Este ya no es mi P.P.

Estimado P.

Te escribo en tu calidad de presidente del Partido Popular en T., agrupación en la ingresé en 1991 y de la que, por medio de este escrito, deseo dejar de pertenecer. No por la agrupación en si misma sino por el Partido Popular en general.

Como sabes llevo bastante tiempo desvinculado de la política activa, tanto interna como externa, pero durante muchos años, particularmente los de Aznar, me enorgulleció considerarme militante del P.P. e hice mis mejores esfuerzos para difundir sus ideas y explicar a mis conciudadanos el porqué de ciertas decisiones complicadas y polémicas. Me gustaría pensar que durante esos años colaboré un poco al éxito de esos dos gobiernos. Pero luego el partido perdió el norte con los atentados del 11-M, que fueron pésimamente gestionados, y en los años posteriores Mariano Rajoy se reveló como un jefe de la oposición mediocre y sin los redaños necesarios para controlar el desastroso gobierno socialista de Rodriguez Zapatero. Durante esos años seguí apoyando al Partido Popular, no porque me sintiera particularmente motivado por sus máximos dirigentes (excepción hecha de Esperanza Aguirre y alguno más) sino porque creía sinceramente que, de las opciones disponibles, el P.P1213085837_850215_0000000001_sumario_normal. era indiscutiblemente la mejor para España y porque tenía fe en el partido en si mismo: sabía que había en él gente muy buena que, eventualmente, tomaría el mando y volvería a ilusionarme.

Pero ese relevo nunca se produjo y las sucesivas direcciones de los últimos años han sido como máximo mediocres. Y como mínimo parcialmente delincuentes.

Hace veinte años entré en el Partido Popular porque creía que España necesitaba una renovación, un cambio, un nuevo equipo de gente joven que quitara de en medio la pestilente corrupción generalizada que los gobiernos del PSOE imprimían en prácticamente todo lo que tocaban y gobernara con honestidad y rigor, ventilando los despachos, barriendo debajo de las alfombras y realizando, eventualmente, los cambios estructurales e institucionales que España necesitaba para convertirse en una auténtica democracia, moderna y madura. Hoy, en cambio, no cabe sino rendirse a la evidencia de que el Partido Popular se ha convertido en parte del problema y de que carece de la voluntad política y la visión de Estado para realizar estos cambios. Nos hemos convertido en algo muy parecido al PSOE de los 80 y 90, reactivos, sin ideario claro, sin empuje, y con el mismo hedor a corrupción generalizada. Y ese no es el partido al que quiero pertenecer; ni quiero que sus dirigentes puedan consolarse pensando que tienen ochocientos mil afiliados, yo entre ellos, que les apoyan incondicionalmente. Igual que en su momento puse mi granito de arena para llevar al Pueblo las ideas del Partido Popular, este es el momento de poner mi granito de arena para dejar claro que este no es el camino y que la ciudadanía, empezando por los propios afiliados no vamos a tolerarlo.

Te ruego pues que des traslado de esta baja a la Secretaría General para que se tramite convenientemente.

Un abrazo, y suerte en la alcaldía,

Arthegarn.

Sic Transit Gloria… Olive

Este lunes 11, en una decisión que sorprendió al mundo entero, Benedicto XVI anunció que renunciaría al Papado a finales de mes. Hay que remontarse 600 años (¡antes del descubrimiento de América!), a la crisis de los tres papas de Aviñón, para encontrar un precedente. Y no hay muchos más. Como es lógico, esta noticia ha dado la vuelta al mundo(1) y ha suscitado todo tipo de opiniones, comentarios, especulaciones y quinielas. Y aunque quien calce las sandalias del pescador ya no me interesa tantísimo como en el último Cónclave el tema sigue siendo an importante como apasionante, así que, por petición popular, voy a dar las mías.

Pero antes, un aviso.

Para seguir mis razonamientos es imprescindible aceptar como cierta la siguiente premisa: el Papa es católico. Esto quiere decir que de verdad cree en Dios, que de verdad le preocupa hacer la voluntad divina y que de verdad supedita sus deseos y -en la medida de lo posible- sus acciones a lo que él considera que es la voluntad divina. Esto debería ser algo tan obvio(2) como para no tener que ser mencionado, pero por alguna razón en España no lo es. El odio visceral y la desconfianza que en muchísimos españoles genera la Iglesia Católica y particularmente sus altas jerarquías hacen que la gente (y buena parte de mis lectores) parta de la base de que todo miembro del clero es una mezcla entre un embaucador de postín, un chupasangres de la peor especie, una mala persona que se aprovecha en beneficio propio de la ignorancia y superstición de sus semejantes y un frustrado sexual que solo alcanza la felicidad diciéndole a los demás lo que tienen que hacer en todos los aspectos de su vida. Los que llegan a algo de entre ellos (y no digamos ya nada de obispo para arriba) son unos santurrones hipócritas que a duras penas contienen sus deseos carnales hacia sus monaguillos y los mejores (o los menos malos) son unos pobres hombres, una gente simple y buena que está totalmente equivocada al pertenecer a una organización tan corrupta y diabólica como la Iglesia Católica.

Bien, pues si es esto lo que piensas y no estás dispuesto a aceptar que puedes estar equivocado, mejor que lo dejes aquí mismo porque todo lo que sigue parte de la premisa, no sólo de que el Papa es católico, sino de que encima es honrado y tiene una mente brillante que dedica, como otros usan la suya para el descubrimiento del bosón de Higgs, el cálculo de estructuras o la difusión de la teoría queer, al descubrimiento, ejecución y difusión de la voluntad de Dios.

Y ahora, mi opinión del porqué de esta renuncia. Aunque es posible que hubiera escrito algo sobre esta renuncia de cualquier manera, decidí que tenía una cierta obligación moral de hacerlo tras la lectura del infecto y malintencionado artículo de Salvador Sostres publicado en El Mundo bajo el título El Rayo de Dios. A mi, las razones alegadas por Benedicto XVI para abandonar el cargo me parecen suficientes y su decisión legítima; al igual que las razones de Juan Pablo II para no abandonar el cargo me parecen suficientes y su decisión legítima. En ambos casos los pontífices hacen lo que hacen tras largos y sinceros exámenes de conciencia y, aunque llegan a conclusiones diametralmente opuestas sus decisiones, si se interpretan correctamente, están llenas de fe y enseñanza.

Juan Pablo II, en contra de la opinión tan desinformada como imperante en este país, ni se mantuvo en el cargo hasta su muerte por agarrarse al trono de San Pedro, ni fue obligado a hacerlo por una curia que le manejaba a su antojo y que no quería perder el poder si se elegía un nuevo Papa que fuera dueño de sus acciones. Juan Pablo II quería transmitir a través de su permanencia en el papado el mismo mensaje básico que transmitió durante todo su pontificado: que la vida humana, toda vida humana, es sagrada y preciosa en si misma y que no puede valorarse en función simplemente de lo que aporta a los demás o de su inteligencia, edad, independencia o lugar de residencia. Para él, tan pecado era el aborto como la eutanasia, el rendir la sagrada vida que Dios nos da a nuestros propios intereses, incluyendo la evitación del sufrimiento, y con al final de su vida quiso dar ejemplo de ello, apurando la copa hasta las heces mientras rogaba a Dios que le dejara descansar(3).

A mayor abundamiento, no olvidemos que Juan Pablo II era, sobre todo al final, bastante místico. Creía a pies juntillas que la Virgen en persona le salvó la vida en el atentado del 81 y trataba en todo momento de que su alma siguiera Cristo no como mero punto de referencia sino de la forma más literal posible. Para él, sus últimos años fueron reflejo del sufrimiento de Jesús en la cruz por lo que, por muchas ganas que tuviera, no podía abandonar la carga que Dios le había impuesto como Jesús tampoco lo hizo cuando se le presentó la oportunidad(4).

Benedicto XVI en esto es muy diferente a su predecesor. Mientras este era un místico, aquel es, y siempre será, un teólogo. Son formas totalmente diferentes y totalmente válidas de acercarse a Dios: una, mediante la contemplación; otra, mediante la razón. Personalmente siempre he pensado que el misticismo y la contemplación son herramientas muy peligrosas porque puede uno acabar oyendo voces y ya se sabe que quien habla con Dios está perfectamente cuerdo, pero quien le oye está como una orquesta de maracas. Al mismo tiempo, sin embargo, no puedo olvidar mis propias experiencias místicas y contemplativas y la maravillosa paz y certeza que las acompañaban así que no me siento con autoridad moral para criticar per se a los místicos… pero a lo que vamos.

Benedicto XVI no se ve en un camino místico hacia la santidad como probablemente se viera Juan Pablo II. Benedicto XVI opina que lo que Dios quiere de él es que vuelva a casar la fe y la razón (recordemos el famosísimo discurso de Ratisbona) y que prepare el camino para aquel que dirijirá la Iglesia hacia la inevitable renovación en las formas (que no en el fondo) que ha de experimentar en el siglo XXI. Él siempre se ha tenido como un Papa de transición y ha llegado hasta donde ha podido. En este momEL VATICANO - ELECCION NUEVO PAPAento le ha quedado claro que no tiene la fuerza y la energía necesarias para luchar contra las diversas cordadas, para dar un puñetazo en la mesa, poner a todo el mundo en su sitio, mandar callar a clérigos y seglares y convocar un Concilio o ejecutar todo lo que Juan Pablo II dejó de ejecutar del Vaticano II. Porque, seamos sensatos, esa es una tarea colosal. Así pues, como sinceramente cree que ya ha cumplido la misión que el Padre le ha encomendado, ha llegado el momento de seguir cumpliendo Su voluntad descalzándose las sandalias del pescador y dejando que Pedro II, un Papa joven y enérgico, se ocupe de su parte en el Gran Plan de Dios.

Yo interpreto esta renuncia como un gesto de auténtica humildad de una persona que probablemente tenga el alma atormentada por su propia soberbia intelectual (es difícil ser listo y saberlo y ser humilde al mismo tiempo) y que soluciona el problema asignándose un papel secundario en lo material. Importante, pero secundario. Y, no, no creo que Vatileaks ni los curas pederastas hayan ejercido un peso determinante (ni siquiera considerable) en esta decisión.

¿Y ahora hacia dónde?

Pues si queréis mi quiniela, yo a Peter Turkson no le veo de Papa ni de broma, a pesar de que PaddyPower y otras casas de juego le vean de favorito (las apuestas están, a fecha de hoy, entre 3:1 y 4:1). África puede ser el futuro de la Iglesia, pero no creo que la elección de un Papa africano favoreciera particularmente la expansión del Catolicismo en ese continente (y lo mismo se puede decir de Asia). Tampoco veo a Timothy Dolan, que ha cometido además el mismo error que Tukson: olvidar aquello de que quien entra en el Cónclave de Papa sale de Cardenal (y lo mismo le pasa a Scola). Lo está haciendo mucho mejor el canadiense Marc Ouellet, que tiene además la particularidad de que como arzobispo de Quebec es lo más parecido que jamás habrá a un Papa francés (la Iglesia no olvida).

En cualquier caso, la jerarquía de la Iglesia no se ha caracterizado nunca por ser proactiva, que digamos. Si queréis mi opinión, la Curia ve el presente donde la gente ve el pasado, y el futuro donde vemos el presente así que me decanto por un Papa latinoamericano ya que Latinoamérica es el presente de la Iglesia. Scherer, el arzobispo de Sao Paulo, tiene bastantes papeletas ya que es solo relativamente progresista (Rouco le excomulgaría seguro) frente a gente como Madariaga. Aunque siempre cabe la posibilidad de otro Papa europeo, claro pero ¿Cuál? Los italianos andan a la gresca y además todos los demás cardenales están hartos de ellos, así que no lo veo posible (una pena, Martini). Y los mejores candidatos fuera de Italia son un austriaco y un húngaro y no veo yo tres papas seguidos de esa zona. Así que yo creo que o Scherer o Ouellet, que son razonablemente jóvenes y razonablemente dispuestos al cambio.

Y, ¿por pedir? Christoph Schönborn. Pero ya digo que es austriaco así que…

En fin, ahí queda eso. A ver qué pasa ahora. Testor Christim Dominum

Arthegarn_____________

(1) Aunque en España la atención estuviera puesta en asuntos más importantes y el comentario general fuera “su cara me suena”…
(2) En inglés, la pregunta retórica Is the Pope Catholic?, dada como respuesta a otra pregunta, viene a querer decir «no preguntes estupideces, claro que sí».
(3) Lo que se puede apreciar en la famosísima página de su testamento, escrita cinco años de su muerte, en la que decía: «en el año en que mi vida llega a los ochenta años, es necesario preguntarse si no ha llegado la hora de repetir con el bíblico Simeón: «Nunc dimittis«.» Frase que fue oportunamente sacada de contexto e interpretada por los mismos perodehositas de siempre que no tienen ni idea de nada pero que quieren vender periódicos como que había querido dimitir. Claro, claro…
(4) Aun ahora hay algún cardenal, particularmente devoto de Juan Pablo II, que ha criticado la decisión de Benedicto XVI diciendo que «de la cruz no se baja»

El libro de enero.


Como la confesión es buena para el alma, confieso que aunque me hubiera parecido un peñazo pensaba hacer una crítica cuanto menos amable de este libro, debido tanto a su procedencia como a su autora. Pero aunque sus 720 páginas me amedrentaron en un primer momento y hizo falta una cierta dosis de valor para decir “venga, voy a meterme este mamotreto de una autora novel como si no tuviera un Star Trek: New Frontier de Peter David esperándome”, la verdad es que el libro es una preciosidad y que me ha gustado muchísimo.

Belmanso cuenta la historia de dos familias en la Francia del siglo pasado, empezando con dos soldados de la Primera Guerra Mundial y contando sus avatares (y los de sus hijos, nietos y bisnietos) hasta llegar al nuevo milenio. Así contado parece que sea una novela costumbrista y para de contar, pero es bastante más que eso.

La historia en si misma es buena, realista, consistente, llena de giros argumentales que no por ser en ciertos casos imprevistos rompen la atmósfera de total credibilidad que impregna el libro. Y es que lo mejor del libro es la atmósfera que crea, que empieza a insinuarse con las primeras páginas y te atrapa totalmente ya con los primeros capítulos transportándote a las épocas y los lugares que describe. Si tuviera que hacer comparación con otras novelas históricas diría que se parece a lo que el lector experimenta con El Dios de la Lluvia Llora sobre México o El Nombre de la Rosa frente a, digamos, las novelas de Colleen MCCollough. La trasposición de época y lugar se realiza en la mente de una forma suave y dulce, como si cada vez que abres el libro una bruma cayera a tu alrededor y, al levantarse tras un par de páginas, te encontraras en el París de entreguerras (o en Belmanso, o en donde sea). Otro tipo de novelas te arrancan también de tu sillón y de tu siglo y hacen que entiendas la mentalidad y la psicología de personajes de otras eras, pero la transición es, a falta de otra forma de explicarlo, bastante brusca y no llega a arrebatarte emocionalmente tanto, no llegas a sentirte tanto in media res con Maurice Duron (que es buenísimo), por ejemplo como con Eco o con Passauth (o con Camino). Es un arte sutil este de la trasposición del lector que la escritora demuestra dominar muy bien y es por ello que esas 720 intimidantes páginas de las que hablaba antes no se hacen largas en absoluto. Un poco cortas y todo.

Y no poca parte de esta atmósfera es debida a los personajes. Todos, absolutamente todos, tienen algo que contar, y es algo creíble, complicado (a veces dentro de la simplicidad) y emocionante. Me resultó facilísimo empatizar con ellos y, claro, una vez que empatizas con los personajes y entiendes sus tribulaciones, todo relato deja de ser una mera historia imaginada y adquiere, subjetivamente, una realidad casi sólida que te lleva a querer saber más de los mismos. Aparte de esto, y probablemente por ciertas similitudes entre la narración de Belmanso y la historia de los Scaevola, tengo que decir que veía a muchos miembros de mi familia reflejados en los personajes. Eve, por ejemplo, que para mi es la protagonista del libro incluso antes de nacer (al igual que el César de Masters of Rome) tiene muchísimas, muchísimas facetas de mi abuela paterna. De igual modo, no me cuesta nada identificar a mi madre en Berthe y Marcelle, a uno de mis tíos en Leopold, a mi abuelo en Pierre (sobre todo el de la guerra) o en el Jean-Marido; o a mi padre o a mi hermanas en el Jean-Genio(*). Porque otra particularidad del libro es que los personajes, además detener múltiples facetas. cambian a medida que pasa el tiempo. Más deprisa algunos, más despacio otros (como Romain, lo que es totalmente esperable) pero a todos les cambian las experiencias y el mundo a su alrededor de una forma consistente y enriquecedora. Al menos para la historia…

En definitiva, un libro muy recomendable, sereno y optimista, magnífico para desenchufar (tiene que ser excelente para unas vacaciones) que te deja con una agradable sensación de paz y quietud cuando lo lees. Ya he regalado uno y tengo otros dos para cumpleaños cercanos de gente que sé que le va a encantar. Y, para los demás, dudo que lo encontréis en tiendas pero está disponible a un click.

Ah, por cierto, no os fiéis de la reseña por defecto. Hace que el libro parezca una cursilada digna de Mujercitas y para nada. En serio, muy recomendable.

Arthegarn______________

(*) «(…) era mucho más frecuente ver [a Jean en los talleres], ataviado con su bata blanca, que sentado en su despacho; de ahí que en la sociedad parisina circulara el simpático chascarrillo de que Bonmidi era quizás la única compañía cuyo sillón presidencial era ocupado por un técnico de dicha empresa». Si esto no son las tres generaciones de Scaevola ingenieros, sobre todo Andruin que baje Dios y lo vea.

De martillos y destornilladores

Hay mucha gente que no cree en las bondades de la psicología, particularmente de la psicología aplicada a los recursos humanos. No me cuento entre ellos, pero al igual que opino que un martillo es una magnífica herramienta para clavar clavos, opino que si lo intentas utilizar para atornillar tornillos lo máximo que vas a conseguir es una infecta chapuza. Y una cosa así me ha pasado últimamente.

Como algunos ya sabréis, llevo desde principios de diciembre en un proceso de selección para dejar Vestas, que se hunde lentamente como el Titanic, e irme a un fondo estadounidense de capital privado(1) al que llamaremos Garmr que viene a comprar inmuebles del Sareb. Es un puesto francamente bueno y de mucha confianza por lo que, como por otro lado es habitual en estos casos, el proceso de reclutamiento no lo está llevando Garmr directamente sino a través de una empresa (en realidad un grupo de empresas), también estadounidense, de cazatalentos a la que llamaremos por ejemplo Seite Mannschaften. A la hora de escribir estas líneas solo quedamos dos candidatos y parece que, tras dos entrevistas con Garmr y no menos de cuatro con Seite, voy en cabeza; pero no precisamente por el buen hacer de los headhunters.

Como parte de las pruebas de selección (que hay muchas y lo que me queda, esta tarde tengo que hacer otra) Seite me pidió que contestara a un test psicológico online y que tuviera con ellos algo llamado entrevista por competencias. Así que, sin encomendarme ni a Dios ni al diablo y sin haberme informado antes de qué rayos era aquello (mal, Arthegarn, mal) contesté al test y me planté en sus oficinas para la entrevista.

El test online en cuestión, que hice en 15 minutos, consistía en 85 preguntas del tipo «¿Se siente usted más cómodo: a) vestido de negro o b) escuchando el último álbum de Lacrimosa?» A medida que lo iba haciendo me iba dando cuenta de que las preguntas estaban traducidas (no demasiado bien) del inglés y que llovían de forma aleatoria. Específicamente, me tocó responder a exactamente la misma pregunta dos veces, y una tercera con una formulación ligeramente diferente pero que en ese caso motivaba una respuesta diferente (la pregunta cambiaba de «Usted se describiría como…» a «Diría usted que los demás le ven como…»), lo que me puso de bastante mal humor porque tengo una idea de como funcionan esos tests y sé que contestar de forma diferente a la misma pregunta no arroja precisamente resultados positivos. En cualquier caso, e intentando confiar en que el test estaría bien hecho y sería bien interpretado, seguí las instrucciones que me dieron de no pensar demasiado las preguntas y contestar lo primero que me viniera a la cabeza en vez de darle la vuelta a algunas preguntas porque estaban mal traducidas y con falsos cognados. No quedé nada contento, pero en fin.

La tarde siguiente acudí a las oficinas d Seite hacer la entrevista de marras. Me recibieron la persona encargada del proceso y una consultora senior (psicóloga por la UAM  y con titulación específica en RR.HH., añado yo) que me explicó de qué iba el tema. La entrevista iba a evaluar determinados aspectos de mi personalidad, motivaciones y aptitudes que no tenían nada que ver con mi experiencia profesional ni, de hecho, con el puesto que tengo ahora ni con el que estaban seleccionando. «De hecho» añadió «yo ni siquiera me he mirado tu currículum, es irrelevante para esta entrevista». Con mucho detalle, debía describir cinco o seis situaciones que ella me iría preguntando, referidas a los últimos 18 meses, siempre hablando en primera persona y como si fuera una película. A mi aquello me recordó al método pseudohipnótico que utilizan en Criminal Minds ara ayudar a recordar a los testigos y, curioso como soy, me pareció fascinante así que nos pusimos a ello.

«Bien» me dijo «Cuéntame una situación en que las circunstancias te fueran favorables».

Así que durante la siguiente hora le estuve contando como pasamos el año pasado en el departamento legal la auditoría de la ISO 9001 en Vestas, algo para lo que estaba particularmente capacitado ya que, afortunadamente, había trabajado hace años como consultor de calidad y de hecho había enseñado esa norma en la universidad. Hace diez años, vale, pero la eficacia es como montar en bici y los cambios normativos te los miras y ya está. A eso de los 50 minutos entró en la sala una de sus compañeras para avisarlas de una cita y, para mi moderada sorpresa, cuando terminé de contar aquello la psicóloga me dijo que ya tenía todos los datos que necesitaba y que habíamos terminado.

Yo me quedé helado. No soy psicólogo, pero leo mucho y no soy particularmente imbécil, así que me di cuenta de que es imposible emitir un informe coherente sobre la personalidad de un candidato basándose en una única anécdota de entre 15 años de carrera profesional. Cualquier estudiante de estadística os confirmará que si intentas extrapolar resultados de un universo tan pequeño tu desviación típica tiende a infinito, o lo que es lo mismo: si vas por la calle y le preguntas al primero que te cruzas qué va a votar, concluir que ese partido se va a llevar el 100% de los votos porque el 100% de la gente a la que has preguntado te ha contestado que votará a ese partido es una soberana estupidez. Hace falta analizar varias situaciones para poder apreciar si verdaderamente existe un patrón de conducta en el entrevistado,mech-korolya-Artura la forma que tiene de encarar los problemas o las responsabilidades, pero asumir que porque una vez en concreto, en unas circunstancias en concreto, el sujeto X se portó de una manera quiere decir que siempre hará lo mismo, en todas las circunstancias y ante todas las situaciones es… En fin, de locos. Si todo lo que sabes del candidato Arturo Pendragón es la anécdota de la espada en la piedra rápidamente llegarás a la conclusión de que es un individualista que no sabe trabajar en equipo, que lo hace todo solo, que no se apoya en nadie y que encima es inseguro y manipulable porque hace todo lo que le dice Merlín; en definitiva una pésima opción para ser rey. Claro, claro…

Conclusión de todo esto Seite mitió un informe sobre mi, basado en dos herramientas válidas pero pésimamente utilizadas, que es para tirarse de los pelos.

Tuve acceso a los resultados del test online porque uno se lee los disclaimers y descubrí que tenían la obligación de compartirlo conmigo así que, después de batallar un poco con ellos, conseguí que me lo mandaran. El informe era tan disparatado (y negativo) que me lo llevé a mi última entrevista con Edward Lewis y, cuando él hubo terminado, lo saqué y le dije que quería comentarlo porque era absurdo. Era tan absurdo, le dije, que mi actual jefe de Vestas, (que es todo un caballero) , con quien lo había compartido se ofrecía a hablar con él, pese a que me dijo que no quería perderme para el equipo, para despejar cualquier duda que pudiera tener sobre mi actitud o aptitud y aquí está su tarjeta. «This is how introverted, unsure of myself and unable to form connections at work I am, sir.» Al rato de estar hablando del test de internet, que era encima diferente a la información que había recibido, Edward sacó el informe que le había mandad Seite nos pusimos a analizarlo.

Por comentar algunas de las perlas de penetrante psicología recogidas en ese informe…

  • Soy introvertido y no me gusta comunicarme. Manifiesto reticencias a la hora de expresarme abiertamente. (Este blog se autodestruirá en 5, 4, 3…)
  • Considero preferible desvelar mis opiniones a un número limitado de personas que elijo en función de nuestras afinidades (no sea que me discutan).
  • Tengo problemas para expresarme con exactitud, tanto oralmente como por escrito.
  • No me gusta ser el centro de interés (por eso me visto de forma tan discreta…)
  • Experimento «cierto malestar» ante la necesidad de tomar decisiones urgentes o actuar bajo la presión de los acontecimientos. (¿Y quien no?)
  • Los proyectos ambiciosos tienen como efecto dejarme indiferente. (WTF?)
  • Carezco de confianza en mi mismo, me cuestiono todo lo que hago y creo. (Se llama duda metódica, cretinos, es una de las bases del razonamiento científico y hace falta tenerlos muy bien puestos para aplicarla a la vida personal de uno).
  • Soy un conformista que apenas tiene curiosidad intelectual (y que lee física cuántica en sus ratos libres para disimular, supongo).
  • No me gustan la confrontación ni la polémica, y tiendo a dar mi brazo a torcer en busca del consenso antes que a defender mis opiniones. (De hecho, uno de los rasgos definitorios de mi personalidad, como todo el mundo sabe.)
  • En definitiva, soy adecuado con reserva para mi puesto (para el que, mandando la modestia a hacer puñetas un rato, en realidad soy de los mejores de España).

Afortunadamente he sido capaz de darle la vuelta a todo esto en la última entrevista con Garmr, pero si no hubiera conseguido estos resultados, si no hubiera sabido un poco de psicología y si no hubiera cogido el toro por los cuernos, vete a saber si hubiera pasado a la siguiente fase. Los tests y las entrevistas por competencias y las evaluaciones psicológicas son herramientas muy útiles en la selección de personal, pero si las usas mal, si te empeñas en atornillar con un martillo, si emites un informe sin tener suficiente información, te arriesgas a meter la pata como la ha metido esta psicóloga y, a lo que es peor, a hacer que el cliente acabe contratando a un candidato menos idóneo basándose en el informe erróneo, lleno de lagunas y de invenciones, que le has presentado. Si no tienes tiempo o datos para poder elaborar un informe díselo así al cliente, pero no te lo inventes(2). Porque todo el mundo va a salir perjudicado: el cliente, el candidato… y como te pillen, como es el caso probablemente tu compañía y tú.

Y cosas de estas, en España, a patadas. Chapucera. Que eres una chapucera.

En fin…

Arthegarn________________
(1) O sea, a un Private Equity Fund, que tiene una malísima traducción al español porque parece ser lo que no es. Por abreviar mucho y para que os hagáis una idea de lo que hace la empresa, digamos que me voy a trabajar para Edward Lewis.
(2) He de añadir que existe a mi alrededor cierta gente que está siguiendo el tema de cerca (como Ana) y que tienen la idea de que lo que pasa es que en Seite me están haciendo la cama porque quieren que el puesto se lo den al otro candidato. No voy a decir que no sea así pero me extraña de un cazatalentos de esa reputación. Claro que también me extraña que digan estas barbaridades de mi, así que… ¿Quién sabe?

Thinking, fast and slow.

Es difícil escribir una reseña de Thinking, Fast and Slow, del psicólogo y premio Nobel de economía Daniel Kahneman. Es uno de esos libros maravillosos como GEB-EGB o La Nueva Mente del Emperador que hace falta que alguien que se lo haya leído te lo recomiende porque si no igual ni te enterabas de que existía. En este caso fue el inefable Julian quien me lo recomendó en mi último viaje a Londres y tengo que darle las gracias porque me ha gustado una burrada. El libro trata fundamentalmente de cómo la mente humana toma decisiones, sobre todo decisiones en las que existe un grado de incertidumbre respecto al resultado o que se prolongan en el tiempo. Habla del tipo de algoritmos que utilizamos para decidir, de los errores sistémicos más habituales existentes en esos algoritmos y de cómo podemos evitar caer en esos errores para tomar las decisiones razonables y no simplemente decisiones razonadas.

La primera tesis del libro es la coexistencia en nuestra mente de dos “sistemas” (que Dennett llamaría homunculi en Consciousness Explained) de pensamiento a los que denomina “sistema 1” y “sistema 2”. El sistema 1 es inmediato, intuitivo e instintivo, fácil de usar y de reacciones rápidas ante lo que ocurre a nuestro alrededor y es el que, en general, tiene el mando de la inmensa mayor parte de nuestra actividad. El sistema 2 es más lento y más pesado, requiriendo mucho más esfuerzo para ponerse en marcha, pero es lógico, analítico y racional y sus conclusiones son mucho más de fiar que las del Sistema 1. La mayor parte de las decisiones de la vida las toma, automáticamente, el sistema 1; y no estamos hablando sólo de cosas como mantener el equilibrio, hacer la digestión o retirar la mano del fuego, sino de verdaderas decisiones humanas, que requieren de obtención, análisis y proceso de información figurativa. El problema es que los seres humanos asociamos nuestro ego con el sistema 2 y, si se nos pregunta por qué tomamos una decisión determinada, decisión que en realidad no nos paramos a pensar sino que la tomamos automáticamente, daremos a nuestro interlocutor una explicación que confundiremos inmediatamente con una causa, a veces hasta el punto de crear un recuerdo artificial en el que valoramos las opciones (con el sistema 2, claro) y llegamos lógicamente a la conclusión que tomamos. Esto es así porque la alternativa “no pensé, la decisión se tomó automáticamente” es extremadamente desagradable en términos de disonancia cognitiva, incluso si añadimos la coletilla “porque no la consideré importante” ya que sugiere que, en realidad, no estamos a los mandos de nuestras decisiones, algo que el 99% de la humanidad da totalmente por sentado.

Por ejemplo, un error de los algoritmos del sistema 1 efecto muy conocido es el «efecto ancla» (anchoring effect) según el cual, dado un rango de posibilidades, la que se menciona cronológicamente la primera se «ancla» en la discusión que de ahí en adelante se desarrolla en torno a esa posibilidad: si estamos discutiendo un posible precio entre 100 y 200 y yo sugiero 115, el resto de la conversación se moverá entre 105 y 150, por ejemplo, pero nunca va a llegar a 185 a menos que la contraparte sea consciente de este efecto ancla y luche contra él (el libro dice como). Otro ejemplo es el efecto marco (framing effect) que hace que se tome una decisión diferente según su resultado se presente como un beneficio o un perjuicio. Por ejemplo, si una epidemia mortal afecta a 400 personas y tenemos la opción de aplicar el tratamiento A (que salva a 100 personas) o el tratamiento B (que ofrece un 25% de posibilidades de salvar a las 400 y un 75% de no salvar a ninguna), la inmensa mayor parte de la gente (72%) elige el tratamiento A. Sin embargo, si ante la misma epidemia hemos de elegir entre el tratamiento A (que deja morir a 300 personas) y el tratamiento B (que ofrece un 25% de posibilidades de que no muera ninguna y un 75% de que mueran las 400), solo el 22% de la gente elige el tratamient a pesar de que las dos situaciones ofrecen soluciones  matemáticamente idénticas. De hecho, cuando a la misma persona se le plantean ambas opciones en el contexto de un test más largo, tienden (65%) a caer en ese mismo patrón, incluyendo a médicos y epidemiólogos que, cuando son expuestos a este detalle y preguntados el porqué de sus elecciones (al sistema 2) , caen en general en un silencio embarazoso y avergonzado. Y este no es en absoluto el único sesgo cognitivo o defecto heurístico que describe (y prueba experimentalmente, el libro está plagado de referencias a diversos experimentos que sostienen sus tesis) sino que otros pueden incluir el efecto WYSIATI (lo que ves es todo lo que existe), el Efecto Linda (falacia de conjunción), o el fascinante efecto sustitución, en el que enfrentados a una pregunta complicada cuya respuesta desconocemos, tendemos a razonar por analogía, buscar una pregunta análoga (emocionalmente análoga) cuya respuesta sí que conocemos y darnos esa misma respuesta más o menos modificada mientras pensamos que, en realidad, lo que hemos hecho es responder a la primera pregunta. Esto explica, por ejemplo, por qué todo el mundo tiene ideas muy claras sobre una cuestión tan compleja como «¿qué debemos hacer para salir de la crisis?»: porque en realidad están contestando a algo del estilo de: «¿qué hace falta para que los efectos que yo percibo de la crisis, como que desahucien a mi vecino, que mi mejor amiga siga en paro, o que mi hermano no llegue a fin de mes, desaparezcan?» Si no me creéis, analizad las respuestas que da la gente a esa pregunta y decidme cuántas incluyen una proyección de las consecuencias a medio o largo plazo de la aplicación de las medidas que proponen…

Toda esta primera parte es fascinante, pero el libro no se queda ahí. La segunda tesis, consecuencia de la primera y básicamente por lo que tiene un Nóbel en economía, desmonta dos de las premisas básicas en las que se ha venido basando esta disciplina, a saber: la idea de que el mercado (y los operadores de mercado) toman siempre decisiones racionales; y el propio concepto de utilidad de Bernouilli, demostrando que la psicología y la economía estudian dos especies diferentes: la primera los seres humanos y la segunda una simplificación de estos a los que podríamos llamar «econs«. La tercera tesis defiende que dentro de nosotros existen dos yos: el «yo que siente» (experiencing self, el yo que experimenta, en el presente, el placer y el dolor) y el «yo que recuerda» (remembering self) que, a pesar de nunca sentir nada, es quien toma las decisiones respecto a qué y cómo vamos a sentir en el futuro. Ahora, los criterios y mecanismos a través de los cuales el «yo que recuerda» toma las decisiones no se parecen nada a lo que imaginaríamos; por ejemplo, sus «objetivos» no son, como cabría esperar, maximizar el placer y minimizar el dolor del «yo que siente» sino…

Y hasta aquí puedo leer. Espero haberos picado lo suficiente para que os lo leáis. Por lo que a mi respecta me parece un libro tan recomendable que, cuando había leído algo más de la mitad, ya había comprado otro ejemplar para regalárselo a Roweena por su cumpleaños y cuando me quedaban unas 50 páginas, encargué otros cuatro más para seguir regalándolos a diversa gente, uno de los cuales ya le ha caído a . Ya tardáis. En serio. Y como nota curiosa y para terminar de animaros, comentar que el otro día mi compañero filósofo Eduardo vino a casa a jugar una partida de República de Roma y me trajo de regalo de reyes… la traducción al castellano, cuya existencia yo hasta el momento desconocía. Pensar deprisa, Pensar Despacio, se titula, y va por la segunda edición. Así que ya no tenéis ni la excusa de que está en inglés. ¡Adelante!

«Buy it fast, read it slow. It will change the way you think

Balance y memoria de 2012

Se acerca el fin de año y, una vez más, siguiendo la tradición inaugurada por mi hermana Zalasa, llega el momento de hacer balance del año que acaba y propósitos para el año nuevo.

Propósitos que me marqué para 2012:

  • Seguir avanzando en mi vida y en mi relación. Asegurar el futuro.: Conseguido Ana yo estamos tan bien como siempre o mejor y (por fin) nos mudamos a vivir solos en abril. Ocho meses después podemos afirmar que el experimento ha funcionado y que nos aguantamos incluso viviendo solos, no necesitamos estados-tapón entre nosotros. Creo que ya no vemos la relación de la misma manera, hemos dado un paso adelante muy importante. Quizá uno de sobresaliente cum laude, pero aun es pronto para afirmarlo.
  • Dejar la cerveza. No emborracharme ni una sola vez en todo el año. Pues no me lo puedo creer, pero conseguido. En todo el año no ha habido ni una sola vez que haya tenido que lamentar a la mañana siguiente la descomunal borrachera que me agarré anoche. Y cuando digo “no me lo puedo creer” es porque he ido a mi tabla de Excel donde lo anoto todo a ver cuántas me había pillado este año… y me he encontrado, sinceramente para mi sorpresa, con que ninguna. Curdas ha habido, pero pocas y ninguna mala de verdad.
  • Ser más sincero y espontáneo con Ana. Conseguido. Vale que apuntarte en la agenda recordatorios para ser espontáneo puede que no sea el colmo de la espontaneidad, pero ha funcionado.
  • Seguir perdiendo peso. Hacer ejercicio cinco días de cada siete. Conseguido. Las fiestas invernales hacen engordar al más pintado, pero he perdido cosa de kilo y medio y se nota; me lo dicen a todas horas y hay mucha diferencia de talla entre mis trajes antiguos y los que me compré en septiembre. Lo de la bici es un poco más complicado, pero va bien.
  • Sacarme el título de traductor jurado de inglés. No superada, pero no por mi culpa: el MAEC no ha convocado el examen. Sin embargo este es el primer año en el que me han dicho, sin buscarlo yo, que tengo acento británico. Y una noche me hice pasar por galés a un grupo de estadounidenses que conocí de copas y se lo tragaron sin problemas. La ingestión a mansalva de Dr. Who y Torchwood ha dado grandes resultados.
  • Comprarme un ordenador: No superado. Me sigue dando miedo gastarme dinero en algo que en realidad no necesito con como están las cosas.
  • Arthegarn punto com. Bueno, algo hemos avanzado. Ya hay algo en el dominio gracias a Mithur, que me ha prometido que me la hará y ha dado el primer paso. Ya le he mandado especificaciones, a ver a ver…
  • Ver más a la gente que quiero.: Parcialmente conseguido. Dos remordimientos principales: no haber quedado con Alma y Vigara en todo el año y no haber cogido el coche para ir a ver a Ignatius e y Inaeternitas a su morada. Hay que seguir en esta línea.
  • Progresar profesionalmente, en Bestias o en otro sitio. Conseguido en todos los ámbitos… salvo en el de más dinero, claro, pero con la que está cayendo, bastante tenemos con no cobrar menos. Si finalmente me cogen en Garmr, entonces sí que ya superado cum laude.
  • Seguir ahorrando: Pues no sé qué decir, la verdad. Ahorro, lo que se dice ahorro he conseguido ahorrar un 8,6 %, casi todo al plan de pensiones. Pero si contamos la inversión que estoy haciendo en el 13, que se ha llevado este año entre amortizaciones e inyecciones de capital exactamente el 19,4% de mis ingresos… pues resulta que en realidad he ahorrado una monstruosidad. Llevo meses sintiendo que, no importa lo que haga para reducir gastos, siempre parezco gastar más de lo que gano y ahora, al echar las cuentas, lo entiendo: uno de cada cinco euros que he ganado en 2012 ha ido al 13. En fin, la voy a dar por conseguida con mucho miedo.

Cosas buenas de 2012:

  • El nacimiento de mi sobrina Iria en octubre y el de Héctor/Ettore en marzo.
  • La boda de mi hermana Zalasa con JotaPé. Su visita en verano.
  • Ana. Que haya encontrado un trabajo estable, seguro, decentemente pagado y que le gusta. La mudanza de La Mazmorra a Delyre con todo lo que implica. El crecimiento y evolución de nuestra relación.
  • Mi madre. Mi padre. Mi familia. Mis amigos.
  • Ser y sentirme cada vez más sano.
  • El viaje a Londres. Volver a ver a Rustythoughts y sentir que seguimos teniendo la misma afinidad y química que cuando discutíamos del libre albedrío cada fin de semana.
  • El impresionante doctorado, sobresaliente cum laude por unanimidad, de mi hermana Zylgrin, que además es hasta donde yo sé el primer doctorado de la familia en sus 2.225 años de historia.
  • The Circle of Vicious Philosophers. Dos o tres libros maravillosos.
  • Darme cuenta de que tengo opciones y que si quiero puedo (podemos) emigrar a Reino Unido y ganarme la vida bastante bien allí. My brand new British accent.
  • El viaje a Islandia.
  • Darme cuenta de que en mi trabajo se me aplica aquello que decía Muerte de que cuando cierren el departamento y despidan a todos los abogados seré yo quien ponga las sillas sobre las mesas, apague las luces y eche la llave al salir.

Cosas malas de 2012:

  • La enfermedad, el progresivo deterioro y finalmente la muerte de Luis, paterfamilias de la Casa de Scaevola. El impacto que su muerte parece haber tenido en cierta gente a la que quiero mucho.
  • El sufrimiento de mis amigos en situaciones económicas o laborales inciertas, delicadas, nefastas o directamente inexistentes. Ver como algunos empiezan a perder la esperanza, sobre todo alguno que encima soporta una situación personal dificilísima.
  • Las incertidumbres de todo tipo con el 13, los cabrones que las rodean: el vecinito fuera de planeamiento, el FAC (¡qué bien estaba Gijón con los socialistas!), los funcionarios, las huelgas en Asturias…
  • La más previsible (y, por mi, prevista) degeneración del 15-M en el 25-S lo que ha implicado el entierro de toda posibilidad de un movimiento reformista de base. Ahora solo nos queda esperar que los políticos, una vez superada la crisis, introduzcan las reformas sistémicas y democráticas que España necesita. Yo que vosotros me pondría cómodo.
  • Mi progresiva pérdida de ilusión y esperanza en los españoles. Darme cuenta de la inmensa proporción de idiotas que compone la ciudadanía española, de que muchos saben que son idiotas y de que en realidad quieren seguir siendo idiotas y viviendo en los mundos de Yupi; que lo que no quieren es que les digas que lo son o les pongas la realidad (o un espejo) delante. Temer que si nadie les detiene salten por un barranco con la esperanza de que no sea tal y nos lleven a todos con ellos antes de elegir quitarse la venda de los ojos. Estar empezando a volverme un elitista orteguiano pero de verdad, porque no me queda otra, no porque quiera verme como parte de la élite.
  • En la línea de lo anterior, perderle el respeto intelectual a individuos a quien se lo había otorgado (y ya se sabe que no es fácil ganar mi respeto).
  • En la línea de lo anterior, tener cada vez menos ganas de escribir.
  • El progresivo deterioro de la situación de y en Bestias. Los despidos de Copito de Nieve, Sonja, y Luna. La moral totalmente por los suelos.
  • La casi completa desaparición de góticos menores de 25 años en Madrid. Hay que decir, no obstante, que esto ha venido de la mano con una mejora impresionante de la música en las salas de siempre (aunque siga a cañonazos). ¿Estamos ante un pendulazo como el de finales de los 90, o es el preludio del fin?
  • El dolor que sigo sintiendo cada vez que pienso en Jesús.

Propósitos para 2013:

  • Seguir con la política de ver más a la gente que quiero, lo que se traduce en ver una vez al mes a alguien que quiero y a quien no veo habitualmente por iniciativa mía. Este año no doy lista pero no cuentan a estos efectos ni Chrome y HK ni Vieja Bruja y Ercole y deberían estar los que me han faltado este año y organizar una quedada de La Aventura.
  • Hacer ejercicio 200 de los 365 días.
  • No beber nada que no sea vino con la cena (y asimilados) 200 de los 365 días.
  • No agarrarme ni una curda en todo el año. Definimos “curda” como “beber lo suficiente como para portarme como un cretino”.
  • Escribir más. En concreto, escribir al menos 50 artículos al año.
  • Arthegarn punto com. O lo cierro ya.
  • Ahorrar, sin contar inversión, por encima del 15% de mis ingresos netos.
  • Aunque no depende totalmente de mi, dejar Bestias e irme a otro sitio donde me paguen más y tenga más proyección.
  • Aunque no depende totalmente de mi, minimizar las incertidumbres administrativas del 13. Bastante tenemos con las de mercado, muchas gracias.
  • Aunque no depende totalmente de mi, ser padre.

Veremos como se da todo. De momento, felices fiestas, y feliz 2013 a todos.

Abrazos,

Arthegarn

 

El libro de noviembre

En realidad la mayor parte de noviembre me la he pasado leyendo dos libros de economía que comentaré el mes que viene, pero el único queme he terminado, en cosa de 72 horas, ha sido el último Vorkosigan, Captain Vorpatril’s Alliance. Siendo breve, el libro es para fans de la saga y es uno de los peores de la misma. No resulta tan decepcionante como el Cryouburn de hace dos años (aunque quizá sea porque hace dos años nos leímos Cryoburn y ya nos dejó helados, nunca mejor dicho), pero está muy, muy lejos de maravillas como Danza de Espejos o El Juego de los Vor, más o menos a la altura de Inmunidad Diplomática. El libro nos cuenta las aventuras y desventuras de Ivan «You-Idiot» Vorpatril y su última pareja, a caballo entre Komarr y Barrayar, con las apariciones estelares de viejos conocidos como Miles, Gregor o Simon Illyan (y, por supuesto, de Lady Alys), con Byerly Vorrutyer (A Civil Campaign) como adlater de Ivan, y continuas menciones a Aral y Cordelia, las hermanas Koudelka o Mark, sin duda para recordarnos a lo largo del libro a los fans que hay que leérselo aunque no sea más que porque son eventos canónicos del universo de los personajes que tanto nos han hecho disfrutar en otros libros.

Como siempre, el libro se lee como agua y, si bien en este caso no es más que lectura de evasión pura y dura, la verdad es que distrae bastante. Si me pusiera a criticarlo la verdad es que no tendría por donde empezar. Por ejemplo, la Casa Cordonah debe ser la más melíflua e inofensiva de todo Jackson’s Whole y la única pregunta sobre sus desgracias es por qué no les han pasado antes, sobre todo dedicándose al mismo negocio que el muchísimo más peligroso barón Fell (que debería haberles hecho una OPA hostil hace años, pero vamos a pensar que todavía está digiriendo a los Ryoval). El libro tiene algunas conversaciones ingeniosas, pero las mejores pasan a puerta cerrada y no nos las cuentan. Todo lo que pasa en el estudio de Illyan habría dado lugar a diálogos entretenidísimos dignos de las novelas de Ekaterin, por no mencionar la discusión-de-chicas entre Lady Alys, la Baronesa y la Haut, o la (inevitable) bronca final. Tiene en común con las dos últimas novelas la sensación de que la autora se hace vieja y lo sabe y está atando cabos y cerrando historias.

En general, y como ya dije, de último, solo recomendable para los fans de la saga que, de cualquier forma, tampoco se lo iban a dejar de leer aunque dijera que es más malo que el hambre en el mundo.

 

«Moralina barata»

En una taberna…

  •  ¿Qué vas a tomar?
  •  Una Alhambra especial
  •  Por favor, dos Alhambras especiales
  •  Oye, ¡cuánto tiempo sin vernos!
  •  Sí, ya era hora que echáramos unas cervezas y charláramos.
  •  ¿Cómo te va?
  •  No me puedo quejar. Sigo aún con el taller en el pueblo. ¿Y tú?
  •  Bueno, pasé por el tribunal médico y me dieron la invalidez gracias a Juan Sola, el abogado del pueblo, pero sigo atendiendo el negocio con mi mujer aquí en la capital.
  •  Has hecho bien porque está muy jodida la situación. Yo tenía a tres trabajadores contratados en el taller, pero hablé con ellos y llegamos a un acuerdo de despido, pero siguen trabajando.
  •  ¿Están despedidos y siguen trabajando?
  •  Sí. Nos viene bien a todos: yo me ahorro los seguros sociales, que son altísimos y ellos cobran el paro y el sueldo, pero claro les pago menos que cuando tenían contrato. Todos contentos: Ellos ganan más y yo también.
  •  ¿Y si te enganchan?
  •  ¿Quién va a pasar por el pueblo? Además, los tres talleres del pueblo hacemos lo mismo y no nos vamos a denunciar unos a otros porque nos perjudicaríamos.
  •  ¡Ah vale! A nosotros, en el negocio, un día nos visitó un inspector de trabajo y, por suerte, yo me encontraba en la puerta del local, fumando un un cigarrillo.
  •  ¿Pero estaría tu mujer?
  •  No, que va, el negocio lo llevo en realidad lo llevo yo, pero les dije que lo regentaba mi mujer, que es la que aparece en los papeles, y que yo estaba allí ocasionalmente porque ella había salido un minuto a un asunto urgente. Suerte que al ‘panchito’ que tengo allí sin contrato estaba ese día en el médico..
  •  ¿Y se lo tragó?
  •  Al parecer sí. De hecho se fue y no ha vuelto más. Pero sí, me acojoné un poco ya que si el inspector no se traga aquello nos multa y a lo mejor hubiera perdido yo la paga. Al menos eso me dijo Juan Sola.
  •  La verdad, es que estos inspectores son unos crédulos o a lo mejor es que están desmotivados porque ganan menos. Total, para lo que hacen, mucho ganan aún. Hablando de inspecciones, mi hija pequeña estuvo a punto de perder la beca porque alguien fue por ahí contando que el taller no estaba declarado y nos daba muchos ingresos y tal. Desde ese día le he prohibido que vaya con su BMV A3 y su iPhone 5 a clase.
  •  ¿Y qué pasó?
  •  No nada, no se pudo demostrar lo que decía el cabrón anónimo ya que lo tengo bien atado. La niña sigue cobrando todos los años la beca máxima, unos 5000 euros, que son para ella solita. (Irrumpe un tono de teléfono móvil: ¡¡Por mi hija maaaaato!!)
  •  Tío, que me he llevado un repullo con ese tono de la tipa esa de la tele ¿cómo se llama…?
  •  Sí, la Esteban, esa sí que es lista, jeje, perdona, que es un proveedor. ¡Oye, que significa esa factura con IVA del otro día! ¿Cómo? Nada de eso. Me la emites de nuevo sin IVA o no cobras…sí, hasta las seis estoy allí. Hasta luego.
  •  ¿Te quieren meter el IVA?
  •  Sí, se lo he dicho al tío de las pizzas mil veces y sigue dale que te pego con el IVA de los….,y para colmo ahora que lo han subido los chorizos estos del Gobierno.
  •  Sí, vaya mierda de país, con tantos impuestos.
  •  Por cierto, sabes que me he comprado un Audi.
  • ¿Sí ¿Cuál?
  •  El Q7
  •  Joder ¡el que llevan los futbolistas!, que pedazo máquina…te habrá costado un pastón.
  •  Sí, es caro, pero me he ahorrado una pasta. Si quieres te digo cómo.
  •  Dime, dime…
  • ¿Tienes a algún minusválido en tu familia o a alguien de confianza que lo sea?
  •  Pues no sé, tendría que verlo…
  •  Yo lo he puesto a nombre de mi padre que, como sabes, tiene una gran minusvalía. Me he ahorrado el Impuesto de Matriculación, me han hecho una rebaja en el concesionario, no pagaré jamás el Impuesto de Vehículos al Ayuntamiento y, para colmo, aparcaré donde me salga de los güevos, en cualquier plaza de aparcamiento reservada para minusválidos ¿Por qué te crees que hay tanto coche de gran cilindrada con el cartel de minusválido en las calles?
  •  Estás en todo, macho, pero ¿se tragarán que tu padre conducirá eso con 80 años siendo minusválido?
  •  Éstos del Ayuntamiento se lo tragan todo. Por cierto, hablando del Ayuntamiento ¿te has enterado lo del alcalde del pueblo? ¡Qué cabrón! ¡Que bien amañado lo tenía todo! ¡Qué poca ética! A mí me extrañaba que la recogida de basura siempre la ganara la misma empresa.
  •  Sí, ¡qué cantidad de corruptos nos gobiernan! Y para colmo hay que sostenerlos a todos. ¿Y el asunto de ese que era presidente de la Junta, dándole un pastón a la empresa de la hija?, por no hablar de las comisiones del niño…que maná de corruptos, ¡vaya mierda de país!
  •  Ni que lo digas, vaya país de sinvergüenzas y corruptos nos gobiernan. No hay que votar a ninguno, que son todos iguales. Van a lo que van.
  •  Oye, quieres otra cerveza.
  •  Sí, si, vale. Pero disculpa un segundo, que voy a asomarme a ver el coche, que está en segunda fila.

Decídme, ¿quién no ha escuchado alguna vez una conversación como ésta o parecida en la barra de cualquier bar? Luego, ¿es probable que, en términos generales, merezcamos los políticos que nos gobiernan? La pregunta queda hecha.

No es mío, lo he leído en Transición Estructural.

 

El libro de octubre

Making Money (en español Dinero a Mansalva) ya me lo leí hace tres años gracias a un préstamo de HK. Pero yo no tenía el libro así que en mi última visita a Londres aproveché la coyuntura para comprármelo junto con los Assimilation 2 publicados hasta la fecha (que es lo que verdaderamente iba buscando a la tienda de frikis de al lado del Intrepid Fox).

Ya lo he dicho varias veces, pero la minisaga de Moist von Lipwig me parece lo mejor que ha escrito Pratchett. A diferencia de las otras (particularmente las brujas y la Guardia) Moist aparece cuando el Mundodisco ya está totalmente maduro, no cuando se está definiendo y aun no tenemos una idea clara de por donde van los tiros (El Color de la Magia, por ejemplo, está ambientado en un mundo muchísimo más medieval y menos renacentista). Sin perder un ápice de humor, Moist von Lipwig es un antihéroe maduro, en una saga consolidada, creado ex novo por un autor en su mejor momento que quiere contar ciertas historias a una audiencia madura. Si Tiffany Archer es el mundodisco para adolescentes, Moist es el Mundodisco para los doctores, aunque por supuesto no hace falta ser un adolescente ni un doctor para disfrutar con ellos.

Este libro, junto con Going Postal (Cartas en el Asunto) y algunos otros, hace “fantasía-ficción” en el sentido de que dice algunas cosas que son verdades como puños y críticas muy serias a ciertas vacas sagradas de la corrección política pero que, como pasaba con la Star Trek original, pasan desapercibidos a los censores porque al fin y al cabo ocurren en un mundo absurdo e imaginario en el que toda la relación con la realidad es pura coincidenca… aunque en un mundo en el que las finanzas siguen siendo un misterio mágico para la inmensa mayoría de la gente, las explicaciones de Mr. Bent sobre el patrón oro o de Hurbert sobre el sistema financiero-crediticio pueden ayudar a mucha gente a hacerse una idea, aunque sea aproximada, de qué es lo que pasa en la realidad y de cómo funcionan las cosas. Aunque (por supuesto) también pone de relieve la absurdez que es el dinero, la increíble inestabilidad del sistema económico basado en él y la necesidad de que todos los que son parte en el sistema crean en él, porque si empiezas a pensar que una manzana es mejor que veinte centavos porque la manzana te la puedes comer y la moneda no acabas volviendo al trueque, y si vuelves al trueque se acabaron la medicina, el transporte aéreo o la física de partículas, por ejemplo. El dinero es mentira, pero es una de esas paradójicas mentiras que todos tenemos que creernos porque las cosas son mejores así, como la justicia o la libertad. Como dice Mr. Bent, toda la economía se apoya en “a tacit understanding that we will honour our promise (…) provided we are not, in point of fact, asked to actually honour it.«.

En fin, muy recommendable, como todos los Pratchetts, y en este caso un poquito más para todos aquellos que quieran tener una idea de qué rayos está pasando con la prima de riesgo y el credit crunch y la confianza de los mercados pero no tengan ganas de leer economía de verdad. Porque no es economía de verdad, todo pasa en un mundo sostenido por cuatro elefantes a lomos de una gran tortuga, pero… en fin, tampoco cabían tantos animales en un solo barco.

«¿Y a usted qué le importa?»

Ayer por la tarde estaba yo a eso de las ocho y media de la tarde volviendo a casa en metro cuando un mozalbete de unos veinte años se saltó la barrera sin pagar. Ocurrió en el acceso al ascensor a la línea 6 de la estación de Pacífico, una zona sin vigilancia a bastante distancia de las taquillas donde se aburre soberanamente el encargado de la estación: el pollo cogió carrerilla y saltó, largo y delgado como era, limpiamente la puerta de acceso apoyado en la mano izquierda.

Yo iba tranquilamente leyendo mi libro y, al verlo por el rabillo del ojo, sentí la rabia y el asco que siento siempre ante ese tipo de actitudes, pero preferí, como siempre, no decir nada y seguir a lo mío. “No merece la pena” pensé, como pienso siempre. Pero no todo el mundo estaba de acuerdo. Mientras el zagal en cuestión demostraba sus dotes acrobáticas, la puerta del ascensor (que acababa de llegar) se abría y salía de ella una señora bajita de unos cincuenta y tantos que se encaró con el truhán y le dijo, golpeándose la cara con la mano:

  – “Menuda cara dura, ¿no?”

Hizo el mancebo ademán despectivo, como si no pudiera creer lo que oían sus oídos y repitió la dueña:

– “Sí, tú, que menuda cara. Que aquí pagamos todos menos tú.”

A lo que el chorvo, poniendo cada vez más cara de asco, replicó mientras entraba en el ascensor:

– “¿Y a usted que le importa, señora?”

Y entonces no sé qué se apoderó de mi, que iba tranquilamente sumido en mi lectura sobre el sesgo que producen las anclas en la estimación de un dato estadístico desconocido, pero sin apenas levantar la mirada de la página desenvainé mi metafórica Übelschlächter y le dije, mientras se cerraban las puestas del ascensor lleno de gente:

– “Pues claro que le importa. Le importa porque cada vez que tú o alguien como tú se cuela en el metro lo paga ella. Le importa porque te estás aprovechando de lo que pagamos entre todos sin poner nada de tu parte. Le importa porque el metro, y todos los servicios públicos, tienen un coste que se reparte entre todos y cada vez que alguien los usa sin pagar hace que los que sí pagamos tengamos que pagar un poco más. Le importa por la misma razón que a ti te importaría tener piojos, porque los aprovechados que se cuelan en el metro son parásitos de los que sí lo pagamos. Así que, macho, si no tienes dinero para coger el metro no lo cojas o, cuando te afeen tu conducta, agacha la cabeza y explica que es que no tienes dinero; pero en cualquier otro caso si haces lo que no debes y te cuelas en el metro y alguien se queja, cállate y encima no te encares con ella porque lo que has hecho está mal y lo sabes. Y si crees que no está mal, podemos seguir esta discusión con el jefe de estación.”

Y luego, in continente, calé el chapeo, requerí la espada, miré al soslayo, fuese y no hubo nada.

Todo esto lo cuento porque quiero rendir un homenaje a esa señora, que es mucho mejor ciudadana que yo porque no permite a su alrededor ese tipo de conductas antisociales. Una de las máximas liberales (1) es que” all that's necessary for the forces of evil to win in the world is for enough good men to do nothing.(2)” y la verdad es que yo mismo hago “nada” demasiadas veces. Todas, en realidad, no como esta señora que se comportó como el ser más civilizado de la estación.

En una sociedad verdaderamente civilizada una escena como la que protagonizó nuestro imberbe Dick Frosbury es impensable. La gente verdaderamente civilizada, como esta señora, reprime esas conductas antisociales. El pícaro, el sinvergüenza, el aprovechado… son vistos como una lacra y la sociedad reacciona contra ellos, estigmatizándoles como los parásitos que son y, en general, sufriendo el rechazo de la gente común, de la gente de bien. Pero en España no, en España al pícaro se le sonríe, al que se aprovecha del sistema se le admira y al que es honrado, sobre todo al que es honrado cuando no le ve nadie(3), se le tiene por tonto. Y así nos va, claro. Menos mal que hay alguna gente, como esta señora, que hace lo que puede para que los sinvergüenzas que se aprovechan de todos y cada uno de nosotros, de una forma mucho menos espectacular que la de un político corrupto pero cumulativamente mucho más perniciosa(4), no se vayan de rositas. No vamos a meterles en la cárcel por colarse en el metro pero, por lo menos, que se pongan colorados.

Olé, señora. Se descubre ante usted,

Arthegarn____________________
(1) Esta frase la he oído atribuida a Thomas Paine, Thomas Jefferson y Edmund Burke y admito que no sé de quién es. Lo que sí que puedo decir es que no es de Gandhi, ni de Einstein, y ni siquiera de Lenin o Engels como he leído por ahí.
(2) “Lo único que hace falta para que las fuerzas del mal triunfen sobre la Tierra es que suficientes hombres buenos no hagan nada”.
(3) Como el que paga todos sus impuestos, sin ir más lejos.
(4) Si alguien quiere discutir esto estaré encantado de hacerlo. Precisamente el libro que iba leyendo habla de este tema (entre otros) y de hasta qué punto el ser humano yerra con pasmosa regularidad en lo que tiene que ver con las intuiciones estadísticas.