El libro de febrero

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Como es bastante sabido llevo unos meses bastante liado de trabajo. En febrero sólo me ha dado tiempo de leerme un libro: El Símbolo Perdido, del infame Dan Brown.

Bien, tengo que decir que es el segundo peor pedazo de mierda que he leído, inmediatamente por detrás de la espeluznante La Mano del Muerto, de la que creo que ya he hablado en alguna ocasión. No es que me esperara mucho (Dan Brown no es Umberto Eco precisamente)(1) pero los otros libros suyos que me había leído(2) tenían algo, al menos. Es cierto que exigían una suspensión de la incredulidad muy alta, pero eran thrillers bien construidos, entretenidos, interesantes, que te tenían en tensión si eras capaz de olvidar las estupideces sobre la sanidad española o la etimología de Yahveh o la Iglesia Católica o el método científico o casi cualquier cosa de las que dice saber y que suelta cada dos páginas. Pero éste…

El libro es lento. Aburrido. Sin ritmo. Sin línea argumental definida. Sin intriga. A los protagonistas les van pasando cosas pero un poco como amanece nublado o soleado, sin que nadie pueda hacer nada al respecto; la historia emite un tufo a Deus ex machina desde el tercer capítulo que no le abandona hasta la última página. No hace falta que diga que Dan Brown sabe del tema de trasfondo del libro (los masones) más o menos lo mismo que de, por ejemplo, la Iglesia Católica (o sea, nada)(3) porque a eso ya nos tiene acostumbrados, pero en este caso además deja claro que tampoco tiene ni idea de ciencia (bueno, eso ya quedaba claro en Deception Point, ahora que lo pienso) ni del funcionamiento de las instituciones de su propio país (el involucramiento de la CIA, por ejemplo, no hay quien se lo crea) y, ya que estamos, que tiene un concepto exagerado de su propia importancia(4). El golpe final, el gran giro argumental de la muerte mortal yo, personalmente, me lo venía oliendo desde el cuarto capítulo.

Pero lo peor de todo no es que sea un libro objetivamente malo y aburrido (esto último, insisto, algo que no suelen ser los libros de Dan Brown). Lo peor de todo es que es un libro tóxico.

El Símbolo Perdido intenta reintroducir (o, de existir ya, explotar) en el acervo memético(5) una serie de ideas infecciosas, malas, retrógradas, pueblerinas, perjudiciales y cabreantes. Supongo que mucha gente pensará que al fin y al cabo no es más que un libro de ficción, que no hay que tomárselo en serio y que el autor está legitimado para inventarse lo que le de la gana, pero yo no las tengo todas conmigo: Europa todavía está llena de gente buscando rayas inexistentes en catedrales mencionadas en El Código da Vinci y el otro día alguien me preguntó por el Gran Elector de la Iglesia Católica. Dan Brown tiene la irritante capacidad de conseguir que el vulgo más inculto (y numeroso) se trague sus estupideces como si fueran ciertas y todo lo que dice de la ciencia noética(6) es algo que creo que hay que desenmascarar lo antes posible.

Para empezar, el Instituto de Ciencias Noéticas existe, es cierto, pero está compuesto por una panda de colgadas que deben haber sido expulsadas de alguna comunidad evangelista por estar particularmente idas; os recomiendo que os deis una vuelta por su página web si queréis contrastar lo que digo. También es cierto que existió el PEAR(7) en Princeton, dedicado a experimentos psicoquinéticos dignos de las escenas iniciales de Los Cazafantasmas  (y, tras que el ejército americano lo abandonara, a continuar el Proyecto Stargate, los famosos «visores lejanos»). No me voy a poner a criticar los métodos de esta institución porque sería largo(8), pero digamos que afortunadamente cerró hace tres años tras haber sido descrito como «una vergüenza para la Ciencia y para Princeton». Y, desde luego, no es cierto que, como dice el libro en la página 74, los experimentos que se llevan a cabo en esas instituciones hayan «demostrado categoricamente que el pensamiento humano, debidamente canalizado, tiene la capacidad de afectar y modificar la masa física.» Nada más lejos de la realidad. Hasta Walter Bishop hubiera dicho que sus resultados eran inconcluyentes.

Dicho esto, que en el fondo no es más que poner de relieve otra memez y verdad a medias de las de Dan Brown, el mem verdaderamente peligroso se resume en esta cita (p.80):

«Los antiguos poseian un concimiento cientifico profundo» La ciencia moderrna no hacia tanto «descubrimientos» como «redescubrimientos». Al parecer  la humanidad antaño había alcanzado a comprender la verdadera naturaleza del universo… pero no la había retenido… y se habia olvidado de ella. «La física moderna nos puede ayudar a recordarla»  Esta búsqueda se había convertido en la misión vital de Katherine: utilizaba ciencia avanzada para redescubrir el saber perdido de los antiguos.«

No. No, no, no y mil veces no. El hecho de que el Kybalion describa fuerzas positivas y negativas en el universo (también se hace en la Biblia) no quiere decir que su desconocido autor tuviera idea de lo que es el electromagnetismo, al igual que el tipo que dibujó el Ying/Yang no tenía ni idea de lo que es la antimateria. El hecho de que en los Upanisads se describa el caos del universo (también se hace en la Biblia) no quiere decir que sus autores entendieran el Principio de Indeterminación. El hecho de que en el Zohar se hable del árbol de la vida (también se hace en la Biblia) no quiere decir que sus autores tuvieran una explicación físico-matemática de la estructura de la realidad que implica diez dimensiones(9). Lo único que pasa es que si te lees un texto místico de setecientas páginas de hace mil años como es el Zohar es probable que encuentres algo que te recuerde, aunque sea vagamente, a una teoría científica actual (sobre todo una tan arcana como la Teoría de Cuerdas). Pero eso no quiere decir que Moisés de León tuviese conocimientos matemáticos mil años por delante de su tiempo, simplemente que escribió algo que se parece; lo otro es pareidolia, es como los canales de Percival Lowell: «no hay duda de que los canales marcianos tenían un origen inteligente, la única duda estaba en saber a qué lado del telescopio se encontraba la inteligencia»(10).

Un texto místico suficientemente amplio por fuerza tiene que contener algo que huela a ciencia, pero ¿qué pasa, por seguir con el ejemplo, con las otras seiscientas páginas de Zohar? ¿Qué pasa con el Ein Sof, o con la gematria, o con el tetragramatón, o con otro montón de conceptos fundamentales para la Cábala? Como eso no se parece a nada, pasamos de ello, ¿no? Pues sí, eso es precisamente lo que hacen Dan Brown y miles de charlatanes y pseudocientíficos por todo el mundo, ir por el mundo abriendo textos antiguos que no llegarían a comprender ni aunque los leyeran (cosa que no hacen) y vendiéndonos que los Antiguos ya sabían lo que nuestra ciencia actual sólo puede alcanzar a vislumbrar, una idea que la humanidad ya tuvo una vez en una época en la que renunció a la investigación y al crecimiento partiendo de la base de que lo que había que hacer es centrarse en el estudio del pasado porque éramos «quasi nanos, gigantium humeris insidentes«, como enanos encaramados a los hombros de gigantes y que todo lo que veíamos era solo porque nos apoyábamos en esa sabiduría especial y visionaria de los Antiguos. Hablo, en efecto, de la Edad Media, que es a donde nos puede hacer volver el darle cabida a este tipo de ideas.

Los Antiguos no» tenían un conocimiento científico profundo». Los Antiguos tuvieron miles de años para que miles de iluminados dijeran millones de estupideces apriorísticas, algunas de las cuales se parece remotamente al conocimiento científico.

Pero hay más. La ciencia, a la que tanta técnica, conocimiento y bienestar debemos, no es tanto una colección de saberes como un método de conocimiento. Incluso en el hipotético caso de que Moisés de León hubiera recibido por inspiración divina el conocimiento de la Teoría de Cuerdas sus ideas, aunque ciertas(11) serían científicamente inaceptables. Lo importante no es tener la inspiración, el momento eureka que da la solución al problema, sino luego demostrar la adecuación de lo que se te ha ocurrido a la realidad. Lamarck, por ejemplo, ya tuvo la idea de la evolución de las especies décadas antes que Darwin, y mucho antes que él la tuvieron Empédocles o Anaximandro, lo que hace que recordemos a Darwin es que demostró e integró esa idea con la selección natural, no que se le ocurriera ex nihilo. Hay una razón por la que a largo plazo tienen más éxito los científicos que los visionarios, y es que cuando los científicos no están razonablemente seguros de algo(12) se callan, mientras que los visionarios dicen lo primer que se les pasa por la cabeza con la idea, tristemente cierta, de que al vulgo se le olvidarán rápidamente las cosas que dijo que resultaron ser falsas y se quedará sólo con aquellas en las que (milagrosamente) acertó. Proponer, como hace este libro (no solo en la cita anterior sino a lo largo de sus quinientas plúmbeas páginas), que abandonemos la investigación científica y dediquemos nuestros esfuerzos a revisar lo que escribieron decenas de miles de iluminados, generalmente puestos de algo, a lo largo de la historia para ver si podemos sacar algo en claro es para tirarse de los pelos. ¡Y lo peor es que hay gente que aboga en serio por esto! El trasfondo filosófico de este libro, la idea que propone, es echarle gasolina al fuego de la ignorancia y del fanatismo.

En fin, lo dicho. El libro, malo y aburrido. La idea subyacente, digna de resucitar a Santo Domingo.

No os lo compréis, en serio.

Arthegarn_______________

(1) Bueno, un Umberto Eco bakaluti, inculto y de farlopa hasta las orejas, quizá.
(2) Y, aunque sea quedar mal, acabo de darme cuenta de que me los he leído todos
(3) Bueno, igual sabe mucho pero en el libro no se nota.
(4) Por qué digo esto es un poco complicado y requeriría algún spoiler. Digamos que el secreto «de Seguridad Nacional» que la CIA trata de proteger (violando sistemáticamente derechos individuales) no es ni tan secreto ni, en absoluto, de Seguridad Nacional. Afecta de forma tangencial y populista a la imagen pública de determinados cargos electos en su faceta privada y para de contar, la idea de que el que se revelara podría tener las consecuencias que insinúa Sato en el libro (que poco menos son el fin de la democracia en Estados Unidos) sólo se le puede ocurrir a un narcisista que cree que todo gira en torno suyo. Pero si os lo leéis, cosa que no recomiendo, ya me contaréis vuestra opinión.
(5) Antes hubiera dicho «en el subconsciente colectivo».
(6) Que, por supuesto, no existe; la noética es un campo de la filosofía clásica y la propia wikipedia se refiere a la «ciencia noética» diciendo «Noetics is often viewed as a completely unscientific field, based on nothing more than misguided spirituality and philosophical hand-waving
(7) Princeton Engineering Anomalies Research Laboratory. Como diría John Parr, tiene un nombre muy bueno.
(8) Todos sabemos que si tiramos suficientes veces una moneda se producirá en algún momento una serie de caras consecutivas que dará la apariencia de desviarse de la norma general. Eso es una coincidencia, no que en ese momento el sujeto del experimento haya, por alguna razón, experimentado un subidón de habilidades psicoquinéticas. Las desviaciones estadísticas que se apreciaban en los experimentos del PEAR eran del orden del 0.025% y son mucho más fácilmente atribuibles, siguiendo nuestro ejemplo, a que la distribución de la masa en la moneda haga que las posibilidades de salir cara sean un 0.025% mayores. En serio hacían estas cosas.
(9) Todas estas asociaciones están sacadas del libro. De verdad. La asociación entre el Seder Hishtalshelus y la forma que tienen de comportarse ciertas dimensiones de ciertas variantes de la Teoría de Cuerdas es particularmente enrevesada y solo puede hacerla alguien que esté buscando analogías de forma leyendo las cosas por encima, sin importarle un cuerno lo que dicen de verdad ni la Cábala ni la Teoría de Cuerdas; es tan disparatado como decir que los antiguos egipcios conocían las teorías de Maslow porque construyeron las pirámides.
(10) (C) Carl Sagan.
(11) En el hipotético caso de que la Teoría de Cuerdas sea cierta, claro.
(12) No solo seguros de algo, sino seguros de poder defenderlo ante gente tan preparada como ellos mismos.

Los libros de junio

La Rebelión de Atlas es un regalo del ínclito Profesor Ignatius. No deja de sorprenderme la habilidad que tiene este hombre de descubrirme joyas como ésta o la saga de Flashman y no equivocarse nunca, muchas gracias, caballero. Aparte de lo dicho, no sé si es que estoy particularmente sensible por las cosas que digo de ciertos libros últimamente (ver Alicia en el País de los Cuantos, por ejemplo) o que tengo mucha suerte con mis lecturas, pero he disfrutado como un cerdo en un charco de barro con La Rebelión de Atlas. No había leído nada de Ayn Rand y tenía informes contradictorios de Lord Warden (“Ayn Rand es maravillosa”) y Mithur (“Esa gilipollez es digna de Ayn Rand”), pero tras haberla leído y haber leído sobre ella, me decanto sin fisuras del lado de Lord Warden.

La Rebelión de Atlas son 1.250 páginas en las que la autora narra los esfuerzos de Dagny Taggart, Vicepresidente de Operaciones de Taggart Transcontinental (una de las mayores operadoras ferroviarias en unos Estados Unidos imaginarios de mediados de los 50) para salvar la compañía de la ruina a la que la está llevando la inepta dirección (en realidad, el inepto desgobierno) de su hermano Jim, a la sazón presidente de la compañía. A medida que avanza el libro vemos que los problemas de la compañía no son sino un reflejo de los problemas del país y vamos conociendo a los pocos personajes (sobre todo Francisco D’Anconia y Hank Rearden pero también Ellis Wyatt o Dwight Sanders) que podrían salvar la situación y que, a medida que avanza el libro, van desapareciendo misteriosamente entre las críticas y el desprecio de unos Estados Unidos cada vez más deprimidos y que culpan de su situación a la avaricia y el egoísmo de estos empresarios y no a su propia incapacidad; todo ello mientras toda la nación se pregunta quién es John Galt.

Independientemente de que el libro sea interesante y que contenga, entre otras muchas cosas, escenas de sexo que fueron censuradas en las primeras ediciones (y no por lo explícito, sino por el (leve) componente sadomasoquista y, sobre todo, de D/s que impregna las mismas), tengo que decir que me ha impactado muchísimo. El libro plasma, blanco sobre negro, pensamientos que yo siempre he tenido y a los que no he podido dar forma hasta ahora; realiza además una durísima crítica al buenismo; cuestiona muchas de las bases de la moralidad (que no moral) social que damos por descontadas, como por ejemplo que los ricos tienen que (como en «están obligados a») ayudar a los pobres simplemente porque los ricos son ricos y los pobres, pobres; y no deja piedra sobre piedra del principio marxista «A cada uno según su necesidad, de cada uno según su capacidad».

Desde hace más de un mes tengo ganas de escribir un artículo, probablemente dos, con las reflexiones a las que me ha llevado este pedazo de libro. No he tenido tiempo, por desgracia, y quiero escribir algo sobre pastores adocenados próximamente así que aun tendrá que esperar, pero lo que sí puedo hacer es recomendar La Rebelión de Atlas a todo el mundo, especialmente a los buenistas, a los kumbayás y a algún otro que opino que es demasiado bueno, a sabiendas de que a mucha gente no le va a gustar y que habrá quien lo considere una Abominación. Pero así es la vida y, ¿sabéis? no tengo por qué vivir de acuerdo a vuestras normas, conque ahí os quedáis.

Flashman y Señora también es regalo del Profesor Ignatius. En esta ocasión, el cobarde más laureado de la Inglaterra victoriana empieza jugando al cricket y se encuentra, sin saber muy bien como, con su mujer raptada por un príncipe pirata indonesio. En su persecución (a la que, por supuesto, si hubiera podido no hubiera ido), se esconderá detrás de personajes tan interesantes y, para mi, tan hasta entonces desconocidos como James Brooke, el primer Rajá Blanco, y caerá cautivo de la despiadada reina de Madagascar, Ranavalona I, un personaje interesantísimo, una mujer cruel, despiadada y completamente loca que deja a Hitler a la altura de un aficionado, y que en 35 años de reinado asesinó de formas extraordinariamente crueles a casi la mitad de la población de la isla, lo que no está nada mal para los técnicos medios de mediados del siglo XIX. Como todos los Flashmans, recomendable tanto por su divertido guión como por las puertas que te abre a la historia fuera de Europa de ese siglo. A mediados de mes, a Ana le dio un ataque consumista, entre la devolución de Hacienda y la paga extra, que se materializó, entre otras cosas, en una maravillosa fiebre compradora de Pratchetts.

El Quinto Elefante es uno de ellos, en el que seguimos a Vimes a Úberwald, donde va a ser coronado el Bajo Rey de los enanos entre vampiros, hombres lobo, intrigas, emociones y bollos robados. A mi Vimes me parece uno de los personajes más interesantes, completos, complejos y realistas de Terry Pratchett y cada vez que saca un libro suyo me encanta, pero para aquellos que no estén para delikatessen psicológicas (que, entre los lectores de Sir Terence serán los menos, claro) hay que decir que también rondan por ahí Detritus, Jovial, Zanahoria y Angua, que conocemos la historia del ingreso de Igor en la Guardia, que por primera vez oímos hablar de los clacks y de Lady Margolotta, y que conocemos a la encantadora familia de Angua. Bueno, como todos los Pratchetts, éste con una reflexión interesante sobre la feminidad que luego será mucho más explotada en Unseen Academicals.

Ronda de Noche debe ser el libro que sigue cronológicamente a El Quinto Elefante. No lo agarré primero porque creí que ya lo había leído, pero en realidad lo que pasaba es que el título de alguna manera hizo que me patinara una neurona y creí que se trataba de Hombres de Armas. A Ana le pasó lo mismo, conque cuidado, camaradas. En este libro nuestro héroe Sir Samuel persigue al malo a través del tiempo por el pasado de Ankh-Morpok, más o menos a la altura en la que un nuevo Guardia Interino, apodado Vimesito, se une al cuerpo. Además de la reflexión sobre la naturaleza y efectos de las rebeliones populares, en la que vemos que los errores de Murat en Madrid se reproducen por todo el multiverso, este libro nos da la posibilidad de conocer a muchos de los personajes del Mundodisco en su juventud, por ejemplo a un joven sargento (entonces cabo) Colon, a un jovencísimo Nobby Nobbs, a un Vetinari aun no graduado en la Escuela de Asesinos, a un Reg Shoe todavía vivo, o a un Escurridizo que aun no es Y.V.A.L.R.. Bueno, como todos los Pratchetts, particularmente incisivo con el caracter de Vimes y su opinión sobre la Ley, la Justicia Y Todas Esas Cosas.

Los libros de agosto

download97884663308319788466330831La ley del desierto

Como Follar con Todas es, probablemente, el mejor manual de seducción que he leído. Y, creedme, he leído unos cuantos desde que, con 15 años, empecé con aquel Como Ligar Con esa Chica que Tanto te Gusta y a la que le Gusta Otro tan divertido como inútil. Me lo regaló Pardus por mi cumpleaños y me pareció que era lo mejor para vaciar de tanto en tanto mi mente de ecuaciones. La verdad es que no esperaba que fuera tan bueno. El libro empieza explicando de forma lógica y razonable por qué las chicas dicen que quieren «un buen chico» pero luego se van del bar con el primer cabrón que las entra con gracia y que obviamente no es un buen chico. Sigue definiendo correctamente al macho alfa (que no es el más fuerte, el más atractivo ni el más listo, sino el que folla con todas) y da las instrucciones necesarias para evolucionar del habitual estado de TPF (Típico Pardillo Frustrado) a PAS (Perfecto Artista de la Seducción). Desde como vestir, como andar o qué colonia llevar a cómo mirar a esa chica que te cruzas en el metro, el libro sigue un buen método para cambiar la mentalidad del típico hombre inseguro del siglo XXI y convertirle en un seductor. O sea, el cabrón que se lleva a las chicas del bar. Contiene instrucciones para seguir de forma general, como la regla 3S (un descubrimiento que estoy aplicando) y herramientas para entrar a las chicas y conseguir su teléfono en menos de tres minutos (exploración de valores, proyección situacional, kino…) y alguno para llevártelas directamente a la cama (como la afamada Técnica del Gran Maestro, consistente en soltarle a la chica una obscenidad detrás de otra pero con gracejo) a veces muy detallados (p.ej. la GM incluye una serie de chistes verdes brutales, impagable el de La Casa de las Bragas Voladoras). Es extrañamente recomendable, la verdad, pero sólo para hombres (no queremos que las chicas se enteren de ciertas cosas). Eso sí, el título es muy exacto: este libro ayuda a follar con todas, no a follar con esa. Si quieres convertirte en un seductor, en un conquistador al que las mujeres, en general. encuentran atractivo, te lo recomiendo. Si te gusta una en concreto, este libro no te va a ayudar en absoluto, me temo.

Y, por fin, tras tres meses de una lectura que podríamos llamar estudio, conseguí terminarme las seiscientas páginas de física y matemáticas de La Nueva Mente del Emperador. Independientemente de que me de un subidón el ser capaz de leer (¡y entender! aunque creo que el mérito es del autor) semejante tocho siendo de letras y teniendo ya 35 años, el hecho es que me ha parecido soberbio. Un prodigio de la divulgación científica exigente para gente exigente. Hasta tal punto es así que he regalado recientemente dos ejemplares a gente despierta, inquisitiva y de ciencias (Mithur e Irene) y no he regalado un tercero (a Zor) porque me dio la impresión de que ya se lo había leído. Tanto me ha gustado que incluso he incluido un link para que, quien no se quiera gastar los irrisorios 10 euros que cuesta el libro, se lo pueda descargar en pdf. Si quieres saber de qué va, pulsa

La premisa del libro es intentar demostrar que un ordenador nunca será capaz de realizar todas las funciones de una mente humana. Pero, para ello, Penrose empieza explicando lo que es un ordenador (partiendo de la máquina de Turing, concepto que ya conocía de la fenomenal The Physics of Star Trek de L.M. Krauss que no sé donde tengo), habla de la inteligencia artificial (fuerte y débil) del test de Turing, de la habitación china de Searle (que siempre he pensado que en realidad sólo demostraría que los ordenadores inteligentes son zombis filosóficos, nada más) y luego se mete ya con matemáticas más serias, hablando de lo que son los conjuntos computables, enumerables, recursivos, de las limitaciones de las máquinas de Turing y, por fin, del teorema de Gödel, al que luego vuelve y cuya formulación literal explica de tal forma que fui por primera vez capaz de entender lo que realmente dice.

Todo este tema de los conjuntos recursivos y tal acaba llevándole a hablar de fractales. El capítulo de los fractales es precioso y me dio una idea para un artículo (sobre el paralelismo entre los fractales, cuyas iteraciones son isomorfas pero no idénticas; y la representación de la realidad en la mente humana a base de modelos que aproximan pero no copian la realidad) que supongo que por desgracia se quedará sin escribir. Aquí se permite unas disgresiones un poco raras y en mi opinión bastante poco científicas sobre la realidad platónica de los conceptos matemáticos que le lleva a serias reflexiones sobre la naturaleza de la realidad (todo desde el punto de vista matemático).

Para apuntar sus tesis, Penrose parte de la base de que el lector tiene un conocimiento bastante simple de ciencia y dedica como cien páginas a llevarle de la mano por la historia de la física, desde Parménides a Galileo, Newton… y a partir de Newton empieza la parte que a mi más me ha gustado del libro, en la que aprendes cosas como qué es el espacio de fases, las ecuaciones de campo de Maxwell, la relatividad de Einstein, la geometría de Minkowski (para mi, todo un descubrimiento a través del cual creo ser capaz de demostrar el determinismo absoluto, ya escribiré al respecto) y, por fin, la física cuántica. El capítulo de la física cuántica me ha fascinado, necesito leer más cosas de física cuántica. La gente habla de física cuántica y de efectos cuánticos y no tiene ni idea de lo que dice. En concreto, cuando se quiere luchar contra una posición filosófica determinista, el que está en contra siempre recurre al tan cacareado indeterminismo de la física cuántica… ¡cuando, en realidad, las normas que regulan la física cuántica dentro de la física cuántica son deterministas! ¡El indeterminismo se produce al ampliar ese resultado a límites que sean perceptibles por la física clásica haciendo los cuadrados de los módulos de las amplitudes cuánticas! En otras palabras: el gato de Schrödinger está muerto o está vivo.

Y podría seguir media hora contando las maravillas que contiene este tomo, la relación entre la flecha del tiempo y la segunda ley de la termodinámica, por ejemplo, o la improbabilidad de que el universo tuviera tan baja entropía en su inicio, o el funcionamiento del cerebro a nivel químico y su sujección a fenómenos cuánticos… pero tengo que parar en algún sitio. Lo suyo es que os lo leáis. Si no, baste decir que el libro no demuestra en absoluto lo que intenta demostrar, pero que el viaje a través del tiempo y el conocimiento que haces leyéndolo es más que suficiente. No lo puedo recomendar porque la voluntad de leer este tipo de cosas va en el temperamento de cada uno, pero sí puedo decir que a mi me ha gustado MUCHÍSIMO.

Pero leerlo cansa. Cuando lo terminé tenía Los Tres Primeros Minutos del Universo esperándome, pero como Ana podría haberlo quemado si seguía leyendo ciencia, y yo la verdad es que estaba volviéndome un poco monotemático decidí tomarme un respiro y, aprovechando un viaje a la cuesta de Moyano, me compré diez libros de Christian Jacq.

La Pirámide Asesinada y La Ley del Desierto son los dos primeros títulos de la trilogía del Juez de Egipto. Supongo que a estas alturas todo el mundo conoce a Christian Jacq, egiptólogo y escritor, pero para quien no lo haga permitidme recomendar al autor. Escribe fundamentalmente novela histórica ambientada en el antiguo Egipto, tema del que sabe un rato, con tramas sencillas y sin pretensiones pero que tienen la virtud de situarte en escena y de darte un baño de cultura egipcia: sus tradiciones, su modo de vivir, de hablar, de vestir… y también su medicina, sus leyes, su ingeniería y su química. Todo lo que he leído suyo es recomendable (dentro de que son best-sellers que se devoran en un par de días). Esta trilogía en concreto cuenta la historia de Pazair, un juez de un pequeño pueblo de provincias bajo el reino de Ramsés II que, sin comerlo ni beberlo, es llamado a ejercer en Menfis, donde su meticulosidad le hace investigar lo que parece un simple error administrativo y descubrir, tras él, un malvado plan para derribar al Faraón en persona y destruir para siempre al Egipto que conoce. Como os digo, recomendable como cualquier cosa del autor.

Los libros de Noviembre

Resulta increible que con todo lo que he trabajado este mes me haya dado tiempo a leerme tres libros, aunque dos sean relecturas.

Memory es otro de los libros de la saga de Miles Vorkosigan que tanto os he recomendado una y otra vez. Tiene algunas escenas magníficas; por ejemplo, cuando echan a Miles de SegImp (lo que implica acabar con el almirante Naismith) este se va completamente deprimido a su casa. Durante apenas dos páginas McMaster Bujold describe ele stado en el que pasa las primeras 48 horas, entre el shock y la depresión, y os garantizo que me describe perfectamente en ciertas etapas de mi vida (gracias a Dios hace años que no me pasan cosas tan horribles como para dejarme en ese estado, pero me han pasado y lo conozco). La exploración del personaje de Siomn Illyan, que todos sabíamos que daría mucho de si, es interesante, y el papel de Lady Alys Vorpatril pressagia lo que será luego en A Civil Campaign. No es ciencia-ficción, es space opera (aunque la trama del libro se base en una premisa de ciencia-ficción, el sabotaje del chip de memoria edietetica implantado en el cerebro de Illyan) pero es una space opera buenísima. Como todos los Vorkosigans, muy recomendable.

A Civil Campaign transcurre un año después de Memory (hay otro libro entre ellos, Komarr, que perdí hace dos años y que me acaba de llegar por Amazon), con Miles ya firmemente asentado en su nuevo rol de Auditor Imperial, y narra sus aventuras y desventuras mientras trata de cortejar a Ekaterin Vorsiosson, personaje que se nos presentó en Komarr y que acaba de quedar viuda, con la sana intención de convertirla en Lady Vorkosigan. Salpicado con los problemas de su hermano Mark, que anda liado nada menos que con Kareen Koudelka, la aparición estelar de sus padres (¡Me encanta Cordelia Naismith! ¡Es mi madre!) y diversas intrigas políticas todas relacionadas con el sexo, el libro se lee sólo. Como escenas a destacar, la de la cena en la Residencia Vorkosigan (Your talent leaves me speechless, Enrique) y la de la sesión del Consejo de Condes (Why, certainly, madame. Right now?). Un poco flojo el final del libro por la escena con Gustioz, que no está la altura, Aun así, y como todos los Vorkosigans, muy recomendable. Como nota curiosa, me había olvidado de que este libro me lo regaló Fridaluna y de que está dedicado. Vae victis.

A Flash for Freedom! es otro Flashman. Nunca le agradeceré bastante al que me recomendara esta saga y me dejara los primeros libros. Me lo paso pipa con ellos. En este libro Flashman se ve involucrado (contra su voluntad, como siempre) en el negocio de la trata de esclavos de mediados del siglo XIX, cuando ya era ilegal en medio mundo civilizado. Aparte de sus siempre entretenidas peripecias y de su absoluta incapacidad para mostrar un átomo de decencia, incluso cuando comportarse decentemente es lo que le salvaría (vid. la escena con Cassy a orillas del Ohio) sales, como siempre, con un baño de historia de lo más agradable. La disposición de un barco esclavista, las leyes estadounidensas sobre el tráfico de esclavos y la situación previa a la guerra de secesión se ven en este libro en el que Abraham Lincoln asoma la cabeza un par de veces, como quien no quiere la cosa. También muy recomendable.

Este mes empezamos otra vez con cosas serias.