe a quién estoy parafraseando y de qué hablaba. Si no me equivoco sigue: “Considerando nuestra falta de experiencia en estos temas, creo que lo estamos haciendo bastante bien”.
(8) A ver cuándo aparece a decirme que hilo muy fino.
(9) Bueno, o por lo menos lo intenta, porque yo le he visto a Talabante tardes para olvidar, El Cid parece incapaz de matar con menos de tres pinchazos y lo que hacía Jesulín de Ubrique a finales de los 90 no tiene nombre.
(10) “Cuando los niños aprenden a menospreciar a otros pueden menospreciar a cualquiera – incluso a sus padres” – Picard en STTNG, Chain of Command II.

La huelga de Metro

Publica La Mosca Cojonera en Facebook un vínculo a un artículo titulado Huelga de Metro, a ver si la peña se entera en el que, supuestamente, se enumeran diez “verdades” sobre la Huelga de Metro con el noble objetivo de informar a la “peña”. El artículo en cuestión es, en mi humilde opinión, una sarta de desinformación tendenciosa tal que me ha hecho hervir la sangre y contestarlo. Como siempre, no obstante, os insto a que comprobéis las fuentes y leáis el artículo original, pero ciertas afirmaciones, cuando se hacen con el ánimo de “informar” tienen que ser, digamos, matizadas. Ya sabéis como me pongo cuando alguien se arropa en el sagrado manto de la Verdad para decir lo que le da la gana…

El artículo está estructurado en diez puntos que copio aquí en cursiva seguidos de mi comentario a cada uno de ellos. No suelo escribir así, pero así ha salido.
Hay que decir que este artículo que léeis ahora es una segunda versión que he corregido tras que el amigo Juanjo (Juan José Gómez Losada, compañero de la facultad, muchas gracias, Juanjo) me hiciera ver que los trabajadores de Metro de Madrid estaban excluidos del ámbito de aplicación del Real Decreto-Ley 8/2010 (nacional) por una disposición adicional y que el origen de su bajada es la Ley 4/2010 (autonómica). Errare humanum est. Y, dicho esto, allá vamos:

      A ver si la peña se entera:

No puedo estar más de acuerdo.

1.- Los trabajadores de Metro NO son funcionarios.

Totalmente de acuerdo ¿Y? Lo que sí que son es personal al servicio del sector público, y resulta que la Ley 4/2010 (de la Comunidad de Madrid, que recordemos que tiene competencias legislativas) en su artículo 1, uno, al modificar el apartado 1 del artículo 19 de la Ley 9/2009 de Presupuestos Generales de la Comunidad de Madrid, no recorta los sueldos de los funcionarios, sino los de los empleados al servicio del sector público, que incluye funcionarios, personal laboral, externos y un larguísimo etcetera.

2.- Lo que reivindican es que se cumpla el convenio colectivo VIGENTE

Eso es básicamente cierto. En realidad, en el momento en el que se aprueba una norma con rango de ley que contradice ese convenio, el convenio deja de ser aplicable en lo que se opone a esa norma legal, pero claro, eso son cosas de abogados ¿no?

3.- Es ILEGAL bajarles el salario mientras esté vigente el convenio. Ni un 5%, ni un 50, ni un 1%

Hay una cosa que se llama jerarquía normativa. Un reglamento no puede ir en contra de una ley orgánica, y un convenio no puede ir contra un real decreto. Es ilegal romper un convenio porque sí, pero en el momento en el que una ley de rango superior dice otra cosa, lo que es ilegal es dejar de aplicarla. Y resulta que el Gobierno de la nación aprobó una ley que dice que hay que recortar los salarios de todos los empleados al servicio del sector público, así que esa ley está por encima de, y es de aplicación directa sobre, cualquier tipo de convenio colectivo. Que no es ilegal lo que marca la Ley, a ver si os entra en la cabeza.

4.- Los servicios mínimos se rigen por leyes anteriores a la Constitución, se fijan unilateralmente por la autoridad, jamás se ha desarrollado una ley de huelga. ¿Qué sentido tiene que sea la autoridad la que fija los servicios mínimos? Por eso son siempre abusivos

Aunque es técnicamente cierto decir que los servicios mínimos se rigen por normas preconstitucionales creo que es mucho más próximo a la verdad decir que se rigen por una ley de marzo de 1977, con Franco muerto y enterrado y cuando los comunistas(2) tenían en las67093-944-550 Cortes más diputados que Alianza Popular. En cualquier caso, el hecho de que una ley sea anterior a la Constitución(3) no exime de su cumplimiento. El código Civil o el de comercio son de hace dos siglos ¿vamos a dejar de acatarlos porque son “preconstitucionales”? Y, en todo caso, en todo el mundo es el Estado (o la autoridad territorialmente competente) quien fija los servicios mínimos cuando no hay acuerdo, como garante del interés público. Por supuesto que lo hace, entre otras cosas porque ¿Cuál es la alternativa?

5.- Uno de los objetivos de una huelga es lograr repercusión, los servicios mínimos sólo sirven para que no se note la huelga, por lo tanto es de cajón anteponer la huelga salvaje a la huelga domesticada.

Los servicios mínimos sirven para que, en casos como estos de colusión de derechos, todos podamos ejercer los nuestros con el menor disturbio posible, en este caso: el de los huelguistas a la huelga y el mío a la movilidad(4) y al trabajo. En cualquier caso lo que están haciendo los trabajadores de Metro (y, para ser exactos, lo que algunos trabajadores de Metro están obligando a los demás a hacer) es convertir un asunto particular entre empleador y empleado (que es lo que les da derecho, totalmente legítimo, a hacer huelga) en un asunto de orden público, intentando que la Comunidad de Madrid, por miedo a la irritación popular que está generando esta salvajada, ceda a sus pretensiones. En otras palabras; están haciendo sus reivindicaciones a su empleador por el procedimiento de estrujar NUESTROS cojones. No sé a los demás, pero a mi no me gusta en absoluto que alguien considere que estrujarme los huevos A MI es un arma legítima para su negociación colectiva. La huelga se hace como medida de presión, para causar pérdidas económicas y diversas dificultades comerciales al empleador, no para perjudicar al conjunto de los ciudadanos para ver si así le obligan a hacer lo que no quiere. Eso no es legítimo, ni moral. Y además, son mis genitales. Y, por cierto, anteponer lo domesticado (de domus, casa) a lo salvaje (de silva, bosque) es lo que hace la gente civilizada (de civis, ciudad). Los que prefieren lo salvaje a lo doméstico no deben haber bajado de los árboles todavía, o algo así.

6.- Cuando nos va mal, todos queremos que la gente nos comprenda. Cuando les va mal a los trabajadores de Metro, son unos cabrones. Cuando la Administración Pública INCUMPLE la ley, todos aplaudimos. Cuando se rescata a los banqueros, hacemos la ola. Cuando un trabajador pelea por el pan de sus hijos, es un vago.

Ya he explicado que la Comunidad de Madrid no está incumpliendo la Ley, más que nada porque la ha hecho ella. Y conozco a muchísima, muchísima gente a la que le va mucho peor que a los trabajadores de Metro, pero no se dedican a ir por ahí estrujando mis cojones y recortando mis derechos a ver si a ellos les va mejor por ello. Y, por último menos demagogia barata, por favor: los trabajadores de Metro no están luchando por el pan de sus hijos, el pan de sus hijos está MUY garantizado. Ni siquiera por la mortadela de sus hijos. Ni por su coche. Ni siquiera, mira lo que te digo, por su hipoteca. Menos demagogia y más mirar los sueldos que paga una empresa que, encima, tiene más del 90% de contratos fijos. Ojalá hubiera muchas más empresas como Metro en España.

7.- A todos nos mola que cumplan nuestro convenio en nuestro curro, tener 30 días de vacaciones, salarios establecidos legalmente, días para asuntos propios y una serie de derechos. ¿Nos molaría que lo rompiesen todo de manera ilegal?

Por mucho que se repita que lo que ha hecho la Comunidad de Madrid es ilegal no va a serlo. Menos mal que podremos ir al Orgullo, eso si. Progres hasta el final.Goebbels hablaba en sentido figurado, de verdad.

Pero lo volveré a decir: no es ilegal, la Comunidad de Madrid tiene competencias legislativas y puede promulgar una ley, que es imperativa, y que implícitamente cambia cualquier norma de rango inferior, incluyendo convenios colectivos. Los trabajadores de Metro son empleados del sector público y por tanto entran en el ámbito de aplicación de esa Ley.

Y, por cierto, en este tema sí que están “rompiendo” mis derechos de forma ilegal. En concreto: mi derecho a la movilidad. Ver nota 4.

8.- A lo mejor tenemos la crisis que nos merecemos, todos con mentalidad de empresario y lameculos. Si todos tomásemos ejemplo de los trabajadores de Metro, otro gallo nos cantaría. Ellos son un ejemplo de dignidad, el resto unos trepas e insolidarios.

“El resto”, o por lo menos yo, creemos que cuando hay crisis lo que hay que hacer es trabajar y producir más, no menos. Y, desde luego, dificultar que los demás produzcan si quieren es de los actos más egoístas, insolidarios y económicamente suicidas que se me ocurren.

9.- Los esquiroles que dicen que quieren ir a trabajar y que los piquetes les intimidan, seguro que cuando los huelguistas consiguen sus derechos renuncian a ellos, ¿no?

No. Las cosas no funcionan así, la gente tiene derecho a discrepar pero todos estamos sujetos a las leyes aunque no estemos de acuerdo con ellas. Lo mismo se aplica a la negociación colectiva, que es eso, colectiva: o negocias para todos o no tienes ciertos respaldos legales, como la posibilidad de convertir el acuerdo en un convenio colectivo (5) que no puede ser incumplido (o no puede ser incumplido hasta que va contra la Ley, claro, pero las reclamaciones al maestro armero(6)). En cualquier caso, el hecho está en que los piquetes no están respetando el derecho de ciertos trabajadores a trabajar, y punto. Lo que tienen que hacer es cumplir su función informativa y nada más, todo lo demás son coacciones y uso de la violencia, algo tan poco civilizado como salvaje. No puedes ampararte en el “luego te beneficiarás de lo que consigamos con nuestra lucha” para obligar a la gente a seguirte en su lucha; eso no tiene mucha diferencia con ir por ahí “garantizando la protección” de la gente. Pero, claro, a veces nos olvidamos de qué defendemos…

10.- Es verdad, hay cosas más importantes. ¿Jugará Navas o Fernando Torres esta tarde? Todos con la Roja, mañana al paro y pasado a llorar por las esquinas

Y nos despedimos con algo en lo que sí estoy de acuerdo. Mira que bien.

Saludos a todos,

Arthegarn______________
(1) Porque algunos que nos leemos estas cosas y que nos enteramos…
(2) Y no voy a decir nada los socialistas…
(3) Por Jove, qué ganas tengo de terminar mi artículo sobre la Ley de Amnistía.
(4) A los que se les llena la boca de Constitución, sobre todo al pronunciar la palabra “preconstitucional”, me gustaría recordarles que mi derecho a desplazarme es constitucional de primer rango, a la altura de mi derecho a la vida, y que el Estado tiene la obligación de garantizármelo, a diferencia de otros derechos sociales como el derecho al trabajo o a la vivienda digna. De acuerdo a la Constitución mi derecho a moverme en Metro está muy por encima del derecho de los trabajadores de Metro a la huelga.
(5) Porque, claro, se nos llena la boca de la inviolabilidad de los convenios colectivos pero se nos olvida la procedencia de esa inviolabilidad, ¿verdad?
(6) Maestro Zapatero, en este caso.