El uniforme gótico de emergencia

Hubo una vez, en otra vida, en aquel tiempo en el que en vez de que la definición de mi trabajo dijera “ayudante” decía “director”, cuando era joven, homófobo (todo lo homófobo que jamás he sido, al menos, que comparado con mi actual heteroflexibilidad es mucho), católico (lo cual no tiene NADA que ver con lo anterior), abogado, consultor de calidad, profesor de universidad y virgen (lo cual probablente explique ciertos adjetivos anteriores); hubo una vez que tenia en la oficina un Uniforme Gótico de Emergencia.

En el armario de guardar los abrigos yo lo dejaba todo. Una camisa negra, una chaqueta negra y una corbata negra. Vale, y unos vaqueros negros para emergencias. En aquella época a veces salía de trabajar (como hoy) a las nueve o las diez y lo que más me apetecía era irme a tomar unas cervezas al Phobia. O, para ser exactos, que Arthegarn se fuera a tomar unas cervezas al Phobia y dejara al “otro” en la oficina. Y eso solo lo conseguía vistiendome de Arthgarn y dejando las camisas blancas, las corbatas de colores y la corrección política en el armario de los abrigos.

Hoy las cosas son totalmente distintas. Hoy Arthegarn se disfraza de normal para ir a trabajar. Pero hay noches en las que, después de catorce horas trabajando, cuando sale de la oficina y se va al irlandés de al lado (desde el que escribe esto) porque tiene wifi y puedes vigilar que todo vaya bien en la teleconferencia que1928728_1084503425503_652_n ha conseguido organizar entre Chicago, Nueva York, Madrid, Amsterdam, Londres y Pekín…Hay veces que, de verdad, rodaeado de todos estos pijos que creen que soy uno de los suyos, en las quebme gustaría volver a tener el uniforme gótico de emergencia para seguir trabajando y seguir siendo el excelente profesional que soy, que se queda lo que haga falta hasta que las cosas salgan bien… pero dejando claro que soy yo. Arthegarn. No lo que ellos creen. No otro “de ellos”, otro “trajeado” con “éxito” que trabaja a las once de la noche más. No. Ese no. Arthegarn.

Hay otra forma de vivr, otra forma de ser, otra forma de pensar y comportarse… y a veces uno tiene el suficiente éxito como para que, si le ves disfrazado de profesional, pienses que es “uno de los tuyos”. Pero no lo somos, somos gente distinta, real, como tú, que seguro que estás encantado con la ropa que llevas, pero mucho más parecido a los hermanos Alcázar que a José María Aznar.

Y no somos mejores, ni nos creemos mejores, solo distintos. Pero, desde luego, vosotros tampoco lo sois. Mejores, digo, distintos sí.

Y he tenido que arreglar esa teleconferencia tres veces en lo que escribía esto. Porque primero uno es un profesional y luego, si puede, Arthegarn.

¡A trabajar! ¡A las once de la noche! ¡A levantar España!

Arthegarn.
(A mucha honra)

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