Robin Hood lo pagamos todos

Hace cosa de un mes (aunque la prensa se ha enterado hoy) la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra dictó un auto en el que, en pocas palabras, se viene a decir que si tienes una hipoteca, no pagas, el banco te embarga, subastan tu casa y con esa subasta no se saca suficiente para pagar lo que debes, el banco no puede ir a por el resto de tus propiedades para cobrarse el resto de la deuda. Mucho progre antisistema se ha puesto contentísimo con esto. Y en realidad es una aberración ilegal, antijurídica, injusta y que, si se consolida, nos va a perjudicar a todos.

Permitidme que resuma los hechos para quien no se quiera leer todo el auto. Una pareja pide un 71.000(1) euros de crédito al BBVA y, en un momento determinado, dejan de pagar las cuotas. BBVA les demanda y el juez les condena a pagar esos mismos 71.000(2) euros. Ellos no pagan, el juez les embarga la casa y ordena la subasta, que queda desierta. Como está desierta, adjudica el piso al BBVA(3) por un importe de unos 43.000(4) €. Pero cuando el BBVA va al juez a reclamarle que continúe embargando a la pareja por los 28.000(5) euros que quedan el juez se niega y dice que con el piso basta. Argumenta esta decisión diciendo que pedir más de lo que vale el piso es abuso de derecho y que además el piso, cuando se concedió el préstamo, estaba tasado en 75.000 euros, lo que es más que el principal así que el banco ha hecho incluso negocio.

Por supuesto (y aquí ya me alejo un poco de la exposición sucinta de los hechos), eso es una soberana estupidez. En primer lugar, si condenas por 71.000 y efectúas una dación en pago por valor de 43.000 (es decir, le das el piso al banco diciendo que vale eso) el hecho está en que faltan 28.000 por pagar y hay que proseguir la ejecución. Punto pelota. Si hubieras efectuado la dación en pago por los 75.000 euros de valor de tasación a lo mejor el asunto tendría una mínima lógica, pero no puedes decir “vale, le deben a usted 71.000 euros, ahí tiene un piso de 43.000 y no pida más que en realidad vale 75.000”. Es una animalada tan grande que no soy capaz de imaginar un contexto lógico que explique por qué das algo en pago por valor de 43.000 que salda una deuda de 71.000, o al menos no sin sacar a la palestra los efectos de la física cuántica en la multiplicación de los panes y los peces. Pero sigamos.

Aparte de decir esto que he dicho yo, el BBVA le dice al juez que el piso no vale 75.000 euros, oiga, que una cosa es en lo que se tasó antes de la crisis y otra muy distinta lo que vale ahora. Que lo hemos sacado a subasta por 43.000 euros y no lo ha querido nadie, lo que quiere decir que su valor de mercado es, en realidad, inferior al importe por el que se adjudica en dación en pago. Pero es que. Además, aquí tiene una tasación con fecha de anteayer, señoría, que dice que, en efecto, el piso no vale 75.000 ni en los sueños húmedos de Paco el Pocero. Y el juez viene a decir que no le importa, que estaba tasado así, que no tiene evidencias de que el precio haya cambiado y ahora valga menos(6), que el que la subasta esté desierta no quiere decir nada y que esa tasación a fecha de hoy se la mete usted donde no brilla el sol porque no es el momento procesal oportuno para aportarla (el equivalente español a “no aceptarla como prueba”). Así que nada, nada, aire que tengo otro caso.

El BBVA, supongo que bastante aturdido ante la manifiesta estulticia del juez, recurre la decisión, claro. Y la Audiencia Provincial se lo lee y dicta, a mediados de diciembre, el auto que es noticia en el que rechaza el recurso, confirma la decisión del juez de primera instancia, deja al BBVA con un inmueble que no quiere y que apenas cubre la mitad de lo que le deben y sin posibilidad de ver ni un céntimo más. Dejadme que os explique las consecuencias del auto con claridad: si la pareja esta fueran millonarios y tuvieran cientos de miles de euros en efectivo en una cuenta del propio BBVA, el BBVA no podría tocarlos. Aunque la parejita en cuestión tenga para pagar (que no sé si lo tienen) no tienen que hacerlo. El banco se come el piso y punto. Ah, y, encima, para unir el insulto a la ofensa acaba condenado en costas, que no se me olvide.

El auto en cuestión tiene párrafos que no tienen desperdicio. Después de reconocer que la pretensión del BBVA de que le paguen lo que le deben “desde el punto de vista formal y de estricto ejercicio del derecho (¡Pues claro que desde el punto de vista del estricto ejercicio del derecho, pazguato, eres juez, no un árbitro de equidad, lo que tienes que hacer es aplicar la Ley, no lo que te da la gana!) no estaríamos ante un abuso de derecho”, lo cual ya de por si debería ser suficiente para revocar la decisión del juez de instancia al destruir la ratio decidendi se pone a hacer una “pequeña consideración” en la que viene a decir que, al fin y al cabo, si el valor del piso ha bajado es por culpa de los bancos que han creado la crisis, así que si el BBVA va a salir perjudicado, pues en el fondo está bien.

Lo digo en serio.

(…) si bien (…) la actuación del banco se ajusta a la literalidad de la ley y efectivamente tiene derecho a solicitar lo que ha solicitado, (…)ello no obstante no deja de plantemos una reflexión (…) relativa a la razón por la que la parte apelante impugna el Auto recurrido, por considerar que en realidad el valor de la finca subastada y adjudicada materialmente al banco, hoy por hoy, tiene un valor real inferior al que en su día se fijó como precio de tasación(…). La base de la manifestación de que la finca subastada tiene hoy por hoy un valor real inferior, se basa en alegaciones como que la realidad del mercado actual ha dado lugar a que no tuviera la finca el valor que en su momento se le adjudicó como tasación, disminución importante del valor que une a la actual crisis económica, que sufre no sólo este país sino buena parte del entorno mundial con el que nos relacionamos. Y siendo esto así y en definitiva real la importantísima crisis económica, que ha llegado incluso a que la finca que en su día tasó en una determinada cantidad, hoy en día pudiera estar valorada en menos, no lenin-delivering-a-speech-in-a-moscow-square-with-trotsky-watching-1918podemos desconocer que ello tiene también en su origen una causa precisa y que no es otra, y no lo dice esta Sala, sino que ha sido manifestado por el Presidente del Gobierno Español (…),que la mala gestión del sistema financiero del que resultan protagonistas las entidades bancarias.

No querernos decir con esto que el BANCO BILBAO VIZCAYA ARGENTARIA sea el causante de la crisis económica (Vaya, menos mal) , pero sí no puede desconocer su condición de entidad bancaria y por lo tanto integrante del sistema financiero, que en su conjunto y por la mala gestión de las entidades financieras que sean (…) han desembocado en una crisis económica sin precedentes desde la gran depresión de 1929.”

Y sigue:

Moralmente es rechazable que se alegue para intentar continuar la ejecución la pérdida de valor de la finca que servía de garantía al préstamo, que no se hubiera concedido si no hubiera tenido un valor suficiente para garantizar el préstamo concedido, que fue fijado por la entidad bancaria ahora ejecutante, o cuando menos aceptado, siendo que dicha pérdida de valor es directamente achacable a la crisis económica, fruto de la mala praxis del sistema financiero, que repetimos, aun cuando no quepa atribuirla directa y especialmente al BANCO BILBAO VIZCAYA ARGENTARIA, sí que no deja de ser una realidad que forma parte de los protagonistas de dicho sistema financiero, y de ahí que resulte especialmente doloroso, que la alegación que justifica su pretensión, esté basada en unas circunstancias que esencialmente y como vulgarmente se dice, ha suscitado una gran sensibilidad y levantado ampollas.

O sea, que si bien la petición es justa y ajustada a Derecho, resulta que no la concedo porque la considero “moralmente reprochable”. Vamos no me jodas.

Estoy seguro de que muchos de mis lectores más “progres” (o más impenitentemente comunistas, que haberlos haylos) ya están pensando en que hay que levantarle un altar a este señor (que, por cierto, se llama Fco. José Goyena, por si queréis escribirle a la Audiencia) capaz de plantarle cara a un gigante bancario internacional como el BBVA, levantándose para defender al hombre de a pie, que no solo ha perdido su casa sino que encima está amenazado por una malvada corporación que quiere embargarle hasta la camisa, y bla, bla, bla, y que es capaz de actuar con justicia y moral rompiendo los rígidos parámetros de la Ley en función de lo que es bueno y justo y moral y más bla, bla, bla. Bien, si sois de esta opinión, permitidme que os prometa que hay un mundo, no, un universo entero, más allá de vuestras narices. Lo prometo. Si guiñáis un poco los ojos seguro que lo veis.

El mecanismo que ha llevado a esta sala a dictar este auto, es decir, es justo y ajustado a Derecho pero no la concedo porque es “moralmente reprochable” es horrible. No tenemos jueces para que hagan lo que a ellos les parece moralmente correcto, los tenemos para que apliquen la Ley, que es reflejo de lo que nos parece moralmente correcto a nosotros, el Pueblo. No es tolerable que un juez anteponga sus propios principios a la Ley, lo que tiene que hacer es aplicar la Ley o, si eso le resulta verdaderamente imposible por su moral, abandonar la carrera o, como muy poco, abstenerse del procedimiento. Esto de “es legal, pero voy a hacer lo que me dicta mi conciencia” aquí lo veis muy heroico y digno de encomio, pero es el mismo mecanismo que permitiría, por ejemplo y aotros jueces, negar sus derechos a las mujeres o los homosexuales. “Oh, sí, ya sé que esta demanda de acoso sexual en el trabajo es justa y ajustada a Derecho, pero la voy a desestimar porque es moralmente reprochable que alguien vaya a la oficina así vestida”, por no hablar de “Oh, sí, ya sé que esta solicitud de adopción es justa y ajustada a Derecho, pero la voy a desestimar porque los solicitantes son maricas y la homosexualidad es moralmente reprochable en si misma”. En esa dirección no se puede dar ni un paso, entre otras cosas porque os garantizo que hay muchísimos más jueces que consideran que la homosexualidad (p.ej.) es moralmente reprochable en si misma que jueces que consideren que como los bancos han causado la crisis se merecen lo que les pase. Y que tienen muchas, muchísimas más ganas de volver a meter a la gente en el armario que las que tienen los otros de “hacer pagar a los bancos”.

Pero es que, además, desde el punto de vista de economía legal, esta decisión nos perjudica a todos. Tal y como están las cosas ahora, si yo pido un crédito para comprar un inmueble y luego éste baja de valor el riesgo es mío, exactamente igual que la ganancia es mía si sube de valor. Por eso, entre otras cosas, nos lo pensamos seis o siete veces antes de entramparnos para comprar un piso. Si esta sentencia crea jurisprudencia el riesgo se traslada al banco, que se encuentra con que si el piso baja de valor no va a recuperar lo prestado (pero si sube no ve un céntimo más, claro). Eso quiere decir que el riesgo de la operación, para el banco (que en realidad no tiene interés alguno en la operación en si misma), aumenta. Y esto quiere decir que para que a un banco le resulte matemáticamente rentable hacer el préstamo va a tener que subir los tipos de interés, o sea que nos va a costar más pedir un crédito, va a costar más que nos lo den, y nos va a salir más caro. A todos,

Y aunque para algunos tipos de mentalidad colectivista este tipo de distribución de la responsabilidad puede resultar atractivo (a la mía no, yo soy de los de que cada palo aguante su vela) el hecho es que a lo que se presta es al peor de los abusos. Si el auto creara jurisprudencia cualquier especulador inmobiliario podría irse a un banco a pedir un crédito para comprar inmuebles y especular con ellos porque sabe que el negocio solo puede tener dos resultados: (i) o el inmueble sube de valor, y él gana, o (ii) el inmueble pierde valor y entonces le devuelve el inmueble al banco en pago del préstamo, con lo cual él no pierde: pierde el banco. Y como los bancos no pierden, sino que trasladan su riesgo, nos subirán más los tipos hipotecarios. En otras palabras: estaremos financiando, y pagando, las operaciones de especulación inmobiliaria que suben el precio de los pisos que no podremos comprar nosotros mismos.

Ya sé que es muy bonito, y muy ilusionador, pensar que quedan héroes justicieros en el mundo, que trocan capas por togas y espadas por plumas y quitan a los ricos para dar a los pobres. Pero en realidad no es así y los pobres, o al menos los menos pobres como tú y yo, siempre acaban pagando. Nos ha costado muchísimo someter al Estado a la Ley, no podemos olvidarlo y tirarlo todo a la basura de un plumazo. Y tenemos que tener la suficiente perspectiva y profundidad de mira para darnos cuenta de qué es lo que hay detrás de las aventuras del Zorro y de cómo por cada libra que robaba Robin Hood el príncipe Juan subía los impuestos por dos.

No, chicos, no. Este auto es, en la forma, en el fondo y en las consecuencias, horrible. Y si alguien quiere discutirlo, aquí estoy.

Saludos,

Arthegarn.______________
(1) Para ser exactos primero piden un crédito de 59.390 y luego lo amplian en 11.865 más, total 71.255 €.
(2) Técnicamente no son los mismos, la condena es a 71.024 € de principal más intereses, costas y gastos. El hecho de que la condena sea por tal cantidad de principal quiere decir que esta gente dejó de pagar el crédito en seguida (¡solo amortizaron 231 euros de principal!), aunque esto no venga aparentemente al caso.
(3) En realidad aquí ya empiezan los problemas, porque un banco no quiere un inmueble para nada, lo que quiere es dinero para prestar e invertir, que es su negocio. Y esto lo digo aunque sé positivamente que algunos bancos, impelidos por estas ejecuciones y estas daciones en pago, han acabado montando sus propias inmobiliarias (
Anida el BBVA, Altamira el Santander…) bajo la idea de que, de lo perdido, saca lo que puedas…
(4) Exactamente 42.895 €.
(5) Exactamente 28.129,52 € de principal más 8.438,86 de intereses, costas y gastos.
(6) No tiene evidencias del cambio de valor de las propiedades inmobiliarias en España porque lleva desde septiembre de 2008 en Marte, con los ojos tapados, algodón en los oídos y cantando “No Pasarán” a voz en grito, supongo.

La Sopa Boba (II)

Una vez contada la fábula, ¿Qué quería Arthegarn decir con “¿Y por qué, exactamente, los que producimos con nuestra habilidad tenemos que mantener a los que no aportan al Sistema otra cosa que su necesidad?” y, ya que estamos, por qué ha titulado a esta serie de artículos “La Sopa Boba”?

Lo que quiero decir, ya sin ambages, es que es injusto que se obligue a quienes producen a mantener a los que no producen. Y no es que simplemente sea injusto; es que construir un sistema en torno al principio de la caridad obligatoria sub poena, en torno a la idea de que todo aquel que pase necesidad debe ser sacado de ese estado pura y simplemente porque pasa necesidad, es estúpido y rayano en el suicidio. Si encima no estamos hablando de necesidades básicas para la vida (comida, agua, etc,) sino de garantizar a todos los ciudadanos, simplemente por ser ciudadanos, una determinada calidad de vida, entonces el sistema es directamente suicida y está destinado al colapso a corto o medio plazo.

Eso no quiere decir que opine que hay que dejar que la gente se muera de hambre por las esquinas. Para nada. Lo que ocurre es que hay una diferencia muy importante entre que yo elija darle parte de mEs de 1976 pero no me cansare de recomendar este libro, en este caso el capitulo 10i dinero a quien tiene menos porque me da pena, y que el que tiene menos que yo tenga derecho a meter la mano en mi bolsillo y quedarse con parte de mi dinero, pura y simplemente porque yo tengo más que él, sin pararnos a preguntar por qué eso es así. Que es lo que pasa ahora, aunque hemos disfrazado esa acción haciendo que la mano que se mete en mi bolsillo lo haga recubierta por el guante del Estado. Pero, al final, es lo mismo.

La caridad es una idea muy buena, no solo por motivos humanitarios sino por motivos egoístas. Es tan buena que está escrita en nuestros genes, estamos genéticamente condicionados a ayudar a nuestros semejantes, por eso nos conmovemos cuando vemos a alguien sufrir (y, si no lo hacemos, es que algo va mal). Ahora bien, la caridad consiste en que yo, voluntariamente(1), dedique parte de mis recursos a ayudar a mis semejantes: es una decisión que tomo porque soy así de bueno, no porque el otro tenga derecho a que le ayude, que no lo tiene(2). El hecho de ayudar a mis semejantes me hace mejor persona, sí, pero el hecho de no ayudarles no me hace peor aunque nuestra estructura conceptual así lo sugiera.

El problema es que vivimos inmersos en un sistema de ideas tan infectado por los memes de las religiones del Libro que ciertos conceptos, como la bondad de la caridad, a base de repetirse una y otra vez generación tras generación se han incrustado en nuestras mentes, y no solo en las individuales, sino en el imaginario colectivo, y han perdido su significado original. En algún momento, dejamos de ayudar a la gente porque pensábamos en lo que hacíamos y pasamos a hacerlo simplemente porque nos decían desde la infancia que había que hacerlo, que era bueno hacerlo; dejamos de ser motivados, de pensar y decidir caso por caso si esa persona merecía nuestra caridad, y asociamos la idea de caridad con la idea de bien. Desde ese momento, toda caridad era siempre buena, y de esa desgraciada identidad nació la sopa boba.

La sopa boba, como casi todos sabréis, era una comida que se ofrecía a los pobres en los conventos, consistente fundamentalmente en sopa de lo-que-hubiera-a-montones-esa-semana aderezada con lo-que-se-estuviera-poniendo-malo-en-la-despensa y con tropezones de sobras. Nadie preguntaba nada. Uno llegaba ahí, se ponía a la cola y el capuchino o la monja de turno le daba una escudilla de sopa con la que se podía sobrevivir un día más. La historia de la sopa boba y de la España en que se desarrolló es fascinante y ofrece algunas lecciones que, como no, hemos olvidado. Por ejemplo, es cierto que la sopa boba salvó vidas, pero también es cierto que contribuyó decisivamente a la ruina de España, creando un estrato social importantísimo de sopistas(3), de gente que andaba a la sopa (v.gr.: que vivía una existencia holgazana y a expensas de otro) y que no trabajaba y no producía porque no le hacía falta. Sin sopa boba, sin una posibilidad de vivir sin hacer nada para ganarse el sustento, quien sabe si nos hubiéramos visto obligados a adelantar un siglo el decreto de Carlos II sobre la honra del comercio y el trabajo… pero divago. Ya volveremos a la sopa boba y a los subsidiados.

Una vez apareció esa identidad (caridad=bien) nos la repitieron hasta la saciedad, hasta el agotamiento, generación tras generación. El valor de bondad de la caridad dejó de depender de nuestra decisión sobre quién la merecía y quien no, y de la misma forma el valor de verdad de la asociación dejó de depender de nuestro entendimiento y pasó a estar vinculado a la autoridad de quien nos lo contaba, con lo que cuestionar esa identidad era cuestionar la autoridad de quien nos la inculcaba. Cuando este cuestionamiento inevitablemente ocurrió, cuando alguien dijo “la caridad no es buena en todos los casos” (o “la sopa boba hace más mal que bien”), la autoridad sintió atacada en si misma y se defendió desde el poder, con un simple argumento ad hominem, del tipo: “Los hombres buenos hacen cosas buenas. La caridad es buena. Quien discute que la caridad es buena es porque no quiere ser caritativo. Quien no es caritativo no es bueno. Quien no es bueno es malo. Quien discute que la caridad es siempre buena es un malvado”. Y, desde entonces, quien abre la boca para reivindicar el verdadero significado de la caridad es inmediatamente tachado de malvado egoísta(4)

Las cosas no deberían ser así. Quien decide dedicar parte de sus recursos a ayudar a los demás merece nuestro elogio, pero quien decide no hacerlo no merece nuestra reprobación, porque está en su derecho. ¿Por qué vamos a reprobarle? ¿Perjudica a alguien quien va a lo suyo y no se mete en la vida de los demás, ni para bien ni para mal? No, por definición. Pero el subconsciente colectivo, después de siglos de machacamiento de esa identidad (reforzada con un insisdioso mem que dice que es bueno ser malo con los malos) le pone a la altura de los ladrones y los asesinos. Es fascinante lo que se puede conseguir cuando se introduce en una cultura la idea de pecado de omisión: la virtud deja de ser verdaderamente virtuosa y se convierte en obligatoria. Uno nunca puede ser suficientemente bueno, al final todo queda a la misericordia de Dios…

Este concepto de la caridad como algo obligatorio lleva, con el tiempo (no demasiado) a la institucionalización de la caridad: ya no es solo el individuo quien tiene que ser caritativo, es la sociedad en su conjunto quien tiene que serlo. Y así el Estado, esa máquina, ese constructo jurídico por definición incapaz de sentir empatía ni solidaridad ni ninguna de las emociones que dan lugar a la caridad, se pone a imitar las acciones de sus ciudadanos caritativos y a “ayudar a los pobres”, a “dar de comer a los hambrientos”… con la sopa boba. Pero todo cambia, todo se desvirtúa, no estamos hablando ya de un ser humano que ayuda a un semejante porque se identifica con él, porque padece con él, porque le compadece; sino de un ente sin sentimientos que solo actúa por criterios objetivos(3) más o menos adecuados a la realidad. La caridad deja de ser un asunto de compasión y moral y pasa a ser… política.

¿Por qué he dicho que el Estado da de comer con la sopa boba? Porque tiene que guiarse por criterios objetivos a la hora de repartir los subsidios. Los capuchinos no preguntaban a sus sopistas si verdaderamente eran pobres de solemnidad que necesitaban comer o si es que de esa forma se ahorraban unos reales para vino que era lo más habitual. De la misma forma, el Estado no se fija en si quien recibe el subsidio lo merece o lo necesita, solo en si cumple (o no) determinados requisitos formales, Hace cuatrocientos años el requisito formal era plantarse ante el convento, hoy en día es… bueno, quizá haber cotizado doce meses en los últimos seis años, por ejemplo. Pero ninguna de las dos cosas, ni la sopa boba ni los subsidios estatales, son verdadera caridad.

Y el problema de la caridad institucionalizada (uno de ellos) es que crea la aberrante idea de que quien la recibe de tiene derecho a recibirla. No hay diferencia entre los tumultos del XVI si se acababa la sopa boba y los rebuznos de los sindicatos contra las últimas medidas, bastante titubeantes, del Gobierno para intentar que los parados vuelvan a situación activa lo antes posible. O con la idea de “tener seis meses de paro”, que todos sabemos que todo el mundo lo interpreta como si tuviese derecho a cobrar seis meses del Estado cuando en realidad no es así. El origen del subsidio de desempleo es caritativo y no porque lo diga yo, sino porque es como está configurada la ley. Quid pro quo, sí; en plan mutua, sí, pero caritativo. No es un sueldo o una pensión a la que tienes derecho por haber cotizado, es una ayuda que los que cotizan te prestan para que no lo pases tan mal en el periodo mínimo imprescindible hasta que encuentres otro trabajo y puedas volver a mantenerte por ti mismo. Pero, claro, ¿quién se lo toma así? Mirad a vuestro alrededor, o dentro de vosotros, y decidme que me equivoco, que la gente no cree que tiene derecho a “cobrar el paro” y que no reaccionaría violentamente si se le cuestiona el mismo…

Derecho a la caridad. Esta es la horrible idea contra la que quiero luchar. El derecho a la caridad es, básicamente, decir que uno tiene derecho a que le mantengan solo por existir. En otras palabras, que uno puede estar inmerso en un sistema sin aportar nada más que su propia existencia y sus propias necesidades y exigir del sistema que le mantenga. Su contribución neta al sistema es negativa y eso tiene un nombre en biología: parasitismo. Lo bueno es que en biología el huésped trata de defenderse del parásito, pero nosotros no. Nosotros no es solo que no nos defendamos, es que reconocemos el derecho del parásito a chuparnos la sangre. Perdón, no reconocemos ese derecho, porque no lo tiene; se lo otorgamos, que es todavía peor. Al igual que un organismo que no se defiende de los parásitos acaba devorado por estos, una sociedad que no solo no se defiende de los parásitos, sino que los fomenta reconociendo el derecho de todo el mundo al parasitismo, está herida de muerte. Porque, si existe la posibilidad de vivir sin trabajar, ¿por qué trabajar? (y mucho cuidado que, al igual que la caridad, esto también está escrito en nuestros genes y mucho más profundamente) Y si encima no es solo que me vayan a mantener sino que lo “progresista” es reconocer el derecho del parásito a la sanidad y el vestido y la vivienda digna con electricidad y gas y agua corriente… y a unos taquitos de jamón de vez en cuando.

Porque claro, en un mundo ideal no es solo que nadie pasa necesidad, es que todos comemos jamón y atamos a los perros con longanizas. Pero ese mundo no es cierto, y todas esas cosas hay que pagarlas, y ¿de dónde sale el dinero que se destina a esa cada vez más cara y atractiva sopa boba? Del bolsillo de los que producen, por supuesto, que algún día se preguntarán, como yo, exactamente por qué tienen que mantener a los que no producen.

Suficiente para la segunda parte, creo yo. Buen fin de semana a todos,

Arthegarn__________
(1) O todo lo voluntariamente que se pueden hacer las cosas en un mundo sin libre albedrío, vamos.
(2) Por supuesto, esta idea mía de que uno no tiene derecho a robar (por ejemplo), es mía. Hay sistemas filosóficos enteros basados en la inexistencia de la propiedad privada, por ejemplo, lo que excluye el concepto mismo del robo; y  nuestra propia constitución habla de la “función social de la propiedad”, lo que básicamente viene a decir que la propiedad privada existe y debe ser respetada… siempre que le parezca bien al Estado. Yo es que no estoy de acuerdo en esas configuraciones porque me parecen excesivamente artificiosas, poco acordes con la realidad. No creo en las limitaciones a la propiedad privada por la misma razón por la que no creo en Dios: puede que sea una buena idea, pero el Universo no funciona como si existiera. Intentaré abordar este asunto en el próximo artículo de la serie.
(3) Y, en última instancia, el mayor de los males de España… ¡la tuna!
(4) Lo cual es una redundancia, porque tan arraigada está la identidad caridad=bien como lo está la identidad egoísmo=mal. Y tan falsa es la una como la otra.
(4) Eso cuando hay suerte, claro.

La Sopa Boba (I)

A principios de junio puse como mi estado en Facebook la siguiente frase: “¿Y por qué, exactamente, los que producimos con nuestra habilidad tenemos que mantener a los que no aportan al Sistema otra cosa que su necesidad?” Las reacciones fueron unos 40 comentarios, algunos discutiendo, algunos directamente insultando y otros pidiendo que desarrollara lo que quería decir. Bien, voy a intentarlo, pero como lo quen quiero decir es largo y complejo lo haré por entregas.

Comencemos con una fábula.

Erase una vez un informático a quien contraté para que me hiciera una página web. Acordamos que cuando la página estuviera lista le pagaría su precio y, un mes después, volvió con mi página lista, a reclamarme lo convenido. 39963_1513020818170_2633914_nTeníamos un trato, él había cumplidon su parte y yo tenía que cumplir con la mía. Lo que es más, el tenía derecho a exigirme que le pagara, así que así lo hice.

Un mes después el mismo programador oyó que quería introducir unas mejoras en mi página web y, sin hablar conmigo, se puso a hacerlas cuando las tuvo terminadas vino a mi casa a presentármelas y a reclamar que le pagara. Yo le expliqué que no teníamos ningún trato y que no le había encargado nada, así que no tenía ningún derecho a exigirme nada. Él me dio la razón y me dijo que, entonces, mirara lo que había hecho a ver si le interesaba, yo me lo quedé y le dije que volviera en una semana. Me gustó su trabajo e implementé las mejoras, y a la semana siguiente vino a reclamar su dinero porque me había ofrecido algo que me interesaba, yo me lo había quedado y tenía que cumplir con mi parte y darle su dinero. Lo que es más, el derecho que no tenía a exigirme nada la semana pasada ahora sí que lo tenía, así que se lo di.

Un mes después quise introducir otras mejoras en mi página web así que llamé a este programador que tan buen trabajo hacía y se las encargué. El aceptó pero un mes después vino a mi casa a reclamar su pago con las manos vacías. Le dije que no pensaba pagarle, porque aunque teníamos un trato él no había cumplido su parte, así que no tenía derecho a reclamarme nada y se fue, tan con las manos vacías como había venido.

A la mañana siguiente volvió a aparecer por mi casa, todavía sin la página, y me contó una triste historia que, básicamente, decía que el había querido hacerme las mejoras, pero que le había sido imposible porque un componente que necesitaba no le había llegado todavía, y volvió a exigirme que le pagara lo convenido. Yo le dije que lamentaba mucho lo que le había pasado el mes anterior, pero que el problema era entre la compañía de transportes y él, que no tenía nada que ver conmigo y que no tenía derecho a exigirme nada, porque ese derecho nacía de que hiciera su trabajo y de que lo hiciera bien, no de sus buenas intenciones al respecto. Entonces él se enfadó mucho y me dijo que yo no entendía la situación, que el contaba con ese dinero, que lo necesitaba porque tenía que hacer frente a unos pagos y que yo tenía que dárselo, que estaba obligado a dárselo porque si no le embargarían. Le dije que estaba muy equivocado y que yo no estaba obligado a nada porque no tengo por qué hacer frente a los incumplimientos de la compañía de transportes que había contratado. Pero, como al fin y al cabo yo seguía queriendo que me hiciera esas mejoras, le dije que estaba dispuesto a pagárselas por adelantado si él se comprometía a tenerlas en un mes. Él aceptó, yo le pagué y un mes después cumplió con su parte del trato y pude introducir las mejoras.

Un mes después el informático volvió a aparecer por mi casa con unas mejoras para la página que yo no le había encargado y que no quería para nada, pero que él había hecho. Le dije que no las quería. Él me dijo que había estado trabajando en esas mejoras y que quién se las iba a pagar, y yo le contesté que no me interesaba cambiar así la página. Él me vino a decir que ya que las había hecho yo tenía que aceptarlas y que pagárselas, y le dije que no; que él había trabajado, sí, pero que lo había hecho porque le parecía bien y que no tenía derecho a exigir a nadie que le pagara por hacer lo que a él le parecía bien hacer. Entonces me volvió a decir que si no consegúía el dinero le embargarían y le dije que lo sentía mucho pero que ese era su problema y que no tenía derecho a venir a exigirme que yo resolviera su problema comprándole algo que ni había encargado ni quería para nada.

El mes pasado, de nuevo, el informático volvió a aparecer por mi casa con una historia fantástica en la que él había querido dedicar un mes a hacerme una mejora en la página que, él estaba seguro, me habrían encantado, pero que llovió mucho y se quedó sin internet y no pudo hacerlas, pero que si él las hubiera hecho yo las hubiera implementado ipso facto. Y me exigió que se las pagara. Yo me quedé de piedra mirando a aquel tipo que exigía que yo le diera dinero por nada en absoluto, por un trabajo quen no había hecho referente a un producto que yo no quería, ni había encargado y que encima ni siquiera existía. Le dije que bajo ningún concepto pensaba pagarle por no haber hecho nada en absoluto y le mandé a su casa.

Ayer llamaron a mi puerta y una persona a la que no conocía absolutamente me contó una triste historia sobre por qué, por circunstancias que escapaban a su control, no tenía nada que ofrecerme, pero que aun así quería que le diera dinero por nada, como era mi obligación “como ser humano”.

Y bien. ¿Tendría que pagarle? ¿Tendría él derecho a exigirme que le pague?

(La segunda parte de la serie, aquí.)

Abuelos en los andamios.

A pesar de que, en realidad, se empezó a hablar de esto hace meses, la semana pasada el Consejo de Ministros aprobó una propuesta de reforma de pensiones que incluye retrasar la edad de jubilación de los 65 a los 67 años. Y, claro, ha faltado tiempo para que los demagogos de siempre (y algunos nuevos) se pongan a pegar gritos contra el Gobierno y el espeluznante retroceso de los derechos sociales que comporta esta medida y bla, bla, bla. Por no hablar de los desinformados de turno que, sin pararse un instante a enterarse de qué es lo que pasa en realidad, ya están quejándose a todo el que quiera oírles (y a alguno que no) y montando los inevitables grupos de facebook. Curiosamente los únicos que se salvan de la quema son, precisamente, los que sería más comprensible que lo hicieran: patronal y sindicatos (por qué será), pero menos estos, todo el mundo está dando voces y alaridos y correteando de un lado para otro como pollos sin cabeza, sin pararse a pensar un instante y, desde luego, sin leerse lo que se ha aprobado en realidad.

Vamos a empezar tratando de dar información. Lo que se ha aprobado en el Consejo de Ministros ha sido una propuesta que se llevará próximamente a la Comisión del Pacto de Toledo. Nada más. Zapatero no se ha aparecido bajo la forma de una columna de fuego y ha grabado el retraso de la edad de jubilación en las paredes de la Moncloa. De verdad que no. No es una Ley, ni un Reglamento, ni un Decreto, ni tiene validez alguna, ni sirve para nada más que para ser posteriormente estudiada y debatida. Además, la tal propuesta no se reduce a esa medida sino que incluye otras muchas, como por ejemplo la modificación de los criterios por los que se determina la cuantía de la pensión(1), el cambio de la edad mínima de prejubilación a los 58, los incentivos a la suscripción de planes de pensiones privados(2), el recorte al acceso a la pensión de viudedad y orfandad(3) o lo que a mi me parece que es acabar con las pensiones no contributivas(4). Respecto al retraso de la edad de jubilación, lo que dice la propuesta (Pgs. 36 y ss.) es que hay que retrasar la edad de jubilación, empezando a hacerlo en 2013(5) de forma paulatina,. No se dice en el documento, pero el Gobierno ha manifestado posteriormente que la idea es ir añadiendo, anualmente, dos meses a la edad de jubilación. Así, los que se jubilaran en 2013 lo harían a los 65 años y dos meses, en 2014 a los 65 años y cuatro meses, etc.(6).

 Esto es lo que hay sobre la mesa y no otra cosa. Y yo lo siento pero estoy de acuerdo por muchas razones. Voy a obviar las de índole económico-catastrofista (del tipo “o lo hacemos así o el sistema de pensiones quiebra, oh Dios, oh Dios”, y no porque no esté de acuerdo sino porque seguro que ya las habréis oído) y voy a centrarme en otras dos. Porque, en realidad, lo que me fastidia es que se haga demagogia con el tema (o con cualquier otra cosa) y es contra esto contra lo que lucho.

En primer lugar, la edad de jubilación que tenemos ahora, a los 65 años, se fijó en 1967. 1967, por el amor de Dios. En ese año de lo que se hablaba en España era de Fraga bañándose en Palomares y, como mucho, de la Guerra de los Seis Días. Y con esto no quiero decir que haya que revisar la edad de jubilación simplemente porque haya pasado mucho tiempo, sino porque objetivamente hablando la sanidad ha mejorado desmesuradamente desde entonces. En aquella época(7) la esperanza de vida era de 72 años, y la de los que tenían 65 años, de llegar casi a los 80. Hoy en día la esperanza de vida de los nacidos hoy(8) es de 82 años y la de los que hoy tienen 65 es de casi 85, y con esto no quiero utilizar un argumento económico-demográfico diciendo que hace falta más dinero porque vivimos más 2630163-tumblr_ma7vv792xi1rbts2no1_400y las pensiones se cobran más tiempo. Lo que quiero decir es que uno llega hoy en día a los 67 años infinitamente menos “cascado” de lo que llegaba a los 65 alguien que nació cuando no existía (ni de lejos), no ya los trasplantes o la quimioterapia sino la penicilina. El hecho objetivo es que llegamos a viejos en mucho mejor estado de salud que nuestros abuelos por lo que no tiene nada de raro que nos digan que, objetivamente hablando estamos en condiciones de seguir trabajando.

En segundo lugar, esa edad de 65 o 67 años es la edad general. Los demagogos de turno se dedican a vender la imagen de un anciano de casi 70 años encaramado a un andamio o saliendo con un pico de una mina de carbón cuando el hecho es que ahora mismo las cosas no son así. Para empezar, hay muchas profesiones que, debido a su peligrosidad o penosidad, tienen edades de jubilación inferiores a los 65 años (así a botepronto se me ocurren los mineros, los ferroviarios y los bomberos y creo que los toreros). Pero es que además, y con carácter general, cuando estamos hablando de que una persona se ve físicamente impedida para desempeñar su trabajo está cubierta a cualquier edad por las prestaciones por incapacidad, que para eso están. Da igual que vayas en silla de ruedas porque te piñaste un sábado volviendo de copas o porque tus piernas ya no te sostienen, si puedes subirte a un andamio la prestación a la que tienes que recurrir en ese caso es la de incapacidad, no la jubilación. Y, lo que es más, si tu incapacidad es suficientemente chunga (por encima del 45%) y eres suficientemente mayor (por encima de 52 años) te puedes jubilar si quieres(9). En otras palabras, el Estado supone que uno llega a la edad de jubilación en condiciones de trabajar, pero si no es así hace ya tiempo que no trabajas porque lo que tienes es una incapacidad. Antes, ahora y luego.

En fin, Que no hay por qué estar de acuerdo con la propuesta, pero si se va a combatir hay que saber, por lo menos, (i) en qué consiste exactamente y (ii) el contexto jurídico, social y sanitario en el que se hace.

Y, ahora que lo pienso, ¿qué hago yo dando argumentos en contra de que se lapide al Gobierno? Pero ¿qué me pasa? ¡Pieeedras, pìeeeedras, pieeeeedras, señoras y señores! ¡Pieeeedras baratitas, ideales para arrojar a los ministros! ¡Premio especial al sublime francotirador que acierte a PetaZeta en el cerebro! ¡Pieeeeeeeeedras..!

Arthegarn.__________

(1) Ahora mismo se hace basándose en las bases de cotización del trabajador durante los últimos 15 años. El problema es que si te despiden a los 55 años (por ejemplo) y no encuentras trabajo (lo que, por desgracia es muy habitual) tu base de cotización de los últimos 10 años va a ser el SMI, lo que muy probablemente baje muchísimo tu pensión de forma “injusta”.
(2) Porque ya me diréis qué es si no la “complementariedad de la previsión social”. Si me estáis leyendo, trabajáis, y todavía no tenéis plan de pensiones privado, ya estais perdiendo el culo a suscribir uno. Yo abrí el mío con 27 años, con eso lo digo todo. Que, con cómo están las cosas, para cuando os jubiléis no habrá dentellada al redimir un fondo de pensiones porque, simplemente, no quedará otra.
(4) Lo que me parece muy bien, porque tal y como están las cosas Fridaluna podría cobrar pensión de viudedad si me muero mañana. Bueno, no, pero porque me curré el divorcio…
(3) Literalmente “culminar la separación de las fuentes de financiación entre el nivel contributivo y el no contributivo”. A mi eso me huele a que estamos hablando de sacar las pensiones no contributivas (v. gr. dinero que te da el Estado a quien no ha hecho nada en absoluto para ganarlo como los 400 euros mensuales del Subsidio de Subistencia) del Pacto de Toledo y dejar que quiebren a medio plazo para luego, lamentándolo muchísimo, darles el tijeretazo que necesitan
(5) Lo cual quiere decir, hermanas que leéis esto, que a Padre le pilla por los pelos.
(6) Lo cual quiere decir, hermanas que leéis esto, que Padre se jubilaría el 19 de junio de 2014.
(7) El dato es de 1970, no he encontrado los datos año a año.
(8) Datos de 2007, se supone que actualizarán en 2010.
(9) Aceptando, eso sí, una minoración en tu pensión, como en todas las jubilaciones anticipadas.