Bueno, pues ayer Yolanda Díaz empezó a esbozar las líneas maestras del programa económico de Sumar y, por supuesto, no ha perdido en tiempo la gente o bien en deshacerse en elogios o bien en ponerla de media vuelta. Como ejemplo de lo segundo más hay un artículo de Libre Mercado que es la caña, oiga, no sé de dónde han sacado tanto dato para tanta opinión.
Porque, como le comento en su muro a mi querido Accolon, las medidas anunciadas son demasiado vagas para formarse una opinión sensata.
- Una gran reforma del impuesto de sociedades. Pues, mujer, depende de hacia dónde, de cómo se haga, de la armonización con Europa…
- Subir el impuesto del patrimonio. Pues qué queréis que os diga, ya conocéis mi opinión sobre ese impuesto (para los que no la conozcan tengo dos artículos aquí y aquí) que considero completamente ilegal e ineficaz para el fin que persigue; pero es que además ya se sabe que subir el IP lo que hace es que los ricos se vayan a vivir a otro país en el que el fisco les trate mejor. En la Europa de Schengen una medida así sin armonización con el resto de la Unión Europea es un carísimo brindis al sol.
- “Formas de fiscalidad alternativas para la transición verde y la transición digital.” “Fiscalidad feminista”. Otra reforma del despido. Pues… es que no sé qué quiere decir esto, qué contenido tiene. A alguno ya he leído soltando espumarajos por la boca por lo de la fiscalidad feminista, pero es que habrá que esperar a ver de qué habla para criticarlo, ¿no?
- Vincular las subidas salariales a los márgenes de beneficio. Esto puede ser interesante si se hace muy bien, pero es que tiene que hacerse muy bien. En una PYME de capital escaso, por ejemplo, puede ser interesante, pero me preocupa el efecto perverso que podría tener respecto a la inversión en nuevas empresas, sobre todo las que requieren mucho capital como las industriales. Lo digo porque si recortas el margen de beneficio posible recortas el atractivo de la inversión y lo que consigues es que la gente que tiene el dinero no lo invierta o lo invierta en otra cosa u otro sitio y que por tanto se creen menos empresas e industrias que son estratégicas. Honestamente no sé cómo va a combinar esto con la necesidad, que ella misma reconoce, de reformar el tejido empresarial español para reducir su atomización y crear en cambio grandes empresas, que de hecho son las más eficientes y las que mejor tratan a sus trabajadores.
- Democratizar las empresas. En primer lugar eso ya está inventado, se llama “cooperativa”. Pero, en serio, si no está hablando de potenciar las cooperativas habría que ver exactamente en qué consiste eso de democratizar las empresas porque puede ser cualquier cosa entre una estupidez y una idea muy interesante. Por ejemplo: una norma que obligara a las empresas a poner parte de su capital a disposición de sus trabajadores cada año, efectivamente dando de forma obligatoria entrada a su personal en la propiedad de la empresa podría ser muy interesante. Sí, vale, si uno trabaja para una cotizada puede comprar acciones en bolsa, pero esos capitales están muy dispersos y el hecho está en que muy poca gente trabaja en una cotizada. Pero pensad en todas esas SLU que cuelgan de una SLU que cuelgan de una SA o de un fondo de inversión. O que cuelgan del patriarca de la familia Martínez, que también pasa. Imaginad que por ley se exige a estas sociedades que abran su capital a los trabajadores y por tanto les dejen participar al menos en su gestión estratégica, fiscalizar a los órganos de dirección, ser partícipes de los beneficios generados (de su plusvalía, vamos). Puede ser una idea muy buena. O un desastre, claro.
- “Aumentar la progresividad del IRPF”. Una vez más necesito más datos para saber de qué habla. Hay medidas que yo tomaría, como eliminar la distinción entre las bases imponibles general y del ahorro, que incrementan la progresividad sin subir todavía más el IRPF de los que hemos tenido la habilidad y la suerte de llegar a tener salarios altos. Mi instinto me dice que la medida estrella van a ser más tramos y más altos, pero la referencia que hizo a que el 85% de la recaudación del IRPF “viene de las rentas salariales y esto no es justo en términos democráticos” me hace albergar esperanzas. Esperemos a ver.


Termino diciendo que hay una cosa que sí que sé que no me gusta y que dice que es la base de su reforma económica: la idea de que “quien más tiene más debe contribuir al país”. No estoy de acuerdo: quien más gana es quien más debe contribuir al país. Y que hay otra cosa que sí que sé que me gusta, que es la apuesta por la productividad incluyendo la del sector público. Ese es un melón que hay que ser muy valiente para abrir pero que tiene que ser abierto por alguien de una vez y mejor que se haga desde la izquierda que desde la derecha.
Eso y pidiendo moderación a todos los exaltados, por favor. Tanto a lo hinchas de los unos como a los de los otros. Cada vez me preocupa más la polarización de la política y del Pueblo. Pero eso en otro artículo.
Salud y evolución,
Arthegarn