Apuntes sobre economía, demagogia y la crisis que no caben ya en Facebook

El texto que sigue es una respuesta a mi querido amigo Von Lugger a sus comentarios en el marco de una discusión en Facebook que empezó por comentar que la prima de riesgo había bajado de 250. Recomiendo leer antes la discusión, que es relativamente corta y enmarca este texto que reproduzco proque contiene ideas que creo que pueden ser de interés general.

“A ver, por puntos.

1.- Todo esto ha empezado por tu uso del término “libertades sociales”, que no existe, y que como no existe no se puede recortar. Existen los derechos sociales y existen las libertades públicas, que son dos cosas que no tienen nada que ver entre sí y que, como existen, sí se pueden recortar, pero no las “libertades sociales” así que tengo toda la razón al decir que no se pueden recortar. Llamemos a las cosas por su nombre.

2.- Dicho esto, por supuesto que tanto las libertades públicas como los derechos sociales se pueden recortar.

3.- Recortar la inversión en derechos sociales no es recortar los derechos sociales, es recortar la inversión en derechos sociales. Recortar los derechos sociales sería, por ejemplo, quitar de la Constitución el derecho a la vivienda digna. Una vez más, llamemos a las cosas por su nombre, que es lo que ha motivado esto.

4.- Por otro lado no entiendes la regulación de los derechos en la Constitución en absoluto. La Constitución tiene dos tipos de derechos: los derechos fundamentales (a la vida, a la integridad física, a la propiedad privada, etc.) que son exigibles al Estado, y los llamados “derechos sociales” que simplemente son criterios orientadores de la política del Estado. Es decir, el Estado debe orientar sus políticas para que todos los ciudadanos puedan tener una vivienda digna, pero eso no quiere decir que los ciudadanos tengan derecho a una vivinda digna, ni a un trabajo, ni a nada de eso. Me puedes decir que el Estado no tiene mucho éxito llegando a esos objetivos y podemos discutirlo, pero es fundamental que entiendas que el ciudadano español NO TIENE dercho al trabajo, ni a la vivienda, ni a nada semejante. El Estado no tiene el deber de proporcionar esos bienes y servicios.

Imagina que nos juntamos cuatro y nos compramos un coche. Primero, llegamos al acuerdo de cuándo va a poder usar el coche cada uno y luego decidimos que la verdad es que nos gustaría que el coche fuera negro en vez de rojo y que, en la medida de lo posible, vamos a intentar ir pintándolo de negro. Si a mi me toca usar el coche los martes tengo derecho a usar el coche los martes y puedo exigirle a quien lo tenga que me lo dé (eso serían los derechos fundamentales). A lo que no tengo derecho es a exigirle a nadie que pinte el coche de negro porque el acuerdo no es ese, y no tiene nada de “ruin” no poder exigírselo, ni es nadie ruin por negarse a hacer lo que no le corresponde. No hace falta empollarse la CE (basta leérsela una vez) para darse cuenta de que los derechos fundamentales están todos bajo el título “de los derechos fundamentales y las libertades públicas” y los sociales bajo el perfectamente aclarador título “de los principios rectores de la política social y económica“.

5.- Vamos con los “servicios de mierda” que ofrece el Estado. Esto tiene tres vertientes y voy a intentar explicarme con el ejemplo de la sanidad (pero es perfectamente aplicable a la justicia o a lo que quieras).

  • Primera: la relatividad. Todo es una mierda, o todo es maravilloso, dependiendo de con qué lo compares. Si comparas la asistencia sanitaria pública básica con la clínica Rúber, es una mierda; si la comparas con la asistencia sanitaria pública básica calidaden Estados Unidos (o en Reino Unido, y si quieres hablamos del Congo a ver qué es un “servicio de mierda” en términos absolutos y objetivos) es una puta maravilla. El problema, y que lo digan los emigrantes, es que en España la gente no sabe lo que tiene con la sanidad pública (por ejemplo) porque solo sabe sacarle pegas y compararse con quien tiene más.
  • Segunda, la profesional: ni el Estado, ni nadie en absoluto, puede dar a todo el mundo lo mejor, porque está en el propio significado del término “mejor”. “Mejor” es un término comparativo. Si asignamos el calificativo (por ejemplo) de “mejor profesional” al top 10% de los profesionales en su sector, eso quiere decir que los “mejores profesionales” solo van a poder atender al 10% del mercado. Como vivimos en una sociedad libre, ese 10% de “mejores profesionales” puede atender a quien quiere y va a atender a quien le pague más, o sea al 10% de la población que le ofrezca más, pero lo importante es que: (i) es IMPOSIBLE que los mejores profesionales (el 10%) atiendan a TODO el mercado (el 100%) y aunque fuera posible se podría hacer un ránking de mejor atención que ya incluiría otros factores (que se yo, proximidad del hospital al domicilio) y que una vez más diría que unos reciben “mejor” asistencia que otros. Lo mejor y lo peor van a existir siempre y eso es parte de la naturaleza de la vida, y lo mejor es siempre más caro, más costoso, que lo peor, porque está en mayor demanda. Eso es simplemente así.
  • Por último, y esto es muy importante, quien califica el servicio que no es el mejor de “servicio de mierda” eres tú, no la realidad. Si decimos que los mejores son el 10% de arriba los peores deberían ser el 10% de abajo, no todos los demás, que es como los tratas al definirles como “servicio de mierda”. Y esto se aplica a todo: profesionales, equipos, instalaciones, etc. Insisto, vete a Reino Unido, o a Estados Unidos, o al Congo y vuelve a hablarme de servicios de mierda.

Y, oye, si encuentras un país en el que los mejores atienden a todos, avísame. Yo, de momento, vivo en un mundo en el que las matemáticas funcionan y semejante cosa es imposible.

6.- No te permito decirte que “esto está en la constitución para eliminar las desigualdades por renta” porque no es cierto. La CE habla de corregir las desigualdades, no de eliminarlas, porque eliminarlas es imposible.. Y, desde luego, lo que no son los servicios públicos es: “tú tienes pasta, contrata a quien te de la gana, tú no tienes pasta, no te preocupes que el estado te da el mismo servicio o mejor”. No has entendido nada. El Estado lo que tiende es a garantizar unos mínimos, y es todo lo que puede hacer, garantizar unos mínimos. Páratelo a pensar, por el amor de Dios. Si la asistencia sanitaria (sigo con el mismo ejemplo) pública y universal tiene el nivel P (de Pública), absolutamente todo el mundo va a poder obtener gratis el Nivel P (en realidad no es gratis, lo pagan con sus impuestos, pero a efectos de este análisis se considera gratis porque no tiene cargo adicional). Eso quiere decir que si voluntariamente inviertes una cantidad adicional para mejorar tu atención sanitaria en X hasta el nivel R (de Rúber) (porque no vas a gastar más para obtener P, que ya lo tienes gratis),R es mejor que P y el Estado no pude ofrecer R porque lo máximo que llega es a P. Y si por casualidad consiguiera ofrecer R, entonces yo pagando mi cantidad adicional tendría R+X que seguiría siendo mejor. Lo que estás diciendo no es solo que no esté en la Constitución, es que es imposible. Im-po-si-ble.

7.- No estoy de acuerdo PARA NADA en tu análisis de la crisis. Desde luego, en un mundo global, decir que la crisis que tenemos en España es únicamente causada por (no “causa de”, como dices) problemas internos es un error, pero decir que ha sido causada por influencias exteriores es (i) no entender nada y (ii) lo que es peor, como no entiendes nada, arriesgarte a volver a cometer los mismos errores en el futuro. La burbuja inmobiliaria española y su subsiguiente crisis ha sido cosa nuestra; la crisis de crédito ha sido cosa nuestra y la crisis de deuda lleva siendo cosa nuestra desde que Felipe González empezó a emitir deuda para pagar gastos corrientes, algo que yo recuerdo criticar como suicida con pelo en la cabeza y la cara llena de granos.

8.- No me voy a meter en lo que han hecho “este Gobierno y el anterior” para paliar la crisis porque, si lo que antecede ya es largo y pesado (intento que no lo sea), explicar lo que hace (y lo que puede hacer) el Gobierno con todo esto es como treinta veces peor. Si quieres un día, con unas cervezas y un montón de papel y boli.

9.- La democracia no tiene nada que ver con que haya ricos y menos ricos y clase media y pobres y menos pobres. La democracia tiene que ver con que el voto del rico pesa lo mismo que el del pobre. Y confundes “tener un nivel de vida por encima de los demás” con “estar por encima de los demás”. Los ricos tienen lo primero, pero no lo segundo. Para luchar contra la crisis se están aplicando políticas REALISTAS, que parten de la realidad, y parte de esa realidad es que con más dinero pagas mejores médicos y mejores abogados y mejor jamón. Lo que pasa es que el Gobierno ya no tiene dinero para gastarse en propaganda (en realidad nunca lo tuvo, pero bueno, emisión de bonos a diez años y arreglado) para distraer a la gente del hecho de que no tienen el mismo nivel de vida que los ricos (desengáñate: nunca lo han tenido) y ahora esa diferencia se ve con más intensidad. Para un montón de gente, que se ha tirado años gastando como si fuera rica pensando una mezcla entre “ya lo pagaré” y “las cosas siempre van a ir así de bien”, darse cuenta de repente de que no son ricos en realidad y de que esas diferencias existen y siempre existieron es un mazazo. Pero no te engañes: esas diferencias de nivel de vida siempre estuvieron ahí y siempre estarán ahí. Negar esa realidad es vivir de espaldas al mundo y, por tanto, gobernar con los ojos cerrados. Así nos ha ido las últimas dos legislaturas, por supuesto, y de aquellos polvos…

10.- ¿Quieres que todos seamos iguales dejando a un lado los bienes materiales? Entonces ¿de qué te quejas? ¿O es que de verdad no te das cuenta de que todo de lo que hablas – la atención sanitaria, la asistencia jurídica, la enseñanza – son bienes materiales? Aclárate, amigo mío.

11.- En primer lugar, como abogado, soy realista, y ser realista me lleva a afirmar ciertos hechos como “el todo es mayor que la parte”, “la pe con la a pa” y “hay una vida de ricos y otra de pobres”. En segundo lugar, yo bogo -y abogo- porque el que la haga la pague, pero eso no me lleva a cerrar los ojos ante el hecho de que el que la hace con dinero puede pagarse a un abogado mejor que el que la hace y no lo tiene, y que ese abogado tan bueno tiene muchas más probabilidades de conseguir que el que la ha hecho se vaya de rositas por un tecnicismo de la instrucción. El hecho de que vea que el Emperador está desnudo y que afirme que el Emperador está desnudo no quiere decir que me parezca bien que esté desnudo, pero es que muchos viven (no sé si usar la segunda persona ahora) en los mundos de Yupi en los que el Emperador está vestido. La forma de solucionar eso es cambiando el sistema (nuestro rematadamente estúpido y garantista sistema procesal) para que esas imperfecciones técnicas no se produzcan pero ¡hey! en cuanto se intenta hacer tenemos a los de siempre diciendo –con razón- que se están recortando derechos a la gente.

12.- No te engañes. A las personas se las trata igual. La buena persona trata a todos igual de bien, y la mala persona trata a todos igual de mal. Es al dinero, y a lo que el dinero puede comprar en forma tanto de premios como de represalias si te pasas un pelo, lo que marca la difrencia y a lo que se trata bien.

13.- La segunda persona de “si no quieres trabajar todo lo que hay que trabajar para hacerte rico” es impersonal. No hablaba directamente contigo sino con Manolete (“¿si no sabes torear p’a qué te metes?”).

14.-Antes de hablar de quien tiene según yo, la “culpa” de la burbuja, con tu frase punto a punto. En primer lugar, partes de la base de que es una estafa. Yo no creo que fuera una estafa. Puedo entender que determinados compradores se sientan estafados, pero no fue una estafa. Fue un mal negocio que llegó a ser en ciertos casos un pésimo negocio o un negocio ruinoso. Simplemente. Para que sea una estafa hace falta un estafador, y en este caso lo siento pero no lo ha habido. Si yo sé que tengo un piso que no vale lo que pido por él intento venderlo, desde luego, pero lo que no hago es darle un montón de dinero a alguien que no me lo va a devolver para que me lo compre por lo que sé que no vale porque es de naturaleza imbécil: me quedaré al final sin piso, sin dinero, y con un papelito que dice que me deben equis pero que no vale para nada. Que es exactamente lo que ha pasado a buena parte del sector bancario, sobre todo el peor gestionado, de España. Por otro lado, el banco a ti no te vendía el piso: era la inmobiliaria quien te lo vendía así que si te engañara alguien sería la inmobiliaria, no el banco. En tercer lugar, cuando un banco cree que alguien no va a poder devolver un préstamo, NO PRESTA, por el amor de Dios ¿O es que te crees que son tontos? ¿Tú le prestas dinero a quien no te lo va a poder devolver? Entonces, ¿qué te hace pensar que profesionales del sector lo hacen? ¿Qué rayos van a ganar prestando dinero a gente que no lo va a poder devolver? ¡Eso se llama “perder dinero” maldita sea! ¿De verdad crees que los bancos iban a perder dinero? No, simplemente estaban (algunos) tan equivocados respecto a la burbuja como los consumidores.

(Luego empiezas a mezclar churras con merinas y cuando ibas a hablar de la vivienda te vas al desgobierno de las Cajas de Ahorro, la acumulación de deuda, la socialización de las pérdidas y hasta las preferentes, jardines obiter dicta en los que no me voy a meter que bastante largo es esto ya. Y yo no me río ni de los engañados con las preferentes ni de los que compraron un piso en la cresta de la burbuja. Lo siento por ellos, y lo siento mucho por ellos, pero se acabó. Como hormiga puedo sentir mucho que la cigarra pase frío y hambre, pero veo perfectamente qué es lo que le ha llevado a esa situación y, desde luego, veo perfectamente que, aunque a mi se me pueda mover el corazón y ayudar a la pobre cigarra que se ha metido sola en el follón, ella no tiene derecho a exigirme que la alimente. Claro que el Estado ya se ocupa de meterme la mano en el bolsillo en forma de impuestos para hacerlo, pero en fin.)

15.- Por último, dices que “los grandes ganadores de todo esto han sido esos “ricos” que tanto se lo han currado según tú, sobornando al político de turno a cambio de un trozo del pastel”. No entiendes nada. De esto no ha habido ganadores. TODO EL MUNDO pierde dinero. Esta situación no conviene a nadie y es por ello por lo que se ponen medios para detectar las burbujas y, en la medida de lo posible, prevenirlas. Dices que quien ha ganado dinero con la vivienda en los últimos 20 años han sido las constructoras, y yo te contesto (i) que sí, todas esas constructoras que ahora han quebrado y (ii) que te olvidas del otro gran beneficiado: la INMENSA cantidad de particulares que al inicio de la burbuja ya tenían su casa comprada, todos los que compraron su casa de 50 metros en Vallecas en el año 2000 por 64.000 euros y ven que ahora, con bajada de precios y todo, vale 110.000 y que, muy probablemente, no hayan quebrado como las constructoras de las que hablas. Desengáñate: no buscas beneficiados por la construcción en los últimos 20 años: buscas culpables a los que lapidar. Porque si buscaras beneficiados muy probablemente te bastara con mirar a alguno de tus vecinos.

Por enésima vez, y esto dedicado ya a mis lectores en general: por mucho que las busquéis, no hay manos negras detrás de esta crisis, no hay ninguna malévola y demoniaca mente privilegiada que lo vio venir todo y decidió crear una burbuja económica para estafar al Pueblo y hacer a los pobres más pobres y a los ricos más ricos, no hay Club de Bilderberg que valga, ni hay Spectra ni hay James Bond. Todo es muchísimo más complejo y, aunque sea tentador asignarle una narrativa simple que lo explique, a ser posible con buenos y malos, ni Dios creó el mundo en siete días ni los bancos os han robado. Estáis bajo el mismo y naturalísimo instinto que os hace darle una patada al hardware cuando se estropea el software, y va a solucionar (y a ayudar a evitar que vuelva a pasar) exactamente lo mismo que patear el ordenador. Nada. Y probablemente lo empeore.

Un cordial saludo,

Arthegarn

Thinking, fast and slow.

Es difícil escribir una reseña de Thinking, Fast and Slow, del psicólogo y premio Nobel de economía Daniel Kahneman. Es uno de esos libros maravillosos como GEB-EGB o La Nueva Mente del Emperador que hace falta que alguien que se lo haya leído te lo recomiende porque si no igual ni te enterabas de que existía. En este caso fue el inefable Julian quien me lo recomendó en mi último viaje a Londres y tengo que darle las gracias porque me ha gustado una burrada. El libro trata fundamentalmente de cómo la mente humana toma decisiones, sobre todo decisiones en las que existe un grado de incertidumbre respecto al resultado o que se prolongan en el tiempo. Habla del tipo de algoritmos que utilizamos para decidir, de los errores sistémicos más habituales existentes en esos algoritmos y de cómo podemos evitar caer en esos errores para tomar las decisiones razonables y no simplemente decisiones razonadas.

La primera tesis del libro es la coexistencia en nuestra mente de dos “sistemas” (que Dennett llamaría homunculi en Consciousness Explained) de pensamiento a los que denomina “sistema 1” y “sistema 2”. El sistema 1 es inmediato, intuitivo e instintivo, fácil de usar y de reacciones rápidas ante lo que ocurre a nuestro alrededor y es el que, en general, tiene el mando de la inmensa mayor parte de nuestra actividad. El sistema 2 es más lento y más pesado, requiriendo mucho más esfuerzo para ponerse en marcha, pero es lógico, analítico y racional y sus conclusiones son mucho más de fiar que las del Sistema 1. La mayor parte de las decisiones de la vida las toma, automáticamente, el sistema 1; y no estamos hablando sólo de cosas como mantener el equilibrio, hacer la digestión o retirar la mano del fuego, sino de verdaderas decisiones humanas, que requieren de obtención, análisis y proceso de información figurativa. El problema es que los seres humanos asociamos nuestro ego con el sistema 2 y, si se nos pregunta por qué tomamos una decisión determinada, decisión que en realidad no nos paramos a pensar sino que la tomamos automáticamente, daremos a nuestro interlocutor una explicación que confundiremos inmediatamente con una causa, a veces hasta el punto de crear un recuerdo artificial en el que valoramos las opciones (con el sistema 2, claro) y llegamos lógicamente a la conclusión que tomamos. Esto es así porque la alternativa “no pensé, la decisión se tomó automáticamente” es extremadamente desagradable en términos de disonancia cognitiva, incluso si añadimos la coletilla “porque no la consideré importante” ya que sugiere que, en realidad, no estamos a los mandos de nuestras decisiones, algo que el 99% de la humanidad da totalmente por sentado.

Por ejemplo, un error de los algoritmos del sistema 1 efecto muy conocido es el “efecto ancla” (anchoring effect) según el cual, dado un rango de posibilidades, la que se menciona cronológicamente la primera se “ancla” en la discusión que de ahí en adelante se desarrolla en torno a esa posibilidad: si estamos discutiendo un posible precio entre 100 y 200 y yo sugiero 115, el resto de la conversación se moverá entre 105 y 150, por ejemplo, pero nunca va a llegar a 185 a menos que la contraparte sea consciente de este efecto ancla y luche contra él (el libro dice como). Otro ejemplo es el efecto marco (framing effect) que hace que se tome una decisión diferente según su resultado se presente como un beneficio o un perjuicio. Por ejemplo, si una epidemia mortal afecta a 400 personas y tenemos la opción de aplicar el tratamiento A (que salva a 100 personas) o el tratamiento B (que ofrece un 25% de posibilidades de salvar a las 400 y un 75% de no salvar a ninguna), la inmensa mayor parte de la gente (72%) elige el tratamiento A. Sin embargo, si ante la misma epidemia hemos de elegir entre el tratamiento A (que deja morir a 300 personas) y el tratamiento B (que ofrece un 25% de posibilidades de que no muera ninguna y un 75% de que mueran las 400), solo el 22% de la gente elige el tratamient a pesar de que las dos situaciones ofrecen soluciones  matemáticamente idénticas. De hecho, cuando a la misma persona se le plantean ambas opciones en el contexto de un test más largo, tienden (65%) a caer en ese mismo patrón, incluyendo a médicos y epidemiólogos que, cuando son expuestos a este detalle y preguntados el porqué de sus elecciones (al sistema 2) , caen en general en un silencio embarazoso y avergonzado. Y este no es en absoluto el único sesgo cognitivo o defecto heurístico que describe (y prueba experimentalmente, el libro está plagado de referencias a diversos experimentos que sostienen sus tesis) sino que otros pueden incluir el efecto WYSIATI (lo que ves es todo lo que existe), el Efecto Linda (falacia de conjunción), o el fascinante efecto sustitución, en el que enfrentados a una pregunta complicada cuya respuesta desconocemos, tendemos a razonar por analogía, buscar una pregunta análoga (emocionalmente análoga) cuya respuesta sí que conocemos y darnos esa misma respuesta más o menos modificada mientras pensamos que, en realidad, lo que hemos hecho es responder a la primera pregunta. Esto explica, por ejemplo, por qué todo el mundo tiene ideas muy claras sobre una cuestión tan compleja como “¿qué debemos hacer para salir de la crisis?”: porque en realidad están contestando a algo del estilo de: “¿qué hace falta para que los efectos que yo percibo de la crisis, como que desahucien a mi vecino, que mi mejor amiga siga en paro, o que mi hermano no llegue a fin de mes, desaparezcan?” Si no me creéis, analizad las respuestas que da la gente a esa pregunta y decidme cuántas incluyen una proyección de las consecuencias a medio o largo plazo de la aplicación de las medidas que proponen…

Toda esta primera parte es fascinante, pero el libro no se queda ahí. La segunda tesis, consecuencia de la primera y básicamente por lo que tiene un Nóbel en economía, desmonta dos de las premisas básicas en las que se ha venido basando esta disciplina, a saber: la idea de que el mercado (y los operadores de mercado) toman siempre decisiones racionales; y el propio concepto de utilidad de Bernouilli, demostrando que la psicología y la economía estudian dos especies diferentes: la primera los seres humanos y la segunda una simplificación de estos a los que podríamos llamar “econs“. La tercera tesis defiende que dentro de nosotros existen dos yos: el “yo que siente” (experiencing self, el yo que experimenta, en el presente, el placer y el dolor) y el “yo que recuerda” (remembering self) que, a pesar de nunca sentir nada, es quien toma las decisiones respecto a qué y cómo vamos a sentir en el futuro. Ahora, los criterios y mecanismos a través de los cuales el “yo que recuerda” toma las decisiones no se parecen nada a lo que imaginaríamos; por ejemplo, sus “objetivos” no son, como cabría esperar, maximizar el placer y minimizar el dolor del “yo que siente” sino…

Y hasta aquí puedo leer. Espero haberos picado lo suficiente para que os lo leáis. Por lo que a mi respecta me parece un libro tan recomendable que, cuando había leído algo más de la mitad, ya había comprado otro ejemplar para regalárselo a Roweena por su cumpleaños y cuando me quedaban unas 50 páginas, encargué otros cuatro más para seguir regalándolos a diversa gente, uno de los cuales ya le ha caído a . Ya tardáis. En serio. Y como nota curiosa y para terminar de animaros, comentar que el otro día mi compañero filósofo Eduardo vino a casa a jugar una partida de República de Roma y me trajo de regalo de reyes… la traducción al castellano, cuya existencia yo hasta el momento desconocía. Pensar deprisa, Pensar Despacio, se titula, y va por la segunda edición. Así que ya no tenéis ni la excusa de que está en inglés. ¡Adelante!

“Buy it fast, read it slow. It will change the way you think.”

El libro de octubre

Making Money (en español Dinero a Mansalva) ya me lo leí hace tres años gracias a un préstamo de HK. Pero yo no tenía el libro así que en mi última visita a Londres aproveché la coyuntura para comprármelo junto con los Assimilation 2 publicados hasta la fecha (que es lo que verdaderamente iba buscando a la tienda de frikis de al lado del Intrepid Fox).

Ya lo he dicho varias veces, pero la minisaga de Moist von Lipwig me parece lo mejor que ha escrito Pratchett. A diferencia de las otras (particularmente las brujas y la Guardia) Moist aparece cuando el Mundodisco ya está totalmente maduro, no cuando se está definiendo y aun no tenemos una idea clara de por donde van los tiros (El Color de la Magia, por ejemplo, está ambientado en un mundo muchísimo más medieval y menos renacentista). Sin perder un ápice de humor, Moist von Lipwig es un antihéroe maduro, en una saga consolidada, creado ex novo por un autor en su mejor momento que quiere contar ciertas historias a una audiencia madura. Si Tiffany Archer es el mundodisco para adolescentes, Moist es el Mundodisco para los doctores, aunque por supuesto no hace falta ser un adolescente ni un doctor para disfrutar con ellos.

Este libro, junto con Going Postal (Cartas en el Asunto) y algunos otros, hace “fantasía-ficción” en el sentido de que dice algunas cosas que son verdades como puños y críticas muy serias a ciertas vacas sagradas de la corrección política pero que, como pasaba con la Star Trek original, pasan desapercibidos a los censores porque al fin y al cabo ocurren en un mundo absurdo e imaginario en el que toda la relación con la realidad es pura coincidenca… aunque en un mundo en el que las finanzas siguen siendo un misterio mágico para la inmensa mayoría de la gente, las explicaciones de Mr. Bent sobre el patrón oro o de Hurbert sobre el sistema financiero-crediticio pueden ayudar a mucha gente a hacerse una idea, aunque sea aproximada, de qué es lo que pasa en la realidad y de cómo funcionan las cosas. Aunque (por supuesto) también pone de relieve la absurdez que es el dinero, la increíble inestabilidad del sistema económico basado en él y la necesidad de que todos los que son parte en el sistema crean en él, porque si empiezas a pensar que una manzana es mejor que veinte centavos porque la manzana te la puedes comer y la moneda no acabas volviendo al trueque, y si vuelves al trueque se acabaron la medicina, el transporte aéreo o la física de partículas, por ejemplo. El dinero es mentira, pero es una de esas paradójicas mentiras que todos tenemos que creernos porque las cosas son mejores así, como la justicia o la libertad. Como dice Mr. Bent, toda la economía se apoya en “a tacit understanding that we will honour our promise (…) provided we are not, in point of fact, asked to actually honour it.“.

En fin, muy recommendable, como todos los Pratchetts, y en este caso un poquito más para todos aquellos que quieran tener una idea de qué rayos está pasando con la prima de riesgo y el credit crunch y la confianza de los mercados pero no tengan ganas de leer economía de verdad. Porque no es economía de verdad, todo pasa en un mundo sostenido por cuatro elefantes a lomos de una gran tortuga, pero… en fin, tampoco cabían tantos animales en un solo barco.

El Gran Quadre (The Big Picture)

Tengo unos días absolutamente infernales de trabajo delante de mi, pero no quiero dejar escapar estos cinco minutos libres antes de que empiecen para compartir una profecía sobre las radicales consecuencias que la espectacular diada de ayer va a tener.

Ninguna.

Por dos razones, fundamentalmente:

  1. No va a traer la independencia de Cataluña porque eso implicaría una reforma constitucional de un calado inimaginable y la experiencia nos dice que aquí la Constitución no se toca así quemen el Congreso. Vivimos en un país de políticos inamovibles cual esposa de Lot que ignoran totalmente toda manifestación popular que no estén manipulando ellos mismos. “Madrid” hará caso omiimagesso, a la hora de la verdad, de la diada. Dejará que sus ecos se apaguen con el tiempo sin hacer absolutamente nada, exactamente igual que hizo con el 15-M, y cuando resurjan sus ecos cada año los aguantará estoicamente. Y, si en algún momento el tema se llegara a poner serio, lo que hará será otra serie de reformas, que vendrían muy bien a España pero que no tendrían nada que ver con la independencia de Cataluña (reforma de la LOREG y del Título III, por ejemplo) y serían más que suficientes como para desviar la atención y las energías de ese proyecto.
  2. Pero es que, además, tampoco va a traer como resultado el concierto económico catalán que verdaderamente quieren CiU y los catalanistas no soberanistas. Y no lo va a traer porque como se empezara a hablar del tema, Europa, que está presionando por una mayor consolidación fiscal en España como una de las (inexistentes) condiciones para el (inexistente) rescate de España, no soltaría un céntimo. Y como necesitamos ese dinero como el maná los israelíes en el desierto, “Madrid” no efectuará movimiento drástico alguno en esa dirección (lo que es más, igual se ven forzados a hacerlo en el sentido contrario). Los catalanistas gritarán y gritarán y el palau derribarán, pero desde Madrid se aguantarán o, como mucho, realizarán algún acto o concesión simbólica porque Paris vaut bien une messe.

Así, en cinco minutos y a vuelapluma, es todo lo que puedo decir. A ver si el tiempo me da la razón.

Saludos a todos,

Arthegarn

Como solucionar la crisis

A medida que se acerca el aniversario del 15-M sin que se le vea una salida a la crisis, con el PP metiendo la tijera en todos los gastos del Estado y de las Comunidades Autónomas, con el PSOE, IU y los sindicatos metiendo caña, con España en recesión y una tasa de paro del 24% que no hace más que seguir subiendo, la gente está enfadadísima. Ante todo están enfadados con nuestros políticos, todos, de un lado y del otro, por no resolver la crisis; y luego están enfadados también por distintas razones con los banqueros, los empresarios, los ricos, los intelectuales y ese fuzzy group que es la llamada ”clase dirigente” pero que es, aparentemente, incapaz de dirigirles a ningún sitio (a ningún sitio fuera de la crisis, vamos).

Lo primero que hay que decir es que este sentimiento de enfado e indignación es … ¿obvio? ¿de lo más natural? ¿esperable? Nadie puede intentar, como he leído por ahí, que los españoles no se sientan así. Por las mismas razones por las que si vas andando por el bosque y de repente se levanta un oso al lado tuyo sientes miedo, es normal que cuando te ves atrapado en una situación incómoda a la que no le ves salida sientas frustración, desesperación, dolor y rabia. Lo sé muy, pero que muy bien. La pregunta es qué vamos a hacer con toda esa energía, toda esa rabia e indignación que todos, yo también, tenemos dentro. La pregunta es cómo vamos a salir de esta.

Si nos guiamos por la historia reciente parece que lo único que haremos con esa energía será lo que el amigo Eduardo Marqués llama ”liarla parda”, particularmente en sus dos primeras acepciones: tendremos gente volcando coches y quemando contenedores, y tendremos otra gente (mucha más) expresando estas emociones con “una algarada, una revolución, un “todos a la calle contra todo”, una catarsis puramente emocional”, un (otro) bluff que no llevará a ningún sitio y que será capitalizado(1) para sus propios fines por este o aquel grupúsculo marginal cuyos “líderes” tendrán sus cinco minutos de fama y, si tienen suerte, acabarán de tertulianos en algún sitio o cobrando 250 euros por charla. Pero desde luego eso no nos acercará a la salida de la crisis; lo más probable es que de hecho nos aleje de ella(2). Aun así siempre estarán los cuatro idealistas trasnochados de siempre que, de forma más o menos bienintencionada, lo verán como el inicio de la revolución proletaria o la rebelión del Pueblo contra sus opresores políticos y económicos o [Inserte aquí su demagogia favorita], por supuesto, y que llamarán a la gente a la calle en nombre de todas esas cosas y con la promesa de un futuro mejor y más brillante, sin crisis y con libertad, en el que todos seremos listos y responsables y las piedras manarán leche y miel. Y habrá gente que se lo crea y les siga, porque es lo que la gente quiere creer, lo que la gente quiere que le digan y porque sentirán, en su corazón y en sus entrañas, que es lo que tienen que hacer. Porque cuando estás frustrado y rabioso a lo que te lleva la naturaleza es a la violencia, a “sacudirte las cadenas”, a acabar con la amenaza o el obstáculo que tienes delante. Y esto es tan obvio, natural y esperable como el que aparecieran los sentimientos de los que hablaba antes, pero por mucho que sea obvio, natural y esperable, no nos va a sacar de esta, ni va a arreglar la crisis, ni nos va a dar trabajo. Más bien al contrario.

Claro que… si la algarada y la “revolución” no son los caminos para solucionar el problema, si acabar con quienes “nos han metido en esto” o quienes “no saben sacarnos de aquí” (3) no va a llevar a ningún sitio, entonces, ¿qué podría hacerlo? ¿Quién podría hacerlo?

Pues tú. Pero muy probablemente no como como crees.

A nadie se le escapa que hay que cambiar muchas, muchas cosas en España. Pero lo primero que el auténtico revolucionario, el auténtico idealista, tiene que cambiar, es a si mismo. Tiene que tener claro donde quiere ir, ver cómo se puede llegar y ponerse a ello. Y, con toda probabilidad, lo primero que tendrá que cambiar de si mismo será su fe inquebrantable en la verdad de su causa y en que su solución es la (única) correcta.

Si verdaderamente queremos salir de esta, lo primero que tenemos que cambiar es esa mentalidad tan española de sostenella y no enmendalla. Si la realidad nos muestra que el ideal por el que estamos luchando es imposible e inalcanzable (como pasa siempre con los ideales, que son orientadores, puntos de referencia, no objetivos) lo que tenemos que hacer es dirigirnos al punto alcanzable, posible más cercano a ese ideal. Al decir esto me hago acreedor a decenas de comentarios con eslóganes del tipo “seamos realistas, pidamos lo imposible” o “hasta la victoria siempre”, pero me importa un pimiento. Si queréis ese tipo de cosas y prestáis oídos a ese tipo de frases hechas, a ese tipo de demagogia que os llama a la fe irracional como los Papas llamaban a las cruzadas, allá vosotros y sinceramente no sé qué hacéis leyendo este blog. Si lo que queréis es eso, salid a la algarada. Si lo que queréis es verdaderamente luchar por vosotros y por los que os rodean para mejorar la situación de una forma palpable y posible, si estáis dispuestos a sacrificar vuestros ideales intangibles, espirituales y sobrenaturales en aras del materialismo palpable, de la comida que de verdad se puede comer y del trabajo que de verdad se puede realizar, entonces seguid leyendo.

Una vez seamos capaces de admitir, individualmente, uno por uno, yo, tú que estás leyendo esto, que es posible que estemos equivocados, lo siguiente que hay que cambiar es ese otro mecanismo que es “hay que quitar de en medio a quien nos ha metido en esto”. Todo el problema, todo este artículo, si os fijáis, está basado en esto. La rabia y la frustración contra quien “nos ha metido en esta crisis” y quien “no nos sabe sacar de ella” es tan lógica como estúpida e improductiva. Es una antropomorfización del problema, es el mismo mecanismo que te hace darle una patada al hardware cuando se estropea el software, algo que está en nuestra naturaleza, en nuestros genes, pero que aunque tuvo su lugar cuando éramos animales irracionales y vivíamos en los tiempos en los que nuestras respuestas al medio debían ser, rápidamente, una de las famosas Cuatro Efes(4), hoy en día no está simplemente obsoleto, sino que es contraproducente. “¿Algo va mal? Tiene que tener una causa. Hay que encontrarla y destruirla, muerto el perro se acabó la rabia”. Ese mecanismo está en nuestro hardware, está en nuestros cerebros y aunque sea natural, lógico y esperable y resultado de la evolución por selección natural, no nos es más útil para resolver estos problemas que el hecho de tener apéndice(5).

De verdad, no hay una mano negra, no hay una conspiración, no hay unos malvados capitalistas de dientes afilados que se han quedado con todo el dinero que antes teníamos y que ahora no tenemos y lo están usando para encenderse puros. No es cierto. Esto os lo podéis creer como artículo de fe basándoos en la auctoritas que me confiráis, o podéis estudiar (pero estudiar en serio, no leer un titular de Público y contrastarlo con la Wikipedia) las causas del Credit Crunch, la contracción de la masa monetaria por la pérdida de confianza en los mercados (sí, el problema está en que la gente, o sea tú y yo, hemos perdido la confianza en “los mercados”, y os garantizo que no la vamos a recuperar gritando que la culpa es precisamente de “los mercados” como el año pasado -lo que por cierto es una majadería(6)). El dinero, la riqueza no está en los bolsillos de nadie, ya no existe. No quiero ponerme ahora a explicar la génesis de la crisis y a asignar responsabilidades porque en este momento es mucho menos importante saber cómo hemos acabado en este agujero que se va llenando de agua que cómo vamos a salir de él; pero baste decir que es tan natural como incierto pensar en un gran conjunto de pequeñas causas individuales como una única causa, simplificar las múltiples y complejísimas relaciones de todos y cada uno de los seres vivos individuales que componen, por ejemplo, la persona que está sentada a mi izquierda, con el término “Begoña” y decir que tiene la culpa de la crisis. No. Es el mismo mecanismo del que hablaba antes. El bosque no os deja ver los árboles, y el problema está en los árboles(7), no en el bosque.

Lo siguiente que podemos hacer es acabar con la muy española figura de la intervención divina. La pregunta está mal planteada porque nadie nos va a sacar de esta porque nadie puede. Nadie tiene unaRonBrokenWandvarita mágica, o una solución milagrosa o la fórmula de la Coca-Cola que pueda arreglar este desaguisado por si misma. En primer lugar porque hay muchas cosas que no se pueden “arreglar”: si una familia pide un crédito de forma temeraria y luego se encuentra con que no lo puede pagar, independientemente de que sea una pena, no podemos arreglarlo de un plumazo a golpe de condonación general de deudas “y que lo paguen los bancos”. El dinero con el que los bancos conceden hipotecas es el mismo dinero que yo he metido en mi cuenta corriente y el banco lo ha prestado en la creencia (amparada en la ley) de que tendrían que devolvérselo de una u otra manera. Si haces legal que la gente no pague al banco, ¿cómo me va a pagar el banco a mi? ¿A dónde nos llevaría hacer algo así?

Pero es que no es solo eso. Es que los españoles tenemos que entender de una vez que nadie puede vivir nuestra vida por nosotros y tomar las riendas de la misma. Desde los tiempos de Chindasvinto nuestras revoluciones y nuestros cambios se han basado en cambiar una minoría dirigente por otra minoría dirigente (como mucho, “nuestra” minoría dirigente), tenemos mentalidad de súbditos y no de ciudadanos. Esperamos que el Rey o el Gobierno o la Virgen nos arreglen nuestros problemas y eso no es así, la democracia no funciona así. Si no estamos dispuestos a aceptar la responsabilidad de gobernarnos a nosotros mismos, si vamos a seguir negándonos a entender que si las cosas van mal porque estamos gobernados por incapaces la culpa no es de nuestros gobernantes sino nuestra por haberlos elegido, entonces es que simplemente no estamos preparados para la democracia y lo mejor que nos puede pasar es volver al despotismo ilustrado. Hace un siglo Ortega y Gasset decía que no estábamos preparados, que no entendíamos que era la democracia y tenía razón, Da pena pensar que desde entonces no hemos mejorado casi nada.

Puestos a cambiar la tan española creencia en los milagros, en la Virgen que todo lo cura o el líder que nos sacará de esta, podríamos empezar a pensar en que los problemas complejos tienen causas complejas y que si no se resuelven de esa forma tan obvia que se nos ha ocurrido no es necesariamente porque nuestros dirigentes sean estúpidos o incapaces, sino que puede que sea porque esa medida tiene repercusiones que no hemos considerado. La mentalidad de taxista, de “esto lo arreglo yo en dos patadas” o “lo que hace falta es alguien con dos cojones” para temas que son enormemente complejos y sistemas que son prácticamente impredecibles es tan perniciosa como está extendida. No hay ninguna diferencia entre querer meter en la cárcel a un político porque no previó o resolvió una crisis (o enfadarse porque las cosas siguen yendo mal y no se ve la luz al final del túnel, aunque enfadarse sea natural) y lapidar al brujo porque no hace llover. Lo creáis o no, la influencia(8) que puede ejercer un gobierno para la solución de una crisis como ésta es semejante a la que tiene el brujo para hacer llover y sus resultados solo se notarían a medio plazo (mucho después de la tan satisfactoria lapidación).

Pero es que además la crisis tiene múltiples causas y todas ellas complejas por lo que no hay una única solución a todas ellas (y eso incluye panaceas como el asambleísmo anarquista-libertario, por cierto). Solo hay una persona que te va a sacar de la crisis, y ese eres tú. O, para ser exacto, solo hay una forma de salir de la crisis, y esa es acabando con todas sus múltiples causas, y no hablo de las causas que nos trajeron aquí, porque esas ya no son operantes y por tanto son irrelevantes, sino de las que nos mantienen aquí y las que nos hunden todavía más. Esos son los problemas que tenemos ahora y esos son los que tenemos que resolver. Y como resulta que esos problemas, al final, están causados en mayor o menor medida por todos y cada uno de nosotros, como individuos, lo que tenemos que hacer es arremangarnos hasta los codos y ponernos a cambiarnos a nosotros mismos, como individuos. Y ¿sabéis lo mejor de todo? Pues que esto es algo que no tenemos que esperar a que venga nadie a hacerlo sino que podemos hacer nosotros mismos y que además se trata de una sucesión de pequeñas cosas concretas e inmediatas que está en nuestra mano resolver, no de “acabar con el paro” o de “devolver la confianza a los mercados”. Por supuesto, esto exige de nosotros que tomemos las riendas, y por tanto la responsabilidad, de quienes somos y de en qué nos vamos a convertir, algo que a mucha gente le da miedito y que a todo el mundo debería infundirle, como poco, un sano respeto. Pero ha llegado la hora, insisto, de trabajar y ser valientes y cambiar lo que tenemos que cambiar: nosotros mismos. Porque solo cambiándonos nosotros, individualmente, uno a uno, haciéndonos responsables de lo que hacemos, podemos cambiar al colectivo. Si en algo estamos de acuerdo los perroflautas y yo es que el cambio no se puede imponer de arriba abajo, sino que viaja de abajo a arriba. Así que, lo dicho, sus y a ello.

¿Y cómo podemos cambiar? Bueno, pues insisto, haciéndonos responsables de nuestras vidas, nuestras actitudes, nuestros hechos, nuestras palabras. Midiendo las repercusiones en los demás y las consecuencias a medio y largo plazo de lo que hacemos. Por ejemplo, es posible que en este momento esté tan frustrado y enfadado que lo que de verdad quiera hacer, lo que mis entrañas me dicen que haga, es salir a pegar gritos, quemar contenedores y lanzar piedras a la policía. O puede que lo que me apetezca sea largarme a Sol a demostrarle a “los mercados”, “los banqueros” y “los políticos” (ah, no, que eso ya lo hemos resuelto) que no soy su marioneta y que no pueden jugar conmigo; por ejemplo no respetando los horarios o recorridos de las manifestaciones o intentando okupar la plaza de mi pueblo. Pero ¿qué repercusiones tendrá eso? ¿Estaré generando riqueza? ¿Confianza en España? ¿O estaré dando la impresión de que a los españoles nos importa mucho más demostrar lo fuertes e independientes que somos que trabajar para salir del hoyo? Y lo mismo que con los actos, con las palabras. Es posible que lo que me apetezca en este momento, lo que me dice mi corazón que debo hacer, es lanzar una soflama poética e idealista sobre las virtudes del idealismo utópico y las maldades del capitalismo, pero, una vez más ¿qué consecuencias va a traer esto? ¿A medio y largo plazo? ¿Para mi y para los que me rodean?

Una vez que hayamos decidido de verdad tomar las riendas de nosotros mismos, no ser esclavos de nuestros impulsos y apetencias y pensar antes de hacer ha llegado el momento de replantearnos muchas, muchas cosas sobre nuestros hábitos y formas de comportarnos. Alguno habrá que debería informarse antes de opinar, algún otro que debería escuchar tratando de entender lo que el otro intenta comunicar y no preparando el contraargumento… Otro se dará cuenta de que, por mucho que su instinto le diga que alquilar es tirar el dinero, meterse en una hipoteca de 600 euros a 35 años cobrando 1.000 con un contrato de obra y servicio es una mala idea porque probablemente, en algún momento no podrá pagarla. Muchos se desharán de la mentalidad y el mecanismo de “lo quiero, así que lo voy a comprar y ya veré como lo pago”. Ha llegado el momento de tirar a la basura la tarjeta de crédito, que te da ahora lo que pagarás luego, y mirarte a ti mismo y a tus bolsillos en el espejo y saber qué puedes consumir y qué no. Y lo que es mas importante, el momento de dejar de derivar tu autoestima en función de lo que consumes, de dónde vives, de cuánto ganas o de en qué trabajas. Eres quien eres y no está nada mal, y si quieres ser más, plantéate con realismo quien quieres ser (porque querer lo imposible solo conduce a la frustración) y cómo llegar a ello, sabiendo que no todo depende de ti y que es posible que no lo consigas. Y si caes en la lucha y no llegas a conseguir todo lo que querías, sigue luchando o cambia de objetivos, pero no te frustres. Tente un poco de respeto. Ah, y no le eches la culpa a otro, porque muchas veces nadie tiene la culpa.

Y hablando de no echarle la culpa a otro, probablemente haya llegado el momento de hacer examen de conciencia. Nadie te puso una pistola en la cabeza para pedir ese crédito ruinoso. Nadie te garantizó que sacándote esa carrera conseguirías ese puesto de puta madre, y si te lo garantizaron, aunque el otro sea un hijoputa o un imbécil, algo de culpa tendrás tú por habértelo tragado. Aprende, échate la china al bolsillo, no te fíes ni de tu madre (porque aunque ella te quiere tiende a sobrevalorarte y puede que te de consejos que ella cree buenos pero que acaban no siéndolo), haz tus propias cuentas, sé crítico, contrasta, toma tus propias decisiones y hazte responsable de ellas. Y si tienes los redaños para hacerlo de forma retroactiva y hacerte ahora responsable de las decisiones que tomaste en el pasado “por culpa de otros” te habrás ganado mi caluroso y sentido aplauso. Y te garantizo que cuando te mires al espejo del que hablaba antes verás que has crecido un par de centímetros.

Estate orgulloso de ser quien eres. Estate orgulloso de ser un ciudadano y no un bárbaro, de ser parte de la civilización que construye y no de la barbarie que saquea y rapiña. Respeta a tus semejantes como te respetas a ti mismo y como te gustaría que te respetaran a ti (y si crees que ya lo haces, cuéntaselo al del espejo cuando haya crecido ese par de centímetros, te garantizo que te sorprenderás). Y exige que los demás te respeten como deben. Critica y persigue cada céntimo que pagas en impuestos, entérate de a dónde va y por qué. Deja de pensar que “lo público” es “de todos” y empieza a pensar que “lo público” es en realidad tuyo, porque lo has pagado tú, y tienes que exigirle rentabilidad y eficacia, tanta como te exigen a ti en los estudios o el trabajo. No des dinero a corruptos, vagos y deshonestos y cuando te encuentres uno exponlo y denúncialo ante tus conciudadanos. Se acabó congratularse por hacerse un simpa, por saltarse el torno del metro, por defraudar a Hacienda, por cobrar el paro y trabajar a la vez, se acabó encumbrar al pícaro que “es más listo que el sistema” porque cada vez que comete una de sus fechorías te está robando a ti, no “al Estado” o “al Sistema”. No hay diferencia entre el concejal que se va de putas con dinero público y quien se cuela cada día en el metro porque, total, nadie le dice nada(9). Cumple las normas, que las hemos acordado entre todos, y si no te gustan lucha por cambiarlas, habla con tus conciudadanos, convéncenos de que tienes razón… y respétanos como te respetas a ti mismo, que estamos tan orgullosos de ser nosotros como tú de ser tú, y si no nos convences (o hasta que lo hagas) no te tomes la justicia por tu mano. Y estate orgulloso de no hacerlo, porque someterte a la voluntad del Pueblo aun cuando crees que el Pueblo se equivoca es el precio que hay que pagar por la democracia (real ya).

Así que, hala. Menos dilución de la responsabilidad personal en el colectivo, menos buscar cabezas de turco que cortar, menos pensar que los problemas tienen causas sencillas y soluciones sencillas y que lo que pasa es que alguien es demasiado estúpido o demasiado malvado para ponerlas, y más darse cuenta de que el problema somos en realidad todos y cada uno de nosotros y que la solución, por lo tanto, depende de todos y cada uno. Sobre todo, de cada uno. O eso, o tardaremos mucho más en salir de esta crisis y cuando lo hagamos nos meteremos en otra igual. O no salimos en absoluto, claro…

La solución a la crisis empieza por uno mismo.

Arthegarn_____________________
(1) Tiene bastante chiste que el 15-M, sobre todo en Sol, fuera capitalizado por los anticapitalistas, por cierto.
(2) Por dos razones fundamentales. Primera: habremos gastado nuestra energía “al pedo” y nos quedará menos para trabajar, arrimar el hombro y dedicarnos a cosas realmente constructivas; y segunda, este tipo de comportamientos, agitaciones sociales y disturbios lo que consiguen en el panorama económico internacional es alejar capitales e inversión extranjera, lo que nos deja solos para salir de este fregado. Y si creéis que no, mirad Grecia. Si tuvierais dinero que invertir ¿lo haríais en un país que no es solo que esté arruinado, sino que además tiene un Pueblo cuya actividad principal es protestar en la calle, destruir la propiedad (pública y privada) y protagonizar algaradas, al borde de la revolución o, como me decía ayer Mithur, de la guerra civil? Pues eso.
(3) Admito que hasta ahora he hablado solo de luchar y pegar gritos y no de que hacer una verdadera revolución (aquello que los propios revolucionarios de principios del siglo pasado definían como cambiar la minoría dirigente por nuestra minoría dirigente), mucho menos de que esta triunfe y encima sin costes, pero seamos generosos.
(4) Fight or Flight or Feed or Copulate © Daniel Dennett.
(5) De hecho, mucho menos, porque hoy en día cuando el apéndice da problemas se elimina con una operación sin complicaciones, pero este mecanismo de suponer intuitivamente que todo tiene un culpable y buscar como destruirlo no hace más que dar problemas y no hay quien lo remueva.
(6) Porque un mercado no puede tener la culpa de nada, es un sitio en el que se intercambian bienes y servicios por sus precios. Si alguien tuviera la culpa de algo serían los mercaderes, no los mercados.
(7) De hecho está en las puntas de las hojas de esos mismos árboles, así que cuidado no sea que el árbol no os deje ver las hojas.
(8) La influencia positiva, claro. Influencia negativa puede tener a espuertas, es increíble lo fácil que es cargarte la economía intentando arreglarla, no te digo nada cuando lo que estás intentando es ganar elecciones…
(9) Caeteris paribus, por supuesto. Hay casos de estado de necesidad, por supuesto, pero no estoy hablando de esos casos y lo sabes, así que deja de preparar el contraargumento y presta atención a lo que quiero decir.

Los libros de septiembre

Darkness, I es el tercer libro de la saga Blood Opera Sequence y es un pestiño. Nunca pensé que diría esto de un libro escrito por Tanith Lee, autora de títulos tan deliciosos como Volkhavaar o El Señor de la Noche, pero es que es la verdad, es un pestiño y me ha llevado casi cuatro meses terminarlo 8y lo he logrado solo a base de fuerza de voluntad). Lo pillé con muchísimas ganas porque pensé que una saga de vampiros escrita por ella tenía que ser algo realmente bueno, pero nada de nada. Es lento, farragoso, sin sentido, con una serie de historias que discurren paralelas unas a otras prácticamente sin tocarse (y chirriando de mala manera cuando se tocan) con un personajes tipo Poochie (Cuando no esté en pantalla los otros personajes preguntarán todo el tiempo: “¿dónde está Poochie?”) que encima cuando finalmente aparecen es una especie de Louis todavía más melifluo. En cuatro palabras, no merece la pena. Serie B cayendo a la C, indigno de su autora.

El Economista Camuflado es un regalo de cumpleaños de que me ha gustado bastante. Su autor, Tim Harford, tiene una columna de economía llamada así en el Financial Times y se trata de una serie de ensayos sobre las apariciones de la macreoecnomía en nuestra vida diaria. Cosas como por qué cuesta un café lo que cuesta o por qué es completamente imposible comprar un coche usado decente de acuerdo a las reglas del libre mercado. Comenta en un lenguaje ameno y sencillo temas como los fallos de mercado, la información privilegiada, por qué el sistema de salud privado de los Estados Unidos es una estupidez y por qué algunos países pobres salen de la pobreza mientras que otros parecen destinados a seguir en ella para siempre. Un libro instructivo y fácil de leer para quienes no sepan de economía y quieran tener al menos una idea, y ameno y lleno de ejemplos interesantes para la próxima vez que intentes explicarle a alguien por qué intentar manipular los precios siempre acaba en desastre o por qué se hundieron los sistemas comunistas del siglo XX si ya sabes de economía.

La reforma constitucional, o éramos pocos y parió la abuela.

Dejando a un lado el tema de la legitimidad de la Constitución, que me comprometo a debatir en otro artículo si alguien lo plantea, esta reforma: (i) no va a servir para nada, (ii) va a traer más mal que bien y (iii) si se hace, tiene que hacerse sin referéndum porque someter de antemano su aprobación a referéndum es anticonstitucional.

Empezando por el que trae más polémica, el tema del referéndum: me resulta divertidísimo la cantidad de demagogos y desinformados que andan por ahí exigiendo un referéndum para aprobar este cambio en la Constitución y gritando a los cuatro vientos que si no se convoca es una afrenta al Pueblo y un golpe de estado contra la soberanía nacional. Vamos a dejar una cosa clara: los mecanismos para reformar la Constitución están incluidos en la propia Constitución, y hay que seguir esos mecanismos. Esto debería parecer obvio, pero es increíble la cantidad de gente que no se da cuenta. Al igual que el reglamento del ajedrez fija como se juega al ajedrez, la Constitución fija las reglas del juego político en un país. Así como todos los alfiles tienen que moverse en diagonal porque lo dice el reglamento (y si los alfiles no se mueven en diagonal estarás jugando a otra cosa, pero no al ajedrez), nadie puede ser condenado o sancionado por acciones u omisiones que en el momento de producirse no constituyan delito porque lo dice la Constitución (y si la gente lo fuera querría decir que está en otro sitio, pero no en la España que define la Constitución). Es de estas cosas que son obvias: si vamos a jugar al ajedrez, tenemos que respetar el reglamento y si vamos a vivir en España, tenemos que respetar la Constitución. Y si no quieres respetar el reglamento entonces no digas que quieres jugar al ajedrez porque tú no quieres jugar al ajedrez, quieres jugar a otra cosa. Pero me estoy desviando al tema de la legitimidad que, insisto, si alguien se empeña discutiré en otro artículo. Aceptemos, de momento, el hecho de que todos estamos viviendo en España, la España que define la Constitución, y que hay que obedecerla.

Bien, volvamos al paralelismo con el ajedrez. Parte de las normas del ajedrez fijan el movimiento de la reina, y parte de las normas de la Constitución fijan cómo puede modificarse la propia constitución. En el caso del ajedrez, todos sabemos que la reina puede moverse en cada turno como una torre o como un alfil; en el caso de la Constitución, para la reforma se fijan también dos procedimientos. Uno, contenido en el artículo 168, dice (básicamente) que para reformar ciertas partes de la constitución (las más “importantes”, cosas como los derechos individuales, la forma de Estado o los colores de la bandera) hay que aprobar la reforma con mayoría de 2/3 en el Congreso, volver a aprobarla con mayoría de 2/3 por el Senado, disolver las cámaras, convocar elecciones, volver a aprobar la reforma con las mismas mayorías en las dos cámaras y, además, convocar un referéndum para que el Pueblo, directamente, la ratifique. El otro, contenido en el artículo 167, se aplica al resto de la Constitución, y dice (básicamente) que la reforma tiene que aprobarse por mayoría de 3/5 en el Congreso y luego por la misma mayoría en el senado, sin disolución de cámaras y sin convocatoria de referéndum, aunque éste puede convocarse si lo solicitan al menos el 10% de los diputados o de los senadores, cosa que ocurrió en 1992 con la única reforma constitucional que hemos tenido hasta ahora.

Supongamos, ahora, que estoy jugando al ajedrez y mi contrincante decide darme jaque mate haciendo que la reina se mueva como un caballo. Bien, claramente no puede hacerlo, es trampa. De la misma manera, uno no puede cambiar los colores de la bandera de España utilizando el procedimiento “simple” del 167; al igual que el reglamento del ajedrez dice que la reina no puede hacer ciertas cosas, haciendo la victoria más difícil, la Constitución dice que las Cortes no pueden hacer ciertas otras, haciendo la reforma más difícil. Hasta ahí creo que todos lo tenemos claro.

El problema surge cuando los ciudadanos (o parte de ellos) exigen al Gobierno que convoque un referéndum en el que el Pueblo, directamente, apruebe la reforma a la que nos enfrentamos ahora. Bien, el problema es que (i) no tienen derecho a exigir nada y (ii) el Gobierno no podría hacerlo aunque quisiera. El paralelismo ajedrecístico es que tu oponente te diga que no puedes darle jaque mate moviendo la reina como un alfil cuando el reglamento dice que sí, que la victoria es más fácil de alcanzar que lo que dice tu contrincante. Al igual que tu contrincante no puede cambiar las normas ni para hacerse a si mismo la victoria más fácil (moviendo la reina como un caballo) ni para hacértela a ti más difícil (prohibiendo que se mueva como un alfil), el Gobierno o las Cortes no pueden reformar la Constitución por otros procedimientos que los fijados en ella, no pueden trampearlos para hacer la reforma más fácil, pero tampoco más difícil. Legalmente hablando, la reforma puede aprobarse (tiene que aprobarse) por las Cortes y sin referéndum, el ciudadano no tiene derecho a exigir nada más ni tiene derecho a la pataleta al igual que mi contrincante en el ajedrez no tiene derecho a exigirme que no mueva mi reina como un alfil, ni a enfadarse cuando lo hago(1). Poner en duda la legitimidad del Estado, del Gobierno o de la clase política por aplicar estrictamente la legalidad constitucional es como tirar el tablero de un manotazo cuando te dan jaque mate: igual de justificable e igual de maduro.

Otra cosa, totalmente distinta, es que sabiendo que no se tiene derecho a ello, se pida a los diputados y senadores que soliciten un referéndum para ratificar esta reforma. Pero si se hace esto debe hacerse siempre desde el conocimiento y el convencimiento de que, si deciden no hacerlo, no has perdido nada porque de antemano no tenían por qué hacerlo. Una vez más, poner en duda la legitimidad del Estado, de la Constitución o de la reforma en cuestión porque no se hace como a nosotros (o a una parte de nosotros, o a una parte de vosotros porque a mi esta reforma me la trae por un paraguas como ya explicaré) nos gustaría es tan infantil como injusto. Las normas están ahí, hay que respetarlas y si nuestro contrincante quiere avisarnos del jaque a la reina se le puede agradecer, pero no enfadarse con él (¡ni con el ajedrez!) porque juegue cumpliendo estrictamente el reglamento. Oh, puedo entender el deseo de mucha gente de que se convoque el referéndum y la frustración que genera que no se convoque; es análogo a mi deseo de que no me coman la reina ya a mi frustración cuando me la comen(2), son emociones que todos experimentamos. Pero ni entiendo ni apruebo ni sanciono a quienes actúan llevados por esas emociones y se dedican a hablar de golpe de estado porque no se convoca un referéndum que no hace falta convocar. No es que “quieran” amordazar al Pueblo, ni que “piensen” que somos tontos ni que no “confíen” en nosotros. Es simplemente que no hace falta convocar un referéndum y así es más barato (unos 115 M€).

Y, es que, entre nosotros, el referéndum no hace falta convocarlo entre otras cosas porque esta reforma no sirve absolutamente para nada. Habéis leído bien: para nada. No introduce cambio alguno de verdad en la Constitución, lo deja todo al desarrollo legislativo. A ver si lo explico sin ponerme demasiado técnico…

Cuando empezó a hablarse de esta reforma parecía que lo que se iba a hacer era reformar la Constitución de tal forma que se prohibiera al Estado (y al conjunto de las Administraciones Públicas incluyendo las Autonomías, que son un agujero negro) que: (i) presentara presupuestos deficitarios(3) (es decir, presupuestos en los que los gastos son superiores a los ingresos, “y ya veremos como o pagamos”) y (ii) que la deuda total de España no pudiera sobrepasar un determinado porcentaje del PIB. Esa medida(4), inscrita en la Constitución, ofrecería estabilidad a medio y largo plazo a la economía española, acabando con los vaivenes según cambia de gobierno, con la independencia económica de las autonomías (que se escuda en que son autónomas para endeudarse todo lo que quieren) porque requeriría del acuerdo de los dos grandes partidos para deshacerse, algo que sería muy difícil por diversos factores. Pero el texto que se ha remitido hoy (y que podéis leer íntegro aquí) lo único que hace es derivar esos porcentajes que fijan el techo de coste o bien a una Ley Orgánica, que es mucho más fácilmente manipulable que la Constitución, o bien a lo que diga la Unión Europea, lo que desde mi punto de vista es un error porque es ceder soberanía a la Unión de forma descoordinada, sin el compromiso de todos los demás socios europeos de que vayan a hacer lo mismo.

En otras palabras, es un gesto totalmente de cara a la galería. Los gobiernos ahorradores puede que lo tengan un poco más fácil para justificar sus políticas presupuestarias, pero los gobiernos manirrotos solo tendrán que modificar una Ley Orgánica (lo que solo requiere mayoría absoluta del Congreso de los Diputados y que ni pasa por el Senado) para ponerse el techo de gasto / endeudamiento / lo que sea que les de la gana. En otras palabras, se dice de forma tajante e inalterable que no nos endeudaremos más de… lo que diga una ley que podemos alterar fácilmente. Un timo, oiga. Eso y anda, lo mismo. De hecho, para eso ya teníamos la Ley de Estabilidad Presupuestaria que aprobó el Gobierno Aznar en 2001 exigiendo este tipo de medidas de contención del gasto y la deuda, y que Zapatero dejó básicamente sin contenido apenas seis años después, en el día de los inocentes (dejando claro que aquello era una guasa).

Por eso digo que esta reforma constitucional hace más mal que bien. Porque se queda en una declaración de intenciones que, en realidad, no compromete apenas a nada a los sucesivos gobiernos que dirijan España, y porque comete el terrible error de abrir la caja de los truenos de la reforma constitucional por una soberana chorrada. Vamos a ver, si nos vamos a poner a reformar la Constitución, con todo lo que eso supone de tensiones políticas y de nacionalistas pidiendo cosas (ya están los vascos diciendo que “ya de paso” habría que incluir algo sobre el derecho de autodeterminación de los vascos, y los catalanes diciendo que “ya de paso” debería introducirse un tope a la “solidaridad catalana con España”), hagámoslo por algo que merezca la pena. Metámonos a fondo con el tema, reformemos el Poder Judicial y garanticemos su independencia y la de sus órganos de gobierno, reformemos el Senado, acabemos con la provincia como circunscripción electoral, metámonos a fondo con la estupidez de las autonomías y decidamos si somos un estado federal o no, porque el término medio claro está que no funciona, y tantas y tantas cosas que de verdad hay que hacerle a la Constitución. Pero crear toda esta tensión y armar todo este revuelo para tan escasas nueces es una soberana estupidez que, honestamente, opino que no vale para nada y que es difícilmente justificable por los dos grandes partidos ante sus electorados (para el PSOE porque eso de fijar techos de gasto es de derechas y para el PP porque en realidad no se está fijando nada y te la están metiendo doblada, imbécil).

En fin. No estaba el país tenso ni nada, entre la crisis, el 15-M, el Papa, el 15-O, las elecciones generalísimas y la madre que le parió como para ponerte ahora a juguetear con la Constitución. Como decía Romanones, vaya tropa…

Saludos a todos,

Arthegarn___________

(1) Por supuesto, el hecho de que mi contrincante en ajedrez no tenga derecho a enfadarse porque le gano siguiendo las normas no quiere decir que no se enfade. Hay mucha gente que no sabe perder y que, cuando lo hace o ven inminente la derrota, tiran el tablero de un manotazo, se enfurruñan y dicen que no quieren jugar más. Puede que sean jugar, pero no son buenos compañeros de juego. De la misma forma hay gente que aunque sepan de política, cuando el juego va en su contra cogen el canasto de las chufas y tiran las leyes a la basura diciendo que para esto no piensan seguirlas. Serán buenos oradores, pero pésimos ciudadanos.
(2) Cuando me comen la reina, quiero decir.
(3) Esto no es exactamente así, en realidad la idea era evitar presupuestos con un déficit estructural (es decir, el déficit que no tiene que ver con los ciclos económicos) superior al 0,40 % del PIB. El tema no es no endeudarse, es no endeudarse demasiado.
(4) Medida que a mi me parece muy bien porque está muy a tono com mi política económica, que es del tipo “si no hay dinero no podemos hacerlo aunque queramos” frente al “si hay que hacerlo lo hacemos y ya veremos como lo pagamos”
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